El capítulo discute cómo la sexualidad humana a menudo se ve como inmoral, pero que el cuerpo está diseñado para el placer. Argumenta que el placer es una parte importante de la vida y no debe temerse o culparse, siempre que se practique con moderación y no perjudique a otros. También critica a los puritanos que le temen al placer y propone disfrutar los placeres de la vida de manera responsable para alcanzar la felicidad.