Este documento discute el concepto bíblico versus el concepto católico de la oración intercesora. Argumenta que sólo Cristo puede interceder como nuestro Sumo Sacerdote, y que la Biblia habla de orar unos por otros en un contexto de comunión, no de mediación. Critica cómo la iglesia católica desvirtuó este concepto al promover a otros como intercesores. Concluye enfatizando que la oración en la comunidad cristiana debe centrarse en compartir y apoyarse mutuamente, no en pretender una pos