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PABLO	
  “PEQUEÑO”	
  
Pr. Yván Balabarca Cárdenas
Era un joven muy prometedor. Tenía
todo para ser un hombre de éxito. Era el más
celoso de los jóvenes de su tiempo. Ninguno
lo podía igualar en cuanto a preparación
académica y celo farisaico. No sabemos si
era casado, pero lo cierto es que era miembro
del Sanedrín, que era el más alto tribunal de
la nación, y cualquiera no llegaba a esos
niveles (Filipenses 3:5). Hablaba hebreo,
griego y probablemente alguna otra lengua.
Era un líder capaz y joven de posturas
religiosas radicales.
Era tan celoso de sus convicciones
religiosas que un día asistió al apedreamiento
de un cristiano llamado Esteban. Como era
una autoridad, lo que hizo fue quedarse de
lejos y contemplar el asesinato de aquel
hombre mientras cuidaba las ropas de los que
lo ajusticiaban (Hechos 7:58; 8:1)
Lo vio caer, y luego vio a la
muchedumbre coger enormes piedras y
lanzárselas de arriba abajo. Tambien escuchó
lo que aquel hombre dijo durante el juicio:
(Hechos 7:56) “He aquí, veo los cielos
abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la
diestra de Dios”.
Lo único que Saulo podía hacer era respirar odio y ancias de venganza contra
aquellos cristianos que osaban desafiar las órdenes del gobierno judío. Estaba listo para
poner fin a estas personas de cualquier modo, de ser necesario, mandarlas matar
(Hechos 8:3).
Solicitó autorizaciones para viajar a la comunidad de Damasco, donde conocía
que había una comunidad cristiana, a fin de tomarlos prisioneros y castigarlos (Damasco
9:1,2).
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En el camino a Damasco, mientras iba en su caballo, de pronto una luz lo
iluminó (Hechos 26: 13, 14). Era tan refulgente que el caballo se encabritó y lanzó a
Saulo al suelo. El golpe fue durísimo, pero más notable fue la sorpresa. Los soldados
que acompañaban a Saulo oyeron la voz
pero no vieron a nadie (Hechos 9:7).
Una dulce voz se dirigió a Saulo:
Hechos 9:4 “Saulo, Saulo, ¿por
qué me persigues?”
Era el Señor Jesús quien se reveló.
Lo que le estaba diciendo era que no
estaba persiguiendo a un grupo de
cristianos, sino que estaba persiguiendo a
Dios mismo, porque la iglesia era su
cuerpo.
“En la conversión de Pablo se nos
presentan principios importantes que
siempre debemos recordar. El Redentor
del mundo no sanciona que en asuntos
religiosos la experiencia y la acción sean
independientes de su iglesia organizada y
reconocida, donde tal existe. El Hijo de
Dios se identificó con el cargo y la autoridad de su iglesia organizada. Sus bendiciones
debían transmitirse por intermedio de los agentes a quienes había ordenado, vinculando
así al hombre con el conducto por medio del cual llegan sus bendiciones. El hecho de
que Pablo fuese estrictamente escrupuloso en su persecución de los santos, no le exime
de culpa cuando el Espíritu Santo le revela la crueldad de su obra. Debe aprender de los
discípulos”.1
Saulo sin poder salir de su asombro, preguntó:
Hechos 9:5 “¿Quién eres, Señor?” Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues;
dura cosa te es dar coces contra el aguijón”.
Saulo había caido al suelo como perseguidor, pero se levantó como Pablo el
perseguido. Saulo cayó al suelo como el mensajero del sanedrín y se levantó como el
mensajero del Señor. Saulo quedó ciego, por lo que debieron ayudarlo a ingresar en la
ciudad. Pronto fue contactado por un hombre enviado por Dios quien le devolvió la
vista.
Toda su vida sufrió de diversos males a los que él mismo llamaba el “aguijón”
de su carne (2 Corintios 12:1-9), pero eso no fue impedimiento para que iniciara su
	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  
1	
  Elena	
  G.	
  De	
  White,	
  Consejos	
  para	
  la	
  iglesia,	
  437.	
  
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instrucción en los caminos del Señor y el inicio de su ministerio pastoral, así como para
el desarrollo de una vida de servicio dedicada a extender la iglesia de Cristo.
La vida de Esteban, su declaración durante el juicio y sus últimas palabras lo
impactaron: Hechos 7:60 “Señor, no les tomes en cuenta este pecado”.
¡Cómo había anhelado tener ese nivel de confianza en el Señor! ¡Cómo le
hubiera gustado ver a Dios como aparentemente, pensaba él, Esteban lo había visto!
(Hechos 7:56). Y aquel hombre tuvo su oportunidad. Pero la visión del Señor lo
tranformó totalmente al punto de ser el objetivo de la ira de los enemigos del evangelio.
“La oposición se tornó tan fiera que no se le permitió a Pablo continuar sus
labores en Damasco. Un mensajero del cielo le ordenó que dejara el lugar por un
tiempo; y fue "a la Arabia" (Gálatas 1: 17), donde halló un refugio seguro… Allí, en la
soledad del desierto, Pablo tenía amplia oportunidad para estudiar y meditar con
quietud. Repasó serenamente su experiencia pasada, y se arrepintió cabalmente. Buscó
a Dios con todo su corazón, sin descansar hasta saber con certeza que su
arrepentimiento fue aceptado y sus pecados perdonados. Anhelaba tener la seguridad de
que Jesús estaría con él en su ministerio futuro. Vació su alma de los prejuicios y
tradiciones que hasta entonces habían amoldado su vida, y recibió instrucción de la
Fuente de la verdad. Jesús se comunicó con él, y lo estableció en la fe concediéndole
una rica medida de sabiduría y gracia… Cuando la mente del hombre se pone en
comunión con la mente de Dios, el ser finito con el Infinito, el efecto sobre el cuerpo, la
mente y el alma es superior a todo cálculo. En esa comunión se halla la más elevada
educación. Es el método de Dios para desarrollar a los hombres. "Amístate ahora con
él" (Job 22: 21), es su mensaje a la humanidad” (Hechos de los apóstoles, 103).
Pablo sufrió mucho durante su ministerio. Él mismo resumió sus aflicciones:
2 Corintios 11:24-28 “de los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes
menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he
padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en
caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi
nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en
el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en
hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que
sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias”.
Pero Pablo consideraba todo aquello como nada con el fin de recibir por la
gracia la salvación prometida (Filipenses 3:8).
Pablo fue un hombre que entregó todo para el Señor. Gracias a su ministerio
tenemos las cartas de: Romanos, 1 y 2 de Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses,
Colosense, 1 y 2 de Tesalonicenses, 1 y 2 de Timoteo, Tito, Filemón y Hebreos. En
todas ellas se resalta el amor perdonador del Señor.
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Pablo sí tuvo una experiencia de perdón. De odiar a los cristianos, pasó a ser su
campeón. Al que “sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas
aquel a quien se le perdona poco, poco ama” (Lucas 7:47).
El fue el primer académico que tuvo la iglesia cristiana y sus escritos han sido
una bendición para toda la humanidad.
Luego de haber llevado a cabo varios viajes misioneros donde estableció varias
iglesias cristianas en territorios paganos, fue arrestado por los judíos y enviado a Roma
para ser juzgado.
En Roma sufrió dos arrestos. Del primero fue finalmente liberado, pero del
segundo arresto no escapó. Desde su prisión escribió a Timoteo, su hijo en la fe.
Pablo fue condenado a la muerte durante el reinado del emperador Nerón. La
tradición cuenta que fue decapitado aproximadamente en el año 68 d. C.
“Los siervos de Cristo no habían de preparar discurso alguno para pronunciarlo
cuando fuesen llevados a juicio. Debían hacer su preparación día tras día al atesorar las
preciosas verdades de la Palabra de Dios, y al fortalecer su fe por la oración. Cuando
fuesen llevados a juicio, el Espíritu Santo les haría recordar las verdades que
necesitasen”.2
Así acabó la vida de un hombre realmente excepcional. Un hombre de Dios. Un
mensajero del Señor. Un gigante en la galería de la fe. Alguien que experimentó el
perdón de Dios.
	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  	
  
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  Elena	
  G.	
  De	
  White,	
  Deseado	
  de	
  todas	
  las	
  gentes,	
  321.	
  

Pablo

  • 1.
      1   PABLO  “PEQUEÑO”   Pr. Yván Balabarca Cárdenas Era un joven muy prometedor. Tenía todo para ser un hombre de éxito. Era el más celoso de los jóvenes de su tiempo. Ninguno lo podía igualar en cuanto a preparación académica y celo farisaico. No sabemos si era casado, pero lo cierto es que era miembro del Sanedrín, que era el más alto tribunal de la nación, y cualquiera no llegaba a esos niveles (Filipenses 3:5). Hablaba hebreo, griego y probablemente alguna otra lengua. Era un líder capaz y joven de posturas religiosas radicales. Era tan celoso de sus convicciones religiosas que un día asistió al apedreamiento de un cristiano llamado Esteban. Como era una autoridad, lo que hizo fue quedarse de lejos y contemplar el asesinato de aquel hombre mientras cuidaba las ropas de los que lo ajusticiaban (Hechos 7:58; 8:1) Lo vio caer, y luego vio a la muchedumbre coger enormes piedras y lanzárselas de arriba abajo. Tambien escuchó lo que aquel hombre dijo durante el juicio: (Hechos 7:56) “He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios”. Lo único que Saulo podía hacer era respirar odio y ancias de venganza contra aquellos cristianos que osaban desafiar las órdenes del gobierno judío. Estaba listo para poner fin a estas personas de cualquier modo, de ser necesario, mandarlas matar (Hechos 8:3). Solicitó autorizaciones para viajar a la comunidad de Damasco, donde conocía que había una comunidad cristiana, a fin de tomarlos prisioneros y castigarlos (Damasco 9:1,2).
  • 2.
      2   Enel camino a Damasco, mientras iba en su caballo, de pronto una luz lo iluminó (Hechos 26: 13, 14). Era tan refulgente que el caballo se encabritó y lanzó a Saulo al suelo. El golpe fue durísimo, pero más notable fue la sorpresa. Los soldados que acompañaban a Saulo oyeron la voz pero no vieron a nadie (Hechos 9:7). Una dulce voz se dirigió a Saulo: Hechos 9:4 “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Era el Señor Jesús quien se reveló. Lo que le estaba diciendo era que no estaba persiguiendo a un grupo de cristianos, sino que estaba persiguiendo a Dios mismo, porque la iglesia era su cuerpo. “En la conversión de Pablo se nos presentan principios importantes que siempre debemos recordar. El Redentor del mundo no sanciona que en asuntos religiosos la experiencia y la acción sean independientes de su iglesia organizada y reconocida, donde tal existe. El Hijo de Dios se identificó con el cargo y la autoridad de su iglesia organizada. Sus bendiciones debían transmitirse por intermedio de los agentes a quienes había ordenado, vinculando así al hombre con el conducto por medio del cual llegan sus bendiciones. El hecho de que Pablo fuese estrictamente escrupuloso en su persecución de los santos, no le exime de culpa cuando el Espíritu Santo le revela la crueldad de su obra. Debe aprender de los discípulos”.1 Saulo sin poder salir de su asombro, preguntó: Hechos 9:5 “¿Quién eres, Señor?” Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón”. Saulo había caido al suelo como perseguidor, pero se levantó como Pablo el perseguido. Saulo cayó al suelo como el mensajero del sanedrín y se levantó como el mensajero del Señor. Saulo quedó ciego, por lo que debieron ayudarlo a ingresar en la ciudad. Pronto fue contactado por un hombre enviado por Dios quien le devolvió la vista. Toda su vida sufrió de diversos males a los que él mismo llamaba el “aguijón” de su carne (2 Corintios 12:1-9), pero eso no fue impedimiento para que iniciara su                                                                                                                           1  Elena  G.  De  White,  Consejos  para  la  iglesia,  437.  
  • 3.
      3   instrucciónen los caminos del Señor y el inicio de su ministerio pastoral, así como para el desarrollo de una vida de servicio dedicada a extender la iglesia de Cristo. La vida de Esteban, su declaración durante el juicio y sus últimas palabras lo impactaron: Hechos 7:60 “Señor, no les tomes en cuenta este pecado”. ¡Cómo había anhelado tener ese nivel de confianza en el Señor! ¡Cómo le hubiera gustado ver a Dios como aparentemente, pensaba él, Esteban lo había visto! (Hechos 7:56). Y aquel hombre tuvo su oportunidad. Pero la visión del Señor lo tranformó totalmente al punto de ser el objetivo de la ira de los enemigos del evangelio. “La oposición se tornó tan fiera que no se le permitió a Pablo continuar sus labores en Damasco. Un mensajero del cielo le ordenó que dejara el lugar por un tiempo; y fue "a la Arabia" (Gálatas 1: 17), donde halló un refugio seguro… Allí, en la soledad del desierto, Pablo tenía amplia oportunidad para estudiar y meditar con quietud. Repasó serenamente su experiencia pasada, y se arrepintió cabalmente. Buscó a Dios con todo su corazón, sin descansar hasta saber con certeza que su arrepentimiento fue aceptado y sus pecados perdonados. Anhelaba tener la seguridad de que Jesús estaría con él en su ministerio futuro. Vació su alma de los prejuicios y tradiciones que hasta entonces habían amoldado su vida, y recibió instrucción de la Fuente de la verdad. Jesús se comunicó con él, y lo estableció en la fe concediéndole una rica medida de sabiduría y gracia… Cuando la mente del hombre se pone en comunión con la mente de Dios, el ser finito con el Infinito, el efecto sobre el cuerpo, la mente y el alma es superior a todo cálculo. En esa comunión se halla la más elevada educación. Es el método de Dios para desarrollar a los hombres. "Amístate ahora con él" (Job 22: 21), es su mensaje a la humanidad” (Hechos de los apóstoles, 103). Pablo sufrió mucho durante su ministerio. Él mismo resumió sus aflicciones: 2 Corintios 11:24-28 “de los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias”. Pero Pablo consideraba todo aquello como nada con el fin de recibir por la gracia la salvación prometida (Filipenses 3:8). Pablo fue un hombre que entregó todo para el Señor. Gracias a su ministerio tenemos las cartas de: Romanos, 1 y 2 de Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosense, 1 y 2 de Tesalonicenses, 1 y 2 de Timoteo, Tito, Filemón y Hebreos. En todas ellas se resalta el amor perdonador del Señor.
  • 4.
      4   Pablosí tuvo una experiencia de perdón. De odiar a los cristianos, pasó a ser su campeón. Al que “sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama” (Lucas 7:47). El fue el primer académico que tuvo la iglesia cristiana y sus escritos han sido una bendición para toda la humanidad. Luego de haber llevado a cabo varios viajes misioneros donde estableció varias iglesias cristianas en territorios paganos, fue arrestado por los judíos y enviado a Roma para ser juzgado. En Roma sufrió dos arrestos. Del primero fue finalmente liberado, pero del segundo arresto no escapó. Desde su prisión escribió a Timoteo, su hijo en la fe. Pablo fue condenado a la muerte durante el reinado del emperador Nerón. La tradición cuenta que fue decapitado aproximadamente en el año 68 d. C. “Los siervos de Cristo no habían de preparar discurso alguno para pronunciarlo cuando fuesen llevados a juicio. Debían hacer su preparación día tras día al atesorar las preciosas verdades de la Palabra de Dios, y al fortalecer su fe por la oración. Cuando fuesen llevados a juicio, el Espíritu Santo les haría recordar las verdades que necesitasen”.2 Así acabó la vida de un hombre realmente excepcional. Un hombre de Dios. Un mensajero del Señor. Un gigante en la galería de la fe. Alguien que experimentó el perdón de Dios.                                                                                                                           2  Elena  G.  De  White,  Deseado  de  todas  las  gentes,  321.