El documento analiza la propaganda oscura en las elecciones presidenciales de México en 2012, destacando la complejidad y la polarización del proceso electoral. Utiliza la metodología de dark marketing para identificar cómo la guerra mediática reemplazó las propuestas de los candidatos por ataques y descalificaciones. Se concluye que la falta de regulación permite que la ambigüedad persuasiva manipule la percepción social y degrade la calidad democrática.