PROCUSTO : MITO Y SINDROME
Por: Dr. Marlon Lopez Alvarez
1. EL MITO:
Procusto pertenece a los personajes oscuros y malvados de la riquísima mitología helénica,
su nombre viene del vocablo griego antiguo Prokroústês que significa: el estirador. También
conocido con el nombre de Damastes, (el avallasador o controlador). Vivía en una colina del
ática, en la región de Eleucis, al sur de Grecia, en el camino que llevaba de Trecen hacia
Atenas. Algunas referencias lo ubican como hijo ilegitimo del dios Poseidón, otros como hijo
de gigantes. En todo caso era un hombre de gran tamaño, fuerza descomunal, usaba una
enorme barba hirsuta y sus poderosos brazos terminaban en unas grandes manos como mazos
que les servían a buen propósito en su trabajo como forjador de metales.
Era conocido por ser un embaucador, ladrón y asesino pero su casa, además de herrería se
ofrecía al viajero solitario como una posada, misma a la que eran invitados los incautos
transeúntes sin sospechar los oscuros propósitos de su letal anfitrión.
Servía a su invitado los mismos manjares y bebidas que el consumía, se mostraba jovial y
muy hospitalario y al final de la velada invitada a su huésped a tumbarse sobre su cama, esta
era de hierro y forjada por el mismo en su taller. Una vez dormido el visitante, se escurría
hasta la habitación y amarraba al durmiente con firmeza en el duro lecho procediendo a
cortarles con su enorme hacha las partes que excedieran el tamaño de la cama, (pies, manos
o la cabeza), en caso que el visitante fuera mas grande y sobresaliera de ella o si era el caso
contrario el controlador lo estiraba a martillazos hasta romper las coyunturas y ajustarlo al
tamaño de la misma. Cualquiera de las dos opciones terminaba con la vida del visitante.
En realidad, no había otro final posible para los inocentes huéspedes, su destino estaba
sellado desde que aceptaban la invitación del macabro anfitrión pues Procusto en realidad
tenía dos camas: una larga en la que invitaba a recostarse a las personas pequeñas y otra muy
corta en la que daba reposo a los invitados de mayor estatura.
Las andanzas de este tétrico personaje llegaron a su fin cuando hasta su colina se presentó,
en su recorrido desde el Peloponeso hacia Atenas, el más grande de los héroes de la cultura
griega: Teseo, hijo del mismo Poseidón. La inteligencia y sagacidad de Teseo le pusieron en
alerta sobre los verdaderos propósitos de su hostelero, invirtió el juego, retando a Procusto a
comprobar si su propio cuerpo encajaba con el tamaño de la cama. Cuando el posadero se
hubo tumbado, Teseo lo amordazó y ató a la cama y, allí, para «ajustarlo» como él hacía a
los viajeros, le cortó con su misma hacha los pies y la cabeza.
2. LA CAMA DE PROCUSTO:
Un lecho (o cama) de Procusto es una norma arbitraria para la que se fuerza una conformidad
exacta. Se aplica también a aquella falacia científica en la que se tratan de deformar los datos
de la realidad y que se adapten a la hipótesis previa a conveniencia del autor.
En medicina y otras ciencias, (o en la vida misma), cuando alguien quiere que todo se ajuste
a lo que dice o piensa, lo que quiere es que todos se acuesten en el “lecho de Procusto”
También podemos utilizar esta expresión con individuos que al principio muestran su mejor
actitud, nos dan su mejor cara y su fin último es someter y controlar a las demás personas
bajo sus órdenes y pensamientos para alcanzar sus intereses, de la misma forma como
Procusto ajustaba el tamaño de sus víctimas en relación con el tamaño de la cama.
3. SINDROME DE PROCUSTO:
En medicina se llama síndrome de procusto al rechazo hacia las personas que sobresalen, es
decir, a la incapacidad para aceptar las virtudes de otros. Quienes lo padecen se caracterizan
por un miedo constante a ser superados, a no ser lo suficientemente buenos y genera una
envidia patológica. También es la intolerancia a la diferencia, cuando alguien quiere que todo
se ajuste a lo que dice o piensa. Es la incapacidad para reconocer como válidas las ideas del
otro (al ser rebasados en nuestros conocimientos), el miedo a ser superados profesionalmente
por un subordinado o un asociado.
Como única respuesta, quien sufre del mismo optara por ¨cercenar¨ de cualquier forma lo que
considera sobresaliente en el otro recurriendo a la maledicencia, murmuración, calumnia y
desprestigio en un intento fútil de rebajarle los méritos por los que sobresale a quien ve como
su competidor.
4. ENSEÑANZAS DEL MITO DE PROCUSTO:
En la cultura Micénica se consideraba que la hospitalidad era uno de los mas grandes valores
que un hombre debía tener, Procusto se ofrecía hospitalario pero su fin era acabar con el otro
aprovechando su astuto ardid y descomunal fuerza física para someter a su víctima.
¿Cuántos Procustos se encuentran hoy a nuestro alrededor?, personas que se acercan al otro
fingiendo hospitalidad y empatía y su fin no es otro que aprovecharse pretendiendo imponer
toda a su medida sobre qué es lo consideran correcto y justo y si te sales de su estándar, te
cortaran las manos o los pies o la cabeza hasta ajustar todo según les convenga.
Estamos rodeados de procustos sociales en la escuela, el trabajo, la religión, la política, pero
debo señalar que muchas veces dentro de nosotros surge también un procusto cuando quiero
que otros se adapten a las medidas que yo propongo a lo que a mi criterio esta bien y no tolero
la posible diferencia que me brindaría el ser un poco más asertivo.
Hasta en nuestro propio seno familiar podemos actuar como todo un Procusto cuando
impongo normas que valen para todos menos para mí, cuando mi forma de vivir no es
congruente con lo que predico como correcto o justo, cuando pretendo que todo se ajuste
según lo que yo dicto a mi conveniencia sin que necesariamente esto sea lo que más conviene
hacer en ese momento determinado.
Hagamos una introspección y posiblemente descubramos en nosotros mismos muchos rasgos
de este personaje mitológico y nos daremos cuenta que nosotros, (Dios quiera que no con
demasiada frecuencia), también usamos el lecho de Procusto.

Procusto: Mito y sindrome

  • 1.
    PROCUSTO : MITOY SINDROME Por: Dr. Marlon Lopez Alvarez 1. EL MITO: Procusto pertenece a los personajes oscuros y malvados de la riquísima mitología helénica, su nombre viene del vocablo griego antiguo Prokroústês que significa: el estirador. También conocido con el nombre de Damastes, (el avallasador o controlador). Vivía en una colina del ática, en la región de Eleucis, al sur de Grecia, en el camino que llevaba de Trecen hacia Atenas. Algunas referencias lo ubican como hijo ilegitimo del dios Poseidón, otros como hijo de gigantes. En todo caso era un hombre de gran tamaño, fuerza descomunal, usaba una enorme barba hirsuta y sus poderosos brazos terminaban en unas grandes manos como mazos que les servían a buen propósito en su trabajo como forjador de metales. Era conocido por ser un embaucador, ladrón y asesino pero su casa, además de herrería se ofrecía al viajero solitario como una posada, misma a la que eran invitados los incautos transeúntes sin sospechar los oscuros propósitos de su letal anfitrión. Servía a su invitado los mismos manjares y bebidas que el consumía, se mostraba jovial y muy hospitalario y al final de la velada invitada a su huésped a tumbarse sobre su cama, esta era de hierro y forjada por el mismo en su taller. Una vez dormido el visitante, se escurría hasta la habitación y amarraba al durmiente con firmeza en el duro lecho procediendo a cortarles con su enorme hacha las partes que excedieran el tamaño de la cama, (pies, manos o la cabeza), en caso que el visitante fuera mas grande y sobresaliera de ella o si era el caso contrario el controlador lo estiraba a martillazos hasta romper las coyunturas y ajustarlo al tamaño de la misma. Cualquiera de las dos opciones terminaba con la vida del visitante. En realidad, no había otro final posible para los inocentes huéspedes, su destino estaba sellado desde que aceptaban la invitación del macabro anfitrión pues Procusto en realidad tenía dos camas: una larga en la que invitaba a recostarse a las personas pequeñas y otra muy corta en la que daba reposo a los invitados de mayor estatura. Las andanzas de este tétrico personaje llegaron a su fin cuando hasta su colina se presentó, en su recorrido desde el Peloponeso hacia Atenas, el más grande de los héroes de la cultura griega: Teseo, hijo del mismo Poseidón. La inteligencia y sagacidad de Teseo le pusieron en alerta sobre los verdaderos propósitos de su hostelero, invirtió el juego, retando a Procusto a comprobar si su propio cuerpo encajaba con el tamaño de la cama. Cuando el posadero se hubo tumbado, Teseo lo amordazó y ató a la cama y, allí, para «ajustarlo» como él hacía a los viajeros, le cortó con su misma hacha los pies y la cabeza. 2. LA CAMA DE PROCUSTO: Un lecho (o cama) de Procusto es una norma arbitraria para la que se fuerza una conformidad exacta. Se aplica también a aquella falacia científica en la que se tratan de deformar los datos de la realidad y que se adapten a la hipótesis previa a conveniencia del autor.
  • 2.
    En medicina yotras ciencias, (o en la vida misma), cuando alguien quiere que todo se ajuste a lo que dice o piensa, lo que quiere es que todos se acuesten en el “lecho de Procusto” También podemos utilizar esta expresión con individuos que al principio muestran su mejor actitud, nos dan su mejor cara y su fin último es someter y controlar a las demás personas bajo sus órdenes y pensamientos para alcanzar sus intereses, de la misma forma como Procusto ajustaba el tamaño de sus víctimas en relación con el tamaño de la cama. 3. SINDROME DE PROCUSTO: En medicina se llama síndrome de procusto al rechazo hacia las personas que sobresalen, es decir, a la incapacidad para aceptar las virtudes de otros. Quienes lo padecen se caracterizan por un miedo constante a ser superados, a no ser lo suficientemente buenos y genera una envidia patológica. También es la intolerancia a la diferencia, cuando alguien quiere que todo se ajuste a lo que dice o piensa. Es la incapacidad para reconocer como válidas las ideas del otro (al ser rebasados en nuestros conocimientos), el miedo a ser superados profesionalmente por un subordinado o un asociado. Como única respuesta, quien sufre del mismo optara por ¨cercenar¨ de cualquier forma lo que considera sobresaliente en el otro recurriendo a la maledicencia, murmuración, calumnia y desprestigio en un intento fútil de rebajarle los méritos por los que sobresale a quien ve como su competidor. 4. ENSEÑANZAS DEL MITO DE PROCUSTO: En la cultura Micénica se consideraba que la hospitalidad era uno de los mas grandes valores que un hombre debía tener, Procusto se ofrecía hospitalario pero su fin era acabar con el otro aprovechando su astuto ardid y descomunal fuerza física para someter a su víctima. ¿Cuántos Procustos se encuentran hoy a nuestro alrededor?, personas que se acercan al otro fingiendo hospitalidad y empatía y su fin no es otro que aprovecharse pretendiendo imponer toda a su medida sobre qué es lo consideran correcto y justo y si te sales de su estándar, te cortaran las manos o los pies o la cabeza hasta ajustar todo según les convenga. Estamos rodeados de procustos sociales en la escuela, el trabajo, la religión, la política, pero debo señalar que muchas veces dentro de nosotros surge también un procusto cuando quiero que otros se adapten a las medidas que yo propongo a lo que a mi criterio esta bien y no tolero la posible diferencia que me brindaría el ser un poco más asertivo. Hasta en nuestro propio seno familiar podemos actuar como todo un Procusto cuando impongo normas que valen para todos menos para mí, cuando mi forma de vivir no es congruente con lo que predico como correcto o justo, cuando pretendo que todo se ajuste según lo que yo dicto a mi conveniencia sin que necesariamente esto sea lo que más conviene hacer en ese momento determinado. Hagamos una introspección y posiblemente descubramos en nosotros mismos muchos rasgos de este personaje mitológico y nos daremos cuenta que nosotros, (Dios quiera que no con demasiada frecuencia), también usamos el lecho de Procusto.