Texto 8                                                                                    2012-2013

                  Se llama Isabel. Es una treintañera zaragozana, licenciada universitaria, que
          después de acabar la carrera ha mejorado su currículum con decenas de cursos. Es lista
          y brillante en lo suyo, pero desde que salió de la universidad solo ha conseguido algún
          contrato corto y otros muchos de becaria, de esos en los que se trabaja igual que el
          resto, pero se cobra menos de la mitad y no se tienen apenas derechos laborales.
          Entre beca y beca, también ha sido dependienta y teleoperadora para poder pagar el
          alquiler.

                  Y se ha cansado de vivir así. Mal pagada, sin estabilidad, sin dinero y sin que
          nadie aprecie el esfuerzo y el talento que pone en su trabajo. Por eso se va. Se marcha
          a Oslo, donde le ofrecen un contrato que no es de su ramo, pero que está bien pagado
          y que le ofrece seis meses de sueldo y tranquilidad.

                 Y sí, sabe que tiene suerte y que, al menos, en otro país puede tener un futuro
          que aquí se dibuja imposible. Pero está triste, porque aquí, en Zaragoza, ella ha
          construido su vida y aquí están su pareja, su familia y sus amigos. Y marcharse, por
          pura desesperación, a 2500 Km. de la gente que quiere es un trago muy amargo. “Sigo
          pensando que sí se puede, pero entre que suben las mareas, yo me ahogo (…) Yo
          también quiero vivir aquí, pero no sé cómo”, escribía hace unos días en su blog.

                  Isabel no es la única. El pasado domingo, cientos de jóvenes españoles se
          manifestaron en distintas ciudades europeas bajo el lema “No nos vamos, nos echan”.
          Son médicos, ingenieros, periodistas, arquitectos, científicos… formados en su mayoría
          en universidades públicas de nuestro país, que no emigran porque quieren, sino
          porque no pueden más. Ellos se van, pero nosotros los perdemos. Nos quedamos sin
          su talento y sin su inteligencia. Justo cuando más necesitamos mentes brillantes que
          nos saquen del atolladero económico en que vivimos, tienen que marcharse porque
          aquí no hay nada que hacer. Me dan pena esos chicos que tienen que dejarlo todo
          atrás. Pero también lo siento por nosotros, los que no quedamos, condenados a vivir
          en un país que se queda sin los mejores.



          Análisis sintáctico

          Justo cuando más necesitamos mentes brillantes que nos saquen del atolladero
          económico en que vivimos, tienen que marcharse porque aquí no hay nada que
          hacer.

Texto 8

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    Texto 8 2012-2013 Se llama Isabel. Es una treintañera zaragozana, licenciada universitaria, que después de acabar la carrera ha mejorado su currículum con decenas de cursos. Es lista y brillante en lo suyo, pero desde que salió de la universidad solo ha conseguido algún contrato corto y otros muchos de becaria, de esos en los que se trabaja igual que el resto, pero se cobra menos de la mitad y no se tienen apenas derechos laborales. Entre beca y beca, también ha sido dependienta y teleoperadora para poder pagar el alquiler. Y se ha cansado de vivir así. Mal pagada, sin estabilidad, sin dinero y sin que nadie aprecie el esfuerzo y el talento que pone en su trabajo. Por eso se va. Se marcha a Oslo, donde le ofrecen un contrato que no es de su ramo, pero que está bien pagado y que le ofrece seis meses de sueldo y tranquilidad. Y sí, sabe que tiene suerte y que, al menos, en otro país puede tener un futuro que aquí se dibuja imposible. Pero está triste, porque aquí, en Zaragoza, ella ha construido su vida y aquí están su pareja, su familia y sus amigos. Y marcharse, por pura desesperación, a 2500 Km. de la gente que quiere es un trago muy amargo. “Sigo pensando que sí se puede, pero entre que suben las mareas, yo me ahogo (…) Yo también quiero vivir aquí, pero no sé cómo”, escribía hace unos días en su blog. Isabel no es la única. El pasado domingo, cientos de jóvenes españoles se manifestaron en distintas ciudades europeas bajo el lema “No nos vamos, nos echan”. Son médicos, ingenieros, periodistas, arquitectos, científicos… formados en su mayoría en universidades públicas de nuestro país, que no emigran porque quieren, sino porque no pueden más. Ellos se van, pero nosotros los perdemos. Nos quedamos sin su talento y sin su inteligencia. Justo cuando más necesitamos mentes brillantes que nos saquen del atolladero económico en que vivimos, tienen que marcharse porque aquí no hay nada que hacer. Me dan pena esos chicos que tienen que dejarlo todo atrás. Pero también lo siento por nosotros, los que no quedamos, condenados a vivir en un país que se queda sin los mejores. Análisis sintáctico Justo cuando más necesitamos mentes brillantes que nos saquen del atolladero económico en que vivimos, tienen que marcharse porque aquí no hay nada que hacer.