El capítulo 15 de Lucas presenta las parábolas de la oveja, la moneda y el hijo perdido, que responden a las críticas de los fariseos sobre la cercanía de Jesús a los pecadores. Estas parábolas desafían la comprensión convencional de Dios, mostrándolo como un amoroso padre que busca a sus criaturas, en lugar de un juez que premia o castiga. La misericordia de Dios es incondicional y debe ser aceptada por el ser humano para experimentar una verdadera transformación espiritual.