La teoría clásica del comercio internacional establece que los países deben especializarse en la producción de bienes donde tienen ventaja comparativa y comerciar entre ellos. Según Adam Smith, el comercio es beneficioso cuando un país tiene ventaja absoluta en un bien. David Ricardo refinó esto argumentando que el comercio puede ser mutuamente beneficioso aunque ningún país tenga ventaja absoluta, basándose en las ventajas comparativas de cada uno.