La mansedumbre es una actitud de gracia que implica paciencia, sufrimiento silencioso y gratitud, y se manifiesta en el trato con los demás. Se sugiere que la mansedumbre se cultiva a través de la entrega diaria a Dios y se ejemplifica en personajes bíblicos. Además, se enfatiza la importancia de comportamientos mansos como respuesta a las provocaciones y en las relaciones interpersonales.