Las semillas autoflorecientes feminizadas permiten la floración automática sin depender del fotoperiodo, y su cultivo ha sido promovido por agricultores de Brasil hacia Mozambique. Sin embargo, la industria de semillas enfrenta problemas como la venta de semillas de baja calidad y la regulación de la propiedad intelectual, lo que complica la conservación y distribución de semillas campesinas. La defensa de las semillas nativas es crucial para la soberanía alimentaria y ha ganado visibilidad a través de propuestas de ley que favorecen la agricultura local y la agroecología.