El autor critica la idea de que el sexo es inherentemente inmoral. Afirma que el sexo solo es inmoral si se utiliza para dañar a otros, al igual que comer el bocadillo de alguien o planear ataques terroristas podrían ser inmorales. El verdadero temor detrás de la obsesión con la inmoralidad sexual es el miedo al placer, ya que el placer sexual puede distraernos del peligro de vivir. Sin embargo, el placer solo se convierte en algo malo cuando dependemos demasiado de él