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Hoy he perdido a mi abuelo

31 de May de 2016
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Hoy he perdido a mi abuelo

  1. O PASO DO TEMPO Hace apenas una semana he perdido a mi abuelo, el padre de mi madre, un libro lleno de historias y anécdotas. Me he pasado el día rebuscando por cajones y armarios alguna foto, vídeo o simplemente un papel del banco que él hubiera firmado para poder recordarlo. Estaba a punto de rendirme y dejar la búsqueda por imposible cuando al darle una patada al armarito de su habitación a causa de la frustración, se me cayó encima una pequeña libreta. La recogí del suelo, estaba llena de polvo a causa de sus años, la humedad le había pasado factura y apenas se reconocía el color que había tenido. La abrí más o menos por la mitad y de ella cayó una foto; tenía a una mujer joven, rubia y muy guapa. Lo más espectacular de esa foto era el fondo, parecía sacado de un cuento de hadas. Por lo que ponía en su parte trasera supuse que ella era mi abuela, aunque no ponía absolutamente nada de dónde fue sacada. Me tumbé en la cama y comencé a leer por la primera página que estaba legible a pesar de sus cicatrices por los años. Al principio, escrito en azul, estaba la fecha en la que había escrito su entrada “28 de mayo de 2016”. A continuación explicaba cómo había conocido a mi abuela y hablaba del sitio donde había crecido. Contaba todo con mucho detalle, pero al pasar las páginas me di cuenta de que hablaba mucho de un lugar en concreto, más tarde caí en la cuente de que ese lugar era el de la foto por sus descripciones, pero no decía su nombre en ningún sitio. Empezaba hablando de los árboles, los describía como gigantes y ancianos, y citaba numerosos ejemplares como el eucalipto y el pino. Seguía por los peces, hablaba de las vedas de pesca, de la cantidad de tipos que había y lo bien que se lo pasaba nadando con sus amigos entre ellos en el río. Pero, ¿de que río se trataba? ¿Dónde estaba ese lugar tan mágico que visitaba tan a menudo mi abuelo cuando era joven? Me levanté rápidamente de la cama y me metí la libreta en el bolso, cogí mi chaqueta y salí a la calle. A lo mejor mi madre sí sabía dónde estaba ese maravilloso lugar y no perdía nada preguntándole. Unos minutos más tarde llegué a su casa, entré sin llamar a la puerta y me dirigí al salón, en el que como sospechaba se encontraban mis padres. Después de saludos y besos procedí a sentarme en el sofá al lado derecho de mi madre y comenzar con el interrogatorio.
  2. Ella me contó que mi abuelo vivía en una pequeña aldea llamada Ponte Nafonso y que ese río y esa vegetación de la que él hablaba era el Tambre y sus alrededores. Éste se encontraba en Galicia, donde el pasó su niñez. Prosiguió contándome que poco más tarde de casarse con mi abuela se mudaron a Asturias, donde actualmente residimos. Sin pensármelo dos veces me levanté bruscamente del sofá y me despedí de mis padres rápidamente sin dar explicaciones. Ahora que sabía dónde se encontraba ese lugar tenía que visitarlo fuese como fuese. Llegué a mi casa y cogí el ordenador, compré los primeros billetes que vi, aunque no eran los mejores. Metí en la maleta solo lo necesario y partí cara el aeropuerto en el que tenía que coger el avión solo 2 horas mas tarde. Varias horas después de salir de Asturias aterricé en Santiago de Compostela y consulte en Internet cómo se llegaba a Ponte Nafonso. Cogí un taxi hasta allí y luego seguí el trayecto andando, no tenía muy claro a dónde tenía que dirigirme, entonces me dediqué a preguntarle a los vecinos de aquel lugar. Todos me guiaron bastante bien y después de aproximadamente 45 minutos llegué a lo que parecía la entrada de mi destino. Entré muy confiada esperándome unos parajes espectaculares como describía mi abuelo en su diario, pero cuando entré me lleve una gran sorpresa, debido que los árboles estaban totalmente cortados y ya no había casi rastro de los peces de los que mi abuelo hablaba, había una escasa vegetación debido a la basura que se encontraba en el suelo contaminado y miles de millones de atrocidades más. Se me hizo un nudo en el estómago y me caí al suelo por la gran desilusión que me había llevado. Segundos más tarde noté que unas manos intentaban levantarme pero, ¿cómo podía ser? Si ese lugar estaba totalmente desierto y en ruinas. Recuperé las fuerzas y me levanté. Descubrí que a mi lado se encontraba un anciano con la cara bastante tristona. Le pregunté si vivía en este lugar y me contestó que vivía cerca y que pasaba allí la mayoría del tiempo. Entonces pregunté casi de carrerilla por qué los árboles estaban cortados, por qué ya no había peces y el río ya no era potable y por qué no había ya ninguna de las flores sobre las que escribía mi abuelo. ¿Por qué todo aquello había desaparecido? Él miró hacia abajo, carraspeó un poco la garganta y empezó a hablar. Me contó que esos árboles fueron cortados por una empresa en menos de un año para hacer papel, que el agua estaba contaminada debido a una central que habían hecho cerca de él y que por ese motivo ya no había peces. Continuó hablándome de las flores y arbustos, contándome que la gente tiraba basura a sus pies, las
  3. arrancaba a diestro y siniestro y acabaron extinguiéndose por completo. ”Nosotros hemos destrozado este lugar” dijo cerrando su triste discurso. Me quedé totalmente sin palabras, ¿cómo podía haber pasado todo esto en tan poco tiempo? Solo habían pasado 40 años desde que mi abuelo escribió todo aquello que yo leí, era horrible. Salí de ese lugar lo antes que pude y me alojé en la habitación de un hotel de la zona. Me senté en una silla y me puse a pensar qué podría hacer para remediar todo aquello, para que ese lugar fuera el de antes. Después de mucho tiempo dándole vueltas se me ocurrió una idea. Cogí folios, lápices de colores que llevaba en la maleta y la libreta de mi abuelo de mi bolso y dibujé a la izquierda como era el Tambre hace 40 años y a la derecha cómo es ahora. Lo fotocopié en color y lo pegué por todas partes. Observé meses y meses cómo la gente reaccionaba a mis carteles, casi nadie reparaba en ellos y los que lo hacían eran para arrancarlos para colgar el nuevo papel de las elecciones, hasta que un día un hombre se paró, estuvo cerca de 5 minutos observando el dibujo y luego apuntó el número teléfono que yo misma había escrito hace meses. Nadie me llamó en los últimos días y mis esperanzas de que alguien llamara se desvanecían por momentos, pero exactamente una semana y un día después de aquello, recibí una llamada. Se trataba de un hombre que acababa de montar una organización para salvar el medioambiente y que ya lo tenía todo preparado y resuelto pero le faltaba un proyecto para darse a conocer, me dijo que el mío era perfecto y que le encantaría trabajar conmigo. Acepté y poco después de aquello nos reunimos, lo planeamos todo perfectamente y nos pusimos manos a la obra. Empezamos haciendo protestas para que la central cerrara y el agua se depurara de nuevo haciendo que los peces volvieran al río, sacamos los restos de los árboles que aún se encontraban allí y plantamos unos nuevos, a los que cuidábamos todos los días. También recogimos toda la basura que había en el suelo para que los arbustos y flores pudieran volver a crecer, etc. En menos años de los que pensaba todo volvió a la normalidad, el Tambre era precioso de nuevo y mucha gente lo visitaba. Aún así, nos aseguramos de que nadie volviera a destrozarlo de nuevo.
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