La violencia ha crecido de forma alarmante en Acapulco, convirtiéndola en una de las ciudades más peligrosas del mundo. A pesar de los operativos de seguridad implementados, la situación no ha mejorado y se vive una crisis humanitaria con altos niveles de víctimas, especialmente entre los jóvenes. El estado ha fallado en brindar seguridad a los ciudadanos, impartir justicia a las víctimas y atender de forma integral el problema de la violencia y sus consecuencias. Se requiere un cambio de modelo