La liberación significa que Dios nos libera de las ataduras espirituales y cargas que nos impiden evolucionar plenamente. Cuando aceptamos a Cristo, Él cancela nuestra deuda pecaminosa y nos libera del infierno, dándonos una nueva vida. Sin embargo, debemos tener cuidado de no volver a abrir las puertas a influencias malignas, y depender totalmente del Espíritu Santo para guiarnos a la verdadera libertad.