La misión apostólica encomendada a los apóstoles incluye la predicación del evangelio a las ovejas perdidas de Israel y se fundamenta en su elección divina y enseñanza por Cristo. Esta misión es parte del plano eterno del Padre y es esencial para la comprensión de la naturaleza de la iglesia, mientras que la predicación debe ir acompañada de la transmisión de bienes divinos como los sacramentos. La predicación apostólica no solo comunica enseñanzas, sino que también posee una eficacia transformadora que prepara a los creyentes para recibir los sacramentos.