El salmo describe las condiciones para ser huésped de Dios en su santuario: practicar la justicia, no difamar al prójimo, no hacerle daño, honrar a quienes temen a Dios, no retractarse de juramentos ni aceptar sobornos. Jesús respondió a una pregunta similar sobre la vida eterna proponiendo reglas de rectitud humana. Para habitar con Dios se necesita unir la fe y la vida cotidiana a través de la conducta irreprensible y la práctica de la justicia.