El autor discute cómo la sociedad a menudo ve el sexo como inmoral cuando en realidad no lo es. El sexo solo es inmoral cuando se usa para dañar a otros, al igual que comerse el sándwich de alguien o planear ataques terroristas. La verdadera inmoralidad es el miedo al placer que sienten las personas. El placer nos puede distraer de vivir, por lo que las sociedades han racionado los placeres a través de tabúes y restricciones. Sin embargo, el uso moderado del placer enriquece