San Expedito era un militar romano del siglo IV que se convirtió al cristianismo. Cuando un cuervo trató de convencerlo de postergar su conversión, San Expedito lo pisoteó y gritó "¡Hoy! Nada de postergaciones". Por esto, se convirtió en el patrono de las causas urgentes y justas. Se le invoca para que ayude en casos donde una demora podría causar un gran perjuicio.