Las cinco leyes áureas para días aciagos son: mantener la calma, frenar la prisa, reorganizar las líneas, salir al contraataque y no rendirse. Cuando algo aparentemente fácil sale mal no hay que hundirse sino seguir jugando. Actuar sin soberbia nos ayuda a avanzar sin levantar envidias. Donde hay humildad hay sabiduría. De los errores se aprende, y la solidez se demuestra en la derrota.