Este poema de Pablo Neruda se dirige a todos los seres silenciosos de la noche que han tomado su mano en la oscuridad, llamándolos lámparas de luz inmortal y pan de las vidas. Neruda dice que nada puede igualar la pureza que ellos representan o contener todo el sol de la primavera como su dignidad callada. Se siente digno de tanta sencillez y pureza, como si fuera él mismo parte de la tierra, el pan y el canto, reconociéndose como parte de ellos y perteneciendo a donde viene y a