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TRATADO "EL MAESTRO SILENCIOSO" QUERIENDO SALVAR UNA VIDA, DIOS SALVO LA MIA. No. 170

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TRATADO EVANGELISTICO ESCRITO CON EL PROPOSITO DE QUE OTROS TOMEN CONSCIENCIA DE SU CONDICION ESPIRITUAL ANTE DIOS Y DECIDAD ABRIR SU CORAZON A CRISTO PARA SER SALVOS Y TENER UNA NUEVA VIDA

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TRATADO "EL MAESTRO SILENCIOSO" QUERIENDO SALVAR UNA VIDA, DIOS SALVO LA MIA. No. 170

  1. 1. Queriendo Salvar Una Vida, Dios Salvó La Mía. No. 170 Era un viernes (del mes de Mayo del 2000) por la noche y prometía ser una guardia un poco agitada, como casi todos los fines de semanas en los últimos años en nuestra ciudad (Valencia Edo-Carabobo). Aquella noche estaba cumpliendo año y medio de servicio como Paramédico en la Institución para la cual trabajo. Aproximadamente siendo las 10:30 p.m., recibí un llamado por parte de la central de emergencia, notificando un posible herido por arma de fuego en la región torácico; recuerdo que el centralista indicó que elpaciente se encontraba en muy malas condiciones y en peligro de perder su vida. A ese llamado acudí rápidamente junto con mi compañero de guardia, (el cual conducíala ambulancia) y que me decía: ¡Tranquilo, que llegaremos antes de que muera! En el trayectohacia aquel lugar, solo pensaba en que podía utilizar para tratar de llevar con vida aquellapersona hasta un centro asistencial. Después de 10 minutos de haber recibido el llamado deemergencia, llegamos al sitio. Allí se encontraba un joven de aproximadamente 17 años de edadcon tres impactos de bala, (uno en su tórax y dos en la región abdominal) y estaba agonizando,no se necesitaba tener mucho conocimiento para saber que aquel joven estaba a punto de dejareste mundo y pasar a la eternidad. Hicimos lo humanamente posible para tratar de estabilizarlo, lo montamos a laambulancia y rápidamente salimos hacia el Hospital Central de Valencia. Aquel moribundojoven tenía dentro de su boca un papel, que con mucha dificultad lo logró sacar y entregarlo enmis manos. Que sorpresa fue el darme cuenta que era una hoja del Nuevo Testamento, que teniasubrayado el bien conocido versículo de (Juan 3:16) “Porque de tal manera amó Dios almundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda,mas tenga vida eterna.” Este versículo yo lo había aprendido cuando niño en una EscuelaBíblica. Pero sí fue sorpresivo para mí, el ver lo que este joven tenía en su boca, mucho más fue elhecho de escuchar a este jovencito suplicarme que le leyera una y otra vez, ese versículosubrayado. Yo con mucho temor y con dolor en mi alma le leía una y otra vez aquel versículo.Mientras leía aquel muchacho lloraba y decía con voz entrecortada ¡Mi madre siempre decía:que con ese versículo yo podía encontrar el regalo más grande que un hombre podía imaginar!,sin duda que él se refería a la Salvación del alma.
  2. 2. Momentos después, estábamos en la sala de emergencias del Hospital con muchosmédicos y enfermeras alrededor y yo solo pensaba en las palabras que había leído repetidasveces en el camino hacia el Hospital: “Dios dio a su Hijo para que yo creyera en él y no meperdiera”. Con esto en mi pensamiento y corazón, fui interrumpido por unas palabras muy tristes:¡Ya no hay nada que hacer, el joven ha muerto! Al escuchar aquellas palabras comencé a llorardesconsoladamente y algunos de los presentes me preguntaban si era aquel joven mi familiar, alo cual respondí tan solo, que ahora comprendo el por qué, de la tan grande necesidad de estemuchacho de escuchar las palabras de (Juan 3:16). En esa misma hora abrí mi corazón al Señor Jesús, le pedí que perdonara todos mispecados y lavara mi alma con su sangre preciosa derramada en la cruz del Calvario, pudeexperimentar un gozo tan grande que jamás había sentido y pensé en el regalo al que se refería lamadre de este joven. Luego, pensé en dos cosas: Primero en aquel que yacía sin signos enaquella camilla, si tal vez el pudo clamar por la salvación de su alma antes de morir. Y ensegundo lugar pensé: en lo que Dios había permitido o en el medio que él había utilizado paraque Jesús Terán, (pues, ese es mi nombre), comprendiera mí condición delante de él y asíllegara a sus pies contrito y humillado. Qué bueno es saber que el Señor Jesucristo dijo: “Al quea mí viene, no le echo fuera” (Juan. 6:37). Dios permita que mi experiencia “Queriendo salvar una vida, Dios salvó la mía", puedaser de ayuda para que Tú también puedas llegar a los pies de Cristo, confesando tus pecados yreconociéndole como tú Salvador personal. Amén. César B. García R.

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