Desde el vivir en crisis buscando alternativas

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Artículo publicado en la revista Critica en 2011

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Desde el vivir en crisis buscando alternativas

  1. 1. análisis Raquel Embid Sanz Daniel García Blanco Antonio Jiménez Gabarret análisis ©RÍTICA ❙ Nº 975 ❙ Septiembre-Octubre 2011 ©40 “La crisis” Este es uno de los términos más escucha- dos en los últimos meses, que funciona como una especie de justificación universal para cual- quier problema que surja, para cualquiera de esas propuestas de “ajustarse el cinturón” que desde hace tiempo se encadenan unas con otras: “Es por la crisis”. Como queriendo dejar cla- ro que es algo provisional, que pasará, y que esta difícil si- tuación por la que pasamos será superada por un futuro en el que poder volver a disfrutar de un estado de mayor tranquilidad y bienestar. Al menos este es el mensaje que nos llega de manera constante a través de los medios de comunicación. Por otro lado, al mismo tiem- po se nos vende una imagen de progreso y des- Se habla de crisis en la economía, en el trabajo, en la vivienda... Crisis que se explican con datos, con números, que aparecen en los periódicos y las televisiones. Pero hay otras crisis, crisis concretas, que afectan a cada vida particular, experiencias que van más allá de lo que se puede contar: Hay cosas que hay que vivirlas, si no, no se pueden llegar a entender. Más allá de los discursos institucionalizados, son muchos los que han vivido siempre en crisis, desde que su nacimiento en una familia y un entorno concretos les colocó en una determinada posición social, marcando profundamente sus posibilidades de promoción y los esfuerzos que tendrían que hacer para salir adelante. Desdeel“viviren crisis”buscando alternativas
  2. 2. análisis ©RÍTICA ❙ Nº 975 ❙ Septiembre-Octubre 2011 ©41 arrollo sin igual en la historia de la humanidad. Nunca antes se habían alcanzado unas cotas tan importantes de desarrollo científico y tec- nológico. Sin embargo sigue habiendo muchos niños y adultos que mueren de sed y de ham- bre en el mundo, y siguen siendo muchas las personas que no pueden vivir dignamente, sin acceso a derechos fundamentales. Son muchos, aunque acostumbremos a no reparar en ellos, los que desde pequeños se vie- ron encerrados dentro de un sistema que genera pobreza y exclusión para que otros puedan en- riquecerse. Un sistema que no busca el equili- brio en el que todos podamos vivir con digni- dad, sino que explota a los más débiles sin ofre- cer una verdadera puerta de salida a su difícil situación. Un sistema artificial, construido por el ser humano, y que poco tiene que ver con la realidad de la tierra, con la humanidad que compartimos, con lo común. Se habla de la cri- sis como si fuera una situación nueva, algo que no se daba antes. Pero lo que está ocurriendo no es más que un nuevo paso en la dinámica de funcionamiento habitual de este sistema: se sigue apoyando al poderoso y asfixiando al que está en una situación más frágil. Esta situación de crisis económica de la que tanto se habla ha puesto en una situación muy difícil a muchas personas. Muchos de los que habían conseguido una dinámica de trabajo más o menos estable, o una vivienda a través de un alquiler o una hipoteca con el banco, aho- ra se encuentran con muchos meses acumula- dos en paro, con la incapacidad de hacer fren- te a los pagos del piso... Sin embargo, a muchos otros no les ha afec- tado en la misma medida, porque no tenían tan- to que perder. Las consecuencias para ellos no han sido perder un empleo que no tenían o no poder pagar una hipoteca que nadie les quiso conceder. Lo que ellos notan, por ejemplo, es que buscarse la vida con la chatarra es más di- fícil porque la gente tira menos cosas, al tiem- po que cada vez son más las personas que de- penden de la recuperación de materiales para poder vivir. Su situación es más difícil que an- tes, es cierto. Han cambiado ciertas condicio- nes, ciertas circunstancias, pero lo esencial de su situación vital sigue indemne: siguen con- viviendo día a día con la inseguridad de no sa- ber de dónde sacar para comer o para vestir a sus hijos, con la obligación de inventar mane- ras de salir adelante para poder cuidar de los suyos, con la necesidad de superar grandes ba- rreras para acceder de manera estable a dere- chos fundamentales, sobre todo económicos y sociales. Todo eso no es nuevo para ellos. Esta crisis que se está viviendo a nivel so- cial no hace sino evidenciar que nuestro mo- delo de desarrollo se ha construido a costa de dejar a mucha gente fuera de la dinámica de progreso. Este sistema genera al mismo tiem- po desarrollo y exclusión, riqueza y pobreza. Por eso, para entender bien la situación actual, es necesario acercarse a descubrir la realidad de los que viven situaciones más difíciles, en nuestro país y en nuestro continente, pero no solo aquí, sino también en otros lugares cuyas condiciones materiales son mucho más com- plicadas. Porque es necesario recordar que en España y en Europa disfrutamos aún de una situación privilegiada respecto a la de otros países y con- tinentes. Por ejemplo, se ha avanzado mucho con respecto a el acceso a la sanidad y la edu- cación. Pese a todos los problemas y dificul- tades que existen para su aplicación real, siguen manteniéndose como derechos universales que nos incluyen a todos. Son ejemplo de có- mo es posible generar un desarrollo que bus- que no dejar a nadie fuera. Por eso es tan im- portante proteger todo lo que se ha avanzado en estos campos. Las otras crisis Nuestra crisis es económica, pero no sólo. Acercarnos a los que más experiencia tienen de “vivir en crisis” nos ayuda a entender mejor sus diferentes aspectos. En primer lugar, es una cri- sis de confianza en uno mismo, en las propias capacidades. Los miedos, la sensación de im- potencia frente a unos problemas que no es po- sible resolver de manera autónoma, el poco res- peto por parte de otros con el que muchas ve- ces se encuentran estas personas, terminan ha- ciéndoles sentir pequeños, capaces de poco más que de subsistir día a día. En segundo lugar, es también una crisis en las relaciones, porque ca- da vez pueden contar menos con el apoyo des- de su propio entorno y dependen más de pro- fesionales que tienen mucho poder sobre ellos, a los que tienen que contar su vida una y mil
  3. 3. ©RÍTICA ❙ Nº 975 ❙ Septiembre-Octubre 2011 ©42 veces, rompiendo así las barreras de la inti- midad y la privacidad. Es, finalmente, una cri- sis de la esperanza. Porque durante mucho tiempo han sido testigos de cómo esa prome- sa de progreso y desarrollo para todos no se ha- cía real para ellos. Siguen en el mismo punto, en el mismo lugar dentro de la sociedad. Siguen sin ver una salida. Y eso desespera. Quizás este es el verdadero cambio que ha generado la situación actual. Durante mucho tiempo soñaron con que algún día conseguirí- an un trabajo, una vivienda estable y propia, una cierta autonomía para poder ser protagonistas de sus vidas. Para algunos incluso el sueño se convirtió en realidad, al conseguir terminar un curso de formación, encontrar un trabajo, ob- tener una vivienda de realojo, etc. Sin embargo, al cabo de los años, ven cómo esos trabajos se esfumaron hace tiempo, cómo esos cursos que hicieron no sirven ya para nada, cómo las ins- tituciones de realojo promueven desahucios a fa- milias que ahora no tienen otra alternativa de vivienda posible... Se encuentran con que eso que soñaron real fue sólo un espejismo, y que aun- que haya muchas cosas que han cambiado, su lugar dentro del sistema sigue siendo el mismo. La situación actual ha hecho más visible el lugar (o mejor dicho, el no-lugar) que los más pobres y excluidos han habitado durante to- da su vida. El lugar del no-trabajo, de la no- vivienda, de la no-seguridad, del no-futuro. Ahora son más sus habitantes, aunque siguen sin estar en las mismas condiciones. Pasar un tiempo en este no-lugar es duro, muy duro. Per- manecer, no encontrar la salida, quedar atra- pado en él, destroza a la persona. Todo esto pone en crisis la esperanza, la ca- pacidad de creer que es posible cambiar las co- sas, salir de la pobreza, encontrar un lugar dig- no en la sociedad. Pero sin poder renunciar a ella, ya que esta esperanza es necesaria para se- guir luchando. De aquí ¿cómo se sale? Lo particular del contexto actual es que se empiezan a ofrecer las condiciones para apos- tar por la construcción de alternativas reales a este sistema. No se trata de poner parches ni de intentar recuperar lo perdido, sino de bus- car vías para poder avanzar hacia un horizonte común que no deje a nadie fuera del camino. Pero para ello es necesario contar con aquellos La situación actual ha hecho más visible el lugar (o mejor dicho, el no-lugar) que los más pobres y excluidos han habitado durante toda su vida. El lugar del no-trabajo, de la no-vivienda, de la no-seguridad, del no- futuro. Ahora son más sus habitantes, aunque siguen sin estar en las mismas condiciones. Pasar un tiempo en este no- lugar es duro, muy duro. Permanecer, no encontrar la salida, quedar atrapado en él, destroza a la persona.
  4. 4. análisis ©RÍTICA ❙ Nº 975 ❙ Septiembre-Octubre 2011 ©43 que hasta ahora han sido dejados siempre de lado en este tipo de procesos. En la experiencia de una vida en crisis per- manente se conoce muy bien lo que son los mo- mentos de desesperanza, de oscuridad, de do- lor. Pero también se sabe que siempre es posi- ble salir adelante, por duro que sea, si se tie- nen ganas de vivir y razones para seguir lu- chando. Desde la perspectiva de los que viven en la extrema pobreza, no hay otra opción que seguir luchando, como han hecho siempre y co- mo seguirán haciendo, a través de pequeños y grandes esfuerzos cotidianos, de un constan- te intento por buscar alternativas. Cada persona tiene su propia historia, su trayectoria, y tiene que encontrar su propia ma- nera de avanzar y superar los obstáculos. Pe- ro al mismo tiempo es fundamental contar con el apoyo de gente cercana, familiares y amigos que animen, que ofrezcan su ayuda y, sobre to- do, que muestren que confían en uno, que le creen capaz. Por eso, en una situación como la actual, es fundamental que volvamos a recuperar las redes de apoyo mutuas, para poder redes- cubrir lo que somos capaces de hacer juntos, así como que es posible salir de situaciones de extrema dependencia para lograr ser más au- tónomos, sin que otros decidan en lugar de uno(s). Las respuestas a lo que estamos viviendo no vendrán desde dentro del sistema, de los diferentes dispositivos que han promovido que sus dinámicas de pobreza/riqueza y de in- clusión/exclusión se mantengan durante to- do este tiempo. Las respuestas reales las de- bemos buscar entre todos, sin que nadie sea dado de lado, partiendo del reconocimiento de que necesitamos la experiencia, el cono- cimiento y la capacidad que cada persona tie- ne para poder avanzar juntos. El objetivo fun- damental no puede ser llegar muy lejos si es- to se consigue a costa de dejar a gente en el camino. Nuestro horizonte debe ser llegar hasta un nosotros común, hacia un caminar compartido por un mundo y por una socie- dad mejor para todos. La participación y el compromiso de los que siempre se han quedado fuera ayudará a llevar mucho más lejos las interrogantes que ahora mismo encima de la mesa. De esta manera evi- taremos quedarnos con respuestas parciales que sólo toman en cuenta a una parte de la po- blación. Porque, ¿qué pasa con los jóvenes que no sólo no tienen un futuro claro, sino que tam- poco han podido disfrutar en el pasado ni en el presente no ya de una formación universi- taria, sino de una formación reglada mínima? ¿qué pasa con las familias que por sus condi- ciones de vida no pueden soñar con acceder a una hipoteca o un alquiler a precio de merca- do y que encuentran como únicas salidas la lo- tería de una vivienda de protección oficial o la ocupación de una vivienda desalojada, no por convicción sino por necesidad? ¿qué pasa con aquellos que pese a dejarse la piel día a día pa- ra sacar a su familia adelante buscando chatarra o haciendo “chapuzas” siguen escuchando con- tinuamente la letanía de que no trabajan? ¿qué pasa con los que no sólo no se sienten desco- nectados de la clase política, sino de la socie- dad en su conjunto? Muchas interrogantes en el camino. Y al mismo tiempo, muchas oportunidades que apa- recen para reflexionar sobre cómo construir es- pacios de verdadera participación y compro- miso que partan desde los últimos. Porque es- ta es la manera de asegurarnos de que nadie se quede fuera, de que todas las personas puedan dar lo mejor de sí mismas. No por capricho o por buena voluntad, sino porque necesitamos a todas y cada una para de verdad poder avan- zar hacía una sociedad construida sobre la jus- ticia y la dignidad. Como quedó patente en las acampadas que desde el mes de mayo han ocupado las plazas de nuestro país, queramos o no, todos y todas compartimos el mismo suelo. Los que se echan a la calle por opción y los que la habi- tan por obligación. Por supuesto, compartir el mismo espacio entre personas en situaciones tan diferentes no es fácil, nada fácil, pues enseguida entran en juego las dificultades de entendi- miento, las desigualdades de poder, los miedos y las inseguridades, muy distintos para cada uno, pero muy paralizantes todos. Es ahí donde toca decidir si volver a levantar muros que permitan mantener el abismo que separa y buscar soluciones sólo válidas para algunos, o construir puentes que creen otros escenarios verdaderamente generadores de esperanza pa- ra todos. ©

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