Las quemaduras oculares pueden ser físicas (por radiación o térmicas) o químicas (por ácidos o álcalis). Las químicas representan una urgencia médica debido al daño rápido que causan. El tratamiento incluye irrigación prolongada del ojo, examen oftalmológico, medicamentos como antibióticos y antiinflamatorios, y posiblemente cirugía para reparar daños graves. Se requiere un seguimiento cercano para prevenir complicaciones como glaucoma.