La danza cristiana es una bella forma de adorar a Dios. El vestuario espiritual más importante para los danzarines cristianos es la santidad, el temor a Dios y el amor por sobre todas las cosas. La pasión de uno no proviene de circunstancias externas sino de la experiencia íntima con Dios, quien pone deseos y propósitos en el corazón.