LOS DE ABAJO
Han pasado veinte años desde
que me sumé a un grupo de
voluntarios para el experimento.
No sé por qué lo hice. Muchas
veces me lo he preguntado. En
parte lo sé, la orfandad,        las
necesidades, el desamparo, el
hambre me llevaron a aceptarlo.
No tenía alternativas, iniciaba otra
vida acá abajo, lejos de la vida de
los de arriba, de los riesgos de la
calle, de los chicos con quienes
compartía      horas     y    horas
deambulando por la ciudad en
busca de algo para sobrevivir.
Acá abajo estoy mejor. Fue como
un nuevo nacimiento…
Hoy me dieron permiso para salir,
finalmente. Hace tanto que espero
esto. ¿Por qué será que nunca nos
conformamos con lo que tenemos?
Siempre queremos más y más. El
caso es que, a pesar de estar
mejor, siento que dejé mucho allá
arriba, sobre todo la libertad de
hacer lo que quisiera, de no
depender de nadie, de tirarme en
el pasto de la plaza y poder mirar
las estrellas horas y horas, sin
apuros, sin rendirle cuentas a
nadie.
Acá , en Ispar, todos dependemos de ellos, son ellos los que mandan,
son ellos los que deciden por vos. Tenemos de todo, nada nos hace
falta, pero somos como topos que se levantan, van al trabajo, cumplen
con sus obligaciones cotidianas y regresan a dormir a sus casas, o van
al cine o al teatro. Somos como máscaras pálidas que deambulan de
un lado a otro, por estas calles y galerías subterráneas concéntricas
que fueron aumentando hasta llegar a ser una pequeña ciudad
soterrada. La luz es artificial, las plantas se mantienen con
procedimientos artificiales, hay calles, semáforos, luces, edificios como
si estuviéramos viviendo en el mundo de arriba. Pero nos falta el sol.
¿Saben lo que daría por una mañana soleada de
otoño, o el atardecer de una de verano? Por eso mi
curiosidad llegó al extremo, dije basta, insistí ante
ellos y me dieron el permiso. Creo que los harté. Me
abrirán las puertas para que salga de una vez, para
que compruebe con mis propios ojos el mundo de
afuera. El que dejé hace tantos años….sí, sí, estoy
afuera, lo presiento…
No hay sol, hace mucho frío, la
ciudad está abandonada, los edificios
derruidos, tampoco hay gente…
Camino como un zombie asombrado
durante horas y no encuentro un
vestigio humano… Mejor será que
regrese al mundo de abajo, antes que
decidan cerrar la puerta.
Foro Egresados Literatura:
“Las ciudades imaginarias”


Susana Beatriz Bonansea


Tutores: Luciana Mc. Loughlin
        María Silvia Belando

Los de__abajo

  • 1.
  • 2.
    Han pasado veinteaños desde que me sumé a un grupo de voluntarios para el experimento. No sé por qué lo hice. Muchas veces me lo he preguntado. En parte lo sé, la orfandad, las necesidades, el desamparo, el hambre me llevaron a aceptarlo. No tenía alternativas, iniciaba otra vida acá abajo, lejos de la vida de los de arriba, de los riesgos de la calle, de los chicos con quienes compartía horas y horas deambulando por la ciudad en busca de algo para sobrevivir. Acá abajo estoy mejor. Fue como un nuevo nacimiento…
  • 3.
    Hoy me dieronpermiso para salir, finalmente. Hace tanto que espero esto. ¿Por qué será que nunca nos conformamos con lo que tenemos? Siempre queremos más y más. El caso es que, a pesar de estar mejor, siento que dejé mucho allá arriba, sobre todo la libertad de hacer lo que quisiera, de no depender de nadie, de tirarme en el pasto de la plaza y poder mirar las estrellas horas y horas, sin apuros, sin rendirle cuentas a nadie.
  • 4.
    Acá , enIspar, todos dependemos de ellos, son ellos los que mandan, son ellos los que deciden por vos. Tenemos de todo, nada nos hace falta, pero somos como topos que se levantan, van al trabajo, cumplen con sus obligaciones cotidianas y regresan a dormir a sus casas, o van al cine o al teatro. Somos como máscaras pálidas que deambulan de un lado a otro, por estas calles y galerías subterráneas concéntricas que fueron aumentando hasta llegar a ser una pequeña ciudad soterrada. La luz es artificial, las plantas se mantienen con procedimientos artificiales, hay calles, semáforos, luces, edificios como si estuviéramos viviendo en el mundo de arriba. Pero nos falta el sol.
  • 5.
    ¿Saben lo quedaría por una mañana soleada de otoño, o el atardecer de una de verano? Por eso mi curiosidad llegó al extremo, dije basta, insistí ante ellos y me dieron el permiso. Creo que los harté. Me abrirán las puertas para que salga de una vez, para que compruebe con mis propios ojos el mundo de afuera. El que dejé hace tantos años….sí, sí, estoy afuera, lo presiento…
  • 6.
    No hay sol,hace mucho frío, la ciudad está abandonada, los edificios derruidos, tampoco hay gente… Camino como un zombie asombrado durante horas y no encuentro un vestigio humano… Mejor será que regrese al mundo de abajo, antes que decidan cerrar la puerta.
  • 7.
    Foro Egresados Literatura: “Lasciudades imaginarias” Susana Beatriz Bonansea Tutores: Luciana Mc. Loughlin María Silvia Belando