En el siglo XVIII, la ciudad de Quito tenía una población de entre 60.000 y 48.000 habitantes y su estructura física y forma socioeconómica habían cambiado poco desde el siglo anterior. Los sectores más privilegiados eran las áreas cercanas a la Plaza Mayor y Plaza de San Francisco. Las residencias coloniales se caracterizaban por tener patios centrales y habitaciones sencillas decoradas con pinturas. A finales del siglo XVIII, Quito se describía como una pequeña urbe rodeada de elevaciones y quebradas.