Global Crossing, una compañía de telecomunicaciones creada en 1997, colapsó tras acumular deudas por inversiones en infraestructura de fibra óptica y prácticas contables fraudulentas. A pesar de su crecimiento inicial y servicios en más de 60 países, la demanda de internet no creció como se esperaba, llevando a su quiebra en 2002. Su caso ha sido comparado con el de Enron, resaltando problemas de sostenibilidad económica y social que resultaron en pérdidas devastadoras para sus empleados y accionistas.