El cáncer infantil no es una enfermedad única sino un grupo de enfermedades que se originan a partir de células malignas que crecen sin control. Aunque la incidencia es baja, los avances en diagnóstico y tratamiento han aumentado la supervivencia al 76%. Los diagnósticos se realizan mediante análisis clínicos, pruebas de imagen y biopsias. Los tratamientos incluyen quimioterapia, radioterapia, cirugía y trasplante de médula ósea.