Las pirámides mesoamericanas, como la pirámide del sol y el templo mayor de Tenochtitlan, representan el centro del universo en la cosmovisión de estas culturas, integrando elementos de sacralidad, orientación hacia el poniente, sacrificio humano y dualidad vida-muerte. Estas estructuras eran vistas como montañas sagradas que conectaban el mundo terrenal con el celeste y el inframundo, además de ser el eje central de ceremonias masivas. En su diseño y ubicación, las pirámides reflejan la imagen del cosmos, sirviendo como vehículos para la comunicación entre diferentes niveles de existencia.