A Oscar Vera Lampereiny Arturo Soria y Es@noza,inventores de este librilo.
COLECCION “BABEL”              ALONE: Aprender a escribir        MANUELRojhs: I d g e n e s de infanciaGom.iLEz VERA: Butr...
EUTRAPELIA, honestarecreacidn       B A B E L
Compuesto con         Baskerville Linotypee impreso mbre papel PIuina           en las prensas deEDITORIAL UNIVERSITARIA, ...
I N D I C EI.   El conferenciante, 1111. Buscadores de Dios, 39    Escala mistica, 44111. El escritor y su experiencia, 53...
IEL CONFERENCIANTE
A Enrique EspinozaEn Chile rara es la persona que no desee con-tribuir a1 bienestar humano como conferencian-te. Hasta 10s...
sostenidas por colonias extranjeras, donde sepuede hablar en franc&, japonb, ruso, hGngs-ro, alemin, inglCs, hebreo, ruman...
lejano, insospechado, aunque sea procedimien-    to demoroso. Asi se llega a las palabras cor-    diales, a la leve sembla...
naje. Si dice que dste tiene la frente alta ydespejada, d i r i palabras vanas, porque estd a;la vista de todos; si afirma...
refrenar sus malas pasiones, per0 es bueno quesepa que se habrh creado un enemigo atentoy duradero: el conferenciante, el ...
sa en el Animo de 10s asistentes ver tanta fi-gura augusta en el hemiciclo. Su sola presencia transmuta una charla regular...
tonces, enfurecidos por la ingratitud, se ence- rraron en sus hogares a pensar en vano, a es-cribir en vano, a planear not...
experiencias semejantes retornan a la existenciaan6nima que permite dar a1 tiempo u n us0 pla-centero. Rechazan con buenas...
Miis se dilata el que habla y consulta apun-tes. Es, con frecnencia, orgulloso. Cree, por lle-var notas, que supera a1 mer...
entera 10s cuarenta y cinco minutos ordena s u stextos y guarda un silencio digrio y bienhechor.   El improvisador p r o e...
Patdtico es el cas0 del simulador. No p d r i a escribir una conferencia, tampoco es capaz de hacerse una pauta, no tiene ...
Cuando un auditorio lo esquiva, busca otro.   E frecuente oirle deck que est& en deuda    s con la sociedad, p e s Lsta le...
Va entonces a 10s modestos salones de Acra-    tas o   comunistas. Por meses disfruta de n J -    cleos 6vidos de saber, f...
asaltaran a 10s caminantes, robaran animales,fueran incendiarios 0, convertidos en icono-clastas, asolaran 10s templos? Ni...
nio de la especie. Sus hijos alcanzaron la edadde la independencia, y, sus maridos, si perma-necen en el mundo, en esos mo...
que tienen delante una columna o cualquierobstdculo. Su aspect0 es vulgarisimo y sencillasu presentacion. Por la edad, el ...
discursiva. Usan las palabras m5s breves, te-merosos de equivocarse y prefieren el aisla-miento.   Como lo habitual no es ...
frase tras frase. Mirfindoles, el hablador en-cuentra su mejor pago. Y como nobleza inspiranobleza, se afana en selecciona...
se Ilamara: “La sexualidad a1 alcance de to-  dos”, pues les pareceria iioiia, per0 seduciria si  la denominacih luese: “E...
alli estin. Saben leer, saben escribir, poseenoidos nnormales, per0 no tienen el hibito de es-circhar conferencias. Les pe...
sobre el labio superior, acaso parientes rerno-tos de nuestro Seiior Jesucristo. Llegaron delejanas naciones ha poco y ent...
comienzo) y el fervor de esos jhenes, tanatentos, le emociona. Entonces opta por invi-tarles a tomar el t C en su hogar, e...
Los cortos de genio habrianse ido muy gus.        tosamente a 10s cinco minutos, pero, dada su       naturaleza, aguardan ...
len ir mAs lejos todavia. Hacen una pausa, mi-ran varias hojas ligeramente y, en silencio, lasagregan a las pasadas. Liieg...
quisiera separarme de Uds. sin avegar.. . Acontinuacih de cada falso anuncio le brotanabundantes oraciones, a veces en el ...
precede a cien mis: La ziltima resuena un cuar-to de hora despubs).  Cuando a1 fin conchiye de manera cierta, muypocos pue...
I1BUSCADORES   D E   DIOS
El Dios que todos llevamos,el Dios que t d o s hacemos,el Dios que todos buscarnos.y que nunca encontraremos.         ANTO...
A Jorge MillaaCuando la religi6n di6 por cierto que existiaDios. afirmaci6n tan audaz como gandiosa, sa-tisfizo a millares...
dores que no aceptan sino lo que se puede corn-probar: lo quimico o lo fisico.  Los ansiosos de creer, 10s religiosos puro...
Se confiaria su busca a 10s religiosos puros,a 10s que desean crecr. AI comienzo cada unoobraria a tientas, guiado por su ...
Vale reflexionar y acordar un tdrmino alen-tador.    Los buscadores, Sean religiosos puros, seresperplejos o individuos de...
porte, pero de formas muy ceiiidas. Aunque en-vejezcan continuarh pareciendo lo que fueron.  Y, finalmente, si 10s buscado...
ESCALA           MISTICA                        A Francisco Walker LinaresEl religioso puede ser duke, manso, lo quese lla...
nea recta. Apenas se recuperan vuklvenle a su-mir en la nada. Son 10s verdugos de Dios.   El misterio de la Santisima Trin...
santes, antes de meter la mano en bolsillo aje-no, se encomiendan a San Cayetano. santo queda dinero.                     ...
Algunos posesos, que ven doble a su mu-jer, apenas pretenden disfrutar de las ventajasde esta obsesi6n. devienen mormones....
lo, engrosan la cifila de 10s indiferentes. Diosy privaci6n se les convierte en sin6nimos.                    a   *       ...
Suelen llegar a la mds intolerable apatia10s deportistas, no por razonamiento, que n oes su mira, sin0 por emplear las mai...
Son negadores tambiin ciertos ambiciososque habrian deseado ser 10s propios descubri-dores de Dios. POT resentimiento nieg...
11 1EL ESCRlTOR Y SU EXPERIENCIA
A Juvenal HernandezEra adolescente cuando, para ganarme el pan,intent6 aprender 10s mPs diversos oficios. Asipude vincular...
Cuando lo dijo me pareci6 un deseo pru-dente, juicioso tambidn, per0 muy limitado.Pienso, ahora, que si la humanidad alcan...
alguno que me obligara. Casi era un hombrelibre.   Nunca tuve sobretodo. Mi madre, a1 comen-zar el frio metia, entre el fo...
Bajo la influencia de Gorki tom& la desco-munal resolucibn de irme a Valparaiso. Era pa-ra mi no nienos que partir a la Co...
Mar. Pretendieron enseiiarme su manejo, per0cuando me lo confiaban no lograba detenerloantes de la esquina, sino m9s all& ...
la propiedad, estaba a merced de siniestros ne-cesitados, de muy largas manos, de loa cuales aduras penas conseguia precav...
profesor Ducoing, contest6 en un discurso deuna hora.   Nunca mermh su admiraci6n por Oscar Wil-de, pero en lo demds era v...
mi vanidad y en la lnoche me sent6 a la mesa,en el comedor, mientras mi gente dormia, y es-cribi. iQu6 pude hacer? De segu...
Me cuidC de no leer tratado alguno que con-trariase mis ideas. Hablalas acogido con fervor,con religiosidad, tal si fueran...
trance de sucnmbir, (quikn saca un vozarr6nmais retumbante? tQuith clama mis alto? Elhombre que busca su verdad, aunque no...
del seis le fueran indiferentes. A1 irse me gra-tificaba con la mPs anormal mirada de soslayo.5610 despuPs de mucho vivir,...
Eran quince o treinta dias de hartazgos y de or-gias en la Biblioteca Nacional, a la que entra-ba apenas abierta. Leia con...
110” que, en seguida, desarrollk y es parte deVidas minimas.   A1 aparecer la colaboraci6n no cabia en mide alborozo. Y Cs...
el poeta amigo, el cual pulia verso por verso ys610 escribia el siguiente cuando el anterior es-taba acabado del todo. Nec...
ficarla si ha salido tan bien, con tanto sentidoy fluidez? Un sentimiento paternal induce adejarla y el total se resiente ...
cazador y termino la jornada con las manos Ile-nas. Suele asaltarme la duda de que, algunavez, la euforia me lleve a elimi...
probados por siglos? Aquf se impone una confe-si6n penosa: hasta el mAs humilde escritor,a q u d desconocido alfn de sus v...
sumerge en un ambiente de melodias, no po-    drrl oir, per0 si escribe -o se entrega a un tra-    bajo de creaci6n- a 10s...
,      Se esforzaban todos en prever el fin 16gico de    acontecimientos que estaban desenvolvihdose.    Sin meditar basta...
ba la tarea y no mucho despuds lo seguia fisi-camente.    La literatura no siempre me interesd. La de-jt! por largos perio...
mujeres y grandes hombres que sus accionesscan notables. Los individuos corrientes se con-funden unos con otros; sus hecho...
do de vista la porci6n de verdad que ellosposeen.   El valor, no siendo imperativo del tempera.mento o excitaci6n del ambi...
asi, a1 espectador no le queda otra disyuntivaque sufrirla.   Podria agregar, para consuelo del contempla-tivo, que el hom...
ra hasta el cansancio icuindo aprenderiamos aexpresarnos?   Es un tesoro, para el que va a ser escritor, quesu madre se ha...
que .se hallaba. Ella, sin alzar 10s ojos, respon-di6:   -Es favor que usted me hace.   En circunstancias semejantes he oi...
En la intimidad de dos o mAs seres, alguienexpresa un sentiiniento delicado y conmueve a                                  ...
aiios en vender quinientos ejemplares. Sin em-bargo, tuve suerte con otros tantos que regal&.No me rechazaron ninguno.   C...
timulo. Algunos siguen escribiendo porque ami-  OS piadosos le aseguran una peribdica r a c i hde elogios. Durante un tiem...
.pera, eso si, la tardanza de 10s lectores en par-ticipar de iddntico amor. Suelen atribuirlo aincomprensih. Y para darse ...
tor para las obligaciones comunes. Se presumeque darA muchos disgustos y caeri en mil ye-rros, per0 nadie esti seguro de q...
nueva revista, en la que debf colaborar cuandootros no podian hacerlo.  Tarde m8s de veinte afios en publicar Cunn-do ern ...
cho examen deba uno tenerse por individuo apenas mediano, lleno de limi taciones, conde- nado, perpetuamente, a no traspas...
lo es. La libertad, ordenadora perfecta, nuncaes abatida por completo. De todas las pruebassurge mAs robusta. La equidad, ...
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8. eutrapelia, honesta recreación

  1. 1. A Oscar Vera Lampereiny Arturo Soria y Es@noza,inventores de este librilo.
  2. 2. COLECCION “BABEL” ALONE: Aprender a escribir MANUELRojhs: I d g e n e s de infanciaGom.iLEz VERA: Butrapelia, honesla recreacibn ENRIQUEESPINOZA: un lado y obo De
  3. 3. EUTRAPELIA, honestarecreacidn B A B E L
  4. 4. Compuesto con Baskerville Linotypee impreso mbre papel PIuina en las prensas deEDITORIAL UNIVERSITARIA, S. A. calle Ricardo Sta. Cruz 747 Santiago de ChiIe Proyect6 la edici6n MAURICIO AMSIXR
  5. 5. I N D I C EI. El conferenciante, 1111. Buscadores de Dios, 39 Escala mistica, 44111. El escritor y su experiencia, 53 c . . . .”, .
  6. 6. IEL CONFERENCIANTE
  7. 7. A Enrique EspinozaEn Chile rara es la persona que no desee con-tribuir a1 bienestar humano como conferencian-te. Hasta 10s hombres mis acaudalados prefie-ren esta forma de beneficencia. Ciertos dias, en Santiago, no menos de diezcharlistas se porien en contact0 con otros tan-tos auditorios. La conferencia ha logrado asiconvertirse en algo tan bueno como el pan; hapenctrado hasta la raiz de nuestras costum-bres; es una necesiddd. Ademis de las instituciones docentes, cienti-ficas, artisticas y literarias, poseen salas adecua-das para tal fin 10s bancos, 10s ministerios, 10sclubs, 10s diarios, ctdtera. La abundancia y gratuidad de las conferen-cias, ha impedido que surjan sociedades paradarlas con entrada pagada, aunque dstas laspatrocinen 10s mis altos escritores. El pGblico,cuando se las menciona, las recibe con la mis-ma frialdad que si le propusieran el ingreso asociedades para respirar. Cuando llega un extranjero sin oficio, ape-nas s u s amigos se cercioran de que sabe leer yescribir, se le propone que hable. No importaque desconozca el espaiiol. Hay asociaciones, 11
  8. 8. sostenidas por colonias extranjeras, donde sepuede hablar en franc&, japonb, ruso, hGngs-ro, alemin, inglCs, hebreo, rumano, chino, es-peranto y cualesquiera lenguas. La confcrencia requiere un individuo quepresenta, un conferenciante y un auditorio quedehe cscuchar a uno y otro. Antes hacfa la presentacih una persona glo-riosa. Por ejemplo, un literato popularisimo oalgiin personaje de ilustracicin varia x quien10s jbenes distinguian con el nombre depensador. El literato, el pensador, hablaba mc-dia hora y dejaba a1 conferencista consagradohasta el tPrmino de sus dias. Si el pensador es-taba en el secret0 de la elocuencia, el hablan-te quedaba un tanto deslucido, un poquititoopaco. Ahora la presentacih la hace un joven cual-quiera, sin nombre, un aprendiL de conferen-ciante, un futuro charlador. No siendo nadie,da relieve a1 hablador verdadero y consagra-do, pero con el ejercicio va perdiendo la ver-guenza y termina por suplantarlo. Presentar,sin embargo, es tarea delicada, de confianza,en que el tino y la cautela, por sutileq quesean, nunca son suficientes. 3QuP palabra debe el presentador decir pri-mero? Acaso convenga partir de algo inaudito, 12
  9. 9. lejano, insospechado, aunque sea procedimien- to demoroso. Asi se llega a las palabras cor- diales, a la leve semblanza, al resorte milagro- so de la simpatia. Los rodeos, en una presentacih, llenan dos pbjetos: es el uno no decir casi nada del queI va a dirigir la palabra, para que el phblico se IC entregue sin piejuicio, y el otro es provo- karle cl deseo de que el prescntador se calle. En ambos caSos se beneficia el sucesor. Hay prescntadores que por odio a 10 vul- gar, inician si1 alocucibn con ataques vigoro- sos a1 confercnciante. Con este procedimiento es seguro que romperjn la aparente apatia de 10s oyentes; pileden mejorar la temperatura de la sala y cada palabra serh recibida como si fuese moneda. Pero, bastarh que 10s amigos del presentado no sepan apreciar ese arranque original y sugestivo, en lo que vale, para que el presentante sea ultrajado alli mismo, aunque con ello se pisoteen 10s heros de la inspira- cibn y se cause grave ofensa a las musas. Por el camino opuesto, el de las alabanzas, resultari van0 su empefio si no consipe fun- darlas muy bien. El favorecido y cuantos lo admiran sentirjn gran contentamiento, pero el auditorio -suma de muchas inteligencias en actividad-, sera raro que se una a1 coro. Y nada raro que se mofe equitativamente de uno y otro. Mal sale del paso ( p i e n describe a su perso- 13
  10. 10. naje. Si dice que dste tiene la frente alta ydespejada, d i r i palabras vanas, porque estd a;la vista de todos; si afirma que sus ojos sonmuy herrnosos, no habrd una sola mujer quedesde el instante de llegar no lo sepa. Ademds,el descrito, ies tan natural! sentirlse conver-tido en fen6meno y experimentad odio atrozpor el hablador. ’ Grave imprudencia es avanzar que dir5 es-to o aquello. Los oyentes, con miradao, movi-mientos intencionados y ruidos, le significarinque no debe seguir, y que, si pretende decirlo que corresponde a1 siguiente, alguien estide m s Y el presentado, el propio presentado, A.viendo c6mo disminuye el caudal de su confe-rencia, lo mirari con el afecto de Cain. Muchos peligros entraiia la presentacih; yaporque se dice demasiado; ya porque se inva-de la 6rbita del hablante; una vez porque se esmuy preciso, otra por caer en lo difuso. A estodebe agregarse el pecado de vanidad que sue-le hacer presa del presentador. Supongamosque se crea elocuente o se considere con vozaterciopelada. (Serd capaz, con tales estigmas,de respctar el tiempo del conferenciante? El pu-blico acaba de Ilegar. OirA con ansia 10s prime-ros diez minutos. Despues, quizis por u n l a pso identico, lo harh con respeto no desprovis-to de prevencibn. Esos veinte rninutos puede ocuparlos el pre-sentador si la vanidad lo asedia, si no puede 14
  11. 11. refrenar sus malas pasiones, per0 es bueno quesepa que se habrh creado un enemigo atentoy duradero: el conferenciante, el pobre suce-sor, que actuarit ante una concurrencia fatiga-da, impaciente, avara de aplausos, dispuesta aponerse de pie apenas haga una pausa o loaqueje un acceso de tos. MAS ventura encontraril el presentante si,imita la tecnica de la decoracibn. Es decir, sifija Ievemente a1 personaje y tram el contorno,el ambiente, con pinceladas de gran expresibn,que le sirvan de apoyo y le situen con amabi-lidad frente al auditorio. conferenciantes hay que, ademas del presen-tador, necesitan la compaiiia de individuosilustres. Estos, sentados a la vista del pdblico,simbblicamcnte responden de C , le dan brillo 1con su individual grandeza. Tales hablantes son primerizos. No estitnmuy seguros de su talento, les angustia ser in-comprendidos y, sin confesarlo, sienten miedoa la rechifla o a l ataque de hecho. Por todo es-to ansian que iinos cuantos hombres notablesesten de cara a 10s oyentes, conteniendolos consiis efluvios morales. En el pecho de otros conferenciantes no hayhueco para la duda o el temor, per0 sabencu5nto vale la huena presentaci6n y cbmo pe- 15
  12. 12. sa en el Animo de 10s asistentes ver tanta fi-gura augusta en el hemiciclo. Su sola presencia transmuta una charla regular en bonisima. Ocupar, ante el auditorio, la cabecera, es pri-vilegio. &ui&nes son merecedores de honor tan seiia- lado? Personas de tanta o mlis valia que el con-ferenciante. Si Cste es ensayista o maneja ideasgenerales, IC harin buen acornpahamiento edu-adores, diplomAticos, escritores y politicos devaria ilustracih. No siempre p e d e contarsecon seres activos. Por delinicih deben estar en todas partes. Hay que recurrir a personajes quefueran lumbreras y que en el presente vivenretirados, n o por su voluntad ciertamente. Amenudo aceptan. Les mata el descanso, no seresignan a que el poder huyera de sus manos.En su momento atraian todos 10s aplausos, na-da se hacia sin consulthrseles, n i n g h acto po-dia celebrarse en ausencia suya y sus nombresfiguraban, con relieve, en las reseiias periodis-ticas. A1 madurar la nueva generaci6n fueron des-plazados. Otros sujetos ocuparon las tribunas,escribieron 10s libros, representaron a1 pueblo,asistieron a las veladas e impusieron sus nom-bres a las reseiias. CY quC fuC de ellosi Con to-do su saber, su espiritu creador, su habilidadpara estudiar problemas intrincados y su pres-tigio, quedaron a1 margen, ahogados por el si-lencio, como si nada pudieran ni supiesen. En- 16
  13. 13. tonces, enfurecidos por la ingratitud, se ence- rraron en sus hogares a pensar en vano, a es-cribir en vano, a planear notabilfsimas mejo-ras tambidn en vano, porque 10s nuevos, 10selevados por la veleidad multitudinaria, aun-que no acertaban en cosa alguna, escribianobras conlusas y actiiaban de manera demen-cial, Ilev5banse todos 10s aplausos. AI scr solicitados, muy tardiarnente, para pre-sidir un acto, accptan creyendo que una reac-ci6n est5 produciendose. Y oyen el comienLo dela confcrencia, su desarrollo y tkrmino con res-peto, a veces con simpatia cierta, pero segurosen su interior de que mejor lo harian ellos mis-mos. Se dcjan seducir por nuevas invitacionesno menos honrosas, en que oyen como valien-tes toda suerte de disparates, ideas opuestas alas suyas, despropbsitos que en una conversacihno habrian tolcrado. Siguen oyendo, no por gus-to sino por deber, por patriotisnio, por contri-buir a la renovacih de la cultura. Deben con-tener e1 aburrimicnto, la indignacibn, no darsepor enterados de la ignorancia increible del pe-rorador y hacerle guerra al deseo de dorrnir, seatorturhdose 10s dedos o aspirando arritmica-mente. Y sufriendo comprenden que el aisla-miento, aunque involuntario, no es un mal. Enese mismo instante, p h n t o mejor no estariancon amigos queridos, paseando o interesados enconversaciones arnenas 0, simplemente, en con-tcrnplacih o meditando? Y despuis de varias 17
  14. 14. experiencias semejantes retornan a la existenciaan6nima que permite dar a1 tiempo u n us0 pla-centero. Rechazan con buenas maneras cual-quier nueva invitacibn, aunque se les asegureque Denihtenes, y no otro, es quien hablarri porboca del conferenciante. Mas, como 10s iliistres olvidados llegan a cen-tenares, el conlerencista encuentra reempla7an-tes. Y 10s auditores pueden distinguirlos consu silenciosa admiracih. El conferenciante ocupa un sitio entre el ora-dor y el actor. Es sensitivo. Posee el convenci- imiento de su singularidad absoluta. Siente queha nacido para cumplir una gran misi6n y lacumple implacablemente. Es sin duda un artis-ta. Si el mundo fuera una policroniia, conside-rariase matiz indispensable. Aunque la humanidad doliente 10s confunde,dividense en categorias, a menudo divergentes:10s que leen, 10s que hablan y consultan apun-tes, 10s profesores, el improvisador pur0 y el si-mulador. Quien lee ofrece la ventaja de terminar cuan-do llega a la hltima palabra. Considera, para supropio consuelo, que su mdtodo es cientifico yhonesto, porque -y esta idea est5 muy generali-zada--, lo que se escribe se ha pensado mejor,
  15. 15. Miis se dilata el que habla y consulta apun-tes. Es, con frecnencia, orgulloso. Cree, por lle-var notas, que supera a1 mer0 lector en capaci-dad de sintesis. Y, como va desarrollando libre-mente cada idea, estA convencido de que SKI co-munitin con 10s oyentes es mAs profunda, rn&intima. IFeliz 611 El profesor t a m b i h suele dar conferencias. Lacostumhre de ganarse el sustento hablando leha dado mcdida, claridad y voz de tono abar-cador. N o hablaria asi no mhs. Lo hace por ex-tender su prestigio o con vista a un ascenso vis-lumbrable. No tiene ningun sacratismo por laspalabras. Se mete en ellas como el apir en sumina. N o se exalta, mide sus emociones, podriadecirse que habla con pudor. Actlia con la na-turalidad del que ejerce u n oficio. Habla en es-tad0 de ausencia. Lleva varios libros bajo el bra-zo. Empieza a discurrir. Luego abre un volu-men y lee dos paginas. Especula otro instante ylee prigina y media. Desarrolla la idea central,razona, limita, bordea idcas afines y vuelve a lafuente para recitar uno o dos phrrafos. Nuncadeja de expresar conceptos juiciosos. Los maja-deros, tal vez guiados por la envidia, suelen ob-jetarle que lo dicho de su propia cosecha es in-ferior a lo que lee. El profesor, gracias a la costumbre, apenas 13
  16. 16. entera 10s cuarenta y cinco minutos ordena s u stextos y guarda un silencio digrio y bienhechor. El improvisador p r o es el mis sano de todos.No odia a 10s otros hablantes. Los compadece.Considera que son meros aficionados que pier-den en vano su ticmpo. Cree que se nace con eldon. Fie1 a su creeiicia no lee, no estudia, se dejallevar por su sentimiento. Utilim las nocionesasimiladas en el liceo. Recuerda decisivas oracio-nes de griegos y latinos. Gesticula. Mientrashabla adOptd actitudes heroicas y mace;nificas.La palabra va ilustrada por el gesto. Este deter-mina la afluencia dc nuevas frases, de exclama-ciones, de una que otra idea. Su representacihdistrae a1 pfiblico y Io conquista. Puede, en con-secuencia, hablar mis largamente que 10s ante-riores. Siente, sin dejar de hablar, cuindo loacompaiia la simyatia. A menudo habla stilo lias-ta quedar afhico. Es tan dramAtica su cxpre-sion que podria pensarse que el miindo se de-rrumbarj cuando de el iiltimo grito. Se le p e d e conocer por la forma en que co-mienza: “Hay momentos”, “Pocas circunstan-cias como & a s . . .”, “Raz6n tuvo Horaciocuando . . .”. . m e 20
  17. 17. Patdtico es el cas0 del simulador. No p d r i a escribir una conferencia, tampoco es capaz de hacerse una pauta, no tiene formaci6n en le- tras ni ciencia ninguna. Es lector de editoria- les, sabe frases. Hay en su ser una pasi6n vio- lenta, pero sin rumbo. Lo mris que podria de- cirse de 61 es que aspira a ser alguien. $$C , I. accidente In hduce a valerse del verbo? Dice mil C O S ~ Spor hablar. S610 qiiiere hablar y ha- blar. Odia el reposo y el suefo. Es casi siem- pre tin ser de mente desordenada, timido, as- tuto, cauteloso, muy inseguro, parecido a1 mor- fintimano, al jugador, al poscso, al enfermo. FuC hombre cornlin, inofensivo, hasta bordearla madurei. Entradn en ella no se siente vivir sino cuando habla. Estar en silencio es para 61un sufriniiento. Vive de oir, pero de oir s 1 60lo que 61 rnismo dice. Su nefasta y secreta pasi6n le lleva a todos10s sitios donde el hambre de aprender reune agentes hicnas e inocentes. Tiene facilidad paracrifilar palabras y hablaria, si hubiese oyentesabsolutos, dias y noches cornpletos. i no sien- Yte natla profundamente y nada sabe a las de-redias ! Posee el sentido del mimetismo. Se presentaya como profesor, ya cnmo improvisador y con-sulta, a veces, ciertos garabatos con 10s que sezafa cuando el disgust0 colectivo arrecia. Anteel peligro, exclamarh con voz austera y angur- .tiosa: “Es ciianto tenia que decir . .”. 21
  18. 18. Cuando un auditorio lo esquiva, busca otro. E frecuente oirle deck que est& en deuda s con la sociedad, p e s Lsta le ha dado una cul- tura que debe traspasar a sus oyentes. En de-bates phblicos cvnsidcra que p e d e enriquecer la dilucidaci6n expresando su punto de vista. Tiene por deber suyo no restar su concurso en el estudio de lo que sea, porque la verdaderademocracia se edilica con el pensaniiento dc tvdos. Si llega el momento en que ninguna institu-ci6n tolera su ayuda, se hace incluir en progra-mas de veladas escolares, aunque sea en el ul-timo lagar. h e g o se las ingenia para hablarentre 10s primeros. En su descenso organiza sociedades extrafias.A 10s incautos que sufren su seduccihn les en-jarreta S U R lucubraciones. El mismo se nirnbade confianza llevaiidv a la prensa informacio-nes en que se juzga con generosidad y consi-deraci6n. DespuPs de peregrinar por centros patribti-cos, benbficos, internacionales, bilingiies o pan-aniericanvs, y de ser eliminado de iodos ellos,descubre quc la sociedad est6 muy corrompi-da e ingresa en cualquier partido conservadoro nacionalista. T a m b i h ocurre lo opuesto: sele revela, por s6bita iluminacih, cuAn ho-rrenda es la desigualdad social y, consecuente,trata de acabarla desde ese mismo dia,. hablaxl-do. 22
  19. 19. Va entonces a 10s modestos salones de Acra- tas o comunistas. Por meses disfruta de n J - cleos 6vidos de saber, formados por pr6jimos sencillos y fraternales. Mas, como no hay or- ganismo sin medios defensivos, es expulsado por demagogo, o confusionista, o por mante-, ner sospechosos vinculos con 10s enemigos tra- dicionales del proletariado. Un hombre dc sew maduro aprovecharia ese interregno para recluirse en la santa vida del hogar. Meditaria alli, con sosiego, en las difi- cultadcs que la pasi6n del bien p6blico depa- ra a1 ser humano; per0 el simulador no se con- forma. Quiere servir a sus contemporineos, a su pais, a su raza, mientras aliente. Y como la incomprensicin le persigue, merodca en tor- no de banquetes y funerales, sea para enalte- cer a1 festejado o fijar 10s meritos del que re- torna al sen0 del Altisimo. Antes de la hora final, t a m b i h debe renun- ciar a 10s banquetes y funerales. Entonces vuel- ve bus ojos a1 oriente y comprueba que la ver- dadera sabiduria alli tuvo su cuna. Se d a r i mafia para organizar una rama espiritualista y, aunque haya envejecido en el culto multiforme a la carne, adoptarA una dieta austera y vege- tal. Cuando se piensa en estos hombres, uno de- be felicitarse de que su inmensa energia quie- ran &lo convertirla en charlas y conferencias. <Que seria de la sociedad si en vez de hablar, 23
  20. 20. asaltaran a 10s caminantes, robaran animales,fueran incendiarios 0, convertidos en icono-clastas, asolaran 10s templos? Ni siquiera lopensemos. ... Gentes entre si desconocidas entran a la sa-la. Dominnn las personas bien vestidas, perono escasean 10s empleados modestos, 10s obre-ros de rostro inteligente, las sefioras que luvie-ron rango. Emociona ver c6mo entran 10s ya ancianos.No deja de entusiasmar el brioso interds de 10sj6venes. En la lenta masa que se mueve de la calka1 interior, 10s sombreros floreados y las fal-das de colores dan calidez a1 acto que deberdcomenzar luego. Parece que a todos 10s moviera el deseo deaprender, iiilormaise y enriquecer su espiritu. jilsi debe de ocurriren el cielo! Dos sefioras, cuatro sefioras, veinte sefiorasse han acomodado en el salon. La vestimentade unas es m l s rica; en otras cobra relieve laexpresiOn afable; a &as las ilumina cierto ha-lo romdntico; aquellas tienen el rostro traba-jado por alguna preocupaci6n teosbfica. Pero,aunque individualmente difieran, hay en ellasun sello fraternal, una eomo condici6n seme-jante. Son mujeres que cumplieron con el ge- 24
  21. 21. nio de la especie. Sus hijos alcanzaron la edadde la independencia, y, sus maridos, si perma-necen en el mundo, en esos momentos tal vexcomprueben que el vino es bueno o recuerdensu alegre juventud. Ellas, sin dinero bastante para costearse en-tretenimientos verdaderos, vienen a la sala ti-bia, brillante de luces, y ahi conversan, y vengratis a personas distinguidas o famosas. Embargados por la timidez, esquiva la mira-da, sikntanbe en sitios prcjximos a la tribuna j6-vencs que padecen la obsesi6n de cultivarse,porque “huertos son nuestros cuerpos”. Se ale-gran de haber llegado temprano, gozan porqueno pcrderin ni una sola palabra. A1 abando-nar sus oficinas, sus talleres, pensaron que se-ria criminal no oir esta conferencia. Han descartado la posibilidad de reunir unafortuna, pero no la de atesorar ideas, juicios,puntos de vista, observaciones, argumentos. Vi-ven embriagados y pisan en lo firme pcnsan-do que este caudal es inviolable, no puedenperderlo, ni nadie podria arrebatiirselo. ... Algunos individuos, apenas se abre la puer-ta, ocupan sillones que nadie quiere: aquellos 2.5
  22. 22. que tienen delante una columna o cualquierobstdculo. Su aspect0 es vulgarisimo y sencillasu presentacion. Por la edad, el aire silvestre yla apatia, se adivina que padecen una jubila-cion miserrinia. Son viudos o solteros forLosos.Les aterra llegar a la fria pensi6n antes que lamesa est6 puesta. Si dispusieran de alpin di-ncro entrarian a un bar, per0 ciientan 10s cen-tavos cn relacibn con 10s dias que faltan parael nuevo mes. <Donde ir, d6nde estar media-namente c6modos, d6nde encontrar u n poco decalor y de luz? Protegidos por la coluniria oyenfrases que nadie dice en la pensibn ni en lacaIle; algo reconfortante penetra en sus espi-ritus y hasta pueden dormitar. Cuando suenan10s aplausos mds prolongados, 10s finales, sabenque es exactamente la hora de comer. Y se vancontentos. No han hecho daiio a nadie y otrodin ha terminado. Los silenciosos tienen el rostro profundo, en-simismado el aire y todo revela en ellos espiri-tualidad. Oycn en Pxtasis coni0 10s mel6maiios. A menudo conocen u n vasto vocabulario,han hecho estudios mAs que corrientes, suelentener conocimientos espcciales. Saben apreciarla forma, el contenido, la originalidad, porquela mcditacion pernianente les ha depurado;mas, padecen de atrofia verbal, de incapacidad 26
  23. 23. discursiva. Usan las palabras m5s breves, te-merosos de equivocarse y prefieren el aisla-miento. Como lo habitual no es desarrollar las pro-pias capacidades, sino conquistar otras, estosseres mudos (qat! destino) estin unidos, igualque la sornbra, a 10s hablantes. Hacen sacrifi-cios por estar a su alcance. La melodia de la palabra dicha importa pa-ra ellos m,?s que lo que 6sta pueda expresar oconducir. El placer esti en oirlas en cantidad,en sentirlas sonar, vibrar, en recrearse con eleco. Ocupa el silencioso una categoria cercana ala del mlisico. Su oido csti superiormente afi-riado, y percibe, cn singular, 10s mntices, 10s to-nos, que cnvuelven el sentido de las frases. Podria derirse que el silencioso aplaude consu cori~zGn.Mientras el flujo verbal posee a1conlerenciante, el permanece en si1 nirvana.Cuando la liltima palabra devuelve su imperioa1 silencio, el nirvana se extingue y el calladopadece la angustia de 10s ruidos inorghicos. Amable contraste ofrecen 10s jbvenes y seiio-ritas que llegan prcniunidos de cuaderno. Supresencia es la que mAs halaga, la que llega a1alma del charlista, porque aqutllos no se con-tentan con escuchar, oyen activamente, anotan 27
  24. 24. frase tras frase. Mirfindoles, el hablador en-cuentra su mejor pago. Y como nobleza inspiranobleza, se afana en seleccionar s s mejores upensarnientos, en vertcrlos en forma cefiiida ypura, en moderar el Cnfasis y modular con pri-mor cada vocablo. Por m5s que sti i,nspiracidn quiera vaciarsecon la violencia de la catarata -lo que elec-trizaria a1 auditorio-, el hablante la refrcna, ysus oraciones se deslizan con ritrno lento. Asicohbora y facilita el trabajo a ems jhvenes es-tudiosos, que no ponen su confimza en lamemoria falaz, que anotan y sintetizan, en unapalabra, que aspiran a tener una verdaderacultura. Las sefioritas y 10s jGvenes escriben con rno-vimientos ripidos, con rasgos nerviosos. Susrostros, por reconcentrados, no denotan emo-cibn. LOS vecinos de asiento no participan del .espejismo del conlerenciante; ven, a1 atisbar, .que esos caricteres son taquigrificos y entien-den que quienes 10s trazan son aprendiccs quehacen la priictica. En meses miis, en un aiio,oirin solamen te a parlamentarios, a consejerosy severos gerentes. 0 . . La moda determina cambios de tema y exi-ge titulos que aludan a lo nuevo. Seria casiimposible reunir oyentes para una charla, que 28
  25. 25. se Ilamara: “La sexualidad a1 alcance de to- dos”, pues les pareceria iioiia, per0 seduciria si la denominacih luese: “El ritmo en 10s movi- mientos de la libido”. Los jbvenes ansiosos de saberlo todo, suelen ir a las conferencias guiados por el titulo, cuan- do es sugerente. Sin embargo, proceden con la mhs recelosa prudencia. Sit6anse en la puerta y, por amables que Sean 10s requerirnientos del acomodador, no se sientan. Alli se quedan, oyen el prcimbulo y luego salen como huyen-,do de un incendio. En la puerta se sitcan tambidn quienes tie- nen cita o veliiculo para veinte minutos mhs tarde. Son eclecticos, bonachones, y aplauden cada veL que la cortesia lo aconseja. Si el con- ferenciante 10s mirase, es posible que pensara,con a l l i c r i h , en quc las sillas *no han sido SU- licientes, ya que tantas personas quedaron de pie. IGrata ilusi6nl Apenas llega el minuto del compromiso, ode subir a1 autobbs, aunque el charlista est6diciendo algo de vida o muerte para 10s desti-nos del pais, parten dcsalados. Sc les conoceporque consultan el reloj en demasia. Entre 10s que lian tomado asiento hay mu-chos varones que tambiCn consultan su reloj.Son 10s amigos y vecinos del conferenciante. Y 29
  26. 26. alli estin. Saben leer, saben escribir, poseenoidos nnormales, per0 no tienen el hibito de es-circhar conferencias. Les perturba In sensacicinde no estar en lo propio, en lo habitual. Hasido gran honor ser invitados. Mas, conside-ran que esc liigar es para 10s sabios. Estos es-t6n preparados para entender tarita pakbra.Ellos siempre tuvieron otras aficiones. Hastatemen que ‘cualquier conocido les vea y excla-me: “ihtrusos! (Que hacen ahi?” Por eso mi-ran por lo bajo la lenta ronda de los minutos.Aparentan atencicin. Piensan, efectivamente,que la existencia no es una sucesicin de herhosfelices. Y para aniinarse se aseguran que nohay conferencia que dure toda la santa noche. A cuantos concurren a estos actos, atraidospor el sortilegio del verbo, es justiciero agre-gar cierto n ~ m e r ode vednicos. Oyen con lamis patktica seriedad y, cuando se hace nueva-mente el silencio, avanzan hasta la tribuna yfelicitan a1 Irablante con aspavientos y reve-rencias casi dramiticos. Entre 10s auditores, de suyo morenos, resal-tan 10s individuos y las damas rubios, de ojosazules, unos cuantos de nariz que se humilla 30
  27. 27. sobre el labio superior, acaso parientes rerno-tos de nuestro Seiior Jesucristo. Llegaron delejanas naciones ha poco y entran para familia-rizarse con el idioma. Mientras mAs larga es laperorata, mayor es sii felicidad, pues todas laspalabras son gratuitas. M A S tarde las emplea-rAn corno dardos en el trueque de productosde bisuteria y tambidn en cosas litiles. Concurren asimismo, jovencitos que empie-ran su carrera burocritica. La sala de confe-rencins es para ellos el trampolin. All! se creanprovechosas vinculaciones para la hora del as-censo. Heroicamente beben la ciciita durantehora y media. En el minuto de 10s parabienesse aproximan a1 conferenciante. Han oido dela primera a la hltirna palabra. Le expresan adste que nunca se deleitaron m6s con una ex-posici6n tan Clara, tan armoniosa, como la sii-ya. No sintieron cl tiempo. Lo sensible es quetal y cual punto no lo desarrollara mas, cuan-do con s610 otra media hora hubiese bastado.iEs una lhstinia! Ellos, si el maestro diera unaconferencia suplementaria, serian 10s primerosen llegar a la sala. Estln impresionados dc talmanera con sus ideas, que no se sentirain a gus-to hasta conocerlas del todo. El charlista sabe que no podrA hablar muypronto (el pliblico comenzb a desertar desde el 31
  28. 28. comienzo) y el fervor de esos jhenes, tanatentos, le emociona. Entonces opta por invi-tarles a tomar el t C en su hogar, en donde en-tre un pastclillo y otro, va hacidndoles entregade su recbndito saber. El conferenciante y el p6blico se complemen-tan, no sin reticencias. Aqudl considera su par-loteo beneEicioso para la sociedatl. Da riunbos,planlea temas apasionantes, actila, es su rreen-cia, wmo arquetipo de la opini6n pilblica. Los oyentes son el receptAculo, llegan a lasala porque si, por una especie de vicio. Si elcharlista es muy letal, inician s u defensa conruidos, con toseq, sonhndose las narices, o de-jando caer el paraguas. Algunos asisten s610para irse tan pronto como el orador modulalas frases iniciales. Los hay iracundos que sealejan taconeando. Otros, formados en una es-cnela exquisita, se levantan en silencio apenasel conferenciante renueva el airc de sus pul-mones, y se van pisando con levedad, miran a1conferencista y en sus movimientos graciosos yconcertados, expresan su pesadumbre por au-sentarse. Desde que se alzaron y hasta que tras-pusieran la puerta han dcsarrollado un verda-dcro pocma mimico. 0 . 0 , 32
  29. 29. Los cortos de genio habrianse ido muy gus. tosamente a 10s cinco minutos, pero, dada su naturaleza, aguardan que un audaz inicie el exodo. Asi, y de cien diversos modos, se des- grana y se venga el auditorio de su buscado tormenlo. Pero el hablante perverso tambikn cuenta con sistema para abatir la moral de 10s audi- tores, fuera de su propia conferencia, natural- mente. Consiste en llevar su peroracih escri- ta con muclia interlinea, en papel denso, que forma un legajo atemorizador. Unos, a1 oirle ‘leer sin apuro la primera piigina y ver cuan- tas le quedan, casi sollozan. La treta que indig- na a 10s newiosos y que el orador emplea a1 arreciar las carrasperas, es la de abandonar la carilla e improvisar una variacih. El auditor se deprime en grado absoluto, porque siempre la imaginacibn es mPs pavorosa que la reali- dad. Alucinase con la idea de que cada carilla serh completada con explicaciones extras, sin tirmino presurnible. C . )I . Hay conferenciantes consumados, de buen es- piritu, psichlogos natos, que no castigan a1 au- ditorio con lecturas fatigantes. Se l o conquis- tan con gestos .generosos. &6mo proceden? L sa plginas leidas las van dejando aparte, como si quisieran asegurar asi que no las releedn. Sue- 33
  30. 30. len ir mAs lejos todavia. Hacen una pausa, mi-ran varias hojas ligeramente y, en silencio, lasagregan a las pasadas. Liiego miran a 10s con-currentes y expresan: -En consideracih a que el tiempo avanza,me limitare a lo substancial. Prosiguen la lectura y se saltan otras plgi-Inas. Los oyentes piensan para si: “Este caballeroes un Bngel. iQuC consideraci6n la suya! Y qui-26s cuaintas horas h a b d meditado para escribirtodo eso”. Apenas termina un periodo IC aplau-den con delirio. Ellos tambien son caballeros yseiioras que saben apreciar la delicadeza. Y pro-ducida la siguiente pausa la atm6sfera resiienacon otros aplausos apasionados. Explica el conferenciante: --Em parte resultaria oscura si ,no dijera que (durante largos minutos improvisa). Continlia leyendo, vuelve a sacrificar hojas,pero, romo seria absurd0 dejar un concept0 enel aire, habla libremente, un rato, y aclara yjunta sus pensamientos. El pliblico se le asocia con palmoteos corte-ses. En otras breves improvisaciones halaga 10soidos, diciendo: -Nos acercamos a1 tbrmino. . . poco nos que-da para concluir y . . . Ya que el tiempo apre-mia. . . (Algunos piensan: .“lOjalai Dios le oi-ga!”). La hora apenas nos dejarA deck.. . No 34
  31. 31. quisiera separarme de Uds. sin avegar.. . Acontinuacih de cada falso anuncio le brotanabundantes oraciones, a veces en el tono delraLonador y, si la emoci6n anuda su garganta,con sonoras y veloces palabras, perorando. Aun-que 10s mAs no dudan que en seguida todo ha-brA concluido, por prudencia cesan de aplau-dir. Unos pocos, nada caballeros y si pesimis-tas, han contado 10s minutos que empleara enlas aclaraciones, adiciones, en 10s raptos orato-rios, en Ins gestos sin palabras y a1 considerarque sobrepasan a lo que no ley6, se van amar-gados. Los auditores de fe siguen tenidndole porcaballcro y confian en que terminarii. Y espe-ran. Sin embargo sienten deseos de toser, y tosen;estornudan, estiran las piernas; susurran las se-iioras. Se va adueiiando de unos y otras la de-cepci6n. El orador se queda en silencio y pa-receria que mira a cada asistente. Un si es noes de medrosidad se difunde en la sala. Los m6sbajari la cabeza para que aquel no les adivineel pensamiento. Todavia le quedan muchas pii-ginas. Con ademin heroico, se puede decir quesublime, las coge y deposita sobre las que le-yera. Todos querrian ir hacia 61 y abrazarle.Las damas hasta lo besarian. El 10s contiene le-vantando su noble mano: -Quiero agradecer a la selecta e ilustradaconcurrencia su generosa atencih, ahora quehe terminado, y quiero, asimismo (esta frase 35
  32. 32. precede a cien mis: La ziltima resuena un cuar-to de hora despubs). Cuando a1 fin conchiye de manera cierta, muypocos pueden darse el gusto de felicitarle. Elno se extrafia. Sabe que el verdadero amor ala cultura habita en muy contados seres.
  33. 33. I1BUSCADORES D E DIOS
  34. 34. El Dios que todos llevamos,el Dios que t d o s hacemos,el Dios que todos buscarnos.y que nunca encontraremos. ANTONIO MACIIADCJ
  35. 35. A Jorge MillaaCuando la religi6n di6 por cierto que existiaDios. afirmaci6n tan audaz como gandiosa, sa-tisfizo a millares de individuos que no se con-sideran fines y encuentran insufrible ser, h i -camente, eslabones de la especie. Pero 10s padres de la iglesia no estuvieron ensu mejor dia a1 definir el cadcter de Dios, ymenos a h a1 sentar que su aserto valia parasiempre. CQUC dura siempre? La piedra misma,claro que no tan ligero como el ser humano,ni como la planta, t a m b i h estA mudando conuna velocidad acomodada a su firme naturale-za, y estalla, se destruye y se rehace en el si-lencio de la tierra. Como fur2 concebido pudo ser bueno parauno o dos siglos. La consecuencia de concebirlo eterno es queu,n tercio Cree, otro niega y el liltimopodriacreer si Dios se acomodara a su gusto. PArrocos, rabinos, popes, pastores y demhscreyentes profesionales darian su vida POT lahip6tesis positiva. Asimismo, las multitudeseducadas en dicha certidumbre. Es grata la negaci6n a 10s ateos, 10s soberbios,a cuantos presumen que lo espiritual -Dios-es creacih humana; a tales o cuales investiga- 39
  36. 36. dores que no aceptan sino lo que se puede corn-probar: lo quimico o lo fisico. Los ansiosos de creer, 10s religiosos puros, for-man un grupo heterogheo. Unos creyeron, du-daron y querrian reempezar; otros, desconten-tos con 10s halagos del mundo, presienten quesu salvacibn, auque fuera momenthea, podrianencontrarla en el espiritu; hay quienes no se re-signan a morir del todo; otros consideran im-poetico haberse asomado a1 mundo y terminar,sin remedio, en el cementerio. Todos aiioranel alma que les abandon6 en la adolescencia.Por ser inmortales, solamente sombras inmorta-les, (quikn no lo daria todo? En vez de considerar a Dios como existente,premunido de atributos fijos y poder invariable,2por que no derivar, con humildad, hacia la ideade que pudiera existir? {No ganarian con est0todas las iglesias? Los creyehtes nadA perdertan buschndolo pol--que lo llevan dentro; 10s negadores correrian,por cortesia, el riesgo, porque cabe negar des-de uno o m b puntos de vista, pero no cuandosurge un metodo nuevo; y 10s que oscilan entrela fe y la experiencia, tambibn, gustosamenteqiierrfan probar la fuerza de sus dudas. Y si sele descubre, {no surgirfa como torrente de nue-va fe universal, indiscutida, buena para grandesy chicos, para todos 10s seres? 40
  37. 37. Se confiaria su busca a 10s religiosos puros,a 10s que desean crecr. AI comienzo cada unoobraria a tientas, guiado por su particular ins-pirarih. El 6xtasis -estado en que no sentimos el cuer-PO, ninguna preocupacihn nos turba y somosun haz con el ambiente-, serfa el medio de vis-lumbrar a Dios, recibir su influjo o sentirlo. Esverdad que el Cxtasis s610 est5 a1 alcance de 10sricos, y a1 principio no se contar5 sino con bus-cadores pobres, bnicos, por su desinter& e in-fortunio y porque s u suerte depende de lo pox-venir, capaces de servir una idea. La suerte in-mediata, por otro nombre, bienestar, ha siglosquc est5 acaparada. Es verdad que el trabaja-dor, por la indole penosa de su tarea, que lodeja exangiie, no tendria jam& acceso a1 Cxtasis. El extasis seri el medio de 10s buscadores debuena fortuna, per0 el de 10s otros deberd per-mitir, tanto a1 conductor de vehiculos como a1que maneja una herramienta, elevarse a un in-tenso grado de sublimacibn dinhmica, pues, asi.no hahrla operario que no tuviera la expectati-va de encontrarlo. Ingenuos, escandalosas y optimistas habrd en-tre 10s buscadores, que pretenderdn descubrir-lo de inmediato. Sera menester precaverse, condulzura, de su celo inmoderado. La bfisqueda in temporal causaria desilusibn arnuchos hombres de flaco espiritu. 41
  38. 38. Vale reflexionar y acordar un tdrmino alen-tador. Los buscadores, Sean religiosos puros, seresperplejos o individuos de f&il y poco duraderofervor, deberian probar su generosidad obligin-dose a una contribucibn periddica, no por loque esta represente, que algo significari, Hnocomo simbolo de encendimiento. No se reconoceri la calidad de buscadores,antes de un lustro, a quienes abandonen 10s cul-tos establecidos. Fuera de ser una cortesia paralas viejas iglesias, que han construido sus ver-dades a traves de milenios, y necesitan alimen-tar a innumeros servidores, evi tarai cualquierasomo de competencia y, principalmente, el en-con0 clerical, contra el cual ningfin bdlsamo loes. El buscador deberai pensar y repensarlo siquiere convertir a sus amigos en cofrades, y aca-so sirva mejor a1 gran fin reteniendo denuo desi las pequefias verdades que se le revelen, puescuanto conserva el sello de privilegio es apete-cido con ardor. Puede que entre 10s buscadores haya perso-nas, de rica objetividad, que prefieran efectuarla b6squeda en el medio fisico. Es bueno queobren sin prejuicio y acepten que tambien pue-da estar en las iglesias. Si para la relaci6n con multitudes humanas,a manera de simbolos, fuera bueno tener pro-fetas y virgenes, elijase personas de hermoso 42
  39. 39. porte, pero de formas muy ceiiidas. Aunque en-vejezcan continuarh pareciendo lo que fueron. Y, finalmente, si 10s buscadores de Dios caenen la tentacihn de reunirse en concilio, 1quC noden a ninguna de sus verdades mas de un de-cenio de validez! 43
  40. 40. ESCALA MISTICA A Francisco Walker LinaresEl religioso puede ser duke, manso, lo quese llama un bionaventurado. El antirreligioso loes por su ternperamento pasional. Neg6 por or-giillo, de hablador, y su personalidad se forta-lecib en la negaci6n. Le niueve Iln fervor es-pantoso. Si no consigue en plena mocedad idearuna rcligi6n a su gusto o identificarse con al-g u m pasable, se confinard en cualquier escon-dido pueblo y volveri a creer en la antigua conviolencia, con arrebato y, si urge, con garroteen mano. e . . El incrtdulo precoz, a1 perder la nocibn de sujuventud, suele tornar a la fe. Cree entoncespor cuatro hombres juntos, y le queda tiempo,si es sociable, para propalar su conversibn endiarios y revistas. 7 . 0 Existen, y son incontables, personas de orcli-nario incrtdulas. Empero, cuando son presa dela angustia, extraen de la nada a Dios y s610 ensu presencia, espiritual, ven con nitidez la li- 44
  41. 41. nea recta. Apenas se recuperan vuklvenle a su-mir en la nada. Son 10s verdugos de Dios. El misterio de la Santisima Trinidad (tporquC se hizo pliblico?) ha causado y causa per-plejidades. Unos, 10s de mente sutil, afkrransea Dios. Otros, quizhs 10s emotivos, se unen aJeslis, porque sufri6. Rara, excepcional, es lapersona, salvo 10s teMogos, que concibe el Es-piritu Santo. A1 pretender figurzirselo, caen enel vacio. b . . Las buenas almas, sin agraviar a1 Altisirnoni a Jeslis, prefieren confiar sus cuitas a SanAntonio, San Jose o a1 Niiio Jesiis de Praga. Elpriniero cs familiar, tanto que si no obra r5pi-damente el milagro, su imagen es puesta decabeza, dejada a la internperie o vejada. b . . Las mujeres, ya por pudor, ya por la natura-leza de sus quebrantos, dialogan con la VirgeniMaria. except0 las de familia militar, que en-cuentran mAs propio hacerlo con la Virgen delCarmen. 0 . 0 Los hurtadores, que gracias a la fe puedensoportar las asechanzas de carabineros y pesqui- 45
  42. 42. santes, antes de meter la mano en bolsillo aje-no, se encomiendan a San Cayetano. santo queda dinero. . . a MAS lejos van las comadres que hacen man-das a las “animitas”, ya que &stas, a menudo,estuvieron encarnadas en asesinos, ladrones osujetos tumultuosos. m . . Los avaros se encarifian con la idea deque Dios est$ en todo lugar, dejan el templo yni arrastrados por bueyes darian uii centavo pa-ra el mantenimiento del culto. o n e Ciertos pobres, que sienten muy a lo vivoel espiritu de clase, se resisten a elevar sus pre-ces en iglesias suntuosas. Barruntan que en Cs-tas Dios sblo hace mercedes a 10s ricos. e . . No pocos enfermos del est6mago adoptanel rPe;imen vegetariano, lo que no ofe,nde aDios, pero el sabor de las verduras y tubkrcu-10s 10s sume en la teosofia y mueren como as-pirantes a1 nirvana. Los inmigrantes, si triunfan, hacen suyos10s usos y la fe del pais que 10s acoge. 46
  43. 43. Algunos posesos, que ven doble a su mu-jer, apenas pretenden disfrutar de las ventajasde esta obsesi6n. devienen mormones. ... Los novios, cuando el genio de la especie10s aprernia, si no son ricos, aunque pertencz-can a otra confesidn, abrazan la fe de su suegrapotencinl. 0 . . Hay individuos dados a lo misterioso. DuC-lense de que el culto sea ptblico. L e s contrarfaque no se elija a 10s creyentes. Nadie sabe cuin-do tornan el camino de las logias. Existen 10s negadores vociferantes. Son le-gib. Entre 10s negadores silenciosos, triste es con-fesnrlo, debe ponerse a sacristanes, rnonaguillosy campaneros. Son incrddulos porque la reli-gi6n es para ellos trabajo. e . . Los que se educan en seminarios y, fuerade oir misa de alba, deben someterse a ejerci-cios espirituales -incompatibles con una ali-rnentacih ahundante y sabrosa-, sin confesar- 47
  44. 44. lo, engrosan la cifila de 10s indiferentes. Diosy privaci6n se les convierte en sin6nimos. a * . Sefioras de acendrado catolicismo, caen enla extravagancia de elegir sus sirvientes entrelas de credo evangtlico, s610 porque &as sedan mas a la Biblia que a 10s mancebos. 0 . . La suntuosidad casi oriental de las iglesiaso la majestad del rito, cohiben a muchos seresde mente todavia primaria. Mas, como precisana Dios, lo buscan en religiones humildes, asila-das en pokes edficios, tan pobres como susmoradas. Sus pastores nada sospechan de teo-logia, per0 saben remendar un par de zapatos,empuiiar una plana o hacer que gima el serru-cho . 0 . . En la salvacionista se le .ofrece uniforme yse le enseiia a cantar himnos con acompaiia.miento de guitarra: la Pentecostal deja contarla propia vida y, en el invierno, parte del ritose cumple saltando o en libre baile; la cudque.ra, enseiia a callarse. E religi6n para varones. sLa metodista desarrolla la seriedad y, domingoa domingo, praeba a sus fieles proscribiendo larisa, la sonrisa y todo van0 gesto de alegria. 0 0 0 48
  45. 45. Suelen llegar a la mds intolerable apatia10s deportistas, no por razonamiento, que n oes su mira, sin0 por emplear las maiianas do-mingueras en mover brazos y piernas. Su ausen-cia del templo, insensiblemente, 10s priva delhAbito de creer. A I humanitario creyente le duele que me-nudeen las guerras,y permanezcan las multitu-des en miseria inalterable. Y como con su ac-ci6n no logra acabar con la guerra ni la mi-seria, por hacer algo, suprime a Dios. Los hombres dramziticos acomodan su vidaa un patr6n santo, per0 si les sobreviene unadesgracia grande, dejan chicos a Jeremias y aJob y no tardan en arribar a la mbs patkticanegaci6n. Son .de una pieza. Muchos jovenes alardean de ateos s610 porsingularizarse. Si sus oyentes se asombran detal jactancia, 10s jovencitos conservan el ateis-mo como adorno. . . e 49
  46. 46. Son negadores tambiin ciertos ambiciososque habrian deseado ser 10s propios descubri-dores de Dios. POT resentimiento niegan. A 10s sindicalistas les parece insufrible te-ner Dios c m c n con su patrh. Y como todos10s dioses son reservados ante la lucha de cla-ses, optan por la acci6n directa. m
  47. 47. 11 1EL ESCRlTOR Y SU EXPERIENCIA
  48. 48. A Juvenal HernandezEra adolescente cuando, para ganarme el pan,intent6 aprender 10s mPs diversos oficios. Asipude vincularme a obreros ansiosos de estable-cer una sociedad igualitaria y libre, como laconciben 10s anarquistas. Muy pronto hice miatal aspiracidn, porque nada ayuda tanto a de-cidirse como el ser joven, y todavia con un res-to de candor. Esa hermandad perfecta se esta-ba fraguando casi a mi vista. De habdrsemepreguntado la fecha de su advenimiento, y delconsiguiente cambio social, no hubiese vacila-do en considerarla terrenal dentro de cincoaiios. El aiio del mancebo es muchisirno mAslargo que el del adulto. De ems trabajadores, decididos artesanos delporvenir, fuC el zapatero A u p s t o Pinto, mimaestro. Nos unia la mis profunda afinidad ycuanto i.1 decia encontraba en mi eco perdura-ble. Siempre esdbamos imaginando, detalle adetalle, la organizacih futura, la anirquica, lade 10s iguales. Aunque su certidumbre de quela sociedad ideal era tan inevitable como el ai-re y la lux, expres6 una vez: -1Gran cosa seria un estado de pobreza sinmiserial 53
  49. 49. Cuando lo dijo me pareci6 un deseo pru-dente, juicioso tambidn, per0 muy limitado.Pienso, ahora, que si la humanidad alcanzaraese nivel, el de la pobreza sin miseria, en nom6s de un siglo, habria que echar a vuelo to-das las campanas. <De que modo podia acercar, hacer mPs via-ble, la sociedad de 10s iguales? Mi padre habiaescrito relatos y versos que dejcj inCditos. Miabuelo materno redact6 obras tccnicas. Y mimadre, lectora de ,novelas, solia, en noches deinvierno, contarlas con viva sencillez. AI servir de mozo en una biblioteca, hall6 unretrato de Miximo Gorki, que lo rnostraba consobretodo de cuello redondo, abotonado bajoel mentbn. El abrigo se me grab6 tan profunda-mente que de imagen se me transform0 en de-seo. Recorte el retrato y lo conserve largo tiem-PO. Habia leido 10s mis de sus libros. Ley&-dolo tome gusto por el paisaje literario y pu-de, cuando mi sensibilidad se aCin6, sentirlo enla naturaleza. Su amor por la errancia prendi6en mt, pero, dada mi indole sedentaria, en vezde ir de una regi6n a otra, como Gorki lo hi-ciera, lo satisfice cambiando de empleos dentrode la ciudad. No trabajd sino para patronesagradables, notoriamente simpiticos. A1 equivo-carme y mer bajo la potestad de un sujeto hos-co o ligeramente animal, en el lapso de una ma-iiana lo abandonaba. No habia entonces poder 54
  50. 50. alguno que me obligara. Casi era un hombrelibre. Nunca tuve sobretodo. Mi madre, a1 comen-zar el frio metia, entre el forro y la tela de michaqueta, una mano de peri&licos, y en la es-taci6n invernal sentiame tan abrigado comoun rey austero. Pero el de MAximo Gorki se meimpuso. Ni antes ni despuds senti con persis-tencia deseos de poseer cosa alguna, salvo e xabrigo. Apenas reuni dinero encargut uno pa-recido, mas no de gdnero grueso como el buensentido aconsejaba, si,no de cheviot. AI princi-pi0 estuve muy satisfecho. Consideraba que lle-vlndole me identificaba con el ideal de hom-bre superior que uno se ha forjado. Lei entonces “El abate Julio”, de OctavioMirbcau. En cl transcurso de 10s meses perdi el rego-cijo que mi abrigo me causara, tanto porqueme flotaba, lo que podla estar bien en un pro-feta, como porque se me enquist6 la tonta ideade que con 61 asemejdbame a1 fraile loco, a1abate Julio. Una noche, ya tarde, mientras bebia caf6 enla Alameda, acerc6seme un alemdn escudlido yviejo, que a1 mediodia dejara el hospital. Cu- briase con camisa de brin, carecia de hogar ysu porvcnir inmediato era la neumonia. Una mezcla de piedad y desapego a mi sobretodo, tan flotante, me impuls6 a dArselo sin pensarlo dos veces. 55
  51. 51. Bajo la influencia de Gorki tom& la desco-munal resolucibn de irme a Valparaiso. Era pa-ra mi no nienos que partir a la Cochinchina.Nunca habia visto el mar. Durante u n mes ima-gin6 cuAl seria mi vida en el puerto. Lo mejorde 10s viajes debe de ser la v i s i h previa. Figurb en mis planes dormir junto a1 ma-lec6n. Fantaseando en mi casa no podia sentirfrio, ni molestia por la promiscuidad, ni desa-zbn por la catadura de 10s vagos. AI abandonar el tren, en el puerto, huy6 demi el deseo de pernoctar a1 aire libre. Sin de-mora busqut la carta de recomendaci6n qucalguien, casi a la fuerza, pus0 en mi bolsillo,y acepte muy complacido la hospitalidad quese me brindaba. Tras unos dias de ocio, me converti en ven-dedor de libros, primer0 en la Subida dc SanJuan de Dios; a continuacidn en el Pasaje Qui-llota. Ofrecianse en una tienda 10s saldos dela que fuera editorial del libro barato. Entrelas obras que adquiri, a sesenta centavos el vo-lumen, estaban “El iniitil”, de Joaquin EdwardsBello, y “Azul”, de Ruben Dario. Los dem&vendedores, que lo eran de aves, verduras yfrutas, mirjbanme no sin extraiieza, juraria quecon menosprecio, tambidn. Agotada esta experiencia, fui cobrador detranvias en la linea de Valparaiso a Viiia del 56
  52. 52. Mar. Pretendieron enseiiarme su manejo, per0cuando me lo confiaban no lograba detenerloantes de la esquina, sino m9s all& a media cua-dra. Por milagro no atropelld a nadie. De cobrador tampoco consegui sobresalir. Lavida en el puerto era muy familiar y solia acon-tecer que subieran seiioras, hasta elegantes, quehabian olvidado su portamonedas. &6mo in-currir en la groseria de hacerlas bajar? En eseevento debia, hidalgamente, premunirlas deboleto para que el inspector no me multase,pues existia la creencia, ignoro si fundada, deque todos 10s pasajeros pagan. Era frecuente que el carro, en el terminal, serepletase con gentes que subian, simultinea-mente, por amhas plataformas. La cobranza,con el vehiculo en marcha, y con tal hacina-miento de prdjimos, era lenta, llena de peli-gros, penosisima. Desde liiego imposible resul-taba cobrarle a todos; no quedaba tiempo paraordenar las paradas ni las partidas; protestabacl pLblico; el maquinista injuridbame con ex-presiones muy dlidas, y de subir el inspectordebfa afrontar su fiera mirada, y el parte, queno demoraba si,no segundos en redactar. Mien-tras, solia equivocarme en 10s vueltos, siempreen mi contra, porque el pasajero sabe con qui.paga y comprueba cuinto se le devuelve. Si lesdaba de mls, guardaban provechoso silencio.Como debia desplazarme entre individuos nu-merosos, de conceptos muy desiguales acerca de 57
  53. 53. la propiedad, estaba a merced de siniestros ne-cesitados, de muy largas manos, de loa cuales aduras penas conseguia precaverme. A1 acabarmi turno, y entregar el dinero en la contadurfade la empresa, rara era la vez que no me falta-se. En el primer mes trabajk casi en exclusivobeneficio de aquClla y, en 10s que vinieron, nopuck eludir 1 visita a tan pavorosa oficina. s Aunque mi designio no era trabajar de bal-de, ya porque la empresa perseguia el inter& yno la beneficencia, ya por mi propia tnecesidadclamante, en el hecho, por torpeza, mi sueldoera ilusorio. Esta circunstancia contribuy6 aque en ciertos dias rehusara el turno, a sabien-das de que sujeto quedaba a nuevas multas, Yme fucra a vagar por 10s cerros del puerto. Tales andanzas, y otras que es humanitarioomitir, sirvieron de nlicleo a la segunda partede Vidns nzlnimns. A1 retornar a Santiago, tuve mayor contact0con JoSe Domingo GGmez Rojas, que, fuera desu voz abarcadora, tenia el poder de amplifi-car cualquier asunto (hasta miedo irispiraba aalgunos). Era elocuente. Nunca carecid de te-ma ni janilis se mostrd decaido. Bastaba que di-jera una frase para que su fantasia lo proveye-se de ciento o mil mAs. Estudiaba castellano enel Instituto Pedagrjgico. A una pregunta del 58
  54. 54. profesor Ducoing, contest6 en un discurso deuna hora. Nunca mermh su admiraci6n por Oscar Wil-de, pero en lo demds era verdtil. A1 ser encar-celado, su actitud bizarra con el juez Astorqui-za fuC digna del gran inglds. Es cierto que lecost6 la vida. Era generoso, y lo animaba una curiosidaduniversal. Le habria gustado frecuentar a lasj6venes mBs empingorotadas. Afanlbase en quesus amigos fuesen escritores o artistaa. N o habiauno a1 cual no le adivinase vocaci6n. Duranteun paseo por las orillas del Mapocho, con al-g6n misterio, me aconsej6 escribir. De las ob-servaciones que yo hacia, inferia dl que en mi,todavia en potenria, existian condiciones litera-rias. Como padramos ante una carretela, a p e -g6: -Aqui tienes la carretela, su caballo, el con-durtor. Hay un chico. Todo debera describirse.Si el caballo anda, sus herraduras producen so-nidos. Debes reproducirlos. El tiempo es frescoo caluroso; el rostro del carretelero ilcusa un es-tado de Animo. DeberAs captarlo, y tambiPn loque sirve de marco, cuanto se ve o se mueve entorno. <Has leido “El hombre que sorbla susopa”, de Edgardo Garrido Merino? He ahi u ncuento hecho con nada y, sin embargo, pareceun cuadrito, uno de esos cuadritos flamencos. Anduvimos cinco horas. El hablaba y yo es-cuchaba embelesado. Sus palabras estimularon 59
  55. 55. mi vanidad y en la lnoche me sent6 a la mesa,en el comedor, mientras mi gente dormia, y es-cribi. iQu6 pude hacer? De seguro algo muy in-gCnuo, una especie de introspecci6n. Escribi unas pocas pziginas en el aiio iniual,y continu6 leyendo a1 Principe de Kropbtkin,que era mi guia. Entre sus muchas afinnacionessabias, se me grab6 la de que no hay pensa-miento ni sentir que no pueda expresarse cla-ramente, con sencillez. Esta idea fui: para micomo esas melodias que el subconsciente ateso-ra y que, por periodos, proyecta h x i a la zonaIuminosa de nuestra sensibilidad, para regalar-nos. La ensefianza mediante el libro, proclamarlono es audacia, reside en que lo aseverado en Cs-te se entienda de una sola manera. Cuando ca-ben dos o m& interpretaciones, es porque el es-critor no fui- precis0 ni claro. Un libro asi va-le como acertijo. Hay quien piensa que lo desentraiiable en laprimera lectura carece de profundidad, y es, asilo creen, superficial y hasta banal. A mi ver,es profundo el escritor que ve mds lejos y vem9s hondo, siempre que sepa acercar lo lejanoy hacer dizifano Io exondido.
  56. 56. Me cuidC de no leer tratado alguno que con-trariase mis ideas. Hablalas acogido con fervor,con religiosidad, tal si fueran dogmas. Creia ha-ber descubierto la verdad y sentia por mis se-mejantes un piadoso desd4.n. {Qui: lcs impediaver lo que yo veia y pensar como yo pensaba?De Kropbtkin p a d a otros rusos y, en seguida-sin percatarme- a 10s francescs, 10s nbrdicos,10s espaiioles, a cuantos tenian como horizontela mejora social. Antes de un lustro empecd a leer autores queno pretendian sino reflcjar la realidad o decirlo que se les antojaba. Necesiti valor a1 prin-cipio. DespuPs me fuf acostumbrando a la li-bcrtad mental. Es un placer que embriaga y queconfunde. El verse de sfibito frente a todos 10scaminos, dificulta la elecci6n. Los hombres independientes, 10s que preten-den ser libres, no hay duda que responden auna vocacibn y forman parte de una familia,distinta a la de 10s simples creyentes que van,presurosos, a un tirmino ubicable. Caminan sin rumbo fijo 10s buscadores li-bres, van dispersos, no tienen mira comlin. Suspequeiias conquistas no pesan a i abultan. Lesgusta desplazarse por lugares y senderos elegi-dos a1 azar, per0 si se considera el nlimero deventanas que abren aqui y all& se justifica sum6vil. Son iluminadores. Y cuando 10s otros,10s del dogma o del sistema, se han comprome-tido y 10s valores de la convivencia esthn en 61
  57. 57. trance de sucnmbir, (quikn saca un vozarr6nmais retumbante? tQuith clama mis alto? Elhombre que busca su verdad, aunque no vayapor camino conocido, suele encontrarla paratodos. ... La lectura. ha sido mi placer mds logrado.Por leer quise hacerme barber0 y aceptC em-pleos miseros. Siendo mozo en la oficina deuna fundicibn, emprendf la lectura de 10s ru-sos. Mi patr6n salia en las tardes. A veces un industrial, que habia entrado sinque lo sintiera, me preguntaba: -?Quedan uniones del seis? En ese minuto solia estar en Odesa o en elmar Caspio, de ayudante del propio Gorki quealli trabajaba de estibador. 8Se figuran mi apre-suramiento, la celeridad con que debia aban-donar el mar ruso para llegar en un santiamdna la oficina? AI que pregunta, le parece interminable eltiempo que antecede a la respuesta, aunque seade segundos. Y mi cuerpo estaba ahi, y mis ojosmiraban y mis manos se movian, pero mis la-bios no podian responder. Era casi eterno el ins-tante que mi alma tardaba en incorporiirseme. -Quedan. {CuAntas necesita? -respondia a1fin. En vez de alegrarse, el comprador mostrhba-se de sdbito perplejo, como si ya las uniones 62
  58. 58. del seis le fueran indiferentes. A1 irse me gra-tificaba con la mPs anormal mirada de soslayo.5610 despuPs de mucho vivir, entendi que semira de esa manera al que vuelve de la hipno-sis o a1 extravagante. Debia llevar encargos a domicilio. Lefa en10s tranvias. AI cabo de largo rat0 sentia des-asosiego, como si esta vez demorase rnAs en Ile-gar. Efectivamente, me habia pasado. Con un libro abierto me iba a almonar. So-lia el personaje adueiiarse de mi espiritu y mi-raba a travds de mis ojos. Me sentia muy ex-trafio, y feliz de serlo, per0 aunca cont6 esto aser viviente. Sojuzgado por el personaje, quCdesconocido hallaba mi barrio, la calle mismaen que moraba. Y no podia ser de otro modo.El era natural de la Ucrania. De noche prosegufa la lectura en cama. 1Nohay delicia igual! A las once, mi madre, quegozaba del privilegio de leer en las tardes, cla-maba: -Apaga la luz. Conseguia una breve tregua. Y luego debiaobedtcerle porqiie era madrugadora. El desdi-chado personaje, en esa pigina estaba sufrien-do un trance de consecuencias imprevisibles yquedarh entregado a SI] propia suerte. [Quecallada desesperacidn se apoderaba de mi! Cuando me echaban del empleo o resolviano ver mas a mi p a t r h , ni a ninguno de susparientes inmediatos, vivia horas inmejorables. 63
  59. 59. Eran quince o treinta dias de hartazgos y de or-gias en la Biblioteca Nacional, a la que entra-ba apenas abierta. Leia con vehemencia, visita-ba otros paises y era testigo de hechos suma-mente privados y subyugantes. Estaban a mi dis-posici6n las mejores y las peores almas. A1 sa-lir, anochecido, a las calles centricas, lo haciacon la sensacidn de verlas por priniera vez, des-pues de larga ausencia. En la casa observaba ami madre y hermanos con acumulada ternura.Era como si me 10s regalasen de nuevo. Casi ignordndolo derivC hacia la literatura.Redact6 u n boceto titulado “El conventillo”.Conoci a don Miguel Luis Rocuant, que, porcortesia, me pidid colaboracih para su revista.Don Miguel era de figura imponente; vestiabien; daba bastonazos a 10s choferes que ensor-decian con sus clixones; a1 tdrmino de su al-muerzo encendia un pur0 largufsimo y, dos ve-ces por semana, visitaba al Presidente de la Re-pbblica, que era su amigo. El titulo de mi escrito pareci6le de malisimogusto. Cuando se l entreguk vestia palet6 en- ohuinchado FuC peor. Mas, como hombre finoy de educaci6n a prueba de emociones, hizo ungesto amable y dijo: -Mejor le pondremos “En el arrabal”. En el arrabal, fue la base de “El conventi- 64
  60. 60. 110” que, en seguida, desarrollk y es parte deVidas minimas. A1 aparecer la colaboraci6n no cabia en mide alborozo. Y Cste lleg6 a1 Cxtasis cuando vi,en el mismo tranvia en que viajaba, a un indi-viduo gordo, empleado de zapateria, que Ileva-ba la revista en su mano y leia mi produccih.Antes le tuve por criatura insignificante. Desdeese momento hallC en tl un halo superior y, du-rante muchos aiios, al verlo tan opulent0 deformas, pareciame que Cstas eran el mer0 disfrazde un pensador que se ganaba su vida en unafPn modesto. m. Cuando empecC a escribir era costumbre leerun trozo a cualquier compaiiero. Nadie seofendia. El oidor no dejaba nunca de corres-ponder con una frase estimulante. En esa inte-Iigencia lei a un amigo poeta unas pocas pagi-nitas y, terminado que hube, lo mire. iY saben ustedes que me dijo este iconoclas-ta? -Tu prosa es como estar contando chauchas. Escribia de preferencia en 10s veranos paraquitarle el cuerpo a1 f f . Trabajaba en la no- roche. Hacia un pirrafo, lo corregia y, a1 desapa-recer la posiblidad de mejorarlo, poniale enlimpio en otra hoja, y en Csta comenzaba el se-gundo. Era procedimiento digno de un minia-turista chino, que se me peg6 de observarlo en 65
  61. 61. el poeta amigo, el cual pulia verso por verso ys610 escribia el siguiente cuando el anterior es-taba acabado del todo. Necesitibamos de gran-des canhdades de papel. Mi propbito Cud ser preciso, econ6mico depalabras y ajustarme a lo que sentia. Tambienquise ser consecuente con mis ideas hurnanita-rias y ofrecer a1 posible lector escritos breves.hfds tarde, atendiendo u n consejo, escribi deuna vez el asunto, con vista a preservarle lafrescura y la unidad. En la siguiente sesitn me ocupaba de orde-nar lo escrito y en muchas otras de suprimir loaccesorio, y completarlo. En ocasiones luchabaen van0 por continuar, per0 no daba con labase o el pirrafo que permitiera pasar de unaidea .a otra, de una escena a otra escena. Evafrase que sirve de puente, da q u i hacer. Des-cubri, tras fatigosas bdsquedas, que la consultacoa la almohada tenia sentido profundo, y, a1dormirme, hacia traspaso de mi preocupaciha1 subconsciente, ese mozo interior que tantonos ayuda. A la vuelta de dias la frase o el pCrrafo graciosamente caian a la punta de la plu-ma. Otra dificultad que sume a1 escritor en sos-tenidas vacilaciones es cuando, en lo que vaescribiendo, una idea secundaria se desarrollay colorea desmesuradamente. Lo doloroso parael autor es que esta idea dC una pfrgina o mAsy que en si tenga alguna calidad. @mo sacri- 66
  62. 62. ficarla si ha salido tan bien, con tanto sentidoy fluidez? Un sentimiento paternal induce adejarla y el total se resiente y fracasa. Muy ala larga, se adquiere el heroism0 de eliminarcuanto. sea impertinente. La eufonia nos arrastra, a menudo, a redon-dear la frase, a darle un tdrmino expirante y de-lirante. Como sonido es inmejorable. Mas, rele-yendo, se advierte que 1as dos o tres dltimaspalabras son palabras, por dentro nada las ani-ma. Entonces uno las suprime y la frase quedacomo esos senderitos de montaiia cortados porel abismo. Es fastidioso tambiCn que el texto quede liso.Disgusta que ideas y sentimientos se ajusten aun diapas6n. Deberia producirse en la prosa unpoquito de oleaje. La variacidn es lo que todoescri tor envidia a1 mhsico. La inteligencia disfruta cuando puede preverel desarrollo y fin, en cualquier plano, de unrelato. Per0 eso suele matar la sugerencia, hilosutil a traves del cual quien lee completa lacreaci6n. Si imaginamos la pintura de un trozode calle, cegada a1 Condo por una vivienda, po-demos figurarnos cbmo viven 10s que ahi habi-tan, per0 si el pintor deja la calle abierta, quienmire podd imaginar infinidad de variantes yruando la propia fantasia deje de ver, quedarAtodavia la ilusi6n de que el camino continlia. Lo que ameniza el trabajo es la persecucihde oraciones o vocablos sin oficio. No soy mal 67
  63. 63. cazador y termino la jornada con las manos Ile-nas. Suele asaltarme la duda de que, algunavez, la euforia me lleve a eliminar palabras quepodrian tener funci6n. El texto concluido -un relato, un cuento, loque sea- mejoraria muchisimo si fuera cono-cido de personas habituadas a leer. Casi nuncasus reparos.son equivocados. Si leemos a cual-quiera una pAgina sobre algo real, es seguroque nos darri una opinibn certera. La Sltima lectura de su original deberia ha-cerla el autor en frio, cuando haya olvidado loque escribib, y no corregir mAs de cinco phgi-nas diarias para que su atenci6n se mantengaPvida X o paIece sensato que el autor pueda gozarleyendo sus propios libros. AI leer lo suyo, poracabailo que estt, no p e d e eludir el contrasteentre lo coiiseguido y el antecedente que le sir-vi6 de inspiracibn. Gran parte de Cste continiiadentro de d1 en estado inefable, como ocurrecon lo mAs tierno, con lo m6s delicado. . El placer se lo procuran las obras ajenas, pueslas aprecia en si, por lo que expresan, por !aernocih que le trasmiten o por el agrado, sinsaber de quC partieron sus creadores. Y disfru-ta mris +e el lector comhn porque sabe c6mose escribe y celebra, a conciencia, las dificulta-des que el literato salv6 con grandeza. Se dir& cpor quC empeiiarse entonces en es-cribir y no contentarse con 10s libros clisicos, 68
  64. 64. probados por siglos? Aquf se impone una confe-si6n penosa: hasta el mAs humilde escritor,a q u d desconocido alfn de sus vecinos, conservala irracional esperanza de crear una obra im-perecedera. Aunque exista en espaiiol una me-dida tal alta como el Quijote, 61 confta, por ins-tantes que se van y siempre retornan, en haceralgo mejor. Si lo dice a gritos, serd tenido porloco, y de insistir hasta puede ser recluido. N i n p n a persona razonable osaria negar anadie la posibilidad de un logro inmortal.Mientras aliente el mis cohibido de 10s seres,tendr5 la potencia de expresar lo nunca dicho. Un escritor concienzudo no puede aspirar si-no a que su obra sea pasable 0, si se prefiere,digna de leerse. Hasta ahi puede la voluntad.Escribir, alguna vez, una pggina merecedora deconstante recuerdo, es algo que no depende delautor. E un resultado, una gracia o milagro, scuyas leyes todavia se desconocen. Pero, aunque se escriba mal, escribir es u nbien, sobre todo para aquellos seres, hiperetdsi-cos, a quienes la vida hiere en exceso y que,por educacibn, orgullo o admiraci6n a 10s in-gleses, no gritan ni se lamentan, y absorben 10ssinsabores y 10s malos ratos, sin pestafiear, sindarse por enterados, aunque, a su debido tiem-PO, su sistema nervioso o su est6mago si quese enteran. Cuando el pr6jimo herido quiere olvidar suspenas leyendo, no entended lo que lee; si se 69
  65. 65. sumerge en un ambiente de melodias, no po- drrl oir, per0 si escribe -o se entrega a un tra- bajo de creaci6n- a 10s pocos minutos, todo su ser estari dentro de las ideas, las formas o 10s colores y pronto no sentiri malestqr algu- no, no sentira su cuerpo, lo que constituye ca- si la felicidad ?ambien fatiga escribir. Cuando a1 borde del cansancio visitaba librerias, y veia sus anaque- les repletos de libros que nadie compra y que, seguramente, sus autores hicieron con la inten- ci6n clarisima de que fueran obras maestras. mi entusiasmo esfumibase por completo. AI acercarme a 10s veinticinco alios me crei muy inteligente. {Por quC? En parte por gusto, c6mo no va a ser uno dueiio de ilusionarse, y un poco porque mis amigos, tal cual vez, SO- lian decirlo., Hallindome en cierto grupo, tuve la primera duda. Cuando uno se incorpora a un corro en que hay desconocidos, fugazmente clasifica a Cstos y, por ejemplo, se dice: -iQuC tipo tan alto! Del siguiente que usa anteojos: -Tal vez sepa mucho. Y de otro, mal vestido, delgado, sin color ni caracteristica: -1Es u n hfeliz! 70
  66. 66. , Se esforzaban todos en prever el fin 16gico de acontecimientos que estaban desenvolvihdose. Sin meditar bastante, di mi opinibn. El infeliz habl6 a1 ~ l t i m o ,sin levantar la voz, ni gesticular ni excederse siqiiiera en una frase, y lo que dijo era lo h i c o posible, lo que buscilbamos en la oscuridad. Tuve que recono- cer su intuici6n. Me sobrepasaba en inteligen- c;a y era mils clarividente que cuantos alli dis- cutian. Nunca tuve oportunidad de volver a oirle, pero, a hurtadillas, a1 cruzar por su ca- mino, miribale seguro de que con su facha de nada podia ver antes que yo y mejor que yo. Este episodio me en=% que la inteligencia est5 bien repartida, y que se la usa mejor escu- chando en sosiego. HablC menos desde entonces, ganoso de hacerme sabio, pero, a1 llegar a la cuarentena me volvi locuaz. ConservC, eso si, recelo de 10s individuos de aspect0 anodino. Hay que observarles con pa- ciencia. De repente sacan de entre sus andra- jos un magnifico diamante, y, sin inmutarse, lo arrojan a1 aire. m o e EncariGbame con el trabajo que caia a mis manos. I-Iasta solia pensar, si estaba pintando una muralla, que manejar la brocha seria mi faena invariable. Con el paso de 10s meses, da- da mi natural veleidad, mi espiritu abandona- 71
  67. 67. ba la tarea y no mucho despuds lo seguia fisi-camente. La literatura no siempre me interesd. La de-jt! por largos periodos. Llegud a convencermede que cualquier persona tenaz podia cultivar-la. Tardiamente, a1 tener trato asiduo con uni-versitarios, he debido aceptar que no es asi, puesbuen nhmero de ellos no alcanza a perforar lasfrases hechas, ni se reflejan en lo que escriben,y 10s mismos profesores del idioma, si bien lo-g a n , y no todos, la claridad y la precisi6n ne-cesarias, no consiguen dar su matiz. Los dominael lenguaje administrativo, impersonal, que esla negaci6n de la literatura. N o soy observador consciente. A1 hallarmecon alguien puedo recordar quP dijo, si estabaalegre, si triste o indiferente, pero nunca deta-lles fisicos. O b 0 No estA en mi aceptar la realidad como sueleser. La siento y la veo como algo favorable amf, por u n tamiz un tanto ilusorio, y todo est0a veces me conduce a inesperados desengaiios. Lo que de la realidad no se me escapa, acasoporque lo persigo, es el acto hnico o la frasesingular que expresen lo genuino de u n hom-bre o de una mujer. E privilegio de grandes s 72
  68. 68. mujeres y grandes hombres que sus accionesscan notables. Los individuos corrientes se con-funden unos con otros; sus hechos y decires pa-recen reproducir lo que se hace y se dice a dia-rio, en cualquier parte; per0 hay un instanteen que el ser m8s an6nimo crea un acto hnicoo expresa un pensamiento solamente suyo. Estosson 10s tesoros que codicio. Siento resistencia a lo dramdtico en la vidacotidiana y no aporto nada a su caudal. Melas ingenio para coger lo ameno de la existen-cia. Casi todo se me va transformando en re-creacibn. No soy hombre serio sino por instan-tes. Los seres verdaderamente serios, siempreafirmativos, me parecen actores. 0 0 . De no e s t k sometido a la sociedad, evitariacualquier decisidn r8pida. Cultivaria en mi, re-sueltamente, el escapismo. N o sirvo para el trabajo en comfin. Me agra-da hacerlo a mi arbitrio, como lo veo, sin SU-jeci6n a plazo. Estoy de acuerdo con mis amigos intimos enla visi6n general de la vida, aunque difiero, amenudo, en la actitud, en el acento, en ciertomris o menos hidefinible. Pienso separado de 10s demds, pero no pier- 73
  69. 69. do de vista la porci6n de verdad que ellosposeen. El valor, no siendo imperativo del tempera.mento o excitaci6n del ambiente, necesita el es-timulo de convicciones cercanas a lo absolutopara que se manifieste. En mi es problema deconciencia, algo semejante a1 deber. per0 raravez de pura emotividad. Soy el reverso del teme-rario. Cuando un impetu me arrastra, me refre-no por instinto. Lo pasional lo tengo asociadoa1 ridiculo. Lucho oponihdome pero, desgraciadamente,no estoy con un polo ni con el otro. Sin perjui-cio de ser quitado de bulla, casi siempre, conharta timidez y con inacabable paciencia, cons-tituyo un pequefio polo equidistante de 10sotros. Esto no es chmodo, pero es asi. Noobstante, me figuro que si no pertenezcoa la familia de 10s contemplativos, soy su alle-gado. A1 contemplativo no seria acertado conce-birlo en forzosa inmovilidad. Hasta es posibleque lo que es s u deber hacer, lo haga con ra-pidez, casi volando; pero su agrado consiste enmirar, en escudriiiar el sentido de las acciones,en comprender. Su goce, c6mo negarlo, no de-ja de costarle caro, porque se presume que elhombre activo es quien forja la historia. De ser 74
  70. 70. asi, a1 espectador no le queda otra disyuntivaque sufrirla. Podria agregar, para consuelo del contempla-tivo, que el hombre de acci6n no estA libre d eamargura. Da el primer paso casi agobiado por suconcepciitn renovadora. En el camino se le jun-tan muchos y cada uno altera, cambia, modifi-ca o reduce lo que aquC1 se proponia. Vienenlriego las limitaciones de espacio, tiempo y tra-diciitn. Y se agrega, todavia, lo imponderable,y cuando llega y quiere crear lo suyo apenashalla en d6nde hacerlo y cdmo hacerlo. En 10s grandes cambios sociales, adn en 10smls revolucionarios, qriC poco es lo que quedaa firme de las verdades nuevas. En cualquiersintesis de alcance colectivo, pareceria que entraun kilo de verdades viejas y s610 un gramo deverdades nuevas. Pero un gramo t a m b i h esuna unidad, y mis todavfa si es germinatorio. Los escritores poseen una muy sensible me-moria para las palabras, asi como otros la tienenpara la historia, 10s colores, la matemdtica o10s sonidos. Nos enseiian a hablar las mujeres. Deben re-petir las mismas voces ciento o mil veces. Pu-diera ser este el motivo de que la mujer, por res-ponsabilidad natural, hable, en el curso de suvida, algo mAs que el vardn. Pero, si no repitie- 75
  71. 71. ra hasta el cansancio icuindo aprenderiamos aexpresarnos? Es un tesoro, para el que va a ser escritor, quesu madre se haya formado mPs con la vida quecon 10s libros, o haberse criado con nifiera cam-pesina. Ambas hablan la lengua del pueblo.Usan vocablos probados durante siglos. Lastrescientas palabras que aprendemos de sus la-bios, serhn nuestro lenguaje y nos ayudarPn aentender a cuantos se expresan en el mismoidioma y a ser comprendidos por la generalidad. La lengua popular es la lengua. El puebloefectha labores muy variadas y le corresponde,de hecho, el domini0 de la naturaleza. El irdelante, conquistando espacio, lo enfrenta a fe-n6menos originales y le obliga a darles nom-bre. Su libre imaginacih lo presume de rarasabiduria para bautizar lo que ve, siente o des-cubre en estado virsinal. Ademis, el pueblo es el conservatorio de to-do. Expresiones refinadisimas, que nacen. en sa-lones, pasan luego a las obras literarias, p r odesaparecen del lenguaje culto, siglos despudsse encontrarin cabales en labios de mujeres yhombres humildes. Recuerdo que, en compaiiia de un caballe-ro, fui a una casa de labradores, en las afuerasde u n pueblo. Se nos hizo entrar. En seguidaaparecib una muchachita de quince aiios, conuna bandeja, y nos sirvid sendos vasitos de mis- .tela. El caballero la cumplimentb por lo bien 76
  72. 72. que .se hallaba. Ella, sin alzar 10s ojos, respon-di6: -Es favor que usted me hace. En circunstancias semejantes he oido tam-b i h : “Gracias por su fineza” o “Gracias por sulisonja”. Si estas locuciones Eigurasen en novelas, seriamenester atribuirlas a personas de muy cuidadaeducaci6n para que resultasen naturales. 0 . . Hay escritores inteligentes, bien dotados, quemalogran sus escritos usando tecnicismos u otraspalabras de diccionario. Quien 10s lee va detc-niendose en 10s vocablos y olvida el sentido ola idea. Mas, una de las metas del escritor, es la po-sesi6n de una lengua rica, con toda suerte deelementos expresivos. De tanto en tanto sera in-evitable valerse d e una voz poco usual,. casi desco-nocida en el vocabulario corriente. Es bueno to-mar precauciones: emplearla en su m& direct0sentido y acuiiarla antes y despuPs en palabrasfamiliares, tanto para que inspire confianza co-mo para que se entienda por su relacion conlas demas. La finalidad a que tiende cualquier escritorconsciente de su oficio y enamorado, es quecuando expone ideas, el lector crea que oye, ycuando relata, que es testigo. 77
  73. 73. En la intimidad de dos o mAs seres, alguienexpresa un sentiiniento delicado y conmueve a .sus oyentes; o afirma su fe, con entusiasmo, enuna gran causa, y logra exaltarlos. Tal eCectodebe causar un buen poema. Una persona, a quien consideramos, suele de-cir su pensamiento acerca de u n asunto comlin.Y como la conoremos y la sabemos sincera, con-sigue interesarnos. El buen articulo, el ensnyodeseado, es eso. De sobremesa alguien cuenta u n suceso. Separecera a otros muchos, per0 un rasgo singu- ’lar o el caricter intenso de tal o cual partici-pante, nos mueven a risa, nos sorprenden oentristecen. Oimos sorbiendo cada palabra. Escomo si hubidsemos conocido a las personas yestado presente mientras ocurrid. Una novelao un cuento deben apasionar en el mismo gra-do para que Sean buenos. De todo esto se infiere que las palabras sonel vehiculo, nada mds, y que Io que va dentroo leu sirve de enlace, es lo que en verdad im-porta. - 0 . Apenas he dicho que termint un libro: “Pi-das mfnirnas”. Puedo agregar que lo publiqut.Por dos o tres meses estuve disfrutando tie abun-dante felicidad porque 10s criticos lo recibieronbien, pero el pliblico, ademds de cauto, se mos-trb prudentisimo, tanto que demord diecisiete 78
  74. 74. aiios en vender quinientos ejemplares. Sin em-bargo, tuve suerte con otros tantos que regal&.No me rechazaron ninguno. Como la bondad de lo que se escribe no sepuede demostrar, ni probar, el autor no tiene lacerteza de haber hecho obra valedera sino aratos. Cuando surge la duda, entristece; se vesombrio; se siente la mds desvalida de las cria-turas. Los sensibles en demasfa recuerdan que existeel vino, el coiiac y otros agentes de olvido. LosmAs vigorosos, con fuerza suficiente para en-mendar su runibo, se hacen industriales, co-merciantes o funcionarios. A1 borrlear la cin-cuentena tienen u poco de plata. Basta que me s t h en reposo para que les entre cierta desa-z6n: {Y si de persistir hubiesen escrito un buenlibro? Y 10s abruma una tremenda melancolia. Cuarillo se apoderaba de mi el desaliento, re-leia el pr6logo que, por SII gusto, Alone pus0a Vidas mlnimas. Releydndolo conseguia, si noresucitar mi confianza, por lo menos dejarlalatente. El literato en formacih, a1 vencer las pri-meras dificultades, se considera alto como unatorre, y a medida que avanza, que va dominan-do la tdcnica, escribiendo mejor, empequeiiece.R a y instantes, y tambidn semmas y meses, enque no se ve, en que pareceria estar a ras detierra. No hay escritor que pueda prescindir del es- 79
  75. 75. timulo. Algunos siguen escribiendo porque ami- OS piadosos le aseguran una peribdica r a c i hde elogios. Durante un tiempo lo confortarinesas alabanzas; luego necesitarh mis y, si todos10s lectores y criticos se pusieran de acuerdo encelebrarlo Jnicamente a 61, no le causaria ex-trafieza. Sentiria que es lo justo. A veces un escritor piensa que su vecino es un simple, hombre sin relieve y sin ideas, per0si kste se le acerca y le dice que ley6 su ultimocuento y le agrad6 como ningim otro, se diri: que equivocado estaba! Este hombre es, queduda cabe, muy culto, tiene gusto y su inteli-gencia es aguda”. Se asemeja a 10s demis artistas en lo desme-surado de sus ambiciones. Aspira a que su obrasea 6nica. Si en un rapto de escepticismo se leentra el pensar insidioso de que su libro es me-ritorio en su pais, verh presto que hay otros li-bros nacionales tan estimables como el suyo.Supongamos veinte. Esta comprobaci6n lo indu-ciri a pensar que en el continente pueden, deesos veinte, salvarse dos. Y si de raz6n en r a z hasciende a1 plano universal, dejando de ladoepocas, escuelas y cualesquiera diferencias, pue-d e que ninguno le parezca digno de figurarjunto a las grandes obras. Y el mds horrendopesimismo lo abatirh dias y meses. Otros literatos, por desventura poquisimos,son paternales, no dudan jamis y, aunque asom-bre, aman cuanto sale de sus manos. Los deses- 80
  76. 76. .pera, eso si, la tardanza de 10s lectores en par-ticipar de iddntico amor. Suelen atribuirlo aincomprensih. Y para darse Animo sueiian enque escriben para las generaciones futuras, pre-sumiblemente m9s 16cidas. . . a El escritor, unas veces sabiendolo, otras porinstinto, es un buscador de la verdad. La quedescubre asume una apariencia desgreiiada, amenudo destructora, pero es siempre la verdad. Frente a1 sacerdote, que tiene a su espaldauna iastituci6n poderosa, y trabaja con verda-des solidificadas, su personalidad resulta me-nos favorecida y sus frutos necesitan de largosafios para que el pueblo 10s tenga por maduros. La gente hace un distingo entre el escritor y10s demds individuos. No lo considera entera-mente normal, no le extraiia si expresa ideasinesperadas, ni tampoco si cae en excesos o echaen olvido sus compromisos. Puede enibriagarse con frecuencia y no se di-rd asi no mAs que es ebrio. Se da por entendidoque debe beber. Si no es mon6gamo a secas,nadie lo enjuiciari, porque se le considera no-table amador. Es claro que tampoco se le darri crddito, quening6n padre correrd tras 151 para que se casecon su hija y que no habra poderoso que le d Ccon placer un cargo. No se cuenta con el escri- 81
  77. 77. tor para las obligaciones comunes. Se presumeque darA muchos disgustos y caeri en mil ye-rros, per0 nadie esti seguro de que alguna vetno escriba una prosa que sepa a novedad, queenriquezca el caudal humano. El hecho de queno exista persona que no deba parte de sus ideasa 10s libros, concede a quien escribe una poten-cia imponderable. Debido a la necesidad de ganarme el pan enlo primero que se me presentara, a mi debilidadpor conversar horas, tardes y dias, a mi escon.dida inseguridad (que a pesar mio conservo enel a f h literario y en la accidn), demork cincoafios en terminar el segundo librito: AlhuC,mis breve que el anterior. La critica volvid amostrarse generosa. Pude obsequiar cuatrocien-tos ejemplares. Los iectores dejsironse llevar porsentimientos dadivosos y agotaron el resto de laedici6n en no mds de doce afios. Despuh me entregue a la vida, que fuC parami conversar m8s y admirar 10s bienes terrena-Ies. Y tambidn disfrutar de algunos. Y pensaren ddnde y cuAndo confluyen nuestra propiaexistencia y la de todos, y buscar, sin rumbocertero, el camino de la mejora comlin, que nose ve claro sin0 por instantes. Tras largos inter-valos escribia unas piginas. Y hubiese abandona-do tan sano enttetenimiento de no entrar a una 82
  78. 78. nueva revista, en la que debf colaborar cuandootros no podian hacerlo. Tarde m8s de veinte afios en publicar Cunn-do ern muchacho. Seria injusto decir que el pG-blico conserv6 su serenidad. No. Este libro seha vendido en dos aiios solamente. HabrQ queachacarlo a la velocidad de la vida moderna. AI que mantime comercio con la literaturale preocupa saber, a travPs de su existencia enque consistird su aportaci6n. Puede, cavilandomucho, convencerse de que debe dar lo que en61 hay de genuino, pero, se dird lqu6 es lo ge-niiino en un hombre determinado? La ilumina-cidn, a diferencia de la gracia que viene de loalto, suelen proporcionarla 10s demiis. Uno, enhuena porcion, es lo que otros aseguran que es,y s610 en parte infima 10 que Cree ser. Aceptemos que se est6 formado de una per-sonalidad externa, sometida a usos y normassociales, y de un ser interno cuyos pensamien-tos son espontineos, buenos o malos, a vecestemerarios o debilitados por un sino timido,per0 siempre vitales, verdaderos. Esta parte denosotros es lo peculiar, lo genuino, la que debeser escuchada. El descubrimiento de lo que uno es, y no delo que pretende ser, es valerosa tarea pues acae-ce, si el coraje no nos abandona, que tras mu- 83
  79. 79. cho examen deba uno tenerse por individuo apenas mediano, lleno de limi taciones, conde- nado, perpetuamente, a no traspasar ciertas 7onas. E natural que deseemos ser mucho y un tan- s to triste que en verdad seamos algo, pero, aun- que s610 searnos algo, no cesa la obligacih dedar lo propio, de darlo tan acabado como nues- tro entendimiento lo permita. Si el escritor escucha a su alma, y revela loque en ella hay de valedero, no podrh falsearse. A1 verter el sentir intimo se impone una con-sideracibn: la de no menospreciar la condici6nde 10s demPs. Cuanto digamos serii una apela-ci6n a la sensibilidad, a la conciencia del pr6-jimo. La rnisibn de escritor es registrar 10s pensa-mientos del pueblo, todo el contenido de su voz,su sentir mdltiple. Y como el fin suele unirse a1 principio, repitoque comencd a escribir en procura de un ordenmis favorable a la comunidad; tuve en el cami-no graves dudas sobre el sentido del progreso;hasta crei que desputs de agotarnos en cual-quier intento creador, volviamos a1 primitivolugar, per0 viviendo y juntando aAos, he adqui-rido el convencimiento de que estamos viajan-do siempre en direcci6n certera; aunque lasfuerzas sociales nos obliguen a dejar el caminodirecto y nos impongan fatigosos rodeos. Lasinsti tuciones son transitorias. La fuerza tambitn 84
  80. 80. lo es. La libertad, ordenadora perfecta, nuncaes abatida por completo. De todas las pruebassurge mAs robusta. La equidad, aventado elofuscamiento multitudinario, nuevamente en-cuentra refugio en mayor ndmero de corazones.Y lo h i c o firme, real, estable, es lo que 10sseres consienten sin presi6n de nadie. Creo que la vida humana no tendria tantoarraigo si uno no pudiera forjarse planes demejora social, si no imaginara que alguna vezhabri un nivel minimo, per0 satisfactorio, delcual nadie pueda descender y si ir subiendo,por un mis sahio empleo de las manos y del es-piritu, a estados superiores en que cada hombrey mujer pueda reali7arse para goce suyo y go-ce ajeno. Uno serta asaz empedernido si no con-cibiera la sociedad del porvenir de modo ine-vitablemente idilico. 85

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