La maestra cometió un error al alabar al alumno aplicado creyendo que era el hijo de una madre, cuando en realidad era el hijo revoltoso. Este error positivo hizo que el niño cambiara su comportamiento y se convirtiera en un alumno ejemplar, demostrando el efecto Pigmalión de las expectativas que transmitimos sobre los demás. Otro estudio mostró que adolescentes con pocas posibilidades de éxito triunfaron años más tarde debido a una maestra que los quería y creía en ellos.