El viejo árabe explica al jefe de la caravana que conoce la existencia de Dios a través de las señales que Él deja en la naturaleza, como la luna y las estrellas en el cielo. El jefe comienza a orar también después de reconocer que esas señales no pueden ser obra de los hombres. El viejo agradece a Dios por todo lo que le ha dado y por la fe que tiene en Él, a pesar de los tiempos confusos.