Este documento ofrece tres formas de aliviar el estrés: 1) dedicar tiempo a la quietud y la oración con Dios, lo que proporciona paz interior; 2) leer las Escrituras, que refrescan el alma y aclaran los pensamientos; 3) detenerse para meditar en la presencia de Dios, lo que libera de las tensiones de la vida moderna.