El documento critica la creciente influencia de las congregaciones religiosas en la educación peruana. Señala que las congregaciones están expandiéndose rápidamente y casi monopolizando la educación de las clases acomodadas en Lima. También argumenta que la educación que brindan las monjas no prepara adecuadamente a las mujeres para ser buenas esposas y madres, y que la educación tanto de mujeres como de varones está plagada de vicios y promueve el fanatismo religioso en lugar de cultivar el intelecto.