El documento resume un salmo que alaba a Sión, la ciudad de Dios, como un lugar de protección y seguridad bajo el cuidado de Dios. Luego reflexiona sobre cómo tanto Jerusalén como cualquier ciudad terrenal son obras de Dios y lugares donde Dios está presente, por lo que también pueden considerarse Ciudades de Dios. Concluye orando para ser dignos de contemplar la gloria de la futura Jerusalén celestial.