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José Roberto Dardón López
Memorias de una maestra betlemita
(1926-1963)
Guatemala, febrero 2015
Memorias de una maestra betlemita
(1926-1963)
Conducente a la obtención del título de
Magister Artium en Historia
Escuela de Posgrado
Universidad Francisco Marroquín
Solamente el autor es responsable de la originalidad y
los conceptos expresados en el trabajo de tesis,
la cual fue elaborada para obtener el grado de
Magister Artium en Historia.
Su aprobación en manera alguna implica responsabilidad
para la Universidad, ya que reflejan el punto de vista del autor.
Dedicatoria:
A mi abuela Marta,
por compartir su vida.
A mis padres Guisela y Ricardo;
A mi hermana Mª. Mercedes y sobre todo mi cuñado Rodrigo,
por el apoyo absoluto e incondicional.
A mis compañeros de posgrado,
por las charlas, las lecciones de vida y sabiduría, más la amistad brindada en
estos años.
A la Escuela de Posgrado,
en especial al Dr. Carlos Sabino por la oportunidad de formarme como historiador.
A la Universidad Francisco Marroquín,
por abrirme las puertas y mostrarme el camino recto.
1
Índice
Motivaciones ............................................................................................................................................. 3
Prefacio ...................................................................................................................................................... 5
Objetivos de esta investigación ............................................................................................................ 12
Metodología............................................................................................................................................. 13
Contenido
Contexto general de la época............................................................................................................14
Antecedentes: Familia, parentela cercana y amistades significativas ..........................................21
I. La infancia, entre la provincia y la capital (1922-1926)
a. Primeros años .............................................................................................................................. 35
b. Sitios, lugares y anécdotas de aquel entonces.................................................................................. 43
II. El valor real de una madre: «Cuando nos quedamos solos» (1927-1930)
c. La familia va primero .................................................................................................................. 46
d. El privilegio de pocos.................................................................................................................. 51
e. Normas y costumbres de la capital ............................................................................................. 55
III. Crecer bajo la sombra de "El Hombre"(1931-1941)
a. Cuando se militarizó el Colegio ..............................................................................................61
b. Sobre quienes formaron a las jóvenes mentes y el modo en que se impartía la educación en
Guatemala, de acuerdo al caso especifico del Colegio de Belén.............................................70
c. Lo que representó vivir bajo la paz y tranquilidad de Ubico...................................................79
IV. La alegría de la juventud y primera adultez (1942-1943)
a. Cuando llegaron los americanos ................................................................................................. 95
b. Experiencias luego de mi graduación........................................................................................103
c. Lo acontecido en Santa Cruz del Quiché ..................................................................................113
d. El despertar del magisterio.........................................................................................................122
2
V. Se agotó la paciencia del pueblo: Lo vivido durante el 20 de octubre de 1944
a. Los amigos, estudiantes universitarios... conspiradores contra el viejo régimen ...................136
b. Los meses y días previos............................................................................................................139
c. La madrugada del 20 de octubre................................................................................................151
d. El fuerte de San José y la casa de la 14ª Calle Poniente ..........................................................159
VI. Los años de democracia y liberación: Desde su llegada a Washington D.C. hasta cuando
JE fue funcionario público (1945-1954)
a. La alegría de una nueva vida .................................................................................................162
b. Ida al norte, vuelta al sur ............................................................................................................164
c. Algunas anécdotas urbanas....................................................................................................186
d. Reconciliación y boda ...........................................................................................................194
e. «Nos tacharon de comunistas»...................................................................................................202
f. Naciendo la hija mediana, muere la revolución de octubre ............................................................208
VII. Percepción personal de MCL de la Contrarrevolución y años subsecuentes (c.1955-
1956)
a. Gratitud hacia un joven liberacionista.......................................................................................212
b. Cuando «tocó llevar la carreta sola»..........................................................................................222
c. Benefactores olvidados del vecindario y amigos refugiados ...................................................228
Conclusiones...........................................................................................................................................236
Bibliografía.............................................................................................................................................245
3
Motivaciones
a inquietud por plasmar en letra escrita las memorias de mi abuela materna, Marta Camey
Herrera de López (nombrada en este estudio como MCH, en su juventud y MCL en su
vida) surgió de ella misma hace algunos años, tras la muerte de mi abuelo José Enrique
López De la Roche (1916-1995). La razón debe atribuirse a su fuerte deseo por dejar constancia
escrita sobre algunos pasajes de una vida llena de contrastes, los mismos de los que destellan algu-
nos vagos recuerdos de la infancia de quien transcribe estas líneas. Posteriormente estos a volvieron
manifestarse a principios del presente siglo, época en la que —por razones de índole personal— se
dio la oportunidad de que MCL pudo compartirlos con quien transcribe estas memorias durante
algún tiempo en su antigua casona del camino viejo a Mixco, donde vivió por medio siglo (1957-
2007).
En dichas sesiones, se pudo constatar la importancia histórica que existía en sus alusiones a
personajes del pasado, donde las mismas se entremezclaban con el gozo y la melancolía. De hecho,
pasó por algún momento por la mente del autor de este estudio lo interesante que podría ser que ella
encontrara algún momento de ocio para así dedicarse a escribirlas. En efecto, para las bodas de plata
de las maestras graduadas en la Escuela Nacional Central para Señoritas de Belén —o como suelen
llamarlo las ex alumnas más veteranas: El Colegio—, sus ex compañeras le invitaron plasmar una
remembranza sobre esos años. En la misma se describen —en una forma un tanto literaria pero sin
rebasar la generalidad— los antiguos barrios chapines, sus templos parroquiales, los sitios donde
antaño se recreaban los vecinos y sus actividades vinculadas a con personajes ya idos en el tiempo.
Sin tener mucho conocimiento del recurso historiográfico más allá de las referencias más usuales,
fue en el año de 1991 cuando empezó esta labor.
La distancia que con los años transcurridos se establece entre eventos y la narración contem-
poránea puede llegar a confundir algunos datos. No obstante la verificación no resulta ser tarea harto
complicada en la actualidad. El acceso a fuentes de información bibliográfica o derivadas de los
medios digitales en nuestros días resulta ser un hecho muy ventajoso. En algunos casos —dicho sea
de paso— el error del dato puede interpretarse como un punto de vista particular de lo vivido por la
L
4
persona entrevistada. Y es gracias a esa anomalía —o lagunas— en la narración biográfica que las
interrogantes pueden formularse por medio de preguntas metodológicas, recurso muy útil para enca-
jar los datos obtenidos de acuerdo al contexto a estudiar.
Por último, la historia de vida de MCL abarca casi noventa y un años hasta el día de hoy
(3/06/2013), de los cuales, los primeros treinta y cuatro se escogieron como marco de estudio histó-
rico, es decir, desde su ingreso a los ocho años en el Colegio de Belén hasta su entrevista con un
funcionario importante de la contrarrevolución, una generación más tarde.
†
5
Prefacio
a historia narrada desde el punto de vista testimonial —sea de un personaje relevante en la
vida de una nación o un ser anónimo dentro de la misma—, debe partir del contexto fami-
liar en el que la persona biografiada vio la luz por primera vez. Este escenario será, en ma-
yor o menor medida, el condicionante principal en su actuar y pensar durante el resto de la vida.
Esto se debe a que es en dicho escenario que ha aprendido toda la normativa consuetudinaria de in-
teracción social heredada por generaciones precedentes; en complemento a sus opiniones y decisio-
nes tomadas en los años venideros.
Son muchos quienes al llegar a sus años de vejez desean externalizar parte de lo que les ha
tocado apreciar y observar —para bien o para mal— a lo largo de estos años, con el simple ánimo de
dejar un testimonio sobre los eventos ocurridos. Su objetivo es la esperanza de ofrecer un legado a
sus descendientes y demás público lector interesado en la temática por conocer algo de lo ocurrido
en épocas pasadas; imágenes que usualmente solo se perfilan de manera imparcial, ya sea por medio
de terceros, sean por escrito o de forma oral.
En ese sentido, los recuerdos de la MCL y la proyección que estos reflejan ponen en aprietos
ciertos postulados —rígidos y clasistas— de la historiografía marxista. El sesgo ideológico de los
mismos ha pretendido encajonar a los individuos dentro de un esquema colectivo inamovible del
que, en apariencia —y por razonamientos de tipo determinista— no se puede escapar de las "inexo-
rables leyes de la historia". Desde el materialismo histórico, la persona como tal es un ente que no
tiene importancia si no está vinculado a un grupo de presión, dentro de cualquier tipo de ámbito de
la acción humana.
De los varios estratos sociales y económicos existentes en distintos ámbitos de la actividad so-
cial, el entorno familiar, de una u otra manera, prescribe nuestro comportamiento durante toda nues-
tra vida. Hasta donde se pudo indagar, se ha corroborado que las familias del período decimonónico
en Guatemala estuvieron ligadas, por tradición, a las esferas de prestigio y poder con la esperanza de
L
6
acceder a un mejor nivel de vida. En ambos vertientes familiares, MCL tiene ascendientes tanto de
agricultores como de intelectuales y militares. Haber formado parte de las capas socioeconómicas
más favorecidos de la sociedad altense, ciertamente marcó la diferencia entre los ancestros de nues-
tra biografiada y la generalidad de obreros y campesinos del Occidente guatemalteco. La realidad en
la que mayor parte de habitantes de este país vivía por aquellos días distaba mucho de la que en la
actualidad gozan. Los más pobres, hoy cuanto menos, tienen mayor acceso a bienes, productos y
servicios de lo que jamás tuvieron antes.
La etiqueta de "ladino" desde la fundación de la República de Guatemala en 1847 pasó a en-
globar a todos los ciudadanos con diversos grados de mestizaje de la sociedad guatemalteca —desde
los "criollos" de las ciudades hasta los "zambos" en las fincas—. Con la idea de conservar su lealtad
dentro del nuevo orden político, las autoridades de aquel entonces les otorgaron concesiones de na-
turaleza institucional, lingüística y cultural a las comunidades indígenas o "naturales"; de ahí la pre-
servación de este conjunto de grupos sociales emparentados entre sí por razones sociológicas. Pre-
rrogativas parecidas se les dieron posteriormente a los súbditos de las diversas coronas con las que
Guatemala estableció lazos diplomáticos y comerciales —como los súbditos de la casa imperial de
los Hohenzollern— para incentivar la inversión necesaria para que nuestra patria entrara en el con-
cierto de naciones por medio del libre cambio y la emigración, a cambio de preservar su estatus de
ciudadanos extranjeros residentes.
Resulta curioso observar que, cuando una persona se identifica como ladino, no suele repa-
rar en los rasgos antropológicos o étnicos —si se me permite la observación políticamente incorrec-
ta—. Por una parte, la vertiente paterna de Marta, de la que no se tiene mayor información, pudo
corroborarse en algunos escritos como el Libro Azul de Guatemala1
, esfuerzo publicitario impulsado
durante el periodo de gobierno del Licenciado Manuel Estrada Cabrera, y que, en nuestra opinión,
promociona las bondades y progresos efectuados el día de su impresión (en el año 1915) en la Re-
pública de Guatemala, aunque siempre habrá quien señale el mismo texto como adulatorio del dicta-
dor.
Por estas razones y otras que se verán reflejadas posteriormente, en el presente trabajo es ne-
cesario hacer la salvedad, de que por tratarse de un periodo de tiempo tan largo de vida, se han esco-
gido los años que tuvieron alguna repercusión —directa o indirectamente— en la vida de nuestra
1
Jones J.B, Scoullar W.T., & Soto-Hall M., 1915.
7
biografiada a nivel político y social; pues en el caso del presente posgrado, son los momentos deci-
sivos que tienen mayor relevancia. Aunque el relato empieza algunas décadas antes de su nacimien-
to, el período de mayor interés comienza a los nueve años de edad, cuando el último gobernante
liberal a la presidencia el día 15 de marzo de 1931, hasta alrededor de sus treinta y dos años de edad
cuando dialoga con un personaje importante del nuevo régimen liberacionista en los últimos meses
del año 1954, poco después de la entrada del ejército contrarrevolucionario en la ciudad de Guate-
mala, para dar fin a las memorias a inicios de la década de los sesenta. Las memorias abarcan un
rango de tiempo de casi dos generaciones, es decir, casi cuarenta años; es este tiempo suficiente para
presenciar una serie de cambios sociales, políticos y económicos acontecidos en Guatemala desde la
década de los años veinte hasta casi rayar la década de los sesenta.
A continuación, se ofrecerá al público lector, —sobre todo familiares de la biografiada intere-
sados en su pasado—, la descripción de esta tesina. Cada uno de los momentos determinantes de la
vida aquí registrada de nuestra biografiada se han segmentado por episodios. Se brinda un árbol
familiar que incluye una breve genealogía de MCL tanto de sus antepasados como de sus descen-
dientes directos. Los datos encontrados hasta el momento serán incluidos junto con sus años de in-
fancia, acontecida entre la provincia y la ciudad capital (c.1922-1926).
En este primer capítulo se explican los orígenes de la familia con quien MCL se crió. El árbol
genealógico en este punto será de gran utilidad para atar algunos cabos que quizás sean de interés
para todo aquel que desee consultar estos apuntes, ya que en algunos casos se mencionan personajes
que, de alguna forma u otra, participaron en procesos históricos bien documentados de la historia de
Guatemala entre 1880 hasta cuando la biografiada cumpliera cuatro años en 1926.
Las vivencias personales durante la niñez —es decir, sus relaciones de parentesco y amistad—
se entrelazan con los espacios ampliamente conocidos y con protagonistas importantes en el aconte-
cer de esos años, alternándose su estadía entre la ciudad capital con Quezaltenango, Antigua Guate-
mala y Chiantla, por lo que se harán las referencias pertinentes de acuerdo a la documentación de la
época. Quizás este es el primer momento de cambio repentino en la vida de MCL, cuando su señor
padre desaparece repentinamente de la escena familiar, lo que obliga a su señora madre a realizar
cambios importantes en la familia. Con este evento se define la denominación del siguiente capítulo.
A pesar de constituir la segunda mitad de la década de los años veinte una época de relativo
auge económico en Guatemala, la realidad en la vida diaria de cientos de miles de vecinos en las
8
ciudades principales se centraba en los servicios prestados a la sociedad en general. En esta masa de
trabajadores —fueran asalariados o contratados a destajo— se encontraron las hermanas Herrera
Campos junto con su señora madre. En este capítulo se ofrece una breve descripción sobre los tipos
de trabajos de carácter empírico y gremial que en aquel entonces cubría la oferta y la demanda de
bienes, productos y servicios. Llegando a los años de la depresión de los treinta, las hermanas Ca-
mey Herrera se vieron obligadas, como la mayor parte de la gente, al ineludible apretón de cincho,
que echó al traste a muchos bancos, comercios, negocios y propiedades ligadas al monocultivo del
café.
Sin embargo, la preocupación por el futuro de los hijos pudo representar —en alguien cuya
infancia fue hasta cierto punto privilegiada pero que en la prosperidad de su vida adulta vino a me-
nos—, el mejor incentivo laboral que cualquiera pueda tener. De este modo, comenzó la búsqueda
incesante de los medios económicos necesarios para darle a su hogar la mejor herencia que alguien
puede recibir: la educación. En nuestra exposición también podrán constatarse algunos aspectos de
tipo sociológico en los comportamientos del pueblo y la relación que había entre disímiles grupos
societarios y étnicos. De ahí que en la memoria de Marta radique el valor real de una madre que
supo sacar a su familia adelante al quedarse solos sin un padre (1927-1929).
Al crecer bajo la sombra de "El Hombre" (1931-1944), MCL quizás no tenga presente —
debido a su corta edad—, la situación económica que devino en una crisis política. En estos momen-
tos un personaje de su pasado inmediato —vecino por casualidad de sus padres en el barrio de San
Francisco— toma las riendas del poder, con el apoyo de quienes conocían su trayectoria como ad-
ministrador agropecuario y como funcionario público hábil. La ascensión al poder por parte de este
protagonista en nuestra historia afectó profundamente las relaciones humanas existentes a todo ni-
vel, incluyendo el sistema educativo nacional, donde nuestra biografiada, por instancias de su señora
madre, tuvo la oportunidad de ingresar al que quizás era el mejor instituto femenino de educación
en todo el istmo centroamericano.
Desde entonces, los recuerdos y las anécdotas que narran acontecimientos y formas de percibir
la vida se vuelven más tangibles y de fácil corroboración documental. Podemos constatar detalles
raros e interesantes sobre la forma de impartir educación en el sector público, desmitificando —al
menos en el presente caso— enfoques negativos plasmados en los libros de texto y referencias
académicas, tan proclives a la propaganda política e ideológica de la historia oficial.
9
La entrada de los EE. UU. en la Segunda Guerra Mundial a finales de 1941, repercutió en
Guatemala a todo nivel: económico, político y social. La llegada de los contingentes militares que,
desde entonces habilitaron bases militares dentro de territorio guatemalteco, propició la creación de
nichos de mercado inexistentes y la interacción intercultural donde ambas partes, nacionales y ex-
tranjeros, llenaron necesidades tanto de un lado como de otro. Testigo fiel de estos sucesos MCL
hace observaciones sobre cómo se relacionaban los individuos más jóvenes de distinto sexo y nacio-
nalidad, frente a otros quienes veían con malos ojos a los extranjeros. Esta última situación, según
la percepción de quien escribe estas líneas, tendría consecuencias importantes a nivel político y so-
cial a mediano plazo.
Durante esos momentos de transición cultural de la provinciana y mustia a una más cosmopo-
lita y dinámica ciudad de Guatemala, un pequeño grupo de egresadas del Colegio betlemita le fue
recibió una notificación de una resolución oficial que cambiaría sus vidas para siempre. Algunos
años después, al terminar la guerra, nuestra biografiada tuvo la oportunidad de conocer de cerca el
sueño americano, durante su permanencia en el Distrito de Columbia y a su regreso —junto con su
tía materna— en el aun pintoresco y posrevolucionario México. Sin duda alguna estos viajes por
Guatemala y el extranjero serían la nota más genuina de la alegría durante su juventud (c.1941-
1946).
Entre secretos, la participación presencial de las juntas clandestinas y , las protestas de estu-
diantes y maestros, el dictador democráticamente electo Jorge Ubico se retira finalmente a la vida
privada, no sin antes nombrar a quienes ejercerán el poder. El dominio de casi tres generaciones de
los llamados liberales guatemaltecos pareció vaporizarse en el aire cuando las fuerzas contenidas
desde mediados de la década de los años treinta resurgen con ímpetu. Fue el despertar de una nueva
generación de chapines que había perdido la paciencia, y que, aun con la férrea determinación del
nuevo jefe del Palacio Nacional por retener las riendas del gobierno, parecía no estar dispuesta a
doblegarse. Las conspiraciones, las manifestaciones públicas y los planes sin revelar eran constan-
temente insinuados por los allegados del círculo de amistades de Marta.
Muchos de estos personajes, en su mayoría jóvenes e inexpertos, tendrían peso en la escena
política desde mediados de ese mismo año. Al final, en la madrugada del 20 de octubre por temor al
estallido de la violencia en la somnolienta ciudad, nuestra biografiada se ve obligada a cruzar junto
con su tía las calles para llegar al sitio en el que su señora madre estaba convaleciente dentro de las
10
instalaciones del antiguo Hospital Nacional. Junto con otras pacientes, religiosas del lugar y perso-
nal médico son testigos de la carnicería en que se convirtió la revuelta popular dentro del mismo
recinto. El mismo día, pudieron contemplar desde lo alto del sanatorio el incendio de la fortaleza
que en alguna época defendió la entrada meridional de la Nueva Guatemala. Estos fueron los even-
tos que le tocaron vivir en 1944.
Tras el triunfo del movimiento cívico-militar, de acuerdo a la perspectiva de nuestra biografia-
da, un ambiente de relativa libertad por fin se pudo sentir en la ciudad de Guatemala. Después de
cumplir con su tiempo de labores en el departamento de Quiché, pasó a trabajar en distintos plante-
les de la capital, siempre dirigidos por la educación pública. Después de algunos vaivenes, finalmen-
te enlaza su vida con su pretendiente quichelense, quien logra posteriormente, entre sus contactos en
Santa Cruz del Quiché y la ciudad capital, una colocación dentro de la burocracia hacendística de los
gobiernos revolucionarios.
Como conocido del segundo mandatario del período revolucionario, el cónyuge de nuestra
biografiada gozó de la estimación por parte de los círculos políticos en las localidades donde trabajó;
no así de quienes, por diversos juicios, los tachaban indistintamente de comunistas —tanto a Marta
como a Enrique—, pues existían indicios de infiltración de grupos radicales dentro de las estructuras
públicas del gobierno revolucionario. Nuestra biografiada siempre estuvo en la senda social del con-
servadurismo apolítico, mientras que su esposo sí participó momentáneamente en la política afín al
arbenzismo.
Fueron años de arduo trabajo laboral y de alegrías por la llegada de las primeras hijas del ma-
trimonio, a quienes, a pesar de ambiente tenso, lograron sacarlas adelante. Entre su servicio en los
departamentos de El Quiché, Jutiapa y Santa Rosa transcurrió la vida de este matrimonio ya maduro
—MCL se casó a los veintisiete años mientras que su marido cumplía treinta y cuatro en 1949—.
Aun con su oficio de maestra y sus obligaciones familiares, nuestra biografiada tuvo sospechas so-
bre lo que estaba sucediendo en las instituciones del estado, sobre todo dentro de la directiva del
magisterio nacional. Se mantuvo con esta incertidumbre sin sospechar que el día en que daría a luz a
su tercera hija sería el fin del experimento del llamado "socialismo espiritual", al mismo tiempo que
hicieron su ingreso en la capital las milicias liberacionistas del coronel Castillo Armas, poniéndole
fin a los llamados diez años de primavera democrática en Guatemala.
11
Ante el panorama incierto sobre el futuro de los funcionarios del régimen derrocado, una fami-
lia numerosa que atender, un esposo sin trabajo y sin formación universitaria, las circunstancias ad-
versas obligaron a MCL a llevar la pesada carga de mantener un gran hogar (entre hijas, madre,
abuela y suegra). Muchos de sus conocidos y benefactores de años pasados se exiliaron debido a
sus nexos con el régimen depuesto constituyéndose, en consecuencia, un período de tensión y perse-
cuciones. Al verse en esta situación, nuestra biografiada quien había quedado en el limbo laboral tras
su último alumbramiento, se vio en la necesidad de acudir a un funcionario de la Contrarrevolución
a quien no conocía.
A pesar de esa desventaja, cuando por fin logró su reunión, el burócrata prestó atención a su
petición, pues su objetivo era solicitarle trabajo como docente. Al final, el joven liberacionista con-
cedió a nuestra biografiada una plaza de docente muy solicitada. Algunos años después de estos
eventos, tuvo a bien corresponder a la amistad de sus amigos, entre ellos, al último exprimer desig-
nado de la asamblea de la república del régimen arbencista y un exdiputado ydigorista caído en des-
gracia.
†
12
Objetivos de esta investigación
1.— La idea inicial y fundamental por la que se ha llevado a cabo este trabajo de investigación
es rescatar la mayor cantidad de experiencias vividas por MCL; estas mismas, con el tiempo, y
tomando en consideración su trayectoria como estudiante, profesora, esposa y madre se han
convertido en material de primera mano por su carácter histórico.
2.— Brindar a su familia y demás interesados, una nueva perspectiva y escrita sobre la época
vivida por MCL, llegando a conocer el contexto donde le toco crecer, madurar y vivir. En muchos
casos, por diversas circunstancias, algunos aspectos personales de la vida de nuestros seres
queridos son desconocidos por su misma parentela, por lo que las memorias escritas ofrecen una
ventana a un mundo interior por descubrir.
3.— Contrastar sus afirmaciones y memorias con referencias bibliográficas relativas a la época,
para así confirmar o corregir lapsos que puedan presentarse dentro de la narración. En este caso
es imperativa la búsqueda del dato ofrecido de manera constante en las entrevistas, puesto que es
determinante corroborarlo para darle credibilidad y sentido a la narración aquí vertida.
4.— Intentar establecer un precedente de investigación metodológica que registre eventos de
naturaleza histórica de personas apolíticas, que compartan sus observaciones y puedan dejar
huella de los hechos. En la historia escrita de Guatemala —de momento—, hay muy poco
material historiográfico accesible de fuentes no comprometidas con alguna de las múltiples
corrientes de pensamiento transitadas en nuestro pasado. Desde la perspectiva de quien transcribe
este texto, los recuerdos de un desconocido son tan valiosos como las memorias de los grandes
biografiados del pasado. De este modo, se logran captar los eventos acontecidos en su vida —hoy
ya históricos— desde la perspectiva de un individuo entre las mayorías, aun con sus propios
prejuicios y percepciones personales.
13
Metodología
ste proyecto se basó principalmente en herramientas metodológicas propias de su naturale-
za, como la recopilación de memorias biográficas. Las entrevistas realizadas a la interesa-
da superaron las decenas, un tanto prolongadas y agotadoras. Sin embargo, sus resultados
fueron ricos en alusiones y detalles, debido en gran parte a su larga extensión.
También se realizaron entrevistas más concretas y concisas a dos de sus hijas, Ana Lucrecia y
Marta Guisela del Carmen, quienes proveyeron de muchos detalles y correcciones sobre fechas y
eventos que, quizás por su avanzada edad, Marta pudiera estar confundiendo. Por tanto, la interven-
ción de familiares que recordaban con eventos de su infancia constituye un enorme apoyo a la hora
de cotejar la referencia oral y las referencias bibliográficas y hemerográficas existentes. Respecto al
último punto, la corroboración de datos puntuales como fechas, nombres de personajes, institucio-
nes y hechos poco conocidos es un imperativo ineludible para la plena justificación de lo escrito en
el presente trabajo.
De igual importancia es el respaldo de fotografías pertenecientes al archivo personal de Marta
Camey de López y sus hijos, pues la presencia de imágenes alusivas al relato brinda mayor sustancia
al mismo, evitando cualquier clase de interpretación ficticia sobre los hechos. Por último, la dispo-
nibilidad de fuentes bibliográficas y hemerográficas, producto de investigaciones sistemáticas sobre
los distintos períodos y personajes alusivos durante el relato, fueron el sustento científico más valio-
so de las memorias pues, gracias a ella, fue posible confirmar de una forma más exacta los relatos
aquí biografiados. La verificación de publicaciones en los diarios, periódicos, libros, reseñas y de-
más referencias bibliográficas cumplió un papel fundamental para dar validez y credibilidad a lo
narrado por Marta Camey de López.
†
E
14
Contexto general de la época
n el año de 1922 sucedieron eventos importantes para el estudio de la historia del siglo
XX, cuyas repercusiones posteriores marcarían el rumbo de las distintas sociedades, siste-
mas económicos, escuelas de pensamiento académico y tendencias políticas que, a su vez
se desplegaron alrededor del mundo en las siguientes siete décadas. Las ideas colectivistas más radi-
cales se estaban difundiendo en todo el mundo, aprovechando la coyuntura de intervencionismo
estatal iniciada a principios del siglo en el ámbito económico de las naciones pertenecientes a la
civilización occidental. Las nuevas doctrinas fueron borrando paulatinamente todo rastro de progre-
so material e ideológico originado en los dos siglos que antecedieron a la Gran Guerra de 1914. Bajo
este contexto se dieron grandes transformaciones a nivel político también en América Central, pero
de forma especial en Guatemala, aunque los cambios apenas empezaban y vendrían más.
En el lapso de seis años desde los terremotos de diciembre de 1917 y enero de 1918, a las
pérdidas económicas y materiales derivadas directamente de estos fenómenos se sumaron al arbitra-
rio e irresponsable manejo de la hacienda pública, el cuestionado sistema de concesiones al capital
foráneo y el despótico dominio sobre la sociedad guatemalteca2
, que originaron, a su vez, diversas
luchas civiles que buscaban la destitución del presidente Licenciado Manuel Estrada Cabrera; que
por primera vez en más de veinte años, todo esto caldeó el ambiente político nacional. Las conse-
cuencias de este movimiento civil encendieron mechas de insospechado poder demoledor. Durante
la "Semana Trágica" del 8 al 15 de abril de 192 finalmente se acabó con la dictadura del Benemérito
de la Patria Manuel Cabrera—como insiste en designarle un ciudadano guatemalteco contemporá-
neo a su época—3
.
En los meses posteriores de la destitución del ex dictador, la incertidumbre y poca claridad de
objetivos de los vencedores y el recelo de los vencidos originan una fuerte pugna entre los unionis-
2
Sabino, 2013, pág. 41.
3
Rodríguez, 1920, pág. 11.
E
15
tas, quienes deseaban limitar el papel político de las fuerzas armadas y el ala constitucionalista del
viejo orden liberal, que intentaba defender su postura. Finalmente, el frágil equilibrio de poderes que
intentaba poner en práctica el primer experimento democrático de Guatemala, personificado en el
presidente designado el agricultor Carlos Herrera Luna acabó debilitándose. Herrera Luna intentó
preservar el estado de derecho frente a las pretensiones mercantilistas de ciertos grupos de interés,
representados en diplomacia americana en Guatemala4
. Las alteraciones del orden político y social
que resultaron de estos hechos afectaron no solamente a los personajes públicos más prominentes,
también trascendieron al entorno de muchos protagonistas anónimos, testigos presenciales de los
eventos hoy históricos, quienes —de una u otra forma— participaron dentro del régimen imperante.
Finalmente, el general de brigada don José María Orellana Pinto asumía la silla presidencial el 4 de
marzo de 1922—5
.
A principios de aquel año, el tricentenario Imperio Británico llegaba a su cénit territorial, cu-
briendo casi una cuarta parte de la superficie terrestre, albergando al 20% de su población total6
.
Simultáneamente, el gobierno de Su Majestad Británica concluía tres años de guerra contra los re-
publicanos irlandeses, acordando finalmente la creación del Estado Libre de Irlanda (7 de enero).
Posteriormente, esta nación se sumiría en una guerra civil tras diversas disputas internas (22 de
agosto), lo que agregó un año más de conflicto armado. Durante el mismo mes, en el campo de la
medicina, Frederick Banting comenzaba a emplear exitosamente la insulina en el campo de la medi-
cina para el tratar pacientes diabéticos (11 de enero)7
.
Mientras tanto, en el viejo continente, el expresionismo alemán abría nuevas perspectivas
artísticas, especialmente con la puesta en escena de Nosferatu, eine Symphonie des Grauens8
(4 de
marzo), y la fase hiperinflacionaria del marco alemán hacía estragos en la llamada República de
Weimar9
. El declive de su valor empieza el 31 de agosto de 1919 (US$1 - 100 DM), cuando los rigu-
rosos términos del Tratado de Versalles obligan al gobierno de Berlín a devaluar la moneda; esto
propició entonces la pérdida de valor de cambio a principios de 1922 en US$1 - 200 DM, cerrando a
4
Arzú I., Ordoñez J., & Prado B., 2010, pág. 111.
5
Asociación de Amigos del País & Fundación para la Cultura y el Desarrollo, 1996, pág. 39.
6
Maddison, 2001, págs. 98, 242.
7
Grun, 2005, pág. 482.
8
Nosferatu, una sinfonía del horror.
9
En la historiografía alemana no existe dicho término, pues el nombre oficial del estado germano era Deutsches Reich
(Imperio Alemán) que fue abolido en 1945.
16
principios del año siguiente con una devaluación de US$1 – 49,000 DM aproximadamente10
. Debido
a causas de índole política y económica, los movimientos revolucionarios socialistas, en muchos
casos orquestados por la Internacional Comunista, se lanzaron a la lucha contra las recién nacidas
repúblicas de Europa Central y Oriental, las cuales respondieron frente al ímpetu bolchevique. Aun
sin lograr mayores resultados en su internacionalismo, los comunistas lograron tomar efímeramente
el poder en Finlandia y Hungría,11
pero el ejemplo más tangible y famoso fuera de la U.R.S.S se
desarrolló en Baviera. No obstante este aparente triunfo, la expedición punitiva del ejército imperial
para aplastar al gobierno socialista del «Estado Libre de Sajonia», dio por terminado el experimento
pro-soviético en Alemania.
Mientras estos eventos se daban en el teatro centroeuropeo y oriental, en la ciudad eterna de
Roma sucedían dos hechos importantes: al morir el papa Benedicto XIV, —el día 9 de febrero—es
elegido papa, tomando el nombre de Pío XI. Fue este un pontífice un tanto olvidado por la historia,
quien gobernó la Iglesia Católica durante el interbellum de 1922-1939; y que como dato curioso, fue
el padre del movimiento laico misionero que tendría un papel fundamental en la historia de Guate-
mala varios años después, la denominada Acción Católica. Este mismo pontífice beatificó y cano-
nizó tantas figuras importantes como uno de sus más influyentes sucesores en el trono de Pedro me-
dio siglo después, Juan Pablo II. También fue uno de los primeros personajes mediáticos en denun-
ciar el siniestro triangulo sociopolítico que formaban en aquellos días la Rusia soviética, la España
republicana y el México postrevolucionario, a causa de la persecución sistemática de los cristianos,
dirigidas principalmente hacia el clero católico y ortodoxo en estas naciones12
. No obstante, en un
principio mostró simpatía hacia el fascismo en el que percibía postulados de tipo corporativista, aná-
logos al espíritu de la encíclica del papa León XIII13
, pero antes de morir en febrero de 1939, dejó
una encíclica inconclusa donde condenaba el antisemitismo totalitario del nacionalsocialismo
alemán14
.
El siguiente movimiento revolucionario se dio con el surgimiento del segundo gran tota-
litarismo vigesimonómico: el fascismo italiano, que se dio a conocer mundialmente con la marcha
10
Wikipedia [versión en alemán], 2014, cap.4.
11
Sabino, 2013, pág. 28.
12
Wikipedia [versión en inglés], 2014.
13
León XIII, 1891.
14
Wikipedia [versión en inglés], 2014, ¶ 2.2, capág.2.
17
de sus seguidores —los camisas negras— en las calles romanas (28 de octubre), guiados por la ca-
rismática figura de Benito Mussolini. Dos días después, el ex militante de la izquierda socialista, se
convertía en el primer ministro más joven de Italia, que por casi una generación marcaría los desti-
nos del pueblo italiano bajo su férrea dictadura. Mientras el Duce se hacía con el poder, en la lejana
Rusia se daba por terminada su brutal guerra civil15
.
En el mediterráneo oriental, el derrumbe del decrépito sultanato en Constantinopla aumentaba
las tensiones religiosas y étnicas en la región, las cuales llegaron a su máximo nivel con la derrota
militar del ejército expedicionario griego en Asia Menor y la evacuación masiva de cristianos grie-
gos y armenios étnicos durante el incendio de Esmirna entre los días 9 y 15 de septiembre, sin tener
claro hasta la fecha quienes fueron los responsables de tal evento, si las tropas griegas en retirada o
los vencedores kemalistas durante el auge de nacionalismo turco, en cuyo caso recaen testimonios
de testigos europeos y americanos de excesos hacia los civiles16
. Dos meses después, el primero de
noviembre, el Imperio Otomano quedaba abolido de manera legal por la Asamblea Nacional Turca.
A causa de la ocupación militar aliada en casi toda la península de Anatolia, el cuerpo legislativo
concentrado en Ankara (22 de septiembre) logro resistir la invasión desde varios frentes distintos.
Finalmente la coalición fracasó a causa de las fuertes tensiones entre británicos y franceses17
, hecho
que finalmente capitalizo Mustafá Kemal Ataturk, padre de la República Turca.
Mientras la convulsionada situación política y económica en la Europa de la postguerra sem-
braba las semillas para un nuevo conflicto bélico, el Reino de Egipto gana su independencia política
del Imperio Británico el día 28 de octubre. A menos de una semana después del evento, durante los
trabajos de investigación científica en la necrópolis de la antigua Tebas, se realiza uno de los descu-
brimientos arqueológicos más importantes del siglo XX. El día 4 de noviembre, la expedición ar-
queológica del egiptólogo Howard Carter descubría la tumba casi intacta de un joven faraón olvida-
do: Tutankamón, cuya apertura no se había dado en tres mil años18
. En los dominios del depuesto zar
de Rusia, surgían dos figuras emblemáticas que con el tiempo vendrían a despertar pasiones y temo-
15
Grun, 2005, pág. 483.
16
Wikipedia [versión en inglés], 2014, ¶ 2.3, capág.2.
17
Redacción, Diario de Centro América, 1922, pág. 4, 4ª col.
18
Grun, 2005, pág. 480.
18
res: Iósif Stalin es nombrado como Secretario General del Comité Central del Partido Comunista (3
de abril), y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas creada el 30 de diciembre19
.
En este lado del océano Atlántico, la efímera unión de iure centroamericana entre casi todos
los estados (exceptuando Nicaragua, que estaba bajo la ocupación militar de EE. UU.)20
llegaba a su
fin, sin mayor pena ni gloria. En ambientes lejanos y situaciones tan complejas de asimilar, las noti-
cias encontradas en los diarios de la época hacen pensar en un contexto local que, si bien agitado, no
podía compararse de forma alguna a las tenebrosas circunstancias se daban en otras partes del globo.
Algunos de los reportajes periodísticos que registraron el acontecer interno de Guatemala,
muestran noticias un tanto insustanciales, como las particularidades en las celebraciones del centé-
simo primer aniversario de la independencia centroamericana por parte de los liberales en distintos
pueblos del interior, elogiando la gestión del general Orellana, o la forma en que las autoridades de
Gobernación y Justicia solicitan la colocación de sacerdotes nacionales en las principales parroquias
del país, debido a que la percepción general era que los curas extranjeros eran más proclives a inter-
ferir en asuntos de política interior dentro de sus feligresías21
. Incluso se muestra un ejemplo bastan-
te curioso sobre la manera en cómo se resolvían las controversias entre entidades públicas —como
la municipalidad— y empresas privadas, donde la Empresa Eléctrica, por razones de incumplimien-
to de contratos y la subsiguiente deuda contraída por parte de la comuna por el servicio recibido
hasta el 31 de diciembre de 192122
, obligó a la entidad generadora de electricidad a denunciar públi-
camente el incumplimiento del concejo municipal amenazando con suspender el servicio general, a
lo que el alcalde Arrivillaga respondió —en campo pagado— reconociendo la falta de controles so-
bre el consumo general, y les recordó que la corporación municipal ya iba saldando el compromiso
pendiente, solicitando una prórroga de cancelación final de la deuda que debía salir del gravamen a
las harinas.
En este orden de ideas, el desorden heredado de la caída del régimen anterior sobre la gestión
de los servicios creó un entorno de animosidad, excesivo para la época, sobre los vecinos de la capi-
tal, ya que la municipalidad de Guatemala era dirigida por don José Francisco Arrivillaga, finquero y
miembro del Partido Unionista (o, como los denominaba la línea editorial del oficialismo, los con-
19
Ibídem, pág. 482
20
Asociación de Amigos del País & Fundación para la Cultura y el Desarrollo, 1996, págs. 87-92.
21
Redacción, Diario de Centro América, 1922, pág. 1, 2ª y 3ª cols. superiores; Ibídem, 4ª y 5ª cols., superiores.
22
Ibídem, 1922, pág. 1, 4ª col. en medio.
19
servadores) a quien, en representación de toda la corporación municipal, se le hacía toda clase de
señalamientos sobre maniobras «espurias e ingratas» a causa del manejo del ayuntamiento desde el
oficialismo liberal23
.
Otro columnista anónimo —pues muchas notas no se rubricaban— señala el alza de los im-
puestos de distribución de energía eléctrica y agua potable en un 30% con respecto al año anterior,
además del final de las exoneraciones para exportar todo material de construcción libre de tributa-
ción, quedando vigentes las tarifas previas a 1918. Los unionistas también son acusados de ser quie-
nes incitan a las revueltas de los obreros y artesanos tanto en la ciudad capital como en otras donde
la industria era importante. Agregando otros factores a la tensión política, la actitud del Estado y de
ciertos grupos civiles proclives al liberalismo frente a ciertos elementos de la Iglesia Católica con-
firmaba la tradición anticlerical de épocas pasadas, aunque con escasa virulencia.
Esto último se comprueba en algunos comentarios expresados a través del diario oficial, donde
representantes municipales del pueblo de Chiantla, en el departamento de Huehuetenango, publican
el siguiente fragmento: «Municipalidad en representación del pueblo, agradece al Supremo Go-
bierno acuerdo expulsión del territorio de la República del cura Eloy Suarez Cobián, que tantas difi-
cultades acarreó al vecindario. El jesuitismo no debe existir en nuestro país y nos congratulamos
felicitando respetuosamente al Gobierno constituído (sic) por acertadas disposiciones que el pueblo
de Chiantla, como los demás de la República están dispuestos a sostener24
».
†
23
Debe tenerse en cuenta que el denominado «liberalismo» en Guatemala fue una suerte de eufemismo retórico que
disfrazó al viejo caudillismo americano posindependentista con el espíritu anticlerical de los ilustrados radicales. Estos,
a su vez, se veían ligados por convicciones ideológicas al liberalismo francés —nacionalista y colectivista—, contra-
puesto al liberalismo angloamericano, más proclive al individualismo y al librecambismo, en Sabino, C. Notas de clase,
Historia contemporánea de América latina, 17.02.2014.
24
Redacción, Diario de Centro América, 1922, pág. 6, 6ª col., superior.
Portada del diari
cer MCL. El es
imperaba en la G
Fuen
20
ario oficial del día 15 de septiembre de 1922, una sema
espíritu de la época respondía al liberalismo decimo
a Guatemala post-cabrerista.
ente: Redacción, Diario de Centro América, 1922, port
mana antes de na-
onónico que aún
ortada.
21
Antecedentes:
Familia, parentela cercana y amistades significativas
revio a la descripción sobre los primeros años de Marta Camey Herrera, vale la pena hacer
un prontuario sobre los miembros de su entorno familiar que permita atar ciertos cabos
sueltos en la narración biográfica. La información disponible sobre los antepasados conoci-
dos de MCH, ayudarán a entender algunos de los aspectos más significativos de la vida de nuestra
biografiada. La razón de esto es que muchos de ellos tuvieron alguna incidencia en el acontecer de
sus comunidades, y en lo sucesivo entraron a formar parte de la historia nacional, aún cuando sus
nombres no sean de relevancia para la generalidad historiográfica. Ante lo fragmentario de algunos
documentos, descripciones y hallazgos bibliográficos, nos vemos en la necesidad de hacer algunas
reconstrucciones de carácter deductivo, que nos permitan ligar los eventos que los personajes tuvie-
ron con su entorno inmediato —que hoy ya es historia—. Sobre el padre de nuestra biografiada, la
información, hasta este momento, es escasa y dispersa. De acuerdo a lo narrado por MCH, su fecha
de nacimiento correspondía al mismo día de aniversario de bodas con la que sería su futura esposa,
es decir, el día 17 de noviembre en la ciudad de Quezaltenango24
.
Víctor Manuel Camey Figueros (17/11/1890 - 26/4/1927) provenía de una familia quezalteca
con posibilidades económicas. En aquellos días solo quienes pertenecieran a los sectores producti-
vos más importantes podían darse el lujo de ofrecerles a sus hijos una educación esmerada. El joven
Víctor Manuel se formó en instituciones privadas como el Instituto Nacional para Varones de Occi-
dente,25
academia estatal de enseñanza vocacional muy reputada tanto durante el período liberal co-
mo en los años subsiguientes. Su padre, don José Antonio Camey, también vecino quezalteco, ejerc-
ía la profesión de ingeniero topógrafo y, por tanto, era egresado de la antigua Escuela Politécnica
24
La forma historiográfica en cómo se escribía el nombre la ciudad altense fue modificada en el Decreto Ley 92-84
durante el mando del Jefe de Estado, General Oscar H. Mejía Victores.
25
Jones J.B. et al. 1915, pág. 292.
P
(los egresados recibían gal
ingenieros don Claudio Ur
importancia para la ciudad
el estudio, trazo y construcc
Ciudad Vieja y Santa Clara
Los espo
Herrera C
(c.1920).
Fuen
22
alones de subteniente) y formó parte del cue
Urrutia y don Francisco Vela cuando se realiz
d capital a finales del siglo XIX y principios de
ción de bulevar 30 de junio, que separaba al c
ra, en lo que hoy constituyen las zonas 4, 9 y 10
posos don Víctor Manuel Camey Figueres y doña María
a Campos de Camey (con su hijo Víctor Manuel en br
0).
nte: Archivo fotográfico de Víctor Enrique López Cam
uerpo técnico dirigido por los
lizaron dos proyectos de suma
del XX. El primero fue sobre
cantón Tívoli de los cantones
10, respectivamente.
ría Ester
brazos).
mey.
23
Por aquel entonces este bulevar era un paseo fuera del cantón del Centro, que hoy es conocido
como la Avenida de la Reforma. En nuestros días forma parte del principal eje de circulación vehi-
cular de la ciudad capital, pero en épocas pasadas, su orientación de Norte a Sur permitió comunicar
a la ciudad con los pueblos —posteriormente cantones capitalinos— emplazados en el lindero sur
del municipio, que serán enumerados más adelante. Este proyecto se ejecutó durante la gestión del
expresidente y general José María Reina Barrios (1854-1898), entre 1892 hasta su muerte. El si-
guiente proyecto de importancia fue la creación del mapa en relieve. Aquí, él se involucró desde el
principio de la expedición donde —a lomo de bestia— registraban en las bitácoras de agrimensura
todos los datos físicos de la República de Guatemala. Este proyecto está ubicado en el ala oriente del
antiguo hipódromo del Norte, en el cantón de Jocotenango, punto de inicio de la 6ª. Avenida en di-
rección N-S. Este proyecto de ingeniería se ejecutó entre 1905-1906, durante la administración del
licenciado Manuel José Estrada Cabrera (1857-1924). Los datos anteriores se corroboraron en los
archivos del Museo Nacional de Historia, en la sección dedicada al monumento.
Dentro de sus haberes de la institución existen libros de planillas, fotografías, instrumentos de
medición y demás objetos con innumerables referencias al proyecto, que hoy son piezas de la histo-
ria nacional26
. El ingeniero Camey se casó con doña Mercedes Kunze De León, quien era familiar
pariente de don Agustín Kunze, agricultor y militar quezalteco de origen alemán, quién llegó al gra-
do de Comandante de Artillería del Ejército Nacional de la República en 191527
. Doña Mercedes era
madrastra de Víctor Manuel; sin embargo lo crió, junto a sus cinco hijos menores, como si fuera
suyo. Lamentablemente no hay registro alguno a la mano sobre la madre biológica de Víctor Ma-
nuel, salvo su apellido paterno: Figueros. Al terminar sus estudios vocacionales en 1905, Víctor Ma-
nuel ingresa en la imprenta El Comercio, siempre en la ciudad altense, ocupando el puesto de apren-
diz en el arte tipográfico, oficio que le permitió incursionar posteriormente en el mundo del perio-
dismo. Continuó en este oficio hasta 1911, cuando se traslada a la ciudad capital, y logra colocarse
como periodista en los diarios El Nacional y La República permaneciendo en esta ciudad por tres
años.
En 1914 regresó a su ciudad natal, esta vez para hacerse cargo del diario fundado en 1912 por
su pariente político, el Sr. Kunze antes mencionado. El nombre de este matutino fue El Diario de los
26
Información proporcionada por la licenciada Lucrecia López Camey de De la Rosa.
27
Jones J.B. et al. 1915, pág. 292.
24
Altos, que en 1915 tenía una circulación diaria de 2,500 ejemplares28
, volumen considerable si to-
mamos en cuenta la escasa cantidad de personas con capacidad de leer y escribir. Lamentablemente
no existen ejemplares ni del periódico El Nacional como el Diario de los Altos en la Hemeroteca
Nacional de Guatemala. El 17 de noviembre de 1918, el joven Víctor Manuel, quién ya contaba con
veintiocho años de edad, contrajo matrimonio con la señorita María Ester Herrera Campos
(8/12/1901 - 25/02/1990). En aquellos días, era una joven de dieciocho años, quien junto con su
hermana mayor, la señorita María Olivia Herrera Campos (11/4/1898 - 29/11/1954) había nacido en
la ciudad de Huehuetenango, cabecera del departamento homónimo. María Ester, era conocida como
Teshi, y su hermana mayor simplemente como Oli. Estas eran hijas de don José Elías Herrera
Fernández (20/7/1869 - 24/1/1944) y doña Adela Margarita Campos Guillén (10/6/1873 -
7/10/1963).
Don José Elías, cuyos descendientes conocieron bajo el sobrenombre de Papá Pepe, provenía
de una familia de finqueros residentes de Chiantla, población anexa a la cabecera en el mismo de-
partamento. Su familia se había dedicado al cultivo del café desde tiempo atrás. En su juventud,
Papá Pepe se enlistó en la antigua Escuela Politécnica como cadete nº 352 en enero de 1885. Aquí
recibió su educación complementaria hasta julio de 1886, cuando se dio de baja29
, a causa de la
muerte de su señor padre, don Manuel Herrera (c.1825-1885). Según referencias de nuestra biogra-
fiada, doña Francisca Fernández Paniagua, madre de José Elías, quien a la postre tenía diecisiete
años, envió por él para que se hiciera cargo del negocio familiar en Chiantla y así poder ayudarla en
el sostenimiento económico de sus siete hermanos menores.
Un dato curioso es que ambos abuelos de MCL, José Antonio y José Elías, fueron cadetes de
la misma promoción en la vieja academia militar. A pesar del infortunio por no haber concluido su
formación académica, Papá Pepe continuó su formación empírica como oficial de línea. En el mo-
mento de retirarse de la Escuela Politécnica tenía los galones de Sargento 1º. Poco tiempo después,
obtuvo sus despachos de Subteniente de Infantería el 23 de agosto de 1886 y luego subió a Teniente
de Infantería el día 26 de agosto de 1890 durante la administración del expresidente y general don
Manuel Lisandro Barillas Bercián (1845-1904). En la época del siguiente mandatario, el general
Reina Barrios, obtuvo su certificación de empírico en agrimensura, otorgado por el jefe político del
28
Ídem.
29
Toda la documentación legal y manuscrita sobre los despachos y distinciones otorgadas a don José Elías Herrera
Fernández fechada desde 1886 hasta1927 fue proporcionada por MCL.
departamento de Huehuete
Este personaje histórico fue
blica de Guatemala en la a
general y segundo presiden
era ya un personaje venerab
30
Jones J.B. et al. 1915, pág. 301
25
tenango, el general don José Joaquín Mont, e
fue uno de los signatarios del Acta Constitutiv
a asamblea legislativa del 19 de octubre de 18
ente de la misma, don José Rafael Carrera Tur
rable e importante, apreciado dentro de la socied
01.
Vistas de
cipal de
Huehuete
de Guate
algunos a
Herrera C
ma Lita.
Ester con
Manuel.
Fuen
, el día 18 de agosto de 1894.
tiva con que se fundó la Repu-
1851, en tiempos del teniente
urcios (1814-1865). Para 1915
iedad huehueteca30
.
del ayuntamiento y el teatro muni-
e la cabecera departamental de
etenango, distrito del noroccidente
temala. Por algún tiempo vivieron
s años de su juventud las hermanas
Campos junto con su madre Ma-
. Fue en esta ciudad donde María
onoció a su futuro esposo Víctor
ente: Jones et al. 1915, p. 300.
26
Posteriormente, el abuelo materno de nuestra biografiada obtuvo los galones como Capitán de
Infantería el día 10 de enero de 1902, prestando sus servicios como oficial en el frente de batalla
durante la Campaña Nacional de 190631
, cuando se intentó derrocar, por segunda ocasión, al gobier-
no del Licenciado Estrada Cabrera desde el exterior. Esta invasión se llevó a cabo por parte de los
guatemaltecos exiliados al mando de don José León Castillo.32
Las milicias invasoras fueron apoya-
das militarmente por los gobiernos de la República de Honduras y en especial por el expresidente de
la República de El Salvador, General don Tomás H. Regalado Romero (1861-1906), jefe supremo de
las fuerzas expedicionarias. Tras este fracaso para expulsar a Estrada Cabrera del poder, el mismo
presidente salvadoreño encontró la muerte durante los combates en la aldea El Jícaro, municipio de
Yupiltepeque del departamento de Jutiapa. Con este combate termina finalmente el largo ciclo de
guerras en que Guatemala se involucró contra otras naciones durante casi un siglo. A razón del des-
tacado desempeño en el campo de batalla, se le extendió a Papá Pepe el despacho de Comandante de
Infantería del Ejército de la República, el día 2 de agosto de 1906.
Su último despacho fue entregado por el entonces presidente de la república General de Divi-
sión don Lázaro Tomás Chacón González (1873-1931), el 12 de agosto de 1927, quien lo condecoró
con el grado de Teniente Coronel33
. Su esposa, doña Adela Margarita, conocida también por sus fa-
miliares como Mamá Lita, nació en San Antonio Huísta, departamento de Huehuetenango. Debido a
la situación geográfica en las serranías huehuetecas, respecto al resto de la región altense, el acceso
a San Antonio Huísta era difícil y complicado. En todo caso, por aquellos años, Huehuetenango era
una región totalmente aislada de la ciudad capital, sin caminos carreteros, mucho menos acceso vía
ferroviaria.34
Para formarse una idea de lo apartado de estos parajes, nos abocamos a un testimonio
de tiempos coloniales; reflejo mismo el contexto dentro del cual los abuelos de nuestra biografiada
vivieron, aun transcurridos más de ciento cincuenta años.
Se trata de las observaciones hechas por don Pedro Cortez y Larráz, tercer arzobispo del Gua-
temala que, entre 1768-177035
, hacen justa mención sobre la lejanía y dificultad para viajar. El pue-
blo se encuentra dentro de la vieja ruta comercial hacia la ciudad de Comitán, en el estado de Chia-
31
La historiografía nacional ha dado en llamar a este conflicto por el mote de la «Guerra del Totoposte»; véase Sabino,
2013, pág.106; Luján Muñoz, 1996, págs. 211-212.
32
Luján Muñoz, op. cit. 1996, pág. 87.
33
Ibídem, nota a pie nº 29.
34
Jones J.B. et al. 1915, págs. 72-73.
35
Cortez y Larráz, 1958, págs. 131-134.
pas, lo cual siempre ha faci
el intercambio comercial y
punto en que —como nos
«[…] ella decía sentirse má
donde todo era mejor, pue
[…].» A causa de estas par
cias e intereses, aun latente
Cuando Mamá Lita c
monia religiosa en San Ant
tián Huehuetenango a las q
mitad de camino entre la c
En este sitio fue donde cre
María Ester. Ante la necesid
Los espos
doña Adel
Fuen
27
cilitado su accesibilidad a México. Esta proxim
y cultural, y una estrecha afinidad entre amba
s narra MCH— su abuela materna solía expre
más mexicana que guatemalteca, era más fáci
ues para llegar a Huehuetenango había que
articulares condiciones, no es de extrañar ento
tes, entre la ciudad capital y sus dependencias m
contrajo nupcias con Papá Pepe, efectuaron
ntonio Huista, pero luego compraron tierras en
s que denominaron Santa Rita Bella Flor. Esta
cabecera departamental con respecto a sus res
recieron sus hijos María Olivia, Abelardo —qu
sidad de darles instrucción a las jovencitas, el m
osos don José Elías Herrera Fernández —alias Papá
dela Margarita Campos Guillen —alias Mamá Lita— (c.
ente: Archivo fotográfico de Víctor Enrique López Cam
ximidad fomentó desde antaño
bas poblaciones fronterizas; al
presarse de la siguiente forma:
cil llegar a Comitán a caballo
e atravesar los Cuchumatanes
ntonces las profundas diferen-
más remotas.
on los actos civiles y la cere-
en el municipio de San Sebas-
sta finca estaba a menos de la
respectivos pueblos de origen.
quien murió en la infancia— y
el matrimonio Herrera Campos
Pepe— y
(c.1930).
amey.
28
optó por enviar a su hija María Olivia a estudiar a la ciudad de Quezaltenango como interna en el
asilo Santa María de Quezaltenango, uno de los institutos de enseñanza más respetados de la época,
y que se mantenía mediante generosas donaciones de las familias más acomodadas de Guatemala36
.
María Ester, por el contrario, se formó con institutrices privadas dentro de la finca de sus padres.
Vivió con su padre en la finca hasta los quince años de edad, cuando se trasladó a la cabecera depar-
tamental al lado de Mamá Lita.
En 1916, la abuela materna de nuestra biografiada abrió uno de los mesones más importantes
que en aquellos tiempos existían en la ciudad de Huehuetenango. Éste llevaba el nombre de Hotel
Central y era el punto de tertulias entre las personalidades más conspicuas de la región. Uno de tan-
tos visitantes de la hostería era el jefe político del departamento, el General Joaquín Mont. También
recibían la visita del cura parroquial, un clérigo de origen italiano, mejor conocido como el Padre
Nedi, quien fue muy recordado en la familia Herrera Campos, pues compartía las comidas diurnas
con la familia, así como también algunos finqueros como don Federico Scheel, y otros individuos de
la vida económica huehueteca.
Por la aparente reputación del establecimiento, el joven Víctor Manuel dio con el lugar en al-
guna viaje a esta población —visita de la cual desconocemos su propósito— y fue ahí donde cono-
ció a María Ester, con quien contrajo nupcias a finales de 1918. Según nos referimos anteriormente,
el matrimonio partió hacia Quezaltenango, a lomo de bestia, permaneciendo todo el año 1919 en la
ciudad altense, en preparación de su viaje rumbo la ciudad capital, a principios de 1920. Al entrar en
la Nueva Guatemala, el ambiente social y político era tenso y difícil. Hacía algunos años que la tris-
teza y frustración venían agobiando la vida de los capitalinos, debido a múltiples factores como la
destrucción de la ciudad con los terremotos de 1917 y 1918. Después de los fenómenos telúricos,
decenas de miles de vecinos se vieron obligados a vivir durante años de forma precaria en los cam-
pamentos de temploreras o champas improvisadas a lo largo de las vías de circulación y llanos cir-
cundantes a la capital, coronando así sus penas al enfrentar el clima, la inseguridad y la indiferencia
del régimen37
.
36
Redacción, Diario de Centro América, 1.01.1923 y 1924.
37
Sabino, 2013, pág. 42.
Las edificaciones neo
habían desaparecido en su m
a la conducta irregular de la
realizados gracias al cabild
en Francia, Enrique Góme
monseñor don José Cándid
a día de los ciudadanos. Es
sus sermones donde, en la s
del templo de San Francisco
Bajo la fachada de
ideológicamente conservad
38
Luján Muñoz, 1998, pág. 213.
39
Sabino, 2013, págs. 43-44; Luj
29
eoclásicas, tanto coloniales como republicanas,
u mayor parte. Las labores de reconstrucción e
las autoridades y el manejo de la ayuda extran
ildeo de personajes como el escritor y ministro
ez Carrillo (1873-1827) —. La persecución
ido Piñol y Batres (1878-1970), arzobispo met
Este líder comunitario fue hostigado por la auto
a sutileza de su retórica, realizaba críticas hacia
sco39
.
e buscar la integración política centroameri
adores— lograron constituir el Partido Unionis
3.
uján Muñoz, op. cit. Ídem.
Retrato de do
Herrera Camp
riente preferida
Fuente: Arch
Víctor Enriqu
as, de la ciudad decimonónica,
estaban tambaleándose frente
anjera38
—benévolos auspicios
ro de la legación guatemalteca
política de personajes como
etropolitano, empañaba el día
utocracia cabrerista a causa de
cia el gobierno desde el púlpito
ericana, varios individuos —
nista, que en el fondo, buscaba
doña María Olivia
pos, la tía Oli, pa-
ida de MCH (c.1923).
chivo fotográfico de
ique López Camey.
30
derrocar por los medios necesarios el régimen de casi una generación de Estrada Cabrera. Según lo
que nos comenta MCH, a pesar de su aparente afiliación al régimen cabrerista, Víctor Manuel se
había pasado al bando unionista; debido, en gran parte, a sus fuertes nexos con los intelectuales de
la época. Desgraciadamente no tenemos referencia alguna de la participación de Víctor Manuel Ca-
mey Figueros en los eventos ocurridos durante el primer trimestre de 1920 y la consecuente lucha
cívica contra el cabrerismo conocida en la historiografía nacional como la semana trágica, entre los
días 8 al 15 de abril. Cinco meses después de la caída del régimen cabrerista, nació el primogénito
del matrimonio Camey Herrera, Víctor Manuel. El padre de nuestra biografiada tenía un solo her-
mano varón, Francisco Camey Kunze, quien llego a ser conocido por MCH y su hermano mayor
como Tío Pancho. Este personaje, es recompensado por su participación en el bando unionista du-
rante las luchas cívicas recién pasadas, con un nombramiento por parte del gobierno de don Carlos
Herrera Luna (1856-1930) de Interventor de Bienes Expropiados al ex presidente Estrada Cabrera.
Por desgracia no se conservó nada del trabajo de Víctor Manuel —padre— como escritor, más
allá de algunas referencias epistolares a sus familiares. Sin embargo, gozó de cierta reputación entre
la intelectualidad capitalina, al punto de que el concejo municipal de aquel entonces, presidido por
don Juan Francisco Arrivillaga, quien en aquel momento fungía como alcalde municipal de Guate-
mala, lo designa miembro del Jurado de Imprenta, el día 22 de marzo de 1922 con período de un año
de vigencia40
. Seis meses después, en la misma fecha, nacía su segunda hija, Marta, a quién, cómo
era la costumbre de la época, le dedicaría palabras de afecto en la sección social del diario oficial41
.
Aun cuando Víctor Manuel (p) fue una persona con un alto nivel de formación, por razones econó-
micas tuvo que emigrar a los Estados Unidos en busca de un mejor futuro, por lo que se dirigió en
barco a la ciudad de San Francisco, California. Esta travesía se llevó a cabo algunos meses después
de nacida su hija menor.
Mientras que Víctor Manuel —padre— se encontraba en el extranjero buscando una coloca-
ción, su cuñada Oli llegó de Huehuetenango para acompañar a su hermana menor que acabada de
dar a luz, para que no estuviese sola junto con sus dos hijos pequeños. Se radicaron entonces en una
casona de cuarterón de la sección sur-oriente del cantón del Centro, donde años después se levantar-
ía el edificio de la Dirección de Correos y Telégrafos de Guatemala, hoy mejor conocido como el
40
Documentación extraída del archivo personal de MCL.
41
Redacción, Diario de Centro América, 1922, pág. 6, 2ª col; Ibídem, 1922, pág. 2, 2ª col.
Palacio de Correos. Al resp
muy ambigua, debido a qu
mación documentada sobre
Lo único certero sobr
ver; este esfuerzo pudo dars
mento de Guatemala en aq
nuestra biografiada hace m
ciales en la ciudad capital,
principios de 1927, Víctor
Retrato de don
años y Víctor
antes de su mu
Fue
31
especto de estos datos sobre Víctor Manuel —
que no hay fechas precisas ni mayor detalle en
re la salida o el retorno a Guatemala.
bre el asunto es que, al no encontrar empleo a
arse gracias a la intervención de su esposa ante
aquel entonces, que pudo repatriarlo a Guatem
mención a sus labores como tenedor de libros
al, lo cual marcó un contraste en su vida a pa
Manuel —padre— cayó enfermo de pulmo
on Víctor Manuel —padre— posando con sus hijos Ma
or Manuel—hijo—de seis. Esta fue la última fotografía d
muerte en 1927.
uente: Archivo fotográfico de Víctor Enrique López Cam
—padre—, la información es
en el relato, menos aún infor-
alguno, se vio forzado a vol-
nte el jefe político del departa-
emala. Después de su regreso,
ros para distintas casas comer-
partir de 1920. Finalmente, a
onía, enfermedad respiratoria
arta, de cuatro
ía de don Víctor
amey.
32
que no tenía tratamiento farmacológico en aquel momento —pues los primeros tratamientos masi-
vos con penicilina no se dieron hasta 1942—42
.
Debido a la gravedad de su condición, hubo de ser internado en el Hospital Americano, que
era centro de salud auspiciado por la misión presbiteriana en Guatemala43
. Este nosocomio estuvo
ubicado en los suburbios al norte de la capital, sobre la Avenida del Hipódromo, hoy mejor conocida
como Avenida Simeón Cañas, en el cantón de Jocotenango, hoy parte de la zona 2. Permaneció hos-
pitalizado hasta el 26 de abril de 1927, cuando finalmente falleció, según el informe médico a causa
de bacilósis (sic)44
. Tenía poco más de treinta y seis años, y dejo a su esposa María Ester de veinti-
cinco años y a sus hijos pequeños, Víctor Manuel de seis años y Marta de cuatro años y medio. Co-
mo en muchas familias, la lucha por salir adelante empezaba cuesta arriba para la joven viuda.
Por último, cuando Víctor Manuel —padre— fue enterrado en el Cementerio General, pero
tuvo que ser alojado en la sección de los nichos arrendados. Sin embargo; algunos años después, con
lo precario de la situación económica del país y las prioridades familiares, doña Teshi tuvo dificulta-
des para pagar la renta del espacio en este camposanto. A causa de esto, en una fecha indeterminada
y sin previo aviso, el cuerpo del difunto Víctor Manuel —padre— pasó al osario común, despare-
ciendo así sus restos mortales que pudieran dar motivo a visitas futuras. El momento fue confuso y
triste, pues el país se empobreció durante aquellos años. Muchos individuos perdieron sus propieda-
des y compañías, así como varios bancos quebraron y el gobierno central quedo fuertemente endeu-
dado. Estas circunstancias repercutieron de manera muy profunda la psiquis de todos los guatemal-
tecos; tal fue la gravedad de la condición que el equilibrio político del gobierno chaconista se vino
abajo. Terminaba así una época de auge económico, dando inicio a la difícil década de los años
treinta45
.
†
42
Wikipedia [versión en inglés], 2014. ¶ 5, cap. 9; Ibídem, 2014, ¶ 2, cap. 7.3
43
Jones J.B. et al. 1915, pág. 132.
44
Redactor: David Vela, Diario El Imparcial, 1927, pág. 7, 1ª col.
45
Sabino, 2013, pág. 79.
33
El hospital Americano era
una casa de salud mantenida
por el Comité Misionero
Presbiteriano de Nueva York.
En ella funcionó la primera
escuela profesional de enfer-
mería de Centro América.
Dentro de este recinto falleció
don Víctor Manuel padre en
1927.
Fuente: Jones J.B. et al.
1915, pág. 132.
34
35
I. La infancia:
Entre la provincia y la capital (1922-1926)
a. Primeros años
a vida de Marta Camey Herrera de López comienza el 22 de septiembre de 1922, en una
casa grande de habitación o «casona de familia» ubicada sobre la esquina sur-poniente de
la 7ª Avenida Norte y 12ª Calle Oriente del cantón Central; como ya se ha dicho en el
capítulo anterior, y que hoy es conocido como zona 1 de la ciudad de Guatemala. Su madre fue doña
María Ester Herrera Campos de Camey, quien fue atendida por una comadrona —especie de partera
con estudios técnicos—, tal y como era la costumbre de aquellos días. Su padre, don Víctor Manuel
Camey Figueros, como se mencionó previamente, se dedicó alternamente al periodismo y a la tene-
duría de libros contables.
El matrimonio Camey Herrera ya contaba con un niño pequeño, Víctor Manuel (2/9/1920 -
20/6/1989), quien había cumplido dos años de edad en el momento del nacimiento de su hermana
menor, cuando la familia tenía menos de dos años de residir en la ciudad de Guatemala. Fue tal la
alegria de los jóvenes padres, que en los dos días subsiguientes al nacimiento, por medio de dos
anuncios en el diario oficial, aparece un breve saludo por su llegada a la familia, con la dicha y afec-
to del tan esperado bebé, quien recibió el nombre de Marta46
.
En los primeros meses de ese año, dos hechos importantes de la historia política de Guatemala
ocurren de forma consecutiva: el primero fue el surgimiento de la facción progresista dentro del Par-
tido Liberal, que fue una suerte de círculo autónomo dentro de la principal corriente política del libe-
ralismo guatemalteco47
. Esta nueva agrupación política tuvo por objeto convocar a los simpatizantes
46
Redacción, Diario de Centro América, 1922, pág. 6, 2ª col; Ibídem, 1922, pág. 2, 2ª col.
47
Sabino, 2013, pág. 112.
L
36
del entonces Brigadier Jorge Ubico Castañeda (1876-1946) como candidato presidencial quien, por
aquel entonces, recibió sus últimos despachos dentro de la jerarquía militar nacional, siendo investi-
do con los galones de General de División. Este hecho se verificó en el mes de mayo de 192248
.
Según las narraciones que doña Teshi les contó a sus hijos, en la ciudad capital de aquel en-
tonces, funcionaban dos sistemas de transporte urbano colectivo distintos: el primero era el tranvía,
un tipo de tren tirado por caballos, establecido en época del presidente Reina Barrios, que, por aquel
entonces, funcionaba para mover los escombros de las construcciones destruidas durante los sismos
recién pasados y algunas que fueron demolidas posteriormente; el segundo era el decauville, que se
movía con motores a vapor, pero que cesó sus operaciones algunos años después de iniciados sus
recorridos, a causa de la poca rentabilidad reportada—según el último concesionario del medio de
transporte don Ricardo Sánchez—. Este llegó a tener un funcionamiento de dos viajes diarios por
vagón, los trescientos sesenta y cinco días del año.
Después de los movimientos telúricos, el decauville reanudó funciones, ya como «Empresa
Nacional de Descombración», compañía estatal que funcionó desde 1898 hasta 1928, cuando se uni-
ficó con el tranvía con el objetivo de crear un ferrocarril urbano49
. La función de esta entidad estatal
finalmente fue acarrear los escombros hacia el lado estrecho de la quebrada llamada La Barranqui-
lla, para así prolongar la 12ª Avenida hacia el Sur, rumbo a los barrios de San Pedrito y Ciudad Vie-
ja (hoy secciones de las actuales zonas 5 y 10). En la actualidad este relleno separa el complejo de-
portivo de la Ciudad Olímpica con el asentamiento marginal La Limonada.
Cerca de este sitio —según nos cuenta MCH y en palabras de su abuelo materno— al final de
la 10ª Avenida Sur, se encontraba la garita del Guarda de la Barranquilla (frente a las viejas bodegas
de la Estación Central del Ferrocarril Interoceánico) donde se cobró el impuesto de alcabala hasta la
época de ex-presidente y general Justo Rufino Barrios Auyón50
(1835-1885) a los viajeros y merca-
deres que ingresaban del suroriente. Pasado este punto, donde actualmente se encuentra el Estadio
Olímpico Mateo Flores, había un paraje llamado Los Potreritos51
, donde se efectuaban duelos a
muerte.
48
Ídem.
49
Urrutia, 2011, […] sobre el Tranvía, ¶ 7-10; Ibídem, 2011,[…] sobre el Decauville.
50
Burgess, 1926 (trad. 1972), pág. 172.
51
Urrutia & Gómez Flores, 1894. En el mismo documento se hace una descripción muy detallada sobre sitio descrito en
el relato, acorde a la nomenclatura histórica así como un plano anónimo de la ciudad de Guatemala, hecho hacia 1908
(del Archivo General de Centro América) donde se encuentran algunas variaciones menores de los topónimos.
El tranvía tirado po
contaba a sus hijos
ciudad capital frent
te, el sistema funcio
por.
Un vagón del deca
porte público cono
Funcionó hasta 192
37
por bestias, tal y como funcionaba hasta 1917, según lo
os. En la imagen, una de las unidades del primer trans
nte al viejo Portal del Comercio y mansión de los Aycin
cionó de forma simultánea con el decauville impulsado
Fuente: Cruz, 2012.
cauville recorriendo una vía no identificada. El segund
nocido en la ciudad capital se impulsaba por medio d
928.
Fuente: www.skyscrapercity.com, c.1925.
lo que doña Teshi les
nsporte público en la
cinena. Posteriormen-
do por motores a va-
ndo sistema de trans-
de motores a vapor.
38
La permisibilidad de semejante actividad era que la jurisdicción de los cuarteles municipales,
terminaba en las garitas, por lo que toda actividad fuera de la ciudad no era regulada por la autori-
dad, debido a su naturaleza ejidal. Este dato se verificó hacia finales del siglo XIX, cuando Papá
Pepe estudiaba en la Escuela Politécnica.52
En la década de los años veinte, —además de la Barranquilla— aún existían otros viejos pues-
tos de registro o antiguas garitas, ya que en calidad de puertas de ingreso seguían definiendo los
límites urbanos conocidos por los vecinos: el Guarda del Golfo, ubicado en el entronque de las ca-
lles del Reloj, del Golfo y Los Eucaliptos en el barrio de la Parroquia Vieja —respectivamente la
bifurcación de la 4ª y 6ª Calles y la 24ª Avenida “A” de la zona 6—; el Guarda de Chinautla, entre el
camino nuevo hacia aquel pueblo y la Avenida La Pedrera del barrio mencionado, —hoy 16ª Aveni-
da y Diagonal 10 en la misma zona—; el Guarda del Incienso, al final la 6ª Calle Poniente final en el
Cantón Elena —la misma calle de la zona 3—; el Guarda Nuevo de Mixco o de Buena Vista que se
ubicaba al final de la 7ª Avenida Sur del Cantón Barrios— 1ª Avenida y 29ª Calle en la misma zo-
na—; el Guarda Viejo de Mixco al final de la Calle Real del Guarda ó de la Libertad —renombrada
posteriormente como Avenida de Simón Bolívar en la actual Estación nº 2 de la Policia Nacional
Civil, entre 40ª y 41ª Calles de la zona 8—; y el Guarda de la Villa de Guadalupe, en el entronque de
la Calle Real de esa población y la antigua salida hacia San Salvador, en el extremo oriental del ba-
rrio de la Villa de Guadalupe, donde hoy se encuentra la Estación nº 13.2 de la Policía Nacional Ci-
vil —en la bifurcación de la 20ª Calle y Diagonal 6, hoy zona 10—53
.
Estos puntos de entrada a la Nueva Guatemala, que originalmente tenían como objetivo alber-
gar las barracas de las comandancias de infantería y dormitorios comunales para los viajeros, fueron
finalmente suprimidos en época de presidente Ubico Castañeda, cuando los entregó a la Dirección
General de la Policía Nacional. Algunos de estos sitios vendrán a conformar parte del entorno donde
MCH vivió experiencias como persona adulta. Eran los años posteriores a la dictadura cabrerista,
cuando los movimientos sociales —tanto de intelectuales como estudiantes y obreros— tomaron de
nuevo auge en pos de la ansiada libertad de pensamiento que desde su derrocamiento venían gozan-
do. En la misma época, personajes como Miguel Ángel Asturias y David Vela concebían el famoso
52
Camey Herrera, 1995.
53
Véase en Urrutia & Gómez Flores, 1894; Polá de Torroella, 1936; Inter-American Geodesic Survey & Ministerio de
Comunicaciones y Obras Públicas, 1955.
himno de protesta de los es
las naciones centroamerica
medio de los ya usuales ar
hecha en el buque Tacoma
En esta ocasión, mien
nismo populista— continua
unión centroamericana"; la
Managua —ratificado en 1
dos centroamericanos. La c
bueno del país del norte en
tos, tuvo resultados insustan
En este orden de idea
mica mundial de aquellos d
ron dos mil millones de dó
sistema, en lo que iba de 19
54
Asociación de Amigos del Pais
55
Ibídem, pág. 92
56
Ibídem, Herrarte. «Intentos de
39
estudiantes universitarios, La Chalana, en ese m
canas intentaban, nuevamente, arreglar sus d
arbitrios por parte del gobierno de los Estado
de la armada americana, el 22 de agosto de 19
ientras la retórica del progresismo —la versión
uaba instando por "un proceso práctico que e
la sola existencia y del tratado Bryan-Chamor
1907— era la manzana de la discordia entre
a confirmación de estos acuerdos diplomáticos
en materia de integración regional que, a la larg
tanciales para los ciudadanos del istmo56
.
eas, se han encontrado noticias muy interesant
s días. Notas como la inflación en Estados Unid
dólares americanos —US$ 2,000,000,000—
1922. Este monto era un agregado a los présta
ais & Fundación para la Cultura y el Desarrollo, 1996, p
de Reunificación Centroamericana».
e mismo año54
. Mientras tanto,
diferencias interestatales por
dos Unidos, en la conferencia
192255
.
n americana del intervencio-
encamine hacia el ideal de la
orro por parte del gobierno de
re Nicaragua y los demás esta-
os era vital para lograr el visto
rga, como muchos otros inten-
antes sobre la situación econó-
nidos, según la cual, se otorga-
en créditos a los bancos del
stamos monetarios hechos des-
pág. 13.
Puente ferroviario, en el
tope sur de la 10ª Ave-
nida. Detrás del mismo
se aprecia la garita del
Guarda de Pinula, mejor
conocido bajo el nom-
bre homónimo del acci-
dente orográfico: La
Barranquilla.
Fuente: MuVIM, s.f.
40
de 1921 hasta finales de junio del año en curso con veinticuatro mil millones de dólares —US$
24,000,000,000—, en préstamos, aclarando incluso que los bancos poseían mayores reservas para
quienes desearan demandar cualquier tipo de préstamo.
Se hablaba de negocios liquidados para depositar el efectivo en los bancos, a manera de inver-
sión57
. Como reflejo de la reunión de expertos en la reforma monetaria del sistema del patrón oro en
Génova, durante marzo y abril de ese año, la creencia de la emisión de dinero barato se generalizó,
convirtiéndose entonces en la antesala misma de un escenario nada halagüeño que se manifestaría en
los siguientes cinco años. Durante ese tiempo, muchos pensadores tratarían de advertir con señales
de alerta mas, por su situación marginal en la toma de decisiones, no serían escuchados58
.
De regreso a la narración de MCH, sus recuerdos más lejanos llegan a 1925; siendo una niña
pequeña, recuerda que su familia se trasladó de la 7ª Avenida Sur, entre 11ª y 12ª Calle Oriente en el
barrio de Capuchinas, hacia una casa de habitación situada en la 14ª Calle Poniente, entre 3ª y 4ª
Avenida Sur del barrio de San Francisco. Curiosamente, la residencia que colindaba con su casa de
habitación era precisamente donde vivían el Bridagier Jorge Ubico y su señora doña Marta Lainfies-
ta de Ubico. En esos años de su infancia MCH cuenta que este barrio sureño era un sitio muy tran-
quilo y sobrio, donde tenían la oportunidad de disfrutar del parque Concordia como amplio campo
de juego que compartía con su hermano Víctor. Como su vivienda era muy pequeña y no contaban
con espacio para jugar aprovechaban el sitio.
En una ocasión, la mascota de Ubico —un mico en palabras de MCH—, se saltó el lindero que
separaba ambas casas. Marta, quien tendría a la sazón unos tres años y medio de edad, buscaba un
juguete de su elección. Su búsqueda la llevó directamente a su cuarto de habitación, más no contó
con encontrarse de frente con el primate invasor. El animalito escurridizo estaba entretenido lamién-
dole la cara a su muñeca favorita, lo que hizo que la niña montara en cólera, y acto seguido le
arrancó el juguete al intruso, que seguramente huyó despavorido. Mientras tanto, MCH fue directa-
mente a sumergir la muñeca en el tanque de la pila que tenían en casa, a causa de la repulsión que le
produjo el mono.
Debido a las reglas de convivencia de la época, los barrios urbanos gozaban de heterogeneidad
social, donde las familias importantes de comerciantes y políticos se codeaban con otras familias
57
Diario de Centro América, 22/7/1922, «Noticias internacionales», pág. 8, 2ª col., «Exceso de dinero».
58
Cachanosky, 1989, págs. 3,7 y 13.
menos favorecidas económ
respeto entre todos los ciud
sonas conocidas se saludaba
Existía un espíritu de
interesante es que, durante e
te del señor presidente, G
MCH logró guardar recuerd
41
ómicamente. Un rasgo muy emblemático de e
iudadanos, pues sin importar sus finas ropas o
aban durante los recorridos de calle.
de genuina urbanidad entre los distintos estra
te ese año se desarrollaba el proceso electoral; l
General José María Orellana Pinto (1872-19
erdos sobre cómo se desarrollaron las eleccion
esta mezcla era la armonía y
o su apariencia física, las per-
ratos de la sociedad. Un dato
luego de la inesperada muer-
1926) en Antigua Guatemala.
iones de aquella vez en que se
Jardín o parque La Concordia,
entre 5ª y 6ª Avenidas Sur,
sobre la 14ª y 15ª Calles rumbo
al Oriente. En este paseo fue
donde los hermanos Camey
Herrera disfrutaron tranquila-
mente de su primera niñez. En
la actualidad parque Enrique
Gómez Carrillo—.
Fuente: Villacorta Calderón,
1926, pág. 73; s.n., 2011.
42
enfrentaron en las urnas los brigadieres Jorge Ubico y Lázaro Chacón. Se repartían volantes con las
fotos del candidato por todas las calles, con el objeto de informar al público votante —solamente los
hombres mayores de 18 años— por quién debía votar, ante la aparente falta de instrucción o infor-
mación sobre quiénes eran los candidatos. Aún en la lejanía del tiempo, MCH recuerda a Chacón, el
vencedor en estas elecciones, como un gobernante humano e íntegro, pues jamás se escuchó que en
su período hubiera malversación de fondos públicos. Sin embargo, después de que la crisis econó-
mica llegara a Guatemala, cayó enfermo y marcha hacia los Estados Unidos, donde falleció al poco
tiempo. MCL puede constatar el dato, debido a que tuvo una estrecha relación con dos ramas de su
familia, los Cordón Chacón y los Franco Chacón, oriundos del terruño del presidente, el municipio
de Teculután, departamento de Zacapa, en el oriente de la república.
Regresando al relato con referencia a Ubico, aparte de su residencia en la ciudad capital sobre
la 14ªCalle Poniente, poseían una finca llamada Santo Tomás, sobre el camino que comunicaba
Palín con Escuintla, en la bocacosta. La finca de Escuintla en la actualidad es de propiedad estatal, y
la utilizan los presidentes de turno para pasar sus temporadas de descanso, donde se reorganizan,
entre otras actividades, partidos de fútbol entre los empleados públicos y otros equipos de liga na-
cional, para luego terminar las jornadas de descanso disfrutando de los encantos y excesos que ofre-
ce las prerrogativas de la política.
‡
43
b. Sitios, lugares y anécdotas de aquel entonces.
or aquel entonces, la ciudad de Guatemala tenía un espacio habitado más o menos conforma-
do por distintos barrios, cantones y fincas. Los que se designan a continuación son algunos de
los más antiguos y emblemáticos; y otros representan el desarrollo urbano de los primeros
treinta años del siglo pasado: en el cantón del Centro los arrabales los conformaban sitios como el
barrio de Candelaria —zona 1— y la Parroquia Vieja —zona 6—; mientras que Jocotenango y el
Hipódromo del Norte —zona 2— eran los distritos residenciales. El comercio, los servicios y de-
pendencias del Estado, se encontraban dentro del casco histórico conformado desde la 1ª hasta la 18ª
Calles y entre la Avenida Elena hasta la 12ª Avenida59
.
Las viejas fincas como Gerona, El Administrador y El Tuerto se ubicaban en la periferia suro-
riental del Cantón Central, mientras que la estación ferroviaria y la aduana central servían como su
límite. Al poniente, la finca de Palomo, fue convertida en el barrio del Gallito —en la zona 3—, en
el Norte, los potreros de Corona y Ortega fueron urbanizados, dando paso al barrio Moderno y el
Martinico —en la zona 2—. En el extremo suroriente, la hacienda de La Palma, junto con la finca
La Chácara, —zona 5—fueron urbanizadas durante esos años, no obstante aun servían de paseo a las
familias y los amigos. Según recuerda MCH, estas propiedades las compró el gobierno durante el
período de presidente Chacón González (1926-1930) para quienes se quedaron sin hogar después de
los terremotos de 1917-1918, sobre todo para muchas familias de origen humilde.
Otras áreas que MCH logró recordar de su niñez eran precisamente aquellas donde el ancho de
sus calles y avenidas era mayor que el de las existentes en el centro. Las dimensiones de las vías de
circulación siempre fueron muy heterogéneas y variaban de lugar a lugar. Añoraba poder visitar con
su familia los cantones poco habitados que se situaban al final de la Avenida Elena —vía de circula-
ción nombrada en honor a la hija mayor del ex-presidente general Rufino Barrios, doña Elena Ba-
rrios Aparicio—. Estos rincones de la urbe, que se localizaban alrededor del Cementerio General
tales eran los cantones Barrios y Barillas —localizados en la actual zona 3—. Por último, siempre en
el rumbo anterior en la salida hacia el Sur se encontraban los viejos arrabales de San Gaspar, Santa
59
Aun con la creencia tradicional, así como la historia oficial, de acuerdo al plano diagramado por Marcos Ibáñez res-
guardado en el Archivo General de Indias (ES.41091.AGI/27.13//MP-GUATEMALA,234), el trazado original del mis-
mo corresponde al área comprendida desde la 2ª hasta la 18ª Calles —de poniente a oriente— y desde la 0ª Avenida (Av.
Elena) hasta la 12ª Avenidas, llegando hasta la 9ª Calle; para luego prolongarse hasta la 14ª Avenida (desde la 10ª Calle
hasta llegar a la 18ª Calle)—con rumbo de norte a sur—, (N. de A.).
P
44
Cecilia, llamados también Cantón La Paz —zona 8—, todo esto sobre la colina de Buena Vista, has-
ta llegar a los tugurios de la Granja de Guirola en el Cantón Landívar y mencionado Guarda Viejo
cerca de la estación ferroviaria y garita homónima —en lo que hoy es viaducto del Trébol—.
También hacia el suroriente de éstos, cuyo lindero físico lo marcaba la línea del ferrocarril y
las laderas de la prolongacion meridional de la mencionada colina, se encontraban las fincas, famo-
sas por sus lagunas y arboledas, de los cantones de Exposición —zona 4—, Tívoli —zona 9—, Ciu-
dad Vieja, Santa Clara y la lejana Villa de Guadalupe —zona 10—. En estas áreas, similares a las
inmediatas, se construyeron chalets para las familias acomodadas, que convivían con las viviendas
de los pobladores originales. Toda esta region meridional se consideraba fuera de la ciudad, aunque
su jurisdicción estuviera adscrita al municipio de Guatemala. Para la década de los años treinta, las
principales calles del cantón central fueron asfaltadas, sustituyendo así el viejo empedrado colonial.
†
Croquis de la sal
pe— y al oriente
muestra tanto los
lo largo de los últ
Fuente: Plan
45
alida sur —camino de Hincapié—, al suroriente —la v
te —Las Vacas y Santa Rosita— de la ciudad de Gu
os pueblos antiguos como las proyecciones de nuevas ár
últimos años del siglo XIX y principios del XX.
ano de la ciudad de Guatemala. Archivo General de Cen
a villa de Guadalu-
uatemala. Aquí se
áreas urbanizadas a
entro América.
46
II. El valor real de una madre.
«Cuando nos quedamos solos»: (c.1927-1930)
a. La familia va primero
ras la muerte de don Víctor Manuel —padre—, la familia Camey Herrera se marchó a
Quezaltenango, ciudad natal del finado, iniciando una nueva vida. Vivieron un tiempo con
sus abuelos maternos, Papá Pepe y Mamá Lita. Estos señores, tras muchos años de vivir en
Huehuetenango, se instalaron definitivamente en la ciudad altense para ya no regresar más a su tie-
rra de origen. No se sabe qué ocurrió con Santa Rita Bella Flor, la finca de sus abuelos, pero dada la
fuerte caída del precio del café desde 1927 hasta 1929 —donde el quintal perdió más de la mitad de
su valor60
—, ofrece algún tipo de explicación por la cual dejo de mencionarse durante las conversa-
ciones cotidianas. En esa época muchos agricultores perdieron sus propiedades, como consecuencia
de la depresión económica.
Por aquel entonces, y desde 1922, la tía Oli estaba casada con don José Santizo Baeza, perso-
naje de mucha influencia en el Estado, ya que en aquel momento ocupaba un puesto importante en
la Dirección General de Cuentas y posteriormente fungiría como subsecretario de Hacienda y Crédi-
to Público en época del presidente Ubico. Al instalarse en Quezaltenango, Teshi Herrera, ya como
viuda de Camey, solía frecuentar las casas de sus padres y de su hermana Olivia acompañada por
sus niños. Mientras vivieron allí asistieron a distintos colegios privados de la ciudad altense. Marta
estudió esos años en el colegio Liceo Infantil. De su hermano Víctor, no hay registro de su centro de
estudios. Según nos cuenta MCH, ambos hicieron la primera comunión el mismo día, el 31 de mayo
de 1930.
60
Sabino, 2013, pág. 98.
T
Durante los tiempos
actividades que les represe
mujeres de la familia Herre
tiempo a la producción arte
to con el cual se preparaban
se hacían las mechas para l
pósito de la cera liquida hi
rueda colgante, de tal form
dando vueltas sobre su eje,
da, la rueda cambiaba la p
friarse mientras completaba
Fotografía grupal del Liceo
Quezaltenango donde estudi
serto derecho—, mientras vi
Posteriormente regresaron a l
Fuente: Archivo f
47
s difíciles de la depresión económica, las pers
sentaran algún tipo de ganancia extra de su tra
rrera Campos, en especial doña Teshi y Mamá
rtesanal de candelas. MCH era muy pequeña pe
an. Había una rueda suspendida del cielo raso,
a las velas con hilos de algodón. Debajo del me
hirviendo. Entonces, por medio de poleas y co
rma que constantemente se pudiera levantar, c
je, simultáneamente. Así, mientras caía la cera
posición de las candelas, permitiendo que las
ba el ciclo nuevamente.
ceo Infantil, colegio privado de
dió la pequeña MCH —en el in-
vivieron en la metrópoli altense.
a la ciudad capital, (c.1928).
o fotográfico de MCL.
ersonas realizaban variedad de
trabajo como asalariados. Las
má Lita, dedicaron parte de su
pero recuerda el procedimien-
o, que por debajo de la misma,
mecanismo, se colocaba el de-
contrapesos se manipulaba la
, cayendo sobre el recipiente y
ra de la mecha recién sumergi-
las capas de cera pudieran en-
Tiempo después de es
milia Camey Herrera regre
sentía también en Guatema
bajo como costurera de la fa
Sur. En 1930 se encontraba
plo, en el edificio conocido
de alquiler de las ciudades
por ejemplo podían alberga
nivel, que daba hacia la call
En esta época, en que
mentos de Santo Domingo
Imagen del edificio
rrio homónimo. Aq
su hermano Víctor
48
esta importante iniciación en la vida espiritual
gresó a la ciudad capital, en medio de la depr
ala. Al poco de instalarse en una casa de alqu
a familia Bianchi, quienes tenían un taller de so
aban viviendo en el barrio de Santo Domingo,
ido actualmente como las Mil Puertas. Este fu
es con influencia europea, grandes espacios pa
rgarse pianos en sus niveles superiores y local
alle.
que el vehículo motorizado era propio de fami
go eran idóneos para un vecindario que no nec
icio de apartamentos frente al atrio del templo de Santo
Aquí vivieron a principios de la década de los años trei
tor y doña Teshi (c.1970).
Fuente: Archivo fotográfico digital del autor.
ual, a mediados de 1930, la fa-
epresión económica que ya se
quiler, Teshi logró obtener tra-
sombreros sobre la 6ª Avenida
, precisamente frente al tem-
funcionaba como los edificios
para familias medianas, donde
ales comerciales en su primer
milias acaudaladas, los aparta-
necesitaba desplazarse grandes
to Domingo, en el ba-
reinta MCH junto con
49
distancias, pues comúnmente las viviendas estaban separadas de los lugares de trabajo a no más de
veinte minutos caminando. En su defecto, el transporte de bus urbano ya prestaba un servicio útil
para la mayoría. Este sistema entró en funcionamiento en 1927 y cubría rutas largas como la 6ª y 7ª
Avenidas (de Sur a Norte y viceversa) 7ª y 8ª Calles (de oriente a poniente y viceversa), la 1ª y 18ª
Calles (ídem) hasta la salida sur de la ciudad —hoy Avenida Bolívar—, llamada en aquellos días
Calle Real de la Libertad hasta finales de la década de los años veinte61
. A diferencia de nuestros
días, cuando la necesidad de trabajo nos obliga a realizar prolongados desplazamientos y donde la
vivienda se convierte en mero refugio nocturno sin mayor contacto entre vecinos, a principios de la
década de los treinta, los vecinos de conjuntos multifamiliares (que eran escasos) solían entablar
mayor contacto entre sí, cuando menos hasta donde los inquilinos podían compartirlo.
En esos días, las familias guardaban relaciones tan estrechas unas con otras, que sus hijos po-
dían darse el lujo de gozar plenamente de su infancia al aire libre. Sin la necesidad de un jardín par-
ticular la amplia plazuela que conformaba el atrio de Santo Domingo se convertía en sitio de espar-
cimiento para infantes, jóvenes y adultos del barrio. En palabras de MCH: «los vecinos nos tratába-
mos con mucho respeto, comunicación y amistad ligera», expresión que guarda los principios de
convivencia social, urbanidad y dilección que muchos ancianos y adultos mayores, hoy añoran casi
un siglo después. Mientras tanto, la desconfianza e incertidumbre se han vuelto dueñas y señoras de
las calles y avenidas, donde peatones y conductores de vehículos perciben al contrario como un ente
potencialmente peligroso y ya no como seres de confianza.
Regresando a estas vivencias, todos los vecinos de los barrios, en mayor o menor medida, se
conocían por sus nombres de pila y apellido respectivo. Esta costumbre de usar el nombre completo
ha decaído en los últimos tiempos, principalmente por los cambios culturales surgidos de la emigra-
ción interna y las actitudes simplistas de las generaciones más jóvenes. La plazuela del templo cató-
lico, el parque Colón y los potreros de la inmediata finca El Tuerto —al final de la 10ª Calle Orien-
te— constituían los paseos tradicionales del barrio dominico. MCH nos cuenta que, en aquellos días
lejanos, los pocos sitios de reunión social en los que podían encontrarse eran restaurantes de media-
no tamaño, abarroterías y misceláneas relacionadas a la religiosidad tradicional —dada la inmedia-
tez del templo dominico— que en días festivos se dedicaba a la difusión de todos los materiales y
enseres como libros de novenas, rosarios y demás productos relacionados.
61
Urrutia, 2011, […] sobre el transporte urbano, ¶ 2.
Fotografía donde s
corrido inaugural d
Santa María de Jes
yecto fue conocido
50
‡
e se retrata la familia Camey Herrera, junto con Papá Pe
l del la línea ferroviaria de Occidente entre la ciudad de
Jesús, en el municipio de Zunil, departamento de Quezal
ido como el ferrocarril de los Altos (c.1928).
Fuente: Archivo fotográfico de MCL.
Pepe, durante el re-
de Quezaltenango y
altenango. Este tra-
[Tesina] José Roberto Dardón. 2015. Memorias de una maestra betlemita (1926-1963)
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[Tesina] José Roberto Dardón. 2015. Memorias de una maestra betlemita (1926-1963)

  • 1. José Roberto Dardón López Memorias de una maestra betlemita (1926-1963) Guatemala, febrero 2015
  • 2. Memorias de una maestra betlemita (1926-1963) Conducente a la obtención del título de Magister Artium en Historia Escuela de Posgrado Universidad Francisco Marroquín
  • 3.
  • 4.
  • 5.
  • 6. Solamente el autor es responsable de la originalidad y los conceptos expresados en el trabajo de tesis, la cual fue elaborada para obtener el grado de Magister Artium en Historia. Su aprobación en manera alguna implica responsabilidad para la Universidad, ya que reflejan el punto de vista del autor.
  • 7. Dedicatoria: A mi abuela Marta, por compartir su vida. A mis padres Guisela y Ricardo; A mi hermana Mª. Mercedes y sobre todo mi cuñado Rodrigo, por el apoyo absoluto e incondicional. A mis compañeros de posgrado, por las charlas, las lecciones de vida y sabiduría, más la amistad brindada en estos años. A la Escuela de Posgrado, en especial al Dr. Carlos Sabino por la oportunidad de formarme como historiador. A la Universidad Francisco Marroquín, por abrirme las puertas y mostrarme el camino recto.
  • 8. 1 Índice Motivaciones ............................................................................................................................................. 3 Prefacio ...................................................................................................................................................... 5 Objetivos de esta investigación ............................................................................................................ 12 Metodología............................................................................................................................................. 13 Contenido Contexto general de la época............................................................................................................14 Antecedentes: Familia, parentela cercana y amistades significativas ..........................................21 I. La infancia, entre la provincia y la capital (1922-1926) a. Primeros años .............................................................................................................................. 35 b. Sitios, lugares y anécdotas de aquel entonces.................................................................................. 43 II. El valor real de una madre: «Cuando nos quedamos solos» (1927-1930) c. La familia va primero .................................................................................................................. 46 d. El privilegio de pocos.................................................................................................................. 51 e. Normas y costumbres de la capital ............................................................................................. 55 III. Crecer bajo la sombra de "El Hombre"(1931-1941) a. Cuando se militarizó el Colegio ..............................................................................................61 b. Sobre quienes formaron a las jóvenes mentes y el modo en que se impartía la educación en Guatemala, de acuerdo al caso especifico del Colegio de Belén.............................................70 c. Lo que representó vivir bajo la paz y tranquilidad de Ubico...................................................79 IV. La alegría de la juventud y primera adultez (1942-1943) a. Cuando llegaron los americanos ................................................................................................. 95 b. Experiencias luego de mi graduación........................................................................................103 c. Lo acontecido en Santa Cruz del Quiché ..................................................................................113 d. El despertar del magisterio.........................................................................................................122
  • 9. 2 V. Se agotó la paciencia del pueblo: Lo vivido durante el 20 de octubre de 1944 a. Los amigos, estudiantes universitarios... conspiradores contra el viejo régimen ...................136 b. Los meses y días previos............................................................................................................139 c. La madrugada del 20 de octubre................................................................................................151 d. El fuerte de San José y la casa de la 14ª Calle Poniente ..........................................................159 VI. Los años de democracia y liberación: Desde su llegada a Washington D.C. hasta cuando JE fue funcionario público (1945-1954) a. La alegría de una nueva vida .................................................................................................162 b. Ida al norte, vuelta al sur ............................................................................................................164 c. Algunas anécdotas urbanas....................................................................................................186 d. Reconciliación y boda ...........................................................................................................194 e. «Nos tacharon de comunistas»...................................................................................................202 f. Naciendo la hija mediana, muere la revolución de octubre ............................................................208 VII. Percepción personal de MCL de la Contrarrevolución y años subsecuentes (c.1955- 1956) a. Gratitud hacia un joven liberacionista.......................................................................................212 b. Cuando «tocó llevar la carreta sola»..........................................................................................222 c. Benefactores olvidados del vecindario y amigos refugiados ...................................................228 Conclusiones...........................................................................................................................................236 Bibliografía.............................................................................................................................................245
  • 10. 3 Motivaciones a inquietud por plasmar en letra escrita las memorias de mi abuela materna, Marta Camey Herrera de López (nombrada en este estudio como MCH, en su juventud y MCL en su vida) surgió de ella misma hace algunos años, tras la muerte de mi abuelo José Enrique López De la Roche (1916-1995). La razón debe atribuirse a su fuerte deseo por dejar constancia escrita sobre algunos pasajes de una vida llena de contrastes, los mismos de los que destellan algu- nos vagos recuerdos de la infancia de quien transcribe estas líneas. Posteriormente estos a volvieron manifestarse a principios del presente siglo, época en la que —por razones de índole personal— se dio la oportunidad de que MCL pudo compartirlos con quien transcribe estas memorias durante algún tiempo en su antigua casona del camino viejo a Mixco, donde vivió por medio siglo (1957- 2007). En dichas sesiones, se pudo constatar la importancia histórica que existía en sus alusiones a personajes del pasado, donde las mismas se entremezclaban con el gozo y la melancolía. De hecho, pasó por algún momento por la mente del autor de este estudio lo interesante que podría ser que ella encontrara algún momento de ocio para así dedicarse a escribirlas. En efecto, para las bodas de plata de las maestras graduadas en la Escuela Nacional Central para Señoritas de Belén —o como suelen llamarlo las ex alumnas más veteranas: El Colegio—, sus ex compañeras le invitaron plasmar una remembranza sobre esos años. En la misma se describen —en una forma un tanto literaria pero sin rebasar la generalidad— los antiguos barrios chapines, sus templos parroquiales, los sitios donde antaño se recreaban los vecinos y sus actividades vinculadas a con personajes ya idos en el tiempo. Sin tener mucho conocimiento del recurso historiográfico más allá de las referencias más usuales, fue en el año de 1991 cuando empezó esta labor. La distancia que con los años transcurridos se establece entre eventos y la narración contem- poránea puede llegar a confundir algunos datos. No obstante la verificación no resulta ser tarea harto complicada en la actualidad. El acceso a fuentes de información bibliográfica o derivadas de los medios digitales en nuestros días resulta ser un hecho muy ventajoso. En algunos casos —dicho sea de paso— el error del dato puede interpretarse como un punto de vista particular de lo vivido por la L
  • 11. 4 persona entrevistada. Y es gracias a esa anomalía —o lagunas— en la narración biográfica que las interrogantes pueden formularse por medio de preguntas metodológicas, recurso muy útil para enca- jar los datos obtenidos de acuerdo al contexto a estudiar. Por último, la historia de vida de MCL abarca casi noventa y un años hasta el día de hoy (3/06/2013), de los cuales, los primeros treinta y cuatro se escogieron como marco de estudio histó- rico, es decir, desde su ingreso a los ocho años en el Colegio de Belén hasta su entrevista con un funcionario importante de la contrarrevolución, una generación más tarde. †
  • 12. 5 Prefacio a historia narrada desde el punto de vista testimonial —sea de un personaje relevante en la vida de una nación o un ser anónimo dentro de la misma—, debe partir del contexto fami- liar en el que la persona biografiada vio la luz por primera vez. Este escenario será, en ma- yor o menor medida, el condicionante principal en su actuar y pensar durante el resto de la vida. Esto se debe a que es en dicho escenario que ha aprendido toda la normativa consuetudinaria de in- teracción social heredada por generaciones precedentes; en complemento a sus opiniones y decisio- nes tomadas en los años venideros. Son muchos quienes al llegar a sus años de vejez desean externalizar parte de lo que les ha tocado apreciar y observar —para bien o para mal— a lo largo de estos años, con el simple ánimo de dejar un testimonio sobre los eventos ocurridos. Su objetivo es la esperanza de ofrecer un legado a sus descendientes y demás público lector interesado en la temática por conocer algo de lo ocurrido en épocas pasadas; imágenes que usualmente solo se perfilan de manera imparcial, ya sea por medio de terceros, sean por escrito o de forma oral. En ese sentido, los recuerdos de la MCL y la proyección que estos reflejan ponen en aprietos ciertos postulados —rígidos y clasistas— de la historiografía marxista. El sesgo ideológico de los mismos ha pretendido encajonar a los individuos dentro de un esquema colectivo inamovible del que, en apariencia —y por razonamientos de tipo determinista— no se puede escapar de las "inexo- rables leyes de la historia". Desde el materialismo histórico, la persona como tal es un ente que no tiene importancia si no está vinculado a un grupo de presión, dentro de cualquier tipo de ámbito de la acción humana. De los varios estratos sociales y económicos existentes en distintos ámbitos de la actividad so- cial, el entorno familiar, de una u otra manera, prescribe nuestro comportamiento durante toda nues- tra vida. Hasta donde se pudo indagar, se ha corroborado que las familias del período decimonónico en Guatemala estuvieron ligadas, por tradición, a las esferas de prestigio y poder con la esperanza de L
  • 13. 6 acceder a un mejor nivel de vida. En ambos vertientes familiares, MCL tiene ascendientes tanto de agricultores como de intelectuales y militares. Haber formado parte de las capas socioeconómicas más favorecidos de la sociedad altense, ciertamente marcó la diferencia entre los ancestros de nues- tra biografiada y la generalidad de obreros y campesinos del Occidente guatemalteco. La realidad en la que mayor parte de habitantes de este país vivía por aquellos días distaba mucho de la que en la actualidad gozan. Los más pobres, hoy cuanto menos, tienen mayor acceso a bienes, productos y servicios de lo que jamás tuvieron antes. La etiqueta de "ladino" desde la fundación de la República de Guatemala en 1847 pasó a en- globar a todos los ciudadanos con diversos grados de mestizaje de la sociedad guatemalteca —desde los "criollos" de las ciudades hasta los "zambos" en las fincas—. Con la idea de conservar su lealtad dentro del nuevo orden político, las autoridades de aquel entonces les otorgaron concesiones de na- turaleza institucional, lingüística y cultural a las comunidades indígenas o "naturales"; de ahí la pre- servación de este conjunto de grupos sociales emparentados entre sí por razones sociológicas. Pre- rrogativas parecidas se les dieron posteriormente a los súbditos de las diversas coronas con las que Guatemala estableció lazos diplomáticos y comerciales —como los súbditos de la casa imperial de los Hohenzollern— para incentivar la inversión necesaria para que nuestra patria entrara en el con- cierto de naciones por medio del libre cambio y la emigración, a cambio de preservar su estatus de ciudadanos extranjeros residentes. Resulta curioso observar que, cuando una persona se identifica como ladino, no suele repa- rar en los rasgos antropológicos o étnicos —si se me permite la observación políticamente incorrec- ta—. Por una parte, la vertiente paterna de Marta, de la que no se tiene mayor información, pudo corroborarse en algunos escritos como el Libro Azul de Guatemala1 , esfuerzo publicitario impulsado durante el periodo de gobierno del Licenciado Manuel Estrada Cabrera, y que, en nuestra opinión, promociona las bondades y progresos efectuados el día de su impresión (en el año 1915) en la Re- pública de Guatemala, aunque siempre habrá quien señale el mismo texto como adulatorio del dicta- dor. Por estas razones y otras que se verán reflejadas posteriormente, en el presente trabajo es ne- cesario hacer la salvedad, de que por tratarse de un periodo de tiempo tan largo de vida, se han esco- gido los años que tuvieron alguna repercusión —directa o indirectamente— en la vida de nuestra 1 Jones J.B, Scoullar W.T., & Soto-Hall M., 1915.
  • 14. 7 biografiada a nivel político y social; pues en el caso del presente posgrado, son los momentos deci- sivos que tienen mayor relevancia. Aunque el relato empieza algunas décadas antes de su nacimien- to, el período de mayor interés comienza a los nueve años de edad, cuando el último gobernante liberal a la presidencia el día 15 de marzo de 1931, hasta alrededor de sus treinta y dos años de edad cuando dialoga con un personaje importante del nuevo régimen liberacionista en los últimos meses del año 1954, poco después de la entrada del ejército contrarrevolucionario en la ciudad de Guate- mala, para dar fin a las memorias a inicios de la década de los sesenta. Las memorias abarcan un rango de tiempo de casi dos generaciones, es decir, casi cuarenta años; es este tiempo suficiente para presenciar una serie de cambios sociales, políticos y económicos acontecidos en Guatemala desde la década de los años veinte hasta casi rayar la década de los sesenta. A continuación, se ofrecerá al público lector, —sobre todo familiares de la biografiada intere- sados en su pasado—, la descripción de esta tesina. Cada uno de los momentos determinantes de la vida aquí registrada de nuestra biografiada se han segmentado por episodios. Se brinda un árbol familiar que incluye una breve genealogía de MCL tanto de sus antepasados como de sus descen- dientes directos. Los datos encontrados hasta el momento serán incluidos junto con sus años de in- fancia, acontecida entre la provincia y la ciudad capital (c.1922-1926). En este primer capítulo se explican los orígenes de la familia con quien MCL se crió. El árbol genealógico en este punto será de gran utilidad para atar algunos cabos que quizás sean de interés para todo aquel que desee consultar estos apuntes, ya que en algunos casos se mencionan personajes que, de alguna forma u otra, participaron en procesos históricos bien documentados de la historia de Guatemala entre 1880 hasta cuando la biografiada cumpliera cuatro años en 1926. Las vivencias personales durante la niñez —es decir, sus relaciones de parentesco y amistad— se entrelazan con los espacios ampliamente conocidos y con protagonistas importantes en el aconte- cer de esos años, alternándose su estadía entre la ciudad capital con Quezaltenango, Antigua Guate- mala y Chiantla, por lo que se harán las referencias pertinentes de acuerdo a la documentación de la época. Quizás este es el primer momento de cambio repentino en la vida de MCL, cuando su señor padre desaparece repentinamente de la escena familiar, lo que obliga a su señora madre a realizar cambios importantes en la familia. Con este evento se define la denominación del siguiente capítulo. A pesar de constituir la segunda mitad de la década de los años veinte una época de relativo auge económico en Guatemala, la realidad en la vida diaria de cientos de miles de vecinos en las
  • 15. 8 ciudades principales se centraba en los servicios prestados a la sociedad en general. En esta masa de trabajadores —fueran asalariados o contratados a destajo— se encontraron las hermanas Herrera Campos junto con su señora madre. En este capítulo se ofrece una breve descripción sobre los tipos de trabajos de carácter empírico y gremial que en aquel entonces cubría la oferta y la demanda de bienes, productos y servicios. Llegando a los años de la depresión de los treinta, las hermanas Ca- mey Herrera se vieron obligadas, como la mayor parte de la gente, al ineludible apretón de cincho, que echó al traste a muchos bancos, comercios, negocios y propiedades ligadas al monocultivo del café. Sin embargo, la preocupación por el futuro de los hijos pudo representar —en alguien cuya infancia fue hasta cierto punto privilegiada pero que en la prosperidad de su vida adulta vino a me- nos—, el mejor incentivo laboral que cualquiera pueda tener. De este modo, comenzó la búsqueda incesante de los medios económicos necesarios para darle a su hogar la mejor herencia que alguien puede recibir: la educación. En nuestra exposición también podrán constatarse algunos aspectos de tipo sociológico en los comportamientos del pueblo y la relación que había entre disímiles grupos societarios y étnicos. De ahí que en la memoria de Marta radique el valor real de una madre que supo sacar a su familia adelante al quedarse solos sin un padre (1927-1929). Al crecer bajo la sombra de "El Hombre" (1931-1944), MCL quizás no tenga presente — debido a su corta edad—, la situación económica que devino en una crisis política. En estos momen- tos un personaje de su pasado inmediato —vecino por casualidad de sus padres en el barrio de San Francisco— toma las riendas del poder, con el apoyo de quienes conocían su trayectoria como ad- ministrador agropecuario y como funcionario público hábil. La ascensión al poder por parte de este protagonista en nuestra historia afectó profundamente las relaciones humanas existentes a todo ni- vel, incluyendo el sistema educativo nacional, donde nuestra biografiada, por instancias de su señora madre, tuvo la oportunidad de ingresar al que quizás era el mejor instituto femenino de educación en todo el istmo centroamericano. Desde entonces, los recuerdos y las anécdotas que narran acontecimientos y formas de percibir la vida se vuelven más tangibles y de fácil corroboración documental. Podemos constatar detalles raros e interesantes sobre la forma de impartir educación en el sector público, desmitificando —al menos en el presente caso— enfoques negativos plasmados en los libros de texto y referencias académicas, tan proclives a la propaganda política e ideológica de la historia oficial.
  • 16. 9 La entrada de los EE. UU. en la Segunda Guerra Mundial a finales de 1941, repercutió en Guatemala a todo nivel: económico, político y social. La llegada de los contingentes militares que, desde entonces habilitaron bases militares dentro de territorio guatemalteco, propició la creación de nichos de mercado inexistentes y la interacción intercultural donde ambas partes, nacionales y ex- tranjeros, llenaron necesidades tanto de un lado como de otro. Testigo fiel de estos sucesos MCL hace observaciones sobre cómo se relacionaban los individuos más jóvenes de distinto sexo y nacio- nalidad, frente a otros quienes veían con malos ojos a los extranjeros. Esta última situación, según la percepción de quien escribe estas líneas, tendría consecuencias importantes a nivel político y so- cial a mediano plazo. Durante esos momentos de transición cultural de la provinciana y mustia a una más cosmopo- lita y dinámica ciudad de Guatemala, un pequeño grupo de egresadas del Colegio betlemita le fue recibió una notificación de una resolución oficial que cambiaría sus vidas para siempre. Algunos años después, al terminar la guerra, nuestra biografiada tuvo la oportunidad de conocer de cerca el sueño americano, durante su permanencia en el Distrito de Columbia y a su regreso —junto con su tía materna— en el aun pintoresco y posrevolucionario México. Sin duda alguna estos viajes por Guatemala y el extranjero serían la nota más genuina de la alegría durante su juventud (c.1941- 1946). Entre secretos, la participación presencial de las juntas clandestinas y , las protestas de estu- diantes y maestros, el dictador democráticamente electo Jorge Ubico se retira finalmente a la vida privada, no sin antes nombrar a quienes ejercerán el poder. El dominio de casi tres generaciones de los llamados liberales guatemaltecos pareció vaporizarse en el aire cuando las fuerzas contenidas desde mediados de la década de los años treinta resurgen con ímpetu. Fue el despertar de una nueva generación de chapines que había perdido la paciencia, y que, aun con la férrea determinación del nuevo jefe del Palacio Nacional por retener las riendas del gobierno, parecía no estar dispuesta a doblegarse. Las conspiraciones, las manifestaciones públicas y los planes sin revelar eran constan- temente insinuados por los allegados del círculo de amistades de Marta. Muchos de estos personajes, en su mayoría jóvenes e inexpertos, tendrían peso en la escena política desde mediados de ese mismo año. Al final, en la madrugada del 20 de octubre por temor al estallido de la violencia en la somnolienta ciudad, nuestra biografiada se ve obligada a cruzar junto con su tía las calles para llegar al sitio en el que su señora madre estaba convaleciente dentro de las
  • 17. 10 instalaciones del antiguo Hospital Nacional. Junto con otras pacientes, religiosas del lugar y perso- nal médico son testigos de la carnicería en que se convirtió la revuelta popular dentro del mismo recinto. El mismo día, pudieron contemplar desde lo alto del sanatorio el incendio de la fortaleza que en alguna época defendió la entrada meridional de la Nueva Guatemala. Estos fueron los even- tos que le tocaron vivir en 1944. Tras el triunfo del movimiento cívico-militar, de acuerdo a la perspectiva de nuestra biografia- da, un ambiente de relativa libertad por fin se pudo sentir en la ciudad de Guatemala. Después de cumplir con su tiempo de labores en el departamento de Quiché, pasó a trabajar en distintos plante- les de la capital, siempre dirigidos por la educación pública. Después de algunos vaivenes, finalmen- te enlaza su vida con su pretendiente quichelense, quien logra posteriormente, entre sus contactos en Santa Cruz del Quiché y la ciudad capital, una colocación dentro de la burocracia hacendística de los gobiernos revolucionarios. Como conocido del segundo mandatario del período revolucionario, el cónyuge de nuestra biografiada gozó de la estimación por parte de los círculos políticos en las localidades donde trabajó; no así de quienes, por diversos juicios, los tachaban indistintamente de comunistas —tanto a Marta como a Enrique—, pues existían indicios de infiltración de grupos radicales dentro de las estructuras públicas del gobierno revolucionario. Nuestra biografiada siempre estuvo en la senda social del con- servadurismo apolítico, mientras que su esposo sí participó momentáneamente en la política afín al arbenzismo. Fueron años de arduo trabajo laboral y de alegrías por la llegada de las primeras hijas del ma- trimonio, a quienes, a pesar de ambiente tenso, lograron sacarlas adelante. Entre su servicio en los departamentos de El Quiché, Jutiapa y Santa Rosa transcurrió la vida de este matrimonio ya maduro —MCL se casó a los veintisiete años mientras que su marido cumplía treinta y cuatro en 1949—. Aun con su oficio de maestra y sus obligaciones familiares, nuestra biografiada tuvo sospechas so- bre lo que estaba sucediendo en las instituciones del estado, sobre todo dentro de la directiva del magisterio nacional. Se mantuvo con esta incertidumbre sin sospechar que el día en que daría a luz a su tercera hija sería el fin del experimento del llamado "socialismo espiritual", al mismo tiempo que hicieron su ingreso en la capital las milicias liberacionistas del coronel Castillo Armas, poniéndole fin a los llamados diez años de primavera democrática en Guatemala.
  • 18. 11 Ante el panorama incierto sobre el futuro de los funcionarios del régimen derrocado, una fami- lia numerosa que atender, un esposo sin trabajo y sin formación universitaria, las circunstancias ad- versas obligaron a MCL a llevar la pesada carga de mantener un gran hogar (entre hijas, madre, abuela y suegra). Muchos de sus conocidos y benefactores de años pasados se exiliaron debido a sus nexos con el régimen depuesto constituyéndose, en consecuencia, un período de tensión y perse- cuciones. Al verse en esta situación, nuestra biografiada quien había quedado en el limbo laboral tras su último alumbramiento, se vio en la necesidad de acudir a un funcionario de la Contrarrevolución a quien no conocía. A pesar de esa desventaja, cuando por fin logró su reunión, el burócrata prestó atención a su petición, pues su objetivo era solicitarle trabajo como docente. Al final, el joven liberacionista con- cedió a nuestra biografiada una plaza de docente muy solicitada. Algunos años después de estos eventos, tuvo a bien corresponder a la amistad de sus amigos, entre ellos, al último exprimer desig- nado de la asamblea de la república del régimen arbencista y un exdiputado ydigorista caído en des- gracia. †
  • 19. 12 Objetivos de esta investigación 1.— La idea inicial y fundamental por la que se ha llevado a cabo este trabajo de investigación es rescatar la mayor cantidad de experiencias vividas por MCL; estas mismas, con el tiempo, y tomando en consideración su trayectoria como estudiante, profesora, esposa y madre se han convertido en material de primera mano por su carácter histórico. 2.— Brindar a su familia y demás interesados, una nueva perspectiva y escrita sobre la época vivida por MCL, llegando a conocer el contexto donde le toco crecer, madurar y vivir. En muchos casos, por diversas circunstancias, algunos aspectos personales de la vida de nuestros seres queridos son desconocidos por su misma parentela, por lo que las memorias escritas ofrecen una ventana a un mundo interior por descubrir. 3.— Contrastar sus afirmaciones y memorias con referencias bibliográficas relativas a la época, para así confirmar o corregir lapsos que puedan presentarse dentro de la narración. En este caso es imperativa la búsqueda del dato ofrecido de manera constante en las entrevistas, puesto que es determinante corroborarlo para darle credibilidad y sentido a la narración aquí vertida. 4.— Intentar establecer un precedente de investigación metodológica que registre eventos de naturaleza histórica de personas apolíticas, que compartan sus observaciones y puedan dejar huella de los hechos. En la historia escrita de Guatemala —de momento—, hay muy poco material historiográfico accesible de fuentes no comprometidas con alguna de las múltiples corrientes de pensamiento transitadas en nuestro pasado. Desde la perspectiva de quien transcribe este texto, los recuerdos de un desconocido son tan valiosos como las memorias de los grandes biografiados del pasado. De este modo, se logran captar los eventos acontecidos en su vida —hoy ya históricos— desde la perspectiva de un individuo entre las mayorías, aun con sus propios prejuicios y percepciones personales.
  • 20. 13 Metodología ste proyecto se basó principalmente en herramientas metodológicas propias de su naturale- za, como la recopilación de memorias biográficas. Las entrevistas realizadas a la interesa- da superaron las decenas, un tanto prolongadas y agotadoras. Sin embargo, sus resultados fueron ricos en alusiones y detalles, debido en gran parte a su larga extensión. También se realizaron entrevistas más concretas y concisas a dos de sus hijas, Ana Lucrecia y Marta Guisela del Carmen, quienes proveyeron de muchos detalles y correcciones sobre fechas y eventos que, quizás por su avanzada edad, Marta pudiera estar confundiendo. Por tanto, la interven- ción de familiares que recordaban con eventos de su infancia constituye un enorme apoyo a la hora de cotejar la referencia oral y las referencias bibliográficas y hemerográficas existentes. Respecto al último punto, la corroboración de datos puntuales como fechas, nombres de personajes, institucio- nes y hechos poco conocidos es un imperativo ineludible para la plena justificación de lo escrito en el presente trabajo. De igual importancia es el respaldo de fotografías pertenecientes al archivo personal de Marta Camey de López y sus hijos, pues la presencia de imágenes alusivas al relato brinda mayor sustancia al mismo, evitando cualquier clase de interpretación ficticia sobre los hechos. Por último, la dispo- nibilidad de fuentes bibliográficas y hemerográficas, producto de investigaciones sistemáticas sobre los distintos períodos y personajes alusivos durante el relato, fueron el sustento científico más valio- so de las memorias pues, gracias a ella, fue posible confirmar de una forma más exacta los relatos aquí biografiados. La verificación de publicaciones en los diarios, periódicos, libros, reseñas y de- más referencias bibliográficas cumplió un papel fundamental para dar validez y credibilidad a lo narrado por Marta Camey de López. † E
  • 21. 14 Contexto general de la época n el año de 1922 sucedieron eventos importantes para el estudio de la historia del siglo XX, cuyas repercusiones posteriores marcarían el rumbo de las distintas sociedades, siste- mas económicos, escuelas de pensamiento académico y tendencias políticas que, a su vez se desplegaron alrededor del mundo en las siguientes siete décadas. Las ideas colectivistas más radi- cales se estaban difundiendo en todo el mundo, aprovechando la coyuntura de intervencionismo estatal iniciada a principios del siglo en el ámbito económico de las naciones pertenecientes a la civilización occidental. Las nuevas doctrinas fueron borrando paulatinamente todo rastro de progre- so material e ideológico originado en los dos siglos que antecedieron a la Gran Guerra de 1914. Bajo este contexto se dieron grandes transformaciones a nivel político también en América Central, pero de forma especial en Guatemala, aunque los cambios apenas empezaban y vendrían más. En el lapso de seis años desde los terremotos de diciembre de 1917 y enero de 1918, a las pérdidas económicas y materiales derivadas directamente de estos fenómenos se sumaron al arbitra- rio e irresponsable manejo de la hacienda pública, el cuestionado sistema de concesiones al capital foráneo y el despótico dominio sobre la sociedad guatemalteca2 , que originaron, a su vez, diversas luchas civiles que buscaban la destitución del presidente Licenciado Manuel Estrada Cabrera; que por primera vez en más de veinte años, todo esto caldeó el ambiente político nacional. Las conse- cuencias de este movimiento civil encendieron mechas de insospechado poder demoledor. Durante la "Semana Trágica" del 8 al 15 de abril de 192 finalmente se acabó con la dictadura del Benemérito de la Patria Manuel Cabrera—como insiste en designarle un ciudadano guatemalteco contemporá- neo a su época—3 . En los meses posteriores de la destitución del ex dictador, la incertidumbre y poca claridad de objetivos de los vencedores y el recelo de los vencidos originan una fuerte pugna entre los unionis- 2 Sabino, 2013, pág. 41. 3 Rodríguez, 1920, pág. 11. E
  • 22. 15 tas, quienes deseaban limitar el papel político de las fuerzas armadas y el ala constitucionalista del viejo orden liberal, que intentaba defender su postura. Finalmente, el frágil equilibrio de poderes que intentaba poner en práctica el primer experimento democrático de Guatemala, personificado en el presidente designado el agricultor Carlos Herrera Luna acabó debilitándose. Herrera Luna intentó preservar el estado de derecho frente a las pretensiones mercantilistas de ciertos grupos de interés, representados en diplomacia americana en Guatemala4 . Las alteraciones del orden político y social que resultaron de estos hechos afectaron no solamente a los personajes públicos más prominentes, también trascendieron al entorno de muchos protagonistas anónimos, testigos presenciales de los eventos hoy históricos, quienes —de una u otra forma— participaron dentro del régimen imperante. Finalmente, el general de brigada don José María Orellana Pinto asumía la silla presidencial el 4 de marzo de 1922—5 . A principios de aquel año, el tricentenario Imperio Británico llegaba a su cénit territorial, cu- briendo casi una cuarta parte de la superficie terrestre, albergando al 20% de su población total6 . Simultáneamente, el gobierno de Su Majestad Británica concluía tres años de guerra contra los re- publicanos irlandeses, acordando finalmente la creación del Estado Libre de Irlanda (7 de enero). Posteriormente, esta nación se sumiría en una guerra civil tras diversas disputas internas (22 de agosto), lo que agregó un año más de conflicto armado. Durante el mismo mes, en el campo de la medicina, Frederick Banting comenzaba a emplear exitosamente la insulina en el campo de la medi- cina para el tratar pacientes diabéticos (11 de enero)7 . Mientras tanto, en el viejo continente, el expresionismo alemán abría nuevas perspectivas artísticas, especialmente con la puesta en escena de Nosferatu, eine Symphonie des Grauens8 (4 de marzo), y la fase hiperinflacionaria del marco alemán hacía estragos en la llamada República de Weimar9 . El declive de su valor empieza el 31 de agosto de 1919 (US$1 - 100 DM), cuando los rigu- rosos términos del Tratado de Versalles obligan al gobierno de Berlín a devaluar la moneda; esto propició entonces la pérdida de valor de cambio a principios de 1922 en US$1 - 200 DM, cerrando a 4 Arzú I., Ordoñez J., & Prado B., 2010, pág. 111. 5 Asociación de Amigos del País & Fundación para la Cultura y el Desarrollo, 1996, pág. 39. 6 Maddison, 2001, págs. 98, 242. 7 Grun, 2005, pág. 482. 8 Nosferatu, una sinfonía del horror. 9 En la historiografía alemana no existe dicho término, pues el nombre oficial del estado germano era Deutsches Reich (Imperio Alemán) que fue abolido en 1945.
  • 23. 16 principios del año siguiente con una devaluación de US$1 – 49,000 DM aproximadamente10 . Debido a causas de índole política y económica, los movimientos revolucionarios socialistas, en muchos casos orquestados por la Internacional Comunista, se lanzaron a la lucha contra las recién nacidas repúblicas de Europa Central y Oriental, las cuales respondieron frente al ímpetu bolchevique. Aun sin lograr mayores resultados en su internacionalismo, los comunistas lograron tomar efímeramente el poder en Finlandia y Hungría,11 pero el ejemplo más tangible y famoso fuera de la U.R.S.S se desarrolló en Baviera. No obstante este aparente triunfo, la expedición punitiva del ejército imperial para aplastar al gobierno socialista del «Estado Libre de Sajonia», dio por terminado el experimento pro-soviético en Alemania. Mientras estos eventos se daban en el teatro centroeuropeo y oriental, en la ciudad eterna de Roma sucedían dos hechos importantes: al morir el papa Benedicto XIV, —el día 9 de febrero—es elegido papa, tomando el nombre de Pío XI. Fue este un pontífice un tanto olvidado por la historia, quien gobernó la Iglesia Católica durante el interbellum de 1922-1939; y que como dato curioso, fue el padre del movimiento laico misionero que tendría un papel fundamental en la historia de Guate- mala varios años después, la denominada Acción Católica. Este mismo pontífice beatificó y cano- nizó tantas figuras importantes como uno de sus más influyentes sucesores en el trono de Pedro me- dio siglo después, Juan Pablo II. También fue uno de los primeros personajes mediáticos en denun- ciar el siniestro triangulo sociopolítico que formaban en aquellos días la Rusia soviética, la España republicana y el México postrevolucionario, a causa de la persecución sistemática de los cristianos, dirigidas principalmente hacia el clero católico y ortodoxo en estas naciones12 . No obstante, en un principio mostró simpatía hacia el fascismo en el que percibía postulados de tipo corporativista, aná- logos al espíritu de la encíclica del papa León XIII13 , pero antes de morir en febrero de 1939, dejó una encíclica inconclusa donde condenaba el antisemitismo totalitario del nacionalsocialismo alemán14 . El siguiente movimiento revolucionario se dio con el surgimiento del segundo gran tota- litarismo vigesimonómico: el fascismo italiano, que se dio a conocer mundialmente con la marcha 10 Wikipedia [versión en alemán], 2014, cap.4. 11 Sabino, 2013, pág. 28. 12 Wikipedia [versión en inglés], 2014. 13 León XIII, 1891. 14 Wikipedia [versión en inglés], 2014, ¶ 2.2, capág.2.
  • 24. 17 de sus seguidores —los camisas negras— en las calles romanas (28 de octubre), guiados por la ca- rismática figura de Benito Mussolini. Dos días después, el ex militante de la izquierda socialista, se convertía en el primer ministro más joven de Italia, que por casi una generación marcaría los desti- nos del pueblo italiano bajo su férrea dictadura. Mientras el Duce se hacía con el poder, en la lejana Rusia se daba por terminada su brutal guerra civil15 . En el mediterráneo oriental, el derrumbe del decrépito sultanato en Constantinopla aumentaba las tensiones religiosas y étnicas en la región, las cuales llegaron a su máximo nivel con la derrota militar del ejército expedicionario griego en Asia Menor y la evacuación masiva de cristianos grie- gos y armenios étnicos durante el incendio de Esmirna entre los días 9 y 15 de septiembre, sin tener claro hasta la fecha quienes fueron los responsables de tal evento, si las tropas griegas en retirada o los vencedores kemalistas durante el auge de nacionalismo turco, en cuyo caso recaen testimonios de testigos europeos y americanos de excesos hacia los civiles16 . Dos meses después, el primero de noviembre, el Imperio Otomano quedaba abolido de manera legal por la Asamblea Nacional Turca. A causa de la ocupación militar aliada en casi toda la península de Anatolia, el cuerpo legislativo concentrado en Ankara (22 de septiembre) logro resistir la invasión desde varios frentes distintos. Finalmente la coalición fracasó a causa de las fuertes tensiones entre británicos y franceses17 , hecho que finalmente capitalizo Mustafá Kemal Ataturk, padre de la República Turca. Mientras la convulsionada situación política y económica en la Europa de la postguerra sem- braba las semillas para un nuevo conflicto bélico, el Reino de Egipto gana su independencia política del Imperio Británico el día 28 de octubre. A menos de una semana después del evento, durante los trabajos de investigación científica en la necrópolis de la antigua Tebas, se realiza uno de los descu- brimientos arqueológicos más importantes del siglo XX. El día 4 de noviembre, la expedición ar- queológica del egiptólogo Howard Carter descubría la tumba casi intacta de un joven faraón olvida- do: Tutankamón, cuya apertura no se había dado en tres mil años18 . En los dominios del depuesto zar de Rusia, surgían dos figuras emblemáticas que con el tiempo vendrían a despertar pasiones y temo- 15 Grun, 2005, pág. 483. 16 Wikipedia [versión en inglés], 2014, ¶ 2.3, capág.2. 17 Redacción, Diario de Centro América, 1922, pág. 4, 4ª col. 18 Grun, 2005, pág. 480.
  • 25. 18 res: Iósif Stalin es nombrado como Secretario General del Comité Central del Partido Comunista (3 de abril), y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas creada el 30 de diciembre19 . En este lado del océano Atlántico, la efímera unión de iure centroamericana entre casi todos los estados (exceptuando Nicaragua, que estaba bajo la ocupación militar de EE. UU.)20 llegaba a su fin, sin mayor pena ni gloria. En ambientes lejanos y situaciones tan complejas de asimilar, las noti- cias encontradas en los diarios de la época hacen pensar en un contexto local que, si bien agitado, no podía compararse de forma alguna a las tenebrosas circunstancias se daban en otras partes del globo. Algunos de los reportajes periodísticos que registraron el acontecer interno de Guatemala, muestran noticias un tanto insustanciales, como las particularidades en las celebraciones del centé- simo primer aniversario de la independencia centroamericana por parte de los liberales en distintos pueblos del interior, elogiando la gestión del general Orellana, o la forma en que las autoridades de Gobernación y Justicia solicitan la colocación de sacerdotes nacionales en las principales parroquias del país, debido a que la percepción general era que los curas extranjeros eran más proclives a inter- ferir en asuntos de política interior dentro de sus feligresías21 . Incluso se muestra un ejemplo bastan- te curioso sobre la manera en cómo se resolvían las controversias entre entidades públicas —como la municipalidad— y empresas privadas, donde la Empresa Eléctrica, por razones de incumplimien- to de contratos y la subsiguiente deuda contraída por parte de la comuna por el servicio recibido hasta el 31 de diciembre de 192122 , obligó a la entidad generadora de electricidad a denunciar públi- camente el incumplimiento del concejo municipal amenazando con suspender el servicio general, a lo que el alcalde Arrivillaga respondió —en campo pagado— reconociendo la falta de controles so- bre el consumo general, y les recordó que la corporación municipal ya iba saldando el compromiso pendiente, solicitando una prórroga de cancelación final de la deuda que debía salir del gravamen a las harinas. En este orden de ideas, el desorden heredado de la caída del régimen anterior sobre la gestión de los servicios creó un entorno de animosidad, excesivo para la época, sobre los vecinos de la capi- tal, ya que la municipalidad de Guatemala era dirigida por don José Francisco Arrivillaga, finquero y miembro del Partido Unionista (o, como los denominaba la línea editorial del oficialismo, los con- 19 Ibídem, pág. 482 20 Asociación de Amigos del País & Fundación para la Cultura y el Desarrollo, 1996, págs. 87-92. 21 Redacción, Diario de Centro América, 1922, pág. 1, 2ª y 3ª cols. superiores; Ibídem, 4ª y 5ª cols., superiores. 22 Ibídem, 1922, pág. 1, 4ª col. en medio.
  • 26. 19 servadores) a quien, en representación de toda la corporación municipal, se le hacía toda clase de señalamientos sobre maniobras «espurias e ingratas» a causa del manejo del ayuntamiento desde el oficialismo liberal23 . Otro columnista anónimo —pues muchas notas no se rubricaban— señala el alza de los im- puestos de distribución de energía eléctrica y agua potable en un 30% con respecto al año anterior, además del final de las exoneraciones para exportar todo material de construcción libre de tributa- ción, quedando vigentes las tarifas previas a 1918. Los unionistas también son acusados de ser quie- nes incitan a las revueltas de los obreros y artesanos tanto en la ciudad capital como en otras donde la industria era importante. Agregando otros factores a la tensión política, la actitud del Estado y de ciertos grupos civiles proclives al liberalismo frente a ciertos elementos de la Iglesia Católica con- firmaba la tradición anticlerical de épocas pasadas, aunque con escasa virulencia. Esto último se comprueba en algunos comentarios expresados a través del diario oficial, donde representantes municipales del pueblo de Chiantla, en el departamento de Huehuetenango, publican el siguiente fragmento: «Municipalidad en representación del pueblo, agradece al Supremo Go- bierno acuerdo expulsión del territorio de la República del cura Eloy Suarez Cobián, que tantas difi- cultades acarreó al vecindario. El jesuitismo no debe existir en nuestro país y nos congratulamos felicitando respetuosamente al Gobierno constituído (sic) por acertadas disposiciones que el pueblo de Chiantla, como los demás de la República están dispuestos a sostener24 ». † 23 Debe tenerse en cuenta que el denominado «liberalismo» en Guatemala fue una suerte de eufemismo retórico que disfrazó al viejo caudillismo americano posindependentista con el espíritu anticlerical de los ilustrados radicales. Estos, a su vez, se veían ligados por convicciones ideológicas al liberalismo francés —nacionalista y colectivista—, contra- puesto al liberalismo angloamericano, más proclive al individualismo y al librecambismo, en Sabino, C. Notas de clase, Historia contemporánea de América latina, 17.02.2014. 24 Redacción, Diario de Centro América, 1922, pág. 6, 6ª col., superior.
  • 27. Portada del diari cer MCL. El es imperaba en la G Fuen 20 ario oficial del día 15 de septiembre de 1922, una sema espíritu de la época respondía al liberalismo decimo a Guatemala post-cabrerista. ente: Redacción, Diario de Centro América, 1922, port mana antes de na- onónico que aún ortada.
  • 28. 21 Antecedentes: Familia, parentela cercana y amistades significativas revio a la descripción sobre los primeros años de Marta Camey Herrera, vale la pena hacer un prontuario sobre los miembros de su entorno familiar que permita atar ciertos cabos sueltos en la narración biográfica. La información disponible sobre los antepasados conoci- dos de MCH, ayudarán a entender algunos de los aspectos más significativos de la vida de nuestra biografiada. La razón de esto es que muchos de ellos tuvieron alguna incidencia en el acontecer de sus comunidades, y en lo sucesivo entraron a formar parte de la historia nacional, aún cuando sus nombres no sean de relevancia para la generalidad historiográfica. Ante lo fragmentario de algunos documentos, descripciones y hallazgos bibliográficos, nos vemos en la necesidad de hacer algunas reconstrucciones de carácter deductivo, que nos permitan ligar los eventos que los personajes tuvie- ron con su entorno inmediato —que hoy ya es historia—. Sobre el padre de nuestra biografiada, la información, hasta este momento, es escasa y dispersa. De acuerdo a lo narrado por MCH, su fecha de nacimiento correspondía al mismo día de aniversario de bodas con la que sería su futura esposa, es decir, el día 17 de noviembre en la ciudad de Quezaltenango24 . Víctor Manuel Camey Figueros (17/11/1890 - 26/4/1927) provenía de una familia quezalteca con posibilidades económicas. En aquellos días solo quienes pertenecieran a los sectores producti- vos más importantes podían darse el lujo de ofrecerles a sus hijos una educación esmerada. El joven Víctor Manuel se formó en instituciones privadas como el Instituto Nacional para Varones de Occi- dente,25 academia estatal de enseñanza vocacional muy reputada tanto durante el período liberal co- mo en los años subsiguientes. Su padre, don José Antonio Camey, también vecino quezalteco, ejerc- ía la profesión de ingeniero topógrafo y, por tanto, era egresado de la antigua Escuela Politécnica 24 La forma historiográfica en cómo se escribía el nombre la ciudad altense fue modificada en el Decreto Ley 92-84 durante el mando del Jefe de Estado, General Oscar H. Mejía Victores. 25 Jones J.B. et al. 1915, pág. 292. P
  • 29. (los egresados recibían gal ingenieros don Claudio Ur importancia para la ciudad el estudio, trazo y construcc Ciudad Vieja y Santa Clara Los espo Herrera C (c.1920). Fuen 22 alones de subteniente) y formó parte del cue Urrutia y don Francisco Vela cuando se realiz d capital a finales del siglo XIX y principios de ción de bulevar 30 de junio, que separaba al c ra, en lo que hoy constituyen las zonas 4, 9 y 10 posos don Víctor Manuel Camey Figueres y doña María a Campos de Camey (con su hijo Víctor Manuel en br 0). nte: Archivo fotográfico de Víctor Enrique López Cam uerpo técnico dirigido por los lizaron dos proyectos de suma del XX. El primero fue sobre cantón Tívoli de los cantones 10, respectivamente. ría Ester brazos). mey.
  • 30. 23 Por aquel entonces este bulevar era un paseo fuera del cantón del Centro, que hoy es conocido como la Avenida de la Reforma. En nuestros días forma parte del principal eje de circulación vehi- cular de la ciudad capital, pero en épocas pasadas, su orientación de Norte a Sur permitió comunicar a la ciudad con los pueblos —posteriormente cantones capitalinos— emplazados en el lindero sur del municipio, que serán enumerados más adelante. Este proyecto se ejecutó durante la gestión del expresidente y general José María Reina Barrios (1854-1898), entre 1892 hasta su muerte. El si- guiente proyecto de importancia fue la creación del mapa en relieve. Aquí, él se involucró desde el principio de la expedición donde —a lomo de bestia— registraban en las bitácoras de agrimensura todos los datos físicos de la República de Guatemala. Este proyecto está ubicado en el ala oriente del antiguo hipódromo del Norte, en el cantón de Jocotenango, punto de inicio de la 6ª. Avenida en di- rección N-S. Este proyecto de ingeniería se ejecutó entre 1905-1906, durante la administración del licenciado Manuel José Estrada Cabrera (1857-1924). Los datos anteriores se corroboraron en los archivos del Museo Nacional de Historia, en la sección dedicada al monumento. Dentro de sus haberes de la institución existen libros de planillas, fotografías, instrumentos de medición y demás objetos con innumerables referencias al proyecto, que hoy son piezas de la histo- ria nacional26 . El ingeniero Camey se casó con doña Mercedes Kunze De León, quien era familiar pariente de don Agustín Kunze, agricultor y militar quezalteco de origen alemán, quién llegó al gra- do de Comandante de Artillería del Ejército Nacional de la República en 191527 . Doña Mercedes era madrastra de Víctor Manuel; sin embargo lo crió, junto a sus cinco hijos menores, como si fuera suyo. Lamentablemente no hay registro alguno a la mano sobre la madre biológica de Víctor Ma- nuel, salvo su apellido paterno: Figueros. Al terminar sus estudios vocacionales en 1905, Víctor Ma- nuel ingresa en la imprenta El Comercio, siempre en la ciudad altense, ocupando el puesto de apren- diz en el arte tipográfico, oficio que le permitió incursionar posteriormente en el mundo del perio- dismo. Continuó en este oficio hasta 1911, cuando se traslada a la ciudad capital, y logra colocarse como periodista en los diarios El Nacional y La República permaneciendo en esta ciudad por tres años. En 1914 regresó a su ciudad natal, esta vez para hacerse cargo del diario fundado en 1912 por su pariente político, el Sr. Kunze antes mencionado. El nombre de este matutino fue El Diario de los 26 Información proporcionada por la licenciada Lucrecia López Camey de De la Rosa. 27 Jones J.B. et al. 1915, pág. 292.
  • 31. 24 Altos, que en 1915 tenía una circulación diaria de 2,500 ejemplares28 , volumen considerable si to- mamos en cuenta la escasa cantidad de personas con capacidad de leer y escribir. Lamentablemente no existen ejemplares ni del periódico El Nacional como el Diario de los Altos en la Hemeroteca Nacional de Guatemala. El 17 de noviembre de 1918, el joven Víctor Manuel, quién ya contaba con veintiocho años de edad, contrajo matrimonio con la señorita María Ester Herrera Campos (8/12/1901 - 25/02/1990). En aquellos días, era una joven de dieciocho años, quien junto con su hermana mayor, la señorita María Olivia Herrera Campos (11/4/1898 - 29/11/1954) había nacido en la ciudad de Huehuetenango, cabecera del departamento homónimo. María Ester, era conocida como Teshi, y su hermana mayor simplemente como Oli. Estas eran hijas de don José Elías Herrera Fernández (20/7/1869 - 24/1/1944) y doña Adela Margarita Campos Guillén (10/6/1873 - 7/10/1963). Don José Elías, cuyos descendientes conocieron bajo el sobrenombre de Papá Pepe, provenía de una familia de finqueros residentes de Chiantla, población anexa a la cabecera en el mismo de- partamento. Su familia se había dedicado al cultivo del café desde tiempo atrás. En su juventud, Papá Pepe se enlistó en la antigua Escuela Politécnica como cadete nº 352 en enero de 1885. Aquí recibió su educación complementaria hasta julio de 1886, cuando se dio de baja29 , a causa de la muerte de su señor padre, don Manuel Herrera (c.1825-1885). Según referencias de nuestra biogra- fiada, doña Francisca Fernández Paniagua, madre de José Elías, quien a la postre tenía diecisiete años, envió por él para que se hiciera cargo del negocio familiar en Chiantla y así poder ayudarla en el sostenimiento económico de sus siete hermanos menores. Un dato curioso es que ambos abuelos de MCL, José Antonio y José Elías, fueron cadetes de la misma promoción en la vieja academia militar. A pesar del infortunio por no haber concluido su formación académica, Papá Pepe continuó su formación empírica como oficial de línea. En el mo- mento de retirarse de la Escuela Politécnica tenía los galones de Sargento 1º. Poco tiempo después, obtuvo sus despachos de Subteniente de Infantería el 23 de agosto de 1886 y luego subió a Teniente de Infantería el día 26 de agosto de 1890 durante la administración del expresidente y general don Manuel Lisandro Barillas Bercián (1845-1904). En la época del siguiente mandatario, el general Reina Barrios, obtuvo su certificación de empírico en agrimensura, otorgado por el jefe político del 28 Ídem. 29 Toda la documentación legal y manuscrita sobre los despachos y distinciones otorgadas a don José Elías Herrera Fernández fechada desde 1886 hasta1927 fue proporcionada por MCL.
  • 32. departamento de Huehuete Este personaje histórico fue blica de Guatemala en la a general y segundo presiden era ya un personaje venerab 30 Jones J.B. et al. 1915, pág. 301 25 tenango, el general don José Joaquín Mont, e fue uno de los signatarios del Acta Constitutiv a asamblea legislativa del 19 de octubre de 18 ente de la misma, don José Rafael Carrera Tur rable e importante, apreciado dentro de la socied 01. Vistas de cipal de Huehuete de Guate algunos a Herrera C ma Lita. Ester con Manuel. Fuen , el día 18 de agosto de 1894. tiva con que se fundó la Repu- 1851, en tiempos del teniente urcios (1814-1865). Para 1915 iedad huehueteca30 . del ayuntamiento y el teatro muni- e la cabecera departamental de etenango, distrito del noroccidente temala. Por algún tiempo vivieron s años de su juventud las hermanas Campos junto con su madre Ma- . Fue en esta ciudad donde María onoció a su futuro esposo Víctor ente: Jones et al. 1915, p. 300.
  • 33. 26 Posteriormente, el abuelo materno de nuestra biografiada obtuvo los galones como Capitán de Infantería el día 10 de enero de 1902, prestando sus servicios como oficial en el frente de batalla durante la Campaña Nacional de 190631 , cuando se intentó derrocar, por segunda ocasión, al gobier- no del Licenciado Estrada Cabrera desde el exterior. Esta invasión se llevó a cabo por parte de los guatemaltecos exiliados al mando de don José León Castillo.32 Las milicias invasoras fueron apoya- das militarmente por los gobiernos de la República de Honduras y en especial por el expresidente de la República de El Salvador, General don Tomás H. Regalado Romero (1861-1906), jefe supremo de las fuerzas expedicionarias. Tras este fracaso para expulsar a Estrada Cabrera del poder, el mismo presidente salvadoreño encontró la muerte durante los combates en la aldea El Jícaro, municipio de Yupiltepeque del departamento de Jutiapa. Con este combate termina finalmente el largo ciclo de guerras en que Guatemala se involucró contra otras naciones durante casi un siglo. A razón del des- tacado desempeño en el campo de batalla, se le extendió a Papá Pepe el despacho de Comandante de Infantería del Ejército de la República, el día 2 de agosto de 1906. Su último despacho fue entregado por el entonces presidente de la república General de Divi- sión don Lázaro Tomás Chacón González (1873-1931), el 12 de agosto de 1927, quien lo condecoró con el grado de Teniente Coronel33 . Su esposa, doña Adela Margarita, conocida también por sus fa- miliares como Mamá Lita, nació en San Antonio Huísta, departamento de Huehuetenango. Debido a la situación geográfica en las serranías huehuetecas, respecto al resto de la región altense, el acceso a San Antonio Huísta era difícil y complicado. En todo caso, por aquellos años, Huehuetenango era una región totalmente aislada de la ciudad capital, sin caminos carreteros, mucho menos acceso vía ferroviaria.34 Para formarse una idea de lo apartado de estos parajes, nos abocamos a un testimonio de tiempos coloniales; reflejo mismo el contexto dentro del cual los abuelos de nuestra biografiada vivieron, aun transcurridos más de ciento cincuenta años. Se trata de las observaciones hechas por don Pedro Cortez y Larráz, tercer arzobispo del Gua- temala que, entre 1768-177035 , hacen justa mención sobre la lejanía y dificultad para viajar. El pue- blo se encuentra dentro de la vieja ruta comercial hacia la ciudad de Comitán, en el estado de Chia- 31 La historiografía nacional ha dado en llamar a este conflicto por el mote de la «Guerra del Totoposte»; véase Sabino, 2013, pág.106; Luján Muñoz, 1996, págs. 211-212. 32 Luján Muñoz, op. cit. 1996, pág. 87. 33 Ibídem, nota a pie nº 29. 34 Jones J.B. et al. 1915, págs. 72-73. 35 Cortez y Larráz, 1958, págs. 131-134.
  • 34. pas, lo cual siempre ha faci el intercambio comercial y punto en que —como nos «[…] ella decía sentirse má donde todo era mejor, pue […].» A causa de estas par cias e intereses, aun latente Cuando Mamá Lita c monia religiosa en San Ant tián Huehuetenango a las q mitad de camino entre la c En este sitio fue donde cre María Ester. Ante la necesid Los espos doña Adel Fuen 27 cilitado su accesibilidad a México. Esta proxim y cultural, y una estrecha afinidad entre amba s narra MCH— su abuela materna solía expre más mexicana que guatemalteca, era más fáci ues para llegar a Huehuetenango había que articulares condiciones, no es de extrañar ento tes, entre la ciudad capital y sus dependencias m contrajo nupcias con Papá Pepe, efectuaron ntonio Huista, pero luego compraron tierras en s que denominaron Santa Rita Bella Flor. Esta cabecera departamental con respecto a sus res recieron sus hijos María Olivia, Abelardo —qu sidad de darles instrucción a las jovencitas, el m osos don José Elías Herrera Fernández —alias Papá dela Margarita Campos Guillen —alias Mamá Lita— (c. ente: Archivo fotográfico de Víctor Enrique López Cam ximidad fomentó desde antaño bas poblaciones fronterizas; al presarse de la siguiente forma: cil llegar a Comitán a caballo e atravesar los Cuchumatanes ntonces las profundas diferen- más remotas. on los actos civiles y la cere- en el municipio de San Sebas- sta finca estaba a menos de la respectivos pueblos de origen. quien murió en la infancia— y el matrimonio Herrera Campos Pepe— y (c.1930). amey.
  • 35. 28 optó por enviar a su hija María Olivia a estudiar a la ciudad de Quezaltenango como interna en el asilo Santa María de Quezaltenango, uno de los institutos de enseñanza más respetados de la época, y que se mantenía mediante generosas donaciones de las familias más acomodadas de Guatemala36 . María Ester, por el contrario, se formó con institutrices privadas dentro de la finca de sus padres. Vivió con su padre en la finca hasta los quince años de edad, cuando se trasladó a la cabecera depar- tamental al lado de Mamá Lita. En 1916, la abuela materna de nuestra biografiada abrió uno de los mesones más importantes que en aquellos tiempos existían en la ciudad de Huehuetenango. Éste llevaba el nombre de Hotel Central y era el punto de tertulias entre las personalidades más conspicuas de la región. Uno de tan- tos visitantes de la hostería era el jefe político del departamento, el General Joaquín Mont. También recibían la visita del cura parroquial, un clérigo de origen italiano, mejor conocido como el Padre Nedi, quien fue muy recordado en la familia Herrera Campos, pues compartía las comidas diurnas con la familia, así como también algunos finqueros como don Federico Scheel, y otros individuos de la vida económica huehueteca. Por la aparente reputación del establecimiento, el joven Víctor Manuel dio con el lugar en al- guna viaje a esta población —visita de la cual desconocemos su propósito— y fue ahí donde cono- ció a María Ester, con quien contrajo nupcias a finales de 1918. Según nos referimos anteriormente, el matrimonio partió hacia Quezaltenango, a lomo de bestia, permaneciendo todo el año 1919 en la ciudad altense, en preparación de su viaje rumbo la ciudad capital, a principios de 1920. Al entrar en la Nueva Guatemala, el ambiente social y político era tenso y difícil. Hacía algunos años que la tris- teza y frustración venían agobiando la vida de los capitalinos, debido a múltiples factores como la destrucción de la ciudad con los terremotos de 1917 y 1918. Después de los fenómenos telúricos, decenas de miles de vecinos se vieron obligados a vivir durante años de forma precaria en los cam- pamentos de temploreras o champas improvisadas a lo largo de las vías de circulación y llanos cir- cundantes a la capital, coronando así sus penas al enfrentar el clima, la inseguridad y la indiferencia del régimen37 . 36 Redacción, Diario de Centro América, 1.01.1923 y 1924. 37 Sabino, 2013, pág. 42.
  • 36. Las edificaciones neo habían desaparecido en su m a la conducta irregular de la realizados gracias al cabild en Francia, Enrique Góme monseñor don José Cándid a día de los ciudadanos. Es sus sermones donde, en la s del templo de San Francisco Bajo la fachada de ideológicamente conservad 38 Luján Muñoz, 1998, pág. 213. 39 Sabino, 2013, págs. 43-44; Luj 29 eoclásicas, tanto coloniales como republicanas, u mayor parte. Las labores de reconstrucción e las autoridades y el manejo de la ayuda extran ildeo de personajes como el escritor y ministro ez Carrillo (1873-1827) —. La persecución ido Piñol y Batres (1878-1970), arzobispo met Este líder comunitario fue hostigado por la auto a sutileza de su retórica, realizaba críticas hacia sco39 . e buscar la integración política centroameri adores— lograron constituir el Partido Unionis 3. uján Muñoz, op. cit. Ídem. Retrato de do Herrera Camp riente preferida Fuente: Arch Víctor Enriqu as, de la ciudad decimonónica, estaban tambaleándose frente anjera38 —benévolos auspicios ro de la legación guatemalteca política de personajes como etropolitano, empañaba el día utocracia cabrerista a causa de cia el gobierno desde el púlpito ericana, varios individuos — nista, que en el fondo, buscaba doña María Olivia pos, la tía Oli, pa- ida de MCH (c.1923). chivo fotográfico de ique López Camey.
  • 37. 30 derrocar por los medios necesarios el régimen de casi una generación de Estrada Cabrera. Según lo que nos comenta MCH, a pesar de su aparente afiliación al régimen cabrerista, Víctor Manuel se había pasado al bando unionista; debido, en gran parte, a sus fuertes nexos con los intelectuales de la época. Desgraciadamente no tenemos referencia alguna de la participación de Víctor Manuel Ca- mey Figueros en los eventos ocurridos durante el primer trimestre de 1920 y la consecuente lucha cívica contra el cabrerismo conocida en la historiografía nacional como la semana trágica, entre los días 8 al 15 de abril. Cinco meses después de la caída del régimen cabrerista, nació el primogénito del matrimonio Camey Herrera, Víctor Manuel. El padre de nuestra biografiada tenía un solo her- mano varón, Francisco Camey Kunze, quien llego a ser conocido por MCH y su hermano mayor como Tío Pancho. Este personaje, es recompensado por su participación en el bando unionista du- rante las luchas cívicas recién pasadas, con un nombramiento por parte del gobierno de don Carlos Herrera Luna (1856-1930) de Interventor de Bienes Expropiados al ex presidente Estrada Cabrera. Por desgracia no se conservó nada del trabajo de Víctor Manuel —padre— como escritor, más allá de algunas referencias epistolares a sus familiares. Sin embargo, gozó de cierta reputación entre la intelectualidad capitalina, al punto de que el concejo municipal de aquel entonces, presidido por don Juan Francisco Arrivillaga, quien en aquel momento fungía como alcalde municipal de Guate- mala, lo designa miembro del Jurado de Imprenta, el día 22 de marzo de 1922 con período de un año de vigencia40 . Seis meses después, en la misma fecha, nacía su segunda hija, Marta, a quién, cómo era la costumbre de la época, le dedicaría palabras de afecto en la sección social del diario oficial41 . Aun cuando Víctor Manuel (p) fue una persona con un alto nivel de formación, por razones econó- micas tuvo que emigrar a los Estados Unidos en busca de un mejor futuro, por lo que se dirigió en barco a la ciudad de San Francisco, California. Esta travesía se llevó a cabo algunos meses después de nacida su hija menor. Mientras que Víctor Manuel —padre— se encontraba en el extranjero buscando una coloca- ción, su cuñada Oli llegó de Huehuetenango para acompañar a su hermana menor que acabada de dar a luz, para que no estuviese sola junto con sus dos hijos pequeños. Se radicaron entonces en una casona de cuarterón de la sección sur-oriente del cantón del Centro, donde años después se levantar- ía el edificio de la Dirección de Correos y Telégrafos de Guatemala, hoy mejor conocido como el 40 Documentación extraída del archivo personal de MCL. 41 Redacción, Diario de Centro América, 1922, pág. 6, 2ª col; Ibídem, 1922, pág. 2, 2ª col.
  • 38. Palacio de Correos. Al resp muy ambigua, debido a qu mación documentada sobre Lo único certero sobr ver; este esfuerzo pudo dars mento de Guatemala en aq nuestra biografiada hace m ciales en la ciudad capital, principios de 1927, Víctor Retrato de don años y Víctor antes de su mu Fue 31 especto de estos datos sobre Víctor Manuel — que no hay fechas precisas ni mayor detalle en re la salida o el retorno a Guatemala. bre el asunto es que, al no encontrar empleo a arse gracias a la intervención de su esposa ante aquel entonces, que pudo repatriarlo a Guatem mención a sus labores como tenedor de libros al, lo cual marcó un contraste en su vida a pa Manuel —padre— cayó enfermo de pulmo on Víctor Manuel —padre— posando con sus hijos Ma or Manuel—hijo—de seis. Esta fue la última fotografía d muerte en 1927. uente: Archivo fotográfico de Víctor Enrique López Cam —padre—, la información es en el relato, menos aún infor- alguno, se vio forzado a vol- nte el jefe político del departa- emala. Después de su regreso, ros para distintas casas comer- partir de 1920. Finalmente, a onía, enfermedad respiratoria arta, de cuatro ía de don Víctor amey.
  • 39. 32 que no tenía tratamiento farmacológico en aquel momento —pues los primeros tratamientos masi- vos con penicilina no se dieron hasta 1942—42 . Debido a la gravedad de su condición, hubo de ser internado en el Hospital Americano, que era centro de salud auspiciado por la misión presbiteriana en Guatemala43 . Este nosocomio estuvo ubicado en los suburbios al norte de la capital, sobre la Avenida del Hipódromo, hoy mejor conocida como Avenida Simeón Cañas, en el cantón de Jocotenango, hoy parte de la zona 2. Permaneció hos- pitalizado hasta el 26 de abril de 1927, cuando finalmente falleció, según el informe médico a causa de bacilósis (sic)44 . Tenía poco más de treinta y seis años, y dejo a su esposa María Ester de veinti- cinco años y a sus hijos pequeños, Víctor Manuel de seis años y Marta de cuatro años y medio. Co- mo en muchas familias, la lucha por salir adelante empezaba cuesta arriba para la joven viuda. Por último, cuando Víctor Manuel —padre— fue enterrado en el Cementerio General, pero tuvo que ser alojado en la sección de los nichos arrendados. Sin embargo; algunos años después, con lo precario de la situación económica del país y las prioridades familiares, doña Teshi tuvo dificulta- des para pagar la renta del espacio en este camposanto. A causa de esto, en una fecha indeterminada y sin previo aviso, el cuerpo del difunto Víctor Manuel —padre— pasó al osario común, despare- ciendo así sus restos mortales que pudieran dar motivo a visitas futuras. El momento fue confuso y triste, pues el país se empobreció durante aquellos años. Muchos individuos perdieron sus propieda- des y compañías, así como varios bancos quebraron y el gobierno central quedo fuertemente endeu- dado. Estas circunstancias repercutieron de manera muy profunda la psiquis de todos los guatemal- tecos; tal fue la gravedad de la condición que el equilibrio político del gobierno chaconista se vino abajo. Terminaba así una época de auge económico, dando inicio a la difícil década de los años treinta45 . † 42 Wikipedia [versión en inglés], 2014. ¶ 5, cap. 9; Ibídem, 2014, ¶ 2, cap. 7.3 43 Jones J.B. et al. 1915, pág. 132. 44 Redactor: David Vela, Diario El Imparcial, 1927, pág. 7, 1ª col. 45 Sabino, 2013, pág. 79.
  • 40. 33 El hospital Americano era una casa de salud mantenida por el Comité Misionero Presbiteriano de Nueva York. En ella funcionó la primera escuela profesional de enfer- mería de Centro América. Dentro de este recinto falleció don Víctor Manuel padre en 1927. Fuente: Jones J.B. et al. 1915, pág. 132.
  • 41. 34
  • 42. 35 I. La infancia: Entre la provincia y la capital (1922-1926) a. Primeros años a vida de Marta Camey Herrera de López comienza el 22 de septiembre de 1922, en una casa grande de habitación o «casona de familia» ubicada sobre la esquina sur-poniente de la 7ª Avenida Norte y 12ª Calle Oriente del cantón Central; como ya se ha dicho en el capítulo anterior, y que hoy es conocido como zona 1 de la ciudad de Guatemala. Su madre fue doña María Ester Herrera Campos de Camey, quien fue atendida por una comadrona —especie de partera con estudios técnicos—, tal y como era la costumbre de aquellos días. Su padre, don Víctor Manuel Camey Figueros, como se mencionó previamente, se dedicó alternamente al periodismo y a la tene- duría de libros contables. El matrimonio Camey Herrera ya contaba con un niño pequeño, Víctor Manuel (2/9/1920 - 20/6/1989), quien había cumplido dos años de edad en el momento del nacimiento de su hermana menor, cuando la familia tenía menos de dos años de residir en la ciudad de Guatemala. Fue tal la alegria de los jóvenes padres, que en los dos días subsiguientes al nacimiento, por medio de dos anuncios en el diario oficial, aparece un breve saludo por su llegada a la familia, con la dicha y afec- to del tan esperado bebé, quien recibió el nombre de Marta46 . En los primeros meses de ese año, dos hechos importantes de la historia política de Guatemala ocurren de forma consecutiva: el primero fue el surgimiento de la facción progresista dentro del Par- tido Liberal, que fue una suerte de círculo autónomo dentro de la principal corriente política del libe- ralismo guatemalteco47 . Esta nueva agrupación política tuvo por objeto convocar a los simpatizantes 46 Redacción, Diario de Centro América, 1922, pág. 6, 2ª col; Ibídem, 1922, pág. 2, 2ª col. 47 Sabino, 2013, pág. 112. L
  • 43. 36 del entonces Brigadier Jorge Ubico Castañeda (1876-1946) como candidato presidencial quien, por aquel entonces, recibió sus últimos despachos dentro de la jerarquía militar nacional, siendo investi- do con los galones de General de División. Este hecho se verificó en el mes de mayo de 192248 . Según las narraciones que doña Teshi les contó a sus hijos, en la ciudad capital de aquel en- tonces, funcionaban dos sistemas de transporte urbano colectivo distintos: el primero era el tranvía, un tipo de tren tirado por caballos, establecido en época del presidente Reina Barrios, que, por aquel entonces, funcionaba para mover los escombros de las construcciones destruidas durante los sismos recién pasados y algunas que fueron demolidas posteriormente; el segundo era el decauville, que se movía con motores a vapor, pero que cesó sus operaciones algunos años después de iniciados sus recorridos, a causa de la poca rentabilidad reportada—según el último concesionario del medio de transporte don Ricardo Sánchez—. Este llegó a tener un funcionamiento de dos viajes diarios por vagón, los trescientos sesenta y cinco días del año. Después de los movimientos telúricos, el decauville reanudó funciones, ya como «Empresa Nacional de Descombración», compañía estatal que funcionó desde 1898 hasta 1928, cuando se uni- ficó con el tranvía con el objetivo de crear un ferrocarril urbano49 . La función de esta entidad estatal finalmente fue acarrear los escombros hacia el lado estrecho de la quebrada llamada La Barranqui- lla, para así prolongar la 12ª Avenida hacia el Sur, rumbo a los barrios de San Pedrito y Ciudad Vie- ja (hoy secciones de las actuales zonas 5 y 10). En la actualidad este relleno separa el complejo de- portivo de la Ciudad Olímpica con el asentamiento marginal La Limonada. Cerca de este sitio —según nos cuenta MCH y en palabras de su abuelo materno— al final de la 10ª Avenida Sur, se encontraba la garita del Guarda de la Barranquilla (frente a las viejas bodegas de la Estación Central del Ferrocarril Interoceánico) donde se cobró el impuesto de alcabala hasta la época de ex-presidente y general Justo Rufino Barrios Auyón50 (1835-1885) a los viajeros y merca- deres que ingresaban del suroriente. Pasado este punto, donde actualmente se encuentra el Estadio Olímpico Mateo Flores, había un paraje llamado Los Potreritos51 , donde se efectuaban duelos a muerte. 48 Ídem. 49 Urrutia, 2011, […] sobre el Tranvía, ¶ 7-10; Ibídem, 2011,[…] sobre el Decauville. 50 Burgess, 1926 (trad. 1972), pág. 172. 51 Urrutia & Gómez Flores, 1894. En el mismo documento se hace una descripción muy detallada sobre sitio descrito en el relato, acorde a la nomenclatura histórica así como un plano anónimo de la ciudad de Guatemala, hecho hacia 1908 (del Archivo General de Centro América) donde se encuentran algunas variaciones menores de los topónimos.
  • 44. El tranvía tirado po contaba a sus hijos ciudad capital frent te, el sistema funcio por. Un vagón del deca porte público cono Funcionó hasta 192 37 por bestias, tal y como funcionaba hasta 1917, según lo os. En la imagen, una de las unidades del primer trans nte al viejo Portal del Comercio y mansión de los Aycin cionó de forma simultánea con el decauville impulsado Fuente: Cruz, 2012. cauville recorriendo una vía no identificada. El segund nocido en la ciudad capital se impulsaba por medio d 928. Fuente: www.skyscrapercity.com, c.1925. lo que doña Teshi les nsporte público en la cinena. Posteriormen- do por motores a va- ndo sistema de trans- de motores a vapor.
  • 45. 38 La permisibilidad de semejante actividad era que la jurisdicción de los cuarteles municipales, terminaba en las garitas, por lo que toda actividad fuera de la ciudad no era regulada por la autori- dad, debido a su naturaleza ejidal. Este dato se verificó hacia finales del siglo XIX, cuando Papá Pepe estudiaba en la Escuela Politécnica.52 En la década de los años veinte, —además de la Barranquilla— aún existían otros viejos pues- tos de registro o antiguas garitas, ya que en calidad de puertas de ingreso seguían definiendo los límites urbanos conocidos por los vecinos: el Guarda del Golfo, ubicado en el entronque de las ca- lles del Reloj, del Golfo y Los Eucaliptos en el barrio de la Parroquia Vieja —respectivamente la bifurcación de la 4ª y 6ª Calles y la 24ª Avenida “A” de la zona 6—; el Guarda de Chinautla, entre el camino nuevo hacia aquel pueblo y la Avenida La Pedrera del barrio mencionado, —hoy 16ª Aveni- da y Diagonal 10 en la misma zona—; el Guarda del Incienso, al final la 6ª Calle Poniente final en el Cantón Elena —la misma calle de la zona 3—; el Guarda Nuevo de Mixco o de Buena Vista que se ubicaba al final de la 7ª Avenida Sur del Cantón Barrios— 1ª Avenida y 29ª Calle en la misma zo- na—; el Guarda Viejo de Mixco al final de la Calle Real del Guarda ó de la Libertad —renombrada posteriormente como Avenida de Simón Bolívar en la actual Estación nº 2 de la Policia Nacional Civil, entre 40ª y 41ª Calles de la zona 8—; y el Guarda de la Villa de Guadalupe, en el entronque de la Calle Real de esa población y la antigua salida hacia San Salvador, en el extremo oriental del ba- rrio de la Villa de Guadalupe, donde hoy se encuentra la Estación nº 13.2 de la Policía Nacional Ci- vil —en la bifurcación de la 20ª Calle y Diagonal 6, hoy zona 10—53 . Estos puntos de entrada a la Nueva Guatemala, que originalmente tenían como objetivo alber- gar las barracas de las comandancias de infantería y dormitorios comunales para los viajeros, fueron finalmente suprimidos en época de presidente Ubico Castañeda, cuando los entregó a la Dirección General de la Policía Nacional. Algunos de estos sitios vendrán a conformar parte del entorno donde MCH vivió experiencias como persona adulta. Eran los años posteriores a la dictadura cabrerista, cuando los movimientos sociales —tanto de intelectuales como estudiantes y obreros— tomaron de nuevo auge en pos de la ansiada libertad de pensamiento que desde su derrocamiento venían gozan- do. En la misma época, personajes como Miguel Ángel Asturias y David Vela concebían el famoso 52 Camey Herrera, 1995. 53 Véase en Urrutia & Gómez Flores, 1894; Polá de Torroella, 1936; Inter-American Geodesic Survey & Ministerio de Comunicaciones y Obras Públicas, 1955.
  • 46. himno de protesta de los es las naciones centroamerica medio de los ya usuales ar hecha en el buque Tacoma En esta ocasión, mien nismo populista— continua unión centroamericana"; la Managua —ratificado en 1 dos centroamericanos. La c bueno del país del norte en tos, tuvo resultados insustan En este orden de idea mica mundial de aquellos d ron dos mil millones de dó sistema, en lo que iba de 19 54 Asociación de Amigos del Pais 55 Ibídem, pág. 92 56 Ibídem, Herrarte. «Intentos de 39 estudiantes universitarios, La Chalana, en ese m canas intentaban, nuevamente, arreglar sus d arbitrios por parte del gobierno de los Estado de la armada americana, el 22 de agosto de 19 ientras la retórica del progresismo —la versión uaba instando por "un proceso práctico que e la sola existencia y del tratado Bryan-Chamor 1907— era la manzana de la discordia entre a confirmación de estos acuerdos diplomáticos en materia de integración regional que, a la larg tanciales para los ciudadanos del istmo56 . eas, se han encontrado noticias muy interesant s días. Notas como la inflación en Estados Unid dólares americanos —US$ 2,000,000,000— 1922. Este monto era un agregado a los présta ais & Fundación para la Cultura y el Desarrollo, 1996, p de Reunificación Centroamericana». e mismo año54 . Mientras tanto, diferencias interestatales por dos Unidos, en la conferencia 192255 . n americana del intervencio- encamine hacia el ideal de la orro por parte del gobierno de re Nicaragua y los demás esta- os era vital para lograr el visto rga, como muchos otros inten- antes sobre la situación econó- nidos, según la cual, se otorga- en créditos a los bancos del stamos monetarios hechos des- pág. 13. Puente ferroviario, en el tope sur de la 10ª Ave- nida. Detrás del mismo se aprecia la garita del Guarda de Pinula, mejor conocido bajo el nom- bre homónimo del acci- dente orográfico: La Barranquilla. Fuente: MuVIM, s.f.
  • 47. 40 de 1921 hasta finales de junio del año en curso con veinticuatro mil millones de dólares —US$ 24,000,000,000—, en préstamos, aclarando incluso que los bancos poseían mayores reservas para quienes desearan demandar cualquier tipo de préstamo. Se hablaba de negocios liquidados para depositar el efectivo en los bancos, a manera de inver- sión57 . Como reflejo de la reunión de expertos en la reforma monetaria del sistema del patrón oro en Génova, durante marzo y abril de ese año, la creencia de la emisión de dinero barato se generalizó, convirtiéndose entonces en la antesala misma de un escenario nada halagüeño que se manifestaría en los siguientes cinco años. Durante ese tiempo, muchos pensadores tratarían de advertir con señales de alerta mas, por su situación marginal en la toma de decisiones, no serían escuchados58 . De regreso a la narración de MCH, sus recuerdos más lejanos llegan a 1925; siendo una niña pequeña, recuerda que su familia se trasladó de la 7ª Avenida Sur, entre 11ª y 12ª Calle Oriente en el barrio de Capuchinas, hacia una casa de habitación situada en la 14ª Calle Poniente, entre 3ª y 4ª Avenida Sur del barrio de San Francisco. Curiosamente, la residencia que colindaba con su casa de habitación era precisamente donde vivían el Bridagier Jorge Ubico y su señora doña Marta Lainfies- ta de Ubico. En esos años de su infancia MCH cuenta que este barrio sureño era un sitio muy tran- quilo y sobrio, donde tenían la oportunidad de disfrutar del parque Concordia como amplio campo de juego que compartía con su hermano Víctor. Como su vivienda era muy pequeña y no contaban con espacio para jugar aprovechaban el sitio. En una ocasión, la mascota de Ubico —un mico en palabras de MCH—, se saltó el lindero que separaba ambas casas. Marta, quien tendría a la sazón unos tres años y medio de edad, buscaba un juguete de su elección. Su búsqueda la llevó directamente a su cuarto de habitación, más no contó con encontrarse de frente con el primate invasor. El animalito escurridizo estaba entretenido lamién- dole la cara a su muñeca favorita, lo que hizo que la niña montara en cólera, y acto seguido le arrancó el juguete al intruso, que seguramente huyó despavorido. Mientras tanto, MCH fue directa- mente a sumergir la muñeca en el tanque de la pila que tenían en casa, a causa de la repulsión que le produjo el mono. Debido a las reglas de convivencia de la época, los barrios urbanos gozaban de heterogeneidad social, donde las familias importantes de comerciantes y políticos se codeaban con otras familias 57 Diario de Centro América, 22/7/1922, «Noticias internacionales», pág. 8, 2ª col., «Exceso de dinero». 58 Cachanosky, 1989, págs. 3,7 y 13.
  • 48. menos favorecidas económ respeto entre todos los ciud sonas conocidas se saludaba Existía un espíritu de interesante es que, durante e te del señor presidente, G MCH logró guardar recuerd 41 ómicamente. Un rasgo muy emblemático de e iudadanos, pues sin importar sus finas ropas o aban durante los recorridos de calle. de genuina urbanidad entre los distintos estra te ese año se desarrollaba el proceso electoral; l General José María Orellana Pinto (1872-19 erdos sobre cómo se desarrollaron las eleccion esta mezcla era la armonía y o su apariencia física, las per- ratos de la sociedad. Un dato luego de la inesperada muer- 1926) en Antigua Guatemala. iones de aquella vez en que se Jardín o parque La Concordia, entre 5ª y 6ª Avenidas Sur, sobre la 14ª y 15ª Calles rumbo al Oriente. En este paseo fue donde los hermanos Camey Herrera disfrutaron tranquila- mente de su primera niñez. En la actualidad parque Enrique Gómez Carrillo—. Fuente: Villacorta Calderón, 1926, pág. 73; s.n., 2011.
  • 49. 42 enfrentaron en las urnas los brigadieres Jorge Ubico y Lázaro Chacón. Se repartían volantes con las fotos del candidato por todas las calles, con el objeto de informar al público votante —solamente los hombres mayores de 18 años— por quién debía votar, ante la aparente falta de instrucción o infor- mación sobre quiénes eran los candidatos. Aún en la lejanía del tiempo, MCH recuerda a Chacón, el vencedor en estas elecciones, como un gobernante humano e íntegro, pues jamás se escuchó que en su período hubiera malversación de fondos públicos. Sin embargo, después de que la crisis econó- mica llegara a Guatemala, cayó enfermo y marcha hacia los Estados Unidos, donde falleció al poco tiempo. MCL puede constatar el dato, debido a que tuvo una estrecha relación con dos ramas de su familia, los Cordón Chacón y los Franco Chacón, oriundos del terruño del presidente, el municipio de Teculután, departamento de Zacapa, en el oriente de la república. Regresando al relato con referencia a Ubico, aparte de su residencia en la ciudad capital sobre la 14ªCalle Poniente, poseían una finca llamada Santo Tomás, sobre el camino que comunicaba Palín con Escuintla, en la bocacosta. La finca de Escuintla en la actualidad es de propiedad estatal, y la utilizan los presidentes de turno para pasar sus temporadas de descanso, donde se reorganizan, entre otras actividades, partidos de fútbol entre los empleados públicos y otros equipos de liga na- cional, para luego terminar las jornadas de descanso disfrutando de los encantos y excesos que ofre- ce las prerrogativas de la política. ‡
  • 50. 43 b. Sitios, lugares y anécdotas de aquel entonces. or aquel entonces, la ciudad de Guatemala tenía un espacio habitado más o menos conforma- do por distintos barrios, cantones y fincas. Los que se designan a continuación son algunos de los más antiguos y emblemáticos; y otros representan el desarrollo urbano de los primeros treinta años del siglo pasado: en el cantón del Centro los arrabales los conformaban sitios como el barrio de Candelaria —zona 1— y la Parroquia Vieja —zona 6—; mientras que Jocotenango y el Hipódromo del Norte —zona 2— eran los distritos residenciales. El comercio, los servicios y de- pendencias del Estado, se encontraban dentro del casco histórico conformado desde la 1ª hasta la 18ª Calles y entre la Avenida Elena hasta la 12ª Avenida59 . Las viejas fincas como Gerona, El Administrador y El Tuerto se ubicaban en la periferia suro- riental del Cantón Central, mientras que la estación ferroviaria y la aduana central servían como su límite. Al poniente, la finca de Palomo, fue convertida en el barrio del Gallito —en la zona 3—, en el Norte, los potreros de Corona y Ortega fueron urbanizados, dando paso al barrio Moderno y el Martinico —en la zona 2—. En el extremo suroriente, la hacienda de La Palma, junto con la finca La Chácara, —zona 5—fueron urbanizadas durante esos años, no obstante aun servían de paseo a las familias y los amigos. Según recuerda MCH, estas propiedades las compró el gobierno durante el período de presidente Chacón González (1926-1930) para quienes se quedaron sin hogar después de los terremotos de 1917-1918, sobre todo para muchas familias de origen humilde. Otras áreas que MCH logró recordar de su niñez eran precisamente aquellas donde el ancho de sus calles y avenidas era mayor que el de las existentes en el centro. Las dimensiones de las vías de circulación siempre fueron muy heterogéneas y variaban de lugar a lugar. Añoraba poder visitar con su familia los cantones poco habitados que se situaban al final de la Avenida Elena —vía de circula- ción nombrada en honor a la hija mayor del ex-presidente general Rufino Barrios, doña Elena Ba- rrios Aparicio—. Estos rincones de la urbe, que se localizaban alrededor del Cementerio General tales eran los cantones Barrios y Barillas —localizados en la actual zona 3—. Por último, siempre en el rumbo anterior en la salida hacia el Sur se encontraban los viejos arrabales de San Gaspar, Santa 59 Aun con la creencia tradicional, así como la historia oficial, de acuerdo al plano diagramado por Marcos Ibáñez res- guardado en el Archivo General de Indias (ES.41091.AGI/27.13//MP-GUATEMALA,234), el trazado original del mis- mo corresponde al área comprendida desde la 2ª hasta la 18ª Calles —de poniente a oriente— y desde la 0ª Avenida (Av. Elena) hasta la 12ª Avenidas, llegando hasta la 9ª Calle; para luego prolongarse hasta la 14ª Avenida (desde la 10ª Calle hasta llegar a la 18ª Calle)—con rumbo de norte a sur—, (N. de A.). P
  • 51. 44 Cecilia, llamados también Cantón La Paz —zona 8—, todo esto sobre la colina de Buena Vista, has- ta llegar a los tugurios de la Granja de Guirola en el Cantón Landívar y mencionado Guarda Viejo cerca de la estación ferroviaria y garita homónima —en lo que hoy es viaducto del Trébol—. También hacia el suroriente de éstos, cuyo lindero físico lo marcaba la línea del ferrocarril y las laderas de la prolongacion meridional de la mencionada colina, se encontraban las fincas, famo- sas por sus lagunas y arboledas, de los cantones de Exposición —zona 4—, Tívoli —zona 9—, Ciu- dad Vieja, Santa Clara y la lejana Villa de Guadalupe —zona 10—. En estas áreas, similares a las inmediatas, se construyeron chalets para las familias acomodadas, que convivían con las viviendas de los pobladores originales. Toda esta region meridional se consideraba fuera de la ciudad, aunque su jurisdicción estuviera adscrita al municipio de Guatemala. Para la década de los años treinta, las principales calles del cantón central fueron asfaltadas, sustituyendo así el viejo empedrado colonial. †
  • 52. Croquis de la sal pe— y al oriente muestra tanto los lo largo de los últ Fuente: Plan 45 alida sur —camino de Hincapié—, al suroriente —la v te —Las Vacas y Santa Rosita— de la ciudad de Gu os pueblos antiguos como las proyecciones de nuevas ár últimos años del siglo XIX y principios del XX. ano de la ciudad de Guatemala. Archivo General de Cen a villa de Guadalu- uatemala. Aquí se áreas urbanizadas a entro América.
  • 53. 46 II. El valor real de una madre. «Cuando nos quedamos solos»: (c.1927-1930) a. La familia va primero ras la muerte de don Víctor Manuel —padre—, la familia Camey Herrera se marchó a Quezaltenango, ciudad natal del finado, iniciando una nueva vida. Vivieron un tiempo con sus abuelos maternos, Papá Pepe y Mamá Lita. Estos señores, tras muchos años de vivir en Huehuetenango, se instalaron definitivamente en la ciudad altense para ya no regresar más a su tie- rra de origen. No se sabe qué ocurrió con Santa Rita Bella Flor, la finca de sus abuelos, pero dada la fuerte caída del precio del café desde 1927 hasta 1929 —donde el quintal perdió más de la mitad de su valor60 —, ofrece algún tipo de explicación por la cual dejo de mencionarse durante las conversa- ciones cotidianas. En esa época muchos agricultores perdieron sus propiedades, como consecuencia de la depresión económica. Por aquel entonces, y desde 1922, la tía Oli estaba casada con don José Santizo Baeza, perso- naje de mucha influencia en el Estado, ya que en aquel momento ocupaba un puesto importante en la Dirección General de Cuentas y posteriormente fungiría como subsecretario de Hacienda y Crédi- to Público en época del presidente Ubico. Al instalarse en Quezaltenango, Teshi Herrera, ya como viuda de Camey, solía frecuentar las casas de sus padres y de su hermana Olivia acompañada por sus niños. Mientras vivieron allí asistieron a distintos colegios privados de la ciudad altense. Marta estudió esos años en el colegio Liceo Infantil. De su hermano Víctor, no hay registro de su centro de estudios. Según nos cuenta MCH, ambos hicieron la primera comunión el mismo día, el 31 de mayo de 1930. 60 Sabino, 2013, pág. 98. T
  • 54. Durante los tiempos actividades que les represe mujeres de la familia Herre tiempo a la producción arte to con el cual se preparaban se hacían las mechas para l pósito de la cera liquida hi rueda colgante, de tal form dando vueltas sobre su eje, da, la rueda cambiaba la p friarse mientras completaba Fotografía grupal del Liceo Quezaltenango donde estudi serto derecho—, mientras vi Posteriormente regresaron a l Fuente: Archivo f 47 s difíciles de la depresión económica, las pers sentaran algún tipo de ganancia extra de su tra rrera Campos, en especial doña Teshi y Mamá rtesanal de candelas. MCH era muy pequeña pe an. Había una rueda suspendida del cielo raso, a las velas con hilos de algodón. Debajo del me hirviendo. Entonces, por medio de poleas y co rma que constantemente se pudiera levantar, c je, simultáneamente. Así, mientras caía la cera posición de las candelas, permitiendo que las ba el ciclo nuevamente. ceo Infantil, colegio privado de dió la pequeña MCH —en el in- vivieron en la metrópoli altense. a la ciudad capital, (c.1928). o fotográfico de MCL. ersonas realizaban variedad de trabajo como asalariados. Las má Lita, dedicaron parte de su pero recuerda el procedimien- o, que por debajo de la misma, mecanismo, se colocaba el de- contrapesos se manipulaba la , cayendo sobre el recipiente y ra de la mecha recién sumergi- las capas de cera pudieran en-
  • 55. Tiempo después de es milia Camey Herrera regre sentía también en Guatema bajo como costurera de la fa Sur. En 1930 se encontraba plo, en el edificio conocido de alquiler de las ciudades por ejemplo podían alberga nivel, que daba hacia la call En esta época, en que mentos de Santo Domingo Imagen del edificio rrio homónimo. Aq su hermano Víctor 48 esta importante iniciación en la vida espiritual gresó a la ciudad capital, en medio de la depr ala. Al poco de instalarse en una casa de alqu a familia Bianchi, quienes tenían un taller de so aban viviendo en el barrio de Santo Domingo, ido actualmente como las Mil Puertas. Este fu es con influencia europea, grandes espacios pa rgarse pianos en sus niveles superiores y local alle. que el vehículo motorizado era propio de fami go eran idóneos para un vecindario que no nec icio de apartamentos frente al atrio del templo de Santo Aquí vivieron a principios de la década de los años trei tor y doña Teshi (c.1970). Fuente: Archivo fotográfico digital del autor. ual, a mediados de 1930, la fa- epresión económica que ya se quiler, Teshi logró obtener tra- sombreros sobre la 6ª Avenida , precisamente frente al tem- funcionaba como los edificios para familias medianas, donde ales comerciales en su primer milias acaudaladas, los aparta- necesitaba desplazarse grandes to Domingo, en el ba- reinta MCH junto con
  • 56. 49 distancias, pues comúnmente las viviendas estaban separadas de los lugares de trabajo a no más de veinte minutos caminando. En su defecto, el transporte de bus urbano ya prestaba un servicio útil para la mayoría. Este sistema entró en funcionamiento en 1927 y cubría rutas largas como la 6ª y 7ª Avenidas (de Sur a Norte y viceversa) 7ª y 8ª Calles (de oriente a poniente y viceversa), la 1ª y 18ª Calles (ídem) hasta la salida sur de la ciudad —hoy Avenida Bolívar—, llamada en aquellos días Calle Real de la Libertad hasta finales de la década de los años veinte61 . A diferencia de nuestros días, cuando la necesidad de trabajo nos obliga a realizar prolongados desplazamientos y donde la vivienda se convierte en mero refugio nocturno sin mayor contacto entre vecinos, a principios de la década de los treinta, los vecinos de conjuntos multifamiliares (que eran escasos) solían entablar mayor contacto entre sí, cuando menos hasta donde los inquilinos podían compartirlo. En esos días, las familias guardaban relaciones tan estrechas unas con otras, que sus hijos po- dían darse el lujo de gozar plenamente de su infancia al aire libre. Sin la necesidad de un jardín par- ticular la amplia plazuela que conformaba el atrio de Santo Domingo se convertía en sitio de espar- cimiento para infantes, jóvenes y adultos del barrio. En palabras de MCH: «los vecinos nos tratába- mos con mucho respeto, comunicación y amistad ligera», expresión que guarda los principios de convivencia social, urbanidad y dilección que muchos ancianos y adultos mayores, hoy añoran casi un siglo después. Mientras tanto, la desconfianza e incertidumbre se han vuelto dueñas y señoras de las calles y avenidas, donde peatones y conductores de vehículos perciben al contrario como un ente potencialmente peligroso y ya no como seres de confianza. Regresando a estas vivencias, todos los vecinos de los barrios, en mayor o menor medida, se conocían por sus nombres de pila y apellido respectivo. Esta costumbre de usar el nombre completo ha decaído en los últimos tiempos, principalmente por los cambios culturales surgidos de la emigra- ción interna y las actitudes simplistas de las generaciones más jóvenes. La plazuela del templo cató- lico, el parque Colón y los potreros de la inmediata finca El Tuerto —al final de la 10ª Calle Orien- te— constituían los paseos tradicionales del barrio dominico. MCH nos cuenta que, en aquellos días lejanos, los pocos sitios de reunión social en los que podían encontrarse eran restaurantes de media- no tamaño, abarroterías y misceláneas relacionadas a la religiosidad tradicional —dada la inmedia- tez del templo dominico— que en días festivos se dedicaba a la difusión de todos los materiales y enseres como libros de novenas, rosarios y demás productos relacionados. 61 Urrutia, 2011, […] sobre el transporte urbano, ¶ 2.
  • 57. Fotografía donde s corrido inaugural d Santa María de Jes yecto fue conocido 50 ‡ e se retrata la familia Camey Herrera, junto con Papá Pe l del la línea ferroviaria de Occidente entre la ciudad de Jesús, en el municipio de Zunil, departamento de Quezal ido como el ferrocarril de los Altos (c.1928). Fuente: Archivo fotográfico de MCL. Pepe, durante el re- de Quezaltenango y altenango. Este tra-