En Hispania durante los siglos II-III convivieron varias religiones, incluyendo tradiciones indígenas prerromanas que se fusionaron con las creencias griegas y fenicias. La religión romana era la oficial e incluía el politeísmo con dioses antropomórficos, el culto a la tríada capitolina de Júpiter, Juno y Minerva, y el culto imperial. También estaban presentes cultos mistéricos como el de Isis, Mitra y Cibeles, así como el cristianismo que se expandió lentamente.