DESDE BELLA VISTA
de
Rosalino Carigi
2007 - 2016
VERSIÓN AGOSTO 2016
ÚLTIMOS CUENTOS
Diap 1
Diap 2
DEDICATORIA
A todos los que un día
quemaron sus naves…
Diap 3
DEDICATORIA
A todos los que un día
quemaron sus naves…
Diap 4
Alejandro Magno, al llegar a la costa de
Fenicia en el año 335 AC, vio que el enemigo
los superaba tres veces. Cuando hubo
desembarcado, dio la orden de quemar las
naves y dijo a sus hombres: "Solo hay un
camino y es hacia adelante".
Julio César al desembarcar en Gran Bretaña,
mandó quemar las naves, para que sus
soldados entendieran que o conquistaban ese
territorio o no volverían a Roma, porque la
derrota no sería considerada.
Hernán Cortez, en México, cuando el ejército
pierde la batalla, para evitar que los soldados
regresaran a España, mandó a quemar las
naves. No podía haber marcha atrás.
Y tantos más, nombres que no están en la
historia, pero que un día quemaron sus naves…
aunque fueran de papel.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
NOTA
Diap 5
* EN ITÁLICA Y CON ASTERISCO YA SE ENVIARON EN PRESENTACIONES ANTERIORES -
Y EN LA DIAPOSITIVA ESTÁN SOBRE FUNDO AZUL Y LETRA AMARILLA
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
ÍNDICE
No. TÍTULO DEL CUENTO País Diap. No. TÍTULO DEL CUENTO País Diap. No. TÍTULO DEL CUENTO País Diap.
INICIO 1
DEDICATORIA 2
NOTA 3
01 BARTOLO (U) 6
02 DE NEGRO (U) 8
03 DEL VIENTO * (U) 10
04 LA BOLSA (U) 14
05 GATOSY ALBAHACAS* (U) 16
06 LA PALOMA RENGA (U) 21
07 LA CUARTA GRÚA (U) 23
08 RAIMUNDO (U) 25
09 CON DIOS* (U) 27
10 HUMO (U) 30
11 LA ROSA ROJA* (U) 32
12 PLUMEROS (U) 34
13 ENCUENTRO (U) 36
14 EL ANIMAL (U) 38
15 EL CRUCE (U) 40
16 EL TRANVÍAQUENO SE…* (U) 42
17 LAPRUDENTEDISTANCIA (U) 45
18 HA MUERTO UN PAJARO (U) 47
19 ELTREN DE LAS18 Y12 (U) 49
20 CALIDAD DE VIDA (U) 53
21 UNO MÁS (U) 55
46 PROMESA (U) 117
47 CARENERO (V) 119
48 JUEGOS (VECINOS) * (U) 126
49 AGONIZANDO (U) 128
50 SONRISA * (U) 130
51 QUIZÁS (U) 134
52 LOS HIJOS CALLADOS * (G) 136
53 MI ÁNGEL (U) 139
54 EL ROLLO (EL PAPEL) * (U) 141
55 EL OTRO DÍA (U) 144
56 EL LÍDER * (G) 146
57 RECUERDOS (U) 155
58 LA CASA DE DIOS * (U) 157
59 EL BOSQUE DE JUAN (U) 164
60 OTRO MAS * (U) 166
61 EL BETO EINS (U) 169
62 EL CHANCHO * (U) 171
63 LOS EX (U) 175
64 EL BALDÍO * (U) 177
65 YANO HAY MÁSTIGRES (U) 181
ÚLTIMA PÁGINA 183
SE DICE DE MI (El Escritor) 184
FIN 186
22 EL TIGRE * (U) 57
23 TIRANO (U) 61
24 UN TODO (U) 63
25 UNA TARJETA (U) 65
26 EL ASCENSOR (U) 67
27 CANTANDO BAJITO (U) 69
28 EL HURGONERO* (U) 71
29 EL TURISTA (U) 75
30 CONMIGO (TITI) (U) 77
31 LA PIEDRA (V) 79
32 INSTANTES (U) 81
33 EL CERTIFICADO (U) 83
34 EL GUÁRAMO * (V) 85
35 LOS VECINOS (U) 89
36 EL ÁTOMO (U) 91
37 OTRO DÍA (U) 93
38 ME NIEGO* (U) 95
39 TANATIA (G) 98
40 EL GATO Y EL VIEJO * (U) 100
41 EL JARDÍN (U) 104
42 TIFLOS* (G) 106
43 EL ÚLTIMO TREN (U) 109
44 EL SUICIDA (U) 111
45 BARCOS* (U) 113
Diap 6
Desde botija, Bartolo fue raro.
Muchos dicen que se debió a su nombre, un
nombre desagradable, antiguo, nada parecido a los
usados por los actores de televisión.
Además, viviendo en un barrio de ese peculiar
país, donde es hábito poner sobrenombres y
seudónimos derivados del patronímico original,
poca suerte le quedaba.
Mientras de un Roberto se obtenía el yanquizado
Robert, o el popular Beto, y hasta el multitudinario
e indefinido Tito… de Bartolo, nada bueno salía.
Tolo, sonaba espantoso. Barto, aún peor. Y Tolito,
sería la causa de infantiles peleas para demostrar
su masculinidad, o de rimas que lo aproximaban al
manicomio.
Claro, si él hubiese nacido en Nueva York, y su
padre sido un anglosajón más entre los de esa ciudad
de rascacielos de hierro, habría podido llamarse
por el resonante “Bart".
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
BARTOLO
Pero, Bartolo nació en Montevideo, se crió en
Bella Vista, y su viejo fue un gallego emigrante que
apenas sabía colocar derecha una hilada de ladrillos.
Y fuese por el nombre, o por algún gen desviado,
Bartolo creció como un niño solitario, un joven
extraño, de actitudes rayanas en la locura.
Eso sí, de una locura normal, común.
Uno más, uno de tantos.
Y allí se respeta la individualidad.
Tan común que tenía su barra de amigos.
Tan normal que lo buscaban las muchachas. Lo
diferente, atrae.
Tanto atrajo a una, la más codiciada por sus
amigos, que ésta se casó con él… y tuvieron un hijo.
Que, por lógica, no se llamó Bartolo.
Simplemente le decían: el nene.
Y, fuese por aquel gen, o los cambios en su
anormal pero serena existencia, Bartolo aumentó
su forma de ser solitario, sus actitudes extrañas. Y
su locura ya no se vio tan común.
Es un hombre grande,
que todas las tardes pasa
arrastrando un ómnibus chiquito…
01 BARTOLO (U)
Diap 7
BARTOLOBARTOLO
Sus amigos al verlo le esquivaban desde lejos.
En su trabajo lo consideraron poco fiable.
Fue otro desempleado más.
Y… para su mujer dejó de ser atractivo.
Tuvieron que dejar la casita de cuya azotea se
veía la bahía. Fueron a un cuartito en un desván,
que un viejo les dio por un tiempo, donde la
ventana estaba al mismo nivel del techo.
Para aliviarse de la opresión, salían a caminar
por la Plaza San Martín; cercana en cuadras, lejana
en posición ya que era frecuentada por la clase
media de los edificios circundantes.
Pasó el Día de Reyes.
Cierto primo de la señora, chofer de transportes,
le trajo al nene un ómnibus de juguete.
Era el único regalo que había tenido.
Y Bartolo, el nene, la señora y el chofer fueron a
la plaza. Y mientras la mujer y el primo hablaban
en un banco, padre e hijo hacían rodar el pequeño
ómnibus de madera.
De pronto, Bartolo se fue alejando mientras
arrastraba con una cuerdita al juguete.
Y se iba, se iba.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Unas cuadras adelante alguien le preguntó:
–Bartolo... ¿Dónde vas con ese juguete?..
–Al cuarto –respondió– Se lo llevo al nene que
viene atrás.
–¿Cuál nene?...
Bartolo se dio vuelta.
No había nadie.
Mujer, niño, chofer… habían desaparecido.
Todos habían desaparecido.
La calle estaba vacía.
Las puertas de las casas, cerradas.
Desde entonces hay un hombre que da vueltas y
vueltas por la plaza San Martín arrastrando un
ómnibus de juguete.
Un juguete de madera, descolorido, viejo,
desvencijado.
Y si se le pregunta donde va con eso, siempre
responde:
–Se lo tengo que devolver al nene… al nene de
Bartolo…
Y, se marcha repitiendo con voz desquiciada:
–De Bartolo… de Bartolo… de Bartolo…
Cosas de un nombre.
…oo0oo…
Diap 8
DE NEGRO
Era un hombre que vestía de negro.
Saco, camisa, pantalón, medias, zapatos, todo,
de negro.
Una vez, alguien, en broma, le preguntó si los
interiores eran negros. Y él dijo que sí.
No importaba que lloviese o no, fuera invierno o
verano, la ropa de abrigo o liviana.
El deforme paraguas era negro. La vieja gabardina
era negra. Y el descascarado bastón, negro.
Hasta tenía los ojos oscuros, con honda oscuridad
de años idos.
Pero, en esa negra figura, había dos cosas blancas:
El cabello y la barba. Totalmente blancos y cortos.
Al anciano se le podía ver en la Plaza de los
Treinta y Tres, sentado cerca de la estatua al
bombero con el niño; o en la Plaza San Martín, en
el banco junto a la placa de bronce.
En la primera descansaba luego de andar las
once cuadras desde la rambla donde su hijo tenía
un apartamento con vista al mar… y donde el viejo
dormía en un cuarto de atrás.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Después, tomaba en la esquina el ómnibus 137
para ir a la segunda, distante unos tres kilómetros.
Allí, en Bella Vista, había vivido con su mujer en
una casita cerca de la bahía.
Podía tomar el ómnibus 17, hacia el mismo
recorrido. Pero, ése no lo usaba, decía que no era
de su época.
Subía y no pagaba boleto, tenía carnet de
jubilado.
¿De qué?... ¿Acaso importaba?... Había trabajado
en tantos lugares… Hasta en dos trabajos por día.
Lo importante, para él y su mujer, fue que
nunca le faltase algo a su hijo.
Pero, ahora, envejecido, le faltaba todo al viejo
de negro.
Su mujer descansaba en la quinta de los cipreses.
Los amigos del ayer desaparecieron con el tiempo.
Y el hijo, aunque vivía, se había ido en su propio
presente.
Sucedió un día. Quizás yendo, quizás volviendo.
Pero, al subir al 137, el viejo tenía los ojos más
oscuros.
Susurró algo al chofer, y luego se dirigió al
público:
02 DE NEGRO (U)
Un viejo de pelo blanco,
todo vestido de negro…
Diap 9
DE NEGRODE NEGRO
“Respetables pasajeros, disculpen mi intromisión
en sus vidas, necesito compartir con ustedes algo
de la mía.
Hoy, después de mucho tiempo, quise hacer un
comentario a lo que hablaban mi hijo y su esposa.
Y, él me frenó así:
–No salgas con una de tus locuras…
Callé, mientras afloraba a mi cara esa sonrisa
tonta que ponemos los viejos. Y me fui.
Pero, iba pensando.
No me había dicho papá. Menos aún, viejo.
Me ordenó. Y usando apenas el compasivo tuteo.
Caminaba recordando mi juventud, en la cual
conocí a una muchacha. Me enamoré de ella. Nos
amamos mucho.
Y salí con la locura de dejarla embarazada.
Pudimos evitar que él naciera. Sin embargo, no
lo hicimos. Nos casamos a pesar de no tener nada.
Juntos, enfrentamos necesidades y sacrificios.
Y salí con la locura de tener un hijo.
Quisimos que fuera mejor. No asistió a la
escuela pública. Tomé un segundo trabajo. La vieja
cosía en la casa.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Y salí con la locura de mandarlo a un colegio
particular.
Llegó hasta la universidad. Tuvo todo lo que
precisara. Se recibió. La doña y yo estábamos ya
viejos. Pero, a él, el barrio le quedaba chico.
Y salí con la locura de mudarnos.
Se ennovió con un mujer de posición. Vendimos
todo. Se lo dimos de inicial para que comprase en
un buen lugar.
Y salí con locura de ir a vivir en el cuarto de
atrás.
Allí, en silencio, la vieja compañera callada de
todas mis locuras, un día se fue. Lo demás ya nada
importa.
Que él siga con su cordura.
Yo… sigo con mi locura.
Señores pasajeros, muchas gracias por haberme
permitido compartir con ustedes.”
Un aplauso general le acompañó mientras
bajaba.
El viejo de negro había llegado a una de las
plazas.
…oo0oo…
Diap 10
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
El viento me cuenta cosas,
cosas que no debiera contar…
03 > DEL VIENTO > 2 (U)
(Presentación anterior Nº 14)
Miro la bahía. Allá, a varias cuadras.
El sol brilla. La marea está alta. El agua,
serena. Pero, el viento silba. Es extraño.
Me pongo una campera. Zapatos cómodos.
Tomo el bastón. Salgo.
–¿Dónde vas? –me preguntan al llegar a la
puerta.
–Adonde me lleve el viento. –respondo, y
cierro.
Y al llegar a la esquina el viento me empuja
hacia el mar que se recuadra entre los árboles al
final de la calle.
Y me empuja… y me lleva…
Paso por veredas bordeadas de casas, de
depósitos.
Y, al final, el viento me hace cruzar la rambla,
su vía asfaltada, su isla central con pasto y
pedregullo.
Estoy a pocos metros del mar. Me separa de él
una oxidada vía de ferrocarril y un ancho
malecón de piedras.
Y el viento se suaviza. Y me lleva mansamente
al oeste.
Diap 11
DEL VIENTODEL VIENTO
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
El rompeolas está hecho con enormes rocas
basálticas y de granito, mezcladas como si los
cíclopes se hubiesen divertido tirándolas allí.
El sol centellea en las rocas mojadas por el
agua, o reverbera en las que están cercanas a la
vía.
Veo sobre una roca gris, el cuerpo de un
hombre. Cerca, una raída bolsa de mendigo.
Está acostado. Quieto.
Quizás duerma una borrachera.
Quizás esté muerto. Temo. Me le acerco.
Subo sobre una piedra. Mi sombra lo cubre.
Me tranquilizo. Respira.
Se mueve. Levanta la cabeza.
E instintivamente pregunto:
–¿Puedo hacer algo por usted?
–Sí… que se quite. Me está tapando el sol.
Sonrío ante la respuesta de este Diógenes
alcoholizado. Me aparto.
Y él se sienta en la piedra. Frente al sol.
El viento se ha detenido.
Yo sigo de pie, en otra roca.
–¿Está bien? –inquiero, con inexplicable
confianza.
Diap 12
DEL VIENTODEL VIENTO
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
–Ahora, no. –indica con voz de resaca–
Estaba bien antes que usted me despertara.
Cuando dormía y soñaba.
–Los sueños, sueños son… –musito viendo el
horizonte.
–Una perogrullada que dijo Calderón. –
ironiza él.
Vuelvo a sonreírme. Pero pienso en la utópica
realidad. El viento me ha llevado a hablar con
un bichicome borracho…
Uno que sabe la respuesta de un filósofo y de
literatura clásica..,
–¿Lo leyó? –susurro, sin disimular mi
asombro.
–En otro tiempo… en otra vida… todos somos
como barcas en el mar… vamos donde nos lleva
el viento… o la fuerza que tenemos dentro.
Lo observé. Hablaba mirando los restos de un
lanchón que afloraban próximos al rompeolas.
–Mientras sigamos a flote, no importa lo que
nos empuje. –continuó– Pero si un día
naufragamos, aunque sea cerca de la orilla, nos
hundimos en el barro, en el fondo.
–Sin embargo –dije todavía esperanzado– de
esa barcaza afloran aún la proa, la cabina y el
árbol del timón.
Diap 13
DEL VIENTODEL VIENTO
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
–Una proa clavada en la tierra, –murmura él–
una cabina vacía y oxidada. Y un timón que se
perdió en la profundidad… Adiós, señor.
Se despedía. Lo miré. Estaba tomando de una
sucia botella sacada de la raída bolsa.
Lo dejé. Salté de las piedras al camino.
Atravesé la rambla viendo si no venía algún
vehículo.
El viento sopla de nuevo. Esta vez desde el
mar. Me hace subir por una calle.
En ella aún están los rieles de un tranvía
desaparecido hace años. Me invade la nostalgia.
–¿Tiene fuego? –pide alguien con un cigarrillo
en la mano.
–No. –y agrego justicándome – Hace mucho
que lo dejé.
Y me pregunto que fue lo que dejé hace
mucho… ¿el cigarrillo o el fuego?
Pienso que soy un Prometeo al que el viento le
apagó la llama.
Y el viento cambia, empujándome hasta el
apartamento.
–¿Volviste? –preguntan al abrir la puerta.
–Sí. Me trajo el viento. –respondo, y cierro.
…oo0oo…
Diap 14
LA BOLSA
Era una bolsa cualquiera.
No tenía impreso ningún nombre ni una marca
conocida, ni una carita sonriente ni resaltantes
colores, ni siquiera era de un color definido.
Quizás su origen fue de polietileno blanco. Pero
ahora, su turbio gris, mostraba la unión con ignotos
materiales en cientos de recuperaciones y mezclas.
Y ahí estaba, en el suelo, arrugada, vacía, sucia,
muy usada, tirada en la calle.
Y, en lo intrínsico de sus moléculas, algo le decía
que no era la primera vez.
Tal vez alguien la echó de su casa luego que ella
le había servido para traer algo; o un mendigo la
sacó de la basura y, viendo que nada tenía adentro,
la arrojó a la vereda.
Y, arrastrada por el viento, en medio del polvo y
del agua sucia, llegó cerca de otras, blancas, negras,
amarillas, con caras siempre sonrientes y nombres
conocidos.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Un mismo final, sin importar lo que fueron o
pudieron ser. Pero, aún rodando todas, las otras
mantenían su apariencia, su forma, su color. Hasta
rodaban aparte. Ella, no.
Era una bolsa cualquiera.
Gris, descolorida, con manchas, deforme,
gastada, que apenas se movía. Siempre quedaba de
última al ser empujada por la brisa.
Pero, en cierto instante, el viento las arremolinó.
Y volaron en una espiral. Subieron y subieron. Alto
iban las de calidad.
Ella, más despacio, más endeble, más abajo, las
seguía.
Se sentía viva. Llena de aire.
Y aunque las otras se tocaban entre ellas como
saludándose y susurraban despreciándola; ella,
sola, se seguía elevando.
Y pudo ver el mar, la bahía, el horizonte. Y flotó
viéndolo.
De pronto el viento cesó. Las otras cayeron de
inmediato.
Pero ella, por no tener peso, permaneció en el
aire en suave vaivén con la mínima brisa.
Ser o no ser,
o lo que se cree ser…
04 LA BOLSA (U)
Diap 15
LA BOLSALA BOLSA
Y bajando lento hasta quedar enganchada en la
rama de un árbol.
De allí vio, allá abajo, en la calle, entre el polvo y
el agua sucia, a las otras, las pesadas, las fuertes.
Era una bolsa cualquiera.
Que, llevada por el viento, llegó a una rama. Y
en ésta pasó primavera, verano y otoño. La lavó la
lluvia, la secó el sol, la acariciaba la brisa.
Y cada día se hizo más parte de lo que la
sostenía. Hasta creyó que le llegaba su savia.
Y le pareció crecer cada día viendo el mar, la
bahía, el horizonte.
Hubo momentos que se sintió hoja, hubo
momentos que se sintió flor. No quiso sentirse
fruto, porque los frutos caían. Y no envidió a los
pájaros… ya que también ella había volado.
A veces imitaba sus aleteos con los jirones que le
habían producido las tormentas. Éstas la sacudían.
Pero, pasado el temor de ser desprendida de su
agarre, pronto las olvidaba.
En el otoño creyó tener amarillo, luego ocre, y
finalmente marrón.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Pero, una a una, sus amigas las hojas, caían,
desaparecían… y quedándose sola, vio que sólo era
una bolsa rota y gris.
Llegó el invierno. Y, enganchada como una
banderola en la escuálida rama, pudo ver, muy
cerca, la orilla del mar. Allí, en una turbia resaca,
yacían mezcladas las otras bolsas.
Deshechas, sin forma, sin nombres, sin caritas
sonrientes, hundidas en la sucia arena, manchadas
por el lodo.
Las había arrastrado el arroyo, las había
revuelto la correntada.
Con lúgubre sonido, un fuerte y frío viento la
sacó de lo que creía suyo. Y la fue llevando sobre la
tierra, sobre la orilla, sobre el mar…
Hacia el horizonte final…
Más allá… más allá…
Y en el aire recordaba… había sido hoja, había
sido flor, hasta voló como los pájaros.
¿Dónde iría a caer?... no le importaba.
Después de todo…
Era una bolsa cualquiera.
…oo0oo…
Diap 16
GATOS Y ALBAHACAS
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Las plantas son seres vivos,
y ellas nos dan el oxígeno para respirar…
05 GATOS y ALBAHACAS (U)
(Presentación anterior Nº 24)
Narración de un hecho real…
aunque los cuerdos no lo crean.
Dedicado a las gatas Rayita y Mimí
y a las plantitas Alba y Haca…
seres que me acompañaron
y que ya no existen.
Mimí I ………
Montevideo, Año 2010
Montevideo, 16-Jun-2012
(Cáncer – Eutanasia)
Rayita
Valencia. Vzla. 7-Ene-1994
Montevideo, Uru. 6-Jun 2012
(Vejez – Eutanasia)
Alba y Haca.
Montevideo, Enero - Año 2008,
Montevideo, Julio - Año 2008,
(Muerte natural)
Es domingo. Siete de la mañana.
La gata vieja está en el balcón esperando tomar
su baño de sol.
De un sol que aún no ha podido salir de atrás
de los bloques de apartamentos.
Hemos cumplido el ritual de cada amanecer.
Éste consiste en que ella, todo aún a oscuras,
salta sobre mí.
Y, mordisqueándome la ropa, me despierta.
Es inútil hacerme el dormido. Sabe si lo estoy
de verdad.
Me exige, en un concierto de maullidos, que
más bien parece una retahíla de regaños, que me
levante.
Al hacerlo, se adelanta y, veloz, me lleva hasta
la cocina.
Va sin dejar de reclamar, pero en tono más
bajo, que le dé su desayuno extra de carne cruda
y cortada en cuadraditos.
Cortarla es un ejercicio. Yo que echo a la gata.
Y ella que se sube al mesón, y se mete entre mis
manos mientras corto, para robar una tirita.
Ésa le debe parecer más sabrosa.
Diap 17
GATOS Y ALBAHACASGATOS Y ALBAHACAS
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Mientras estamos en esa pugna, aparece su
sobrino.
Un joven gato mezcla de siamés y angora.
Un hermoso macho que un día caparon para
que viviese en la sociedad humana.
Éste hace una segunda voz en el coro del pedido.
Sin embargo, los maullidos de él son suaves,
finos, como deben ser los de un animal
perteneciente a la clase alta.
Un felino que de cachorro escapó, o lo echaron,
de alguna quinta de millonarios.
En la cual, a escondidas de los propietarios, la
mimada gatita angora tuvo un desliz.
Y, en cuidados jardines, se dejó montar por el
serio macho siamés de otra gran mansión.
Los dueños esperaban cruzarlos con congéneres
de la misma raza.
Pero los gatos no tienen dueño, nos permiten
vivir con ellos.
No saben eso de razas.
Se escabullen facilmente.
Y aunque gritan al aparearse…
siguen naciendo más gatitos.
No era así la historia de la gata vieja.
Una gata gris, a rayas, criolla, un eufemismo
para decir que es mezcla de todas las razas.
O sea: Una gata de verdad.
Fue recogida en un baño público, luego de ser
golpeada, enferma, abandonada a los pocos días
de nacer, dejada a morir por su madre para
salvar los otros cachorros sanos. Pero los
designios de la naturaleza son impredecibles.
Halló un ser humano que era humano, tal vez
más con los animales que con los humanos.
Y la recogió. Era tan chica que cabía en la
palma de sus manos.
Y la cachorrita fue cuidada, salvada.
Y, tristemente, también esterilizada para que
la familia de ese ser la permitiese vivir en el
apartamento de la ciudad.
Y vivió, y envejeció junto al hombre.
Siempre fue arisca, retraída, solitaria. Sólo se
dejaba acariciar por él. Y poco. Enseguida se
alejaba. Y si él insistía, le largaba un tarascón.
Quizás por que no olvidó su inicio. O quizás se
parecía él.
Diap 18
GATOS Y ALBAHACASGATOS Y ALBAHACAS
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Mi familia protesta por que les doy de comer,
a los gatos, carne cruda.
Dicen que los tengo mal acostumbrados. Que
hay alimentos especiales, y artificiales, para ellos.
Prefiero no responder. Yo también encuentro
muchas cosas especiales, y ya preparadas, en el
supermercado.
Pero, me gusta comer un queso común y tomar
un vino barato. Quizás por que no olvidé mi
inicio. O me parezco a la gata.
El ritual del amanecer sigue con agarrar dos
macetitas. En cada una hay tres o cuatro plantas
de albahaca.
En realidad las macetas son vasos desechables,
ésos de plástico.
Las plantitas fueron compradas en la feria, hace
como dos meses. Pero, al traerlas al apartamento,
las vi tan tiernas, tan pequeñas, tan lindas y
suaves, que sentí afecto por ellas.
Y, en lugar de cortarlas para un
pesto, dividí el paquete en dos,
poniéndolas en esos vasos.
Como traían las raíces envueltas
en tierra, se amoldaron enseguida.
Y comenzaron a crecer en juvenil
competencia.
Mientras los vecinos mostraban finas macetas
con plantas de flores, yo tenía dos vasos baratos
donde las albahacas se erguían esbeltas junto al
vidrio que cerraba la terraza..
Todas las mañanas, luego de darles su carne a
los gatos, las tomo con delicadeza y las llevo a la
pileta de la cocina para pasarlas bajo un hilito de
agua.
Y, colocándolas horizontalmente, refresco sus
hojas en el cuenco de mi mano izquierda,
mientras con la derecha giro el vaso que ya no
tiene tierra sino un aglomerado de raíces.
Luego las paro para que escurran el agua en
exceso.
Debo cuidar que se mantengan en equilibrio.
Han crecido tanto, y tan delgadas, que la base
ya le es pequeña y caen facilmente.
Y, no sé por qué… me recuerdan mi juventud.
Las llevo nuevamente contra
la ventana de la terraza. Y allí
quedan, disfrutando del sol.
Cierta vez observé que el vidrio
se empañaba alrededor de ellas.
Comprendí. Respiraban...
Eran seres vivos…
Y me sentí bien.
Diap 19
GATOS Y ALBAHACASGATOS Y ALBAHACAS
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Hoy es domingo. Nueve de la mañana.
Los gatos dormitan luego de haber comido.
Las albahacas han regresadofrescas a su
mirador.
He terminado con ambos rituales. Pero, hoy
debo cumplir con uno más. Debo ir a la feria.
Ésa que hacen todos los domingos en la calle a
la vuelta del edificio donde vivo.
Donde, por unas horas, la clase media es
humilde.
En una calle de casas viejas y veredas rotas
Saco de atrás de la puerta de la cocina la bolsa
de malla.
Y oigo a mis espaldas una voz fresca con
aroma conocido:
–Hoy se cumplen ocho semanas que nos trajo.
–Así es. Creo que va al mismo lugar. –agrega
otra voz similar.
Giro. Los gatos han venido y están mirando
las plantas. La lógica rechaza esa utópica
irrealidad.
La albahaca más alta está algo curvada, como
hablando con la del vaso próximo.
Y yo, inconciente e irreflexivo, les pregunto
paternal:
–¿Quieren ir conmigo hasta la feria?
Ambas sacuden sus hojas. Puede ser la brisa
que entra por la hendija entre las ventanas.
¿O tiemblan de emoción?
–¿Tú que dices? Eres la mayor. –le inquiere la
más pequeña.
–No sé… - y, bajando la voz, prosiguió la alta–
La última vez que estuvimos allí fue después de
sacarnos de la tierra. Y era para vendernos…
para ser masticadas.
–Quédense tranquilas, –dije, calmándolas–
sólo las llevaré a pasear, y luego las traeré de
vuelta.
–Pero has ido más veces, –la más chica aún
temía– y has traído a otras que cortaste con el
cuchillo… y devorado.
–Sí, es cierto. –aclaré– Me gusta el sabor del
albahaca. Los animales para subsistir debemos
comer. No somos como ustedes, las plantas, que
viven del aire y del sol.
–No olvides el agua. –sentenció la mayor–
Por algo nos mojas cada día. En fin, por ello
confiaremos en ti. Vamos.
Puse las macetitas en un canasto de grandes
aberturas para que las albahacas pudiesen ver
hacia afuera y disfrutar del paseo.
Y… fuimos a la feria.
Diap 20
GATOS Y ALBAHACASGATOS Y ALBAHACAS
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
La gente me miraba como a un demente, más
al oír que yo conversaba con ellas.
No comprendí su extrañeza.
Muchos llevaban perros y hablaban con ellos.
¿Cuál era la diferencia?
Las plantas saltaban en el cesto, alegres de
estar fuera de las paredes del apartamento.
Hasta las escuché gritarles a las albahacas que
estaban en los puestos para ser vendidas
Volvimos. La burlona mirada de los puesteros
hizo que no comprase nada.
No me importó. Las verdes hojas de mis
plantas brillaban más que nunca.
Volví a lavarlas. Traían polvo de la calle.
Y las puse en la ventana.
La gata y el gato vinieron y quedaron viéndolas
atentos.
Llegó mi familia y les conté.
Les dije que las escucharan.
Me miraron compasivos, ellos nada oían.
Pero yo las seguía oyendo como comentaban
del paseo.
¿Será que las plantas sólo les hablan a los
gatos y a los locos?
…oo0oo…
Diap 21
LA PALOMA RENGA
Fría mañana de otoño.
Dentro un mes será invierno.
Cruzo la plaza llevando mi mano izquierda
metida en el bolsillo del abrigo. La artritis en la
muñeca me hace añorar el calor.
Paso cerca del asiento en cemento que está
debajo la placa que explica el nombre de la plaza.
No le he leído nunca. Para mí es la plaza de
enfrente… y eso basta.
No es así con el banco. De noche duerme en él
un hombre joven.
Mucha debe ser la pobreza, o el abandono, para
tener la valentía de pasar esas horas en la
congelante intemperie.
Apenas amanece se levanta, se arregla con
detenimiento, recoge lo que le sirve de cobertor, lo
guarda en la mochila. Es extraño, la mochila
aparenta nueva y de calidad. Y se sienta.
Al poco tiempo, caminando, llega un viejo
metido en un sacón de grandes bolsillos. De uno
saca puñados de granos que arroja a las palomas. Y
éstas salen de su letargo y comen.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
De otro, extrae un paquetito y se lo entrega al
joven. Éste lo toma, limpia el resto del banco, e
invita a sentarse al anciano quien lo hace con
mucha camaradería.
Luego el joven abre el paquete y come de su
contenido, sin apuro, despacio, mientras charla
animadamente con el viejo.
Y, de abajo del banco ha surgido una botella de
refresco.
A veces uno señala un pájaro; el otro, un árbol.
Los vecinos pasan y los saludan. Algunos quedan
un rato hablando con ellos. Finalmente todos se
van, los vecinos, el viejo, el joven.
Las palomas siguen alrededor de la estatua
ecuestre. Las veteranas digiriendo en paz. Pero, las
más impetuosas suben sobra la montera del héroe,
donde eyectan libremente.
Llego.
Los humanos se han ido. No, el caballo y su
jinete. Permanecen estáticos en el bronce y en la
historia.
Y las aves remontan y vuelven al suelo.
Es cuando la veo…
¡Es una paloma renga!…
Y los brazos se hicieron alas,
para poder volar…
06 LA PALOMA RENGA (U)
Diap 22
LA PALOMA RENGALA PALOMA RENGA
Se bambolea al andar, inclinándose en cada
paso hacia el lado izquierdo para luego nivelarse
nuevamente al apoyarse en su extremidad derecha.
Y lo hace con total naturalidad.
En la izquierda le faltan todos los dedos. Solo le
queda el delgado tarso terminado en un muñón
que, encallecido por el tiempo, recuerda la pata de
palo de un antiguo pirata.
Las demás le dejan lugar en su picoteo de los
granos. Se nota que se ha ganado el respeto, ya que
la compasión no es instintiva entre las aves. Por lo
contrario, repelen al débil.
¿Cómo perdió los dedos?
Quizás le quedaron pegados en el desesperado
esfuerzo de desprenderse de la “cola para pájaros”
que un llamado humano puso en un alambre.
O, tal vez, en la noche, en un descuido del ave,
la mordió una rata de albañal. Pero la paloma supo
luchar y prefirió quedar renga antes de ser
devorada por un rastrero.
O, simplemente, nació sin ellos. Cualquier otro
pichón con ese defecto habría muerto de hambre.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
La naturaleza elimina a los menos capaces y a
los que les falta la voluntad de vivir.
Pero ahí estaba ella, viva, con sus músculos más
fuertes por el esfuerzo de cada paso.
Viva, caracoleando y no dejándose abusar por
nadie. Viva, renga pero viva.
Levanté mi bastón.
Todas corrieron para luego remontar en ágiles
aleteos. Una nube de aves subió al cielo.
La paloma renga también corrió, cojeando,
desgarbada.
Pero al estar en el aire fue la que llegó más alto,
más lejos, la de vuelo más agraciado.
Y en su cuerpo estilizado no se veía esa pata ni
la otra… sólo se veían las alas.
Me fui de la plaza. Cada tanto me daba vuelta
para mirar la bandada de palomas.
Una tras otra iban volviendo al suelo, y caminaban
en busca de más comida.
Pero una seguía en sinuosos vuelos.
Era la paloma renga.
¿Acaso se necesita pies para poder volar?
…oo0oo…
14 Mayo 2008
Diap 23
LA CUARTA GRÚA
La cuarta grúa fue la primera cuando ese muelle
era nuevo.
No hace muchos años de eso, pero ahora todo se
vuelve viejo al poco tiempo.
Tuvo la atracción de la primicia, la eficiencia del
desarrollo, la fuerza de sus partes modernas. Los
barcos de carga hacían cola para estar debajo ella.
Y, mientras las viejas grúas languidecían en los
muelles interiores del puerto, ella lucía su
esplendor en esa punta disfrutando en sacarle y
ponerle al favorecido del momento.
La eficiencia es arma peligrosa. Otorga fama.
Pero, si no da abasto para todos, despierta la
necesidad..
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Pronto tuvo otra grúa igual a ella y junto a ella.
Dejó de ser la primera
Sin embargo, no pasó a ser la segunda.
Eran las dos grúas que preferían los barcos
cargueros apurados de estar poco en puerto.
Y juntas, las dos satisfacían sus deseos.
No contaron que a pesar de su altura, elegancia y
fuerza, sólo eran herramientas grandes del hombre.
Y la ambición de éste es insaciable. Cuanto más
obtiene, más quiere.
Al poco tiempo montaron en ese muelle dos
grúas más. Más modernas, más altas, más fuertes,
más eficientes, más nuevas. Que atendieran a más
buques y más rápido.
Y la antigua primera grúa quedó en la punta.
Viendo como entraban los cargueros y la dejaban
atrás. Viendo como las dos grúas nuevas saciaban
a los barcos enseguida. Viendo como la que fue su
compañera, se unía a las nuevas.
A ella sólo la usaban como emergencia, como
ayuda, para los viejos mercantes, o para las cargas
de popa.
Y, levantado su brazo al cielo, se volvió la cuarta
grúa.
07 LA CUARTA GRÚA (U)
GRÚAS - PUERTO DE MONTEVIDEO
AÑO 2008 – FOTO DEL AUTOR
No importa ser el primero,
no importa ser el único,
lo importante es ser el último…
Diap 24
LA CUARTA GRÚALA CUARTA GRÚA
Era la que estaba a la entrada del atracadero, del
remanso.
La que primero se ve al entrar. La que última se
deja al irse.
La más vieja, la más conocida.
Y por eso, la menos buscada.
Allí, siempre sola, siempre apartada. Usada por
obligación, por necesidad.
Ya que a hombres y barcos les gusta utilizar lo
nuevo. La novedad atrae, lo conocido aburre.
Se hizo solitaria, o ya lo era desde su inicio. Fue
la primera cuando no habían llegado otras.
Y ser primero es estar solo.
Desde ese lugar veía venir de lejos, del horizonte,
a cada barco en busca de puerto.
Y desde ese lugar, lo veía irse, desaparecer en la
lejanía del mar en busca de otro puerto.
Los conocía a todos. Todos habían estado
debajo ella cuando ella era la única.
Los había vaciado de la carga que traían. Y
había colmado sus entrañas con otras cosas.
No importaba de que color eran ni de que
nacionalidad.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Al pasar la escollera, todos eran empujados por
un remolcador que; cual alcahuete, los ponía junto
a ella y se iba.
Y si llegaba uno nuevo, daba lo mismo.
Sólo podía ser más alto, más largo, más ancho,
con más capacidad. Pero, en su interior o cubierta,
sería parecido a los demás.
El tiempo le había enseñado que todos venían
con ganas de dejar. Que todos querían quedarse
poco. Que todos querían marcharse pronto. Que
todos se iban llevando algo.
Sabía que los barcos cargueros tienen alma de
marinero.
Que van de puerto en puerto. De grúa en grúa.
Las nuevas enloquecían por ser las preferidas.
En su momento ella lo fue. Eso ya no le importaba.
Porque si los cargueros tenían alma de marinero,
ella la tenía de vieja mesera de puerto. Que aún
sirve, que se usa en caso de necesidad, pero que
ninguno recuerda.
Con su brazo en alto, ahora sólo era la cuarta
grúa.
Pero, para muchos, ella fue la primera.
…oo0oo…
27 de Mayo 2008
Diap 25
RAIMUNDO
Raimundo Insurance Duprevú nació asegurado.
Más aún, estaba asegurado antes de nacer.
Y, por lógica, fue concebido luego que sus
padres se aseguraran de poder hacerlo.
Porque, como se había vuelto natural en ese país,
primero ellos tuvieron cinco años viviendo juntos
como compañeros, un eufemismo por concubinato.
Aducían, al igual que los jóvenes modernos, que
era para conocerse mejor mutuamente, y que al
llegar al matrimonio legal estuviesen seguros el
uno del otro y de lo que hacían.
Además, en esos cinco años, en los cuales tenían
los goces de ser pareja pero sin responsabilidades
ni obligaciones se iban asegurando en sus trabajos.
Prefirieron tener anodinos puestos públicos,
rechazando buenos empleos en el campo privado
para evitar riesgos con los servicios asistenciales
en su vida y con la jubilación.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
A los cinco años, y por contrato, les dieron un
aumento de categoría y de sueldo.
Si era o no meritorio, no venía al caso. Era un
beneficio seguro obtenido por el sindicato.
Hicieron cuentas, sopesaron el costo de la boda,
los gastos como matrimonio, la posible inflación,
los compromisos, el pro y contra futuros, y…
habiendo previsto todo, se casaron.
Eso no quitó que en el documento existiese una
cláusula de prevención que, en caso de divorcio,
cada uno mantenía sus haberes anteriores y recibía
la mitad de los obtenidos juntos.
Y vivieron casados, pero como los cálculos
daban que aún no era económicamente seguro
tener un hijo, seguían con sus precauciones para
evitar ese nacimiento.
Ya había aparecido la píldora anticonceptiva
para la mujer, cosa que les permitía disfrutar más
su unión sexual. Ella la tomaba.
Pero, por si acaso, él seguía usando el preservativo.
Y otros cinco años. Otro ascenso y aumento
sindical.
A veces, de tanto vivir
previniendo para el futuro,
se olvida vivir el presente.
08 RAIMUNDO (U)
Diap 26
RAIMUNDORAIMUNDO
Sus padres volvieron a hacer cuentas.
La situación social y económica era segura.
Además, evitaban el riesgo que puede tener un
embarazo luego de los treinta años de la mujer.
Su madre dejó las píldoras, y su padre el condón.
A los dos meses a ella le faltó le menstruación y
tenía mareos…
Sin embargo, fueron al médico para que les
asegurara que estaba encinta.
De inmediato la mujer se acogió al seguro de
maternidad, y él a uno de desempleo. Y ambos
cansaban al doctor con cualquier molestia fuera
del proceso previsto de gestación.
Cuando el niño nació, hacía meses que estaba
inscrito en sociedades médicas, institutos de
cuidados infantiles, y hasta ya tenía seguro de
vida… por si fallecía.
Llegaron al extremo de ordenar que le hicieran
un examen del código genético a fin de tener la
seguridad que era hijo de ellos… en prevención de
posibles errores de la clínica.
El niño creció bajo mutualistas de la salud, y
tuvo todas las vacunas existentes.
Se educó en institutos que previeran las fallas
con sicólogos y profesores especiales.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
No le dieron un hermano. No querían que el
niño o ellos pasar otro riesgo.
Y cuando Raimundo se hizo hombre, fue un
empleado público como ellos.
Respecto a hacer ejercicios físicos le prevenían
respecto al peligro de los deportes.
Pocos amigos tuvo. En cuanto al sexo, utilizaba
las mujeres previstas para ello. Y, siempre con las
precauciones correspondientes.
Nunca se casó. Las estadísticas indicaban que la
mayoría de los matrimonios actuales terminaban
en imprevisibles divorcios.
Tampoco tuvo hijos. Nada le aseguraba que le
costearían un instituto donde cuidarlo de viejo. Lo
pagaba él mismo.
Raimundo Insurance Duprevú nació asegurado.
Así vivió y así falleció. Murió sin esposa ni hijos
ni amigos a su lado.
Pero había una enfermera paga, un acompañante
a tiempo completo, y estaba en el mejor ancianato.
Lo velaron en la Funeraria La Previsora. Sus
restos están en un nicho de la mutual Previsión.
Pero… nadie lo recuerda.
Para eso, no existe compañía de seguros ni de
prevención.
…oo0oo…
Diap 27
CON DIOS
El otro día, muy de mañana, temprano, con
frío y aún entre la niebla, cruzando la plaza, yendo
para el automercado, me encontré con dios…
Sí, sí… con dios, así con minúscula.
Tan arcaico estaba, que ponerlo con mayúscula
no representaría su estado actual.
Al principio dudé, ya que no tenía la habitual
túnica blanca luminosa ni el halo radiante.
En su lugar portaba un rústico poncho marrón
y un gorro gris que le cubría hasta las orejas.
Comprendí que con la gélida temperatura y la
humedad reinante, no podía usar la etérea
vestimenta de los cuadros.
Se hallaba en el banco de piedra, ése que se
encuentra del lado izquierdo del monumento al
libertador, el cual, como todo héroe, tiene que
estar montado en un caballo.
Algunas viejas, eran las ocho y media, iban a
la carnicería y, pasaban indiferentes…
¡Otro viejo!... ¡y qué mal vestido!
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Dios no ha muerto,
ha pasado al olvido…
09 CON DIOS (U)
(Presentación anterior Nº 1
Diap 28
CON DIOSCON DIOS
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
No hay mayor desprecio que el no aprecio.
Y en aplicar eso no hay mejor intérprete que
la mujer.
Pero, yo era hombre, y también viejo.
Por tanto me animé a preguntarle dubitativo:
–Perdón, señor… ¿Usted es Dios?...
–Sí, hijo mío… soy dios… uno no puede dejar
ser lo que es.
Me sentí delante la verdad divina. Sólo Él me
podía llamar hijo mío a mi vetusta edad.
Y al definirse a sí mismo, lo había hecho tan
resignado que, él debía serlo en minúscula.
–Pero… ¿qué te ha pasado?... –no pude
menos que decir.
–En tus preguntas está la explicación. –
respondió con una sonrisa sardónica- En el
principio me trataste con respeto y de señor… Y
ahora, hasta me tuteas como uno más.
–Disculpe…–me apresté a aclarar– no quise
ser insolente.
–No. No me molesta eso. Por lo contrario, es
tan triste ser un dios perfecto y único. Sólo hay
algo peor: Ser olvidado.
Él era dios, y yo criatura, pero dije compasivo:
–No creo que haya sido olvidado. Es que hoy
no nos queda tiempo para meditar. Sólo se venera
la eficiencia. Además, la tecnología aparenta
opacar sus milagros del ayer.
–Veo que los sacerdotes hicieron su labor en
ti. –respondió socarrón- Lástima que también
pusieran los dogmas. ¿Crees que si yo fuese
perfecto habría hecho tantas cosas imperfectas?
Levanté mi ceja en la clásica expresión de
duda. Y él siguió:
–Aún puedo hacer milagros. Pero me cansé
de hacerlos, la gente los quería sin esfuerzo de su
parte. Como si fuese mi obligación ¿Crees que la
tecnología puede hacer esto?
Agitó su mano hacia la estatua. Y el héroe de
bronce, que miraba a la derecha, giró su cabeza
viendo a la izquierda. Pero, la gente continuó
caminado sin percibir el cambio.
–¿Te das cuenta? –me preguntó deprimido–
Nadie lo notó. Cada uno en su problema, su
camino. Es la indiferencia… es lo que acaba con
los dioses… y con los humanos.
Diap 29
CON DIOSCON DIOS
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Callé. Nada podía yo agregar a eso.
Y dios, riéndose de sí mismo, cualidad de
eterna sabiduría, dijo agitando su mano:
–Dejemos la estatua como estaba. Sean de
bronce o carne, las criaturas empiezan mirando
hacia la izquierda, con los años miran de frente… y
terminan viendo la derecha.
Largamos una sonora carcajada.
Un mortal había logrado hacer reír a dios…
fuese con mayúscula o minúscula.
–¿Qué sabe de Lucifer? –pregunté desviando
la conversación.
–Pobre diablo… –respondió dios añorando–
Pobre criatura mía, rebelde y desorientada. Tuvo
su momento de auge en los años de liberalidad…
Pero, también él cayó en el olvido..
Dejé a dios en la plaza.
Yo tenía que ir al automercado.
Cuando volví, el banco estaba vacío.
Tal vez dios se había ido a otra plaza, a hablar
con otro viejo, a hablar del olvido…
Sólo dios sabrá…
…oo0oo…
Diap 30
HUMO
El hombre cerró el cajón del escritorio.
Otro que quedaba vacío como los demás.
Un escritorio que había guardado en sus entrañas
documentos, herramientas, poesías… cuentos.
Sacó del sobre el pasaje.
Y por enésima vez lo releyó. Sabía su contenido
de memoria.
Pero, aún temía un error. Temor que no pudiese
partir. Temor de marcharse…
Y, por enésima vez, comprobó que estaba todo
normal. El día, la hora, el vuelo, el aeropuerto, la
salida, el destino.
Y, con la agridulce mueca del que se va, lo puso
en el maletín. Junto al pasaporte.
Junto a otras cosas importantes. O que creía
importantes. Cosas que indicaban quien era, quien
fue, que tenía, que tuvo.
Que llevaba. Que debía hacer aún.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Oyó que le venían a buscar.
Se levantó de la silla. Miró el espejo.
Vio una imagen distinta a la de cincuenta años
atrás. Fue a la ventana.
Por enésima vez miró el paisaje.
El valle, las montañas, el sol, el cielo, las nubes, las
flores, la exuberante naturaleza, las calles, la gente.
No necesitaba una foto… estaba dentro de él.
Y cerró la persiana.
Cruzó el apartamento sin detenerse, sin darse
vuelta. Sólo eran cuartos vacíos. Sólo eran paredes
vacías.
El otro, el lleno de cosas y de vida, lo llevaba en
sus recuerdos.
Y sin detenerse, sin darse vuelta, subió al vehículo.
Por la ventanilla vio gente que lo despedía.
Y, como un autómata, con su mano en alto, les
decía adiós… sin él darse vuelta.
El chofer preguntó si quería ver donde, medio
siglo antes, el hombre había llegado.
Y él dijo que no. Que no se podía volver atrás.
Que eso había sido monte… y ahora era ciudad.
Y así, mirando de reojo, iban por las autopistas.
Cuando en la vida se cree todo logrado;
nada más emocionante que en una sola jugada,
jugarlo todo...
¡a todo o nada!
(Poemas 1995)
10 HUMO (U)
Diap 31
HUMOHUMO
Cruzando urbanizaciones y barrios. Viendo
altos edificios donde él encontró casitas de techos
rojos. Admirando lujosas quintas donde él vio
correr venados y oyó cantar pájaros.
Y avanzaban, siempre sin detenerse, sin él darse
vuelta.
Pasando por cerros llenos de ranchos de pobres
y sw obreros. Cerros donde hubo árboles y flores, y
conucos, y conuqueros que le enseñaron a amar la
tierra, el agua, el sol, la música, la gente.
Y seguían avanzamdo, siempre sin detenerse,
sin él darse vuelta.
Yendo por valles atestados de chatos galpones,
chimeneas humeantes, ruidos, camiones. Y él los
había recorrido por las orillas de sus cristalinos
ríoscon verdes bosques.
Y avanzando siempre, sin detenerse, sin él darse
vuelta, llegaron al terminal del aeropuerto. Un
terminal que ahora era diez veces más grande del
que había llegado.
Luego, ir en la compañía de desconocidos y
azafatas con la artificial atención para que pase
volando el tiempo de vuelo.
Y finalmente la llegada a destino.
¿El destino de él?...
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
El mismo lugar de donde se marchó hacía
cincuenta años.
Pero no hay un mismo lugar dos veces en el
tiempo.
Alguien lo llevó al que sería su apartamento. Y
lo dejó.
El hombre quedó solo.
Fue hasta la ventana. La abrió. Era otro paisaje.
Una bahía. Un puerto. Un cerro. Algo parecido a
un pasado distante.
Recién sintió la necesidad de darse vuelta.
Y lo hizo.
Y allá, allá en el norte, lejos, muy lejos, en un
horizonte de garzas y de sol, en un horizonte que
se alejaba cada vez más, creyó ver subir estelas de
humo.
Pensó que era el de las barcas que había
quemado.
Una brisa que venía del sur, entró por la
ventana.
Una brisa fría que lo despertó a la realidad.
Sólo tenía una pared delante.
Retornó a la ventana.
Y allí quedó viendo… sin darse vuelta.
…oo0oo…
Diap 32
LA ROSA ROJA
DESDE BELLA VISTA
El otro día, a mediodía, en una fiesta patria,
estuvimos en la reunión ofrecida por la
embajada de mi país tropical.
Un agasajo con protocolo, bebidas, comida,
cuatro, violín, guitarra, tambor y maracas…
¡y el protocolo desapareció!
Y así se llegó a las cuatro de la tarde. Los
diplomáticos ya tenían poco que comentar con
los políticos. Y los agregados militares, que decir
a las esposas de los diplomáticos.
Lo que fue una muchedumbre aglomerada
por el tintineo de las copas y las bandejas de
bocadillos, se había vuelto grupos aislados de dos
individuos hablando de sus propios intereses.
Mozos y camareras se apoyaban en las mesas
descansando sus adoloridos pies y, con disimulo,
comían canapés en tanto los músicos bebían sus
repletos vasos.
Era hora de irse según el protocolo, o sea…
¡sin protocolos.!
11 LA ROSA ROJA (U)
Te daré esta rosa roja…
Canción de Víctor Munguia
DESDE BELLA VISTA
Narración de un hecho real acontecido en
el Parque Hotel (Parqué Rodó) en Montevideo
el 5 de julio de 2008
Me despedí de las empleadas de la embajada,
ellas habían sido las que trabajaron y pusieron el
ambiente de esa tierra.
Y con un beso libidinoso de mis ochenta años
saludé a la muchacha que me servía el whisky
que trajo el momentáneo revivir de los años
pasados en aquellas exuberantes regiones.
Dejamos el salón.
Había dos enormes arreglos florales en la
puerta a la recepción. Aún con la euforia de las
copas y de la música, saco una rosa roja de uno y
se la doy a mi señora.
Mi esposa me mira con callado regaño por mi
atrevimiento y falta de respeto a donde hemos
sido invitados. Pero, no puede reprimir una
sonrisa de mujer halagada.
En las escaleras hacia la calle, un hombre de
casi cuarenta años, con el típico gesto de
servidor, me pregunta si quiero un taxi.
Le respondo que no, que iremos a pie.
Y el rostro del hombre cambia. Y, retraído, me
habla:
–Disculpe, señor… no quisiera molestarlo,
pero acabo de verle hacer algo que…
(Presentación anterior Nº 2
Diap 33
LA ROSA ROJA
DESDE BELLA VISTADESDE BELLA VISTA
LA ROSA ROJA
Llega el transporte. Nos sentamos.
Mi señora tiene en su mano la rosa roja.
Una rosa roja de tallo largo.
Los demás pasajeros la miran.
Y el ómnibus nos lleva hasta la plaza.
Nos bajamos y vamos hasta el apartamento.
Mi señora pone la rosa roja en un florero de
cristal.
Yo poco he hablado. Mucho he sentido.
Voy a la ventana desde la cual se ve el mar.
Y, con los binoculares de los recuerdos, busco
del otro lado de la bahía.
Y, en una azotea que servía de mirador, veo a
un viejo. Un viejo con los ojos tristes de los que
no pudieron volver. Un viejo que allí me enseñó
tantas cosas con su tono gangoso que arrastraba
las erres.
Y me enseñó tantas más sin hablar.
Pienso en lo que me ha dicho un hombre que
ama a una mujer.
Pienso en una rosa roja.
Y me domina algo que no me cabe en el
pecho. Y murmuro calladamente:
-Gracias, viejo francés…
Mercí, mon père…
…oo0oo…
Veo que duda en seguir y,
creyendo que tiene alguna crítica,
espeto:
–Dígamelo…
–Usted le acaba de dar una
rosa roja a su señora…
–Sí…
Siento que mi muro interno se
derrumba. Y el hombre continúa:
–En la actualidad es raro ver un gesto así… y
en personas que tienen años de casados. Lo
felicito.
–Muchas gracias…
Sólo puedo agradecer, me ha dejado sin
palabras. Y él sigue:
–No, señor… Soy yo que le agradezco a usted.
¿Sabe?... Mi esposa y yo trabajamos afuera de la
casa. Y a veces creo que no he podido
demostrarle lo que la quiero…
Sigo callado, me domina la emoción, el
asombro.
–Hoy usted me mostró una forma de
decírselo… -concluye.
–Gracias… –susurramos al unísono...
Nos despedimos. No hace falta ni darnos la
mano. Salgo. Con mi esposa subo hacia la
avenida para tomar el ómnibus. Me apoyo fuerte
en el bastón. Me cuesta ir por la vereda.
Diap 34
PLUMEROS
El invierno nos regala un luminoso día de sol.
A través del aire seco y límpido vemos un cielo
sin nubes que termina en la línea definida del
horizonte con el sereno mar.
Desde la ventana miro la bahía que parece un plato
donde la isla aflora como una mancha de tierra.
Hace frío, pero es seco. En los techos de las casas
tienden la ropa a secar.
Me abrigo con descuido y voy a caminar. Invita
a salir.
Al llegar a la calle, el viento se me cuela entre la
ropa y el dolor en las articulaciones me reclama el
descuido.
No le haga caso, el esplendor de la mañana
contagia, y sigo caminando.
Llego a la avenida y, doblando, continúo por la
vereda en la que dan los rayos del sol.
Tarareo mientras hago girar el bastón en mi
mano derecha.
Unos me miran como un demente, y otros
fingen no verme. Y ambos tienen razón.
Estoy en otro loco tiempo.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Cruzo calles y bulevares.
Voy por rotas aceras de piedras y baldosas. Cada
tanto hay grandes huecos con obreros dentro.
Están instalando la tubería de gas de petróleo…
¿Encontrarán algún caño de aquella inglesa
Compañía del Gas de principio de siglo? Gas, que
tenerlo diferenciaba a los de la ciudad con los de
los suburbios.
No lo creo. Vacíos, su óxido se habrá mezclado
con el de los rieles de los tranvías que transportaron
mi juventud.
Y así, sin darme cuenta, sin sentir el frío, llego al
viejo liceo Bauzá. Lo miro desde la vereda de
enfrente. Ya ni se llama de esa forma, sólo es un
número, un edificio arcaico y descuidado.
Cruzo la calle. Los ómnibus se detienen,
dándome paso por mi bastón y vejez.
Voy a la entrada por la cual, durante cuatro
años, pasaron mis ilusiones, esperanzas, ideales.
Ha sido clausurada.
El mármol del escalón está gastado.
Y pienso cuanto de él quedó en mis pies y lo
llevé por los caminos de mi vida y del mundo.
Las plumas sirven para volar,
y también para limpiar…
12 PLUMEROS (U)
Diap 35
PLUMEROSPLUMEROS
Piso el roto borde. Acaricio la remendada puerta
de roble. Se me humedecen los ojos.
Y vuelvo a cruzar la calle.
Continúo por la vereda con sol. Por la esquina
surge un fantasma del pasado. No lo puedo creer.
¡Es un vendedor de plumeros!...
Y viene hacia mí. Lleva atravesado sobre un
hombro el mango del plumero más grande. Y de éste
cuelgan los demás de distinto colores y tamaños.
Flaco, con su rostro tostado por el sol de la vida,
y curtido por los vientos del tiempo.
Mira con ojos llenos de dulzura de grappamiel y
nostalgia de caña amarga.
Viene de la costa. Del barrio más abajo.
Del pasado.
Por un instante nos quedamos viendo con
serena sonrisa. Detenidos en el tiempo. Sabiendo
lo que siente el otro.
Luego seguimos, pasando cerca, con un saludo
silencioso.
Pero, al dar unos pasos, no puedo aguantar lo
que tengo en mí y giro.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Veo que él ha hecho lo mismo. Y me musita:
–Plumeros.
No es pregunta ni oferta.
Es la definición de su realidad.
–Disculpe que lo mire así… –le digo con voz
emocionada– creí que los vendedores de plumeros
ya no existían más…
–Bueno… –me responde– los supermercados
nos hicieron desparecer… Pero, algunos todavía
quedamos… como yo…
–Lo felicito.
–Gracias.
Y girando, cada uno volvió a su camino. Yo no le
había comprado ningún plumero. Él no me había
vendido ningún plumero.
Sin embargo, ambos nos sentíamos felices.
Llegué hasta la esquina. Entré en el boliche.
Unos de los pocos que aún subsistían.
Me apoyé en el mostrador.
–Una caña… –pedí, viendo lejos.
–¿Para olvidar? –preguntó el bolichero, bromista.
–¡No!... afirmé– Para recordar.
…oo0oo…
Diap 36
ENCUENTRO
Cruzaba yo el bulevard cuando la vi en la isla del
medio. Ella estaba sentada en un bajo muro, con la
vista perdida, mirando el horizonte llenos de
hospitales.
Portaba un escaso ropaje para el congelante
clima, pero no le hacía falta más. Me extrañó verla
así, tan distraída.
–¡Hola, vieja amiga!... –le saludé- ¿Qué andas
haciendo por aquí?... Llevaba tiempo sin verte.
Las calaveras siempre ríen.
O la muerte es algo cómico, o se ríen de nosotros...
o los cómicos somos nosotros.
Y, esta vez me miró con una sarcástica sonrisa.
–Lo extraño es que tú andes por aquí. –
respondió– Éste es un lugar donde normalmente
debo estar; pero, ésos vestidos de blanco me hacen
salir a esperar en la calle.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
–Sí… –musité, señalando– allí, hace poco,
estuve a punto de reunirme contigo para siempre,
y ellos no lo permitieron.
–Estás equivocado. –replicó, severa– No era tu
momento. Si lo hubiese sido, ninguno de ellos, ni
nada, podría haber evitado que te fueses conmigo.
–¿Y cuándo será?
–Nadie lo sabe… ni yo, que soy el final. Llega
ese instante a cada uno, y debo ir a buscarlo.
Volvió a mirarme irónica, y siguió:
– Aunque…noto en tu pregunta cierta ansia.
–Quizás… a menudo pienso que ya es hora de
irme. Irme antes de estar rodeado de medicinas,
con dolores, siendo un inútil e incapaz. Quiero
irme dignamente…
–Hay formas de vivir con dignidad, pero no hay
forma de morir dignamente. –sentenció– Para
ello, lo primero sería aceptar mi llegada… Sin
embargo el no hacerlo es instintivo, natural.
–Tienes razón, el saber que estaba enfermo, yo
también me aferré a la vida –me sonrojé por la
vergüenza y el frío– A pesar de que te llamo mi
amiga, fui cobarde y te alejé.
Hola amiga,
la sincera, la puntual…
(Poema: Hola amiga}
13 ENCUENTRO (U)
Diap 37
ENCUENTROENCUENTRO
–No te juzgues tan severamente. Fuiste humano,
uno más… –dijo comprensiva– Ningún ser quiere
dejar la compañía de mi hermana gemela, la vida.
–¿Tu hermana gemela?
–Sí, siamesas, caras opuestas de la misma
moneda. Como la derrota y la victoria, la ilusión y
la realidad; como lo son el fracaso y el triunfo, el
recuerdo y el olvido.
-El olvido… -murmuré pensativo- Dime, tú que
conoces a ambos… ¿Quiénes son más, los vivos o
los muertos?
–Los vivos, -afirmó– porque los muertos no son.
Se levantó, su magra figura cuadró en el entorno
invernal.
–Te dejo, debo ir al hospital de niños, tengo que
llevarme a uno. –su voz fría, sonó sentimental–
Pero, en el cuarto de al lado, mi hermana siamesa
ha recibido a otro.
Y, dándose vuelta, tomó por el bulevard. Y,
mientras se alejaba la vi confundirse con una joven
hermosa, vehemente, coqueta,
Y así desapareció.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Y al paisaje volverse primavera.
Lo atribuí a las medicinas que yo estaba tomando.
Volví a mirar. Sólo me rodeaba el invierno con
gente embutida en sus abrigos.
Me dirigí a la parada de ómnibus.
Tomé el que llevaba a Bella Vista, mi barrio.
Me cedieron el asiento destinado a los viejos
con bastón. Una consideración con reglamento.
Sonreí mordaz.
Llegué a mi apartamento. Fui a la ventana. Miré
afuera. Calles… casas… gente… perros… palomas…
Existían…
Pensé en la criatura muerta al nacer.
Tristees irse sin haber siquierarecorrido el camino.
Yo había tenido la fortuna de recorrerlo hasta la
vejez.
¿Gracias a mi amiga, la muerte?
¿O a su hermana gemela, la vida?
Ya no me importó cual de las dos.
No había sido aún mi momento de irme.
Debía seguir.
…oo0oo…
Diap 38
EL ANIMAL
Todos los días, al despertarme, apenas me levanto,
voy hasta la ventana para ver el paisaje.
El gusto de disfrutarlo es tal, que he quitado las
persianas del todo.
Y todos los días, quedo viéndolo de izquierda a
derecha, de derecha a izquierda, desde el puerto al
Cerro, desde el Cerro al puerto, con la bahía en el
centro, delante mío.
Y todos los días, haga calor o frío, llueva o haya
sol, truene o relampaguee, con viento o con niebla,
termino mirando lo mismo:
El techo de la casa de enfrente, en la esquina.
Y allí siempre está mi pobre amigo negro.
Negro, porque es un perro negro.
Amigo, aunque nunca hemos estado cerca ni le
he hecho un mimo.
Pobre, ya que me da lástima verlo.
Duerme en una estrecha caseta adosada a uno
de los muros linderos; la cual, dada su altura, debe
estar destinada a otros fines aparte de defender al
desgraciado de la intemperie.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
De la misma sale un grueso alambre que, casi
pegado al suelo, cruza el techo, para finalizar fijado
en la baja pared que sirve como pretil sobre la calle
transversal.
Por el alambre corre el extremo de una cadena
de hierro de apenas un metro de largo.
Los eslabones brillan por el roce contra el piso.
El otro extremo está unido a un ancho collar.
Y el collar aprisiona a mi pobre amigo, el perro
negro.
Cual signo de servidumbre.
Como muestra de esclavitud.
Sujeto a una cadena, limitado por un alambre.
Y el pobre perro negro todos los días recorre de
punta a punta el alambre en una libertad de nueve
metros.
Mira la calle, sin poder ir a ella porque no se lo
permite la cadena.
Y el pobre perro negro, haga frío o calor, viento
o lluvia, niebla o sol, va y vuelve en esa línea.
Donde, sumiso, le hace fiestas a su dueño cuando
le trae la comida.
14 EL ANIMAL (U)
Cuanto más se conoce la gente,
más se ama a los animales…
Diap 39
EL ANIMALEL ANIMAL
Porque ese perro tiene un dueño.
Mejor sería decir un amo.
Ya que las cosas tienen dueño.
Los empleados pueden tener patrón.
Pero solo los esclavos tienen amo.
Un amo que lo deja a la intemperie, que nunca
le da calor en invierno ni sombra en verano, que
no lo seca si se mojó con la lluvia ni lo baña si se
ensució con el polvo.
Un amo que ni siquiera lo cuida si se enferma.
Por semanas tuvo una lastimadura en un anca.
Herida que fue curándose sola.
Aún, ahora, desde lejos, se le ve la cicatriz.
Un amo que lo tiene prisionero en la azotea de
su casa para que le avise si un intruso quiere
penetrar en ella.
Y el pobre perro negro cumple fiel con ese
deber.
Un amo que cierta vez le trajo una compañera
que estaba en celo.
Pero ni así le liberó para disfrutar del placer.
Pudo tenerla porque ella se acercó a la cadena.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Un amo que se dice humano.
Pero que no tiene reparos en pegar al pobre
perro si éste le pone las patas encima cuando le
trae las sobras con que lo alimenta.
Una mañana estaba yo en la carnicería.
La charla con los otros clientes giró sobre las
mascotas en la clásica rivalidad de quienes son
mejor compañía… ¿los perros o los gatos?
No me pude contener y conté las penurias del
pobre perro negro y del maltrato de su dueño.
–¡Un animal!... –dije, concluyendo la narración.
–Sí… –me apoyó una señora– pobre perro…
–Yo me refería al dueño… –aclaré.
Todos se hicieron los distraídos. Giré.
Un hombre, que poco antes había entrado al
comercio, me miraba molesto.
Desde ese día hay un vecino que no me saluda.
Es el que vive en la esquina. En la casa que tiene
un perro negro en la azotea. Un perro esclavizado
a una cadena y un alambre.
No me extraña.
¿Dónde se ha visto un animal saludando?
…oo0oo…
Diap 40
EL CRUCE
Apoyando el bastón en una gastada baldosa, y
luego de cerciorarse que estaba firme, el anciano
subió de la calle a la vereda con evidente esfuerzo.
Dio unos pasos rengueando por el dolor en la
rodilla. Un dolor muy conocido, no por eso
aceptado.
Pero, ya caminaba normal al llegar a la esquina
de esa cuadra.
Cuadra empinada donde antiguas y altivas
construcciones señoriales formaban un frente
macizo que surgía, rectilíneo y perpendicular, de
las graníticas lozas de la acera.
Dando un seco golpe de bastón en la piedra
tomó impulso mirando la próxima, y para él
lejana, calle transversal.
Fue cuando la vio.
Ella había doblado la esquina de arriba y venía
bajando hacia él con elegante paso juvenil.
Paso que aún mantenía el salto inocente de una
niña inquieta.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Y él, en instintiva reacción, enderezó la arqueada
espalda, agilizó el arrastrado andar y convirtió al
necesario bastón en un superfluo adminículo de
caballero.
Calculó que con el ágil ritmo de ella, y el
esforzado de él, se cruzarían a mitad de cuadra.
En tanto, la miraba acercarse.
La miraba y la admiraba.
Tenía la piel color canela, el cabello renegrido,
sedoso y lacio…
Cabello que se movía acompasado al aire.
Su cuerpo poseía la tangencia perfecta de curvas
que solo se da una vez en la mujer…
Cuando empieza a ser mujer.
Su piel era tersa como el pétalo de una rosa
abriéndose al primer rocío… y era una rosa morena.
Los senos firmes, sin artificios, vibraban en
cada paso al refrenarse en la bajada que hacía
cimbrar su figura.
Vio que ella lo miraba.
Y, mirándose el uno al otro, se iban acercando y
llegaron a la mitad de la cuadra,
Mirándose, mirándose…
15 EL CRUCE (U)
Hay momentos sin tiempo…
Diap 41
EL CRUCEEL CRUCE
Y él la veía con ternura, con admiración.
Y ella lo veía con dulzura, con cariño.
Y se cruzaron… sin decirse nada…
Y, ya sin verse, siguieron andando, dejándose
atrás…
Pero, a ambos les pareció que se hablaban en un
espacio sin lugar, sólo de ellos.
Y él decía y ella respondía:
–“¿Por qué llegaste tan tarde?”
–“Porque no sabía que me estabas esperando.”
–“¡Ah!... si hubieras llegado hace cuarenta
años…”
–“Hace cuarenta años yo ni siquiera había
nacido.”
–“Digamos entonces… Si yo tuviera cuarenta
años menos.”
–“¿Me habrías mirado como me miraste
ahora?”
–“Quizás sí… quizás no… ¿Cómo te miré?”
–“Tu mirada me acarició con delicadeza, sin
desnudarme. Me recorrió tiernamente, admirándome.
Me hiciste sentir hermosa y no una cosa. Me
hiciste sentir mujer y no hembra. ¿Me habrías
mirado así si tuvieras cuarenta años menos?”
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
–“Es seguro que no. Más bien te hubiera
deseado y visto con ojos de pasión. Y quizás a ti te
hubiera gustado”
–“Quizás sí… quizás no… O quizás me habría
gustado sentir lo que hoy sentí por ti…”
–“¿Y qué sentiste?”
–“Lo hermoso que sería tener tu misma edad y
estar a tu lado sabiendo que un día me miraste de
aquella forma.”
–“¡Ah!... tiempo, tiempo… momentos,
momentos…”
–“Sí… y hoy fue un instante único para ti… para
mí.”
–“Sí… un momento sin tiempo, sin años.”
Al llegar a la esquina, el anciano giró mirando
hacia atrás y vio que ella hacía lo mismo desde la
esquina de abajo.
Se miraron en la distancia.
Ella levantó la mano he hizo un mohín de niña
diciéndole adiós.
Él, apoyado en el bastón, elevó su otra mano
respondiendo dulcemente el saludo.
Y ambos giraron, siguiendo cada uno su camino.
…oo0oo…
Diap 42
Mi casa estaba en Barcelona 1815, entre Bogotá
y Portugal, casi a mitad de cuadra, del lado oeste, o
a la izquierda si se iba hacia Río de Janeiro.
Geograficamente imposible…
Pero, así son los nombres de las calles de mi
barrio, de la vieja Villa del Cerro.
Yendo hacia la playa, Barcelona es la primer
calle paralela a la avenida que sube a la Fortaleza.
Avenida que nació camino, hecho con lajas y
adoquines, por los conquistadores para erigir ese
atalaya.
Camino que tuvo muchos nombres.
Siendo niños fue Nueva Granada. Pero, un día
la Intendencia lo cambió por el de un doctor.
Nos costó adaptarnos.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Al que se queda,
se lo comen las hormigas…
(Refrán venezolano)
16 EL TRANVÍA QUE NO SE PERDIÓ
(U) (Presentación anterior Nº 10)
Cerro, calle Barcelona, año 1957
Luego de Barcelona vienen otras siete paralelas
para concluir en la calle Suiza, la cual funge como
la rambla de la playa del barrio.
Todas ellas nacen en la falda del cerro y, en
pocas cuadras, van a zambullirse en las aguas de la
bahía.
Pero Barcelona, haciendo un dribling cerca de la
orilla, se prolonga en un muelle de hormigón.
Muelle que hoy añora la época que en él
atracaba al barquito que cruzaba la ensenada en
sus viajes de ida y vuelta al Puerto.
EL TRANVÍA QUE NO SE PERDIÓ
Diap 43
Cmo los recuerdos de mi infancia, de mi padre.
Mi padre fue un hombre más, uno de los tantos
extranjeros con que se pobló el Cerro allá por los
años treinta.
Era francés, tornero, mecánico de precisión,
instructor de mecánicos de aviación, y nunca
aprendió a hablar bien el español.
Los domingos acostumbraba salir a pasear
conmigo, yo era el único que le podía seguir en su
rápido caminar.
Una tarde, tendría yo trece años, íbamos
bajando la calle Barcelona. Faltando media cuadra
para llegar a la parada de Grecia, vimos que por
esa calle se nos escapaba el tranvía 16.
Mi padre comenzó a correr tras él. Y yo le grité:
-¡Papa, ya lo perdimos!…
Y él, en su jeringoza francesa, me respondió:
-¡Vamos!... ¡Adelante!... Quizás lo perdamos…
Pero, vamos a perderlo tratando de alcanzarlo.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
En sus inicios, mi casa fue una casita de las tantas
con cocina, dormitorio y corredor envarillado.
Otra de techo con chapas de cinc y cielorraso de
listones de madera.
¿Para qué más?...
Donde comer, donde dormir, donde sentarse a
sentir los perfumes del jardín y de la fresca brisa.
También, como todas las demás tenía en el
fondo un terreno con frutales y verduras.
Y, bien al fondo, un gallinero y… un escusado.
En esa casita pasé mi niñez.
Luego, casi al terminar yo la escuela, levantaron
sobre la casita una edificación de dos pisos y varios
cuartos.
Pero, ésta era fría. Y volvíamos a buscar el calor
en la antigua cocina junto al viejo fogón a leña.
Hoy, esa casa ya no es mi casa. Tiene otros
dueños. Pero la casita siempre será mía porque la
llevo en mí.
Don Pablo – Calle Barcelona - Año 1957Vaporcito al Cerro - Año 1929
EL TRANVÍA QUE NO SE PERDIÓ EL TRANVÍA QUE NO SE PERDIÓ
Diap 44
* Edad del autor
en el año 2009
EL TRANVÍA QUE NO SE PERDIÓ
Fue una lección que me dejó para toda la vida.
A aquel 16 lo alcanzamos porque se detuvo en el
desvío cercano y debía dar paso a otro tranvía.
En la vida, a algunos los alcancé, a otros no
pude; a veces tuve que correr mucho, en otras un
poco menos.
Tuve muchas caídas tratando subirme al
alcanzarlo. Y muchas veces, al subir, comprobaba
que me había equivocado de coche y de destino.
Pero siempre, siempre, frente a una alternativa
de la vida, a una decisión dudosa, a una prueba, a
un riesgo, oía las palabras de aquel viejo francés:
-¡Vamos!... ¡Adelante!... Quizás lo perdamos…
Pero, vamos a perderlo tratando de alcanzarlo.
Y hoy, al cumplir ochenta* años de mi vida,
viendo el camino recorrido, y todo lo que corrí tras
lo que parecía perdido pero tratando de alcanzarlo,
solo puedo decirle lo que nunca le dije cuando
pude hacerlo:
-Merci, mon pere…
…oo0oo…
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Don Pablo Carigi
3/3/1900 - 24/10/1974
Año 1931 - El tranvía 16 cruzando el puente giratorio (hoy
desaparecido) sobre el arroyo Pantanoso. Al fondo y a la
derecha se ve el Cerro.
Y el 16 se fue...
llevándose con él mi juventud.
(Del cuento Don Simón, del libro “Los Dones del Ayer”)
EL TRANVÍA QUE NO SE PERDIÓ
Diap 45
LA PRUDENTE DISTANCIA
Seis de la mañana. Abril. Me acerco al ventanal.
En el horizonte, las nubes atornasoladas anuncian
un día más. El termómetro, en el poste de la
avenida, señala 15 grados.
Miro la plaza.
El héroe sigue montado en su caballo.
Ambos congelados en el bronce y en la historia.
Muy altos, sobre el pueblo, sobre una base de
piedra, sobre un estanque de agua verdosa y llena
de restos flotando.
Luego, siguen cuatro escalones para bajar a la
plaza que está cubierta de pedregullo.
Allí, en los canteros, los árboles buscan la
libertad subiendo sus ramas al cielo.
Hay algo caído del primer al segundo escalón.
Parece el resto de una pancarta de promesas
políticas. Miro mejor… Tiene alguien dentro…
Es un hombre.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Un hombre que, cual abanderado vencido, está
envuelto en el pendón que baja en pliegues al otro
peldaño.
¿Quién es?
¿Un muerto por la delincuencia protegida en la
oscuridad de la noche, y cubierto por una
destrozada mortaja?
¿Un borracho que, antes de rendirse al alcohol,
quiso hallar un abrigo en esa rota tela de ilusiones?
¿Un drogado que cayó, en su tonta búsqueda de
paraísos artificiales, y no pudo salir de la maraña
de trapo?
¿O sólo es un despojo humano que tuvo, la
inconciencia y la fatalidad de amanecer así en una
plaza pública?
Siete de la mañana. La gente sale a la calle.
El sol asoma tras los techos de los edificios.
Alumbra al héroe.
El despojo sigue en la penumbra.
Una madre lleva a sus hijos al colegio. Van por
la vereda. Los niños miran al caído. De pronto,
solo hacia adelante, como si no existiera. La madre
les dijo que no lo vean.
Que se alejen de él… que mantengan una
prudente distancia.
El que se mete,
se compromete.
(Refrán acomodaticio)
17 LA PRUDENTE DISTANCIA (U)
Diap 46
LA PRUDENTE DISTANCIALA PRUDENTE DISTANCIA
Un operario, llevando una mochila, cruza en
diagonal. Va a su trabajo. Ve el cuerpo. Se desvía.
No quiere saber de él. No quiere comprometerse.
Y sin mirarlo pasa… a una prudente distancia.
Un viejo, seguido de dos perros, sale de un
edificio a gozar de su metódica libertad. Los perros
le ladran al despojo. El viejo los llama. Y ellos
vuelven callados, serviles. Y los tres continúan su
paseo, ignorándolo… a prudente distancia.
Desde la esquina llega una anciana. Arrastra
tras de sí un escuálido carrito de mercado. Nota al
caído. Y apura su paso. Piensa si lo que lleva le
alcanzará para pagar. Y deja atrás aquel resto de
hombre… con una prudente distancia.
De la calle de abajo llega un señor de traje y
llevando un portafolio. Debe ser un oficinista. Al
ver al tirado en los escalones, mueve la cabeza. Se
siente superior. Y se aparta, poniendo con el
desgraciado… una prudente distancia.
Viene un grupo de estudiantes. Señalan al caído.
Hacen chanzas entre ellos. Pero, ninguno se le
acerca. No piensan que él una vez fue joven.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Y se van, bromeando, riendo, colocando entre
ellos y él… una prudente distancia.
Una muchacha atraviesa la plaza jugando con
su madre. Se encuentra con la decadente imagen.
Y, tapando un grito en su boca, retorna rápido
junto a la vieja. Y ambas lo dejan de lado... a una
prudente distancia.
Llega el mendigo que les da de su comida a las
palomas. Ve al hombre caído. Se le aproxima. Lo
mira. Y lo deja, retornando a su banco.
Es quien ha estado más cerca, pero manteniendo…
una prudente distancia.
Suena el teléfono. Voy a atenderlo. Alguien
pregunta. Alguien responde.
Cuando vuelvo al ventanal ya no hay nadie
caído en los escalones. Ha desaparecido hasta el
resto de pancarta.
El sol ilumina todo.
Voy a lavarme la cara. No me miro al espejo.
Después de todo, desde el balcón, viendo, sin
hacer nada, también puse con él… una prudente
distancia.
…oo0oo…
Diap 47
HA MUERTO UN PÁJARO
Érase un hombre que vivía en una glorieta…
Bueno, él la llamaba glorieta.
Quizás por la forma que tenía.
Quizás porque allí, él se sentía en la gloria.
En realidad sólo era un mirador de forma
octogonal que sobresalía casi hasta su mitad de la
azotea de una antigua casona de dos altos pisos,
Una mansión de dieciochesca arquitectura,
estilo francés, que mostraba el poderío de sus
dueños y que estaba situada en el cruce de dos
serenas y arboladas avenidas.
Y la glorieta se destacaba allí, en esa esquina,
allá arriba, como una torre, queriéndose desprender
del techo y volar hacia el horizonte lejano.
Tal vez, en sus inicios, la glorieta fue parte de
una pérgola florida en la cual los señores, las
señoritas y los niños de la casa languidecían
viendo los anocheceres.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Pero, el tiempo pasó, los señores, las señoritas y los
niños, envejecieron, se fueron, los pisos se llenaron
de moho, las paredes se cayeron, la pérgola fue
corroída por la herrumbre.
De la glorieta sólo quedó la estructura, como un
esqueleto añorante que en lo alto recordaba el
armonioso y octogonal cuerpo que tuvo en el ayer.
Y los años siguieron pasando.
Llegó otro tiempo, tiempo de oportunistas, de
aprovechadores, de la ley de propiedad horizontal;
donde, con escaleras se arregla todo.
Y, con escaleras, la casona se convirtió en dos
casas. Más aún, en tres; porque el audaz y hábil
reformador reconstruyó la glorieta y la puso en
venta con el eufemístico título de:
Apartamento mono ambiente con
panorama de 360 grados.
O sea, un apartamento donde se come, se vive y
se defeca en el mismo lugar… como lo hace un
mono en su ambiente.
Y alguien lo compró y fue a vivir en él.
18 HA MUERTO UN PÁJARO (U)
Cuanto más nos alejamos de algo,
más cerca estamos de donde partimos...
la tierra es redonda.
Diap 48
Érase un hombre que vivía en una glorieta…
Un hombre solitario que gustaba de escribir y,
cuando no lo hacía, quedaba viendo el horizonte
lejano por cualquiera de las ocho ventanas.
Un hombre que contaba de otras tierras donde
había estado, de otros cielos donde había volado,
de otras aguas donde había nadado, de otros
fuegos que lo quemaron.
Y todo para volver, luego de comprobar que tras
un horizonte hay otro horizonte; que detrás del
cerro, tarde o temprano, se encuentra otro cerro.
Un hombre que charlaba con las aves que se
posaban en la azotea y les daba de comer.
Para ellas era mucho, para él lo único que le
quedaba: migajas.
Un hombre que tenía como única compañía una
vieja gata a la que rezongaba cuando perseguía a
las aves.
Aunque sabía que ella ya no las podía alcanzar,
como él a sus ilusiones.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Un hombre que siempre tenía abiertas las
cortinas de la glorieta, día y noche, para ver el sol,
para ver las estrellas.
Un hombre que todos los días bajaba a la tierra,
a la calle, a estar con la gente, para comprar la
comida.
Y un día no bajó.
Subieron a ver.
Lo encontraron en la glorieta.
Yacía frío, con los ojos fijos, mirando el cielo.
¿De qué lado?...
Daba lo mismo por cualquiera de las ocho
ventanas de la glorieta.
El cielo no tiene lados.
Junto a él yacía también la vieja gata.
No se sabe quien lo puso, pero en las escaleras
apareció un letrero:
“Ha muerto un pájaro.”
Érase un hombre que vivía en una glorieta…
…oo0oo…
HA MUERTO UN PÁJAROHA MUERTO UN PÁJARO
Diap 49
Sábado de tarde. Día tibio de otoño.
Más bien parece de verano. Tedio de la siesta.
Abro la ventana. Miro la bahía. Las aguas, como
un espejo, reflejan los barcos y los edificios.
Voy hasta el recibo. Observo la plaza.
El caballo y el general San Martín siguen en la
pátina del tiempo y del bronce. Tanto uno como el
otro, en un gesto de avanzar.
Abajo, a sus pies, no hay nadie. Todos duermen
la modorra en sus casas.
Hasta los ómnibus que pasan, muy de vez en
cuando, se mueven como sonámbulos.
Salgo. Cruzo el camino de pedregullo del
parquecito frente al edificio. Llego a la calle.
Calle de una cuadra. No tiene letreros. Calle sin
nombre. Nadie lo sabe. Todos la transitan.
Pero, lo tiene.
Se llama: Capitán Manuel Artigas.
Pobre idealista. Fue el primer muerto por los
principios de la libertad. Y, también, otro más
opacado por el brillo de los famosos. Lo relegaron
a una corta calle sin nombre ni placa.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Estoy en medio de ella. Miro en ambos sentidos.
Dilema.
A la izquierda, la avenida clase media de
Agraciada.
A la derecha la calle de barrio de Uruguayana.
Instintivamente me decido por la última. Me
sale del alma.
Además, a pocas cuadras, está la bahía.
Atracción fatídica.
Camino por Uruguayana. A pocos metros la
calle se inicia.
Empieza con una casa que tiene el número 2970
y también el 2871 Bis, pero el 2871 no existe. Cosas
del barrio.
Estoy en la conjunción de tres calles que me
traen recuerdos de los comienzos de mi vida
laboral:
Jujuy, Farías, Ricaurte.
Doblo por esta última. Allá, en el fondo, veo las
grisáceas aguas del mar. Voy caminando bajo un
techo de árboles que están tapizando la vereda de
ocres y amarillentas hojas.
A las tres cuadras finaliza la calle. ¿O comienza?
Delante tengo una cerca de hierro cubierta de
salvajes enredaderas. Detrás de ella agonizan los
rieles del viejo ferrocarril.
EL TREN DE LAS 18 Y 12
Trenes que llenaron nuestro ayer…
19 EL TREN DE LAS 18 Y 12 (U)
Diap 50
Miro a mi derecha. Me siento suspendido en el
tiempo. Es la antigua Estación.
Temo subir a su andén, que llegue el fantasma
de un tren del pasado… y que me vaya en él.
Doblo por Cívicos, una estrecha calle que parece
pisar los rieles. En su margen izquierda hay
sencillas viviendas que deben haber temblado con
el traqueteo de los trenes.
A mitad de cuadra existe una antañona casa.
Y delante de la misma veo una mujer sentada
junto a la cerca que, allí, está rota permitiendo
pasar desde las vías.
Está bien vestida, pero con ropa muy viejas. Es
aún bella, mayor, canosa. Tiene una mirada perdida.
El verme acercar, sonríe y me pregunta:
–Señor… ¿el tren de las 18 y 12, llegará en hora?
–Creo que sí… –digo, comprendiendo su estado
mental.
–Señor… ¿sabe? –continúa ella– En ese tren
viene Juan, mi prometido. Él baja aquí. Por eso
abrí este agujero en la cerca. Para que él no tenga
que caminar desde la estación.
–Ah… qué bien… –comento mientras pienso
que el amor siempre busca el bien del ser amado.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
–Es que Juan es inspector del ferrocarril. –la
mujer sigue– ¡Le queda tan lindo el uniforme! Si lo
viera saltando del tren y pasando por esta entrada.
Hoy viene para llevarme a su pueblo y conocer a su
familia. Allí nos casaremos.
–La felicito, señorita… –mi voz me traiciona,
quiero irme– Disculpe, debo seguir mi camino.
Ella hace un gesto triste y yo avanzo dejándola
atrás, en su mundo propio, esperando un
imposible.
Sé que hace muchos años que los trenes de
pasajeros no pasan por allí.
La cerca con enredaderas de flores violetas se
interrumpe al llegar a la esquina.
Hay un paso a nivel. Una barrera.
Quedo viendo hacia la bahía. Está solo a una
cuadra larga. Leo el letrero en la esquina: Calle Dr.
Juan Carbajal Victoria.
La chapa se encuentra casi tapada por las ramas
de un alto árbol. Éste permanece frondoso y con
las hojas verdes. Me llama la atención que su copa
esté llena de frutos oscuros
Observo mejor, no son frutos… ¡son pájaros
negros!
EL TREN DE LAS 18 Y 12EL TREN DE LAS 18 Y 12
Diap 51
Hay cientos de ellos. Y todos inmóviles.
De pronto suena un cercano pito. Y los pájaros
salen en bandada volando hacia el depósito al otro
lado de las vías.
Pero, como si los mandase un invisible director,
retornan de la misma forma a ocupar su mismo
lugar en la copa.
Cerca del árbol hay dos hombres sentados.
Me les acerco, aún asombrado del comportamiento
de aquellas aves.
–Perdonen… – y pregunto al que no está
tomando mate– ¿Cómo se llaman esos pájaros?
–No sé. –contesta– Sólo les decimos “pájaros
negros”.
–Vimos que estuvo hablando con la loca Luz
María –interviene el otro, sacando los labios de la
bombilla.
–Sí… pobre mujer… –les comento– Me
preguntó si el tren de las 18 y 12 llegaba en hora.
–Era en el que venía Juan. Un inspector muy
mujeriego, él. –sigue el hombre– Fue hace muchos
años, cuando pasaban muchos ferrocarriles con
mucha gente y mucha mercancía.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
–Aquellos tiempos. –murmuro añorante– ¿Y
que sucedió?
–Luz era una muchacha muy linda y buena. –
responde– Juan la deseaba. Y la enamoró. Pero, en
aquellos tiempos, las novias no adelantaban
ninguna entrega…
Los tres sonreímos con picardía. Los tiempos
cambian.
–Juan era un veterano en esas cosas. –continúa,
dándole el mate al compañero– La convenció
jurándole que le haría conocer a su familia y allí
contraerían matrimonio.
–Y cuando consiguió lo que buscaba, –
sentenció el otro– nunca más bajó en la cerca
cortada… ni se le vio la cara.
–Ella enloqueció. –completó el primero– Desde
entonces fue a sentarse allí con el vestido que iba a
llevar en ese viaje. De noche la hacen entrar a la
casa diciéndole que él vendrá en el tren de
mañana, el tren de las 18 y 12.
–Un mañana que será como el de hoy, como el
de ayer. –reflexioné– Los trenes se fueron
llevándose nuestros años de niñez… de juventud…
y ya no volverán.
EL TREN DE LAS 18 Y 12EL TREN DE LAS 18 Y 12
Diap 52
Pero al decir esto escuché un resoplar conocido.
Miré hacia el otro lado de las vías. Vi que del
depósito sobresalía la cola de un vagón. Y del lugar
surgía humo y ruidos.
Me despedí de mis interlocutores y crucé sobre
los rieles oxidados.
Llegué al galpón. Dentro había una locomotora
con dos vagones. De éstos bajaban arroz a granel.
Sonreí al recordar aquel tren lechero de las 7 y
media que arrastraba 24 y más vagones llenos de
tarros. Muchas veces necesitaba otra locomotora
empujando al final de la cola.
Quedé viendo hasta que finalizaron la descarga
del cereal.
La locomotora lanzó un fuerte pito y comenzó a
llevarse, poco a poco, sus dos únicos y vacíos vagones.
Oí sobre mi cabeza un ensordecedor aleteo.
La bandada de pájaros negros descendió donde
había estado el tren y todos se pusieron a comer
pausadamente los granos caídos.
No tenían apuro. Tardaría mucho en venir otro
tren. Ellos lo sabían, y yo también.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Me devolví por el camino recorrido. Al pasar
junto a la loca Luz María, le sonreí afirmándole:
–Sí, señorita. El tren de las 18 y 12 vendrá en
hora.
–Lo sé… –dijo mansamente ella– y si no llega
hoy, llegará mañana… algún día llegará.
Los ojos de la demente mujer estaban llenos de
lágrimas. Y los míos se humedecieron.
Ella arrancó de la enredadera una flor lila, y me
la dio. No hubo palabras, sobraban.
Llegué a la esquina. Crucé la calle y subí a la
plataforma de la clausurada estación. Miré arriba
de la cerrada puerta. Un descolorido letrero decía:
BELLA VISTA.
Quise sentarme. Los asientos ya no existían.
Fui hasta el borde del andén y me senté en él
con las piernas colgando hacia los herrumbrosos
rieles y los agrietados durmientes.
Y, con una flor lila en la mano, me puse a
esperar el tren de las 18 y 12…
O a cualquier otro tren del pasado…
Sabiendo que nunca, ninguno, llegaría.
…oo0oo…
EL TREN DE LAS 18 Y 12EL TREN DE LAS 18 Y 12
Diap 53
Plaza Soldados Orientales de San Martín,
conocida solo como Plaza San Martín.
El famoso opaca al que lucha.
Arriba, inmortalizados en el bronce, el caballo
sostiene al general. Uno levanta la mano izquierda
queriendo avanzar, el otro mira hacia la derecha y
lo frena con la rienda.
Abajo, a la izquierda, hay un muro de piedras
con la placa descriptiva y una grada acogedora.
De día, la gente se sienta en ella. De noche, los
mendigos duermen junto a ella.
En verano disfrutan de la brisa que viene de la
bahía. En invierno se abrigan con el calor que les
da el perro amigo.
Todo loco tiene un perro. Y todo mendigo es
medio loco.
Hay uno que tiene cierta distinción.
Viejo, canoso, de barba blanca. Y el perro
denuncia ancestros de canes finos.
Es un mendigo extraño. Nunca pide limosna.
Si se la dan, la acepta. Y murmura las gracias
casi con vergüenza.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Pero, apenas tiene algo, cruza al comercio del
edificio de enfrente.
Primero compra para al perro, y luego para él.
Cuenta las monedas. Y si no le alcanzan, reduce
de lo suyo. Jamás del alimento para su perro.
-¡Calidad de vida! –saluda despidiéndose y al
pagar, elevando una hipotética copa en lo alto.
–¡Calidad de vida! –dicen los demás, imitando
el gesto.
Y el mendigo se va.
Y queda en el lugar un vacío donde resuenan
con ironía y conmiseración esas palabras.
El viejo es amigo de todos los hurgadores.
Y les indica que pueden encontrar dentro los
contenedores. Y los buscadores de basura se van
con sus bolsas llenas y destrozadas.
–¡Calidad de Vida! –les grita, elevando la
hipotética copa.
–¡Calidad de Vida! –les responden ellos,
imitando su gesto.
Y en la calle queda un vacío que no puede llenar
el ruido de los motores de los autos.
Vacío donde resuena la amarga ironía de uno, y
la mansa resignación de los otros.
CALIDAD DE VIDA
…fui mendigo, fui señor… fui…
20 CALIDAD DE VIDA (U)
Diap 54
El vagabundo tiene dos amigos. Y los dos se
llaman Juan Pérez. Todos somos Juan. Y
cualquiera puede ser Pérez.
Uno es un antiguo, y bien jubilado oficial de
petroleros. El otro, un bichicome que en su
juventud también supo bañarse en las azules aguas
del Barlovento tropical.
Y ambos tienen un perro. El de uno es un
animal de raza pura. El del otro, de puras razas
mezcladas.
Sucedió una noche de julio. Noche de luna
llena. De ésas que el frío es penetrante.
En la mañana, en la plaza, le habían hecho un
homenaje al héroe y aún estaba la corona.
A las dos de la madrugada comenzaron a ladrar
todos los perros del vecindario.
Hasta los finos y abrigados de los edificios
aledaños recordaban sus orígenes de lobos.
El aullido más lastimero, más fuerte, venía de la
plaza. Allí fueron los dos Juan Pérez. Y cada uno
con su perro.
El viejo mendigo yacía muerto sobre la grada
del muro de piedras.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Estaba helado. Pero, aún al irse lo había hecho
con distinción.
No debajo de algo, sino arriba.
Junto a él estaba su perro. Y le lamía la cara. Y
aullaba a la luna pidiendo que le devolviese la vida
a su compañero.
Y a cada aullido le acompañaban cientos del
lugar.
Los dos Juan Pérez se miraron.
Fueron hasta el trípode que sostenía la corona
en las escaleras del monumento de bronce.
La sacaron y la pusieron a los pies del viejo.
Ambos levantaron la mano elevando una
hipotética copa y lanzaron al aire un estentóreo:
–¡Calidad de Vida!
En ese momento dejaron de aullar los perros.
La noche se llenó de silencio.
Un silencio donde se repetían sin cesar:
–¡Calidad de Vida!
Pero ahora resonaban con honor, con orgullo.
Y, por primera vez, tuvieron sentido esas tontas
palabras.
–¡Calidad de Vida!
…oo0oo…
CALIDAD DE VIDACALIDAD DE VIDA
Diap 55
Llega hasta la esquina de Uruguayana.
Es su calle.
Pocas veces se anima a doblar y seguir media
cuadra más por la transversal que lo separa de la
plaza.
Quizás por qué tema, con cada paso que dé allí,
entrar en ese mundo clase media, de pulcritud, de
saludos formales, de sonrientes caras, de ocultos
pensamientos.
O quizás por miedo a reconocer, o ser reconocido.
A veces lo acompañan tres perros, otras solo
uno. Y, casi todo el tiempo, la resaca del alcohol.
Lo más común es encontrarlo unos cincuenta
metros más atrás, cerca de la carnicería, en la
vereda norte de la calle, del lado que pocas veces
da el sol.
Porque él es de piel delicada. Si se expone
demasiado a los rayos solares se quema.
Y, entonces, en su rostro se mezclan las cremas
bloqueadoras y la mugre del vagabundo.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Suele hallársele, junto con otros bichicomes, en
el escalón de una vieja casa en reparación.
Los otros mendigos, sentados, con ojos enrojecidos
de caña, piden una limosna al transeúnte.
Pero él, no. Para todos tiene un saludo cortés.
Y si se le pregunta como está, responde con una
sonrisa:
–Siempre aquí… siempre borracho…
Domingo en la mañana.
En la otra vereda, en la sur, ya están los puestos
de los vendedores de la feria exponiendo las
verduras y frutas, los quesos, las ollas, la ropa…
Lo veo a él en su lugar, del lado norte, con los
ojos rojos… Solo.
Miro mejor. Está acompañado por libros viejos…
y los tiene a la venta… y sin precio…
Me detengo a hojearlos:
Tomás Mann, Emerson, Voltaire, La Odisea,
Ariel…
Hablamos, hacemos comentarios.
No me ofrece ninguno. No le compro ninguno.
Y los dos nos separamos contentos.
UNO MÁS
Siempre aquí…
siempre borracho…
21 UNO MÁS (U)
Diap 56
Otro domingo de invierno.
Voy para la carnicería. Voy por la vereda norte:
Una entrada de edificio de apartamentos. Un
local de computadores. Un expendio de bebidas.
Todos están cerrados. El expendio, no.
Y, bajo el árbol está él. No le pregunto cómo se
siente. Sus ojos enrojecidos y el temblor de su
cuerpo lo denuncian.
Tampoco le pregunto por aquellos viejos libros.
Quizás se volvieron alimento del espíritu… quizás
se transformaron en bebida.
Me mira. Comprende lo que pienso. Y se atreve:
–Necesito algo más para comprar la medicina…
Saco un billete, se lo entrego, aún puedo dar. Y,
mirando la licorería, le digo socarrón:
–Sólo para la medicina… y cuidado con el
escalón…
Asienta con la cabeza, evitando verme a los ojos.
No quiere mentir o siente vergüenza. Pero,
después de todo. ¿El alcohol no es una medicina?
¿No le venden en la farmacia también?
Y lo dejo, siguiendo mi camino, mi deber.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Vuelvo.
Se nota que ha tomado el medicamento.
Apoyado en el tronco, saluda con la botella en la
mano.
Por hábito, le preguntó como está.
Y me responde con una sonrisa:
-Siempre aquí… siempre borracho…
Le devuelvo una triste mueca.
Y recién me doy cuenta que no sé su nombre.
–Disculpa… ¿Cómo te llamas?
–Rafael… Pero, todos me dicen el negro asirio.
–¿El negro asirio?... si ni eres negro ni asirio.
Me responde con un fruncir de labios. Y me voy.
En el ascensor me encuentro con una vecina.
–Fue profesor de historia –me chismea– Pero
se volvió un borracho… y se pasaba hablando de
Mesopotamia y Asiria. No le haga mucho caso…
sólo es un loco.
–Uno más… –murmuro sin verla.
Ella baja en el piso cinco.
Yo sigo, aún vivo más arriba.
Uno más
…oo0oo…
UNO MÁSUNO MÁS
Diap 57
DESDE BELLA VISTA
Cierta vez, siendo chicos los hijos; fuimos
al zoológico de Valencia, Carabobo.
Hacía poco que lo habían inaugurado, e
íbamos con la curiosidad de ver los
animales salvajes en libertad.
Éstos se hallaban en abiertas zonas
naturales, donde, en cada una, se
reproducía el hábitat de cada especie.
Y, si bien había cercas seguras, nos
sentíamos en una aventura.
Fuimos en una camioneta todo terreno
con la cual, por ser más alta, tendríamos
más visibilidad. Los niños pensaban abrir
las ventanillas y mirar las fieras.
Recibieron una sorpresa al llegar al
zoológico. Se debía recorrer dentro del
coche, sin detenerse, con los vidrios y las
puertas trancadas, a velocidad lenta y
nunca bajarse.
O sea: Los animales estaban sueltos en
sus territorios, mientras los humanos iban
encerrados en sus jaulas móviles.
EL TIGRE
22 EL TIGRE (U)
(Presentación anterior Nº 4)
En su mundo
no hay nombres
ni pasado ni porvenir,
sólo un instante cierto.
Poema El Otro Tigre,
de Jorge Luis Borges,
DESDE BELLA VISTA
Diap 58
DESDE BELLA VISTA
Por fin se había invertido la injusta
situación de poner tras las rejas a los libres
por naturaleza para ser mirados desde
fuera por los prisioneros de la sociedad.
Y así empezamos el recorrido. Aunque,
como todos los demás visitantes, a los pocos
minutos teníamos una hendija abierta en la
parte superior de las ventanillas del auto.
Por allí entraba el olor de los animales y
la canícula tropical que reverberaba sobre
la tierra y el reseco camino.
Recorrimos la zona de las gacelas, cebras,
búfalos, jirafas, ñus, rinocerontes. Convivían
en paz, eran herbívoros.
Llegamos al lugar de los simios. Allí se
detenían todos los autos. Y los monos
asaltaban el carro exigiendo las galletas y
frutas que la gente les daba por la abertura
de la ventanilla.
Nuestros primos se habían habituado a
obtener la comida sin esfuerzo. Y golpeaban
el coche si no la obtenían.
Tal vez, en el futuro, hasta harían huelgas
y formarían barreras.
EL TIGRE
DESDE BELLA VISTA
EL TIGRE
Diap 59
DESDE BELLA VISTA
Y entramos en la reserva para las fieras
carnívoras. Fuese mito o realidad, corría la
versión que un cuidador había sido devorado
mientras les daba de comer a los tigres.
Cerramos el vidrio hasta el tope. Mi
señora y los niños se separaron de las
puertas. La algarabía y las bromas cesaron.
Un respeto tácito dominaba dentro del auto.
Pasamos cerca de los leones que, a la
sombra de las acacias, indolentes, panza
arriba, ni se molestaron en mirarnos.
Y… penetramos en el área de los tigres.
Pocos permanecían quietos y, aun así,
éstos parecían estar en tensión. Algunos se
bañaban en la charca. Otros vigilaban sobre
las piedras. Los cachorros jugueteaban.
Fue cuando lo vi. Era un macho corpulento,
seguro de sí mismo.
Y me di cuenta que él me había visto.
Pausado, con su andar felino, fue avanzando
hacia mí. Yo, poco a poco, fui deteniéndome.
Mi familia enloqueció de terror. Gritaban
que nos fuésemos rápido de allí. Pero, algo
me obligaba a tener ese encuentro.
Suavemente, frené.
EL TIGRE
DESDE BELLA VISTA
EL TIGRE
Diap 60
DESDE BELLA VISTA
Él puso su trompa junto al vidrio.
Yo me acerqué a éste.
Su cara era varias veces la mía.
Él tenía los ojos celestes, yo también.
Su pelaje era amarillo; mi cabello, rubio.
No sé cuanto permanecimos mirándonos.
Él podía romper el vidrio de un zarpazo y
destrozarme. Yo acelerar el auto, lastimándole.
Ninguno de los dos lo hicimos.
Con la mirada fija uno en el otro,
serenos, callados, nos comunicábamos algo
incomprensible, instintivo, natural.
De pronto, con la misma serenidad, él se
dio vuelta yendo señorial hacia su jauría.
Y yo comencé a alejarme en el coche donde
mi familia estabaen un profundo silencio.
Nunca más volví allí.
Nunca más nos encontramos el tigre y yo.
Él siguió en su territorio, yo en el mío.
Pero, tanto él como yo vivimos ese momento
sin lugar, sin tiempo, sin especie.
Un momento donde fuimos… nosotros.
…oo0oo…
EL TIGRE
DESDE BELLA VISTA
EL TIGRE
Diap 61
Tirano despertó. Los rayos sol entraban por las
altas copas de los árboles gigantescos, entibiando
su lecho en la tierra.
Cada noche hacia uno, aplastando ramas con su
cuerpo de setenta toneladas de peso y catorce
metros de largo.
A pesar de tener sangre caliente por su gran
volumen, su origen de reptil lo hacía enfriarse en
la oscuridad.
Cuando joven, había recorrido romotas regiones,
y tuvo cruentas luchas con los machos dominantes
que encontraba.
Pero, con los años se fue asentado y terminó por
tener su territorio, con pantano, con planicie, allí,
ése donde estaba.
Como todo carnívoro, guardaba sus energías
para cazar. Al acecho, esperaba que los herbívoros
viniesen a beber.
Se paró. Sus extremidades anteriores eran
insignificantes, en cambio sus dos patas eran
largas y musculosas columnas.
Sintió otra vez dolor en las caderas. Y, dentro
del ciclópeo tórax, una molesta fatiga. Pensó que
era por hambre.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Su última presa fue un Triceratops.
Ese herbívoro de nueve metros, seis toneladas,
tres cuernos y pico, sabía defenderse.
Años atrás, esa carne le habría alimentado
varios días. Mas ahora, ya saciado, al llegar los
Deinonicus, les dejó los restos.
No eran rivales. Podía matar fácilmente uno por
uno. Pero, ellos en jauría, molestaban mordiéndole
patas y cola.
Bostezó, abriendo su boca de casi un metro de
largo, donde brillaban las hileras de dientes
cónicos con bordes aserrados.
Con la brisa que venía del pantano le llegó un
rumiar. Bajó la terrorífica cabeza a nivel de las
copas buscando el origen.
Lo vio. Era un herbívoro joven.
Un Brontosuario. Al notar la cola y cuello más
largos, supo que era un Diplodocus.
Un cachorro que, en su ansia de comer las altas
y tiernas hojas de bambúes, se había separado de
algún grupo.
Sólo tenía dieciocho metros de largo. Los
mayores llegaban a veintisiete, pesaban veinte
toneladas e iban en manadas.
TIRANO
Todos somos dinosaurios…
23 TIRANO (G)
Diap 62
El herbívoro no podía mantener mucho tiempo
erguida su cabeza y cuello. Y el depredador esperó
para atacar.
Siendo Tirano cachorro, un Brontosuario lo
había arrojado lejos con un latigazo de su cola,
dejándole magullado.
Y aún le dolía la pierna izquierda, donde había
recibido un mazazo del extremo de la cola de un
agónico Anquilosuario.
El Diplodoco bajó la cabeza. Y Tirano se lanzó
con su boca abierta, buscando morderle en el
cuello y cortar la yugular.
Pero el herbívoro fue ágil. Levantó la cabeza y
giró hacia el pantano. La dentellada se clavó casi
en el hombro.
Tirano sintió el sabor de la sangre. Había tocado
la arteria, pero allí la presa tardaría en desfallecer
y trataría de huir.
El depredador se afincó con las garras de sus
tres dedos de las patas e hizo un esfuerzo para
clavar más los dientes.
Fue cuando sucedió.
Una bola de fuego cruzó el cielo, aumentando a
cada paso, para caer en el horizonte con estruendo
ensordecedor.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
La corteza terrestre se partió. Surgían volcanes
por todas partes. Una nube negra venía de donde
cayó el meteoro.
Los dinosaurios corrían escapando. Mansos y
fieras. Pero la nube los alcanzaba. Y cubría sus
cadáveres de cenizas.
Tirano soltó las mandíbulas. El Diplodoco no
huyó. Ambos veían como el sol desaparecía a
medida que llegaba la nube.
El dolor del tórax se agudizó. Se ahogaba. Miró
la planicie que había sido su territorio y donde él
había sido el rey. Todo era oscuridad.
Y en su primitivo cerebro de reptil supo que era
el fin de él, de los dinosaurios, de su época.
En las sombras notó que unos pequeños seres se
agolpaban y golpeaban entrando enloquecidos a
las cavernas. Fue lo último que vio. Tirano murió.
El polvo lo cubrió.
Y pasaron 65 millones de años.
Una vez, escarbando
la tierra, los descendientes
de esos seres,
hallaron sus restos fósiles.
Y lo llamaron:
Tirannosaurus Rex.
…oo0oo…
TIRANOTIRANO
Diap 63
Despertó. Quiso abrir los ojos. No lo pudo hacer.
Sin embargo se sintió en medio de una extraña
penumbra, como cuando se mira con los párpados
cerrados.
Quiso mover los brazos, y no pudo.
Las piernas, y no pudo.
Girar el cuerpo en la cama, y nada.
Gritó, y nada oyó.
Pensó que era porque tampoco había podido
abrir su boca, o emitir el grito, o, siquiera, oír.
No sentía dolor. Más, no sentía nada en ninguna
parte de su cuerpo. Ni por dentro ni por fuera.
No tenía calor ni frío. No sabía si estaba seco o
mojado. Limpio o con suciedad.
Solo tenía una cosa cierta:
Ahora era un cuerpo que nada podía hacer o
sentir. Y ayer, al acostarse, era un ser normal.
Por un momento pensó que estaba muerto. Que
había fallecido mientras dormía. Que así era la
muerte.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Pero, reflexionó.
Si podía saber que estaba inmóvil, que nada
sentía, era porque pensaba.
Y, para poder pensar, el cerebro debe recibir
sangre y estar oxigenada.
Y, para que se oxigene la sangre, deben trabajar
los pulmones y el corazón bombear esa sangre.
No, no estaba muerto. Estaba vivo. Y con esa
instintiva y terrible reacción de supervivencia, se
alegró de ello.
Pero, la realidad le hizo meditar.
¿Estar así, era estar vivo? ¿Una mente activa en
un cuerpo inerte, era vida? ¿No era tan muerte
como una mente extinta en un cuerpo activo?
La existencia está compuesta de muchas partes.
Pero, la vida es la suma de todas esas partes vivas.
Es un todo.
No comprendía la causa. Pero, en lugar de
desesperarse por la situación en que se hallaba,
prefería filosofar.
Tal vez porque su mente era lo único que le
funcionaba.
Y haciéndolo, le daba cierta resignación.
UN TODO
Mejor ser o no ser…
que ser y no ser.
24 UN TODO (G)
Diap 64
Tuvo la sensación de que entraban al cuarto.
Que se movían en la sombra. Que gritaban. Que le
sacudían.
Su cerebro estaba asimilando en forma acelerada
un montón de nuevas sensaciones.
El imperceptible calor de la piel. La ínfima
vibración de los vellos. Las indefinibles manchas
en la penumbra.
Y por esas sensaciones fue comprendiendo que lo
sacaban de su lecho, le llevaban en una ambulancia,
lo ponían en una cama de hospital, le conectaban
cables y una bolsa con suero.
Lo último fue lo que más se hizo paso en su
cerebro. Pensó que ese líquido sería el que iba a
mantenérselo funcionando.
Y así fue. Y así pasaron los meses.
Pero, si bien la mente seguía activa, el cuerpo se
deterioraba cada día más.
Las infecciones aumentaban por dentro y por
fuera. Era una lenta agonía entre sus propias heces
y orines.
Y, aunque su mente continuaba lúcida, ya no le
producía interésreflexionary filosofarconsigo mismo.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
La filosofía puede ser útil a los seres vivos como
consuelo de sus problemas.
Pero, inútil para los cuerpos muertos que se van
deshaciendo en su propia descomposición.
No quería pensar cuanto tiempo había transcurrido
desde aquella mañana, ni recordarla, ni razonar
más.
Estaba cansado. Cansado de dormir y despertar,
y siempre sentir lo mismo. De ser y no ser.
Sintió que algunas sombras aparecían entre su
penumbra. Que le desconectaban los cables. Que le
quitaban la bolsa de suero. Que le acomodaban
mejor en la cama.
Sintió un tibio aliento cerca de su cara. La
suavidad de una piel pasando por su cabeza.
Se sintió bien.
Supo que eran las sensaciones finales.
Y lo último que su cerebro pensó fue un
agradecimiento para esa persona.
Y en su cuerpo muerto, su mente también
murió.
Era un todo.
…oo0oo…
UN TODOUN TODO
Diap 65
Lo vi al cruzar la Plaza de los Treinta y Tres,
aunque todos la conocen como la de los bomberos.
Yo iba por la diagonal, hacia abajo, dirigiéndome
a la parada del ómnibus.
Él estaba acostado a lo largo de la banca, bajo la
sombra del frondoso jacarandá, aprovechando la
no común tibieza que ese día nos regalaba la
primavera.
Lo primero que estaba a la vista y que me llamó
la atención fueron sus zapatos.
A pesar de estar muy gastados, aún se notaban
que eran de una marca cara y de renombre.
El taco estaba comido casi hasta el talón y,
adelante, en la suela, un hueco mostraba que por
dentro lo habían tapado con algo, tal vez un
cartón, o un cuero, o era solo la media.
La ropa estaba raída, manchada, vetusta, pero
mantenía la forma que sólo tienen las vestimentas
de calidad. Se notaba que le pertenecía, que no se
la había regalado la caridad.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Era un hombre mayor, canoso. Aun acostado en
un banco, de espaldas a la gente que pasaba, no
parecía un mendigo sino un caballero que se
hubiese puesto a dormir.
Se encontraba demasiado quieto. Y fuera por
temor a que se hallase muerto, o por curiosidad,
me aproximé a él.
Estaba a punto de tocarlo con mi bastón cuando
se sentó.
–Buenas tardes, señor. –me dijo– ¿Necesitaba
algo?
Su voz poseía el tono del que ha viajado mucho
y ha estado en distintos lugares.
Pronunciaba perfectamente, y tenía un porte al
hablar que demostraba fineza y cultura.
–Perdone… –me disculpé, avergonzado– sólo
quería saber si usted estaba bien. No quise
molestarlo.
–Gracias por su preocupación. –y comentó– Es
raro ver eso ahora. La gente esquiva al caído. No
quiere compromisos.
–Es que cada uno respeta la vida del otro. –
quise justificar– La educación de aquí es proverbial.
UNA TARJETA
Caminante no hay caminos,
sino estelas en la mar...
Antonio Machado.
25 UNA TARJETA (U)
Diap 66
–Sí… –ironizó– Muy educados, o… indiferentes.
Me sentía bien hablando con él. Y me senté a su
lado.
-Quien sabe. –opiné– Es nuestra idiosincrasia.
Recuerde lo que sentenció el gaucho: “Aquí naides
es más que naides.”
–Cierto lo del criollo… –él seguía sarcástico–
pero “para argunos hay argunos que son menos
que argunos”. Sino vea en los bancos de esta plaza,
en los carros de los hurgoneros.
–En todas partes hay de todo. –filosofé,
buscando hacerle hablar– Usted debe saberlo. Se
nota que ha recorrido mundo.
Me miró sobrador, dándose cuenta de mi
intención.
–Algo. –y agregó añorante– Tuve la fortuna de
vivir épocas mejores. La suerte de conocer otros
lugares. Fui mendigo y fui señor. Fui servido y fui
servidor. Fui… fui… fui…
No quise interrumpir su nostalgia, y él
continuó:
–Cuanto más se aleja por un lado, más se acerca
por el otro. La tierra es redonda. Ya lo dijo el
poeta: “Y al volver la vista atrás, se ve la senda que
nunca se ha de volver a pisar.”
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Sacó de su bolsillo una ajada y vieja tarjeta de
crédito, una de fama y aceptación internacional.
–Está bloqueada, anulada, vencida. –parecía
describirse a si mismo– Pertenece al ayer, al
pasado. Sin embargo, anduvo conmigo como
respetada compañera de muchos caminos.
–¿Y para que la guarda si ya no le sirve más? –le
pregunté.
–Porque de vez en cuando la vuelvo a mirar. Y
me trae recuerdos de lo que fue y de lo que fui.
Quedó en silencio, viendo la tarjeta.
Comprendí que debía irme. Me despedí.
No hubo respuesta.
Me alejé.
Al llegar a la esquina me di vuelta.
El canoso hombre se había acostado de nuevo
en el banco.
De espaldas a la gente que pasaba.
Quizás con la tarjeta había sacado un pasaje al
pasado.
Quizás con la tarjeta volvía a andar por la senda
del ayer.
Y para eso…
no importaba que estuviese vencida.
…oo0oo…
UNA TARJETAUNA TARJETA
Diap 67
Seis y media de la mañana. Verano. Enero.
En el horizonte, detrás de altos edificios, el sol
comienza a salir. Las escasas nubes predicen un
caluroso día. Salgo del apartamento.
Tomo el ascensor. Toco un botón. Bajo.
¿Cuántos pisos?... ¿Diez?... ¿Cinco?...
Da lo mismo. Todos son iguales, como los
apartamentos, como los edificios.
Cruzo la entrada. Abro la puerta. En el parque
del frente no hay nadie.
Voy hasta un banco de su centro. Me siento.
Aún tiene el fresco de la madrugada.
Y, lento, echo la cabeza para atrás.
¿Pienso?... ¿Recuerdo?... ¿Sueño?...
Da lo mismo. Sólo sé que tengo los ojos
abiertos, que miro lejos, lejos…
Oigo el jadear de un perro y que se apoya en mis
piernas. Acaricio su cabeza.
En otro banco veo a una anciana. No la conozco.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Y, pensando en mi mascota, le digo al animal:
–No te voy a gustar. Huelo a gata.
Siento gritar mi nombre.
Es un grito de asombro, de años pasados, de
añoranzas.
Un grito femenino que me retorna a mi
juventud, al liceo.
Y la veo a ella.
Era la muchacha más bella, de formas más
voluptuosas, de voz más sensual.
Alta, elegante, cabellos de oro, ojos verdes que
provocaban ahogarse en ellos. Y se sabía bonita.
Cuando pasaba, los hombres se paraban para
verla pasar.
Y, al ella alejarse, parecía que hasta las baldosas
de la vereda se levantaban para admirar el ondular
de sus caderas.
Era más que una mujer hermosa.
Era un ejemplo total de la hembra humana.
No se le podía ver sin sentir deseo, sin que el
libido varonil se irguiese de inmediato.
Además, por si fuese poco, era inteligente,
simpática, y poseía un melodioso nombre que la
definía.
EL ESCENSOR
Llega una edad en que los hombres,
en lugar de tener un pene, tienen una pena.
Las Mil y Una Carigiadas y Carajeadas.
26 EL ASCENSOR (U)
Diap 68
–¿Luzbella?... –pregunto, y mi voz me trae al
presente.
Frente a mí tengo una anciana.
Una mujer retorcida por la escoliosis, vieja,
demacrada, de piel flácida, labios resecos, llena de
arrugas, ralo cabello teñido de rubio rabioso.
Una anciana que es una caricatura cruel de
aquella joven hermosa. Un triste ejemplo de como
destruye el tiempo.
Solo sus ojos y su voz mantienen aquella pasión
y sensualidad.
A su lado, descansan dos bastones que le deben
ayudar a recorrer el decadente camino de su vejez.
Y responde:
–Sí… Vivo cruzando la avenida. En ese edificio.
Con esquelético dedo, señala un conjunto de
seis bloques.
–¡Cuántos años han pasado! –exclama ella.
–Sesenta… sesenta y cinco… –digo– Ya no los
cuento.
–¿Recuerdas nuestra juventud? –su voz es más
sensual.
–¿Cómo olvidarla? Eras la muchacha más linda.
Todos estaban locos por ti… hasta los profesores.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
–Sin embargo… –añora– tú nunca te me
acercaste. Nunca me diste esa rosa que regalabas
cada día a una muchacha.
–¡Aquel romanticismo!... –sonreí nostálgico–
La verdad que la rosa la robaba de la cerca de una
casa vecina.
Seguimos recordando anécdotas del liceo. Y,
cada tanto, surgía el viejo deseo.
Finalmente, con dificultad, ella se paró. Y,
apoyada en sus dos bastones, murmura insinuante:
–Vivo sola… ¿quieres venir a mi apartamento?
Su realidad y la mía me hizo decir, viendo las
nubes:
–¡Ah, si me hubieras preguntado eso en aquellos
años!.. Pero, ahora… No sé… ¿Tienes una guitarra?...
–No… ¿Por qué?...
–Porque si voy… lo único que puedo hacer es
cantarte.
Reímos. El perro ladró.
Miré al banco. No había nadie.
Delante mío sólo tenía un perro moviendo la
cola.
Me levanté. Volví al edifico donde yo vivía.
Y tomé el ascensor.
…oo0oo…
EL ESCENSOREL ESCENSOR
Diap 69
Volvió después de cincuenta años de haberse
ido.
Unos dijeron que era por nostalgia. Otros, por
cansancio. Y algunos, de su edad, viejos que se
habían quedado; que él siempre fue así: de hacer
cosas ilógicas, inesperadas.
Pero, ni él mismo sabía el motivo que le hizo
volver.
Cincuenta años de estar en otras tierras, otras
costumbres, otra forma de hablar, de sentir.
Cincuenta años.
Toda una vida, como le decían muchos.
Y tenían razón. Su vida.
Y él les respondía recitando un viejo poema:
“Cuando en la vida nos sentimos seguros, cuando
se cree todo logrado; nada es más emocionante que,
en una sola jugada, jugarlo todo... ¡a todo o nada!”
Les resultaba absurdo oírle decir eso a un
anciano.
No pensaban que él, cuando joven, medio siglo
atrás, había dejado un lugar seguro para ir hacia lo
desconocido.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Pero ellos, ahora, categóricos, repetían:
“Es que la querencia tira”.
Y él se preguntaba cuál era realmente su
querencia.
La de su inicio, en la cual creció y donde aprendió.
O la de los cincuenta años donde luchó y en la
que envejeció.
Y en su mente surgía una frase aprendida allá:
“Uno es del lugar donde se lucha.”
Al volver fue novedad, era alguien que había
estado lejos.
Pero pronto se volvió otro cualquiera.
Por otra parte, cada vez más en la jugada, perdía
todo y ganaba nada.
Fue cuando empezó a sentarse en el banco de la
plaza.
Allí pasaba el tiempo, cantando bajito.
Tan bajito que nadie le entendía.
Y nadie se acercaba a preguntarle que cantaba.
Unos por respeto. Y la mayoría, por indiferentes.
Y él los veía pasar lejos, esquivándole.
Y él los saludaba desde lejos, sonriéndoles.
Y él venía, se quedaba, y se iba…
cantando bajito.
CANTANDO BAJITO
Vaca que cambia querencia
Se atrasa en la parición...
"Consejos del Viejo Vizcacha"
27 CANTANDO BAJITO (U)
Diap 70
Fue terminando el verano, una mañana plomiza.
Hacía semanas que el viejo llegaba a la plaza
moviendo la cabeza.
Unos decían por que recordaba cuentos. Otros,
porque hacía cuentas.
Al final… era lo mismo.
Pero, esa mañana no se sentó en el banco.
Parado, girando poco a poco, fue mirando
lentamente a su alrededor.
Parecía como que estuviese reconociendo cada
cosa. O, quizás, viendo algo más allá… mucho más
lejos.
Y después, cantando bajito, se dirigió hacia la
costa.
Cruzó calles con casas viejas y depósitos. Llegó a
la rambla. Pasó sobre rieles oxidados. Se paró
encima de unas piedras. Enfrente tenía la bahía. Y
quedó viendo el horizonte.
Desde una cueva entre los arbustos, surgió un
hombre.
Salió de un cuchitril hecho con desperdicios
traídos por el mar y de la basura de la gente.
Y, sin saber por qué, se sintió hermanado con él.
Y el zaparrastroso se acercó.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
–¿Qué es lo que canta, don? –preguntó el
vagabundo.
El viejo se quedó mirándolo. Sonrió con tristeza.
Por meses la había estado cantando bajito.
Los conocidos ni una vez le preguntaron. Y un
extraño y pordiosero, lo había hecho.
–Una canción. –respondió, y la entonó más fuerte.
–Por eso yo… Fui mendigo y fui señor… No me
hice rico, ni pobre fui. Y antes de serlo aquí,
prefiero seguir, hasta el final… a mi manera.
–Tiene razón. Es feo ser pobre aquí. Dígamelo a
mí…
–No, usted no es pobre. Es un mendigo. Tiene
la suerte de pedir y la fortuna de obtener algo.
Pobre se es cuando ya no se gana nada, se perdió
todo… y no hay más donde pedir.
Y dándose vuelta, el viejo se marchó…
cantando bajito…
Algunos dicen que fue entrando en las frías aguas,
otros que siguió caminando hasta llegar al final, y hay
quienes creen que se perdió buscando su querencia.
Y… nunca más volvió…
ni siquiera cantando bajito.
…oo0oo…
CANTANDO BAJITOCANTANDO BAJITO
Diap 71
DESDE BELLA VISTA
Cinco y media de la madrugada.
Mediados de Marzo. Mediados de semana.
En un apartamento de clase media.
Dentro de una hora y media amanecerá.
Acostado, por la ventana, veo aún brillar
una estrella en el cielo.
¿Es Venus, o Saturno?... Da igual.
Desaparecerá al salir el sol.
Ella en la noche resurgirá. ¿Yo?... quizás.
Me levanto. Voy en la penumbra.
La gata maúlla pidiendo su desayuno. Lo
preparo mientras me refriega ronroneando.
Se lo doy.Ya no haymás maúllosni ronroneos.
Me visto para salir a la calle.
Bajo. Afuera sigue oscuro. Cruzo la placita
pegada al edificio. ¿O es el jardín del frente?
Puede ser cualquiera de las dos cosas.
Hoy se confunde todo, definiciones,
nombres, finalidades,.
En el centro hay un recuadro de pedregullo
y cuatro bancos. Ninguno queda viendo el
bloque de apartamentos.
EL HURGONERO
22 EL HURGONERO (U)
(Presentación anterior Nº 10)
DESDE BELLA VISTA
No es que el Uruguay esté pobre,
es que la gente se empobreció en sus valores.
Discurso de Tabaré Vázquez
en La Estancia, Caracas
Sucede en
Un país utópico
lleno de gente irreal…
Jorge Luis Borges
Donde el “señor” está en el cielo
y a todos les dicen “caballero”.
Gracián Solirio
Diap 72
DESDE BELLA VISTA
EL HURGONERO
DESDE BELLA VISTA
EL HURGONERO
Es normal. Ellos están para que la gente
se sienta cómoda y libre
Y nadie quiere ver donde se es prisionero.
Ni mirar de donde ha huído.
Me siento en un banco. Echo la cabeza
para atrás. Respiro profundo. El cielo sigue
oscuro. Cierro los ojos. Oigo el traquetear
de herraduras sobre la calle.
Rítmico sonar de cascos que me transportan
a mi juventud.
Siento en mi cara el viento golpearme en
el galope. Vibrar mi cuerpo al trotar pasando
frente a la casa de alguna botija.
O, suelto en la montura, yendo el caballo
al paso, otear el horizonte, preguntándome
que hay más allá. Para, al final, contra un
tronco, descansar mientras él apacienta.
¡Ah!... aquellos años donde él y yo fuimos
un centauro.
Abro los ojos. Me enderezo. Encuentro
una triste realidad.
Un pobre matungo viene arrastrando un
carro de hurgonero.
Diap 73
DESDE BELLA VISTA
EL HURGONERO
DESDE BELLA VISTA
EL HURGONERO
Sonrío irónico al eufemismo. Nuestra
sociedad no acepta decirle basurero al que
vive y se alimenta de la basura. Ni que
revuelve en donde se tira ésta, “hurga”…
El animal se detiene junto a un contenedor.
Un hombre zarrapastroso baja del carro.
Lleva una vara en la mano. Levanta la tapa
y pone el palo sosteniéndola.
El hombre entra en el tacho a rebuscar,
clasificar, elegir, entre la porquería.
El caballo espera, con la cabeza gacha,
como avergonzado. Me acerco a éste. Le
acaricio el testuz.
Algo con cara de humano surge del
contenedor, me mira.
–Lindo potro. Se nota que lo cuida. –le
digo para entrar en confianza– ¿No lleva
anteojeras?
–No. Cuando potrillo se las pusimos. –
responde– Y así, poco a poco, se hizo manso.
Ahora ya no le asusta nada.
–¿Sabe, don? –divago– Cuando yo era
niño no pasaban los basureros por mi calle…
¿Sería que no había basura?
Diap 74
DESDE BELLA VISTA
EL HURGONERO
DESDE BELLA VISTA
EL HURGONERO
–Es que entonces no se desperdiciaba
nada. –comenta él– Todo se aprovechaba.
O se daba a las gallinas, al chancho…
–Y si eran restos inservibles iban a
rellenar el hueco que había en el baldío de
la esquina. –digo añorante.
El hombre sale de dentro. El contenedor,
el carro, el hombre, todo huele a basura.
El caballo, no. Éste huele a tierra, a monte,
a salvaje. El matungo parece guiñarme con
sus enormes ojos negros.
El hombre sube al carro. Y, con una
sacudida de riendas, el caballo empieza a
alejarse llevando el carro.
El hombre gira y me saluda mientras dice:
–Eran otros tiempos, caballero. Otra
gente. Ahora, todo se tira a la basura… y
algunos, para vivir, buscamos en ella.
Le respondo el saludo con la mano.
El sol está comenzando a salir. Me siento
extraño. El hurgonero tiene razón.
Yo soy un caballero.
Por que yo… anduve a caballo.
…oo0oo…
Diap 75
Miró por la ventana hacia la bahía.
La tarde era serena.
El viento no corría, ni siquiera en ese alto piso.
El agua estaba tan quieta que reflejabas las
gigantescas grúas del puerto.
Dos de ellas estaban descargando, de un también
enorme barco, los contenedores.
Éstos, en la playa de depósito, se iban apilando
en diversidad de colores.
Pensó en su infancia. En esa época no había
contenedores, los barcos eran chicos y solo
existían unas pequeñas grúas que le hacían
recordar las que él armaba con el Mecano.
Muchos años pasaron. Las piezas del Mecano se
oxidaron y, sin saber cuando, se perdieron. Y él
tuvo que cambiar los juegos infantiles por los de la
competencia de un trabajo.
Muchos años de cuando se había marchado
buscándolos más allá. Muchos de cuando volvió
por primera vez.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Es fácil ser conquistador que viene a llevarse la
riqueza existente.
Es más difícil hacer el camino para el progreso.
Y él había ayudado a hacerlo. Pero el que se fue,
añora. Y lo dejado, con el tiempo se agranda, se
vuelve un mito.
Se había ido en un avión de dos motores y que
tardaba más de un día de vuelo. Y volvió en uno de
cuatro y en sólo ocho horas.
Pero el aeropuerto seguía igual… y algo más.
Todos los que habían ido a despedirlo, también
estaban allí para recibirlo. Más aún, él venía con
los hijos de él tenidos en esos años, y ellos con los
tenidos por ellos en ese tiempo.
Desde el momento en que bajó, se volvió
novedad.
Venía de afuera, hablaba distinto, tenía otro acento,
actuaba de otra forma, contaba cosas diferentes.
Y así siguió. Iba a lugares comunes y los veía
preciosos. Comía platos populares y le sabían
maravillosos. Y, sobre todo, compraba cosas para
llevar como recuerdos.
Fue cuando le pusieron el apodo: El Turista.
EL TURISTA
Esa inexplicable atracción e instintivo recelo
que nos produce el que viene de otro lado.
28 EL TURISTA (U)
Diap 76
Él reía cuando se lo decían. Pero, en lo íntimo,
sentía cierta tristeza.
Un turista es un extranjero que viene a gastar
aquí lo que ha ganado allá.
Y, como turista, a las pocas semanas, debió
marcharse.
Luego se hizo costumbre que él volviese cada
dos años al reencuentro con lo dejado aquí.
Pero, en cada retorno, había menos gente
esperándolo en el aeropuerto.
Y fueron cada vez menos las reuniones con los
parientes y con los amigos para escucharle sus
cuentos de allá.
La mayoría estaban ocupados en su propia
lucha por el sobrevivir diario. Y algunos faltaban
por que se habían ido a ese lugar sin retorno.
Con los años, se fueron espaciando los retornos.
Menos hijos venían con él, menos hijos estaban con
los menos que se reencontraba, menos cuentos tenía
para decir.
Hasta que una vez la añoranza se hizo fuerte. O,
a él le faltaban fuerzas y le sobraban años para
seguir en la realidad de allá.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Y retornó en busca del mito de lo dejado.
Pero, en todas partes pasa el tiempo Y todo lo
cambia.
Fue a vivir a un apartamento, en un barrio,
como cualquier otro.
Sin embargo, fuese por el acento, o por sus
actitudes, le seguían diciendo ese sobrenombre.
Cierto día entró al local donde compraba las
verduras. Una pareja lo atendía. Jóvenes que se
abrían un futuro.
También ellos lo llamaban con aquel apodo.
Pidió un poco de perejil. La muchacha le trajo
un atadito.
Él dijo que era chico.
Y ella, comprensiva, le respondió:
–Es que por la temporada está muy caro, Don…
Y dijo el nombre de él, con confianza y amistad.
El hombre sonrió feliz. Se sintió un vecino más.
Ella se preocupaba de lo que a él le iba a costar.
Ya no era el que gastaba aquí lo que había
ganado allá.
Ya no era… El Turista.
…oo0oo…
EL TURISTAEL TURISTA
Diap 77
El otro día… ¿Por qué “el otro día”?
¿Acaso, no pudo pasar hoy?... ¿O tal vez nunca,
y ser sólo algo de la imaginación?...
Pero, suena indefinido y vago eso de “el otro día”.
Bueno. El otro día, venía yo cruzando la plaza.
No sé si iba o volvía del supermercado. De ese
monstruo impersonal que la masificación hizo del
familiar almacén de la esquina.
Si iba o volvía, poco importa.
Siempre es con una carga. Si vamos, es llevando
la de la necesidad. Si volvemos, la de las bolsas… y
la de pensar cuanto se ha gastado.
Caminaba llevando en el rostro la estereotipada
sonrisa sociable.
O sea, no muy escasa a fin de no parecer
antipático, ni muy amplia para que no me tomaran
como un idiota.
Había ya pasado la estatua que está en el centro
de la plaza cuando lo vi.
Estaba sentado en un escalón, mirando lejos.
Sin embargo, no podía ignorarme ni librarse de mi
presencia.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
¡Imposible!... Él y yo éramos la misma persona.
Todos tenemos ese otro yo con quien hablamos
a veces en silencio y a escondidas.
Pero, pocos somos los afortunados que lo
pueden hacer en voz alta y como a un compañero.
–¡Hola, Titi!... –le saludé, sentándome a su
lado.
Mi otro yo se llama Titi.
El de otros quizás se llame Negro, Toto, Cacho,
Paco, en fin, cada uno sabrá que nombre tiene.
El mío siempre se llamó: Titi.
Sí, así, desde chicos.
¡Y vaya que fue difícil tenerlo en aquel mundo
donde todo lo macho terminaba en o!.
Pero, por una extraña dicotomía, él mantuvo el
apodo y yo el apellido.
¡Ah, las veces que él lloró, y yo me tragaba las
lágrimas!
¡Ah, las veces que él soñó, y yo solo hacía cosas!
¡Ah, las veces que él reía, y yo pensaba con
seriedad.
¡Ah ,las veces que él calló, y yo hablaba sin
sentido.
Y, así, él siguió siendo Titi… y yo me hice
hombre, viejo...
CONMIGO (TITI)
el loco es un niño,
que tuvo la poesía de no crecer.
30 CONMIGO {TITI} (U)
Diap 78
–¡Hola, Titi!... –le repetí, viendo que no me
contestaba.
–Hola… Ya te oí… No puedo dejar de hacerlo. –
respondió.
Si el tono de su voz era de resignación o de ironía,
daba lo mismo. Ambos lo sabíamos desde los años
juveniles, cuando nos fuimos diferenciando cada
vez más.
–Ni yo a ti… –musité– aunque, pocas veces te
escuché.
–Tampoco yo lo hice mucho contigo. –meditó
él– Y ahora, lo que fue, fue. Lo que fuimos, fuimos.
Yo viví a mi manera; tú, a la tuya. Solo que tú…
tomabas las decisiones.
–Como siempre. –dije con agrio sarcasmo– Me
inculcaron el tonto sentido de la responsabilidad.
Y, háganlo los otros o yo, siempre seré yo el
responsable de lo sucedido.
–No hables estupideces. Te gusta eso, nadie te
lo inculcó. Y no digas que fue papá. Él era un
hombre bueno, sencillo. Solo cometió un error… el
llamarme Titi.
Reímos como tantas veces.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
–Ah, Titi, Titi… –suspiré– Siempre conmigo.
Siempre a mi lado. En las tristezas y en las
alegrías, en los triunfos y en los fracasos, en los
momentos buenos y en los malos…
–No siempre… –corrigió– En los buenos, en las
alegrías, en los triunfos, te olvidabas de mí. No me
preocupaba, sabía que en los malos, en los tristes,
volverías a hablar conmigo.
–Tienes razón… ¿Cómo me soportaste?
–Tú me soportaste. Y eso no es fácil. Nunca me
mataste. No te reías de mis poesías, ni de mis
cuentos, ni de mis locuras. Y lo único que nos mata
es el desprecio.
–El desprecio…–reflexioné– Estamos viejos,
Titi… ya nadie nos valora. Tienes razón, fue,
fuimos… Estamos solos…
–Yo siempre estaré en ti… –afirmó él.
Me levanté para irme.
Al hacerlo, vi que la gente me miraba como a un
desquiciado.
No me importó.
Y seguí hacia mi destino.
Titi siempre estaría conmigo.
…oo0oo…
CONMIGO (TITI)CONMIGO (TITI)
Diap 79
Sucedió hace tiempo, ya entrada la segunda mitad
del siglo veinte, a pocos lustros del final del segundo
milenio, para ser más preciso: en marzo de 1965.
Pasó en un país tropical, en un lugar llamado
Caucagüita, y a un hombre joven llamado el Catire,
quien había venido a montar un horno en una de
las iniciales industrias.
La fábrica que dio origen, con los ranchos de sus
obreros, al barrio de ese nombre, había construido
otro galpón más y se debía hacer una nueva
entrada para el mismo.
Con ello se destruiría parte del jardín de árboles
del pan y palmas tropicales.
Otro sacrificio más traído por el progreso, que
convirtió esa vergel zona en árida zona industrial.
La rampa se haría próxima a las oficinas, desde
el camino interno al mismo nivel de la carretera, y
sería en descenso hacia el piso del galpón, casi dos
metros debajo.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Y un día, temprano, al llegar el Catire a la fábrica,
encontró un tractor resoplando por el escape y al
tractorista con un cafecito en la mano esperando
para dar inicio al trabajo.
–¿Quieres sacar la primer palada? –lo provocó el
hombre, que era hermano de César, uno de los
obreros de allí.
–¿Y por qué no? –respondió el Catire, subiéndose
a la máquina– Uno debe ser del tamaño de las
circunstancias.
Ayudado por la audacia, y las instrucciones en
inglés de las palancas, hundió la pala, la llenó con el
borde del cantero, la elevó… y allí frenó, dejando el
tractor al más experto.
Luego, entre las risas de camaradería de los
operarios, se fue a la oficina.
No quería ser testigo de la muerte de otro trozo de
exuberante vegetación tropical.
Y ahí estaba, frente al dibujo de la rampa. De
pronto cesó el ruido del tractor, entró el supervisor
general y dijo:
–Catire… ¡encontramos una piedra.!
LA PIEDRA
Para cada “no se puede hacer”
hay un “no se ha hecho aún”.
31 > LA PIEDRA > 2 (V)
Diap 80
Al principio creyó que se burlaba de él.
La fábrica estaba construida en un recodo del
río, un terreno de aluvión; por tanto, entre la tierra
y arena, lleno de cantos rodados.
Pero el rostro del encargado no era de bromas.
Y fue a ver.
Allí, en el terreno ya en declive, surgía una
piedra … ¡Era enorme, de granito negro, lisa, de
casi tres metros lo visible!
–No se puede mover. A ésta no la trajo el río.
Ésta llega desde enfrente. –afirmó el tractorista,
señalando la carretera.
El Catire miró. Del otro lado de la vía había un
escarpado cerro. Su vertical talud limitaba el
ancho de la vía. Y, entre las hierbas ralas surgía la
roca, negra, lisa, igual a la piedra.
Y empezaron los comentarios y las negaciones.
–Para la carretera usaron dinamita, pero eso es
peligroso.
–Se necesita permiso del Ministerio y la
Guardia Nacional.
–Se va a tener que hacer la entrada en otro lado.
–La piedra no se puede sacar de donde está.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
El Catire nada decía. Recorría con la mano la
negra piedra. El paso del río sobre ella, en años
pretéritos, la había alisado.
–Traigan cinceles, una mandarria, un tanque de
gasoil, y las mangueras de incendio. Alrededor de
la piedra hagamos una canaleta. Llenémosla de
gasoil y le prendemos fuego.
Todos lo miraron como si hubiese enloquecido.
Y él siguió:
–Cuando esté por apagarse, enfriemos la piedra
con agua. Clavemos los cinceles en las rajaduras
abiertas Y hagamos esto varias veces… Al final, la
piedra se romperá.
A las tres de la tarde la piedra era un montón de
cascotes. Se aprovecharon para hacer la rampa de
cemento. Con todo, una punta de la original roca
sobresalía un poco.
Nunca aplanaron ni rompieron esa molestia.
Les servía de recordación que no hay cosas que no
se pueda hacer.
El Catire se fue en el tiempo.
El lugar se llenó de industrias.
Dicen que la rampa sigue allí… con su piedra.
…oo0oo…
LA PIEDRALA PIEDRA
Diap 81
Cinco de la mañana, doce de mayo, hace frío,
está oscuro. Me despierto, ni el edredón me abriga.
Todo está en silencio.
Los demás duermen… yo no.
Me levanto, el frío llega a mis pies, mis piernas,
mis manos.
Me duelen las rodillas, la cintura, las muñecas,
los huesos. Y…yo mismo me obligo a andar.
Voy hasta la sala. La gata me mira. Somos dos
solitarios.
Por los vidrios empañados observo la plaza.
Más soledad… Pero, no…
En el muro de los vagos, la veo.
La reconozco enseguida. Es mi vieja amiga.
Me apuro a vestirme de invierno.
De la emoción, ni siento más dolores.
Abro la puerta despacio. No quiero despertar a
nadie.
Salgo. Tomo el ascensor. Bajo. Cruzo la plaza.
–Hola, vieja amiga… ¡Cuánto tiempo sin verte!
–exclamo.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Sobre su esquelético cuerpo solo lleva unos
jirones de ropa. Me mira con una sarcástica
sonrisa en su cadavérico rostro. Y sus vacíos ojos
son cuencas oscuras.
–Ah… eres tú. –murmura– ¿Que haces aquí,
con este frío?
–Te vi desde allá. –le señalo– Y creí llegado el
momento.
–Siempre el mismo impaciente. –ironiza– Ese
momento, ni tú ni yo lo sabemos. Estoy acá, en la
plaza, reposando algo. Con el invierno aumenta mi
trajín.
–¿No vienes a llevarte nadie? – pregunto,
extrañado.
–Sí, a una anciana, aquí cerca. –hizo un gesto
triste– Pero, aún la mantienen agonizando. Los
familiares, las medicinas, y hasta los sacerdotes,
quieren evitar lo inevitable.
–Esa desesperación de vivir unas horas más. –
filosofeo.
–Horas, minutos, semanas, meses, inventos del
hombre son –recita– Solo hay días, que es el giro
de la tierra sobre ella. Sólo hay años, que es el giro
alrededor del sol.
–Y las estaciones. –agrego, refregando mis
aterido dedos.
INSTANTES
Cada instante es uno más,
y uno menos…
32 INSTANTES (U)
Diap 82
Al verme hacerlo, suelta su risa como si fuese un
castañear de descarnados dientes en la noche.
Y me recuerda.
–En el ecuador, en el trópico, no hay estaciones.
–Bien lo sé… –digo con añoranza– allá, solo hay
primavera.
Me mira y, quizás por compasión, sentencia:
–Seres, animales, cosas, invierno, verano, tierra,
planetas, soles, galaxias, universo, todo compuesto de
lo mismo. Y todos viviendo lo mismo, solo instantes.
–Sí… –acepté escéptico– pero un instante en la
vida del sol es muy distinto que en la vida de una
hormiga.
–Es el mismo. –aseveró– Los instantes no
tienen medida Y cada instante es uno más, y uno
menos. Pero, tienen valor. Y éste será según el que
le demos.
Empezaba a clarear el horizonte. Mi vieja amiga
se levantó. Con el primer rayo de sol comenzó a
diluirse.
Sin embargo, antes de desaparecer, pude oírle
decir:
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
–Voy a cumplir con mi deber. Nos veremos
próximamente.
–¿Cuándo? –exclamé esperanzado.
–No lo sé. No lo sabes. Pero… será ese instante.
En la media luz del amanecer empezaron a
cruzar la plaza los personajes de la comedia diaria
del vivir. Hacía tiempo que a mí me habían dejado
como relleno del coro de fondo.
De soslayo, mi miraban sentado en el muro de
los vagos.
Comprendí que debía irme. Me paré.
Nuevamente sentí el frío en todo el cuerpo.
Nuevamente me dolieron todas las articulaciones.
A paso lento, algo encorvado, llegué al edificio.
Me abrió la puerta una vecina que sacaba el
perro al jardín.
Ése era su instante y ése era su valor.
Yo había tenido los míos y mis valores.
Tomé el ascensor. Entré a mi apartamento.
La gata me miró. Todo seguía igual.
Sólo me quedaba esperar… ese instante.
…oo0oo…
INSTANTESINSTANTES
Diap 83
La luz del semáforo cambia a verde. Aun así,
cruzo la calle mirando en ambos sentidos.
Recuerdo un joven intrépido. Ahora, si algo me
arrolla será un carrito de barrendero.
Entro a la plaza por la rampa para las sillas de
ruedas. Sin embargo, camino. Pero, evito el esfuerzo
de subir el cordón. Además, temo tropezar al
hacerlo. Los años pesan.
Lo veo debajo un árbol, en medio del pasto.
Está sentado en el pequeño muro de cemento del
reflector que, desde el suelo, en lejana época,
alumbró las grupas del caballo de la estatua.
No mira hacia la acera donde pasa la gente, sino
para la base del monumento.
Lee un papel que tiene en sus manos. Y, cada
tanto, levanta la vista gesticulando.
Gira la cabeza, se detiene, como observándome.
Me acerco a él. Me mira tranquilo, esperando.
Y con una voz resignada, triste, llena de lejanía,
de tiempo, me dice:
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
–Creí que ibas a pasar de largo… como otras
veces.
Hay cierto tono de reclamo, pero también de
confianza, y de un afecto muy profundo.
Le sonrío, sin aclararle que no lo reconozco ni
sé que otras veces fueron.
Veo que tiene los pies metidos en el hueco del
reflector. Ya no queda el vidrio, ni la rejilla, ni la
lámpara, ni la conexión.
Todo ha sido destruido, roto, robado.
–Tenga cuidado con esos cables sueltos… –le
prevengo.
–Ya no tienen energía…–responde– Están ahí,
pero no sirven para nada. Como los recuerdos…
Hago un gesto comprensivo. No comento nada.
El día está gris, la calle está gris, su cabello está
gris. Y me desvío de la depresión, diciéndole:
–Desde la calle vi que estaba leyendo algo.
Me ofrece un papel mientras dice con amarga
mueca:
–Sí… El certificado de mi muerte… ¿Quieres
verlo?
EL CERTIFICADO
Prefiero vivir más un día
que vivir un día más…
(Últimos poemas)
33 EL CERTIFICADO (U)
Diap 84
En la vida vamos acumulando comprobantes de
nuestra existencia. Es como si quisiéramos
demostrar que existimos. Y que los demás nos den
un documento que lo afirme.
Certificado de nacimiento. Libreta de estudios.
Diplomas. Registros, Inscripciones. Títulos.
Una cédula que diga que y quienes somos.
Un pasaporte que nos permita mover.
Pero nadie puede tener ese documento. Solo los
deudos.
Lo tomé por respeto. Era una hoja con el
nombre de una compañía que desapareció hace
mucho tiempo. Y fechado un día, un mes y un año
de un tiempo pasado.
Ya estaba algo ocre y se notaban los dobleces de
guardarlo y volverlo a abrir para releer otra vez
más lo allí escrito. Una redacción pulcra, corta,
oficial, determinante.
Un nombre, y luego: “concluyen sus servicios.”
Lo demás, sólo palabras huecas: reducción,
reorganización, o cualquier otro eufemismo similar.
Y al final, a lo sumo, un conciso y estereotipado
agradecimiento.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
–Esto es un aviso de cese. –le aclaro en voz baja
y tontamente.
–De despido. –reafirma él– Ese día dejé de ser
necesario, de ser útil, de producir… Ese día dejé de
hacer… Y vivir es hacer… lo mismo un poema que
una pared. Ese día… morí.
No sabía que decir. Le devolví el papel.
Y, callado, me fui.
Lo dejé sentado sobre un reflector que ya nada
alumbraba, sin vidrio, sin lámpara, con cables
sueltos, sin energía, todo roto.
De espalda a la gente.
Releyendo un papel ajado.
Llegué a mi apartamento. Me miré en el espejo.
Reconocí la imagen que reflejaba.
Era la del viejo con quien había estado hablando.
Fui a un cajón y busqué una carpeta.
Saqué un documento.
Su fecha: muchos, muchos años atrás.
Volvía a guardarlo.
No necesitaba leerlo.
Era mi certificado de muerte.
…oo0oo…
EL CERTIFICADOEL CERTIFICADO
Diap 85
DESDE BELLA VISTA
Las automáticas puertas de vidrio se
abrieron. El hombre pasó. Tras él arrastraba
una diminuta maleta. Aun así, ésta tenía
ruedas para no sentir el peso...
Era viejo.
Avanzó por el ancho corredor. El hombre
llegó a la calle. El resplandor del sol lo
encegueció por un instante. El aire caliente
le acarició el rostro...
Y, se sintió bien.
Ató el bastón a la maleta. No le hacía falta.
Ya no tenía el dolor en la rodilla. Se había
acentuado por el frío dentro del enorme jet.
Y había desaparecido al pisar tierra tropical.
Recordó muchos años atrás. Un avión de
dos motores, un aeropuerto pequeño, un
guardia abriendo la puerta, una valija
grande, unos sueños aún más...
Miró los cerros en el horizonte. Seguían
el entrevero de los ranchos multicolores.
Miró la calle. Seguía el bochinche de seres
alegres y de todas las tonalidades...
Y, se sintió bien.
EL GUÁRAMO
34 EL GUÁRAMO (V)
(Presentación anterior Nº 7)
DESDE BELLA VISTA
Guáramo = Valor, entereza, coraje, arrojo, empuje.
Tener guáramo =Poseer esas cualidades.
(Diccionario de venezolanismos)
Diap 86
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
EL GUÁRAMO
–¡Eh, señor!... ¿necesita algo?... ¿un taxi
para la capital?..
Le sacó de su ensimismamiento una voz
chispeante Estaba seguro que encontraría
una cara pícara y morena. Y así fue.
Le dijo que iría en el bus... y lo que venía
a buscar.
–¡Ah, compadre!... El autobús está cerquita.
–y le señaló– Lo otro... le va a costar
encontrarlo... Suerte, catire.
El viejo sonrió. Había pasado mucho
tiempo de cuando llegó. De cuando dejó de
ser un señor más. De cuando se fue. Pero,
aún era un catire, un compadre...
Y, se sintió bien.
Y, llevando tras de sí la diminuta maleta,
fue al bus. Lo ayudaron a subir. Le dieron
el mejor asiento. El pasaporte le permitía
pasar las aduanas. El bastón, entre la gente.
Una hermosa y atractiva mujer se sentó a
su lado. Sería un agradable viaje. Él tenía
tantas cosas para contar. Pero no le diría a
que había vuelto...
Primero, tenía que volverlo a encontrar.
EL GUÁRAMO
Susana Djuim, Mis Venezuela y Mis Mundo 1955
11-Ago-1936 18-Jun-2016
Diap 87
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
EL GUÁRAMO
Al llegar a lo ciudad se dirigió a una
redoma próxima a la universidad. Y en lel
ayer se vio a sí mismo, frente a las metralletas
de la fuerza y arengando por utopías.
Al ver acercarse un muchacho, le dijo lo
que quería.
–¡Maestro!... lo que usted busca no se ve
a menudo. Dicen que antes había por
bojote, pero ahora es difícil de hallar.
El hombre hizo una mueca triste. Le
decía maestro por lo anciano, no por lo que
él podía enseñar. Hoy los jóvenes sabían
más que los viejos. Y siguió su búsqueda.
Tomó una buseta que lo llevó por una
antigua carretera. Se bajó en un puente.
Nada quedaba del monte donde tuvo que
luchar para levantar un galpón.
Un galpón que luego dio alimento a mucha
gente. Y en el cual él, siendo joven idealista,
peleó contra la hipocresía de los sindicatos
como contra la avaricia de los patrones.
Se encaminó al botiquín cercano.
Y, apoyado en la barra, recordando el frío
de un revólver que pusieron en su sien y él
hizo bajar, le explicó al dueño su búsqueda.
EL GUÁRAMO
Ex - PLANTA VENESMALT, CAUCAGÜITA,
Km. 15 CARRETERRA PETARE- GUARENAS,
Edo. Miranda, Venezuela
Diap 88
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
EL GUÁRAMO
–¡No, don!... –le respondió, sirviéndole
una cerveza– De eso ya no queda más… Y
menos vendría en botellas.
Hizo la mueca triste. Volvió a la
carretera, tomó la buseta para la ciudad.
Al llegar al Terminal subió hacia la plaza
de aquel pueblo que el crecimiento había
vuelto un barrio más.
Se sentó al lado de un negro canoso. Y
cuando un negro tiene canas, es porque
realmente es viejo.
Le contó tras lo que había venido. Y que
no lo podía hallar de nuevo.
El negro quedó viendo lejos. Luego se
volteó, mirándolo de frente. Y con voz
oliendo a tabaco, a ron, a verdad, dijo:
–Paisano… si lo perdió, nunca más lo va
a encontrar. Eso, se tiene o no se tiene. El
guáramo es algo que se lleva dentro.
El hombre se paró. Era inútil seguir
buscando. Y, se fue por la bajada. Dejó la
diminuta maleta. El negro la abrió:
Estaba vacía.
…oo0oo…
EL GUÁRAMO
Iglesia y Plaza de Petare – Edo. Miranda
Diap 89
Voy al ventanal.
Miro, por el vidrio, el poste en la calle.
Temperatura: 5º Hora 9:05.
Me quito los abrigos de dormir y me pongo los
de salir. Abro la puerta del apartamento.
Del corredor entra un aire congelante. Cierro y
avanzo. Toco el botón del ascensor. Llega, pero lo
veo pasar de largo hacia arriba. Lo deben haber
llamado del piso diez.
Sonrío. Igual que la vida. Todos podemos pedir
lo mismo, pero las cosas siempre van primero a los
de arriba.
Regresa de vuelta con un vecino y su perro.
El animal de cuatro patas tiene puesto un suéter
de lana.
–¡Buen día, vecino!... ¿Todo bien?... –el dueño
me saluda.
La pregunta implica una respuesta positiva.
Además, es de mala educación quejarse.
Y respondo, viendo el perro:
–Siempre bien… con frío… Pero, él va bien
abrigadito.
–Claro. –asegura– Hoy en la madrugada había
tres grados.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Llegamos a la planta baja y salimos a la galería
del frente. Allí se crea un túnel donde corre el
viento. Y ahora es polar.
A mi izquierda, delante la peluquería, sobre las
baldosas, veo dos largos envoltorios cubiertos con
frazadas y plásticos.
Son dos pobres que han pasado la noche allí, a
la intemperie.
Giro hacia el dueño del perro que se encuentra
observando como éste recorre el cuidado pasto y lo
abona.
–¿Vio?... –le digo, mordaz– Tenemos nuevos
vecinos.
–¿Sí? –pregunta– ¿Cuándo se mudaron?... ¿En
que piso?...
–Anoche… en el suelo. –y señalo con mi cara los
bultos.
Los mira indiferente y de inmediato voltea su
vista hacia la plaza buscando su abrigado perro,
mientras afirma molesto:
–Ah, sí… no hay forma de evitarlos… les gusta
vivir así.
Hago un gesto indefinido y nada digo.
Pienso que es muy difícil que a alguien le agrade
vivir de esa forma. Pero, por la convivencia, es
mejor no contradecir.
LOS VECINOS
Miopía: Incapacidad de ver lo que no está cerca.
Escasez de visión. Cortedad de alcance.
35 LOS VECINOS (U)
Diap 90
Miro a la derecha.
De la panadería en la esquina sale otro vecino.
Se le nota feliz. Lleva una bolsa en la mano.
A pocos pasos de él, en la calle, un mendigo
hurga en un contenedor de basura. Encuentra un
trozo de pan. Lo limpia con sus sucios guantes. Y,
sin más, empieza a devorarlo.
–¡Rico desayuno!... –comento cuando llega el
de la bolsa.
–¡Gracias!... –responde– Son bizcochos recién
horneados.
–Yo digo el de aquel… –y señalo con un gesto al
hurgador.
El vecino gira la cabeza. Lo mira. Frunce la cara.
Y asevera:
–No lo vi… ¡Como pueden llegar a comer esas
porquerías!
Otra vez prefiero responder con una mueca
indefinida.
De la plaza llega otro vecino más. Vive en el
apartamento frente al mío.
El del perro, llama al animal.
Entramos todos al edificio. Subimos hablando
el baladí tema del tiempo.
El de la bolsa baja en el primer piso. Saluda. Va
apurado.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Al llegar a mi piso, el vecino del perro abre la
puerta del ascensor. Salimos los que vivimos allí.
Y el otro, nos alienta:
–¡Cuídense, vecinos!... Saludos a la familia.
Cierra.
El vecino de enfrente queda conmigo. Mantiene
su sonrisa formal. Lo miro, esquiva la mirada.
Y digo, burlón:
–Tengo ochenta años: No puede tomar alcohol
ni comer mucho ni hacer esfuerzos, no me dejan
trabajar ni enseñar, si me preguntan es una
dirección, si me miran es para darme el asiento...
¡Y aún me dice que me cuide para vivir más!
El vecino ríe forzado. Se despide. Y entra rápido
a su apartamento.
Voy por el frío corredor hacia el mío. Pienso que
este vecino no vio la cruel ironía en lo que dije.
Que el otro no había visto los vagos dormidos a la
intemperie. Y el de los bizcochos tampoco vio al
hurgonero comiendo basura.
Sin embargo, todos, al encontrarse preguntan si
a los demás si se siente bien, y el despedirse envían
saludos a los familiares.
O sea, sólo distinguen a los que están cerca.
Y comprendo.
Socialmente, los vecinos son miopes…
…oo0oo…
LOS VECINOSLOS VECINOS
Diap 91
Vengo de cobrar la jubilación en el Paso Molino.
Por la ventanilla del ómnibus miro el arroyo
Miguelete, su isla en el medio, el puente, los
árboles esqueléticos. Es invierno.
Al pasar la calle Zufriategui, dentro mío, algo
me obliga a descender. Me levanto.
Bajo por la puerta delantera. El chofer aguarda.
Apoyo el bastón en la vereda. Estoy viejo.
Camino hasta la esquina. Voy a cruzar. Antes,
bastaba con mirar ambos lados. Ahora hay un
semáforo. Y está en rojo. Debo esperar.
Mientras, miro la vetusta casona de enfrente.
Y, de pronto, sucede.
Veo decenas de jóvenes y muchachas entrando y
saliendo del liceo, hablando y riendo, bajando y
subiendo del tranvía.
Veo en el asfalto las paralelas vías, brillantes de
tanto pasar las ruidosas ruedas rodando y viniendo
de tantos lugares.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Veo los cuadrados postes de hierro sosteniendo
los tirantes del cable, la roldana del troley girando
contra éste.
Veo una enredadera que salta desde la reja de la
casona a uno de los postes para colgar flores
violetas sobre la calle.
Cambia la luz del semáforo.
Y, todo desaparece.
Ya no hay vías, solo el gris cemento.
Ya no hay tranvías, solo el olor de gasoil.
Ya no hay jóvenes y muchachas riendo, solo
seres a quienes les dimos una vida facilista.
Cruzo. Me debe apurar. Si cambia el semáforo
algún coche puede arrollarme. Ahora la cortesía es
por reglamento.
Llego a mi viejo liceo. Ni siquiera tiene el mismo
nombre. La vieja puerta está clausurada. Del
escalón de mármol solo queda un gastado y roto
resto.
Apoyo mi pie en su borde. Pienso que parte de
él quedó en los zapatos de mi juventud… y me
ayudó a ir por la vida.
::::::
EL ÁTOMO
Aquel viejo Liceo Bauzá,
el de la avenida Agraciada...
36 EL ÁTOMO (U)
Diap 92
:::::
Año 1945. Viernes 14 de Julio.
Me largo frente al liceo con el tranvía en marcha.
Y lo hago de espaldas, fanfarroneando.
No pienso. Soy joven. Estoy en tercer año.
Hoy tengo clases que me gustan: Matemáticas,
Literatura y, sobre todo, la de Química…
La profesora es preciosa.
Entro al liceo. Delante la puerta del salón 4 me
reúno con la barra de compañeros.
Pronto tendremos la semana de Vacaciones de
Invierno. Estamos contentos.
Toca el timbre de comienzo de clase.
Nos sentamos cada uno en su puesto y en
aquellos pupitres para dos personas, de madera de
cedro, con decenas de nombres tallados.
Llega la profesora. Todos nos ponemos de pie.
Aún existe la educación
Y ella nos indica que nos sentemos con un mohín
que será causa de sueños eróticos en los varones.
Hablamos de la materia, de las moléculas, de los
átomos.
Y alguien repite, como un loro, la definición:
–Átomo es la unidad más pequeña e
indivisible…
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Mirando el negro cabello de la hermosa mujer,
interrumpo:
–Por ahora…
La clase lanza una carcajada. La profesora hace
un gesto. Suena el timbre de salida. Los
compañeros bromean.
:::::
Lunes 16 de julio de 1945.
Sube al tranvía un pregonero gritando lo escrito
en la primer página:
ÁTOMO DIVIDIDO.
Llego al liceo. Hoy tenemos Química.
La profesora entra al salón. Y me pregunta,
risueña:
–¿Usted estaba en el proyecto de Álamo Gordo?
–No, señora. Es que no acepto eso de “no se
puede hacer”.
Ella me mira de una manera especial… que yo la
siento.
:::::
Quito el pie del desgastado y roto escalón.
Debo seguir mi camino. Me voy lentamente.
Han pasado 65 años. Sigo pensando igual.
Y aún me emociono al recordar aquella mirada.
…oo0oo…
EL ÁTOMOEL ÁTOMO
Diap 93
El hombre despertó.
La mortecina luz del amanecer entró por la
ventana. No le importó la hora. Antes o después,
daba lo mismo. Invierno o verano, daba igual. Y,
de nuevo…
–Otro día…
¿Lo había dicho, musitado, sentido? ¿Era un
razonamiento, una frase de resignación, o una de
apatía? ¿Una de realidad, o una de hastío?
Acaso… ¿había alguna diferencia?
Se sentó en la cama. Miró las cosas a su alrededor.
Vio las mismas que vio al acostarse. Las mismas
que estaban ayer. Iguales a las de hace una semana,
hace un mes, hace un año.
De la calle le llegó el ruido de la mañana. Llegó
apagado por los vidrios, por las paredes, por la
distancia. Y recordó, una vez más, que él, hacía
tiempo, fue parte de ese ruido.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Se levantó, debía hacerlo, la vida continuaba.
Debía ir al baño, secarse, vestirse, tomar el
desayuno, sentarse, oír las mismas cosas, ver las
mismas personas. Y, de nuevo…
–Otro día…
Lo pensó. Lo sintió. No lo dijo.
¿Para que decirlo? Acaso… ¿eso importaba?
Era lo que él sentía, lo que él pensaba. Los
demás tenían sus propias ideas, sus propios
sentimientos.
Siguió la rutina. Encendió el televisor. Noticias
repetidas. Las mismas caras, las mismas frases, los
mismos gestos, los mismos sucesos.
Algunos viven, algunos mueren.
Salió. Debía salir. Debía subsistir.
Algunos compran, otros venden. Pocos hacen
cosas, muchos hablan. Los pocos hacen mucho, los
muchos no hacen nada. Siempre lo mismo.
Volvió. Debía volver. Volver a una casa. Una
diferente a las demás. E igual. Con una entrada
diferente a las otras. E igual. El hombre abrió la
puerta. Entró. Y, de nuevo…
–Otro día…
OTRO DÍA
Si cada mañana, al despertar,
tienes esa sensación anhelante,
y alienante,
de que debes vivir... aún estás vivo.
37 OTRO DÍA 2 (U)
Diap 94
No supo si lo dijo o si lo sintió. Solo que lo oyó
repetirse en su interior. Vio un diario. ¿Era de ayer
o de hace un mes? ¿Del gobierno o de la oposición?
Acaso… ¿eran distintos?
Se sentó. Y, por rutina, leyó. Los mismos temas,
las mismas palabras. Leer que esta vez unos son
los buenos y otros son los malos. Y que a la otra
vez, los buenos son los malos.
Fue a la ventana. Miró hacia fuera. Los mismos
viejos, las mismas mujeres, los mismos niños.
Todos le eran conocidos, y a nadie conocía. Cada
uno diferente, y todos iguales.
Se dio vuelta. Recorrió con la vista lo que lo
rodeaba. Todo había sido ya visto. Recordó que
debía hacer algo. Fuese lo que fuese, ya lo había
hecho antes. Y, de nuevo…
–Otro día…
Ni siquiera lo pensó. Era la hora de almorzar. Se
sentó a la ceremonia habitual. Debía comer. Con
sabores diferentes… e iguales. Con comentarios
distintos… e iguales.
Se levantó de la mesa. Comenzaba otra tarde.
Una más sin nada que hacer.
Sin ninguna obligación.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Como tantas otras. ¿De qué día? Acaso… ¿no
eran todos iguales?
Podía leer un libro nuevo… de algo que ya había
leído. O ver otra novela… de trama ya repetida. O,
dormir la siesta. O, no hacer nada.
Que era hacer lo mismo de siempre.
Pasó otra tarde igual a la de tantas.
Desde aquella que le dijeron que no trabajaría
más. Desde aquella que supo que estaba viejo.
¿Cuántos años hacía? Acaso… ¿importaba?
Y, así llegó el atardecer, el ocaso. Debía cenar. Y
cenó.
Estaba cansado. Cansado de nada. Cansado de
lo mismo.
Se acostó. Debía dormir. Por la ventana miró la
oscuridad. Luz, penumbra. Ayer, hoy, mañana.
¿Tiempo a pasar, o uno ya pasado?
Acaso… ¿no eran iguales? Y, de nuevo…
–Otro día…
Lo sintió. Lo dijo.
Él sabía que para no sentirlo más, para no
decirlo más, sólo había una forma. Y se durmió
con esa esperanza. Otra vez.
Como todas las noches.
…oo0oo…
OTRO DÍAOTRO DÍA
Diap 95
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
El libro “Charlas con el loco de la esquina”
finalizaba con Juan, ya internado en el
manicomio (perdón, el siquiátrico como agrada
decir a la gente fina), pidiéndole a su amigo
interlocutor:
“-No vuelvas mas. Aquí solo seré un paciente
en un rincón.
Recuérdame como Juan, el loco de la
esquina.”
Y si bien en el libro terminaba así, envejeciendo
separados Juan, el amigo y el autor; la realidad
fue otra.
Los tres se fueron, juntos y lejos, a otro país.
Un país donde, como en todas partes hay un
manicomio.
Y en él hay un Juan, un loco de la esquina ya
sin esquina.
Y afuera hay un amigo, un amigo que lo oye
admirando su locura.
Y hay un autor, uno que escribe cuentos…
locos cuentos.
Y los tres, cada tanto, tienen un reencuentro.
Montevideo – Enero 2013
(Presentación anterior Nº 5)
38 ME NIEGO (U)
Cada vez que nos callamos un no,
negamos algo de nosotros mismo.
Mañana de verano. Llovió en la madrugada.
El sol está escondido tras las nubes. Miro
por el ventanal del balcón.
Veo a alguien sentado en los escalones de
la plaza. Alguien muy extrañado. Bajo.
Corro a su encuentro. Y, feliz, le digo:
–Juan, mi loco amigo… ¡Cuánto tiempo sin
verte!...¿Cómo hiciste paraescapartede allá?...
Me mira con sus ojos desquiciados. Y,
serio, responde:
–No me escapé. Les dije que hoy era el
día del “Me Niego” y me fui caminando.
–¿El día del “Me niego”?... –inquiero curioso,
sentándome a su lado– ¿Cómo es eso?...
Y el feliz desquiciado, comenzó a recitar:
–“Me niego a aceptar que los que andan
apretándose la oreja, hablando solos, haciendo
gestos, es porque tienen un teléfono celular
y no porque están locos
ME NIEGO
Diap 96
DESDE BELLA VISTA
Me niego a aceptar que los números son
diferentes, el cero es un uno que engordó
demasiado, el uno es un cero que adelgazó
mucho, y el ocho uno que se apretó el cinto.
Me niego a aceptar que cada vez que se
nos cae el pan con mermelada, lo hace con
la mermelada al revés… y en el mantel, o en
la ropa, o en lugar más debajo de la mesa.”
No me pude contener y largué la carcajada.
Viéndome como si yo fuese un trastornado,
continuó.
–“Me niego a aceptar reírse de los demás, a
creer que hay seres superiores a otros, a
consentir que quien habla es más del que
trabaja, a pensar que alguien es dueño de la
verdad.
–Me niego a callar cuando quiero hablar,
a no decir lo que siento cuando lo siento, a
no ser otro más. Y, sobre todo, me niego a
dejar de ser loco.”
Quedé pensativo. No sabiendo que decir,
señalé que era medio día.
Y Juan,parándose,desquiciado,respondió:
ME NIEGO
DESDE BELLA VISTA
Me niego a aceptar que la ropa se debe
llevar dada vuelta, con la marca para
afuera, viendo el nombre del fabricante,
con las costuras al revés, pintarrajeada de
todos de colores.
Me niego a aceptar que los alpargatas de
goma, plástico y tela, con formas estrafalarias,
marcas rimbombantes, precios enormes, sean
mejores que los zapatos normales de cuero.
Me niego a aceptar que los avisos digan
60 kmh., las pistas las hagan para 120, los
autos para ir en ellas los fabriquen para
240... y la gente compre los más veloces.
ME NIEGO
Diap 97
DESDE BELLA VISTA
DESDE BELLA VISTA
ME NIEGO
Juan, mi loco amigo, se dejó llevar. Pero,
ripostó:
–Me niego a aceptar que me diga
compañero. Compañeros somos los que
estamos aquí encerrados, día y noche,
juntos, compartiendo la locura. Y usted es
solo un enfermero.
Quedé viendo como se alejaban por el
corredor. Y, quizás contagiado por el día, al
irme le dije al portero:
–Me niego a creer que él es un loco y
nosotros los normales.
El hombre, por compromiso, sonrió e
hizo un gesto.
Bajé los escalones del viejo instituto.
Llegué a la calle.
Y volví al mundo donde decir no, es de
mala educación.
Donde estar cuerdo, significa estar todos
de acuerdo.
…oo0oo…
ME NIEGO
–Me niego a pasar hambre. El primer
derecho después de vivir es el de comer. Y
por la comida hasta hay quienes no niegan
nada… y se niegan a sí mismo.
Comenzó a andar.
El manicomio estaba cerca.
Callado, le acompañé.
Llegamos a la recepción.
Alguien de alba túnica le
esperaba.
Y el que llamaban demente,
le indicó:
–Me niego a seguir afuera, es un mundo
de locos. Quiero volver con mis amigos, los
de aquí adentro.
El de blanco me miró, necesitaba darme
una explicación:
–Cada tanto le da eso de que es el día del
“Me Niego” y lo dejamos salir. Siempre
vuelve antes del almuerzo.
Sintiéndose ya justificado, tomó al
demente del brazo:
–Todavía está abierto el comedor.
Vamos, compañero.
Diap 98
Marcó en la pantalla el nombre de ese amigo
con un visto.
Era el último invitado a confirmar su asistencia
al ágape que habría el próximo sábado con motivo
de su tanation.
Y, como él pertenecía al siglo pasado, enseguida
respaldó el archivo e imprimió la hoja. Los jóvenes
no lo hacían; pero él, en el ayer, había perdido
muchos trabajos por un error.
Tomó un buen sorbo del líquido de la copa que
tenía en el escritorio. Había sentido el amague del
dolor en su vientre. Y, antes que surgiese, era
preferible adormecerlo.
Desde los Antiguos, en su civilización, la finalidad
de la medicina era la de calmar el sufrimiento,
curar en lo posible la enfermedad y, especialmente,
facilitar una muerte buena.
Sus primitivos ancestros no crearon mitos.
Comprendieron que la existencia era eso: Existir.
Que se inicia naciendo, y finaliza muriendo.
Y ambas cosas son igual de importantes.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Que si era motivo de hermosa reunión en la
tribu el arribo de una criatura, también lo era el
morir uno de sus miembros.
Y que cada uno era dueño de su vida y de su
muerte.
En la historia, lo héroes concluían su vida en las
guerras.
Pero luego, la mayoría, al llegar la decrepitud
del cuerpo, hacían uso de infusiones que le daban
una plácida muerte.
Y así, ya fuese caído en la lucha, muriese por
accidente o muerte natural, o por su voluntad,
todos tenían el tanation.
Ese afectuoso ágape donde se juntaban amigos
y familiares.
Lo siglos pasaron, pero la costumbre continuó.
Mejoraron los elixires y métodos para la buena
muerte. Y la civilización trajo una serie de
reglamentos para efectuar la tanatia.
Límites de edad, motivos físicos y sicológicos,
autorización médica y legal, en fin: embrollos del
progreso.
Pero, a partir de los sesenta y cinco años, era
libre decisión del individuo.
Y… él rondaba los ochenta y estaba enfermo
TANATIA
Cantemos todos el himno con alegría,
juntos en el inicio y el fin de la vida...
39 TANATIA (G)
Diap 99
Como a todos los demás, el Estado le aseguraba
la atención de una sala de tanatorio.
Pocos aún lo hacían en sus casas, ya que era
mejor usar el servicio de los especializados.
Existía una gran competencia de empresas para
tal fin. La mayoría de las personas optaba por
afiliarse previamente a una que le diese más extras
del otorgado básico.
Licores, comida, meseros, músicos, bailarinas,
todo lo que se ocurriese al que brindaba el tanation.
Y, lógicamente, la forma de morir, y la forma de
disponer del cuerpo.
Y ahí estaba él ese sábado.
Lo rodeaban muchas personas, aunque pocas de
su edad. La mayoría de los amigos de su época se
le habían adelantado en sus tanationes.
Era un ambiente muy animado.
Nadie traía presentes, ya que desde la antigüedad,
era el que realizaba el tanation que daba regalos a
los que venían a acompañarlo.
Como siempre los comentarios giraban alrededor
de lo bueno del servicio, de la decoración, de la
música, de donde había decido poner sus cenizas.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Lo felicitaban por haber elegido un hueco en el
muro de la plaza de juegos de los niños del barrio.
Junto al de otros más.
Algunos preferían ser echados al mar o al
viento.
Era solo un antojo, ya que en esa cultura no
había el mito de que había algo después de la
existencia natural.
Una existencia donde él había tenido hijos,
plantado árboles, escrito libros.
Pero ahora el cuerpo estaba enfermo. La mente
lenta.
Era hora de la muerte. De una muerte buena.
Ya todos habían comido. Momento del brindis.
Pero, previo, debía repartir los regalos entre los
acompañantes.
A aquel, ese cuadro que tanto le gustaba. A este
otro, aquella colección de libros… y así… y así…
En el ambiente sonó la novena sinfonía de
Beethoven. Era la que él había elegido.
En el momento cumbre del coro, los demás
levantaron las copas con champán, saludándolo.
Y él, satisfecho, bebió de la suya el líquido final.
…oo0oo…
TANATIATANATIA
Diap 100
DESDE BELLA VISTA
Cuando lo vio era una bola de pelos.
Una temblorosa bola de pelos de la que
salían lastimeros maullidos de miedo, de
abandono, de hambre.
Alguien debió abandonarlo en el escalón
de la puerta de entrada al edificio.
El cachorrito era demasiado pequeño
para haber caminado hasta allí.
El hombre lo levantó. Era tan chico que
cabía en la palma de su mano.
El gatito, al sentir el calor de esos dedos,
se acurrucó más.
Y el hombre se encariñó con él.
Llevándolo suavemente apretado contra
su pecho, abrió la puerta, tomó el ascensor,
entró a su apartamento.
Lo colocó sobre su cama. Y el cachorro se
enrolló contra el almohadón.
El hombre sonrió.
Sonreír es la primera demostración de
amor. Fue a la cocina y puso un poco de
leche en un platito. Dar de comer es la
segunda demostración de amor.
EL GATO Y EL VIEJO
DESDE BELLA VISTA
(Presentación anterior Nº 13)
40 EL GATO Y EL VIEJO (U)
Nadie es dueño de un gato,
el gato nos permite vivir con él.
Diap 101
DESDE BELLA VISTA
EL GATO Y EL VIEJO
DESDE BELLA VISTA
EL GATO Y EL VIEJO
Él, el que esperaba inquisitivo al viejo
cuando éste volvía de la calle.
Y el hombre era el que se preocupaba de
cuidarlo, de que estuviese cómodo, de darle
abrigo y comida. Aquella leche se volvió
pollo, y el pollo se transformó en carne.
El gato cedía el sofá al viejo, pero era sólo
para luego ir él a reposar sobre sus piernas.
Y aunque el hombre creyese que en la cama
el gato dormía a sus pies, era lo contrario.
Y el gato crecía, y crecía.Se la llevó dejándola en el piso.
El gatito maulló feliz al olfatearla, y se
levantó ágilmente saltando de la cama para
beberla.
Parecía haber crecido en unos instantes.
Y el hombre se sintió contento. Siempre
nos satisface que algo dependa de nosotros,
más si es un ser vivo. Y que ese ser nos
haga ronroneos cuando le damos algo.
El gatito se fue adueñando del apartamento.
Era él el que caminaba siempre adelante.
Diap 102
DESDE BELLA VISTA
EL GATO Y EL VIEJO
DESDE BELLA VISTA
EL GATO Y EL VIEJO
Y el viejo, cada vez más reducido, primero
pasaba el dinero por una hendija entornada,
y finalmente por debajo de la puerta.
Luego, cuando nadie estaba en el corredor,
un pequeño ser enclenque y curvado,
entreabría la puerta y presuroso metía las
cosas adentro, cerrando rápidamente.
Si bien la comida del viejo se iba
reduciendo, la del felino aumentaba. Y los
días pasaban. Llegó el momento en que el
hombre y el gato tuvieron igual tamaño.
El viejo tenía el mismo cariño por el
animal. Aún más, se sentía mal porque al ir
achicándose no lo podía cuidar.
Dicen que un año de ellos equivale a siete
de los humanos.
Pero entre el hombre y el gato sucedía
una rara simbiosis.
A medida que el felino se hacía más y
más grande, el hombre se hacía más y más
chico.
Seguía igual de viejo, pero empequeñecía
de tamaño.
Llegó el momento que tuvo miedo de
salir del apartamento. Y empezó a pedir por
teléfono que le trajesen las cosas.
Se las dejaban a la puerta del apartamento.
Diap 103
DESDE BELLA VISTA
EL GATO Y EL VIEJO
DESDE BELLA VISTA
EL GATO Y EL VIEJO
Los alimentos se acabaron.
El hombre ya no podía abrir la puerta.
Ahora era del tamaño de un ratón.
Al gato le surgió el instinto. El viejo lo
miró. Unas fauces se cerraron sobre él.
Fue lo último que sintió.
Era la mayor expresión de amor. La de
darse a sí mismo.
Unos días más tarde los vecinos, viendo
que nadie recogía las cosas, rompieron la
puerta. No encontraron a nadie.
Sólo un gato que, ronroneando, se
refregó a sus piernas.
…oo0oo…
El felino seguía sintiendo algo por ese ser
que le recordaba alguien que lo había
recogido.
Pero cada vez era con menos respeto y
hasta jugaba con él como si fuera otro gato
más.
Al hombre le dolían las zarpazos del
animal y a veces sus afiladas uñas se clavaban
dolorosamente en la ínfima carne.
Llegó a tener la proporción de una rata.
El gato lo miraba con una mezcla de temor
y deseo de atacarlo.
Diap 104
El hombre bajó del transporte público.
Apoyó el bastón en la rota vereda buscando un
lugar con tierra o arena, sabía por experiencia que
las flojas baldosas podían constituir una trampa.
El bastón era muy útil, servía para que le diesen
el asiento en el autobús, preferencia al subir,
frenar los coches al cruzar la calle, señalar, y hasta
como palo para defenderse.
Caminó. Las personas en la parada se separaron
dándole paso.
Sonrió. ¿Una concesión a él, a su edad, o al
bastón?
Llegó a la esquina. El semáforo estaba en rojo.
Apenas destelló el verde cruzó la avenida. Fue el
primero. Los demás esperaron y remiraron la calle
antes de hacerlo.
Pero él aun sentía la impaciencia de llegar al
otro lado.
Comenzó a andar. Llegó a una casa con un gran
jardín al frente. Y el jardín estaba lleno de viejos.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Parados, sentados, caminando, en sillas de ruedas…
pero, viejos.
Se detuvo. Miró el reloj: Cinco de la tarde.
Miró alrededor: Era verano, se sentía calor.
Miró las personas: Hombres y mujeres, viejos.
Miró el letrero: Casa de Salud.
¡Qué eufemismo para no decir ancianato!
¿Por qué llamar Casa de Salud a un lugar donde
todos están enfermos?
Y ahí estaban ahora ellos, en busca de un rayo
de sol.
Un jardín que quizás en el pasado tuvo niños
corriendo entre árboles y juguetes, y tal vez luego
jóvenes paseando entre flores y perfume de jazmín.
Un jardín de un hogar frente a una tranquila
calle.
Pero hoy era un viejo trozo de verde, frente a
una ruidosa avenida, delante una vieja casona
transformada para cuidar un montón de viejos.
Los miró. Y ellos lo miraron a él.
Y sus miradas eran serias, vacías, duras, casi de
enojo.
EL JARDÍN
Quiero morir como viví…
a mi manera.
41 EL JARDÍN (U)
Diap 105
El hombre sintió que él les molestaba.
Que les molestaba el estar ellos dentro y verlo a
él afuera.
Solo un bajo murito los separaba. Pero ellos no
se atrevían a cruzarlo para salir, y él no quería
hacerlo para entrar.
Y sin siquiera una sonrisa, un gesto, dejaron de
mirarse.
Giró y siguió su camino hacia su casa pensando
que otros habían decidido por ellos.
Él aún podía decidir por él.
Iba caminando rápido, casi corriendo, sin ver la
gente. El bastón, en lugar de servirle de apoyo,
parecía una palanca que se afirmaba en el suelo
para darle más impulso.
Cruzó la calle transversal, ni espero la luz de paso,
no venían coches en ninguno de los dos sentidos.
Los demás quedaron junto al cordón, viéndolo.
Siguió por la plaza. Una plaza con pocas áreas
verdes y mucho pedregullo.
Con ese ripio rojizo fácil de mantener aunque
fuese incómodo para el andar de niños y ancianos.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Abrió la puerta del edificio.
Pulsó un botón del tablero del ascensor.
Si venían vecinos en él, todos deberían interpretar
la comedia de que todos estaban bien.
Llegó vacío. Y solo subió hasta su apartamento.
Abrió la puerta. Puso el bastón en el paragüero.
Desde el sofá lo miró sin asombro una gata. Una
gata tan vieja como él.
Desde un cuarto le llegó una voz preguntándole
algo. Le respondió mientras iba hacia al baño.
Se paró frente a la pileta. Se lavó las manos, la
cara, el pelo. Se lavó mucho.
Pero, por más que se lavase, el agua no iba a
sacar las señales del tiempo: las manchas en la
piel, las arrugas,.
Se miró en el espejo. Y solo vio un viejo más.
Recordó los que había visto en aquel jardín.
Tenían menos años que él. Pero ya los habían
puesto aparte, separados del mundo.
Volvió a mirarse en el espejo.
Volvió a ver un viejo.
Y… sintió miedo.
…oo0oo…
EL JARDÍNEL JARDÍN
Diap 106
DESDE BELLA VISTA
El del que ganaba la presidencia y el del
que aún no la tenía.
Pero, poco a poco, comenzaron a surgir
personas que no eran de los que dirigían ni de
la oposición, que no se sentían representados
ni por unos ni por los otros.
Que ya fuese por alguna diferencia física
o ideológica no hacían parte de la masa.
Y estas personas comenzaron a reunirse en
asociaciones, sindicatos, partidos… grupos.
Grupos constituidos por pocos seres,
pero cuyos votos eran necesarios juntar
para ganar los comicios.
Fue cuando surgió el artificioso principio:
El derecho de las minorías.
La primer minoría en tener fuerza, que de
minoría no tiene nada, fue la de las mujeres.
Se le dio el derecho a voto, la mitad de los
cargos políticos y privilegios por su sexo.
O sea, una minoría con más derechos
que la mayoría.
TIFLOS
DESDE BELLA VISTA
(Presentación anterior Nº 12)
42 TIFLOS (U)
Comenzó unos siglos atrás, luego de una
larga sucesión de gobiernos dictatoriales y
sangrientas revoluciones que unicamente
cambiaban el dirigente y sus secuaces por
otros similares.
Un día, quizás cansados de ese derramar
de sangre entre hermanos, o por que las
haciendas se estaban quedando sin hombres,
los caudillos decidieron dejar de guerrear.
Recurrieron a una vieja teoría:
La democracia.
El pueblo gobernado vota a sus gobernantes,
y los que gobiernan se reparten el país en
proporción a los votos.
Por un tiempo pareció todo solucionado.
Los líderes se reunieron formando dos
partidos teóricamente opuestos:
No hay peor ciego que el que no quiere ver...
Diap 107
DESDE BELLA VISTA
Pero, al inscribirse políticamente,
llamaron a su partido Tiflos, en recuerdo a
la isla de la mitología griega donde
enviaban a los seres como ellos.
Y aquella mayoría de minorías siguió
ganando elecciones tras elecciones.
Y en cada elección el partido Tiflos tenía
más representantes y, consecuentemente,
tenía más poder.
Lo primero que lograron fue que todos
los documentos, y publicaciones debían
estar impresos en común y en Braille, y que
este sistema de lectura fuese enseñanza
obligatoria.
Luego que se eliminaran del lenguaje las
palabras ciego, invidente y otras similares,
por ser discriminatorias; ya que su
condición era tan natural como la de
cualquiera.
Sólo quedó llamarlos:
Tiflos.
TIFLOS
DESDE BELLA VISTA
Luego fue un acelerado desmembramiento
de esa sociedad en fracciones: los gordos,
los flacos, los altos, los bajos, los peludos,
los pelados, los así, y los asá.
Y cada grupo obtenía su representación
en el gobierno.
Se llegó a la paradoja de que, para
triunfar en los comicios, las minorías se
unieron para formar una mayoría.
Y ganaron las elecciones… y las siguieron
ganando.
Dentro de esa unión de micropartidos
hubo un grupo que, a pesar de no tener un
gran cantidad de afiliados ni ser éstos
poderosos, fue obteniendo cada vez más
preponderancia.
En sus orígenes fue conocida como la
asociación civil de ciegos, sus miembros
gozaban de simpatía popular, tenían
privilegios por su condición y eran
ayudados por todos.
TIFLOS
Diap 108
DESDE BELLA VISTA
TIFLOS
DESDE BELLA VISTA
A los veinte años de gobernar la coalición
de grupos, los tiflos eran mayoría en el
congreso, dominaban los ministerios, Corte
de Justicia, todo.
Por el beneficio de ser tiflo, muchos que
no lo eran, se operaban para serlo.
Las señales fueron sónicas, las aceras con
barandas. Ver fue arcaico, de engreídos.
Elegido por el setenta y nueve por ciento
de los votantes, se tuvo un presidente tiflo.
Y el congreso aprobó por unanimidad la
Ley de Igual Percepción.
Quedó prohibido iluminar los locales
públicos, comercios, escuelas.
Se debía tapar todo lo que diese luz. Tener
visión clara de las cosas era casi un delito.
Y siguieron las leyes de oscuridad.
Y todas, aplaudidas.
Desde hace años esa nación se llama:
República de Tiflo.
Un país donde a todos los que nacen…
les quitan los ojos.
…oo0ooo….
TIFLOS
A PARTIR DE ESTE MOMENTO
ENTRA EN VIGENCIA LA
LEY DE OSCURIDAD TOTAL.
SI USTED ES AUN DE LOS
ANACRÓNICOS SOCIALES
Y NO LEE EN BRAILLE,
LO SIGUIENTE DICE:
Final
Diap 109
Hora 20 y 30, o las 8 y media p. m. para otros.
Si fuese otoño o primavera, algunos dirían que
es de la tardecita. Y, noche oscura si estuviésemos
en invierno.
Pero es inicio de enero, o sea, verano en estas
latitudes. Por tanto, el sol brilla aún sobre el
horizonte. Dentro de poco se hundirá en el mar y
se acabará el día.
Sonrío de mi propio razonamiento anacrónico.
Ni el sol se mueve, menos aún se hunde, ni el día
se acaba. Solo es la tierra que gira sobre si misma y
me soporta sobre ella.
Hace tiempo que no voy a la estación del
ferrocarril. Esa que está a pocas cuadras, cerca de
la bahía. La que fue patio de movimiento de
vagones. Esa vetusta, solitaria, en ruinas.
Camino por el medio de una calle que termina
en las vías.
Una calle cortada por una barrera hecha por un
largo trozo de riel sobre otros dos más chicos
parados.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Todos los rieles están oxidados, el travesaño, los
puntales, los de las vías… a todos los alcanzó el
tiempo, el abandono, la apatía.
Anochece, giro subiendo al andén.
La vieja campana que otrora resonaba con cada
partida de un tren, dormita cubierta de herrumbre
y colgándole de su badajo una corta y deshilachada
cuerda.
No hay nadie en la cerrada boletería, menos aún
tras los vidrios pintados.
Quizás haya alguien en la caseta aérea del
guardia de estación, maldiciendo por tener que
estar allí.
Poco a poco llega la penumbra.
En la bahía brillan las luces de las boyas. Las
altas lámparas de la rambla costanera iluminan el
veloz pasar de los vehículos.
Pero aquí siguen las sombras.
Miro la maraña de oxidados rieles y veo las grises
figuras de vagones y locomotoras que deben estar
contándose viejas anécdotas de lugares lejanos.
Miro el viejo banco de madera en el extremo del
andén… y la veo… y la reconozco…
Es ella.
EL ÚLTIMO TREN
Viejas estaciones con rieles oxidados…
43 EL ÚLTIMO TREN (U)
Diap 110
Con la confianza dada por los años, voy y me
siento a su lado.
Me mira de soslayo, esboza una tétrica sonrisa,
y sigue viendo hacia la oscuridad del agua.
–¿Qué haces descansando aquí? –le inquiero–
Debes tener muchos por llevar en esta temporada
de excesos y calor.
–Por eso me senté. –responde, fría– Sí, muchos
son los que terminan por la velocidad, las bebidas,
las pasiones, el crimen… Y nosotras los seguimos
juntando.
–¿Nosotras?... –reflexiono– Creí que tú eras
una sola…
–Somos muchas… somos una… somos ninguna.
Medito sus palabras.
La observo. Esquelética escuálida, enjuta,
cubierta de escasos harapos. Y, quizás por efecto
del verano, le encuentro un lúgubre atractivo.
–¿Estás esperando que los terminen de juntar?
–murmuro.
–Nunca se termina de juntarlos. Mientras haya
vida, habrá seres terminándola. Estoy esperando el
último tren.
–El último tren pasó a las 19 y 30. –le indico.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
–No. Aún no ha llegado. El último tren es en el
que se van conmigo. –afirma, levantándose.
Y el andén comenzó a llenarse de invisibles figuras.
Sin hablar, sin sonidos, pero todos esperando irse.
Miré hacia mi derecha. Allá, en la penumbra,
muy atrás, luego de una curva.
Y vi asomarse una locomotora oscura, sin luces,
silenciosa, arrastrando tenebrosos vagones.
Se detuvo frente al andén. Y las figuras
empezaron a subir.
–¿Puedo irme yo también? –dije con extraña
emoción.
–Aún no... Quizás un día, una tarde, una noche,
yo no sé, cuando, tú tampoco lo puedes saber, pero
un día llegará ese momento y… tomarás el último
tren.
Subió al tren, éste se puso en marcha, sin ruido,
sin chirriar de ruedas, sin sonar de campana, sin
pitadas, en silencio...
Quedé viendo perderse el último tren en la
oscuridad.
Y, como yo no me había ido en él, me di vuelta y
me fui caminando de nuevo por las calles de la
vida.
…oo0oo…
EL ÚLTIMO TRENEL ÚLTIMO TREN
Diap 111
El hombre se despertó.
Se sentó en el borde de la cama. Un día más. Un
día menos. O, tan solo, un día igual. No tenía nada
que hacer. Y, sin embargo, ya se sentía cansado.
De la mesita de luz tomó un papel. Lo había
escrito la noche anterior… ¿O hacía mucho
tiempo?... Daba igual…
Y lo leyó nuevamente con sarcástica mueca:
“El resumen de mi vejez es interesante. No
puedo tener relaciones porque ya no tengo
erecciones. No puede tomar alcohol porque ya no
lo resisto. No puede comer fuerte porque me hace
daño. No puedo hacer fuerza porque me ataca la
columna. No puedo manejar porque mis reflejos
son lentos. No puedo trabajar porque nadie quiere
a un anciano. No puedo enseñar porque lo que sé
es de otra época. No puedo comer sin la dentadura
postiza. No puedo ver sin los lentes. No puedo oír
sin los audífonos. No puedo caminar sin el bastón.
Si hace calor se me aceleran las pulsaciones. Si
hace frío me duelen todos los huesos. Si un
muchacho me pregunta algo, es para saber una
dirección. Si una mujer me mira es para darme el
asiento en el transporte. ¡Y todavía hay quien me
dice que me cuide para vivir más!...”
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Arrugó la cara. Ya no servía para nada.
Y, se decidió.
Primero debía bañarse, vestirse, desayunar.
¿Obligación, necesidad, rutina?... Daba igual…
Pero, lo hizo.
Salió a la calle.
A recibir la obligada consideración de los otros.
A responder con el obligado agradecimiento por la
preocupación de ellos.
A soportar y soportarse.
Subió al ómnibus. Había un asiento para los
viejos como él. Pagó un boleto de bajo costo para
los viejos como él. Y todos le sonreían, como
sonreían a todos los viejos como él.
Después de un rato, bajó.
No era tan lejos. Antes, de joven, hubiera ido
caminando.
Pero, hacía muchos años que había dejado de
ser joven.
Caminó hasta la mitad de cuadra. Se paró frente
a la vidriera.
Miró las armas.
Relucientes, sobrias, equilibradas.
Entró al local. Señaló una.
Le preguntaron para que la quería.
Si tenía permiso.
EL SUICIDA
Entre un hombre viejo que cuida a un león viejo,
y un viejo león que devora a un viejo hombre,
el más compasivo es el león.
44 EL SUICIDA (G)
Diap 112
No respondió a ninguna de las preguntas.
Habría que tenido que mentir.
Y él ya no quería mentir.
Volvió a la calle. Solo era otra frustración más.
Y, siguió.
A los pocos metros se le acercó un hombre. Le
ofreció un arma. Le pareció el mismo de la
armería, pero con otra cara.
Le dijo el precio. Lo mismo cantidad que él
tenía como pensión. Sonrió con ironía.
Lo que necesitaba para sobrevivir un mes, era
igual a lo que necesitaba para un instante.
La compró.
Y volvió a su casa. Entró a su cuarto. Cerró su
puerta. Se sentó de vuelta en su cama. Un montón
de cosas que parecían suyas, pero que hacía
tiempo dejaron de serlo.
Metió la cabeza en una bolsa de tela. Las de
plástico se rompen fácil. Había leído que, al volarse
la tapa de los sesos, el cerebro ensuciaba todo.
Y él no quería molestar.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Metió el arma en su boca. La apoyó sobre el
paladar. Sintió el agrio y metálico sabor. Inclinó el
cañón hacia arriba. Era la forma más segura.
Y él no quería equivocarse.
Quería morir, acabar con esa existencia. Pero
sabía que, a veces, se podía quedar sólo herido,
aún más, baldado.
Y él no quería ser en una carga para los demás.
Apretó el gatillo.
En la cavidad de su boca resonó el seco ruido
del percutor.
Y… nada más…
La habitación se llenó con una gran carcajada.
¡Se había olvidado de cargar el arma!
Un rato después estaba en la calle.
Fue a aquella esquina. Se encontró con aquel
hombre. Le devolvió el arma.
Y el hombre le devolvió una mirada comprensiva.
El viejo ya no servía para nada…
Ni para suicida.
…oo0oo…
EL SUICIDAEL SUICIDA
DESDE BELLA VISTA
Érase un hombre que, una vez, compró
un barco.
No era enorme como un transportador.
Ni tan pequeño como un bote.
No estaba hecho de madera como un
velero.
Ni tampoco de plástico como una lancha.
No tenía muchas cabinas como un
trasatlántico.
Ni una cubierta larga como un petrolero.
Era sólo un barco… ni chico ni grande…
otro más.
Y el hombre quiso pintar el barco.
Quiso pintarlo color de mar, porque le
gustaba el mar.
Y los de los buques grandes, le dijeron
que se confundiría con el océano.
Quiso pintarlo de blanco, porque le
gustaba la espuma.
Y los de los botes pequeños, dijeron que
de lejos parecería una nube.
Quiso pintarlo de azul, porque le gustaba
el cielo.
BARCOS
DESDE BELLA VISTA
(Presentación anterior Nº 11)
45 BARCOS (G)
Cuando los barcos quedan juntos, amurados…
¿se contaran cuentos como los marineros?
Diap 113
Diap 114
DESDE BELLA VISTA
BARCOS
DESDE BELLA VISTA
BARCOS
Y los con botes y los sin botes, dijeron
que en la distancia se mezclaba con el
horizonte.
Quiso pintarlo de rojo, porque le gustaba
el fuego.
Y los de los otros barcos, dijeron que
parecería una boya en medio del mar.
Pensó pintarlo de marrón, porque le
gustaba la tierra.
Y le dijeron que, desde el agua, se
mezclaría con el paisaje de la costa.
Quiso pintarlo de negro, porque era un
color serio.
Y le dijeron, que en medio del mar,
semejaría un escollo.
Finalmente quiso pintarlo de gris,
aunque no le gustaba.
Y le dijeron, que parecería una parte del
muelle.
Entonces, el hombre, decidió dejarlo sin
pintura. Y todos dijeron…
¡Que a un barco se le debe pintar!
::::::
Diap 115
DESDE BELLA VISTA
BAECOS
DESDE BELLA VISTA
BAECOS
Todos los días, sin importar si es de
noche o de día, de tarde o de madrugada,
hay un barco que cruza la bahía.
No importa si es hacia el puerto o hacia la
petrolera, si lleva carga o vuelve de dejarla.
No importa si llueve o hay niebla, si
sopla el viento o la mar está serena, si hay
sol o luna, luz u oscuridad.
Ni si lo acompañan tres remolcadores, o
dos, o uno… y a veces ninguno.
Que sepa la ruta, que se mantenga en el
canal, que la corriente sea fuerte.
Que a veces se detenga viendo la isla, o
quede mirando la costa, o esperando el
remolcador que se quedó atrás.
No importa que ahora sea un pequeño
petrolero, viejo, mal pintado, que ni se nota
cerca de los enormes tanqueros.
No importa que hubo un tiempo en que
era considerado grande, que hubo fiesta en
su botadura.
Tiempo en que cruzaba el inmenso océano
con las cisternas vacías para llenarlas en
lujuriosas playas tropicales.
Diap 116 FININDESPERE PARA HACER CLICK
DESDE BELLA VISTA
BARCOS
DESDE BELLA VISTA
BARCOS
Tiempo que tuvo uniformados y serios
capitanes, timoneles de blanco, marineros de
azul, un puente deslumbrante.
No importa que navegó los siete mares,
conoció los cinco continentes, estuvo en
infinidad de puertos.
Que subieron a su borda prácticos de
todas las razas, de todos los colores, de
todos los idiomas.
Que sufrió el embate de los ciclones, que
sintió su cubierta barrida por las tormentas,
que chirrió del calor ecuatorial.
No importa que cruzó oscuras aguas
turbulentas, tibias riberas de transparente
mar, y hasta navegó en ríos como mar.
Son cosas del pasado.
Hoy es un barco que cruza la bahía.
Y va y vuelve por el mismo canal
Sin saber si va, sin saber si vuelve, sin
importar lo que fue.
Porque ahora solo importa…
Que pueda ir y volver… todavía.
Todos los días
…oo0oo…
Diap 117
Fue en marzo de 1938. Cerca de fin de mes.
No recuerdo que día, si antes o después de mi
cumpleaños; por tanto, yo podía tener ocho o
nueve años, o ser verano u otoño.
Lo que recuerdo es que había tocado el pito de
las cinco de la tarde del Frigorífico Switt; el cual, a
pesar de encontrarse a casi dos kilómetros de la
casa, se oía perfectamente.
Estaba yo en el fondo, solo, como de costumbre,
pensando, bajo el parral, meciéndome en la
hamaca, viendo como los gorriones comían las
migas de pan en el piso.
A través del terreno de la esquina, me llegaban
los gritos y risas de los botijas del barrio.
Eran más o menos de mi edad pero, quizás por
ellos, o por mí, no pertenecía a esa barra.
De pronto escuché el ruido de vidrios rotos,
seguido del veloz correr de decenas de zapatos
infantiles, acompañado por los furiosos rezongos
de las vecinas.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Ni me moví de la hamaca, sabía lo que habían
hecho:
Uno de ellos había dado con una piedra,
seguramente tirada con la gomera, al foco de la
esquina.
Eso significaba que esa noche ese cruce de calles
estaría en la oscuridad y los padres de los botijas
dormirían temerosos.
Ignoraban que sus hijos lo hacían a propósito.
Oí que las vecinas se reunían en la calle,
protestando.
Poco después, apareció mi madre por la puerta
de la cocina Traía en la mano el rebenque.
Un rebenque de cuero, para caballos, y yo ya lo
había sentido otras veces en mi cuerpo.
Sin decir una palabra me agarró de una oreja y
me metió dentro del baño del fondo mientras me
azotaba en las nalgas y en mis desnudas y flacas
piernas.
–Mamá… –protesté– Fueron ellos... ¿Qué culpa
tengo yo?
–Eres culpable por tenerlos como amigos. –
gritó– Siempre serás el responsable de todo… de lo
que hiciste y de lo que no hiciste, de lo que hagas
tú y de lo que hagan los demás.
PROMESA
“–Nunca me diste el gusto de verte llorar…”
(Palabras de mi madre ya anciana)
46 PROMESA (U)
Diap 118
Y, mientras mi madre reafirmaba cada frase
dándome sin piedad con el rebenque, me hice a mi
mismo la promesa de, frente a ella, no soltar ni
una lágrima ni un quejido.
Me tragaba el dolor hasta que, cansada de
pegarme, me dejaba en paz.
Recién entonces, seguro de que se había ido,
lloraba en silencio viendo hincharse los rebencazos.
No recuerdo cuantas veces me castigó, fueron
incontables.
Y un día dejó de pagarme, o yo empecé a
alejarme de ella, de la casa, del barrio, de mi niñez.
Fui al liceo, comencé a trabajar, me casé, me fui
a otras tierras.
Nunca más volví a tener marcas de rebenque en
mi piel. Pero en mi espíritu quedaron como
cicatrices imborrables lo grabado con esos golpes.
Jefe o empleado, solo o parte de un grupo,
frente a un error o algo mal hecho, yo me señalaba
como el único responsable del mismo.
Fuese hecho por mí, o no. Y así lo decía.
Tuve pocos amigos. En una sociedad donde
siempre la culpa es del otro, desagrada alguien que
se dice culpable.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Pero culpable o no, el tiempo no se detuvo.
Cierto día mi hermano me llamó.
Mi madre había muerto.
Yo estaba en otro país. Lejos.
Pero, era mi responsabilidad.
Llegué para el velatorio.
Ayudé a cerrar el féretro.Lo cargué con otros.
Lo metieron en un nicho donde ya reposaban
los restos de mi padre, muerto muchos años atrás.
Sentí húmedos los ojos al recordar el viejo.
Pusieron la tapa al nicho. Alguien dijo algo.
Después, como siempre, todos se fueron.
Al salir a la calle miré lejos.
Desde allí no se podía ver la casa de mi niñez.
Pero, en mis recuerdos la vi.
Recordé un fondo con una hamaca.
Recordé a un niño con las piernas hinchadas
por los rebencazos.
Recordé a un niño que se hizo a si mismo una
promesa.
Y dejando a mi madre muerta en el cementerio.
Me fui …
Sin soltar ni una lágrima ni un quejido.
…oo0oo…
PROMESAPROMESA
Diap 119
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
–Barlovento... Higuerote... Carenero...
Y murió.
Fueron las últimas palabras del viejo.
Las había dicho con un tono indefinible.
Tal vez de final, tal vez de añoranzas, o quizás
de despedida.
Quedó en silencio, sintiendo.
El viejo aún lo miraba con los ojos fijos.
Quiso cerrárselos. No pudo.
Por más que le bajase los párpados, volvían a
abrirse… mirándole.
Lo dejó así. Fue a buscar un enfermero.
Le ayudó a pasar el viejo a la camilla.
El enfermero le tapó la cara al anciano con la
sábana y se lo llevó para la morgue.
Quedó en el corredor viendo como se lo llevaban.
Y sintió que, debajo de la sábana, los ojos del
viejo seguían mirándole.
Se marchó. Tenía que hacer otras cosas.
::::::
“Barlovento, Barlovento,
tierra ardiente como el sol…”
47 CARENERO (V) Llegó a la terminal de autobuses. Llevaba como
único equipaje una bolsa.
Buscó el andén de las camionetas para Oriente.
Fue fácil. Era el de la gente más charlatana.
Ya allí, buscó los coches para Higuerote.
También le fue fácil. Eran las busetas más
coloridas, más destartaladas… con más gente y
más alegre.
Y se subió en una, cuidando la bolsa.
Al poco rato dejaban la gran ciudad y, tomando
una ancha autopista, se dirigieron hacia Barlovento.
Vía los escarpados cerros, pero sintió que era
otro el que miraba.
Uno que miraba en el ayer a una serpenteante y
estrecha carretera que subía y bajaba esas verdes
laderas entre curvas, barrancos, derrumbes y
crucecitas de muertos.
Luego vino la tierra plana, la de exuberante
vegetación, de exuberantes colores, de exuberantes
mujeres morenas, la tierra barloventeña…
tierra ardiente como el sol.
Y de pronto apareció Higuerote.
Desde lejos los recibió con el amplio abrazo de
un horizonte de verdes palmeras, de mansas
playas, de un mar tropical.
CARENERO
Diap 120
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Se dirigió enseguida a Carenero. Lo hizo en una
aun más pintarrajeada buseta, y entre gente aún
más alegre y de todos los colores de piel.
Llegó. Sólo quedaban los oxidados restos del
alto galpón.
Pero, sintió que alguien dentro suyo estaba
mirando cuando allí, en años idos, grandes barcas
eran carenadas.
Caminando, fue hasta el remanso detrás del
varadero. En esa baja y pequeña bahía, las barcas
destrozadas escoraban para siempre sus ansias de
volver al mar.
Cerca del muelle vio un tupido manglar y entre
sus raíces unas carcomidas tablas.
Y otra vez sintió que era alguien que miraba
algo del ayer.
Miraba un peñero que una tarde clavó la quilla
en el fondo lodoso. Su casco estaba roto. Su proa
gastada de tanto cortar olas. Sus cuadernas flojas.
Ya no se le podía más calafatear.
Y allí quedó, siendo parte del mar, dejando que
la marea subiera y bajara dentro de él, que los
peces nadaran en él, que un mangle creciera en él,
y después otro, y otro, y otro.
CARENERO
Sacó de la bolsa un recipiente.
Le quitó la tapa.
Echó su contenido al agua.
La tibia brisa se llevaba el polvo mientras las
cenizas se hundían mezclándose con el barro.
Después lanzó lejos la vacía urna.
Por unos momentos ésta flotó sobre la mansa
superficie; luego, inclinando su cuello, con unos
borbotones, también se hundió.
En el horizonte sobre el azul mar los pelícanos
pescaban mientras las fragatas, en armonioso vuelo,
esperaban en lo alto para quitarles su alimento.
Un velero cruzaba serenamente el mar, una
lancha abría las olas dejando una estela de espuma,
un peñero volvía con la carga de su pesca.
Sonrió.
Levantó la vista.
El brillo del sol le hizo entornar los ojos.
Y sintió que aquellos ojos que no había podido
cerrar, finalmente, en paz, se cerraban.
Y murmuró:
–Barlovento... Higuerote... Carenero...
…oo0oo…
23-04-2012
CARENERO
Diap 121
Barlovento, barlovento,
Tierra ardiente y del tambor,
Tierra de las fulías y negras finas,
Que llevan de fiesta
Su cintura prieta
Y al son de la curbeta
Y el taki-taki de la mina.
Y al son de la curbeta
Y el taki-taki de la mina.
Sabroso que mueve el cuerpo
La barloventeña cuando camina,
Qué bueno que suena el takiti-taki-taki
Sobre la mina.
Que vengan los conunqueros
Para el baile de san juan,
Que la mina está templada para sonar
El tikita-tikitá, tikita-kita-tikitá.
Que vengan los conunqueros
Para el baile de san juan,
Que la mina está templada pa’ terminar
El tikita-tikitá, tikita-kita-tikitá.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Autor Música y letra: Eduardo Serrano
(Caracas, 14-feb-1911 – 13-oct-2008)
Orquesta sinfónica de Londres
Director Aldemaro Romero
BARLOVENTO
CARENERO
RESTOS DE LA ANTIGUA ESTACIÓN DE CARENERO - 2012.
CARENERO - AÑO 2012 . ATARDECER
CARENERO
Diap 122
DESDE BELLA VISTA
JUEGOS
DESDE BELLA VISTA
(Presentación anterior Nº 15)
Todos somos polvo de estrellas,
en medio de la inmensidad...
48 JUEGOS (VECINOS) (U)
Diez de la mañana. Invierno.
Seis grados de temperatura.
Cien por ciento de humedad.
La mortecina luz del sol se cuela a través
de la niebla que cubre el barrio.
Un hombre va cruzando el parque
infantil. Los árboles y las cosas tienen un
halo fantasmagórico. Cerca, sentado en un
banco, vislumbra a un viejo.
Lo reconoce y le saluda:
–Hola, vecino. ¿En medio de los juegos
de los niños?
–No, vecino… Al final de los juegos de la
vida.
El hombre calla.
Sabe que el anciano quiere hablar.
Diap 123
DESDE BELLA VISTA
–No hemos aprendido aun a caminar y
ya nos gustan las hamacas. Somos felices
sintiendo que vamos hacia arriba. Creemos
volar muy alto, al cielo, olvidando que
alguien nos empuja, que estamos colgados
de varias cadenas, sentados firmemente y
con un travesaño adelante que evita que
nos caigamos al suelo. No nos importa
quien hace fuerza, ni que eso sea solo un
vaivén. Pero, cada tanto, vemos de reojo
para atrás buscando la seguridad de que,
cuando retrocedemos, haya siempre una
mano que nos ayude a volver a subir.
–O, al final, a bajar de la hamaca… –
agregó el hombre.
– Así es, vecino, así es... –asiente el viejo,
y continúa:
JUEGOS
DESDE BELLA VISTA
JUEGOS
Diap 124
DESDE BELLA VISTA
JUEGOS
DESDE BELLA VISTA
–Luego, al crecer más, nos gustan los
toboganes. Subir a lo alto y lanzarse por la
rampa. Corremos para ser el primero en
trepar a la escalera. Nos empujamos
criticando a los que están un escalón más
arriba. Gritamos molestos a los que se
encuentran ya en la cima y tardan en
dejarla libre. Pero, al llegar cada uno ahí, se
explaya con lo que domina, sabe que los
que están debajo no podrán usar el tobogán
hasta que él se largue, las protestas y gritos
los oye amortiguados por la altura donde él
llegó. Al final, acepta que debe ceder el
lugar y, triunfante, se desliza suavemente
en la bajada.
–O, alguien lo empuja y baja de golpe. –
agregó el hombre.
–Así es, vecino, así es. –asiente el viejo, y
sigue:
Diap 125
DESDE BELLA VISTA
JUEGOS
DESDE BELLA VISTA
–Después, más crecidos, habiendo
encontrado algunos que piensen igual y
tengan los mismos gustos, nos dedicamos a
los subibajas. Al principio respetamos el
juego en un subir y bajar igualitario. Uno
tiene que hacer fuerza para subirse a si
mismo, pero baja de inmediato si el que
sube es el otro. Eso aburre. Pronto se
aprende a ponerse uno a una distancia más
grande del otro para dejar a éste
suspendido y molesto en el aire y que
reclame el retorno a la igualdad. Y uno lo
hace despacio, entre risas, para que el otro
no se enoje.
–O lo suelta rápido para que, al bajar, el
otro pegue en el suelo. –agregó el hombre.
–Así es, vecino, así es. –asiente el viejo, y
prosigue:
Diap 126
DESDE BELLA VISTA
JUEGOS
DESDE BELLA VISTA
–Muchos juegos vamos encontrando al
seguir creciendo. Y los vamos jugando y
dejando. Pero hay uno que siempre está
ahí, teniendo bajo él la huella de los pies al
arrastrarlos contra la tierra. La calesita. Es
esa simple rueda horizontal que gira sin
importar si es en un sentido o en el otro.
Que lleva a todos en el mismo plano y hace
ver las mismas cosas una y otra vez. Que da
igual que estemos viendo para afuera o
para dentro. Que todos juntos deben
empujarla para que de vueltas… y, cada
tanto, frenarla, para que alguno la deje.
–O no se frena, y el que baja, cae. Y la
rueda sigue rodando, rodando, con los que
están arriba. –agregó el hombre.
–Así es, vecino, así es. –asiente el viejo,
concluyendo.
Diap 127 ESPERE PARA HACER CLICK
DESDE BELLA VISTA
JUEGOS
DESDE BELLA VISTA
El hombre se va. Y le saluda:
–Chao, vecino. Lo dejo en medio de los
juegos.
–No, vecino… Al final.
El viejo queda solo en la plaza, solo en la
niebla.
El hombre deja el parque, deja a un
anciano.
Se han despedido como vecinos. No
importa que vivan en diferentes calles,
edificios, apartamentos, casas.
No importa que sean de distinta edad,
color, país.
Porque en el universo somos todos
vecinos.
Como lo son la Vía Láctea, y la nebulosa
de Orión.
…oo0oo…
Diap 128
El hombre estaba sentado en el parquecito, ése
que nadie sabía si era público o no, puesto que lo
cuidaban por igual el municipio como los
propietarios del edificio.
No tenía rejas alrededor y lo cruzaban todas las
personas, por tanto, debía ser público como la
plaza de enfrente. Pero, en sus cuatro bancos sólo
se sentaban los del edificio.
El hombre vivía en el piso seis, encima del
cinco, ya que el inmueble tenía diez.
Los que habitaban en los de más abajo lo hacían
por estar más cerca de la salida.
Los de los pisos más arriba por tener mejor
vista, los del último piso para darse más postín, y
los de piso seis… por que vivían allí, un poco más
arriba de la mitad.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
El hombre estaba en un banco de los que
quedaban frente al edifico.
No había forma de cruzar sin saludarlo.
–Hola, don… ¿Cómo anda?... ¡Bien!...
El vecino le había dado el rutinario saludo, el
cual implica la respuesta a dar, el que evita un
intercambio de ideas y la aún más molesta diferencia
de pareceres.
–No ando… –respondió el hombre– estoy sentado.
El otro sonrió forzoso y, por cortesía, agregó:
–Claro… pero… ¡siempre bien!
–Ni bien ni mal… Agonizando.
–Por favor, don… –rogó el vecino, arrepentido
de haber pasado por allí– Si a usted se le ve entero.
–Apariencia, solo una más en esta sociedad de
apariencias –dijo el hombre– Y uno más de los
que viven agonizando.
El vecino calló, era mejor no comentar nada.
El hombre notó el silencio. Comprendió que el otro
había tomado la posición menos comprometedora:
Lo ignoraba.
El hombre ya no le daba importancia a eso, y
completó:
AGONIZANDO
Tú estás bien, yo estoy bien.
¡Todos estamos bien!...
¡Qué bien, qué bien!
¡Todos estamos igual!...
¡Qué mal, qué mal!
(Poemas Grises)
49 AGONIZANDO (U)
Diap 129
–Ya va para cinco años que estoy agonizando.
Lo recuerdo exacto:
Fue el 17 de junio del 2007 a las 8 de la noche.
El otro, bien educado, lo seguía viendo con cara
de fingida atención y moviendo la cabeza acorde, a
pesar que, callado, buscaba una excusa para irse.
–¿Sabe vecino?... –y seguro de no tener respuesta,
siguió el hombre– Ese día y a esa hora, debí decir
que no, y dije sí… tomar mi resolución, y tomé la
que querían los demás.
Otra vez el único comentario fue un gesto
incomprensible.
–Por primera vez no quise discutir con ellos,
aunque estaba en desacuerdo con lo que creían.
Preferí ni siquiera exponer mis objeciones, así me
evitaba esa molestia.
El vecino hizo un imperceptible levantamiento
de cejas.
–Por primera vez… –aquel don continuaba
monologando– pero la integridad de un hombre es
como la virginidad de una mujer, cuando se pierde
es para siempre.
Ni la analogía quitó al otro de su sociable
inmutabilidad.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
–Hasta ese momento mi vida había sido un reto
frente a las personas y a las cosas, donde cada
problema me hacía sentir un ser útil. Desde ese
momento dejé de tener problemas, ni con las
personas ni con las cosas. Y, de a poco, me fui
dando cuenta que no estaba vivo ni muerto…
estaba agonizando.
El vecino se movió con alivio al ver que se
acercaba una copropietaria, a la cual saludó con la
consabida frase:
–Hola, señora… ¿Cómo anda?... ¡Bien!...
–Hola, acá andamos –respondió ella– ¿Y usted?...
¡Bien!...
De inmediato se entabló la pueril charla sobre el
tiempo y la humedad. Charla tan insulsa como
llena de simpatía. La mujer se despidió.
Y el vecino aprovechó el poder irse.
–Chao, don… –dijo con tonta sonrisa– ¡cuídese!...
El hombre quedó solo, en ese banco.
Quedó reflexionando que, de pronto, por el
tiempo y la humedad, dejaba de ser ignorado,
volvía ser uno más de esa sociedad humana.
Miró a lo lejos, y siguió…
Agonizando.
…oo0oo…
04-05-2012
AGONIZANDOAGONIZANDO
Diap 130
DESDE BELLA VISTA
SONRISA
DESDE BELLA VISTA
(Presentación anterior Nº 8)
50 SONRISA (G)
No… ¡No estaba allí!...
Pasé mi mano con suavidad sobre las aún
tibias telas con el deseo de sentir en algún lado
su forma, esa conocida y curva forma que la
distinguía.
Y… ¡No encontré nada!...
Me senté en el borde de la cama.
Comencé a pensar en lo que había hecho
antes de acostarme.
Estaba seguro que ella siempre estuvo
conmigo, que nunca nos separamos.
Con los años, la gente,
duerme separada…
de sus dientes.
Desperté tarde.
La noche anterior me había divertido.
Tal vez, demasiado.
Aunque, sinceramente hablando…
¿Existen límites para cuando uno la pasa
bien?
No había abierto del todo los ojos cuando
me di cuenta.
La terrible sensación de que ella me faltaba,
me angustió.
Traté de calmarme. Pero…
¡No la tenía conmigo!...
Me moví despacio en la cama, por si acaso
estuviera entre las sábanas, envuelta en el
edredón,y la fuesea dañarcon mi brusquedad.
Diap 131
DESDE BELLA VISTA
Sonreí ante mi estupidez. No se me había
ocurrido. Seguro que ahora se hallaría en el
cuarto de baño. Ahí estaría ella, frente al
espejo, completamente limpia, mojada.
Fui presuroso. Abrí la puerta del baño
sin ocultar mi ansia. Sentí un nudo en el
estómago. Hasta la busqué en la bañera.
Me costó aceptarlo. Porque…
¡No estaba tampoco!...
Ya era de día, pero dejé la luz encendida.
Y encendía todas las lámparas por donde
pasaba, en la ilusión de poderla ver más si
estuviese caída y oculta tras algún mueble.
Otra vez me volvió la esperanza al
acercarme a la cocina; quizás se encontrase
allí, con las cosas que la noche anterior
quedaron para fregar.
¡Y solo tuve otra desilusión!
Apreté mis mandíbulas y fruncí los labios.
La extrañaba cada vez más. Eran muchos
años viviendo con ella. Tantos que me
parecía que siempre la hubiese tenido.
SONRISA
DESDE BELLA VISTA
SONRISA
Diap 132
DESDE BELLA VISTA
Pensé llamar a mis amigos y preguntar si
ella estaba en la casa de alguno.
Luego reflexioné que eso era algo personal…
y tuve temor de pasar vergüenza.
Si la había perdido, pues… tendría que
vivir sin ella.
Más adelante buscaría otra. No sería
igual, pero serviría para lo mismo.
Y tener una se había vuelto una necesidad.
Recordé los primeros tiempos con ella.
No era linda ni fea. Y no fue fácil amoldarnos.
Hubo gustos y hubo asperezas, momentos
de satisfacción y momentos de molestia.
Pero, al final, no podía estar sin ella. Día
y noche, juntos. Y si alguna vez la separaba
de mí, era para cuidarla y hacerle todo lo
que le fuera necesario.
Ella se había vuelto parte de mi forma de
ser. Tanto, que cuando no la tenía conmigo,
yo cambiaba mi expresión, era distinta mi
manera de hablar… no era el mismo.
SONRISA
DESDE BELLA VISTA
SONRISA
Y, como siempre, solo se valora algo
cuando se pierde.
Recorrí de vuelta todas las habitaciones,
buscaba en cada rincón, detrás de cada
cortina, dentrode cada mueble.
En los lugares más ilógicos; pero, la
angustia no deja razonar.
Diap 133
DESDE BELLA VISTA
Y… ¡ahora no estaba conmigo!...
¡la había perdido!
Era triste, lamentable.
Pero… debía aceptar la realidad.
Fui al dormitorio para terminar de
vestirme. En mi interior guardaba la tonta
esperanza de encontrarla en la calle.
No me importaba en que estado, solo me
importaba encontrarla.
Me senté en la cama. Me agaché para
ponerme los zapatos. Se me iluminó la
mente. ¡Quedaba un lugar para ver!
Era imposible que hubiese ido hasta ahí.
Solo que yo, en forma inconciente, la
hubiese tirado haciéndole rodar por el piso.
Miré debajo la cama.
Y en el medio, en la penumbra…
¡Allí estaba ella!...
Con el brillo de sus blancos dientes, con
su rosada encía, con una mueca irónica,
burlándose de mi preocupación.
SONRISA
DESDE BELLA VISTA
SONRISA
…oo0oo…
¡No la había perdido!
Allí estaba…
Sonriendo.
Mi dentadura postiza,
Diap 134
Fue por aquellos años en que los tranvías
circulaban en esa ciudad, que ésta no llegaba al
millón de habitantes y que los barrios estaban
separados por desoladas cuadras.
Sólo el tranvía era el nexo de unión entre ellos
llevando sus pobladores a los lugares de trabajo, o
al centro comercial, cruzando las adoquinadas calles
con sus rieles brillantes.
Fue en invierno, comenzando la noche, al final
de un día de esos que el tiempo tiene reminiscencia
de la época estival y regala una tibia brisa.
Hora de la salida de oficinas y comercios.
El tranvía repleto de gente apretujada, deseando
volver a sus casas. Pero, aún queriendo disfrutar
de ese agradable atardecer.
El joven estaba agarrado del pasamano de
pulido bronce del asiento frente a él.
Los pasajeros avanzaron. El pubis de la muchacha
a su lado quedó sobre el dorso de su mano.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Él debería quitar la mano, ella quitar su vientre.
Pero, no lo hicieron.
Quedaron sin verse a la cara, sintiendo recorrer
por sus cuerpos un callado gozo.
Luego de un rato la miró. Y comprendió que ella
ansiaba lo mismo que él.
Le indicó con una seña para bajar juntos.
Y ella hizo un gesto que podía ser un… sí…
quizás.
Bajaron. Doblaron en la esquina.
En la primer entrada oscura, ella se colgó del
cuello de él y se abrió receptora. Él se introdujo y
comenzó el instintivo ritmo ancestral.
Sin suspiros, sin quejidos, sin palabras.
Ella sintió que él eyaculaba. Él sintió la presión
del orgasmo. Y así, callados, estuvieron unidos un
rato más.
Ella se separó, acomodando su ropa. Él aún no
se reponía. Ella ya se marchaba para la esquina.
De pronto se detuvo. Volvió para atrás, le dio un
beso en la mejilla... Y se fue.
Cuando él llegó a la esquina, un tranvía se
alejaba.
QUIZÁS
Una mujer puede asegurar que
su hija y su nieta, de ella son;
un hombre, que su hijo y su nieto
son suyos, no lo puede afirmar.
51 QUIZÁS (U)
Diap 135
Pasaron cinco años.
Los autobuses colectivos ya recorren la ciudad
mientras los tranvías resuenan en los gastados
rieles. Cada vez hay más calles asfaltadas.
La ciudad supera el millón de personas.
El hombre sube al tranvía. Se sienta en uno de
los asientos transversales. Mira a la mujer que está
sentada enfrente. La reconoce, y ella a él.
Ella tiene en su falda una niña de cuatro años.
El hombre ve, o cree ver, rasgos de él en la criatura.
Y, en silencio, con sus ojos, le pregunta a la mujer
si es hija de él.
Y ella hace un gesto que puede ser un… no sé…
quizás.
Ambos sonríen lánguidamente.
La mujer y la niña bajan, no importa donde. El
hombre debe seguir en el transporte.
Han pasado veinte años.
Los tranvías se volvieron fierros viejos, recuerdos
del pasado. Y, en alguna calle suburbana puede aún
encontrarse tramos con adoquines.
El hombre sube al autobús colectivo.
Se sienta en el asiento transversal. Enfrente
tiene a aquella mujer. Son muchos años sin verla.
Pero la reconoce otra vez, y ella a él.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Ya es una abuela. Lleva sentado un niño en sus
rodillas.
Y el hombre lo mira buscándole algún parecido
con él. Y, ya manso, callado, le inquiere a ella con
la mirada si es el nieto de él.
Y ella repite un gesto que puede ser un… no sé…
quizás.
Y otro par de sonrisas tristes. Otro bajar de una
mujer y una criatura. Otro seguir de un hombre en
el vehículo.
Luego el paso de los años sin tiempo hacia la
vejez.
Un anciano sube el ómnibus apoyándose en su
bastón. Al entrar, le ceden un puesto en el asiento
transversal. Mira a su izquierda.
Y en el primer asiento en ángulo está ella.
Se reconocen. Solo son un par de viejos solos.
Y todo viaje tiene un final. Ella se levanta yendo
a la puerta del coche.
Pero, de pronto, se da vuelta y le da un beso en
la mejilla. Y se va.
Él la mira a través de la ventanilla. En silencio,
ambos se preguntan si se volverán a ver.
Y en silencio, ambos se responden… No sé…
Quizás.
…oo0oo…
QUIZÁSQUIZÁS
Diap 136
DESDE BELLA VISTA
La madre y su hijo habían tenido una
linda conversación.
Una de esas que recorren el pasado con
recuerdos de la familia, de los hechos y
sucesos que van formando la personalidad
de cada individuo.
El qué somos es determinado por la
herencia genética de los cromosomas que
nos brindaron nuestros progenitores, el
cómo somos es modificado día a día por
nuestra propia vida.
Muchos pueden estar formados en el
mismo ambiente, hablar el mismo idioma,
creer en las mismas ideas, pensar lo mismo,
estar rodeados de las mismas personas.
Pero, cada uno es diferente a todos los
demás. Es único.
Porque cada uno tiene solo una madre.
Y esa madre fue la que lo concibió. Y en
su vientre lo formó y desarrolló hasta que,
de aquel pequeño embrión, un día surgió
una criatura.
SONRISA
DESDE BELLA VISTA
Vivimos porque un óvulo y un espermatozoide se unieron.
Y un hombre y una mujer…lo quisieron.
(Presentación anterior Nº 33)
52 LOS HIJOS CALLADOS (G)
Diap 137
DESDE BELLA VISTA
El hijo se dirigió a la puerta. Y, con ojos
húmedos y con voz emocionada, le dijo:
–Gracias, mamá… por haberme dado la
vida.
El hijo cerró la puerta tras él y se marchó.
La madre sonrió halagada y complacida.
Miró hacia la ventana.
Desde su marco quizás se podría ver un
horizonte de agua y cielo, o uno de elevadas
montañas, o tal vez una plaza, o tan solo una
calle, o simplemente la pared de enfrente.
Daba lo mismo a su edad. Solo era una
ventana más. Una ventana tras la cual vivía
una anciana más.
Una anciana sola, que ya había vivido.
Y desde el sillón donde estaba sentada
comenzó a recordar.
Y los recuerdos se proyectaron en el
cuadro de la ventana como imágenes
surgidas del pasado.
Recordó su infancia, su niñez, su juventud.
Su vida. Y, también, aquellos recuerdos.
SONRISA
DESDE BELLA VISTA
SONRISA
Recuerdos que siempre había echado al
olvido. Pero, ahora resurgían en ese marco.
La primera vez… era tan joven… y tan
apasionada… y soltera… y había quedado
embarazada… y abortó.
Luego, ya de novia, con su prometido…
otra vez… y pensaron que era muy pronto
para casarse… y abortó.
Después, los sabores y sinsabores del
matrimonio. Los momentos difíciles y los
apasionados… y los otros abortos.
Cuando con su marido lo creyeron
conveniente, tuvieron un hijo.
Fue una época de felicidad.
Pero, la vida volvió a su rutina. Por distintas
razones no hubo más criaturas. Siempre
había un motivo para no tener otro hijo.
Y siempre había uno para… abortar.
¿Cuántos se hizo?
La cuenta se ocultó en el ayer.
Junto a aquellos pequeños cuerpos quitados
de su vientre, como cosas molestas.
Diap 138
DESDE BELLA VISTA
SONRISA
DESDE BELLA VISTA
SONRISA
Un aire frío entró por la ventana.
La vieja mujer miró de nuevo hacia la
puerta.
Le pareció de nuevo ver parado ahí a su
hijo.
Y que él le decía esta vez:
–Gracias, mamá... por haberme dejado
vivir.
Giró la vista para la ventana.
Enelmarcosereprodujeronlasimágenes.
Las imágenes de ellos.
Imágenessanguinolentasdepequeñosseres.
De deformes seres muertos sin nacer.
Todos la miraban con ojos de ternura.
Con entreabiertos ojos inocentes.
Y ninguno decía nada.
Comonodijeronnadacuandolosmataron.
Eran los hijos que había abortado.
Los hijos callados.
…oo0oo…
23 de Noviembre de 2014
Diap 139
Lo encontré en un banco de la plaza.
Debía haber muchos con él y como él.
La plaza estaba llena de niños jugando.
Por tanto, estaría llena de ellos.
Pero yo lo vi solo a él. Era el mío. Y lo supe de
inmediato.
Aunque nunca la había visto antes, enseguida
sentí que era el que me había acompañado toda mi
larga vida.
Estaba alicaído, literalmente alicaído, con las
alas bajas, el plumaje mustio, su cuerpo gacho y
con una expresión en el rostro de viejo cansancio
acumulado.
–Eres mi ángel de la guarda. –le dije con cariño.
–Ya era hora que te dieras cuenta de mí. –
respondió.
–¿Te di mucho trabajo? –pregunté, pensando mi
pasado.
–¿Mucho?... –rio– A veces creí perder todas mis
plumas.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
–Sí, –medité– en mi infancia era muy arriesgado.
–¿En tu infancia solamente?... –se burló– Y en
tu juventud, y ya mayor, y aún en tu vejez. Toda tu
vida te gustó caminar cerca del borde del precipicio.
¿Recuerdas lo del andador?
–No. Pero contaba mi madre que teniendo yo
pocos meses rodé por una escalera desde el tercer
piso hasta la planta baja, que nunca supieron
cómo se abrió la portezuela y que me salvé porque
mi cabeza se metió dentro el andador.
–Fuiste tú que sacaste el pasador, tú el que
abriste la puerta y te lanzaste escalera abajo… y yo
te salvé hundiéndote en el asiento. –y el ángel
continuó– ¿Te acuerdas del tranvía?
–De eso, sí. Había ido a comprar bizcochos.
Estaba un tranvía en la parada, sin motorman. Y
con otro botija nos metimos debajo para ver como
era. Volvió el conductor y puso el coche en
marcha. Pero ahí no me salvaste tú, sino un
borrachito que le gritó al motorman. Y eso no lo
supo nadie.
–¿Y quién crees que hizo ver al borrachito para
abajo? –inquirió él– Yo. La prueba es que lo sé.
MI ÁNGEL
El ángel de la guarda de Rosalino
trabaja tiempo extra.
Pablo Salas Perdomo.
53 MI ÁNGEL (G)
Diap 140
–Y seguro que fuiste tú –evoqué– el que desvió
la patas de los caballos de aquel carro cuando,
corriendo con la chata, crucé entre ellas y vi sus
herraduras cerca de mi cabeza.
–Así es. –me confirmó– Y el que hizo mover el
volante al chofer del ómnibus que te iba a pasar
encima cuando caíste del que venía delante. Son
innumerables las veces que evité que cayeras o, si
caías, que te mataras al hacerlo.
–Me imagino –dije irónico– que estabas junto a
mí cuando arreglaba las lámparas de la iglesia a
doce metros de altura, colgando de un débil tabla y
una vieja cuerda.
–¿Junto a ti?... Estaba sosteniéndote encima.
Creí que se me iban a romper las alas de tanto batirlas.
Y siempre te guiaba mientras caminabas sobre las
estructuras en el aire.
–¿Como cuando se incendió el tanque de gasoil?
–Sí, cuando agarraste la manguera de incendio,
enfriaste las vigas de la tapa, subiste sobre ellas y
apagaste el fuego.
–¿Y tú que hacías? –inquirí,segurode la respuesta.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
–No dejé que te tocara ni una llama. Pero, muchas
plumas que se me quemaron no volvieron a crecer.
–¿Cuál fue la vez que te causé más problema?
–Fueron tantas. Tantas en que recibí la
descarga porque manipulabas los cables sin cortar
la electricidad. Tantas que te saqué volando
mientras caía lo que estabas haciendo.
–Cosas del trabajo. –justifiqué– ¿Y en lo
personal?
–No sé... Quizás cuando miraste al tigre cara a
cara. Tal vez cuando te pusieron un revólver en la
sien y no te inmutaste. O, ahora de viejo, el tener
que aceptar la vejez.
–Creo que la última debe ser la más difícil. –dije
pensativo– Me has cuidado demasiado. Te lo
agradezco mucho. Es hora que dejes de hacerlo. Tú
también mereces descansar.
–Debo acompañarte hasta el final. Pero, una
cosa te puedo asegurar, ser tu ángel de la guarda…
no fue nada aburrido.
Y, moviendo lentamente sus cansadas alas, se
desvaneció.
Y yo sentí que no había vivido solo.
…oo0oo…
MI ÁNGELMI ÁNGEL
Diap 141
DESDE BELLA VISTA
EL ROLLO
DESDE BELLA VISTA
(Presentación anterior Nº 18)
54 EL ROLLO (EL PAPEL) (G)
Los hombres se paraban al verla pasar,
dándose vuelta para mirarla.
Pero, el tiempo no se detiene. Y quizás
fuese hijo, o nieto, de uno de esos hombres,
el gerontólogo que hoy la atendía.
Desde temprano empezaron las llamadas
por teléfono al ancianato para saludarla.
Es más fácil llamar a alguien que ir a
verlo, y más si ese alguien es viejo.
La vida es un teatro,
y cada uno tiene su papel…
Papel higiénico, papel tualé;
pero no dicen para que es.
Anabel cumplía ochenta y tres años.
Y ahí estaba, vestida con una blanca y sedosa
blusa, finos pantalones negros, zapatos de
tacón, peinada de peluquería, de rubio
artificial, maquillada con formalidad.
No importaba que ahora su cuerpo
estuviese torcido por la escoliosis y los
dedos curvados por la artritis. Aún quedaba
en ella algo de la época de su juventud.
Años donde fue alta, elegante, de blonda
cabellera suelta, ojos azules, voluptuosas
curvas, andar sensual.
Diap 142
DESDE BELLA VISTA
EL ROLLO
DESDE BELLA VISTA
EL ROLLO
Es que las cosas tienen el valor que les
damos.
En ese piso alto de esa ala de esa
residencial había quince cuartos.
Y en cada cuarto había dos ancianas
residentes y un baño.
Todos menos uno, el que estaba junto a
la escalera, cerca del ascensor.
Ese, por sus medidas, solo podía ser para
una persona. Pero era cómodo, y tenía su
baño; y éste, grande.
Y, por privilegio o casualidad, era el
cuarto de Anabel.
A cada cuarto le correspondía un rollo de
papel por día, lo cual era motivo de roces y
reclamos entre las dos ancianas que lo
debían compartir.
Todas menos una. Anabel tenía todo un
rollo completo para ella.
Era por el cuarto.
Pero, los humanos personalizamos las
diferencias, seamos razonables o seniles.
Claro, con los eufemismos de la clase media,
ella no era una anciana, menos una vieja, sino
una señora; y no estaba en un geriátrico,
menos un asilo, sino en un residencial.
Una enorme casona rodeada de hermosos
jardines donada en el siglo pasado por unas
viejas ricachonas, y solteronas, a las piadosas,
y finas, monjas de una exclusiva congregación.
La mensualidad para estar en esa
residencial era alta, pero no tanto para ella;
tenía las jubilaciones de ser viuda dos veces
y, además, su propia pensión.
Como no era domingo, fue rutina diaria
en la residencial. Levantar a los residentes.
Bañarlos. Darles el desayuno. En su cuarto
a los especiales. En las salas a los comunes.
Revisar las camas. Sacar los colchones
orinados. Lavarlos. Poner otros en las camas.
Cambiar las sábanas. Traer los residentes
de vuelta a su cuarto. Darleslos medicamentos.
Y… lo más importante:
¡Repartir los rollos de papel!.
Diap 143
DESDE BELLA VISTA
EL ROLLO
DESDE BELLA VISTA
EL ROLLO
Fuese por las emociones de ese día, o
simplemente por la edad, Anabel murió esa
noche.
En la mañana ya no estaba el cadáver.
No conviene que los muertos vean a los
muertos.
Le dieron a la soprano el cuarto junto al
ascensor.
Y se sintió la diva de la residencial.
Ya no le tenía envidia a Anabel.
Le daban un papel solo para ella.
Su propio rollo.
…oo0oo…
.
En la habitación siguiente había dos
ancianas muy cultas.
Una había sido soprano de cierto renombre.
La otra, una vieja cuyos hijos podían
pagar el tenerla internada allí.
Anabel presentaba a cada uno que la
venía a saludar, a su amiga, la soprano.
Y todos debían escuchar la historia de
ese pasado de éxitos en el escenario.
La artista terminaba diciendo que fueron
papeles del ayer, que ahora la importante
era Anabel, quien tenía uno solo para ella.
Y todos sonreían condescendientes.
Luego, despidiéndose de su actual público,
se retiraba a la sala donde la esperaba su
compañera de cuarto.
Allí, viendo el rollo de las dos, discutían
sobre el mismo.
Pero, cada tanto, miraba con celos el
cuarto de su amiga.
Diap 144
El otro día…
¡Otra vez con eso de “el otro día”!…
Con la trillada y repetida frase de inicio de “el
otro día”…
Es tan usada que, en esta época, donde hay días
para todo, debería haber un día para “el otro día”.
¿Y cuál sería ese día”?...
Pues, lógicamente:… ¡El otro día!...
Bueno, dejemos estos circunloquios dignos de
mi amigo Juan, el loco de la esquina. El hoy
encerrado por la gente y la vejez, en el manicomio.
Pero, del que, a veces, se escapa.
Entonces, retornando al inicio.
El otro día iba yo cruzando la plaza hablando
con Titi, mi otro yo, cosa que ahora sucede a
menudo; cuando encontré bajo el farol de la
esquina a Juan y éste se unió en la charla.
Seguimos caminando juntos.
Y a mitad de la plaza, sentada en uno de los
escalones del monumento, vimos a la muerte,
nuestra común amiga.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
No nos extrañó verla desarropada, pero si que
estuviese descansando; ya que con el frío reinante
debía ser mayor la carga de fallecidos a llevar.
Pero, ahí estaba.
Y, apenas nos vio, se levantó yendo hacia nuestro
encuentro.
Mi otro yo y yo nos detuvimos a esperarla con
una sonrisa. Ambos le teníamos un afecto que
aumentaba con los años; tanto, que muchas veces
deseábamos su llegada final.
Sin embargo, Juan no pudo evitar un gesto de
temor al tenerla cerca.
La locura de vivir es la locura más grande.
Y Juan es un loco.
Pero, un loco educado, y también la saludó.
Y así reunidos, los cuatro nos dirigimos a tomar
algo.
Ya no estaba más el boliche de la esquina, como
hubo uno en cada esquina de lejanos tiempos.
En su lugar había un:
BAR – PIZZERÍA – ROSTICERÍA– RESTORÁN.
Así decía el letrero, y además que su nombre era
el de un santo que no fue santo sino un militar.
Y entramos al bar.
EL OTRO DÍA
Frases que dicen todo,
y no dicen nada.
55 EL OTRO DÍA (G)
Diap 145
Cruzamos en hilera frente a una vitrina que
mostraba las comidas frías, luego seguimos a lo
largo del horno de pizza y fainá, y adelante el
mostrador con la caja registradora.
Y, después, lo más importante: ¡La parrilla!
Allí, asándose sobre la brasas, se exponía el
multicolor y tentador cuadro de distintos cortes de
carnes y embutidos.
Nos detuvimos un instante. El aroma, el color…
y el calor, invitaba a quedarse. Pero, seguimos.
Los viejos parados en el remedo de mostrador
de boliche nos dieron paso.
Fuimos a sentarnos a esa apartada mesa que
está al fondo del local, junto a la escalera que baja
al sótano y a la otra que sube al entrepiso, ambas
pasando por agujeros misteriosos.
Fue una charla amena. Cada uno habló de lo
suyo.
¿De que podía hablar Juan, el loco de la esquina?
De locuras…
¿De que podía hablar Titi, mi otro yo?
Naturalmente… de mí.
¿Dequepodía hablarlamuerte,nuestracompañera?
De lo que más sabía, de la vida.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Iba yo a hablar cuando oí una voz a mi lado:
–¿Qué se va a servir, caballero?
Era una de las muchachas que atendía en las
mesas. Antes solo había mozos.
Pero, ahora todo se ha mezclado.
Miré a mi alrededor.
Disimulándolo, desde las otras mesas, la gente
me observaba.
Miré las tres sillas frente a mí.
Mis contertulios sonreían.
Comprendí, los demás no los veían.
Pedí una copa.
¿De qué bebida? A mi edad no importaba la
marca ni el envejecimiento, todas tenían menos
años que yo.
La tomé sin preámbulos sociales y nos fuimos
los cuatro.
Al llegar a la calle, cada uno retornó a su camino.
Juan dobló la esquina regresando al manicomio.
Nuestra amiga, la muerte, se fue para cualquier
parte.
Y Titi, mi otro yo, y yo, volvimos, juntos, a lo de
siempre.
Eso pasó… el otro día.
…oo0oo…
EL OTRO DÍAEL OTRO DÍA
Diap 146
DESDE BELLA VISTA
EL LÍDER
DESDE BELLA VISTA
(Presentación anterior Nº 28)
56 EL LÍDER (G)
El líder nace, no se hace.
Diap 147
DESDE BELLA VISTA
EL LÍDER
DESDE BELLA VISTA
EL LÍDER
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DESDE BELLA VISTA
EL LÍDER
DESDE BELLA VISTA
EL LÍDER
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EL LÍDER
DESDE BELLA VISTA
EL LÍDER
Ugú se asomó al borde del risco. Miró el
valle donde solían ir a comer la carroña que
dejaban los tigres dientes de sable y otros
animales carniceros.
Detrás de él sintió la presencia de los otros
miembros de su manada, pequeño grupo de
primates humanoides que poco se distinguían
de los simios que gritaban en los árboles.
Tres o cuatro machos que le dejaban ser
líder porque unos eran muy jóvenes, y otros ya
viejos de treinta años con sus heridas causadas
por las bestias o luchas con semejantes.
Y, detrás de ellos, estaban las hembras con
los cachorros.Criaturas de todas las edades.
Sobrevivientes en ese mundo donde los
débiles, los heridos y los enfermos morían.
La noche anterior el volcán había arrojado
fuego y piedras candentes por su cumbre, lo
que hizo huir a las fieras, e ir a los trogloditas
más al fondo de sus cavernas.
DESDE BELLA VISTA
Diap 150
EL LÍDER
DESDE BELLA VISTA
EL LÍDER
Quizás una de aquellas rocas encendidas
le había matado, y luego rodó prendiendo
fuego a las ramas secas próximas. Aún ardían
algunas junto al animal y la piedra caliente.
No se veía ninguna fiera cerca. Todos los
animales temían el fuego. Y Ugú era un
animal más. Pero el olor de la carne asada era
distinto, atraía. Y… lo venció la curiosidad.
Bajó al rellano. Su manada queda retrasada.
No se atrevían a acercarse al fuego. Ugú fue
hasta donde estaban los leños.
Alargó su simiesco brazo. Agarró una
rama por el extremo que no ardía. Y la
levantó como un garrote.
La antorcha se avivó en el aire. Pero, él
no se quemó.
Y el primate se irguió más en su todavía
encorvada figura.
Los integrantes de su manada se alejaron
de él, temiéndole. Sin embargo, luego,
todos fueron a su lado.
Había dominado el fuego. Era el líder.
DESDE BELLA VISTA
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DESDE BELLA VISTA
EL LÍDER
DESDE BELLA VISTA
EL LÍDER
::::::
Graw vino del río donde todos los animales
iban a beber. Aparentando indiferencia,
pasó cerca de la manada de Ugú.
Era el segundo día que, desde lejos, los
veía comer carne que ponían en la punta de
las lanzas, y luego sobre el fuego.
Fuego al que ya no temían y habían
llevado a su caverna.
Ugú lo vio llegar. Lo miró de soslayo para
no enfrentarse. Se cruzaban a menudo. Sus
cuevas estaban cercanas. Le tenía respeto.
A Graw, unos cachorros de lobo le obedecían.
Pero, sobre todo, una de sus mujeres
jóvenes tenía el pelo color de fuego, color
de sol. Y a Ugú, le gustaba ese color.
Al estar cerca de los restos del bóvido,
Graw lo observó. Aún quedaba mucha carne
por comer. Cruzó su mirada con la de Ugú. Y
éste hizo una imperceptibleseñade acercarse.
Los cazadores de ambas manadas quedaron
frente a frente. Y, juntos, comieron. Los
cachorros pronto se mezclaron. Y las hembras,
poco a poco, hicieron grupos entre ellas.
Diap 152
DESDE BELLA VISTA
EL LÍDER
DESDE BELLA VISTA
EL LÍDER
La joven de pelo color de fuego
permanecía cerca de Ugú. Éste agarró un
trozo de carne que tenía sobre las llamas y
se lo dio. Graw asintió. Ugú sonrió; y ella,
tomándolo, también.
Luego, al volver los trogloditas a sus
cuevas, los de Graw llevaban ramas con
fuego, primitivas antorchas que alejarían
las fieras cazadoras que venían en la
penumbra.
Los de la manada de Ugú portaban dos
cochorros de lobo que les avisarían de los
peligros y ayudarían en las cacerías. Y él,
una hembra joven de cabellos como el sol.
Y todos, trozos de carne que asarían en la
noche sobre el fuego.
Diap 153
DESDE BELLA VISTA
EL LÍDER
DESDE BELLA VISTA
EL LÍDER
Fuego que les había quitado el temor a la
oscuridad.
En las circunvalaciones de sus primitivos
cerebros sentían que eso los hacía distintos,
diferentes a los demás animales.
Graw se durmió pensando en como
dirigir su manada.
Ugú se durmió mirando las llamas.
La joven de pelo color de fuego dormía
junto a él.
Los cochorros de lobo estaban a sus pies.
¿Quién sería el próximo líder de las
manadas?
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DESDE BELLA VISTA
EL LÍDER
DESDE BELLA VISTA
EL LÍDER
…oo0oo…
Diap 155
El viejo no estaba muy lejos de donde vivía; sin
embargo, se detuvo bajo el techo de la parada de
transportes públicos.
Esperaría uno que lo llevase de vuelta.
Era domingo, mediodía, invierno, seis grados;
por suerte, con sol.
Además, se festejaba el Día del Padre.
No pagaría boleto, y todos los ómnibus le
servían en esa avenida.
Subió al primer coche que vino. Ni se fijó en el
número. Menos en el destino. Estaba pintado de
otro color. No le dio importancia.
Ahora las cosas tenían otra apariencia.
Pero, al llegar al bulevar, el vehículo dobló en
una plaza y tomó otra vía. Era el único que no
llegaba a la parada de su casa.
El anciano bajó. Seguiría caminando a su destino.
El chistido de la puerta del ómnibus, al cerrarse
tras él, le pareció un pedido de silencio. El frío, al
darle en la cara, le hizo pensar que veía un paisaje
congelado en el tiempo.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Esa esquina, esa calle, la vereda de enfrente,
una casa a mitad de cuadra, un jardín, una
enredadera de jazmines… aquella muchacha.
Y, lentamente, empezó a andar sobre las
baldosas de hoy y los recuerdos del ayer.
Comienzos de otoño.
Comienzos de un nuevo año liceal.
Él en tercero, ella en primero.
Él, ya desarrollado. Ella, aún con cuerpo de
niña. Y, en ambos, la juventud.
Se conocieron en un recreo. El salón de clases
de ella estaba junto al de él.
Nunca la miraba. Pero ahí estaba ella, callada
entre el bullicio juvenil, cerca.
Pero, una vez, él la vio…
Era baja, de cabello renegrido, lacio, largo hasta la
cintura; piel cetrina, tersa, lozana; labios pequeños,
rosados; mirada profunda, ojos oscuros…
Ojos que decían tantas cosas…
Desde ese momento desaparecieron los demás
que había alrededor.
Solo tuvo conversación para ella.
Y, aunque ella hablaba casi en un susurro, para
él era una música.
RECUERDOS
Recuerdos, recuerdos…
telarañas del tiempo...
57 RECUERDOS (U)
Diap 156
Así supo que su antecesor había sido un vasco
francés que se casó con una india charrúa, a la cual
salvó de la matanza que hicieron los civilizados a
los aborígenes.
De la abuela heredó los ojos oscuros, el pelo
negro, la piel aceituna y la voz melodiosa.
Del abuelo… un difícil apellido, orgullo por su
raza y la obediencia a la familia.
Se llamaba Blanca, como la amada del poema
Tabaré.
La semana siguiente Blanca se pintó los labios,
puso color en sus mejillas, sombra en los ojos,
apretó la cintura; todo en infantil deseo de parecer
más mujer.
Pero él solo veía sus ojos, oía su voz.
No fue así con el padre, quien notó enseguida
los cambios.
Un lunes, Blanca no fue al liceo. Al preguntar
por ella, las compañeras le dijeron que la habían
puesto de pupila en un colegio de monjas.
Que solo el domingo venía a la casa.
Y el domingo siguiente, él fue hasta esa esquina,
caminó por esa calle, miró la vereda de enfrente…
Y en aquella casa, en el jardín, bajo la enredadera
de jazmines, la vio.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Fue solo un instante.
La puerta de la casa se abrió saliendo un adusto
señor que lo observó con severidad, tomó la niña
de los hombros y la llevó de inmediato para
adentro.
Y después pasó el tiempo… días… meses…
años… la vida.
El viejo llegó a la otra esquina. Había recorrido
esa larga y torcida cuadra.
Se dio vuelta. Volvió a buscar aquella casa.
No pudo reconocerla entre las vetustas y pocas
existentes. Quizás habría desaparecido bajo los
galpones actuales.
Pensó que también aquella muchacha se volvió
mayor, se casó, tuvo hijos, fue abuela… Y, quizás,
ya habría muerto.
Ya no quedaban casas con jardín, ni enredaderas
de jazmines.
Pero, él creyó verlos en flor, y a Blanca bajo
ellos, con su cuerpo de niña, con su pelo largo y
negro, con sus oscuros ojos, ojos que le decían
tantas cosas.
Y, doblando la esquina, se fue por otra calle.
Como setenta años atrás…
…oo0oo…
RECUERDOSRECUERDOS
Diap 157
DESDE BELLA VISTA
LA CAA DE DIOS
DESDE BELLA VISTA
LA CAA DE DIOS
EN RECUERDO A LOS ASPIRANTES Y JÓVENES DE ACCION CATÓLICA
QUE LLENÁBAMOS LOS BANCOS DEL LADO IZQUIERDO
DE LA IGLESIA DE LA VIRGEN DE LA AYUDA
FOTOGRAFÍA AÑO 1940 – ASPIRANTES, JÓVENES , MAESTROS Y SACERDOTES –
PATIO COLEGIO DE LA VIRGEN DE LA AYUDA – CERRO - MONTEVIDEO
Diap 158
DESDE BELLA VISTA
LA CASA DE DIOS
DESDE BELLA VISTA
Junio de 2014.
Ocho de la mañana.
Domingo.
Hace frío. Hay sol.
Sin saber por qué, decido ir a la vieja iglesia
de mi niñez.
El tiempo, la distancia y la vida me alejaron
de ella.
Antes quedaba a la vuelta de la esquina,
hoy… lejos.
Antes era un niño, ahora… soy un viejo.
Antes creía, ahora… no sé.
Tomo el ómnibus.
Lleva poca gente. Y todos son ancianos.
Llego al barrio de mi infancia.
Bajo en la calle donde estaba la casa donde
me crié.
Si hay alguna construcción nueva se diluye
entre las decrépitas y grises del ayer.
Un niño es solo un ser que aún tiene fe.(Presentación anterior Nº 29)
58 LA CASA DE DIOS (U)
TEMPLO VIRGEN DE LA AYUDA
CERRO, MONTEVIDEO, URUGUAY
Esto no es un cuento,
es la narración de un suceso real
Diap 159
DESDE BELLA VISTA
LA CASA DE DIOS
DESDE BELLA VISTA
LA CASA DE DIOS
Subo.
En el repecho me duele la pierna que me
fracturé cuando era chico.
¿Cuál?... ¿La izquierda o la derecha?...
Dudo. Izquierda y derecha se confunden
con los años.
Me detengo.
Recuerdo, recuerdo…
Recuerdo que un día llegué de misa
imbuido de místicos dogmas y, le pregunté
a mi padre:
–¿Por qué no vas a la Iglesia?... ¿A la
casa de Dios?...
Y aquel culto obrero, libre pensador,
respondió socrático:
–¿Dios tiene casa?... ¿No está en todas
partes?... Si alguna tuviera, sería el Universo.
La iglesia de mi barrio nunca se cerraba.
La casa de Dios siempre tenía las puertas
abiertas…
Noche y día. Mañanas y tardes…
Aunque no hubiese nadie adentro.
Villa del Cerro - Casco Antiguo –
Visto desde la Bahía - 2012
Don Pablo – Año 1941
Diap 160
DESDE BELLA VISTA
LA CASA DE DIOS
DESDE BELLA VISTA
LA CASA DE DIOS
Allí buscaba reposo el ladrón que se
sabía cercado por la policía, y luego se
entregaba para ser llevado a la jefatura que
estaba a la vuelta.
Allí se sentaba a descansar en el banco
del fondo, ya en la madrugada, la prostituta
que volvía de su trabajo.
Y solo ella y Dios sabían lo que meditaba.
Allí terminaba cada noche el borrachito de
siempre, medio tumbado en el reclinatorio,
hasta que la resignada esposa y el fraile se
lo llevaban.
Allí los niños íbamos porque si, sin
obligación.
A veces, en verano, porque era un lugar
fresco; algunas, a mirar las imágenes; otras,
a pensar… y otras a jugar a las escondidas.
Diap 161
DESDE BELLA VISTA
LA CASA DE DIOS
DESDE BELLA VISTA
LA CASA DE DIOS
Llego a la iglesia. Solo hay una misa.
Entro. El sacerdote está diciendo el final.
Cuento las personas. Veintisiete.
Recuerdo… recuerdo…
Recuerdo cuando había misa de 6, de 7,
de 8, de 10 y media.
Y todas estaban llenas de gente.
Se termina el oficio. Los pocos fieles se
van. Salgo. Bajo los escalones hacia la calle.
La cruzo. Subo a la vereda.
En el murito donde antes los jóvenes nos
sentábamos a charlar con las muchachas,
ahora hay una entrada a la plaza.
Ya no hay jóvenes, ya no hay muchachas,
ya no hay charlas. Sólo hay unos viejos
solitarios sentados en bancos.
Oigo el chirriar de goznes a mi espalda.
Me doy vuelta.
No puedo reaccionar. Quedo mirando.
¡Alguien está cerrando las puertas del
templo!
IGLESIA VIRGEN DE LA AYUDA – JUNIO 2014
Diap 162
DESDE BELLA VISTA
LA CASA DE DIOS
DESDE BELLA VISTA
LA CASA DE DIOS
Está cerrando unas altas rejas de hierro
que no permiten entrar a nadie desde la
calle.
Y las cierra con llave.
Recién reacciono.
Y se me escapa del corazón:
–¡La casa de Dios tiene las puertas
cerradas!
De un banco cercano, unos viejos me aclaran
justificando eso porque los delincuentes entran
a robar y asaltar.
Los miro. Son otros tiempos. Prefiero
callar. Me voy.
Bajo.
Me dirijo a tomar el transporte público.
Tarda. Llega. Subo.
Me siento. Sobran asientos.
Y se repite dentro mío:
–¡La casa de Dios tiene las puertas
cerradas!
Diap 163
DESDE BELLA VISTA
LA CASA DE DIOS
DESDE BELLA VISTA
LA CASA DE DIOS
Y mientras el vehículo se aleja de donde
pasé mi niñez, le pregunto al viejo que se
refleja en el vidrio de la ventanilla:
–¿Donde buscará reposo el ladrón que se
sabe cercado?
–¿Dónde descansará la prostituta que
vuelve de su trabajo?
–¿Dónde terminará cada noche el
borrachito de siempre?
–¿Dónde irán los niños a pensar… o a
jugar a la escondida?
–Y sobre todo… ¿Dónde va hoy el que
necesita encontrarse con su Dios, si la casa
de Dios tiene las puertas cerradas?
Y desde el reflejo me responde la imagen
de mi padre:
–¿Dios tiene casa?... ¿No está en todas
partes?... Si alguna tuviera, sería el
Universo.
Sonrío. Quedo tranquilo.
Esa no tiene rejas.
…oo0oo…
Don Pablo Carigi
73 años – Año 1973
Diap 164
Cuando nació Juan, su madre y su padre lo
llevaron hasta una escarpada ladera sin vegetación, y
le mostraron:
–Éste será tu bosque.
Luego, sacaron de una vieja bolsa a un pequeño
arbusto que aún mantenía en sus raíces los restos
de la semilla de donde había surgido su existencia.
Haciéndolo agarrar con las tiernas manos de la
criatura lo plantaron al pie de la cuesta, y dijeron:
–Es el primer árbol de tu bosque. Todos los años
plantarás uno más… a veces podremos ayudarte…
otras, tendrás que hacerlo solo.
Y el tiempo pasó.
Y el niño creció.
Y cada año había un árbol más en la ladera.
Y cada vez el terreno era más duro.
Y cada vez lo arboles dejado detrás eran más
grandes.
Al principio sembrarlos fue fácil.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
La tierra era blanda y fértil.
Los pequeños árboles se desarrollaban rápido y
se llenaban de nuevas hojas.
Además, si el endeble tronco intentaba torcerse,
aceptaba la ayuda de una estaca o un palo para
crecer derecho.
Juan veía que en laderas cercanas otros niños
sembraban sus propios bosques.
Algunos ya con más árboles, otros con menos, y
muchos iguales al suyo. Y todos eran amigos.
Pero llegó la época de la juventud.
Fueron años difíciles.
La savia subía veloz a las ramas.
Lo arboles crecían altos y florecían copiosamente.
Y Juan olvidaba ir a plantarlos.
Fueron sacudidos por violentos vientos foráneos,
atacados por hormigas y pestes que amarilleaban
sus verdes hojas.
En algunas laderas se perdió lo sembrado.
Juan tuvo la fortuna que sus árboles resistieran
la tormenta y salieran fortalecidos.
Quizás fue que estaban mejor sembrados o, tal
vez, tenían raíces más profundas.
Y Juan volvió a cuidar su bosque.
EL BOSQUE DE JUAN
La vida se encierra en una simple semilla…
59 EL BOSQUE DE JUAN (U)
Diap 165
Luego, fue sembrar para recoger.
Cada año tomaba más cuidado en como
plantaba el árbol, en qué lugar, que frutos podía
dar, que sombra tendría en el futuro.
Ya no le preocupaba si la cuesta era fuerte, si el
terreno tenía piedras.
Debía aplanarlo, hacerlo fértil, abonarlo, y dejar
suficiente espacio entre ellos para que crecieran.
Y llegó el momento en que Juan, tomando un
pequeño arbolito recién brotado de una semilla,
llevó sus hijos a sus propias laderas.
Les repitió las palabras que le dijeron sus padres.
Y en silencio plantó dentro de él un árbol en el
jardín de los recuerdos, porque ellos ya no las
podrían decir.
La vida no se detuvo.
De lo arboles crecidos caían semillas y de las
semillas crecían nuevos árboles.
Cada vez le costaba más al hombre subir la
pendiente para plantar otro árbol.
Debía apoyarse en los troncos de los viejos para
tomar fuerzas.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Y una vez más, luego de poner en la tierra el de
ese año, se dio vuelta para mirar la ladera que
tenía a sus pies.
Estaba cubierta de árboles. Los había derechos y
torcidos, altos y bajos, con frutos y sin ellos.
Pero ahí estaban. No había sembrado en vano.
Lejos vio otros bosques. Algunos estaban repletos
hasta cima. Otros menos.
No le importó los de los demás.
Éste era el suyo. El bosque de Juan.
El tiempo siguió pasando.
Y aquellos bosques se perdieron dentro la selva
del ayer. Pocos saben que hubo uno que fue el
bosque de Juan. Era… uno más.
Pero, en él, al pie de la ladera hay un tocón seco.
Es el resto del primer árbol que se plantó allí.
Y que una vez lo cortaron.
Nadie recuerda por qué.
Unos dicen para hacer el ataúd de Juan.
Otros, para el fuego con que lo incineraron.
O… como tantos… sólo sirvió para leña.
…oo0oo…
25 de octubre de 2014
EL BOSQUE DE JUANEL BOSQUE DE JUAN
Diap 166
DESDE BELLA VISTA
OTRO MÁS
DESDE BELLA VISTA
Cuando ese hombre cumplió veintiocho
años, la vida le hizo un regalo.
Quizás fue cuando cumplió 29, o a los 30.
Tal vez unos cuantos años antes, o algunos
después.
No importa a que edad ni en que momento,
pero la vida le hizo el regalo que le hace a
todos los hombres que piensan…
Y él era otro hombre… otro más.
Le regaló que cada noche y cada mañana
se encontrase con su pasado y con su futuro.
Con ambos…
Pero no como reflexiones en su mente, sino
como personas reales y que pudiese hablar
con ellos, hablar los tres.
Tres seres parecidos, pero diferentes.
El presente es ese efímero instante
en que el futuro se vuelve pasado.
(Presentación anterior Nº 30)
60 OTRO MÁS (U)
Parecidos en lo físico.
Diferentes en las edades, diferentes en la
forma de pensar.
Extrañamente el que representaba el
pasado era cada vez más anciano, mientras
el futuro parecía rejuvenecer cada día.
Al principio los encuentros fueron simples,
agradables, con bromistas intercambios de
las ideas de cada uno.
Pero al pasar el tiempo se fueron volviendo
más serias, más formales; con reclamos y
recriminaciones, ya fuesen de uno o del otro,
hacia el hombre y sus actitudes.
Y al hombre, que cada día se iba sintiendo
más cómodo en su presente y amoldándose
más a su realidad, le comenzaron a molestar
esos encuentros llenos de enfrentamientos.
Inicialmente les respondía dando algún
justificativo para su cambio, pero luego fue
callando y los oía sin decir nada.
Diap 167
DESDE BELLA VISTA
OTRO MÁS
DESDE BELLA VISTA
OTRO MÁS
Nada sabía el pasado, para poder reclamarle
por utopías que poco tenían que ver con la
realidad.
Nada sabía el futuro, para poder recordarle
que cada vez le quedaba menos para hacer
un porvenir mejor.
Ellos no tenían que vivir cada día.
Sólo eran un regalo.
Y solo existían porque él había vivido y
porque él aun debía seguir viviendo.
Era imposible que ellos comprendieran.
Solo eran pasado y futuro. Él tenía otras
cosas en que pensar.
El encuentro con ellos lo dejaba mal.
Cada vez peor. Llegó el momento que se le
hizo insoportable escucharlos.
Y un día, temprano, preocupado por las
necesidades del momento, el hombre mandó
callar tanto al futuro como al pasado,
ordenándoles de manera tajante:
–Ya me tienen harto de oírlos hablar de sus
tonterías. Uno, recordándome los ideales del
ayer, las ansias de realizar un mundo distinto.
El otro, repitiéndome que aún queda tiempo
de hacer todas esas cosas, que el mañana
puede ser mejor. ¡Déjenme tranquilo! El
tiempo pasado, pasó. Y el futuro, nadie sabe
como será. La única realidad es que solo
tengo el presente de cada día. Y siempre es
igual. ¡Déjenme en paz!
El joven y viejo se miraron en silencio.
Hicieron una mueca triste.
Y, en silencio, se fueron, perdiéndose
cada uno en el camino. Como se pierden
tantas cosas que nos regala la vida.
Nunca más el hombre supo de ellos.
Nunca más los volvió a ver. Nunca más lo
molestaron.
El hombre vivió el resto de su vida
tranquilo. Envejeció sin problemas.
Diap 168
DESDE BELLA VISTA
OTRO MÁS
DESDE BELLA VISTA
OTRO MÁS
Fue uno de tantos.
Uno que solo hablaba de temas del
momento, que siempre estaba actualizado,
que opinaba de acuerdo con la mayoría,
que nunca contradecía al interlocutor.
Que si alguien añoraba algo del ayer, él
callaba aflorándole una forzada sonrisa. Y
si le comentaban de un tema social, su
gesto era de una indefinida seriedad.
Y así vivió, sin opiniones propias, sin
recuerdos del ayer, sin sueños para el
mañana, con la realidad de cada día.
Así vivió, formando parte de la sociedad.
Sin que nadie supiese lo que lo él
pensaba o sentía.
Sin él preocuparse de lo que pensaban o
sentían los demás.
Tranquilo… sin futuro ni pasado.
Sólo fue otro hombre…
Otro más…
…oo0oo…
19 – Julio - 2014
Multitud
Antonio Saura – 1963
España
Diap 169
Llegó al barrio allá por los años treinta.
No le prestamos mucha atención al principio.
Era un botija más que venía junto a una familia
con apellido raro, de pronunciación difícil.
De una familia del norte de Europa, una más
desarraigada de su tierra por sus ideas, y otra de las
que llegaban mezcladas con los pobres y hambrientos
emigrantes de Italia y España.
Enseguida supimos que era judío.
Las viejas se especializaban en averiguar la
religión y las creencias políticas de sus vecinos.
Que sus padres eran judíos y socialistas.
¡Un anatema!...
A los botijas poco nos preocupó eso.
Todos éramos hijos de padres con ideas extrañas.
Lo que queríamos saber era como jugaba fútbol en
el baldío de la esquina.
Lo pusieron en la escuela del estado y en el
turno de la tarde.
Por tanto, debía formar parte de la barra que
iba a jugar en el baldío durante la mañana.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Pero, no apareció por allí hasta el sábado de tarde.
Lo primero que le preguntamos fue su nombre.
Nos respondió en perfecto español.
Solo entendimos Alberto y un apellido con eins.
Y quedó con el apodo del Beto Eins.
Eso en el barrio y en la barra era más oficial y
sacramental que cualquier documento.
El sobrenombre vive y permanece con uno
hasta el final de nuestra vida.
Nos dijo que no podía venir todas las mañanas
porque en ellas estudiaba violín.
Se ganó el respeto de los muchachos, sabíamos
que era un instrumento difícil.
Lo pusimos a jugar futbol.
Era algo tímido. No servía como delantero. Por
tanto, quedó en la defensa. Y, por la manera como
pateaba, fue zaguero izquierdo.
Algunas veces le decíamos medio en broma:
judío.
Y él nos respondía con orgullo que lo era.
Así pasó el tiempo.
Los botijas se hicieron muchachos, y el Beto
Eins con ellos.
Fue de los pocos que formaron el pequeño
grupo que eligió ir al liceo.
EL BETO EINS
Era un muchacho más
que, a veces, pensaba distinto…
61 EL BETO EINS (U)
Diap 170
Fue allí que tuvimos la sorpresa.
Entró el profesor de Física al salón.
Comenzó a pasar la lista para conocernos.
Iba diciendo nuestros nombres y cada uno se
paraba de su banco.
Llegó el momento que dijo con asombro:
–¡Albert Einstein!...
Y el Beto se puso de pie en forma casi prusiana.
–¿El de la Teoría de la Relatividad?... ¿El del
Premio Nobel? –le preguntó irónico el profesor.
Y el muchacho le respondió:
–Muchos Einstein y muchos judíos había en
Alemania. Pocos pudimos salir y salvarnos. –y
luego agregó– En cuanto al Nobel, a él se lo dieron
por sus explicaciones sobre el Efecto Fotoeléctrico
y no por la Teoría de la Relatividad.
Todos lo miramos pasmados.
Y el profesor afirmó:
–Así es. Tiene razón. Puede sentarse, señor
Einstein. Será un honor tener en la clase a alguien
con su nombre y apellido.
Llegó la hora del recreo. Allí reaccionamos acordes
a nuestra forma de ser.
Le hicimos bromas por el homónimo.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
El Beto las siguió.
Pero, nunca supimos si era o no pariente de él.
Hay cosas para las cualeslos judíos son herméticos.
Y el tiempo siguió.
Los años del liceo se fueron volando.
Todo lo bueno pasa rápido.
Al Beto Eins se le siguió llamando así y fue uno
de los pocos que terminó el bachillerato.
En esos años llegó la división del átomo, la
bomba atómica, y la finalización de la guerra en
Europa.
También fue el comienzo de un montón de
cambios para la humanidad.
Ya mayores, cada uno tomó su camino. El Beto
y su familia se fueron para la Argentina.
Lo último que supimos de él fue que se había
casado, que trabajaba en la Oficina de Patentes y
que seguía tocando el violín.
Cosas de la vida.
Hoy pocos quedamos de aquella barra de botijas.
Pero todos recordamos los partidos en el baldío.
Y siempre los recordaremos con una sonrisa.
Porque Albert Einstein jugó futbol con nosotros
en el campito de la esquina.
…oo0oo…
EL BETO EINSEL BETO EINS
Diap 171
DESDE BELLA VISTA
EL CHANCHO
DESDE BELLA VISTA
Barraca de verdad era la de Serra en la calle
Prusia, cerca de Grecia, que tenía grandes
cantidades de cal, cemento, cabillas, y de
todo para construir una casa.
Pero, cuando nuestros padres necesitaban
un poquito de portland, o una sola varilla, o
un pedazo de cabilla, o una latita de cal,
nos mandaban a la “barraca de arriba”.
Y el gallego, que siempre parecía estar
sin afeitar, nos daba el cemento en un trozo
de papel de la misma bolsa.
O la cal en una lata golpeada en la cual
sólo faltaba agregarle el agua.
No nos gustaba mucho ir allí.
El gallego, la señora y los botijas eran
buenos.
Pero… el lugar olía feísimo.
Es que detrás del galpón, bien al fondo…
¡Criaban un chancho!
Ese triste momento que el niño
comienza a ser hombre.
(Presentación anterior Nº 31)
62 EL CHANCHO (U)
Hecho real sucedido en 1938
A media cuadra de mi casa, yendo hacia
la Fortaleza, en la esquina de las calles
Barcelona y Bogotá, había un galpón.
Nuestros padres le decían la “barraca de
arriba”
Pero, creo que era solo por aprecio al
gallego y a su familia; que vivían detrás, en
un rancho.
Todo estaba hecho con materiales viejos,
usados, chapas de cinc oxidadas, puertas
desvencijadas.
Con ventanas torcidas, y todo puesto en
forma tal que evidenciaba poca habilidad.
Diap 172
DESDE BELLA VISTA
EL CHANCHO
DESDE BELLA VISTA
EL CHANCHO
Una cuando el gallego traía el cerdito
recién destetado.
Todos queríamos tocarlo.
Por semanas íbamos a jugar con él
mientras corría entre las plantas.
Pero, al poco tiempo se ponía grande, se
revolcaba en el barro y las inmundicias.
Y lo dejábamos en su chiquero.
La otra ocasión era el día de San Martín.
Aunque nada tenía que ver con el santo,
ni con el militar.
Las cochineras estaban del otro lado del
Cerro, en las granjas.
Pero nosotros teníamos el poco común
privilegio de poder ver como se criaba un
chancho en la esquina.
Y el barrio lo sentía como otra cosa
nuestra, tal vez por añoranza de emigrantes
venidos de los campos de Europa.
La gente no caminaba por esa vereda,
bajaba a la calle.
Solo se llenaba la esquina de personas en
dos ocasiones:
Diap 173
DESDE BELLA VISTA
EL CHANCHO
DESDE BELLA VISTA
EL CHANCHO
El gallego le clavó el puñal en la yugular.
El chorro de sangre empezó a caer.
La señora puso un latón debajo para
recogerla.
Yo había quedado apretado entre los que
aguantaban el cuerpo del agonizante-
Por un lado rogaba que terminasen pronto
sus estertores, y por otro debía frenar mis
ganas de acariciarlo para que no chillase
más y muriese en paz.
::::::
Hacía poco que yo había cumplido nueve
años.
Mi madre me dijo que el sábado era el
día de San Martín, y yo ayudaría en la
matanza del chancho.
Que ya había hablado con el gallego.
Y, mirándome fijamente, agregó que
debía aprender lo que era hacerse hombre.
Así que ese día, temprano, fui a la
“barraca de arriba” y formé parte del grupo
que llenaba el local.
Unos hombres trajeron el grueso cerdo
arrastrándolo con cuerdas.
Lo botijas lo empujaban en las nalgas. Y
yo fui a ayudarlos.
Cuando estuvo dentro del galpón, a un
grito del gallego se abalanzaron todos los
hombres sobre el cerdo y agarrándolo de
las patas lo acostaron sobre unos tablones.
El gallego tenía en su mano un largo
cuchillo. El chancho chillaba desesperado.
Los demás lo sujetaban fuertemente.
Diap 174
DESDE BELLA VISTA
EL CHANCHO
DESDE BELLA VISTA
EL CHANCHO
Salí al fondo.
El rato llegó de la cocina un sabroso olor.
Sentado en la hamaca sonreí tristemente.
Sabía algo más.
Había aprendido que para hacerse hombre
hay que dejar de tener sentimientos.
…oo0oo…
Finalmente dejó de chillar.
Y los matarifes le despellejaron y despiezaron,
entre bromas y felicitaciones.
El gallego me envolvió en trozo de carne
y la cola del cerdo como obsequio. Agradecí
y me fui.
Respiré hondo en la calle.
Yendo hacia la casa tenía el entrevero de
los recuerdos de un pequeño chanchito
correteando entre las plantas y los de un
grueso animal indefenso chillando mientras
agonizaba.
Mis padres estaban sentados a la mesa.
Mamá me preguntó cómo había estado
todo.
El viejo me miró, y en mis ojos leyó la
respuesta.
No dije nada y le di a mi madre el paquete.
Diap 175
Coincidieron en una reunión en un hotel del
Prado, una reunión a la cual tuvieron que ir, y eso
porque cada uno era pariente de alguno de los que
allí homenajeaban.
Hacía tiempo que no se veían.
Más de cincuenta años, bastante más.
La última vez, los dos eran jóvenes del liceo.
Y ahora ambos habían pasado los ochenta años,
bastante más.
Quizás el otro no lo recordase, su vida había estado
llena de situaciones políticas y sociales importantes.
Era conocido como un ex en muchas cosas de la
historia del país.
No le importó. También él era un ex en muchas
cosas. Cosas que no quedan escritas en los libros
de historia.
Pero que llenaban la historia de su vida.
Se le acercó. Alguien los presentó.
Hablaron de la época de estudiantes. Le preguntó
al otro por el hermano pianista, el que se había
hecho renombre en el extranjero.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
El otro sonrió comprendiendo que a él no le
importaban los temas políticos ni los económicos.
Que prefería recordar el mármol gastado del
escalón de la entrada del viejo liceo.
Un viejo liceo que había sido derrumbado por el
progreso.
Y desde lo íntimo de su alma se permitió preguntar
al otro por la hermana, aquella muchachita que
esperaba en el recreo junto a la puerta del salón de
al lado.
El otro volvió a sonreír con la picardía de años
idos. Le dijo que ella se había casado. Que estaba
viva. Que había enviudado hacía unos años.
Y que vivía en…
Alguien se acercó con una pregunta de política…
Y el otro dejó de ser un ex para ser alguien actual
con comentarios y opiniones.
Y como él no podía dejar ser otro ex, se alejó.
Terminando la reunión el otro se le acercó. Al
despedirse le dio un papel.
Lo leyó. En el mismo estaba la dirección y el
teléfono de una señora.
Una que tenía mismo nombre de aquella
muchachita.
LOS EX
Llega un momento en que solo somos ex,
y ya no importa de qué…
63 LOS EX (U)
Diap 176
Días después. Otoño. Seis de la tarde.
Y ahí estaba él, tocando el timbre de una añeja
casa. Antes había llamado por teléfono. Ya no tenía
el atrevimiento de la juventud.
Lo recibió una mujer anciana, alguien parecido
a aquella muchachita.
Pero, una sonrisa los rejuveneció a los dos.
Lo hizo pasar. Se sentaron. No hablaron de la
vida de cada uno.
Hablaron de aquel tiempo.
¡Ah!... de qué cosas tan simples están hechos los
recuerdos.
Nombres de otras muchachitas, nombres de otros
jóvenes, de aquella profesora, de aquel profesor…
Y de pronto, el arrugado rostro de ella se llenó
de rubor… y le preguntó si recordaba cuando él,
todos los días, en sus manos traía una rosa y luego
la regalaba a una de ellas.
Y él, con una risa de anciano, rio al decirle que
la rosa la robaba de la cerca del vecino.
Y… quedaron en silencio los dos.
Quizás ella callase que era una de las que
esperaba que le diera la rosa.
Quizás él no pudo decir que muchas veces quiso
dársela y no se atrevió
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Después de eso la conversación se volvió
normal. De hijos, de nietos, de lo que había vivido
ella, de lo que había vivido él… una charla de ex.
Y finalmente, con un beso en unas mejillas
arrugadas, una despedida de ex.
Ya era de noche.
Despacio, apoyándose en el bastón, él llegó a la
esquina del liceo.
Ya no existía más la vieja casona en cuyos
salones se hicieron tantos jóvenes.
Buscó apoyarse en la columna de hierro que
sostenía los soportes del cable del tranvía.
Ya no existía la columna, ni siquiera quedaban
en la calle los rieles del tranvía.
Pero él se quedó parado allí, esperando.
Sabía que hacía muchos, muchos años que ya
no pasaban los tranvías y que el 16 se había ido
llevándose con él su juventud.
Miró su arrugada mano.
En ella sostenía una rosa. No se acordaba de
donde la había robado.
Quizás de alguna cerca.
Triste, sonrió.
Él era solo otro ex…
Y no le importaba de qué.
…oo0oo…
LOS EXLOS EX
Diap 177
DESDE BELLA VISTA
EL BALDÍO
DESDE BELLA VISTA
En la cuadra de mi casa, en la esquina,
había un baldío.
En esa época en casi todas las cuadras
había un baldío y, muchas veces, más de uno.
Hasta en la calle Grecia, que era como la
avenida principal del barrio, había algunos.
Las pocas manzanas que tenían una
construcción en todos sus terrenos estaban
cerca de la parada del tranvía, o de la plaza
de la iglesia, o del colegio de las monjas.
Las demás, a medida que se alejaban de
esos lugares, iban aumentando en baldíos.
Tanto, que las que se hallaban por el
cementerio, tenían una o dos viviendas; o,
ninguna.
El de nuestra esquina se hallaba sobre la
calle de la iglesia y solo a una cuadra y media
de ésta.
Sin embargo, fue nuestro baldío por
muchos años.
(Presentación anterior Nº 32)
64 EL BALDÍO (U)
Ya no quedan más baldíos…
Gabriela Sellanez
En aquel tiempo… y en ese lugar..
Diap 178
DESDE BELLA VISTA
EL BALDÍO
DESDE BELLA VISTA
EL BALDÍO
En la punta de la esquina, sobre una gran
roca negra, se levantaba un rancho.
Un rancho de paredes torcidas, puertas y
ventanas deformes, con un techo donde
crecían los yuyos.
Los que vivían allí eran tan lúgubres y
misteriosos como el rancho, como los
escalones de piedra para llegar a él, como la
cerca con abrojos que rodeaban su fondo.
Sabíamos que tenían gallinas, perros y
niños porque se les oía cuando íbamos a jugar
en el campito dentro el baldío de la esquina.
Sin embargo, pocas veces los veíamos.
Los baldíos no tenían vereda con baldosas.
Llegaban con la tierra, el pasto, y aun con
matorrales, hasta el cordón.
Todos sirvieron como depósito de los
restos de las casas aledañas.
Y el nuestro guardó nuestra niñez, junto
a muchas cosas.
Nuestro porque varias generaciones de
botijas jugamos en él, cruzamos su sendero
en diagonal, crecimos, nos hicimos mayores
y cambiamos.
Pero… él se mantuvo igual.
Nadie conocía el dueño. Decían que era
de un banco, otros de una sucesión.
Sumaba varios solares y tenía media cuadra
por lado.
O sea: ocupaba un cuarto de manzana.
Diap 179
DESDE BELLA VISTA
EL BALDÍO
DESDE BELLA VISTA
EL BALDÍO
Guardó, en primavera, recoger de las
zapalleras nacidas de los restos de comida, las
flores que tanto gustaba preparar mi madre,
quien me enseñó a distinguirlas por su sexo.
O, en las tardes de verano jugar futbol en
su campito de tierra porque el portland de la
calle estaba muy caliente, o el milico andaba
cerca y podía llevarnos a la comisaría.
Guardó, bajo su tierra, cubiertos de flores
salvajes, los restos de pajaritos muertos y
que cantaron en la cocina, o los de gatos y
perros que nos acompañaron.
O, el tener cuidado de no probar los rojos
frutos venenosos del revienta-caballos, o las
semillas de los abrojos, ni las de las hermosas
flores del ricino.
Guardó en las noches de invierno nuestro
miedo al cruzar su oscuro sendero en
diagonal, creyendo ver entre las ramas de los
árboles y matorrales a fantasmas y criminales.
Guardó el jugar al hoyo-pelota y sentir en
la espalda el golpe de la pelota de trapo,
mojada de agua y barro, para desquitarse
después lanzándosela a un compañero.
O, correr en la mancha venenosa saltando
entre escombros, basura y plantas espinosas,
para no ser tocado y luego tener que
perseguir a otro y pasarle la mancha.
Diap 180
DESDE BELLA VISTA
EL BALDÍO
DESDE BELLA VISTA
EL BALDÍO
O, en los días con viento hacer competencia
de remontar cometas tratando que la cola
no se enganchara en los cables de la luz, ni
que al caer fuera a dar a los árboles del rancho.
Guardó, ya grandes, la emoción del
encuentro con ella, la tan soñada, en el
caminito de tierra y lejos de todos.
Guardó el día a día de los que se quedaron…
Guardó la nostalgia de los que se fueron…
:::::
He vuelto al barrio.
Ya no queda nada del baldío. Ha sido
ocupado por modernas casas.
Pero en la esquina hay una construida en
ángulo sobre la roca negra. Y en la tierra
tiene una escalera de piedra.
Cerca del cordón veo una mancha amarilla.
Me acerco.
Es una planta de zapallitos con una flor.
No la pude arrancar.
Era una flor hembra.
Y la dejé allí… en nuestro baldío.
…oo0oo… .
Diap 181
Ugú, el cavernícola, se paró sobre el saliente que
formaban las rocas a la entrada de la cueva.
Ya había avivado el fuego de las hogueras y
todos los integrantes de su tribu estaban juntos.
Atardecía. Miró los colores de las nubes en el
horizonte. Dentro de poco llegaría la oscuridad.
Ya no sentía temor de ella como cuando era
niño. El fuego alejaba a las fieras.
Observó lo dispersos montículos que sobresalían
sobre la vegetación.
Cavernas con primitivos trogloditas. Cuevas con
animales salvajes. En la selva, todos eran igual.
Lejos, sentado en la cima de una colina, con su
elegante figura recortada en un arrebol, vio un
tigre mirando hacia donde se ocultaba el sol.
Sereno, sin temor, seguro de sí mismo.
Ugú lo admiró. Aunque, también le temía.
Era una fiera terrible que muchas veces había
acabado con la vida de uno de ellos.
Pero, era un cazador que atacaba solo, no en
jaurías como los lobos, las hienas, o las leonas.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Tan solitario, que pocas veces se le veía en pareja.
Quizás, en una madriguera entre bajas rocas,
una tigresa amamantara un par de cachorros,
alejando al macho con su gruñido.
Ugú sabía del tigre.
El tigre sabía de los cavernícolas.
Y ambos se conocían y respetaban.
Ugú cazaba en el mismo territorio que el tigre, y
solo cazaba para comer y dar de comer a su tribu.
Pero, si el tigre lo atacaba, o se cebaba con los
de su tribu, lo debía matar.
El tigre también solo cazaba para comer. Y,
como otra presa más, cazaba a los hombres.
Cazaba a los que ya no podían vivir, a los débiles,
a los ancianos, a los enfermos, a los retrasados…
El sol se ocultó en el horizonte.
Ugú entró en la caverna y se reunió con los
suyos tras la protección de las hogueras.
El tigre siguió en la cima de su colina oteando el
horizonte.
Otra noche caía sobre ese salvaje mundo primitivo
cubriendo las cavernas, las cuevas, la selva, las
fieras, los cavernícolas, las colinas.
Y… los tigres.
YA NO HAY MÁS TIGRES
A veces, en lugar de atacarlo,
un tigre lame a un hombre y lo deja…
¿será que le siente mal sabor?
65 YA NO HAY MAS TIGRES (U)
Diap 182
::::::
Miles de años después.
Decenas de miles de años después.
La misma tierra. Quizás el mismo lugar. Tal vez
las mismas colinas. Pero, un mundo diferente.
La selva de vegetación ha sido sustituida por
una selva de edificios y casas.
Atardece.
Un hombre, parado en medio de una gran sala,
mira, a través de los vidrios del ventanal, los
colores de las nubes en el horizonte.
Pronto anochecerá.
El sol se oculta tras los edificios.
Y la selva de cemento y ladrillo se llena de
ventanas iluminadas.
Incontables hogueras artificiales que alumbran
las pequeñas cavernas de cada habitación.
Miedo ancestral a la oscuridad.
Alguien enciende la luz de la sala. Y la luz
muestra a los seres humanos que están allí.
Y el hombre observa a sus semejantes en esa
sala.
Sala de un hospital, casa de salud, geriátrico,
ancianato, residencia.
Distintos nombres, igual lugar.
Un lugar donde se encierra a los ancianos, a los
enfermos… a los que quedan atrás en la humanidad.
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Incapaces, desquiciados. Viejos que se babean y
hablan con personas inexistentes. Ancianas de
cuerpos torcidos sentadas en sillas de ruedas.
Decrépitos seres desmadejados en los sillones.
Unos que gritan, otros viven encerrados en su
silencio. Algunos sonríen a todos. Otros están
enojados hasta consigo mismo.
Hay que alimentarlos, limpiarlos, vestirlos…
Las enfermeras llegan y empiezan a llevar, uno
por uno, al comedor. Es hora de cenar.
Éste protesta. La otra ríe. La mayoría se deja
conducir indiferente…
están vivos… y no están.
El hombre mira.
Él es uno más. Sólo que aún sigue de pie.
Que aún puede pensar… Y piensa.
Observa el horizonte por el ventanal.
Otra noche llega a ese mundo conquistado por
la civilización.
Donde los seres humanos viven, sobreviven...
y subviven.
Donde ya no hay fieras que cacen a los que ya
no pueden vivir, a los ancianos, a los débiles, a los
enfermos, a los retrasados…
Ya no hay más colinas con tigres.
Ya no hay más tigres.
…oo0oo…
YA NO HAY MÁS TIGRESYA NO HAY MÁS TIGRES
Diap 183
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
El terminar los demás libros
decía que era la última página
porque las ideas no tiene fin y
el ser humano lo tiene.
Pero en éste ya con 87 años
cumplidos solo puedo poner:
FINAL
… nada más.
Soy otro ejemplo de los criados durante los
años treinta y cuarenta en la República
Oriental del Uruguay.
República que sembró en aquellos niños,
principios que los harían críticos despiadados
consigo mismo y con los demás.
De 1925 a 1938, en la gran huida de Europa,
llegaron al Cerro seres de diferentes pueblos,
religiones, sueños, odios.
Venían todos con ideales de un futuro mejor.
Ideales que fueron transmitidos a los niños,
sentados en las baldosas de las veredas, por
viejos frustrados del marxismo, socialismo,
fascismo, comunismo, por italianos, armenios,
judíos, rusos, alemanes, polacos, gallegos,
catalanes.
Y que nos dejaron una mezcla incongruente
de ideas
Asistí a la escuela Checoslovaquia, laica y
del estado, y así mismo pertenecí a un grupo de
la iglesia católica parroquial.
Me gustó ser aprendiz de todo, desde
zapatero remendón a monaguillo, y sin
beneficio alguno. Sólo por conocer.
Completé mi educación en el Liceo Bauzá, el
hoy derruido de la avda. Agraciada. Tuvimos
profesores que nos enseñaron normas, y otros
a pensar... y dudar de las verdades absolutas.
Estando aún vivo, creo innecesario que otro
escriba sobre mí. Se justificaría si fuese joven y
precisase un panegírico. Y, afortunadamente, ya
no me afecta esa enfermedad.
Trataré de ser justo y escueto, cosa difícil
cuando se habla de uno mismo.
Nombre: Rosalino David Carigi Aquilini.
Apodos: Titi (Uruguay). Catire (Venezuela)
Seudónimo: Gracián Solirio (anagrama)
Nacido el: 28 de marzo de 1929.
En: Fornacci di Barga, Lucca, Toscana, Italia.
Nacionalidad: Italiano y Venezolano.
Profesión: Téc. Industrial Metal Mecánico,
Hornos y Esmalte. Plantas Electrodomésticos.
Vida laboral: Dibujante, Proyectista, Jefe, Gte.
de Planta, Jubilado.
Estado: Casado con María Teresita Delgado
San Martín.
Hijos: Juan Pablo, María Leticia, María
Esther
El 13 de octubre de 1931, teniendo dos años y
medio, vine con mis padres a Montevideo. Y viví
hasta mis 25 años en la Villa del Cerro, barrio
emblemático.
SE DICE DE MÍ
SE DICE DE MI
(EL AUTOR)
Diap 184
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Expresando ese sentimiento, emulaba una
canción:
–Ni soy de aquí, ni soy de allá…
Y alguien me corrigió:
–¿No será que es de aquí y de allá? Usted es
un extrañero no un extranjero. El que se forma
en un lado y hace su vida en otro, será un
extrañero en ambos. Porque cuando esté en una
parte extrañará la otra.
Hoy, viejo, miro hacia atrás y no me
arrepiento de ningún instante vivido. Son mi
vivencia.
Fui un niño tímido, observador, retraído, y
solitario.
Fui un joven rebelde, inquieto, inconforme y
soñador.
Fui un hombre introvertido, irascible, estricto
e idealista.
Soy un viejo agnóstico, impaciente, nostálgico
y bohemio.
Y ahora, a mi edad, solo queda… lo que fui.
Y lo viví a mi manera
…oo0oo….
Rosalino Carigi
Septiembre de 2013
Nota: “Se Dice de Mí” se copió del libro
“LOS DONES DEL AYER”
Una de las pocas cosas a la que quisiera
volver, es al Liceo Bauzá en 1945 y en segundo
año “C” del turno vespertino.
En 1957 me marché tras un sueño a Venezuela.
Fueron cincuenta años allí. Toda una vida.
Mi vida.
Viví los mejores años de dos grandes países,
el Uruguay y Venezuela.
Tuve la felicidad de vivir sus progresos.
Y la fortuna de no hacerme rico.
Tuve la tristeza de vivir sus decadencias.
Y la suerte de no volverme ruin.
Ayudé a abrir el camino de la industria, del
esmalte y del progreso.
Tuve la dicha de enseñar a usarlo...
y la amargura de ser usado en él.
En el 2008 volví al Uruguay.
El tiempo todo lo cambia.
El Uruguay que encontré no es el que dejé.
La Venezuela que dejé no es la que encontré.
Pero los que yo viví, nunca me los podrán
cambiar. Nunca me los podrán quitar.
Por que al Uruguay que me formó, y la
Venezuela donde me desarrollé, los llevo en mí.
Los dos me dieron todo. Y yo me di todo a ellos.
SE DICE DE MÍSE DICE DE MÍ
Diap 185
DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
Diap 186
Diap 188
FIN
Diap 189

14 desde bella vista par sil

  • 1.
    DESDE BELLA VISTA de RosalinoCarigi 2007 - 2016 VERSIÓN AGOSTO 2016 ÚLTIMOS CUENTOS Diap 1
  • 2.
    Diap 2 DEDICATORIA A todoslos que un día quemaron sus naves…
  • 3.
    Diap 3 DEDICATORIA A todoslos que un día quemaron sus naves…
  • 4.
    Diap 4 Alejandro Magno,al llegar a la costa de Fenicia en el año 335 AC, vio que el enemigo los superaba tres veces. Cuando hubo desembarcado, dio la orden de quemar las naves y dijo a sus hombres: "Solo hay un camino y es hacia adelante". Julio César al desembarcar en Gran Bretaña, mandó quemar las naves, para que sus soldados entendieran que o conquistaban ese territorio o no volverían a Roma, porque la derrota no sería considerada. Hernán Cortez, en México, cuando el ejército pierde la batalla, para evitar que los soldados regresaran a España, mandó a quemar las naves. No podía haber marcha atrás. Y tantos más, nombres que no están en la historia, pero que un día quemaron sus naves… aunque fueran de papel. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA NOTA
  • 5.
    Diap 5 * ENITÁLICA Y CON ASTERISCO YA SE ENVIARON EN PRESENTACIONES ANTERIORES - Y EN LA DIAPOSITIVA ESTÁN SOBRE FUNDO AZUL Y LETRA AMARILLA DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA ÍNDICE No. TÍTULO DEL CUENTO País Diap. No. TÍTULO DEL CUENTO País Diap. No. TÍTULO DEL CUENTO País Diap. INICIO 1 DEDICATORIA 2 NOTA 3 01 BARTOLO (U) 6 02 DE NEGRO (U) 8 03 DEL VIENTO * (U) 10 04 LA BOLSA (U) 14 05 GATOSY ALBAHACAS* (U) 16 06 LA PALOMA RENGA (U) 21 07 LA CUARTA GRÚA (U) 23 08 RAIMUNDO (U) 25 09 CON DIOS* (U) 27 10 HUMO (U) 30 11 LA ROSA ROJA* (U) 32 12 PLUMEROS (U) 34 13 ENCUENTRO (U) 36 14 EL ANIMAL (U) 38 15 EL CRUCE (U) 40 16 EL TRANVÍAQUENO SE…* (U) 42 17 LAPRUDENTEDISTANCIA (U) 45 18 HA MUERTO UN PAJARO (U) 47 19 ELTREN DE LAS18 Y12 (U) 49 20 CALIDAD DE VIDA (U) 53 21 UNO MÁS (U) 55 46 PROMESA (U) 117 47 CARENERO (V) 119 48 JUEGOS (VECINOS) * (U) 126 49 AGONIZANDO (U) 128 50 SONRISA * (U) 130 51 QUIZÁS (U) 134 52 LOS HIJOS CALLADOS * (G) 136 53 MI ÁNGEL (U) 139 54 EL ROLLO (EL PAPEL) * (U) 141 55 EL OTRO DÍA (U) 144 56 EL LÍDER * (G) 146 57 RECUERDOS (U) 155 58 LA CASA DE DIOS * (U) 157 59 EL BOSQUE DE JUAN (U) 164 60 OTRO MAS * (U) 166 61 EL BETO EINS (U) 169 62 EL CHANCHO * (U) 171 63 LOS EX (U) 175 64 EL BALDÍO * (U) 177 65 YANO HAY MÁSTIGRES (U) 181 ÚLTIMA PÁGINA 183 SE DICE DE MI (El Escritor) 184 FIN 186 22 EL TIGRE * (U) 57 23 TIRANO (U) 61 24 UN TODO (U) 63 25 UNA TARJETA (U) 65 26 EL ASCENSOR (U) 67 27 CANTANDO BAJITO (U) 69 28 EL HURGONERO* (U) 71 29 EL TURISTA (U) 75 30 CONMIGO (TITI) (U) 77 31 LA PIEDRA (V) 79 32 INSTANTES (U) 81 33 EL CERTIFICADO (U) 83 34 EL GUÁRAMO * (V) 85 35 LOS VECINOS (U) 89 36 EL ÁTOMO (U) 91 37 OTRO DÍA (U) 93 38 ME NIEGO* (U) 95 39 TANATIA (G) 98 40 EL GATO Y EL VIEJO * (U) 100 41 EL JARDÍN (U) 104 42 TIFLOS* (G) 106 43 EL ÚLTIMO TREN (U) 109 44 EL SUICIDA (U) 111 45 BARCOS* (U) 113
  • 6.
    Diap 6 Desde botija,Bartolo fue raro. Muchos dicen que se debió a su nombre, un nombre desagradable, antiguo, nada parecido a los usados por los actores de televisión. Además, viviendo en un barrio de ese peculiar país, donde es hábito poner sobrenombres y seudónimos derivados del patronímico original, poca suerte le quedaba. Mientras de un Roberto se obtenía el yanquizado Robert, o el popular Beto, y hasta el multitudinario e indefinido Tito… de Bartolo, nada bueno salía. Tolo, sonaba espantoso. Barto, aún peor. Y Tolito, sería la causa de infantiles peleas para demostrar su masculinidad, o de rimas que lo aproximaban al manicomio. Claro, si él hubiese nacido en Nueva York, y su padre sido un anglosajón más entre los de esa ciudad de rascacielos de hierro, habría podido llamarse por el resonante “Bart". DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA BARTOLO Pero, Bartolo nació en Montevideo, se crió en Bella Vista, y su viejo fue un gallego emigrante que apenas sabía colocar derecha una hilada de ladrillos. Y fuese por el nombre, o por algún gen desviado, Bartolo creció como un niño solitario, un joven extraño, de actitudes rayanas en la locura. Eso sí, de una locura normal, común. Uno más, uno de tantos. Y allí se respeta la individualidad. Tan común que tenía su barra de amigos. Tan normal que lo buscaban las muchachas. Lo diferente, atrae. Tanto atrajo a una, la más codiciada por sus amigos, que ésta se casó con él… y tuvieron un hijo. Que, por lógica, no se llamó Bartolo. Simplemente le decían: el nene. Y, fuese por aquel gen, o los cambios en su anormal pero serena existencia, Bartolo aumentó su forma de ser solitario, sus actitudes extrañas. Y su locura ya no se vio tan común. Es un hombre grande, que todas las tardes pasa arrastrando un ómnibus chiquito… 01 BARTOLO (U)
  • 7.
    Diap 7 BARTOLOBARTOLO Sus amigosal verlo le esquivaban desde lejos. En su trabajo lo consideraron poco fiable. Fue otro desempleado más. Y… para su mujer dejó de ser atractivo. Tuvieron que dejar la casita de cuya azotea se veía la bahía. Fueron a un cuartito en un desván, que un viejo les dio por un tiempo, donde la ventana estaba al mismo nivel del techo. Para aliviarse de la opresión, salían a caminar por la Plaza San Martín; cercana en cuadras, lejana en posición ya que era frecuentada por la clase media de los edificios circundantes. Pasó el Día de Reyes. Cierto primo de la señora, chofer de transportes, le trajo al nene un ómnibus de juguete. Era el único regalo que había tenido. Y Bartolo, el nene, la señora y el chofer fueron a la plaza. Y mientras la mujer y el primo hablaban en un banco, padre e hijo hacían rodar el pequeño ómnibus de madera. De pronto, Bartolo se fue alejando mientras arrastraba con una cuerdita al juguete. Y se iba, se iba. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Unas cuadras adelante alguien le preguntó: –Bartolo... ¿Dónde vas con ese juguete?.. –Al cuarto –respondió– Se lo llevo al nene que viene atrás. –¿Cuál nene?... Bartolo se dio vuelta. No había nadie. Mujer, niño, chofer… habían desaparecido. Todos habían desaparecido. La calle estaba vacía. Las puertas de las casas, cerradas. Desde entonces hay un hombre que da vueltas y vueltas por la plaza San Martín arrastrando un ómnibus de juguete. Un juguete de madera, descolorido, viejo, desvencijado. Y si se le pregunta donde va con eso, siempre responde: –Se lo tengo que devolver al nene… al nene de Bartolo… Y, se marcha repitiendo con voz desquiciada: –De Bartolo… de Bartolo… de Bartolo… Cosas de un nombre. …oo0oo…
  • 8.
    Diap 8 DE NEGRO Eraun hombre que vestía de negro. Saco, camisa, pantalón, medias, zapatos, todo, de negro. Una vez, alguien, en broma, le preguntó si los interiores eran negros. Y él dijo que sí. No importaba que lloviese o no, fuera invierno o verano, la ropa de abrigo o liviana. El deforme paraguas era negro. La vieja gabardina era negra. Y el descascarado bastón, negro. Hasta tenía los ojos oscuros, con honda oscuridad de años idos. Pero, en esa negra figura, había dos cosas blancas: El cabello y la barba. Totalmente blancos y cortos. Al anciano se le podía ver en la Plaza de los Treinta y Tres, sentado cerca de la estatua al bombero con el niño; o en la Plaza San Martín, en el banco junto a la placa de bronce. En la primera descansaba luego de andar las once cuadras desde la rambla donde su hijo tenía un apartamento con vista al mar… y donde el viejo dormía en un cuarto de atrás. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Después, tomaba en la esquina el ómnibus 137 para ir a la segunda, distante unos tres kilómetros. Allí, en Bella Vista, había vivido con su mujer en una casita cerca de la bahía. Podía tomar el ómnibus 17, hacia el mismo recorrido. Pero, ése no lo usaba, decía que no era de su época. Subía y no pagaba boleto, tenía carnet de jubilado. ¿De qué?... ¿Acaso importaba?... Había trabajado en tantos lugares… Hasta en dos trabajos por día. Lo importante, para él y su mujer, fue que nunca le faltase algo a su hijo. Pero, ahora, envejecido, le faltaba todo al viejo de negro. Su mujer descansaba en la quinta de los cipreses. Los amigos del ayer desaparecieron con el tiempo. Y el hijo, aunque vivía, se había ido en su propio presente. Sucedió un día. Quizás yendo, quizás volviendo. Pero, al subir al 137, el viejo tenía los ojos más oscuros. Susurró algo al chofer, y luego se dirigió al público: 02 DE NEGRO (U) Un viejo de pelo blanco, todo vestido de negro…
  • 9.
    Diap 9 DE NEGRODENEGRO “Respetables pasajeros, disculpen mi intromisión en sus vidas, necesito compartir con ustedes algo de la mía. Hoy, después de mucho tiempo, quise hacer un comentario a lo que hablaban mi hijo y su esposa. Y, él me frenó así: –No salgas con una de tus locuras… Callé, mientras afloraba a mi cara esa sonrisa tonta que ponemos los viejos. Y me fui. Pero, iba pensando. No me había dicho papá. Menos aún, viejo. Me ordenó. Y usando apenas el compasivo tuteo. Caminaba recordando mi juventud, en la cual conocí a una muchacha. Me enamoré de ella. Nos amamos mucho. Y salí con la locura de dejarla embarazada. Pudimos evitar que él naciera. Sin embargo, no lo hicimos. Nos casamos a pesar de no tener nada. Juntos, enfrentamos necesidades y sacrificios. Y salí con la locura de tener un hijo. Quisimos que fuera mejor. No asistió a la escuela pública. Tomé un segundo trabajo. La vieja cosía en la casa. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Y salí con la locura de mandarlo a un colegio particular. Llegó hasta la universidad. Tuvo todo lo que precisara. Se recibió. La doña y yo estábamos ya viejos. Pero, a él, el barrio le quedaba chico. Y salí con la locura de mudarnos. Se ennovió con un mujer de posición. Vendimos todo. Se lo dimos de inicial para que comprase en un buen lugar. Y salí con locura de ir a vivir en el cuarto de atrás. Allí, en silencio, la vieja compañera callada de todas mis locuras, un día se fue. Lo demás ya nada importa. Que él siga con su cordura. Yo… sigo con mi locura. Señores pasajeros, muchas gracias por haberme permitido compartir con ustedes.” Un aplauso general le acompañó mientras bajaba. El viejo de negro había llegado a una de las plazas. …oo0oo…
  • 10.
    Diap 10 DESDE BELLAVISTA DESDE BELLA VISTA El viento me cuenta cosas, cosas que no debiera contar… 03 > DEL VIENTO > 2 (U) (Presentación anterior Nº 14) Miro la bahía. Allá, a varias cuadras. El sol brilla. La marea está alta. El agua, serena. Pero, el viento silba. Es extraño. Me pongo una campera. Zapatos cómodos. Tomo el bastón. Salgo. –¿Dónde vas? –me preguntan al llegar a la puerta. –Adonde me lleve el viento. –respondo, y cierro. Y al llegar a la esquina el viento me empuja hacia el mar que se recuadra entre los árboles al final de la calle. Y me empuja… y me lleva… Paso por veredas bordeadas de casas, de depósitos. Y, al final, el viento me hace cruzar la rambla, su vía asfaltada, su isla central con pasto y pedregullo. Estoy a pocos metros del mar. Me separa de él una oxidada vía de ferrocarril y un ancho malecón de piedras. Y el viento se suaviza. Y me lleva mansamente al oeste.
  • 11.
    Diap 11 DEL VIENTODELVIENTO DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA El rompeolas está hecho con enormes rocas basálticas y de granito, mezcladas como si los cíclopes se hubiesen divertido tirándolas allí. El sol centellea en las rocas mojadas por el agua, o reverbera en las que están cercanas a la vía. Veo sobre una roca gris, el cuerpo de un hombre. Cerca, una raída bolsa de mendigo. Está acostado. Quieto. Quizás duerma una borrachera. Quizás esté muerto. Temo. Me le acerco. Subo sobre una piedra. Mi sombra lo cubre. Me tranquilizo. Respira. Se mueve. Levanta la cabeza. E instintivamente pregunto: –¿Puedo hacer algo por usted? –Sí… que se quite. Me está tapando el sol. Sonrío ante la respuesta de este Diógenes alcoholizado. Me aparto. Y él se sienta en la piedra. Frente al sol. El viento se ha detenido. Yo sigo de pie, en otra roca. –¿Está bien? –inquiero, con inexplicable confianza.
  • 12.
    Diap 12 DEL VIENTODELVIENTO DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA –Ahora, no. –indica con voz de resaca– Estaba bien antes que usted me despertara. Cuando dormía y soñaba. –Los sueños, sueños son… –musito viendo el horizonte. –Una perogrullada que dijo Calderón. – ironiza él. Vuelvo a sonreírme. Pero pienso en la utópica realidad. El viento me ha llevado a hablar con un bichicome borracho… Uno que sabe la respuesta de un filósofo y de literatura clásica.., –¿Lo leyó? –susurro, sin disimular mi asombro. –En otro tiempo… en otra vida… todos somos como barcas en el mar… vamos donde nos lleva el viento… o la fuerza que tenemos dentro. Lo observé. Hablaba mirando los restos de un lanchón que afloraban próximos al rompeolas. –Mientras sigamos a flote, no importa lo que nos empuje. –continuó– Pero si un día naufragamos, aunque sea cerca de la orilla, nos hundimos en el barro, en el fondo. –Sin embargo –dije todavía esperanzado– de esa barcaza afloran aún la proa, la cabina y el árbol del timón.
  • 13.
    Diap 13 DEL VIENTODELVIENTO DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA –Una proa clavada en la tierra, –murmura él– una cabina vacía y oxidada. Y un timón que se perdió en la profundidad… Adiós, señor. Se despedía. Lo miré. Estaba tomando de una sucia botella sacada de la raída bolsa. Lo dejé. Salté de las piedras al camino. Atravesé la rambla viendo si no venía algún vehículo. El viento sopla de nuevo. Esta vez desde el mar. Me hace subir por una calle. En ella aún están los rieles de un tranvía desaparecido hace años. Me invade la nostalgia. –¿Tiene fuego? –pide alguien con un cigarrillo en la mano. –No. –y agrego justicándome – Hace mucho que lo dejé. Y me pregunto que fue lo que dejé hace mucho… ¿el cigarrillo o el fuego? Pienso que soy un Prometeo al que el viento le apagó la llama. Y el viento cambia, empujándome hasta el apartamento. –¿Volviste? –preguntan al abrir la puerta. –Sí. Me trajo el viento. –respondo, y cierro. …oo0oo…
  • 14.
    Diap 14 LA BOLSA Erauna bolsa cualquiera. No tenía impreso ningún nombre ni una marca conocida, ni una carita sonriente ni resaltantes colores, ni siquiera era de un color definido. Quizás su origen fue de polietileno blanco. Pero ahora, su turbio gris, mostraba la unión con ignotos materiales en cientos de recuperaciones y mezclas. Y ahí estaba, en el suelo, arrugada, vacía, sucia, muy usada, tirada en la calle. Y, en lo intrínsico de sus moléculas, algo le decía que no era la primera vez. Tal vez alguien la echó de su casa luego que ella le había servido para traer algo; o un mendigo la sacó de la basura y, viendo que nada tenía adentro, la arrojó a la vereda. Y, arrastrada por el viento, en medio del polvo y del agua sucia, llegó cerca de otras, blancas, negras, amarillas, con caras siempre sonrientes y nombres conocidos. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Un mismo final, sin importar lo que fueron o pudieron ser. Pero, aún rodando todas, las otras mantenían su apariencia, su forma, su color. Hasta rodaban aparte. Ella, no. Era una bolsa cualquiera. Gris, descolorida, con manchas, deforme, gastada, que apenas se movía. Siempre quedaba de última al ser empujada por la brisa. Pero, en cierto instante, el viento las arremolinó. Y volaron en una espiral. Subieron y subieron. Alto iban las de calidad. Ella, más despacio, más endeble, más abajo, las seguía. Se sentía viva. Llena de aire. Y aunque las otras se tocaban entre ellas como saludándose y susurraban despreciándola; ella, sola, se seguía elevando. Y pudo ver el mar, la bahía, el horizonte. Y flotó viéndolo. De pronto el viento cesó. Las otras cayeron de inmediato. Pero ella, por no tener peso, permaneció en el aire en suave vaivén con la mínima brisa. Ser o no ser, o lo que se cree ser… 04 LA BOLSA (U)
  • 15.
    Diap 15 LA BOLSALABOLSA Y bajando lento hasta quedar enganchada en la rama de un árbol. De allí vio, allá abajo, en la calle, entre el polvo y el agua sucia, a las otras, las pesadas, las fuertes. Era una bolsa cualquiera. Que, llevada por el viento, llegó a una rama. Y en ésta pasó primavera, verano y otoño. La lavó la lluvia, la secó el sol, la acariciaba la brisa. Y cada día se hizo más parte de lo que la sostenía. Hasta creyó que le llegaba su savia. Y le pareció crecer cada día viendo el mar, la bahía, el horizonte. Hubo momentos que se sintió hoja, hubo momentos que se sintió flor. No quiso sentirse fruto, porque los frutos caían. Y no envidió a los pájaros… ya que también ella había volado. A veces imitaba sus aleteos con los jirones que le habían producido las tormentas. Éstas la sacudían. Pero, pasado el temor de ser desprendida de su agarre, pronto las olvidaba. En el otoño creyó tener amarillo, luego ocre, y finalmente marrón. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Pero, una a una, sus amigas las hojas, caían, desaparecían… y quedándose sola, vio que sólo era una bolsa rota y gris. Llegó el invierno. Y, enganchada como una banderola en la escuálida rama, pudo ver, muy cerca, la orilla del mar. Allí, en una turbia resaca, yacían mezcladas las otras bolsas. Deshechas, sin forma, sin nombres, sin caritas sonrientes, hundidas en la sucia arena, manchadas por el lodo. Las había arrastrado el arroyo, las había revuelto la correntada. Con lúgubre sonido, un fuerte y frío viento la sacó de lo que creía suyo. Y la fue llevando sobre la tierra, sobre la orilla, sobre el mar… Hacia el horizonte final… Más allá… más allá… Y en el aire recordaba… había sido hoja, había sido flor, hasta voló como los pájaros. ¿Dónde iría a caer?... no le importaba. Después de todo… Era una bolsa cualquiera. …oo0oo…
  • 16.
    Diap 16 GATOS YALBAHACAS DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Las plantas son seres vivos, y ellas nos dan el oxígeno para respirar… 05 GATOS y ALBAHACAS (U) (Presentación anterior Nº 24) Narración de un hecho real… aunque los cuerdos no lo crean. Dedicado a las gatas Rayita y Mimí y a las plantitas Alba y Haca… seres que me acompañaron y que ya no existen. Mimí I ……… Montevideo, Año 2010 Montevideo, 16-Jun-2012 (Cáncer – Eutanasia) Rayita Valencia. Vzla. 7-Ene-1994 Montevideo, Uru. 6-Jun 2012 (Vejez – Eutanasia) Alba y Haca. Montevideo, Enero - Año 2008, Montevideo, Julio - Año 2008, (Muerte natural) Es domingo. Siete de la mañana. La gata vieja está en el balcón esperando tomar su baño de sol. De un sol que aún no ha podido salir de atrás de los bloques de apartamentos. Hemos cumplido el ritual de cada amanecer. Éste consiste en que ella, todo aún a oscuras, salta sobre mí. Y, mordisqueándome la ropa, me despierta. Es inútil hacerme el dormido. Sabe si lo estoy de verdad. Me exige, en un concierto de maullidos, que más bien parece una retahíla de regaños, que me levante. Al hacerlo, se adelanta y, veloz, me lleva hasta la cocina. Va sin dejar de reclamar, pero en tono más bajo, que le dé su desayuno extra de carne cruda y cortada en cuadraditos. Cortarla es un ejercicio. Yo que echo a la gata. Y ella que se sube al mesón, y se mete entre mis manos mientras corto, para robar una tirita. Ésa le debe parecer más sabrosa.
  • 17.
    Diap 17 GATOS YALBAHACASGATOS Y ALBAHACAS DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Mientras estamos en esa pugna, aparece su sobrino. Un joven gato mezcla de siamés y angora. Un hermoso macho que un día caparon para que viviese en la sociedad humana. Éste hace una segunda voz en el coro del pedido. Sin embargo, los maullidos de él son suaves, finos, como deben ser los de un animal perteneciente a la clase alta. Un felino que de cachorro escapó, o lo echaron, de alguna quinta de millonarios. En la cual, a escondidas de los propietarios, la mimada gatita angora tuvo un desliz. Y, en cuidados jardines, se dejó montar por el serio macho siamés de otra gran mansión. Los dueños esperaban cruzarlos con congéneres de la misma raza. Pero los gatos no tienen dueño, nos permiten vivir con ellos. No saben eso de razas. Se escabullen facilmente. Y aunque gritan al aparearse… siguen naciendo más gatitos. No era así la historia de la gata vieja. Una gata gris, a rayas, criolla, un eufemismo para decir que es mezcla de todas las razas. O sea: Una gata de verdad. Fue recogida en un baño público, luego de ser golpeada, enferma, abandonada a los pocos días de nacer, dejada a morir por su madre para salvar los otros cachorros sanos. Pero los designios de la naturaleza son impredecibles. Halló un ser humano que era humano, tal vez más con los animales que con los humanos. Y la recogió. Era tan chica que cabía en la palma de sus manos. Y la cachorrita fue cuidada, salvada. Y, tristemente, también esterilizada para que la familia de ese ser la permitiese vivir en el apartamento de la ciudad. Y vivió, y envejeció junto al hombre. Siempre fue arisca, retraída, solitaria. Sólo se dejaba acariciar por él. Y poco. Enseguida se alejaba. Y si él insistía, le largaba un tarascón. Quizás por que no olvidó su inicio. O quizás se parecía él.
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    Diap 18 GATOS YALBAHACASGATOS Y ALBAHACAS DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Mi familia protesta por que les doy de comer, a los gatos, carne cruda. Dicen que los tengo mal acostumbrados. Que hay alimentos especiales, y artificiales, para ellos. Prefiero no responder. Yo también encuentro muchas cosas especiales, y ya preparadas, en el supermercado. Pero, me gusta comer un queso común y tomar un vino barato. Quizás por que no olvidé mi inicio. O me parezco a la gata. El ritual del amanecer sigue con agarrar dos macetitas. En cada una hay tres o cuatro plantas de albahaca. En realidad las macetas son vasos desechables, ésos de plástico. Las plantitas fueron compradas en la feria, hace como dos meses. Pero, al traerlas al apartamento, las vi tan tiernas, tan pequeñas, tan lindas y suaves, que sentí afecto por ellas. Y, en lugar de cortarlas para un pesto, dividí el paquete en dos, poniéndolas en esos vasos. Como traían las raíces envueltas en tierra, se amoldaron enseguida. Y comenzaron a crecer en juvenil competencia. Mientras los vecinos mostraban finas macetas con plantas de flores, yo tenía dos vasos baratos donde las albahacas se erguían esbeltas junto al vidrio que cerraba la terraza.. Todas las mañanas, luego de darles su carne a los gatos, las tomo con delicadeza y las llevo a la pileta de la cocina para pasarlas bajo un hilito de agua. Y, colocándolas horizontalmente, refresco sus hojas en el cuenco de mi mano izquierda, mientras con la derecha giro el vaso que ya no tiene tierra sino un aglomerado de raíces. Luego las paro para que escurran el agua en exceso. Debo cuidar que se mantengan en equilibrio. Han crecido tanto, y tan delgadas, que la base ya le es pequeña y caen facilmente. Y, no sé por qué… me recuerdan mi juventud. Las llevo nuevamente contra la ventana de la terraza. Y allí quedan, disfrutando del sol. Cierta vez observé que el vidrio se empañaba alrededor de ellas. Comprendí. Respiraban... Eran seres vivos… Y me sentí bien.
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    Diap 19 GATOS YALBAHACASGATOS Y ALBAHACAS DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Hoy es domingo. Nueve de la mañana. Los gatos dormitan luego de haber comido. Las albahacas han regresadofrescas a su mirador. He terminado con ambos rituales. Pero, hoy debo cumplir con uno más. Debo ir a la feria. Ésa que hacen todos los domingos en la calle a la vuelta del edificio donde vivo. Donde, por unas horas, la clase media es humilde. En una calle de casas viejas y veredas rotas Saco de atrás de la puerta de la cocina la bolsa de malla. Y oigo a mis espaldas una voz fresca con aroma conocido: –Hoy se cumplen ocho semanas que nos trajo. –Así es. Creo que va al mismo lugar. –agrega otra voz similar. Giro. Los gatos han venido y están mirando las plantas. La lógica rechaza esa utópica irrealidad. La albahaca más alta está algo curvada, como hablando con la del vaso próximo. Y yo, inconciente e irreflexivo, les pregunto paternal: –¿Quieren ir conmigo hasta la feria? Ambas sacuden sus hojas. Puede ser la brisa que entra por la hendija entre las ventanas. ¿O tiemblan de emoción? –¿Tú que dices? Eres la mayor. –le inquiere la más pequeña. –No sé… - y, bajando la voz, prosiguió la alta– La última vez que estuvimos allí fue después de sacarnos de la tierra. Y era para vendernos… para ser masticadas. –Quédense tranquilas, –dije, calmándolas– sólo las llevaré a pasear, y luego las traeré de vuelta. –Pero has ido más veces, –la más chica aún temía– y has traído a otras que cortaste con el cuchillo… y devorado. –Sí, es cierto. –aclaré– Me gusta el sabor del albahaca. Los animales para subsistir debemos comer. No somos como ustedes, las plantas, que viven del aire y del sol. –No olvides el agua. –sentenció la mayor– Por algo nos mojas cada día. En fin, por ello confiaremos en ti. Vamos. Puse las macetitas en un canasto de grandes aberturas para que las albahacas pudiesen ver hacia afuera y disfrutar del paseo. Y… fuimos a la feria.
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    Diap 20 GATOS YALBAHACASGATOS Y ALBAHACAS DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA La gente me miraba como a un demente, más al oír que yo conversaba con ellas. No comprendí su extrañeza. Muchos llevaban perros y hablaban con ellos. ¿Cuál era la diferencia? Las plantas saltaban en el cesto, alegres de estar fuera de las paredes del apartamento. Hasta las escuché gritarles a las albahacas que estaban en los puestos para ser vendidas Volvimos. La burlona mirada de los puesteros hizo que no comprase nada. No me importó. Las verdes hojas de mis plantas brillaban más que nunca. Volví a lavarlas. Traían polvo de la calle. Y las puse en la ventana. La gata y el gato vinieron y quedaron viéndolas atentos. Llegó mi familia y les conté. Les dije que las escucharan. Me miraron compasivos, ellos nada oían. Pero yo las seguía oyendo como comentaban del paseo. ¿Será que las plantas sólo les hablan a los gatos y a los locos? …oo0oo…
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    Diap 21 LA PALOMARENGA Fría mañana de otoño. Dentro un mes será invierno. Cruzo la plaza llevando mi mano izquierda metida en el bolsillo del abrigo. La artritis en la muñeca me hace añorar el calor. Paso cerca del asiento en cemento que está debajo la placa que explica el nombre de la plaza. No le he leído nunca. Para mí es la plaza de enfrente… y eso basta. No es así con el banco. De noche duerme en él un hombre joven. Mucha debe ser la pobreza, o el abandono, para tener la valentía de pasar esas horas en la congelante intemperie. Apenas amanece se levanta, se arregla con detenimiento, recoge lo que le sirve de cobertor, lo guarda en la mochila. Es extraño, la mochila aparenta nueva y de calidad. Y se sienta. Al poco tiempo, caminando, llega un viejo metido en un sacón de grandes bolsillos. De uno saca puñados de granos que arroja a las palomas. Y éstas salen de su letargo y comen. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA De otro, extrae un paquetito y se lo entrega al joven. Éste lo toma, limpia el resto del banco, e invita a sentarse al anciano quien lo hace con mucha camaradería. Luego el joven abre el paquete y come de su contenido, sin apuro, despacio, mientras charla animadamente con el viejo. Y, de abajo del banco ha surgido una botella de refresco. A veces uno señala un pájaro; el otro, un árbol. Los vecinos pasan y los saludan. Algunos quedan un rato hablando con ellos. Finalmente todos se van, los vecinos, el viejo, el joven. Las palomas siguen alrededor de la estatua ecuestre. Las veteranas digiriendo en paz. Pero, las más impetuosas suben sobra la montera del héroe, donde eyectan libremente. Llego. Los humanos se han ido. No, el caballo y su jinete. Permanecen estáticos en el bronce y en la historia. Y las aves remontan y vuelven al suelo. Es cuando la veo… ¡Es una paloma renga!… Y los brazos se hicieron alas, para poder volar… 06 LA PALOMA RENGA (U)
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    Diap 22 LA PALOMARENGALA PALOMA RENGA Se bambolea al andar, inclinándose en cada paso hacia el lado izquierdo para luego nivelarse nuevamente al apoyarse en su extremidad derecha. Y lo hace con total naturalidad. En la izquierda le faltan todos los dedos. Solo le queda el delgado tarso terminado en un muñón que, encallecido por el tiempo, recuerda la pata de palo de un antiguo pirata. Las demás le dejan lugar en su picoteo de los granos. Se nota que se ha ganado el respeto, ya que la compasión no es instintiva entre las aves. Por lo contrario, repelen al débil. ¿Cómo perdió los dedos? Quizás le quedaron pegados en el desesperado esfuerzo de desprenderse de la “cola para pájaros” que un llamado humano puso en un alambre. O, tal vez, en la noche, en un descuido del ave, la mordió una rata de albañal. Pero la paloma supo luchar y prefirió quedar renga antes de ser devorada por un rastrero. O, simplemente, nació sin ellos. Cualquier otro pichón con ese defecto habría muerto de hambre. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA La naturaleza elimina a los menos capaces y a los que les falta la voluntad de vivir. Pero ahí estaba ella, viva, con sus músculos más fuertes por el esfuerzo de cada paso. Viva, caracoleando y no dejándose abusar por nadie. Viva, renga pero viva. Levanté mi bastón. Todas corrieron para luego remontar en ágiles aleteos. Una nube de aves subió al cielo. La paloma renga también corrió, cojeando, desgarbada. Pero al estar en el aire fue la que llegó más alto, más lejos, la de vuelo más agraciado. Y en su cuerpo estilizado no se veía esa pata ni la otra… sólo se veían las alas. Me fui de la plaza. Cada tanto me daba vuelta para mirar la bandada de palomas. Una tras otra iban volviendo al suelo, y caminaban en busca de más comida. Pero una seguía en sinuosos vuelos. Era la paloma renga. ¿Acaso se necesita pies para poder volar? …oo0oo… 14 Mayo 2008
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    Diap 23 LA CUARTAGRÚA La cuarta grúa fue la primera cuando ese muelle era nuevo. No hace muchos años de eso, pero ahora todo se vuelve viejo al poco tiempo. Tuvo la atracción de la primicia, la eficiencia del desarrollo, la fuerza de sus partes modernas. Los barcos de carga hacían cola para estar debajo ella. Y, mientras las viejas grúas languidecían en los muelles interiores del puerto, ella lucía su esplendor en esa punta disfrutando en sacarle y ponerle al favorecido del momento. La eficiencia es arma peligrosa. Otorga fama. Pero, si no da abasto para todos, despierta la necesidad.. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Pronto tuvo otra grúa igual a ella y junto a ella. Dejó de ser la primera Sin embargo, no pasó a ser la segunda. Eran las dos grúas que preferían los barcos cargueros apurados de estar poco en puerto. Y juntas, las dos satisfacían sus deseos. No contaron que a pesar de su altura, elegancia y fuerza, sólo eran herramientas grandes del hombre. Y la ambición de éste es insaciable. Cuanto más obtiene, más quiere. Al poco tiempo montaron en ese muelle dos grúas más. Más modernas, más altas, más fuertes, más eficientes, más nuevas. Que atendieran a más buques y más rápido. Y la antigua primera grúa quedó en la punta. Viendo como entraban los cargueros y la dejaban atrás. Viendo como las dos grúas nuevas saciaban a los barcos enseguida. Viendo como la que fue su compañera, se unía a las nuevas. A ella sólo la usaban como emergencia, como ayuda, para los viejos mercantes, o para las cargas de popa. Y, levantado su brazo al cielo, se volvió la cuarta grúa. 07 LA CUARTA GRÚA (U) GRÚAS - PUERTO DE MONTEVIDEO AÑO 2008 – FOTO DEL AUTOR No importa ser el primero, no importa ser el único, lo importante es ser el último…
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    Diap 24 LA CUARTAGRÚALA CUARTA GRÚA Era la que estaba a la entrada del atracadero, del remanso. La que primero se ve al entrar. La que última se deja al irse. La más vieja, la más conocida. Y por eso, la menos buscada. Allí, siempre sola, siempre apartada. Usada por obligación, por necesidad. Ya que a hombres y barcos les gusta utilizar lo nuevo. La novedad atrae, lo conocido aburre. Se hizo solitaria, o ya lo era desde su inicio. Fue la primera cuando no habían llegado otras. Y ser primero es estar solo. Desde ese lugar veía venir de lejos, del horizonte, a cada barco en busca de puerto. Y desde ese lugar, lo veía irse, desaparecer en la lejanía del mar en busca de otro puerto. Los conocía a todos. Todos habían estado debajo ella cuando ella era la única. Los había vaciado de la carga que traían. Y había colmado sus entrañas con otras cosas. No importaba de que color eran ni de que nacionalidad. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Al pasar la escollera, todos eran empujados por un remolcador que; cual alcahuete, los ponía junto a ella y se iba. Y si llegaba uno nuevo, daba lo mismo. Sólo podía ser más alto, más largo, más ancho, con más capacidad. Pero, en su interior o cubierta, sería parecido a los demás. El tiempo le había enseñado que todos venían con ganas de dejar. Que todos querían quedarse poco. Que todos querían marcharse pronto. Que todos se iban llevando algo. Sabía que los barcos cargueros tienen alma de marinero. Que van de puerto en puerto. De grúa en grúa. Las nuevas enloquecían por ser las preferidas. En su momento ella lo fue. Eso ya no le importaba. Porque si los cargueros tenían alma de marinero, ella la tenía de vieja mesera de puerto. Que aún sirve, que se usa en caso de necesidad, pero que ninguno recuerda. Con su brazo en alto, ahora sólo era la cuarta grúa. Pero, para muchos, ella fue la primera. …oo0oo… 27 de Mayo 2008
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    Diap 25 RAIMUNDO Raimundo InsuranceDuprevú nació asegurado. Más aún, estaba asegurado antes de nacer. Y, por lógica, fue concebido luego que sus padres se aseguraran de poder hacerlo. Porque, como se había vuelto natural en ese país, primero ellos tuvieron cinco años viviendo juntos como compañeros, un eufemismo por concubinato. Aducían, al igual que los jóvenes modernos, que era para conocerse mejor mutuamente, y que al llegar al matrimonio legal estuviesen seguros el uno del otro y de lo que hacían. Además, en esos cinco años, en los cuales tenían los goces de ser pareja pero sin responsabilidades ni obligaciones se iban asegurando en sus trabajos. Prefirieron tener anodinos puestos públicos, rechazando buenos empleos en el campo privado para evitar riesgos con los servicios asistenciales en su vida y con la jubilación. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA A los cinco años, y por contrato, les dieron un aumento de categoría y de sueldo. Si era o no meritorio, no venía al caso. Era un beneficio seguro obtenido por el sindicato. Hicieron cuentas, sopesaron el costo de la boda, los gastos como matrimonio, la posible inflación, los compromisos, el pro y contra futuros, y… habiendo previsto todo, se casaron. Eso no quitó que en el documento existiese una cláusula de prevención que, en caso de divorcio, cada uno mantenía sus haberes anteriores y recibía la mitad de los obtenidos juntos. Y vivieron casados, pero como los cálculos daban que aún no era económicamente seguro tener un hijo, seguían con sus precauciones para evitar ese nacimiento. Ya había aparecido la píldora anticonceptiva para la mujer, cosa que les permitía disfrutar más su unión sexual. Ella la tomaba. Pero, por si acaso, él seguía usando el preservativo. Y otros cinco años. Otro ascenso y aumento sindical. A veces, de tanto vivir previniendo para el futuro, se olvida vivir el presente. 08 RAIMUNDO (U)
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    Diap 26 RAIMUNDORAIMUNDO Sus padresvolvieron a hacer cuentas. La situación social y económica era segura. Además, evitaban el riesgo que puede tener un embarazo luego de los treinta años de la mujer. Su madre dejó las píldoras, y su padre el condón. A los dos meses a ella le faltó le menstruación y tenía mareos… Sin embargo, fueron al médico para que les asegurara que estaba encinta. De inmediato la mujer se acogió al seguro de maternidad, y él a uno de desempleo. Y ambos cansaban al doctor con cualquier molestia fuera del proceso previsto de gestación. Cuando el niño nació, hacía meses que estaba inscrito en sociedades médicas, institutos de cuidados infantiles, y hasta ya tenía seguro de vida… por si fallecía. Llegaron al extremo de ordenar que le hicieran un examen del código genético a fin de tener la seguridad que era hijo de ellos… en prevención de posibles errores de la clínica. El niño creció bajo mutualistas de la salud, y tuvo todas las vacunas existentes. Se educó en institutos que previeran las fallas con sicólogos y profesores especiales. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA No le dieron un hermano. No querían que el niño o ellos pasar otro riesgo. Y cuando Raimundo se hizo hombre, fue un empleado público como ellos. Respecto a hacer ejercicios físicos le prevenían respecto al peligro de los deportes. Pocos amigos tuvo. En cuanto al sexo, utilizaba las mujeres previstas para ello. Y, siempre con las precauciones correspondientes. Nunca se casó. Las estadísticas indicaban que la mayoría de los matrimonios actuales terminaban en imprevisibles divorcios. Tampoco tuvo hijos. Nada le aseguraba que le costearían un instituto donde cuidarlo de viejo. Lo pagaba él mismo. Raimundo Insurance Duprevú nació asegurado. Así vivió y así falleció. Murió sin esposa ni hijos ni amigos a su lado. Pero había una enfermera paga, un acompañante a tiempo completo, y estaba en el mejor ancianato. Lo velaron en la Funeraria La Previsora. Sus restos están en un nicho de la mutual Previsión. Pero… nadie lo recuerda. Para eso, no existe compañía de seguros ni de prevención. …oo0oo…
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    Diap 27 CON DIOS Elotro día, muy de mañana, temprano, con frío y aún entre la niebla, cruzando la plaza, yendo para el automercado, me encontré con dios… Sí, sí… con dios, así con minúscula. Tan arcaico estaba, que ponerlo con mayúscula no representaría su estado actual. Al principio dudé, ya que no tenía la habitual túnica blanca luminosa ni el halo radiante. En su lugar portaba un rústico poncho marrón y un gorro gris que le cubría hasta las orejas. Comprendí que con la gélida temperatura y la humedad reinante, no podía usar la etérea vestimenta de los cuadros. Se hallaba en el banco de piedra, ése que se encuentra del lado izquierdo del monumento al libertador, el cual, como todo héroe, tiene que estar montado en un caballo. Algunas viejas, eran las ocho y media, iban a la carnicería y, pasaban indiferentes… ¡Otro viejo!... ¡y qué mal vestido! DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Dios no ha muerto, ha pasado al olvido… 09 CON DIOS (U) (Presentación anterior Nº 1
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    Diap 28 CON DIOSCONDIOS DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA No hay mayor desprecio que el no aprecio. Y en aplicar eso no hay mejor intérprete que la mujer. Pero, yo era hombre, y también viejo. Por tanto me animé a preguntarle dubitativo: –Perdón, señor… ¿Usted es Dios?... –Sí, hijo mío… soy dios… uno no puede dejar ser lo que es. Me sentí delante la verdad divina. Sólo Él me podía llamar hijo mío a mi vetusta edad. Y al definirse a sí mismo, lo había hecho tan resignado que, él debía serlo en minúscula. –Pero… ¿qué te ha pasado?... –no pude menos que decir. –En tus preguntas está la explicación. – respondió con una sonrisa sardónica- En el principio me trataste con respeto y de señor… Y ahora, hasta me tuteas como uno más. –Disculpe…–me apresté a aclarar– no quise ser insolente. –No. No me molesta eso. Por lo contrario, es tan triste ser un dios perfecto y único. Sólo hay algo peor: Ser olvidado. Él era dios, y yo criatura, pero dije compasivo: –No creo que haya sido olvidado. Es que hoy no nos queda tiempo para meditar. Sólo se venera la eficiencia. Además, la tecnología aparenta opacar sus milagros del ayer. –Veo que los sacerdotes hicieron su labor en ti. –respondió socarrón- Lástima que también pusieran los dogmas. ¿Crees que si yo fuese perfecto habría hecho tantas cosas imperfectas? Levanté mi ceja en la clásica expresión de duda. Y él siguió: –Aún puedo hacer milagros. Pero me cansé de hacerlos, la gente los quería sin esfuerzo de su parte. Como si fuese mi obligación ¿Crees que la tecnología puede hacer esto? Agitó su mano hacia la estatua. Y el héroe de bronce, que miraba a la derecha, giró su cabeza viendo a la izquierda. Pero, la gente continuó caminado sin percibir el cambio. –¿Te das cuenta? –me preguntó deprimido– Nadie lo notó. Cada uno en su problema, su camino. Es la indiferencia… es lo que acaba con los dioses… y con los humanos.
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    Diap 29 CON DIOSCONDIOS DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Callé. Nada podía yo agregar a eso. Y dios, riéndose de sí mismo, cualidad de eterna sabiduría, dijo agitando su mano: –Dejemos la estatua como estaba. Sean de bronce o carne, las criaturas empiezan mirando hacia la izquierda, con los años miran de frente… y terminan viendo la derecha. Largamos una sonora carcajada. Un mortal había logrado hacer reír a dios… fuese con mayúscula o minúscula. –¿Qué sabe de Lucifer? –pregunté desviando la conversación. –Pobre diablo… –respondió dios añorando– Pobre criatura mía, rebelde y desorientada. Tuvo su momento de auge en los años de liberalidad… Pero, también él cayó en el olvido.. Dejé a dios en la plaza. Yo tenía que ir al automercado. Cuando volví, el banco estaba vacío. Tal vez dios se había ido a otra plaza, a hablar con otro viejo, a hablar del olvido… Sólo dios sabrá… …oo0oo…
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    Diap 30 HUMO El hombrecerró el cajón del escritorio. Otro que quedaba vacío como los demás. Un escritorio que había guardado en sus entrañas documentos, herramientas, poesías… cuentos. Sacó del sobre el pasaje. Y por enésima vez lo releyó. Sabía su contenido de memoria. Pero, aún temía un error. Temor que no pudiese partir. Temor de marcharse… Y, por enésima vez, comprobó que estaba todo normal. El día, la hora, el vuelo, el aeropuerto, la salida, el destino. Y, con la agridulce mueca del que se va, lo puso en el maletín. Junto al pasaporte. Junto a otras cosas importantes. O que creía importantes. Cosas que indicaban quien era, quien fue, que tenía, que tuvo. Que llevaba. Que debía hacer aún. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Oyó que le venían a buscar. Se levantó de la silla. Miró el espejo. Vio una imagen distinta a la de cincuenta años atrás. Fue a la ventana. Por enésima vez miró el paisaje. El valle, las montañas, el sol, el cielo, las nubes, las flores, la exuberante naturaleza, las calles, la gente. No necesitaba una foto… estaba dentro de él. Y cerró la persiana. Cruzó el apartamento sin detenerse, sin darse vuelta. Sólo eran cuartos vacíos. Sólo eran paredes vacías. El otro, el lleno de cosas y de vida, lo llevaba en sus recuerdos. Y sin detenerse, sin darse vuelta, subió al vehículo. Por la ventanilla vio gente que lo despedía. Y, como un autómata, con su mano en alto, les decía adiós… sin él darse vuelta. El chofer preguntó si quería ver donde, medio siglo antes, el hombre había llegado. Y él dijo que no. Que no se podía volver atrás. Que eso había sido monte… y ahora era ciudad. Y así, mirando de reojo, iban por las autopistas. Cuando en la vida se cree todo logrado; nada más emocionante que en una sola jugada, jugarlo todo... ¡a todo o nada! (Poemas 1995) 10 HUMO (U)
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    Diap 31 HUMOHUMO Cruzando urbanizacionesy barrios. Viendo altos edificios donde él encontró casitas de techos rojos. Admirando lujosas quintas donde él vio correr venados y oyó cantar pájaros. Y avanzaban, siempre sin detenerse, sin él darse vuelta. Pasando por cerros llenos de ranchos de pobres y sw obreros. Cerros donde hubo árboles y flores, y conucos, y conuqueros que le enseñaron a amar la tierra, el agua, el sol, la música, la gente. Y seguían avanzamdo, siempre sin detenerse, sin él darse vuelta. Yendo por valles atestados de chatos galpones, chimeneas humeantes, ruidos, camiones. Y él los había recorrido por las orillas de sus cristalinos ríoscon verdes bosques. Y avanzando siempre, sin detenerse, sin él darse vuelta, llegaron al terminal del aeropuerto. Un terminal que ahora era diez veces más grande del que había llegado. Luego, ir en la compañía de desconocidos y azafatas con la artificial atención para que pase volando el tiempo de vuelo. Y finalmente la llegada a destino. ¿El destino de él?... DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA El mismo lugar de donde se marchó hacía cincuenta años. Pero no hay un mismo lugar dos veces en el tiempo. Alguien lo llevó al que sería su apartamento. Y lo dejó. El hombre quedó solo. Fue hasta la ventana. La abrió. Era otro paisaje. Una bahía. Un puerto. Un cerro. Algo parecido a un pasado distante. Recién sintió la necesidad de darse vuelta. Y lo hizo. Y allá, allá en el norte, lejos, muy lejos, en un horizonte de garzas y de sol, en un horizonte que se alejaba cada vez más, creyó ver subir estelas de humo. Pensó que era el de las barcas que había quemado. Una brisa que venía del sur, entró por la ventana. Una brisa fría que lo despertó a la realidad. Sólo tenía una pared delante. Retornó a la ventana. Y allí quedó viendo… sin darse vuelta. …oo0oo…
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    Diap 32 LA ROSAROJA DESDE BELLA VISTA El otro día, a mediodía, en una fiesta patria, estuvimos en la reunión ofrecida por la embajada de mi país tropical. Un agasajo con protocolo, bebidas, comida, cuatro, violín, guitarra, tambor y maracas… ¡y el protocolo desapareció! Y así se llegó a las cuatro de la tarde. Los diplomáticos ya tenían poco que comentar con los políticos. Y los agregados militares, que decir a las esposas de los diplomáticos. Lo que fue una muchedumbre aglomerada por el tintineo de las copas y las bandejas de bocadillos, se había vuelto grupos aislados de dos individuos hablando de sus propios intereses. Mozos y camareras se apoyaban en las mesas descansando sus adoloridos pies y, con disimulo, comían canapés en tanto los músicos bebían sus repletos vasos. Era hora de irse según el protocolo, o sea… ¡sin protocolos.! 11 LA ROSA ROJA (U) Te daré esta rosa roja… Canción de Víctor Munguia DESDE BELLA VISTA Narración de un hecho real acontecido en el Parque Hotel (Parqué Rodó) en Montevideo el 5 de julio de 2008 Me despedí de las empleadas de la embajada, ellas habían sido las que trabajaron y pusieron el ambiente de esa tierra. Y con un beso libidinoso de mis ochenta años saludé a la muchacha que me servía el whisky que trajo el momentáneo revivir de los años pasados en aquellas exuberantes regiones. Dejamos el salón. Había dos enormes arreglos florales en la puerta a la recepción. Aún con la euforia de las copas y de la música, saco una rosa roja de uno y se la doy a mi señora. Mi esposa me mira con callado regaño por mi atrevimiento y falta de respeto a donde hemos sido invitados. Pero, no puede reprimir una sonrisa de mujer halagada. En las escaleras hacia la calle, un hombre de casi cuarenta años, con el típico gesto de servidor, me pregunta si quiero un taxi. Le respondo que no, que iremos a pie. Y el rostro del hombre cambia. Y, retraído, me habla: –Disculpe, señor… no quisiera molestarlo, pero acabo de verle hacer algo que… (Presentación anterior Nº 2
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    Diap 33 LA ROSAROJA DESDE BELLA VISTADESDE BELLA VISTA LA ROSA ROJA Llega el transporte. Nos sentamos. Mi señora tiene en su mano la rosa roja. Una rosa roja de tallo largo. Los demás pasajeros la miran. Y el ómnibus nos lleva hasta la plaza. Nos bajamos y vamos hasta el apartamento. Mi señora pone la rosa roja en un florero de cristal. Yo poco he hablado. Mucho he sentido. Voy a la ventana desde la cual se ve el mar. Y, con los binoculares de los recuerdos, busco del otro lado de la bahía. Y, en una azotea que servía de mirador, veo a un viejo. Un viejo con los ojos tristes de los que no pudieron volver. Un viejo que allí me enseñó tantas cosas con su tono gangoso que arrastraba las erres. Y me enseñó tantas más sin hablar. Pienso en lo que me ha dicho un hombre que ama a una mujer. Pienso en una rosa roja. Y me domina algo que no me cabe en el pecho. Y murmuro calladamente: -Gracias, viejo francés… Mercí, mon père… …oo0oo… Veo que duda en seguir y, creyendo que tiene alguna crítica, espeto: –Dígamelo… –Usted le acaba de dar una rosa roja a su señora… –Sí… Siento que mi muro interno se derrumba. Y el hombre continúa: –En la actualidad es raro ver un gesto así… y en personas que tienen años de casados. Lo felicito. –Muchas gracias… Sólo puedo agradecer, me ha dejado sin palabras. Y él sigue: –No, señor… Soy yo que le agradezco a usted. ¿Sabe?... Mi esposa y yo trabajamos afuera de la casa. Y a veces creo que no he podido demostrarle lo que la quiero… Sigo callado, me domina la emoción, el asombro. –Hoy usted me mostró una forma de decírselo… -concluye. –Gracias… –susurramos al unísono... Nos despedimos. No hace falta ni darnos la mano. Salgo. Con mi esposa subo hacia la avenida para tomar el ómnibus. Me apoyo fuerte en el bastón. Me cuesta ir por la vereda.
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    Diap 34 PLUMEROS El inviernonos regala un luminoso día de sol. A través del aire seco y límpido vemos un cielo sin nubes que termina en la línea definida del horizonte con el sereno mar. Desde la ventana miro la bahía que parece un plato donde la isla aflora como una mancha de tierra. Hace frío, pero es seco. En los techos de las casas tienden la ropa a secar. Me abrigo con descuido y voy a caminar. Invita a salir. Al llegar a la calle, el viento se me cuela entre la ropa y el dolor en las articulaciones me reclama el descuido. No le haga caso, el esplendor de la mañana contagia, y sigo caminando. Llego a la avenida y, doblando, continúo por la vereda en la que dan los rayos del sol. Tarareo mientras hago girar el bastón en mi mano derecha. Unos me miran como un demente, y otros fingen no verme. Y ambos tienen razón. Estoy en otro loco tiempo. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Cruzo calles y bulevares. Voy por rotas aceras de piedras y baldosas. Cada tanto hay grandes huecos con obreros dentro. Están instalando la tubería de gas de petróleo… ¿Encontrarán algún caño de aquella inglesa Compañía del Gas de principio de siglo? Gas, que tenerlo diferenciaba a los de la ciudad con los de los suburbios. No lo creo. Vacíos, su óxido se habrá mezclado con el de los rieles de los tranvías que transportaron mi juventud. Y así, sin darme cuenta, sin sentir el frío, llego al viejo liceo Bauzá. Lo miro desde la vereda de enfrente. Ya ni se llama de esa forma, sólo es un número, un edificio arcaico y descuidado. Cruzo la calle. Los ómnibus se detienen, dándome paso por mi bastón y vejez. Voy a la entrada por la cual, durante cuatro años, pasaron mis ilusiones, esperanzas, ideales. Ha sido clausurada. El mármol del escalón está gastado. Y pienso cuanto de él quedó en mis pies y lo llevé por los caminos de mi vida y del mundo. Las plumas sirven para volar, y también para limpiar… 12 PLUMEROS (U)
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    Diap 35 PLUMEROSPLUMEROS Piso elroto borde. Acaricio la remendada puerta de roble. Se me humedecen los ojos. Y vuelvo a cruzar la calle. Continúo por la vereda con sol. Por la esquina surge un fantasma del pasado. No lo puedo creer. ¡Es un vendedor de plumeros!... Y viene hacia mí. Lleva atravesado sobre un hombro el mango del plumero más grande. Y de éste cuelgan los demás de distinto colores y tamaños. Flaco, con su rostro tostado por el sol de la vida, y curtido por los vientos del tiempo. Mira con ojos llenos de dulzura de grappamiel y nostalgia de caña amarga. Viene de la costa. Del barrio más abajo. Del pasado. Por un instante nos quedamos viendo con serena sonrisa. Detenidos en el tiempo. Sabiendo lo que siente el otro. Luego seguimos, pasando cerca, con un saludo silencioso. Pero, al dar unos pasos, no puedo aguantar lo que tengo en mí y giro. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Veo que él ha hecho lo mismo. Y me musita: –Plumeros. No es pregunta ni oferta. Es la definición de su realidad. –Disculpe que lo mire así… –le digo con voz emocionada– creí que los vendedores de plumeros ya no existían más… –Bueno… –me responde– los supermercados nos hicieron desparecer… Pero, algunos todavía quedamos… como yo… –Lo felicito. –Gracias. Y girando, cada uno volvió a su camino. Yo no le había comprado ningún plumero. Él no me había vendido ningún plumero. Sin embargo, ambos nos sentíamos felices. Llegué hasta la esquina. Entré en el boliche. Unos de los pocos que aún subsistían. Me apoyé en el mostrador. –Una caña… –pedí, viendo lejos. –¿Para olvidar? –preguntó el bolichero, bromista. –¡No!... afirmé– Para recordar. …oo0oo…
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    Diap 36 ENCUENTRO Cruzaba yoel bulevard cuando la vi en la isla del medio. Ella estaba sentada en un bajo muro, con la vista perdida, mirando el horizonte llenos de hospitales. Portaba un escaso ropaje para el congelante clima, pero no le hacía falta más. Me extrañó verla así, tan distraída. –¡Hola, vieja amiga!... –le saludé- ¿Qué andas haciendo por aquí?... Llevaba tiempo sin verte. Las calaveras siempre ríen. O la muerte es algo cómico, o se ríen de nosotros... o los cómicos somos nosotros. Y, esta vez me miró con una sarcástica sonrisa. –Lo extraño es que tú andes por aquí. – respondió– Éste es un lugar donde normalmente debo estar; pero, ésos vestidos de blanco me hacen salir a esperar en la calle. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA –Sí… –musité, señalando– allí, hace poco, estuve a punto de reunirme contigo para siempre, y ellos no lo permitieron. –Estás equivocado. –replicó, severa– No era tu momento. Si lo hubiese sido, ninguno de ellos, ni nada, podría haber evitado que te fueses conmigo. –¿Y cuándo será? –Nadie lo sabe… ni yo, que soy el final. Llega ese instante a cada uno, y debo ir a buscarlo. Volvió a mirarme irónica, y siguió: – Aunque…noto en tu pregunta cierta ansia. –Quizás… a menudo pienso que ya es hora de irme. Irme antes de estar rodeado de medicinas, con dolores, siendo un inútil e incapaz. Quiero irme dignamente… –Hay formas de vivir con dignidad, pero no hay forma de morir dignamente. –sentenció– Para ello, lo primero sería aceptar mi llegada… Sin embargo el no hacerlo es instintivo, natural. –Tienes razón, el saber que estaba enfermo, yo también me aferré a la vida –me sonrojé por la vergüenza y el frío– A pesar de que te llamo mi amiga, fui cobarde y te alejé. Hola amiga, la sincera, la puntual… (Poema: Hola amiga} 13 ENCUENTRO (U)
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    Diap 37 ENCUENTROENCUENTRO –No tejuzgues tan severamente. Fuiste humano, uno más… –dijo comprensiva– Ningún ser quiere dejar la compañía de mi hermana gemela, la vida. –¿Tu hermana gemela? –Sí, siamesas, caras opuestas de la misma moneda. Como la derrota y la victoria, la ilusión y la realidad; como lo son el fracaso y el triunfo, el recuerdo y el olvido. -El olvido… -murmuré pensativo- Dime, tú que conoces a ambos… ¿Quiénes son más, los vivos o los muertos? –Los vivos, -afirmó– porque los muertos no son. Se levantó, su magra figura cuadró en el entorno invernal. –Te dejo, debo ir al hospital de niños, tengo que llevarme a uno. –su voz fría, sonó sentimental– Pero, en el cuarto de al lado, mi hermana siamesa ha recibido a otro. Y, dándose vuelta, tomó por el bulevard. Y, mientras se alejaba la vi confundirse con una joven hermosa, vehemente, coqueta, Y así desapareció. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Y al paisaje volverse primavera. Lo atribuí a las medicinas que yo estaba tomando. Volví a mirar. Sólo me rodeaba el invierno con gente embutida en sus abrigos. Me dirigí a la parada de ómnibus. Tomé el que llevaba a Bella Vista, mi barrio. Me cedieron el asiento destinado a los viejos con bastón. Una consideración con reglamento. Sonreí mordaz. Llegué a mi apartamento. Fui a la ventana. Miré afuera. Calles… casas… gente… perros… palomas… Existían… Pensé en la criatura muerta al nacer. Tristees irse sin haber siquierarecorrido el camino. Yo había tenido la fortuna de recorrerlo hasta la vejez. ¿Gracias a mi amiga, la muerte? ¿O a su hermana gemela, la vida? Ya no me importó cual de las dos. No había sido aún mi momento de irme. Debía seguir. …oo0oo…
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    Diap 38 EL ANIMAL Todoslos días, al despertarme, apenas me levanto, voy hasta la ventana para ver el paisaje. El gusto de disfrutarlo es tal, que he quitado las persianas del todo. Y todos los días, quedo viéndolo de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, desde el puerto al Cerro, desde el Cerro al puerto, con la bahía en el centro, delante mío. Y todos los días, haga calor o frío, llueva o haya sol, truene o relampaguee, con viento o con niebla, termino mirando lo mismo: El techo de la casa de enfrente, en la esquina. Y allí siempre está mi pobre amigo negro. Negro, porque es un perro negro. Amigo, aunque nunca hemos estado cerca ni le he hecho un mimo. Pobre, ya que me da lástima verlo. Duerme en una estrecha caseta adosada a uno de los muros linderos; la cual, dada su altura, debe estar destinada a otros fines aparte de defender al desgraciado de la intemperie. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA De la misma sale un grueso alambre que, casi pegado al suelo, cruza el techo, para finalizar fijado en la baja pared que sirve como pretil sobre la calle transversal. Por el alambre corre el extremo de una cadena de hierro de apenas un metro de largo. Los eslabones brillan por el roce contra el piso. El otro extremo está unido a un ancho collar. Y el collar aprisiona a mi pobre amigo, el perro negro. Cual signo de servidumbre. Como muestra de esclavitud. Sujeto a una cadena, limitado por un alambre. Y el pobre perro negro todos los días recorre de punta a punta el alambre en una libertad de nueve metros. Mira la calle, sin poder ir a ella porque no se lo permite la cadena. Y el pobre perro negro, haga frío o calor, viento o lluvia, niebla o sol, va y vuelve en esa línea. Donde, sumiso, le hace fiestas a su dueño cuando le trae la comida. 14 EL ANIMAL (U) Cuanto más se conoce la gente, más se ama a los animales…
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    Diap 39 EL ANIMALELANIMAL Porque ese perro tiene un dueño. Mejor sería decir un amo. Ya que las cosas tienen dueño. Los empleados pueden tener patrón. Pero solo los esclavos tienen amo. Un amo que lo deja a la intemperie, que nunca le da calor en invierno ni sombra en verano, que no lo seca si se mojó con la lluvia ni lo baña si se ensució con el polvo. Un amo que ni siquiera lo cuida si se enferma. Por semanas tuvo una lastimadura en un anca. Herida que fue curándose sola. Aún, ahora, desde lejos, se le ve la cicatriz. Un amo que lo tiene prisionero en la azotea de su casa para que le avise si un intruso quiere penetrar en ella. Y el pobre perro negro cumple fiel con ese deber. Un amo que cierta vez le trajo una compañera que estaba en celo. Pero ni así le liberó para disfrutar del placer. Pudo tenerla porque ella se acercó a la cadena. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Un amo que se dice humano. Pero que no tiene reparos en pegar al pobre perro si éste le pone las patas encima cuando le trae las sobras con que lo alimenta. Una mañana estaba yo en la carnicería. La charla con los otros clientes giró sobre las mascotas en la clásica rivalidad de quienes son mejor compañía… ¿los perros o los gatos? No me pude contener y conté las penurias del pobre perro negro y del maltrato de su dueño. –¡Un animal!... –dije, concluyendo la narración. –Sí… –me apoyó una señora– pobre perro… –Yo me refería al dueño… –aclaré. Todos se hicieron los distraídos. Giré. Un hombre, que poco antes había entrado al comercio, me miraba molesto. Desde ese día hay un vecino que no me saluda. Es el que vive en la esquina. En la casa que tiene un perro negro en la azotea. Un perro esclavizado a una cadena y un alambre. No me extraña. ¿Dónde se ha visto un animal saludando? …oo0oo…
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    Diap 40 EL CRUCE Apoyandoel bastón en una gastada baldosa, y luego de cerciorarse que estaba firme, el anciano subió de la calle a la vereda con evidente esfuerzo. Dio unos pasos rengueando por el dolor en la rodilla. Un dolor muy conocido, no por eso aceptado. Pero, ya caminaba normal al llegar a la esquina de esa cuadra. Cuadra empinada donde antiguas y altivas construcciones señoriales formaban un frente macizo que surgía, rectilíneo y perpendicular, de las graníticas lozas de la acera. Dando un seco golpe de bastón en la piedra tomó impulso mirando la próxima, y para él lejana, calle transversal. Fue cuando la vio. Ella había doblado la esquina de arriba y venía bajando hacia él con elegante paso juvenil. Paso que aún mantenía el salto inocente de una niña inquieta. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Y él, en instintiva reacción, enderezó la arqueada espalda, agilizó el arrastrado andar y convirtió al necesario bastón en un superfluo adminículo de caballero. Calculó que con el ágil ritmo de ella, y el esforzado de él, se cruzarían a mitad de cuadra. En tanto, la miraba acercarse. La miraba y la admiraba. Tenía la piel color canela, el cabello renegrido, sedoso y lacio… Cabello que se movía acompasado al aire. Su cuerpo poseía la tangencia perfecta de curvas que solo se da una vez en la mujer… Cuando empieza a ser mujer. Su piel era tersa como el pétalo de una rosa abriéndose al primer rocío… y era una rosa morena. Los senos firmes, sin artificios, vibraban en cada paso al refrenarse en la bajada que hacía cimbrar su figura. Vio que ella lo miraba. Y, mirándose el uno al otro, se iban acercando y llegaron a la mitad de la cuadra, Mirándose, mirándose… 15 EL CRUCE (U) Hay momentos sin tiempo…
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    Diap 41 EL CRUCEELCRUCE Y él la veía con ternura, con admiración. Y ella lo veía con dulzura, con cariño. Y se cruzaron… sin decirse nada… Y, ya sin verse, siguieron andando, dejándose atrás… Pero, a ambos les pareció que se hablaban en un espacio sin lugar, sólo de ellos. Y él decía y ella respondía: –“¿Por qué llegaste tan tarde?” –“Porque no sabía que me estabas esperando.” –“¡Ah!... si hubieras llegado hace cuarenta años…” –“Hace cuarenta años yo ni siquiera había nacido.” –“Digamos entonces… Si yo tuviera cuarenta años menos.” –“¿Me habrías mirado como me miraste ahora?” –“Quizás sí… quizás no… ¿Cómo te miré?” –“Tu mirada me acarició con delicadeza, sin desnudarme. Me recorrió tiernamente, admirándome. Me hiciste sentir hermosa y no una cosa. Me hiciste sentir mujer y no hembra. ¿Me habrías mirado así si tuvieras cuarenta años menos?” DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA –“Es seguro que no. Más bien te hubiera deseado y visto con ojos de pasión. Y quizás a ti te hubiera gustado” –“Quizás sí… quizás no… O quizás me habría gustado sentir lo que hoy sentí por ti…” –“¿Y qué sentiste?” –“Lo hermoso que sería tener tu misma edad y estar a tu lado sabiendo que un día me miraste de aquella forma.” –“¡Ah!... tiempo, tiempo… momentos, momentos…” –“Sí… y hoy fue un instante único para ti… para mí.” –“Sí… un momento sin tiempo, sin años.” Al llegar a la esquina, el anciano giró mirando hacia atrás y vio que ella hacía lo mismo desde la esquina de abajo. Se miraron en la distancia. Ella levantó la mano he hizo un mohín de niña diciéndole adiós. Él, apoyado en el bastón, elevó su otra mano respondiendo dulcemente el saludo. Y ambos giraron, siguiendo cada uno su camino. …oo0oo…
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    Diap 42 Mi casaestaba en Barcelona 1815, entre Bogotá y Portugal, casi a mitad de cuadra, del lado oeste, o a la izquierda si se iba hacia Río de Janeiro. Geograficamente imposible… Pero, así son los nombres de las calles de mi barrio, de la vieja Villa del Cerro. Yendo hacia la playa, Barcelona es la primer calle paralela a la avenida que sube a la Fortaleza. Avenida que nació camino, hecho con lajas y adoquines, por los conquistadores para erigir ese atalaya. Camino que tuvo muchos nombres. Siendo niños fue Nueva Granada. Pero, un día la Intendencia lo cambió por el de un doctor. Nos costó adaptarnos. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Al que se queda, se lo comen las hormigas… (Refrán venezolano) 16 EL TRANVÍA QUE NO SE PERDIÓ (U) (Presentación anterior Nº 10) Cerro, calle Barcelona, año 1957 Luego de Barcelona vienen otras siete paralelas para concluir en la calle Suiza, la cual funge como la rambla de la playa del barrio. Todas ellas nacen en la falda del cerro y, en pocas cuadras, van a zambullirse en las aguas de la bahía. Pero Barcelona, haciendo un dribling cerca de la orilla, se prolonga en un muelle de hormigón. Muelle que hoy añora la época que en él atracaba al barquito que cruzaba la ensenada en sus viajes de ida y vuelta al Puerto. EL TRANVÍA QUE NO SE PERDIÓ
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    Diap 43 Cmo losrecuerdos de mi infancia, de mi padre. Mi padre fue un hombre más, uno de los tantos extranjeros con que se pobló el Cerro allá por los años treinta. Era francés, tornero, mecánico de precisión, instructor de mecánicos de aviación, y nunca aprendió a hablar bien el español. Los domingos acostumbraba salir a pasear conmigo, yo era el único que le podía seguir en su rápido caminar. Una tarde, tendría yo trece años, íbamos bajando la calle Barcelona. Faltando media cuadra para llegar a la parada de Grecia, vimos que por esa calle se nos escapaba el tranvía 16. Mi padre comenzó a correr tras él. Y yo le grité: -¡Papa, ya lo perdimos!… Y él, en su jeringoza francesa, me respondió: -¡Vamos!... ¡Adelante!... Quizás lo perdamos… Pero, vamos a perderlo tratando de alcanzarlo. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA En sus inicios, mi casa fue una casita de las tantas con cocina, dormitorio y corredor envarillado. Otra de techo con chapas de cinc y cielorraso de listones de madera. ¿Para qué más?... Donde comer, donde dormir, donde sentarse a sentir los perfumes del jardín y de la fresca brisa. También, como todas las demás tenía en el fondo un terreno con frutales y verduras. Y, bien al fondo, un gallinero y… un escusado. En esa casita pasé mi niñez. Luego, casi al terminar yo la escuela, levantaron sobre la casita una edificación de dos pisos y varios cuartos. Pero, ésta era fría. Y volvíamos a buscar el calor en la antigua cocina junto al viejo fogón a leña. Hoy, esa casa ya no es mi casa. Tiene otros dueños. Pero la casita siempre será mía porque la llevo en mí. Don Pablo – Calle Barcelona - Año 1957Vaporcito al Cerro - Año 1929 EL TRANVÍA QUE NO SE PERDIÓ EL TRANVÍA QUE NO SE PERDIÓ
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    Diap 44 * Edaddel autor en el año 2009 EL TRANVÍA QUE NO SE PERDIÓ Fue una lección que me dejó para toda la vida. A aquel 16 lo alcanzamos porque se detuvo en el desvío cercano y debía dar paso a otro tranvía. En la vida, a algunos los alcancé, a otros no pude; a veces tuve que correr mucho, en otras un poco menos. Tuve muchas caídas tratando subirme al alcanzarlo. Y muchas veces, al subir, comprobaba que me había equivocado de coche y de destino. Pero siempre, siempre, frente a una alternativa de la vida, a una decisión dudosa, a una prueba, a un riesgo, oía las palabras de aquel viejo francés: -¡Vamos!... ¡Adelante!... Quizás lo perdamos… Pero, vamos a perderlo tratando de alcanzarlo. Y hoy, al cumplir ochenta* años de mi vida, viendo el camino recorrido, y todo lo que corrí tras lo que parecía perdido pero tratando de alcanzarlo, solo puedo decirle lo que nunca le dije cuando pude hacerlo: -Merci, mon pere… …oo0oo… DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Don Pablo Carigi 3/3/1900 - 24/10/1974 Año 1931 - El tranvía 16 cruzando el puente giratorio (hoy desaparecido) sobre el arroyo Pantanoso. Al fondo y a la derecha se ve el Cerro. Y el 16 se fue... llevándose con él mi juventud. (Del cuento Don Simón, del libro “Los Dones del Ayer”) EL TRANVÍA QUE NO SE PERDIÓ
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    Diap 45 LA PRUDENTEDISTANCIA Seis de la mañana. Abril. Me acerco al ventanal. En el horizonte, las nubes atornasoladas anuncian un día más. El termómetro, en el poste de la avenida, señala 15 grados. Miro la plaza. El héroe sigue montado en su caballo. Ambos congelados en el bronce y en la historia. Muy altos, sobre el pueblo, sobre una base de piedra, sobre un estanque de agua verdosa y llena de restos flotando. Luego, siguen cuatro escalones para bajar a la plaza que está cubierta de pedregullo. Allí, en los canteros, los árboles buscan la libertad subiendo sus ramas al cielo. Hay algo caído del primer al segundo escalón. Parece el resto de una pancarta de promesas políticas. Miro mejor… Tiene alguien dentro… Es un hombre. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Un hombre que, cual abanderado vencido, está envuelto en el pendón que baja en pliegues al otro peldaño. ¿Quién es? ¿Un muerto por la delincuencia protegida en la oscuridad de la noche, y cubierto por una destrozada mortaja? ¿Un borracho que, antes de rendirse al alcohol, quiso hallar un abrigo en esa rota tela de ilusiones? ¿Un drogado que cayó, en su tonta búsqueda de paraísos artificiales, y no pudo salir de la maraña de trapo? ¿O sólo es un despojo humano que tuvo, la inconciencia y la fatalidad de amanecer así en una plaza pública? Siete de la mañana. La gente sale a la calle. El sol asoma tras los techos de los edificios. Alumbra al héroe. El despojo sigue en la penumbra. Una madre lleva a sus hijos al colegio. Van por la vereda. Los niños miran al caído. De pronto, solo hacia adelante, como si no existiera. La madre les dijo que no lo vean. Que se alejen de él… que mantengan una prudente distancia. El que se mete, se compromete. (Refrán acomodaticio) 17 LA PRUDENTE DISTANCIA (U)
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    Diap 46 LA PRUDENTEDISTANCIALA PRUDENTE DISTANCIA Un operario, llevando una mochila, cruza en diagonal. Va a su trabajo. Ve el cuerpo. Se desvía. No quiere saber de él. No quiere comprometerse. Y sin mirarlo pasa… a una prudente distancia. Un viejo, seguido de dos perros, sale de un edificio a gozar de su metódica libertad. Los perros le ladran al despojo. El viejo los llama. Y ellos vuelven callados, serviles. Y los tres continúan su paseo, ignorándolo… a prudente distancia. Desde la esquina llega una anciana. Arrastra tras de sí un escuálido carrito de mercado. Nota al caído. Y apura su paso. Piensa si lo que lleva le alcanzará para pagar. Y deja atrás aquel resto de hombre… con una prudente distancia. De la calle de abajo llega un señor de traje y llevando un portafolio. Debe ser un oficinista. Al ver al tirado en los escalones, mueve la cabeza. Se siente superior. Y se aparta, poniendo con el desgraciado… una prudente distancia. Viene un grupo de estudiantes. Señalan al caído. Hacen chanzas entre ellos. Pero, ninguno se le acerca. No piensan que él una vez fue joven. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Y se van, bromeando, riendo, colocando entre ellos y él… una prudente distancia. Una muchacha atraviesa la plaza jugando con su madre. Se encuentra con la decadente imagen. Y, tapando un grito en su boca, retorna rápido junto a la vieja. Y ambas lo dejan de lado... a una prudente distancia. Llega el mendigo que les da de su comida a las palomas. Ve al hombre caído. Se le aproxima. Lo mira. Y lo deja, retornando a su banco. Es quien ha estado más cerca, pero manteniendo… una prudente distancia. Suena el teléfono. Voy a atenderlo. Alguien pregunta. Alguien responde. Cuando vuelvo al ventanal ya no hay nadie caído en los escalones. Ha desaparecido hasta el resto de pancarta. El sol ilumina todo. Voy a lavarme la cara. No me miro al espejo. Después de todo, desde el balcón, viendo, sin hacer nada, también puse con él… una prudente distancia. …oo0oo…
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    Diap 47 HA MUERTOUN PÁJARO Érase un hombre que vivía en una glorieta… Bueno, él la llamaba glorieta. Quizás por la forma que tenía. Quizás porque allí, él se sentía en la gloria. En realidad sólo era un mirador de forma octogonal que sobresalía casi hasta su mitad de la azotea de una antigua casona de dos altos pisos, Una mansión de dieciochesca arquitectura, estilo francés, que mostraba el poderío de sus dueños y que estaba situada en el cruce de dos serenas y arboladas avenidas. Y la glorieta se destacaba allí, en esa esquina, allá arriba, como una torre, queriéndose desprender del techo y volar hacia el horizonte lejano. Tal vez, en sus inicios, la glorieta fue parte de una pérgola florida en la cual los señores, las señoritas y los niños de la casa languidecían viendo los anocheceres. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Pero, el tiempo pasó, los señores, las señoritas y los niños, envejecieron, se fueron, los pisos se llenaron de moho, las paredes se cayeron, la pérgola fue corroída por la herrumbre. De la glorieta sólo quedó la estructura, como un esqueleto añorante que en lo alto recordaba el armonioso y octogonal cuerpo que tuvo en el ayer. Y los años siguieron pasando. Llegó otro tiempo, tiempo de oportunistas, de aprovechadores, de la ley de propiedad horizontal; donde, con escaleras se arregla todo. Y, con escaleras, la casona se convirtió en dos casas. Más aún, en tres; porque el audaz y hábil reformador reconstruyó la glorieta y la puso en venta con el eufemístico título de: Apartamento mono ambiente con panorama de 360 grados. O sea, un apartamento donde se come, se vive y se defeca en el mismo lugar… como lo hace un mono en su ambiente. Y alguien lo compró y fue a vivir en él. 18 HA MUERTO UN PÁJARO (U) Cuanto más nos alejamos de algo, más cerca estamos de donde partimos... la tierra es redonda.
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    Diap 48 Érase unhombre que vivía en una glorieta… Un hombre solitario que gustaba de escribir y, cuando no lo hacía, quedaba viendo el horizonte lejano por cualquiera de las ocho ventanas. Un hombre que contaba de otras tierras donde había estado, de otros cielos donde había volado, de otras aguas donde había nadado, de otros fuegos que lo quemaron. Y todo para volver, luego de comprobar que tras un horizonte hay otro horizonte; que detrás del cerro, tarde o temprano, se encuentra otro cerro. Un hombre que charlaba con las aves que se posaban en la azotea y les daba de comer. Para ellas era mucho, para él lo único que le quedaba: migajas. Un hombre que tenía como única compañía una vieja gata a la que rezongaba cuando perseguía a las aves. Aunque sabía que ella ya no las podía alcanzar, como él a sus ilusiones. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Un hombre que siempre tenía abiertas las cortinas de la glorieta, día y noche, para ver el sol, para ver las estrellas. Un hombre que todos los días bajaba a la tierra, a la calle, a estar con la gente, para comprar la comida. Y un día no bajó. Subieron a ver. Lo encontraron en la glorieta. Yacía frío, con los ojos fijos, mirando el cielo. ¿De qué lado?... Daba lo mismo por cualquiera de las ocho ventanas de la glorieta. El cielo no tiene lados. Junto a él yacía también la vieja gata. No se sabe quien lo puso, pero en las escaleras apareció un letrero: “Ha muerto un pájaro.” Érase un hombre que vivía en una glorieta… …oo0oo… HA MUERTO UN PÁJAROHA MUERTO UN PÁJARO
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    Diap 49 Sábado detarde. Día tibio de otoño. Más bien parece de verano. Tedio de la siesta. Abro la ventana. Miro la bahía. Las aguas, como un espejo, reflejan los barcos y los edificios. Voy hasta el recibo. Observo la plaza. El caballo y el general San Martín siguen en la pátina del tiempo y del bronce. Tanto uno como el otro, en un gesto de avanzar. Abajo, a sus pies, no hay nadie. Todos duermen la modorra en sus casas. Hasta los ómnibus que pasan, muy de vez en cuando, se mueven como sonámbulos. Salgo. Cruzo el camino de pedregullo del parquecito frente al edificio. Llego a la calle. Calle de una cuadra. No tiene letreros. Calle sin nombre. Nadie lo sabe. Todos la transitan. Pero, lo tiene. Se llama: Capitán Manuel Artigas. Pobre idealista. Fue el primer muerto por los principios de la libertad. Y, también, otro más opacado por el brillo de los famosos. Lo relegaron a una corta calle sin nombre ni placa. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Estoy en medio de ella. Miro en ambos sentidos. Dilema. A la izquierda, la avenida clase media de Agraciada. A la derecha la calle de barrio de Uruguayana. Instintivamente me decido por la última. Me sale del alma. Además, a pocas cuadras, está la bahía. Atracción fatídica. Camino por Uruguayana. A pocos metros la calle se inicia. Empieza con una casa que tiene el número 2970 y también el 2871 Bis, pero el 2871 no existe. Cosas del barrio. Estoy en la conjunción de tres calles que me traen recuerdos de los comienzos de mi vida laboral: Jujuy, Farías, Ricaurte. Doblo por esta última. Allá, en el fondo, veo las grisáceas aguas del mar. Voy caminando bajo un techo de árboles que están tapizando la vereda de ocres y amarillentas hojas. A las tres cuadras finaliza la calle. ¿O comienza? Delante tengo una cerca de hierro cubierta de salvajes enredaderas. Detrás de ella agonizan los rieles del viejo ferrocarril. EL TREN DE LAS 18 Y 12 Trenes que llenaron nuestro ayer… 19 EL TREN DE LAS 18 Y 12 (U)
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    Diap 50 Miro ami derecha. Me siento suspendido en el tiempo. Es la antigua Estación. Temo subir a su andén, que llegue el fantasma de un tren del pasado… y que me vaya en él. Doblo por Cívicos, una estrecha calle que parece pisar los rieles. En su margen izquierda hay sencillas viviendas que deben haber temblado con el traqueteo de los trenes. A mitad de cuadra existe una antañona casa. Y delante de la misma veo una mujer sentada junto a la cerca que, allí, está rota permitiendo pasar desde las vías. Está bien vestida, pero con ropa muy viejas. Es aún bella, mayor, canosa. Tiene una mirada perdida. El verme acercar, sonríe y me pregunta: –Señor… ¿el tren de las 18 y 12, llegará en hora? –Creo que sí… –digo, comprendiendo su estado mental. –Señor… ¿sabe? –continúa ella– En ese tren viene Juan, mi prometido. Él baja aquí. Por eso abrí este agujero en la cerca. Para que él no tenga que caminar desde la estación. –Ah… qué bien… –comento mientras pienso que el amor siempre busca el bien del ser amado. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA –Es que Juan es inspector del ferrocarril. –la mujer sigue– ¡Le queda tan lindo el uniforme! Si lo viera saltando del tren y pasando por esta entrada. Hoy viene para llevarme a su pueblo y conocer a su familia. Allí nos casaremos. –La felicito, señorita… –mi voz me traiciona, quiero irme– Disculpe, debo seguir mi camino. Ella hace un gesto triste y yo avanzo dejándola atrás, en su mundo propio, esperando un imposible. Sé que hace muchos años que los trenes de pasajeros no pasan por allí. La cerca con enredaderas de flores violetas se interrumpe al llegar a la esquina. Hay un paso a nivel. Una barrera. Quedo viendo hacia la bahía. Está solo a una cuadra larga. Leo el letrero en la esquina: Calle Dr. Juan Carbajal Victoria. La chapa se encuentra casi tapada por las ramas de un alto árbol. Éste permanece frondoso y con las hojas verdes. Me llama la atención que su copa esté llena de frutos oscuros Observo mejor, no son frutos… ¡son pájaros negros! EL TREN DE LAS 18 Y 12EL TREN DE LAS 18 Y 12
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    Diap 51 Hay cientosde ellos. Y todos inmóviles. De pronto suena un cercano pito. Y los pájaros salen en bandada volando hacia el depósito al otro lado de las vías. Pero, como si los mandase un invisible director, retornan de la misma forma a ocupar su mismo lugar en la copa. Cerca del árbol hay dos hombres sentados. Me les acerco, aún asombrado del comportamiento de aquellas aves. –Perdonen… – y pregunto al que no está tomando mate– ¿Cómo se llaman esos pájaros? –No sé. –contesta– Sólo les decimos “pájaros negros”. –Vimos que estuvo hablando con la loca Luz María –interviene el otro, sacando los labios de la bombilla. –Sí… pobre mujer… –les comento– Me preguntó si el tren de las 18 y 12 llegaba en hora. –Era en el que venía Juan. Un inspector muy mujeriego, él. –sigue el hombre– Fue hace muchos años, cuando pasaban muchos ferrocarriles con mucha gente y mucha mercancía. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA –Aquellos tiempos. –murmuro añorante– ¿Y que sucedió? –Luz era una muchacha muy linda y buena. – responde– Juan la deseaba. Y la enamoró. Pero, en aquellos tiempos, las novias no adelantaban ninguna entrega… Los tres sonreímos con picardía. Los tiempos cambian. –Juan era un veterano en esas cosas. –continúa, dándole el mate al compañero– La convenció jurándole que le haría conocer a su familia y allí contraerían matrimonio. –Y cuando consiguió lo que buscaba, – sentenció el otro– nunca más bajó en la cerca cortada… ni se le vio la cara. –Ella enloqueció. –completó el primero– Desde entonces fue a sentarse allí con el vestido que iba a llevar en ese viaje. De noche la hacen entrar a la casa diciéndole que él vendrá en el tren de mañana, el tren de las 18 y 12. –Un mañana que será como el de hoy, como el de ayer. –reflexioné– Los trenes se fueron llevándose nuestros años de niñez… de juventud… y ya no volverán. EL TREN DE LAS 18 Y 12EL TREN DE LAS 18 Y 12
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    Diap 52 Pero aldecir esto escuché un resoplar conocido. Miré hacia el otro lado de las vías. Vi que del depósito sobresalía la cola de un vagón. Y del lugar surgía humo y ruidos. Me despedí de mis interlocutores y crucé sobre los rieles oxidados. Llegué al galpón. Dentro había una locomotora con dos vagones. De éstos bajaban arroz a granel. Sonreí al recordar aquel tren lechero de las 7 y media que arrastraba 24 y más vagones llenos de tarros. Muchas veces necesitaba otra locomotora empujando al final de la cola. Quedé viendo hasta que finalizaron la descarga del cereal. La locomotora lanzó un fuerte pito y comenzó a llevarse, poco a poco, sus dos únicos y vacíos vagones. Oí sobre mi cabeza un ensordecedor aleteo. La bandada de pájaros negros descendió donde había estado el tren y todos se pusieron a comer pausadamente los granos caídos. No tenían apuro. Tardaría mucho en venir otro tren. Ellos lo sabían, y yo también. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Me devolví por el camino recorrido. Al pasar junto a la loca Luz María, le sonreí afirmándole: –Sí, señorita. El tren de las 18 y 12 vendrá en hora. –Lo sé… –dijo mansamente ella– y si no llega hoy, llegará mañana… algún día llegará. Los ojos de la demente mujer estaban llenos de lágrimas. Y los míos se humedecieron. Ella arrancó de la enredadera una flor lila, y me la dio. No hubo palabras, sobraban. Llegué a la esquina. Crucé la calle y subí a la plataforma de la clausurada estación. Miré arriba de la cerrada puerta. Un descolorido letrero decía: BELLA VISTA. Quise sentarme. Los asientos ya no existían. Fui hasta el borde del andén y me senté en él con las piernas colgando hacia los herrumbrosos rieles y los agrietados durmientes. Y, con una flor lila en la mano, me puse a esperar el tren de las 18 y 12… O a cualquier otro tren del pasado… Sabiendo que nunca, ninguno, llegaría. …oo0oo… EL TREN DE LAS 18 Y 12EL TREN DE LAS 18 Y 12
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    Diap 53 Plaza SoldadosOrientales de San Martín, conocida solo como Plaza San Martín. El famoso opaca al que lucha. Arriba, inmortalizados en el bronce, el caballo sostiene al general. Uno levanta la mano izquierda queriendo avanzar, el otro mira hacia la derecha y lo frena con la rienda. Abajo, a la izquierda, hay un muro de piedras con la placa descriptiva y una grada acogedora. De día, la gente se sienta en ella. De noche, los mendigos duermen junto a ella. En verano disfrutan de la brisa que viene de la bahía. En invierno se abrigan con el calor que les da el perro amigo. Todo loco tiene un perro. Y todo mendigo es medio loco. Hay uno que tiene cierta distinción. Viejo, canoso, de barba blanca. Y el perro denuncia ancestros de canes finos. Es un mendigo extraño. Nunca pide limosna. Si se la dan, la acepta. Y murmura las gracias casi con vergüenza. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Pero, apenas tiene algo, cruza al comercio del edificio de enfrente. Primero compra para al perro, y luego para él. Cuenta las monedas. Y si no le alcanzan, reduce de lo suyo. Jamás del alimento para su perro. -¡Calidad de vida! –saluda despidiéndose y al pagar, elevando una hipotética copa en lo alto. –¡Calidad de vida! –dicen los demás, imitando el gesto. Y el mendigo se va. Y queda en el lugar un vacío donde resuenan con ironía y conmiseración esas palabras. El viejo es amigo de todos los hurgadores. Y les indica que pueden encontrar dentro los contenedores. Y los buscadores de basura se van con sus bolsas llenas y destrozadas. –¡Calidad de Vida! –les grita, elevando la hipotética copa. –¡Calidad de Vida! –les responden ellos, imitando su gesto. Y en la calle queda un vacío que no puede llenar el ruido de los motores de los autos. Vacío donde resuena la amarga ironía de uno, y la mansa resignación de los otros. CALIDAD DE VIDA …fui mendigo, fui señor… fui… 20 CALIDAD DE VIDA (U)
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    Diap 54 El vagabundotiene dos amigos. Y los dos se llaman Juan Pérez. Todos somos Juan. Y cualquiera puede ser Pérez. Uno es un antiguo, y bien jubilado oficial de petroleros. El otro, un bichicome que en su juventud también supo bañarse en las azules aguas del Barlovento tropical. Y ambos tienen un perro. El de uno es un animal de raza pura. El del otro, de puras razas mezcladas. Sucedió una noche de julio. Noche de luna llena. De ésas que el frío es penetrante. En la mañana, en la plaza, le habían hecho un homenaje al héroe y aún estaba la corona. A las dos de la madrugada comenzaron a ladrar todos los perros del vecindario. Hasta los finos y abrigados de los edificios aledaños recordaban sus orígenes de lobos. El aullido más lastimero, más fuerte, venía de la plaza. Allí fueron los dos Juan Pérez. Y cada uno con su perro. El viejo mendigo yacía muerto sobre la grada del muro de piedras. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Estaba helado. Pero, aún al irse lo había hecho con distinción. No debajo de algo, sino arriba. Junto a él estaba su perro. Y le lamía la cara. Y aullaba a la luna pidiendo que le devolviese la vida a su compañero. Y a cada aullido le acompañaban cientos del lugar. Los dos Juan Pérez se miraron. Fueron hasta el trípode que sostenía la corona en las escaleras del monumento de bronce. La sacaron y la pusieron a los pies del viejo. Ambos levantaron la mano elevando una hipotética copa y lanzaron al aire un estentóreo: –¡Calidad de Vida! En ese momento dejaron de aullar los perros. La noche se llenó de silencio. Un silencio donde se repetían sin cesar: –¡Calidad de Vida! Pero ahora resonaban con honor, con orgullo. Y, por primera vez, tuvieron sentido esas tontas palabras. –¡Calidad de Vida! …oo0oo… CALIDAD DE VIDACALIDAD DE VIDA
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    Diap 55 Llega hastala esquina de Uruguayana. Es su calle. Pocas veces se anima a doblar y seguir media cuadra más por la transversal que lo separa de la plaza. Quizás por qué tema, con cada paso que dé allí, entrar en ese mundo clase media, de pulcritud, de saludos formales, de sonrientes caras, de ocultos pensamientos. O quizás por miedo a reconocer, o ser reconocido. A veces lo acompañan tres perros, otras solo uno. Y, casi todo el tiempo, la resaca del alcohol. Lo más común es encontrarlo unos cincuenta metros más atrás, cerca de la carnicería, en la vereda norte de la calle, del lado que pocas veces da el sol. Porque él es de piel delicada. Si se expone demasiado a los rayos solares se quema. Y, entonces, en su rostro se mezclan las cremas bloqueadoras y la mugre del vagabundo. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Suele hallársele, junto con otros bichicomes, en el escalón de una vieja casa en reparación. Los otros mendigos, sentados, con ojos enrojecidos de caña, piden una limosna al transeúnte. Pero él, no. Para todos tiene un saludo cortés. Y si se le pregunta como está, responde con una sonrisa: –Siempre aquí… siempre borracho… Domingo en la mañana. En la otra vereda, en la sur, ya están los puestos de los vendedores de la feria exponiendo las verduras y frutas, los quesos, las ollas, la ropa… Lo veo a él en su lugar, del lado norte, con los ojos rojos… Solo. Miro mejor. Está acompañado por libros viejos… y los tiene a la venta… y sin precio… Me detengo a hojearlos: Tomás Mann, Emerson, Voltaire, La Odisea, Ariel… Hablamos, hacemos comentarios. No me ofrece ninguno. No le compro ninguno. Y los dos nos separamos contentos. UNO MÁS Siempre aquí… siempre borracho… 21 UNO MÁS (U)
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    Diap 56 Otro domingode invierno. Voy para la carnicería. Voy por la vereda norte: Una entrada de edificio de apartamentos. Un local de computadores. Un expendio de bebidas. Todos están cerrados. El expendio, no. Y, bajo el árbol está él. No le pregunto cómo se siente. Sus ojos enrojecidos y el temblor de su cuerpo lo denuncian. Tampoco le pregunto por aquellos viejos libros. Quizás se volvieron alimento del espíritu… quizás se transformaron en bebida. Me mira. Comprende lo que pienso. Y se atreve: –Necesito algo más para comprar la medicina… Saco un billete, se lo entrego, aún puedo dar. Y, mirando la licorería, le digo socarrón: –Sólo para la medicina… y cuidado con el escalón… Asienta con la cabeza, evitando verme a los ojos. No quiere mentir o siente vergüenza. Pero, después de todo. ¿El alcohol no es una medicina? ¿No le venden en la farmacia también? Y lo dejo, siguiendo mi camino, mi deber. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Vuelvo. Se nota que ha tomado el medicamento. Apoyado en el tronco, saluda con la botella en la mano. Por hábito, le preguntó como está. Y me responde con una sonrisa: -Siempre aquí… siempre borracho… Le devuelvo una triste mueca. Y recién me doy cuenta que no sé su nombre. –Disculpa… ¿Cómo te llamas? –Rafael… Pero, todos me dicen el negro asirio. –¿El negro asirio?... si ni eres negro ni asirio. Me responde con un fruncir de labios. Y me voy. En el ascensor me encuentro con una vecina. –Fue profesor de historia –me chismea– Pero se volvió un borracho… y se pasaba hablando de Mesopotamia y Asiria. No le haga mucho caso… sólo es un loco. –Uno más… –murmuro sin verla. Ella baja en el piso cinco. Yo sigo, aún vivo más arriba. Uno más …oo0oo… UNO MÁSUNO MÁS
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    Diap 57 DESDE BELLAVISTA Cierta vez, siendo chicos los hijos; fuimos al zoológico de Valencia, Carabobo. Hacía poco que lo habían inaugurado, e íbamos con la curiosidad de ver los animales salvajes en libertad. Éstos se hallaban en abiertas zonas naturales, donde, en cada una, se reproducía el hábitat de cada especie. Y, si bien había cercas seguras, nos sentíamos en una aventura. Fuimos en una camioneta todo terreno con la cual, por ser más alta, tendríamos más visibilidad. Los niños pensaban abrir las ventanillas y mirar las fieras. Recibieron una sorpresa al llegar al zoológico. Se debía recorrer dentro del coche, sin detenerse, con los vidrios y las puertas trancadas, a velocidad lenta y nunca bajarse. O sea: Los animales estaban sueltos en sus territorios, mientras los humanos iban encerrados en sus jaulas móviles. EL TIGRE 22 EL TIGRE (U) (Presentación anterior Nº 4) En su mundo no hay nombres ni pasado ni porvenir, sólo un instante cierto. Poema El Otro Tigre, de Jorge Luis Borges, DESDE BELLA VISTA
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    Diap 58 DESDE BELLAVISTA Por fin se había invertido la injusta situación de poner tras las rejas a los libres por naturaleza para ser mirados desde fuera por los prisioneros de la sociedad. Y así empezamos el recorrido. Aunque, como todos los demás visitantes, a los pocos minutos teníamos una hendija abierta en la parte superior de las ventanillas del auto. Por allí entraba el olor de los animales y la canícula tropical que reverberaba sobre la tierra y el reseco camino. Recorrimos la zona de las gacelas, cebras, búfalos, jirafas, ñus, rinocerontes. Convivían en paz, eran herbívoros. Llegamos al lugar de los simios. Allí se detenían todos los autos. Y los monos asaltaban el carro exigiendo las galletas y frutas que la gente les daba por la abertura de la ventanilla. Nuestros primos se habían habituado a obtener la comida sin esfuerzo. Y golpeaban el coche si no la obtenían. Tal vez, en el futuro, hasta harían huelgas y formarían barreras. EL TIGRE DESDE BELLA VISTA EL TIGRE
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    Diap 59 DESDE BELLAVISTA Y entramos en la reserva para las fieras carnívoras. Fuese mito o realidad, corría la versión que un cuidador había sido devorado mientras les daba de comer a los tigres. Cerramos el vidrio hasta el tope. Mi señora y los niños se separaron de las puertas. La algarabía y las bromas cesaron. Un respeto tácito dominaba dentro del auto. Pasamos cerca de los leones que, a la sombra de las acacias, indolentes, panza arriba, ni se molestaron en mirarnos. Y… penetramos en el área de los tigres. Pocos permanecían quietos y, aun así, éstos parecían estar en tensión. Algunos se bañaban en la charca. Otros vigilaban sobre las piedras. Los cachorros jugueteaban. Fue cuando lo vi. Era un macho corpulento, seguro de sí mismo. Y me di cuenta que él me había visto. Pausado, con su andar felino, fue avanzando hacia mí. Yo, poco a poco, fui deteniéndome. Mi familia enloqueció de terror. Gritaban que nos fuésemos rápido de allí. Pero, algo me obligaba a tener ese encuentro. Suavemente, frené. EL TIGRE DESDE BELLA VISTA EL TIGRE
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    Diap 60 DESDE BELLAVISTA Él puso su trompa junto al vidrio. Yo me acerqué a éste. Su cara era varias veces la mía. Él tenía los ojos celestes, yo también. Su pelaje era amarillo; mi cabello, rubio. No sé cuanto permanecimos mirándonos. Él podía romper el vidrio de un zarpazo y destrozarme. Yo acelerar el auto, lastimándole. Ninguno de los dos lo hicimos. Con la mirada fija uno en el otro, serenos, callados, nos comunicábamos algo incomprensible, instintivo, natural. De pronto, con la misma serenidad, él se dio vuelta yendo señorial hacia su jauría. Y yo comencé a alejarme en el coche donde mi familia estabaen un profundo silencio. Nunca más volví allí. Nunca más nos encontramos el tigre y yo. Él siguió en su territorio, yo en el mío. Pero, tanto él como yo vivimos ese momento sin lugar, sin tiempo, sin especie. Un momento donde fuimos… nosotros. …oo0oo… EL TIGRE DESDE BELLA VISTA EL TIGRE
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    Diap 61 Tirano despertó.Los rayos sol entraban por las altas copas de los árboles gigantescos, entibiando su lecho en la tierra. Cada noche hacia uno, aplastando ramas con su cuerpo de setenta toneladas de peso y catorce metros de largo. A pesar de tener sangre caliente por su gran volumen, su origen de reptil lo hacía enfriarse en la oscuridad. Cuando joven, había recorrido romotas regiones, y tuvo cruentas luchas con los machos dominantes que encontraba. Pero, con los años se fue asentado y terminó por tener su territorio, con pantano, con planicie, allí, ése donde estaba. Como todo carnívoro, guardaba sus energías para cazar. Al acecho, esperaba que los herbívoros viniesen a beber. Se paró. Sus extremidades anteriores eran insignificantes, en cambio sus dos patas eran largas y musculosas columnas. Sintió otra vez dolor en las caderas. Y, dentro del ciclópeo tórax, una molesta fatiga. Pensó que era por hambre. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Su última presa fue un Triceratops. Ese herbívoro de nueve metros, seis toneladas, tres cuernos y pico, sabía defenderse. Años atrás, esa carne le habría alimentado varios días. Mas ahora, ya saciado, al llegar los Deinonicus, les dejó los restos. No eran rivales. Podía matar fácilmente uno por uno. Pero, ellos en jauría, molestaban mordiéndole patas y cola. Bostezó, abriendo su boca de casi un metro de largo, donde brillaban las hileras de dientes cónicos con bordes aserrados. Con la brisa que venía del pantano le llegó un rumiar. Bajó la terrorífica cabeza a nivel de las copas buscando el origen. Lo vio. Era un herbívoro joven. Un Brontosuario. Al notar la cola y cuello más largos, supo que era un Diplodocus. Un cachorro que, en su ansia de comer las altas y tiernas hojas de bambúes, se había separado de algún grupo. Sólo tenía dieciocho metros de largo. Los mayores llegaban a veintisiete, pesaban veinte toneladas e iban en manadas. TIRANO Todos somos dinosaurios… 23 TIRANO (G)
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    Diap 62 El herbívorono podía mantener mucho tiempo erguida su cabeza y cuello. Y el depredador esperó para atacar. Siendo Tirano cachorro, un Brontosuario lo había arrojado lejos con un latigazo de su cola, dejándole magullado. Y aún le dolía la pierna izquierda, donde había recibido un mazazo del extremo de la cola de un agónico Anquilosuario. El Diplodoco bajó la cabeza. Y Tirano se lanzó con su boca abierta, buscando morderle en el cuello y cortar la yugular. Pero el herbívoro fue ágil. Levantó la cabeza y giró hacia el pantano. La dentellada se clavó casi en el hombro. Tirano sintió el sabor de la sangre. Había tocado la arteria, pero allí la presa tardaría en desfallecer y trataría de huir. El depredador se afincó con las garras de sus tres dedos de las patas e hizo un esfuerzo para clavar más los dientes. Fue cuando sucedió. Una bola de fuego cruzó el cielo, aumentando a cada paso, para caer en el horizonte con estruendo ensordecedor. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA La corteza terrestre se partió. Surgían volcanes por todas partes. Una nube negra venía de donde cayó el meteoro. Los dinosaurios corrían escapando. Mansos y fieras. Pero la nube los alcanzaba. Y cubría sus cadáveres de cenizas. Tirano soltó las mandíbulas. El Diplodoco no huyó. Ambos veían como el sol desaparecía a medida que llegaba la nube. El dolor del tórax se agudizó. Se ahogaba. Miró la planicie que había sido su territorio y donde él había sido el rey. Todo era oscuridad. Y en su primitivo cerebro de reptil supo que era el fin de él, de los dinosaurios, de su época. En las sombras notó que unos pequeños seres se agolpaban y golpeaban entrando enloquecidos a las cavernas. Fue lo último que vio. Tirano murió. El polvo lo cubrió. Y pasaron 65 millones de años. Una vez, escarbando la tierra, los descendientes de esos seres, hallaron sus restos fósiles. Y lo llamaron: Tirannosaurus Rex. …oo0oo… TIRANOTIRANO
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    Diap 63 Despertó. Quisoabrir los ojos. No lo pudo hacer. Sin embargo se sintió en medio de una extraña penumbra, como cuando se mira con los párpados cerrados. Quiso mover los brazos, y no pudo. Las piernas, y no pudo. Girar el cuerpo en la cama, y nada. Gritó, y nada oyó. Pensó que era porque tampoco había podido abrir su boca, o emitir el grito, o, siquiera, oír. No sentía dolor. Más, no sentía nada en ninguna parte de su cuerpo. Ni por dentro ni por fuera. No tenía calor ni frío. No sabía si estaba seco o mojado. Limpio o con suciedad. Solo tenía una cosa cierta: Ahora era un cuerpo que nada podía hacer o sentir. Y ayer, al acostarse, era un ser normal. Por un momento pensó que estaba muerto. Que había fallecido mientras dormía. Que así era la muerte. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Pero, reflexionó. Si podía saber que estaba inmóvil, que nada sentía, era porque pensaba. Y, para poder pensar, el cerebro debe recibir sangre y estar oxigenada. Y, para que se oxigene la sangre, deben trabajar los pulmones y el corazón bombear esa sangre. No, no estaba muerto. Estaba vivo. Y con esa instintiva y terrible reacción de supervivencia, se alegró de ello. Pero, la realidad le hizo meditar. ¿Estar así, era estar vivo? ¿Una mente activa en un cuerpo inerte, era vida? ¿No era tan muerte como una mente extinta en un cuerpo activo? La existencia está compuesta de muchas partes. Pero, la vida es la suma de todas esas partes vivas. Es un todo. No comprendía la causa. Pero, en lugar de desesperarse por la situación en que se hallaba, prefería filosofar. Tal vez porque su mente era lo único que le funcionaba. Y haciéndolo, le daba cierta resignación. UN TODO Mejor ser o no ser… que ser y no ser. 24 UN TODO (G)
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    Diap 64 Tuvo lasensación de que entraban al cuarto. Que se movían en la sombra. Que gritaban. Que le sacudían. Su cerebro estaba asimilando en forma acelerada un montón de nuevas sensaciones. El imperceptible calor de la piel. La ínfima vibración de los vellos. Las indefinibles manchas en la penumbra. Y por esas sensaciones fue comprendiendo que lo sacaban de su lecho, le llevaban en una ambulancia, lo ponían en una cama de hospital, le conectaban cables y una bolsa con suero. Lo último fue lo que más se hizo paso en su cerebro. Pensó que ese líquido sería el que iba a mantenérselo funcionando. Y así fue. Y así pasaron los meses. Pero, si bien la mente seguía activa, el cuerpo se deterioraba cada día más. Las infecciones aumentaban por dentro y por fuera. Era una lenta agonía entre sus propias heces y orines. Y, aunque su mente continuaba lúcida, ya no le producía interésreflexionary filosofarconsigo mismo. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA La filosofía puede ser útil a los seres vivos como consuelo de sus problemas. Pero, inútil para los cuerpos muertos que se van deshaciendo en su propia descomposición. No quería pensar cuanto tiempo había transcurrido desde aquella mañana, ni recordarla, ni razonar más. Estaba cansado. Cansado de dormir y despertar, y siempre sentir lo mismo. De ser y no ser. Sintió que algunas sombras aparecían entre su penumbra. Que le desconectaban los cables. Que le quitaban la bolsa de suero. Que le acomodaban mejor en la cama. Sintió un tibio aliento cerca de su cara. La suavidad de una piel pasando por su cabeza. Se sintió bien. Supo que eran las sensaciones finales. Y lo último que su cerebro pensó fue un agradecimiento para esa persona. Y en su cuerpo muerto, su mente también murió. Era un todo. …oo0oo… UN TODOUN TODO
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    Diap 65 Lo vial cruzar la Plaza de los Treinta y Tres, aunque todos la conocen como la de los bomberos. Yo iba por la diagonal, hacia abajo, dirigiéndome a la parada del ómnibus. Él estaba acostado a lo largo de la banca, bajo la sombra del frondoso jacarandá, aprovechando la no común tibieza que ese día nos regalaba la primavera. Lo primero que estaba a la vista y que me llamó la atención fueron sus zapatos. A pesar de estar muy gastados, aún se notaban que eran de una marca cara y de renombre. El taco estaba comido casi hasta el talón y, adelante, en la suela, un hueco mostraba que por dentro lo habían tapado con algo, tal vez un cartón, o un cuero, o era solo la media. La ropa estaba raída, manchada, vetusta, pero mantenía la forma que sólo tienen las vestimentas de calidad. Se notaba que le pertenecía, que no se la había regalado la caridad. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Era un hombre mayor, canoso. Aun acostado en un banco, de espaldas a la gente que pasaba, no parecía un mendigo sino un caballero que se hubiese puesto a dormir. Se encontraba demasiado quieto. Y fuera por temor a que se hallase muerto, o por curiosidad, me aproximé a él. Estaba a punto de tocarlo con mi bastón cuando se sentó. –Buenas tardes, señor. –me dijo– ¿Necesitaba algo? Su voz poseía el tono del que ha viajado mucho y ha estado en distintos lugares. Pronunciaba perfectamente, y tenía un porte al hablar que demostraba fineza y cultura. –Perdone… –me disculpé, avergonzado– sólo quería saber si usted estaba bien. No quise molestarlo. –Gracias por su preocupación. –y comentó– Es raro ver eso ahora. La gente esquiva al caído. No quiere compromisos. –Es que cada uno respeta la vida del otro. – quise justificar– La educación de aquí es proverbial. UNA TARJETA Caminante no hay caminos, sino estelas en la mar... Antonio Machado. 25 UNA TARJETA (U)
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    Diap 66 –Sí… –ironizó–Muy educados, o… indiferentes. Me sentía bien hablando con él. Y me senté a su lado. -Quien sabe. –opiné– Es nuestra idiosincrasia. Recuerde lo que sentenció el gaucho: “Aquí naides es más que naides.” –Cierto lo del criollo… –él seguía sarcástico– pero “para argunos hay argunos que son menos que argunos”. Sino vea en los bancos de esta plaza, en los carros de los hurgoneros. –En todas partes hay de todo. –filosofé, buscando hacerle hablar– Usted debe saberlo. Se nota que ha recorrido mundo. Me miró sobrador, dándose cuenta de mi intención. –Algo. –y agregó añorante– Tuve la fortuna de vivir épocas mejores. La suerte de conocer otros lugares. Fui mendigo y fui señor. Fui servido y fui servidor. Fui… fui… fui… No quise interrumpir su nostalgia, y él continuó: –Cuanto más se aleja por un lado, más se acerca por el otro. La tierra es redonda. Ya lo dijo el poeta: “Y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.” DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Sacó de su bolsillo una ajada y vieja tarjeta de crédito, una de fama y aceptación internacional. –Está bloqueada, anulada, vencida. –parecía describirse a si mismo– Pertenece al ayer, al pasado. Sin embargo, anduvo conmigo como respetada compañera de muchos caminos. –¿Y para que la guarda si ya no le sirve más? –le pregunté. –Porque de vez en cuando la vuelvo a mirar. Y me trae recuerdos de lo que fue y de lo que fui. Quedó en silencio, viendo la tarjeta. Comprendí que debía irme. Me despedí. No hubo respuesta. Me alejé. Al llegar a la esquina me di vuelta. El canoso hombre se había acostado de nuevo en el banco. De espaldas a la gente que pasaba. Quizás con la tarjeta había sacado un pasaje al pasado. Quizás con la tarjeta volvía a andar por la senda del ayer. Y para eso… no importaba que estuviese vencida. …oo0oo… UNA TARJETAUNA TARJETA
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    Diap 67 Seis ymedia de la mañana. Verano. Enero. En el horizonte, detrás de altos edificios, el sol comienza a salir. Las escasas nubes predicen un caluroso día. Salgo del apartamento. Tomo el ascensor. Toco un botón. Bajo. ¿Cuántos pisos?... ¿Diez?... ¿Cinco?... Da lo mismo. Todos son iguales, como los apartamentos, como los edificios. Cruzo la entrada. Abro la puerta. En el parque del frente no hay nadie. Voy hasta un banco de su centro. Me siento. Aún tiene el fresco de la madrugada. Y, lento, echo la cabeza para atrás. ¿Pienso?... ¿Recuerdo?... ¿Sueño?... Da lo mismo. Sólo sé que tengo los ojos abiertos, que miro lejos, lejos… Oigo el jadear de un perro y que se apoya en mis piernas. Acaricio su cabeza. En otro banco veo a una anciana. No la conozco. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Y, pensando en mi mascota, le digo al animal: –No te voy a gustar. Huelo a gata. Siento gritar mi nombre. Es un grito de asombro, de años pasados, de añoranzas. Un grito femenino que me retorna a mi juventud, al liceo. Y la veo a ella. Era la muchacha más bella, de formas más voluptuosas, de voz más sensual. Alta, elegante, cabellos de oro, ojos verdes que provocaban ahogarse en ellos. Y se sabía bonita. Cuando pasaba, los hombres se paraban para verla pasar. Y, al ella alejarse, parecía que hasta las baldosas de la vereda se levantaban para admirar el ondular de sus caderas. Era más que una mujer hermosa. Era un ejemplo total de la hembra humana. No se le podía ver sin sentir deseo, sin que el libido varonil se irguiese de inmediato. Además, por si fuese poco, era inteligente, simpática, y poseía un melodioso nombre que la definía. EL ESCENSOR Llega una edad en que los hombres, en lugar de tener un pene, tienen una pena. Las Mil y Una Carigiadas y Carajeadas. 26 EL ASCENSOR (U)
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    Diap 68 –¿Luzbella?... –pregunto,y mi voz me trae al presente. Frente a mí tengo una anciana. Una mujer retorcida por la escoliosis, vieja, demacrada, de piel flácida, labios resecos, llena de arrugas, ralo cabello teñido de rubio rabioso. Una anciana que es una caricatura cruel de aquella joven hermosa. Un triste ejemplo de como destruye el tiempo. Solo sus ojos y su voz mantienen aquella pasión y sensualidad. A su lado, descansan dos bastones que le deben ayudar a recorrer el decadente camino de su vejez. Y responde: –Sí… Vivo cruzando la avenida. En ese edificio. Con esquelético dedo, señala un conjunto de seis bloques. –¡Cuántos años han pasado! –exclama ella. –Sesenta… sesenta y cinco… –digo– Ya no los cuento. –¿Recuerdas nuestra juventud? –su voz es más sensual. –¿Cómo olvidarla? Eras la muchacha más linda. Todos estaban locos por ti… hasta los profesores. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA –Sin embargo… –añora– tú nunca te me acercaste. Nunca me diste esa rosa que regalabas cada día a una muchacha. –¡Aquel romanticismo!... –sonreí nostálgico– La verdad que la rosa la robaba de la cerca de una casa vecina. Seguimos recordando anécdotas del liceo. Y, cada tanto, surgía el viejo deseo. Finalmente, con dificultad, ella se paró. Y, apoyada en sus dos bastones, murmura insinuante: –Vivo sola… ¿quieres venir a mi apartamento? Su realidad y la mía me hizo decir, viendo las nubes: –¡Ah, si me hubieras preguntado eso en aquellos años!.. Pero, ahora… No sé… ¿Tienes una guitarra?... –No… ¿Por qué?... –Porque si voy… lo único que puedo hacer es cantarte. Reímos. El perro ladró. Miré al banco. No había nadie. Delante mío sólo tenía un perro moviendo la cola. Me levanté. Volví al edifico donde yo vivía. Y tomé el ascensor. …oo0oo… EL ESCENSOREL ESCENSOR
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    Diap 69 Volvió despuésde cincuenta años de haberse ido. Unos dijeron que era por nostalgia. Otros, por cansancio. Y algunos, de su edad, viejos que se habían quedado; que él siempre fue así: de hacer cosas ilógicas, inesperadas. Pero, ni él mismo sabía el motivo que le hizo volver. Cincuenta años de estar en otras tierras, otras costumbres, otra forma de hablar, de sentir. Cincuenta años. Toda una vida, como le decían muchos. Y tenían razón. Su vida. Y él les respondía recitando un viejo poema: “Cuando en la vida nos sentimos seguros, cuando se cree todo logrado; nada es más emocionante que, en una sola jugada, jugarlo todo... ¡a todo o nada!” Les resultaba absurdo oírle decir eso a un anciano. No pensaban que él, cuando joven, medio siglo atrás, había dejado un lugar seguro para ir hacia lo desconocido. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Pero ellos, ahora, categóricos, repetían: “Es que la querencia tira”. Y él se preguntaba cuál era realmente su querencia. La de su inicio, en la cual creció y donde aprendió. O la de los cincuenta años donde luchó y en la que envejeció. Y en su mente surgía una frase aprendida allá: “Uno es del lugar donde se lucha.” Al volver fue novedad, era alguien que había estado lejos. Pero pronto se volvió otro cualquiera. Por otra parte, cada vez más en la jugada, perdía todo y ganaba nada. Fue cuando empezó a sentarse en el banco de la plaza. Allí pasaba el tiempo, cantando bajito. Tan bajito que nadie le entendía. Y nadie se acercaba a preguntarle que cantaba. Unos por respeto. Y la mayoría, por indiferentes. Y él los veía pasar lejos, esquivándole. Y él los saludaba desde lejos, sonriéndoles. Y él venía, se quedaba, y se iba… cantando bajito. CANTANDO BAJITO Vaca que cambia querencia Se atrasa en la parición... "Consejos del Viejo Vizcacha" 27 CANTANDO BAJITO (U)
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    Diap 70 Fue terminandoel verano, una mañana plomiza. Hacía semanas que el viejo llegaba a la plaza moviendo la cabeza. Unos decían por que recordaba cuentos. Otros, porque hacía cuentas. Al final… era lo mismo. Pero, esa mañana no se sentó en el banco. Parado, girando poco a poco, fue mirando lentamente a su alrededor. Parecía como que estuviese reconociendo cada cosa. O, quizás, viendo algo más allá… mucho más lejos. Y después, cantando bajito, se dirigió hacia la costa. Cruzó calles con casas viejas y depósitos. Llegó a la rambla. Pasó sobre rieles oxidados. Se paró encima de unas piedras. Enfrente tenía la bahía. Y quedó viendo el horizonte. Desde una cueva entre los arbustos, surgió un hombre. Salió de un cuchitril hecho con desperdicios traídos por el mar y de la basura de la gente. Y, sin saber por qué, se sintió hermanado con él. Y el zaparrastroso se acercó. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA –¿Qué es lo que canta, don? –preguntó el vagabundo. El viejo se quedó mirándolo. Sonrió con tristeza. Por meses la había estado cantando bajito. Los conocidos ni una vez le preguntaron. Y un extraño y pordiosero, lo había hecho. –Una canción. –respondió, y la entonó más fuerte. –Por eso yo… Fui mendigo y fui señor… No me hice rico, ni pobre fui. Y antes de serlo aquí, prefiero seguir, hasta el final… a mi manera. –Tiene razón. Es feo ser pobre aquí. Dígamelo a mí… –No, usted no es pobre. Es un mendigo. Tiene la suerte de pedir y la fortuna de obtener algo. Pobre se es cuando ya no se gana nada, se perdió todo… y no hay más donde pedir. Y dándose vuelta, el viejo se marchó… cantando bajito… Algunos dicen que fue entrando en las frías aguas, otros que siguió caminando hasta llegar al final, y hay quienes creen que se perdió buscando su querencia. Y… nunca más volvió… ni siquiera cantando bajito. …oo0oo… CANTANDO BAJITOCANTANDO BAJITO
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    Diap 71 DESDE BELLAVISTA Cinco y media de la madrugada. Mediados de Marzo. Mediados de semana. En un apartamento de clase media. Dentro de una hora y media amanecerá. Acostado, por la ventana, veo aún brillar una estrella en el cielo. ¿Es Venus, o Saturno?... Da igual. Desaparecerá al salir el sol. Ella en la noche resurgirá. ¿Yo?... quizás. Me levanto. Voy en la penumbra. La gata maúlla pidiendo su desayuno. Lo preparo mientras me refriega ronroneando. Se lo doy.Ya no haymás maúllosni ronroneos. Me visto para salir a la calle. Bajo. Afuera sigue oscuro. Cruzo la placita pegada al edificio. ¿O es el jardín del frente? Puede ser cualquiera de las dos cosas. Hoy se confunde todo, definiciones, nombres, finalidades,. En el centro hay un recuadro de pedregullo y cuatro bancos. Ninguno queda viendo el bloque de apartamentos. EL HURGONERO 22 EL HURGONERO (U) (Presentación anterior Nº 10) DESDE BELLA VISTA No es que el Uruguay esté pobre, es que la gente se empobreció en sus valores. Discurso de Tabaré Vázquez en La Estancia, Caracas Sucede en Un país utópico lleno de gente irreal… Jorge Luis Borges Donde el “señor” está en el cielo y a todos les dicen “caballero”. Gracián Solirio
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    Diap 72 DESDE BELLAVISTA EL HURGONERO DESDE BELLA VISTA EL HURGONERO Es normal. Ellos están para que la gente se sienta cómoda y libre Y nadie quiere ver donde se es prisionero. Ni mirar de donde ha huído. Me siento en un banco. Echo la cabeza para atrás. Respiro profundo. El cielo sigue oscuro. Cierro los ojos. Oigo el traquetear de herraduras sobre la calle. Rítmico sonar de cascos que me transportan a mi juventud. Siento en mi cara el viento golpearme en el galope. Vibrar mi cuerpo al trotar pasando frente a la casa de alguna botija. O, suelto en la montura, yendo el caballo al paso, otear el horizonte, preguntándome que hay más allá. Para, al final, contra un tronco, descansar mientras él apacienta. ¡Ah!... aquellos años donde él y yo fuimos un centauro. Abro los ojos. Me enderezo. Encuentro una triste realidad. Un pobre matungo viene arrastrando un carro de hurgonero.
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    Diap 73 DESDE BELLAVISTA EL HURGONERO DESDE BELLA VISTA EL HURGONERO Sonrío irónico al eufemismo. Nuestra sociedad no acepta decirle basurero al que vive y se alimenta de la basura. Ni que revuelve en donde se tira ésta, “hurga”… El animal se detiene junto a un contenedor. Un hombre zarrapastroso baja del carro. Lleva una vara en la mano. Levanta la tapa y pone el palo sosteniéndola. El hombre entra en el tacho a rebuscar, clasificar, elegir, entre la porquería. El caballo espera, con la cabeza gacha, como avergonzado. Me acerco a éste. Le acaricio el testuz. Algo con cara de humano surge del contenedor, me mira. –Lindo potro. Se nota que lo cuida. –le digo para entrar en confianza– ¿No lleva anteojeras? –No. Cuando potrillo se las pusimos. – responde– Y así, poco a poco, se hizo manso. Ahora ya no le asusta nada. –¿Sabe, don? –divago– Cuando yo era niño no pasaban los basureros por mi calle… ¿Sería que no había basura?
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    Diap 74 DESDE BELLAVISTA EL HURGONERO DESDE BELLA VISTA EL HURGONERO –Es que entonces no se desperdiciaba nada. –comenta él– Todo se aprovechaba. O se daba a las gallinas, al chancho… –Y si eran restos inservibles iban a rellenar el hueco que había en el baldío de la esquina. –digo añorante. El hombre sale de dentro. El contenedor, el carro, el hombre, todo huele a basura. El caballo, no. Éste huele a tierra, a monte, a salvaje. El matungo parece guiñarme con sus enormes ojos negros. El hombre sube al carro. Y, con una sacudida de riendas, el caballo empieza a alejarse llevando el carro. El hombre gira y me saluda mientras dice: –Eran otros tiempos, caballero. Otra gente. Ahora, todo se tira a la basura… y algunos, para vivir, buscamos en ella. Le respondo el saludo con la mano. El sol está comenzando a salir. Me siento extraño. El hurgonero tiene razón. Yo soy un caballero. Por que yo… anduve a caballo. …oo0oo…
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    Diap 75 Miró porla ventana hacia la bahía. La tarde era serena. El viento no corría, ni siquiera en ese alto piso. El agua estaba tan quieta que reflejabas las gigantescas grúas del puerto. Dos de ellas estaban descargando, de un también enorme barco, los contenedores. Éstos, en la playa de depósito, se iban apilando en diversidad de colores. Pensó en su infancia. En esa época no había contenedores, los barcos eran chicos y solo existían unas pequeñas grúas que le hacían recordar las que él armaba con el Mecano. Muchos años pasaron. Las piezas del Mecano se oxidaron y, sin saber cuando, se perdieron. Y él tuvo que cambiar los juegos infantiles por los de la competencia de un trabajo. Muchos años de cuando se había marchado buscándolos más allá. Muchos de cuando volvió por primera vez. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Es fácil ser conquistador que viene a llevarse la riqueza existente. Es más difícil hacer el camino para el progreso. Y él había ayudado a hacerlo. Pero el que se fue, añora. Y lo dejado, con el tiempo se agranda, se vuelve un mito. Se había ido en un avión de dos motores y que tardaba más de un día de vuelo. Y volvió en uno de cuatro y en sólo ocho horas. Pero el aeropuerto seguía igual… y algo más. Todos los que habían ido a despedirlo, también estaban allí para recibirlo. Más aún, él venía con los hijos de él tenidos en esos años, y ellos con los tenidos por ellos en ese tiempo. Desde el momento en que bajó, se volvió novedad. Venía de afuera, hablaba distinto, tenía otro acento, actuaba de otra forma, contaba cosas diferentes. Y así siguió. Iba a lugares comunes y los veía preciosos. Comía platos populares y le sabían maravillosos. Y, sobre todo, compraba cosas para llevar como recuerdos. Fue cuando le pusieron el apodo: El Turista. EL TURISTA Esa inexplicable atracción e instintivo recelo que nos produce el que viene de otro lado. 28 EL TURISTA (U)
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    Diap 76 Él reíacuando se lo decían. Pero, en lo íntimo, sentía cierta tristeza. Un turista es un extranjero que viene a gastar aquí lo que ha ganado allá. Y, como turista, a las pocas semanas, debió marcharse. Luego se hizo costumbre que él volviese cada dos años al reencuentro con lo dejado aquí. Pero, en cada retorno, había menos gente esperándolo en el aeropuerto. Y fueron cada vez menos las reuniones con los parientes y con los amigos para escucharle sus cuentos de allá. La mayoría estaban ocupados en su propia lucha por el sobrevivir diario. Y algunos faltaban por que se habían ido a ese lugar sin retorno. Con los años, se fueron espaciando los retornos. Menos hijos venían con él, menos hijos estaban con los menos que se reencontraba, menos cuentos tenía para decir. Hasta que una vez la añoranza se hizo fuerte. O, a él le faltaban fuerzas y le sobraban años para seguir en la realidad de allá. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Y retornó en busca del mito de lo dejado. Pero, en todas partes pasa el tiempo Y todo lo cambia. Fue a vivir a un apartamento, en un barrio, como cualquier otro. Sin embargo, fuese por el acento, o por sus actitudes, le seguían diciendo ese sobrenombre. Cierto día entró al local donde compraba las verduras. Una pareja lo atendía. Jóvenes que se abrían un futuro. También ellos lo llamaban con aquel apodo. Pidió un poco de perejil. La muchacha le trajo un atadito. Él dijo que era chico. Y ella, comprensiva, le respondió: –Es que por la temporada está muy caro, Don… Y dijo el nombre de él, con confianza y amistad. El hombre sonrió feliz. Se sintió un vecino más. Ella se preocupaba de lo que a él le iba a costar. Ya no era el que gastaba aquí lo que había ganado allá. Ya no era… El Turista. …oo0oo… EL TURISTAEL TURISTA
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    Diap 77 El otrodía… ¿Por qué “el otro día”? ¿Acaso, no pudo pasar hoy?... ¿O tal vez nunca, y ser sólo algo de la imaginación?... Pero, suena indefinido y vago eso de “el otro día”. Bueno. El otro día, venía yo cruzando la plaza. No sé si iba o volvía del supermercado. De ese monstruo impersonal que la masificación hizo del familiar almacén de la esquina. Si iba o volvía, poco importa. Siempre es con una carga. Si vamos, es llevando la de la necesidad. Si volvemos, la de las bolsas… y la de pensar cuanto se ha gastado. Caminaba llevando en el rostro la estereotipada sonrisa sociable. O sea, no muy escasa a fin de no parecer antipático, ni muy amplia para que no me tomaran como un idiota. Había ya pasado la estatua que está en el centro de la plaza cuando lo vi. Estaba sentado en un escalón, mirando lejos. Sin embargo, no podía ignorarme ni librarse de mi presencia. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA ¡Imposible!... Él y yo éramos la misma persona. Todos tenemos ese otro yo con quien hablamos a veces en silencio y a escondidas. Pero, pocos somos los afortunados que lo pueden hacer en voz alta y como a un compañero. –¡Hola, Titi!... –le saludé, sentándome a su lado. Mi otro yo se llama Titi. El de otros quizás se llame Negro, Toto, Cacho, Paco, en fin, cada uno sabrá que nombre tiene. El mío siempre se llamó: Titi. Sí, así, desde chicos. ¡Y vaya que fue difícil tenerlo en aquel mundo donde todo lo macho terminaba en o!. Pero, por una extraña dicotomía, él mantuvo el apodo y yo el apellido. ¡Ah, las veces que él lloró, y yo me tragaba las lágrimas! ¡Ah, las veces que él soñó, y yo solo hacía cosas! ¡Ah, las veces que él reía, y yo pensaba con seriedad. ¡Ah ,las veces que él calló, y yo hablaba sin sentido. Y, así, él siguió siendo Titi… y yo me hice hombre, viejo... CONMIGO (TITI) el loco es un niño, que tuvo la poesía de no crecer. 30 CONMIGO {TITI} (U)
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    Diap 78 –¡Hola, Titi!...–le repetí, viendo que no me contestaba. –Hola… Ya te oí… No puedo dejar de hacerlo. – respondió. Si el tono de su voz era de resignación o de ironía, daba lo mismo. Ambos lo sabíamos desde los años juveniles, cuando nos fuimos diferenciando cada vez más. –Ni yo a ti… –musité– aunque, pocas veces te escuché. –Tampoco yo lo hice mucho contigo. –meditó él– Y ahora, lo que fue, fue. Lo que fuimos, fuimos. Yo viví a mi manera; tú, a la tuya. Solo que tú… tomabas las decisiones. –Como siempre. –dije con agrio sarcasmo– Me inculcaron el tonto sentido de la responsabilidad. Y, háganlo los otros o yo, siempre seré yo el responsable de lo sucedido. –No hables estupideces. Te gusta eso, nadie te lo inculcó. Y no digas que fue papá. Él era un hombre bueno, sencillo. Solo cometió un error… el llamarme Titi. Reímos como tantas veces. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA –Ah, Titi, Titi… –suspiré– Siempre conmigo. Siempre a mi lado. En las tristezas y en las alegrías, en los triunfos y en los fracasos, en los momentos buenos y en los malos… –No siempre… –corrigió– En los buenos, en las alegrías, en los triunfos, te olvidabas de mí. No me preocupaba, sabía que en los malos, en los tristes, volverías a hablar conmigo. –Tienes razón… ¿Cómo me soportaste? –Tú me soportaste. Y eso no es fácil. Nunca me mataste. No te reías de mis poesías, ni de mis cuentos, ni de mis locuras. Y lo único que nos mata es el desprecio. –El desprecio…–reflexioné– Estamos viejos, Titi… ya nadie nos valora. Tienes razón, fue, fuimos… Estamos solos… –Yo siempre estaré en ti… –afirmó él. Me levanté para irme. Al hacerlo, vi que la gente me miraba como a un desquiciado. No me importó. Y seguí hacia mi destino. Titi siempre estaría conmigo. …oo0oo… CONMIGO (TITI)CONMIGO (TITI)
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    Diap 79 Sucedió hacetiempo, ya entrada la segunda mitad del siglo veinte, a pocos lustros del final del segundo milenio, para ser más preciso: en marzo de 1965. Pasó en un país tropical, en un lugar llamado Caucagüita, y a un hombre joven llamado el Catire, quien había venido a montar un horno en una de las iniciales industrias. La fábrica que dio origen, con los ranchos de sus obreros, al barrio de ese nombre, había construido otro galpón más y se debía hacer una nueva entrada para el mismo. Con ello se destruiría parte del jardín de árboles del pan y palmas tropicales. Otro sacrificio más traído por el progreso, que convirtió esa vergel zona en árida zona industrial. La rampa se haría próxima a las oficinas, desde el camino interno al mismo nivel de la carretera, y sería en descenso hacia el piso del galpón, casi dos metros debajo. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Y un día, temprano, al llegar el Catire a la fábrica, encontró un tractor resoplando por el escape y al tractorista con un cafecito en la mano esperando para dar inicio al trabajo. –¿Quieres sacar la primer palada? –lo provocó el hombre, que era hermano de César, uno de los obreros de allí. –¿Y por qué no? –respondió el Catire, subiéndose a la máquina– Uno debe ser del tamaño de las circunstancias. Ayudado por la audacia, y las instrucciones en inglés de las palancas, hundió la pala, la llenó con el borde del cantero, la elevó… y allí frenó, dejando el tractor al más experto. Luego, entre las risas de camaradería de los operarios, se fue a la oficina. No quería ser testigo de la muerte de otro trozo de exuberante vegetación tropical. Y ahí estaba, frente al dibujo de la rampa. De pronto cesó el ruido del tractor, entró el supervisor general y dijo: –Catire… ¡encontramos una piedra.! LA PIEDRA Para cada “no se puede hacer” hay un “no se ha hecho aún”. 31 > LA PIEDRA > 2 (V)
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    Diap 80 Al principiocreyó que se burlaba de él. La fábrica estaba construida en un recodo del río, un terreno de aluvión; por tanto, entre la tierra y arena, lleno de cantos rodados. Pero el rostro del encargado no era de bromas. Y fue a ver. Allí, en el terreno ya en declive, surgía una piedra … ¡Era enorme, de granito negro, lisa, de casi tres metros lo visible! –No se puede mover. A ésta no la trajo el río. Ésta llega desde enfrente. –afirmó el tractorista, señalando la carretera. El Catire miró. Del otro lado de la vía había un escarpado cerro. Su vertical talud limitaba el ancho de la vía. Y, entre las hierbas ralas surgía la roca, negra, lisa, igual a la piedra. Y empezaron los comentarios y las negaciones. –Para la carretera usaron dinamita, pero eso es peligroso. –Se necesita permiso del Ministerio y la Guardia Nacional. –Se va a tener que hacer la entrada en otro lado. –La piedra no se puede sacar de donde está. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA El Catire nada decía. Recorría con la mano la negra piedra. El paso del río sobre ella, en años pretéritos, la había alisado. –Traigan cinceles, una mandarria, un tanque de gasoil, y las mangueras de incendio. Alrededor de la piedra hagamos una canaleta. Llenémosla de gasoil y le prendemos fuego. Todos lo miraron como si hubiese enloquecido. Y él siguió: –Cuando esté por apagarse, enfriemos la piedra con agua. Clavemos los cinceles en las rajaduras abiertas Y hagamos esto varias veces… Al final, la piedra se romperá. A las tres de la tarde la piedra era un montón de cascotes. Se aprovecharon para hacer la rampa de cemento. Con todo, una punta de la original roca sobresalía un poco. Nunca aplanaron ni rompieron esa molestia. Les servía de recordación que no hay cosas que no se pueda hacer. El Catire se fue en el tiempo. El lugar se llenó de industrias. Dicen que la rampa sigue allí… con su piedra. …oo0oo… LA PIEDRALA PIEDRA
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    Diap 81 Cinco dela mañana, doce de mayo, hace frío, está oscuro. Me despierto, ni el edredón me abriga. Todo está en silencio. Los demás duermen… yo no. Me levanto, el frío llega a mis pies, mis piernas, mis manos. Me duelen las rodillas, la cintura, las muñecas, los huesos. Y…yo mismo me obligo a andar. Voy hasta la sala. La gata me mira. Somos dos solitarios. Por los vidrios empañados observo la plaza. Más soledad… Pero, no… En el muro de los vagos, la veo. La reconozco enseguida. Es mi vieja amiga. Me apuro a vestirme de invierno. De la emoción, ni siento más dolores. Abro la puerta despacio. No quiero despertar a nadie. Salgo. Tomo el ascensor. Bajo. Cruzo la plaza. –Hola, vieja amiga… ¡Cuánto tiempo sin verte! –exclamo. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Sobre su esquelético cuerpo solo lleva unos jirones de ropa. Me mira con una sarcástica sonrisa en su cadavérico rostro. Y sus vacíos ojos son cuencas oscuras. –Ah… eres tú. –murmura– ¿Que haces aquí, con este frío? –Te vi desde allá. –le señalo– Y creí llegado el momento. –Siempre el mismo impaciente. –ironiza– Ese momento, ni tú ni yo lo sabemos. Estoy acá, en la plaza, reposando algo. Con el invierno aumenta mi trajín. –¿No vienes a llevarte nadie? – pregunto, extrañado. –Sí, a una anciana, aquí cerca. –hizo un gesto triste– Pero, aún la mantienen agonizando. Los familiares, las medicinas, y hasta los sacerdotes, quieren evitar lo inevitable. –Esa desesperación de vivir unas horas más. – filosofeo. –Horas, minutos, semanas, meses, inventos del hombre son –recita– Solo hay días, que es el giro de la tierra sobre ella. Sólo hay años, que es el giro alrededor del sol. –Y las estaciones. –agrego, refregando mis aterido dedos. INSTANTES Cada instante es uno más, y uno menos… 32 INSTANTES (U)
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    Diap 82 Al vermehacerlo, suelta su risa como si fuese un castañear de descarnados dientes en la noche. Y me recuerda. –En el ecuador, en el trópico, no hay estaciones. –Bien lo sé… –digo con añoranza– allá, solo hay primavera. Me mira y, quizás por compasión, sentencia: –Seres, animales, cosas, invierno, verano, tierra, planetas, soles, galaxias, universo, todo compuesto de lo mismo. Y todos viviendo lo mismo, solo instantes. –Sí… –acepté escéptico– pero un instante en la vida del sol es muy distinto que en la vida de una hormiga. –Es el mismo. –aseveró– Los instantes no tienen medida Y cada instante es uno más, y uno menos. Pero, tienen valor. Y éste será según el que le demos. Empezaba a clarear el horizonte. Mi vieja amiga se levantó. Con el primer rayo de sol comenzó a diluirse. Sin embargo, antes de desaparecer, pude oírle decir: DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA –Voy a cumplir con mi deber. Nos veremos próximamente. –¿Cuándo? –exclamé esperanzado. –No lo sé. No lo sabes. Pero… será ese instante. En la media luz del amanecer empezaron a cruzar la plaza los personajes de la comedia diaria del vivir. Hacía tiempo que a mí me habían dejado como relleno del coro de fondo. De soslayo, mi miraban sentado en el muro de los vagos. Comprendí que debía irme. Me paré. Nuevamente sentí el frío en todo el cuerpo. Nuevamente me dolieron todas las articulaciones. A paso lento, algo encorvado, llegué al edificio. Me abrió la puerta una vecina que sacaba el perro al jardín. Ése era su instante y ése era su valor. Yo había tenido los míos y mis valores. Tomé el ascensor. Entré a mi apartamento. La gata me miró. Todo seguía igual. Sólo me quedaba esperar… ese instante. …oo0oo… INSTANTESINSTANTES
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    Diap 83 La luzdel semáforo cambia a verde. Aun así, cruzo la calle mirando en ambos sentidos. Recuerdo un joven intrépido. Ahora, si algo me arrolla será un carrito de barrendero. Entro a la plaza por la rampa para las sillas de ruedas. Sin embargo, camino. Pero, evito el esfuerzo de subir el cordón. Además, temo tropezar al hacerlo. Los años pesan. Lo veo debajo un árbol, en medio del pasto. Está sentado en el pequeño muro de cemento del reflector que, desde el suelo, en lejana época, alumbró las grupas del caballo de la estatua. No mira hacia la acera donde pasa la gente, sino para la base del monumento. Lee un papel que tiene en sus manos. Y, cada tanto, levanta la vista gesticulando. Gira la cabeza, se detiene, como observándome. Me acerco a él. Me mira tranquilo, esperando. Y con una voz resignada, triste, llena de lejanía, de tiempo, me dice: DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA –Creí que ibas a pasar de largo… como otras veces. Hay cierto tono de reclamo, pero también de confianza, y de un afecto muy profundo. Le sonrío, sin aclararle que no lo reconozco ni sé que otras veces fueron. Veo que tiene los pies metidos en el hueco del reflector. Ya no queda el vidrio, ni la rejilla, ni la lámpara, ni la conexión. Todo ha sido destruido, roto, robado. –Tenga cuidado con esos cables sueltos… –le prevengo. –Ya no tienen energía…–responde– Están ahí, pero no sirven para nada. Como los recuerdos… Hago un gesto comprensivo. No comento nada. El día está gris, la calle está gris, su cabello está gris. Y me desvío de la depresión, diciéndole: –Desde la calle vi que estaba leyendo algo. Me ofrece un papel mientras dice con amarga mueca: –Sí… El certificado de mi muerte… ¿Quieres verlo? EL CERTIFICADO Prefiero vivir más un día que vivir un día más… (Últimos poemas) 33 EL CERTIFICADO (U)
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    Diap 84 En lavida vamos acumulando comprobantes de nuestra existencia. Es como si quisiéramos demostrar que existimos. Y que los demás nos den un documento que lo afirme. Certificado de nacimiento. Libreta de estudios. Diplomas. Registros, Inscripciones. Títulos. Una cédula que diga que y quienes somos. Un pasaporte que nos permita mover. Pero nadie puede tener ese documento. Solo los deudos. Lo tomé por respeto. Era una hoja con el nombre de una compañía que desapareció hace mucho tiempo. Y fechado un día, un mes y un año de un tiempo pasado. Ya estaba algo ocre y se notaban los dobleces de guardarlo y volverlo a abrir para releer otra vez más lo allí escrito. Una redacción pulcra, corta, oficial, determinante. Un nombre, y luego: “concluyen sus servicios.” Lo demás, sólo palabras huecas: reducción, reorganización, o cualquier otro eufemismo similar. Y al final, a lo sumo, un conciso y estereotipado agradecimiento. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA –Esto es un aviso de cese. –le aclaro en voz baja y tontamente. –De despido. –reafirma él– Ese día dejé de ser necesario, de ser útil, de producir… Ese día dejé de hacer… Y vivir es hacer… lo mismo un poema que una pared. Ese día… morí. No sabía que decir. Le devolví el papel. Y, callado, me fui. Lo dejé sentado sobre un reflector que ya nada alumbraba, sin vidrio, sin lámpara, con cables sueltos, sin energía, todo roto. De espalda a la gente. Releyendo un papel ajado. Llegué a mi apartamento. Me miré en el espejo. Reconocí la imagen que reflejaba. Era la del viejo con quien había estado hablando. Fui a un cajón y busqué una carpeta. Saqué un documento. Su fecha: muchos, muchos años atrás. Volvía a guardarlo. No necesitaba leerlo. Era mi certificado de muerte. …oo0oo… EL CERTIFICADOEL CERTIFICADO
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    Diap 85 DESDE BELLAVISTA Las automáticas puertas de vidrio se abrieron. El hombre pasó. Tras él arrastraba una diminuta maleta. Aun así, ésta tenía ruedas para no sentir el peso... Era viejo. Avanzó por el ancho corredor. El hombre llegó a la calle. El resplandor del sol lo encegueció por un instante. El aire caliente le acarició el rostro... Y, se sintió bien. Ató el bastón a la maleta. No le hacía falta. Ya no tenía el dolor en la rodilla. Se había acentuado por el frío dentro del enorme jet. Y había desaparecido al pisar tierra tropical. Recordó muchos años atrás. Un avión de dos motores, un aeropuerto pequeño, un guardia abriendo la puerta, una valija grande, unos sueños aún más... Miró los cerros en el horizonte. Seguían el entrevero de los ranchos multicolores. Miró la calle. Seguía el bochinche de seres alegres y de todas las tonalidades... Y, se sintió bien. EL GUÁRAMO 34 EL GUÁRAMO (V) (Presentación anterior Nº 7) DESDE BELLA VISTA Guáramo = Valor, entereza, coraje, arrojo, empuje. Tener guáramo =Poseer esas cualidades. (Diccionario de venezolanismos)
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    Diap 86 DESDE BELLAVISTA DESDE BELLA VISTA EL GUÁRAMO –¡Eh, señor!... ¿necesita algo?... ¿un taxi para la capital?.. Le sacó de su ensimismamiento una voz chispeante Estaba seguro que encontraría una cara pícara y morena. Y así fue. Le dijo que iría en el bus... y lo que venía a buscar. –¡Ah, compadre!... El autobús está cerquita. –y le señaló– Lo otro... le va a costar encontrarlo... Suerte, catire. El viejo sonrió. Había pasado mucho tiempo de cuando llegó. De cuando dejó de ser un señor más. De cuando se fue. Pero, aún era un catire, un compadre... Y, se sintió bien. Y, llevando tras de sí la diminuta maleta, fue al bus. Lo ayudaron a subir. Le dieron el mejor asiento. El pasaporte le permitía pasar las aduanas. El bastón, entre la gente. Una hermosa y atractiva mujer se sentó a su lado. Sería un agradable viaje. Él tenía tantas cosas para contar. Pero no le diría a que había vuelto... Primero, tenía que volverlo a encontrar. EL GUÁRAMO Susana Djuim, Mis Venezuela y Mis Mundo 1955 11-Ago-1936 18-Jun-2016
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    Diap 87 DESDE BELLAVISTA DESDE BELLA VISTA EL GUÁRAMO Al llegar a lo ciudad se dirigió a una redoma próxima a la universidad. Y en lel ayer se vio a sí mismo, frente a las metralletas de la fuerza y arengando por utopías. Al ver acercarse un muchacho, le dijo lo que quería. –¡Maestro!... lo que usted busca no se ve a menudo. Dicen que antes había por bojote, pero ahora es difícil de hallar. El hombre hizo una mueca triste. Le decía maestro por lo anciano, no por lo que él podía enseñar. Hoy los jóvenes sabían más que los viejos. Y siguió su búsqueda. Tomó una buseta que lo llevó por una antigua carretera. Se bajó en un puente. Nada quedaba del monte donde tuvo que luchar para levantar un galpón. Un galpón que luego dio alimento a mucha gente. Y en el cual él, siendo joven idealista, peleó contra la hipocresía de los sindicatos como contra la avaricia de los patrones. Se encaminó al botiquín cercano. Y, apoyado en la barra, recordando el frío de un revólver que pusieron en su sien y él hizo bajar, le explicó al dueño su búsqueda. EL GUÁRAMO Ex - PLANTA VENESMALT, CAUCAGÜITA, Km. 15 CARRETERRA PETARE- GUARENAS, Edo. Miranda, Venezuela
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    Diap 88 DESDE BELLAVISTA DESDE BELLA VISTA EL GUÁRAMO –¡No, don!... –le respondió, sirviéndole una cerveza– De eso ya no queda más… Y menos vendría en botellas. Hizo la mueca triste. Volvió a la carretera, tomó la buseta para la ciudad. Al llegar al Terminal subió hacia la plaza de aquel pueblo que el crecimiento había vuelto un barrio más. Se sentó al lado de un negro canoso. Y cuando un negro tiene canas, es porque realmente es viejo. Le contó tras lo que había venido. Y que no lo podía hallar de nuevo. El negro quedó viendo lejos. Luego se volteó, mirándolo de frente. Y con voz oliendo a tabaco, a ron, a verdad, dijo: –Paisano… si lo perdió, nunca más lo va a encontrar. Eso, se tiene o no se tiene. El guáramo es algo que se lleva dentro. El hombre se paró. Era inútil seguir buscando. Y, se fue por la bajada. Dejó la diminuta maleta. El negro la abrió: Estaba vacía. …oo0oo… EL GUÁRAMO Iglesia y Plaza de Petare – Edo. Miranda
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    Diap 89 Voy alventanal. Miro, por el vidrio, el poste en la calle. Temperatura: 5º Hora 9:05. Me quito los abrigos de dormir y me pongo los de salir. Abro la puerta del apartamento. Del corredor entra un aire congelante. Cierro y avanzo. Toco el botón del ascensor. Llega, pero lo veo pasar de largo hacia arriba. Lo deben haber llamado del piso diez. Sonrío. Igual que la vida. Todos podemos pedir lo mismo, pero las cosas siempre van primero a los de arriba. Regresa de vuelta con un vecino y su perro. El animal de cuatro patas tiene puesto un suéter de lana. –¡Buen día, vecino!... ¿Todo bien?... –el dueño me saluda. La pregunta implica una respuesta positiva. Además, es de mala educación quejarse. Y respondo, viendo el perro: –Siempre bien… con frío… Pero, él va bien abrigadito. –Claro. –asegura– Hoy en la madrugada había tres grados. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Llegamos a la planta baja y salimos a la galería del frente. Allí se crea un túnel donde corre el viento. Y ahora es polar. A mi izquierda, delante la peluquería, sobre las baldosas, veo dos largos envoltorios cubiertos con frazadas y plásticos. Son dos pobres que han pasado la noche allí, a la intemperie. Giro hacia el dueño del perro que se encuentra observando como éste recorre el cuidado pasto y lo abona. –¿Vio?... –le digo, mordaz– Tenemos nuevos vecinos. –¿Sí? –pregunta– ¿Cuándo se mudaron?... ¿En que piso?... –Anoche… en el suelo. –y señalo con mi cara los bultos. Los mira indiferente y de inmediato voltea su vista hacia la plaza buscando su abrigado perro, mientras afirma molesto: –Ah, sí… no hay forma de evitarlos… les gusta vivir así. Hago un gesto indefinido y nada digo. Pienso que es muy difícil que a alguien le agrade vivir de esa forma. Pero, por la convivencia, es mejor no contradecir. LOS VECINOS Miopía: Incapacidad de ver lo que no está cerca. Escasez de visión. Cortedad de alcance. 35 LOS VECINOS (U)
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    Diap 90 Miro ala derecha. De la panadería en la esquina sale otro vecino. Se le nota feliz. Lleva una bolsa en la mano. A pocos pasos de él, en la calle, un mendigo hurga en un contenedor de basura. Encuentra un trozo de pan. Lo limpia con sus sucios guantes. Y, sin más, empieza a devorarlo. –¡Rico desayuno!... –comento cuando llega el de la bolsa. –¡Gracias!... –responde– Son bizcochos recién horneados. –Yo digo el de aquel… –y señalo con un gesto al hurgador. El vecino gira la cabeza. Lo mira. Frunce la cara. Y asevera: –No lo vi… ¡Como pueden llegar a comer esas porquerías! Otra vez prefiero responder con una mueca indefinida. De la plaza llega otro vecino más. Vive en el apartamento frente al mío. El del perro, llama al animal. Entramos todos al edificio. Subimos hablando el baladí tema del tiempo. El de la bolsa baja en el primer piso. Saluda. Va apurado. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Al llegar a mi piso, el vecino del perro abre la puerta del ascensor. Salimos los que vivimos allí. Y el otro, nos alienta: –¡Cuídense, vecinos!... Saludos a la familia. Cierra. El vecino de enfrente queda conmigo. Mantiene su sonrisa formal. Lo miro, esquiva la mirada. Y digo, burlón: –Tengo ochenta años: No puede tomar alcohol ni comer mucho ni hacer esfuerzos, no me dejan trabajar ni enseñar, si me preguntan es una dirección, si me miran es para darme el asiento... ¡Y aún me dice que me cuide para vivir más! El vecino ríe forzado. Se despide. Y entra rápido a su apartamento. Voy por el frío corredor hacia el mío. Pienso que este vecino no vio la cruel ironía en lo que dije. Que el otro no había visto los vagos dormidos a la intemperie. Y el de los bizcochos tampoco vio al hurgonero comiendo basura. Sin embargo, todos, al encontrarse preguntan si a los demás si se siente bien, y el despedirse envían saludos a los familiares. O sea, sólo distinguen a los que están cerca. Y comprendo. Socialmente, los vecinos son miopes… …oo0oo… LOS VECINOSLOS VECINOS
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    Diap 91 Vengo decobrar la jubilación en el Paso Molino. Por la ventanilla del ómnibus miro el arroyo Miguelete, su isla en el medio, el puente, los árboles esqueléticos. Es invierno. Al pasar la calle Zufriategui, dentro mío, algo me obliga a descender. Me levanto. Bajo por la puerta delantera. El chofer aguarda. Apoyo el bastón en la vereda. Estoy viejo. Camino hasta la esquina. Voy a cruzar. Antes, bastaba con mirar ambos lados. Ahora hay un semáforo. Y está en rojo. Debo esperar. Mientras, miro la vetusta casona de enfrente. Y, de pronto, sucede. Veo decenas de jóvenes y muchachas entrando y saliendo del liceo, hablando y riendo, bajando y subiendo del tranvía. Veo en el asfalto las paralelas vías, brillantes de tanto pasar las ruidosas ruedas rodando y viniendo de tantos lugares. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Veo los cuadrados postes de hierro sosteniendo los tirantes del cable, la roldana del troley girando contra éste. Veo una enredadera que salta desde la reja de la casona a uno de los postes para colgar flores violetas sobre la calle. Cambia la luz del semáforo. Y, todo desaparece. Ya no hay vías, solo el gris cemento. Ya no hay tranvías, solo el olor de gasoil. Ya no hay jóvenes y muchachas riendo, solo seres a quienes les dimos una vida facilista. Cruzo. Me debe apurar. Si cambia el semáforo algún coche puede arrollarme. Ahora la cortesía es por reglamento. Llego a mi viejo liceo. Ni siquiera tiene el mismo nombre. La vieja puerta está clausurada. Del escalón de mármol solo queda un gastado y roto resto. Apoyo mi pie en su borde. Pienso que parte de él quedó en los zapatos de mi juventud… y me ayudó a ir por la vida. :::::: EL ÁTOMO Aquel viejo Liceo Bauzá, el de la avenida Agraciada... 36 EL ÁTOMO (U)
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    Diap 92 ::::: Año 1945.Viernes 14 de Julio. Me largo frente al liceo con el tranvía en marcha. Y lo hago de espaldas, fanfarroneando. No pienso. Soy joven. Estoy en tercer año. Hoy tengo clases que me gustan: Matemáticas, Literatura y, sobre todo, la de Química… La profesora es preciosa. Entro al liceo. Delante la puerta del salón 4 me reúno con la barra de compañeros. Pronto tendremos la semana de Vacaciones de Invierno. Estamos contentos. Toca el timbre de comienzo de clase. Nos sentamos cada uno en su puesto y en aquellos pupitres para dos personas, de madera de cedro, con decenas de nombres tallados. Llega la profesora. Todos nos ponemos de pie. Aún existe la educación Y ella nos indica que nos sentemos con un mohín que será causa de sueños eróticos en los varones. Hablamos de la materia, de las moléculas, de los átomos. Y alguien repite, como un loro, la definición: –Átomo es la unidad más pequeña e indivisible… DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Mirando el negro cabello de la hermosa mujer, interrumpo: –Por ahora… La clase lanza una carcajada. La profesora hace un gesto. Suena el timbre de salida. Los compañeros bromean. ::::: Lunes 16 de julio de 1945. Sube al tranvía un pregonero gritando lo escrito en la primer página: ÁTOMO DIVIDIDO. Llego al liceo. Hoy tenemos Química. La profesora entra al salón. Y me pregunta, risueña: –¿Usted estaba en el proyecto de Álamo Gordo? –No, señora. Es que no acepto eso de “no se puede hacer”. Ella me mira de una manera especial… que yo la siento. ::::: Quito el pie del desgastado y roto escalón. Debo seguir mi camino. Me voy lentamente. Han pasado 65 años. Sigo pensando igual. Y aún me emociono al recordar aquella mirada. …oo0oo… EL ÁTOMOEL ÁTOMO
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    Diap 93 El hombredespertó. La mortecina luz del amanecer entró por la ventana. No le importó la hora. Antes o después, daba lo mismo. Invierno o verano, daba igual. Y, de nuevo… –Otro día… ¿Lo había dicho, musitado, sentido? ¿Era un razonamiento, una frase de resignación, o una de apatía? ¿Una de realidad, o una de hastío? Acaso… ¿había alguna diferencia? Se sentó en la cama. Miró las cosas a su alrededor. Vio las mismas que vio al acostarse. Las mismas que estaban ayer. Iguales a las de hace una semana, hace un mes, hace un año. De la calle le llegó el ruido de la mañana. Llegó apagado por los vidrios, por las paredes, por la distancia. Y recordó, una vez más, que él, hacía tiempo, fue parte de ese ruido. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Se levantó, debía hacerlo, la vida continuaba. Debía ir al baño, secarse, vestirse, tomar el desayuno, sentarse, oír las mismas cosas, ver las mismas personas. Y, de nuevo… –Otro día… Lo pensó. Lo sintió. No lo dijo. ¿Para que decirlo? Acaso… ¿eso importaba? Era lo que él sentía, lo que él pensaba. Los demás tenían sus propias ideas, sus propios sentimientos. Siguió la rutina. Encendió el televisor. Noticias repetidas. Las mismas caras, las mismas frases, los mismos gestos, los mismos sucesos. Algunos viven, algunos mueren. Salió. Debía salir. Debía subsistir. Algunos compran, otros venden. Pocos hacen cosas, muchos hablan. Los pocos hacen mucho, los muchos no hacen nada. Siempre lo mismo. Volvió. Debía volver. Volver a una casa. Una diferente a las demás. E igual. Con una entrada diferente a las otras. E igual. El hombre abrió la puerta. Entró. Y, de nuevo… –Otro día… OTRO DÍA Si cada mañana, al despertar, tienes esa sensación anhelante, y alienante, de que debes vivir... aún estás vivo. 37 OTRO DÍA 2 (U)
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    Diap 94 No suposi lo dijo o si lo sintió. Solo que lo oyó repetirse en su interior. Vio un diario. ¿Era de ayer o de hace un mes? ¿Del gobierno o de la oposición? Acaso… ¿eran distintos? Se sentó. Y, por rutina, leyó. Los mismos temas, las mismas palabras. Leer que esta vez unos son los buenos y otros son los malos. Y que a la otra vez, los buenos son los malos. Fue a la ventana. Miró hacia fuera. Los mismos viejos, las mismas mujeres, los mismos niños. Todos le eran conocidos, y a nadie conocía. Cada uno diferente, y todos iguales. Se dio vuelta. Recorrió con la vista lo que lo rodeaba. Todo había sido ya visto. Recordó que debía hacer algo. Fuese lo que fuese, ya lo había hecho antes. Y, de nuevo… –Otro día… Ni siquiera lo pensó. Era la hora de almorzar. Se sentó a la ceremonia habitual. Debía comer. Con sabores diferentes… e iguales. Con comentarios distintos… e iguales. Se levantó de la mesa. Comenzaba otra tarde. Una más sin nada que hacer. Sin ninguna obligación. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Como tantas otras. ¿De qué día? Acaso… ¿no eran todos iguales? Podía leer un libro nuevo… de algo que ya había leído. O ver otra novela… de trama ya repetida. O, dormir la siesta. O, no hacer nada. Que era hacer lo mismo de siempre. Pasó otra tarde igual a la de tantas. Desde aquella que le dijeron que no trabajaría más. Desde aquella que supo que estaba viejo. ¿Cuántos años hacía? Acaso… ¿importaba? Y, así llegó el atardecer, el ocaso. Debía cenar. Y cenó. Estaba cansado. Cansado de nada. Cansado de lo mismo. Se acostó. Debía dormir. Por la ventana miró la oscuridad. Luz, penumbra. Ayer, hoy, mañana. ¿Tiempo a pasar, o uno ya pasado? Acaso… ¿no eran iguales? Y, de nuevo… –Otro día… Lo sintió. Lo dijo. Él sabía que para no sentirlo más, para no decirlo más, sólo había una forma. Y se durmió con esa esperanza. Otra vez. Como todas las noches. …oo0oo… OTRO DÍAOTRO DÍA
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    Diap 95 DESDE BELLAVISTA DESDE BELLA VISTA El libro “Charlas con el loco de la esquina” finalizaba con Juan, ya internado en el manicomio (perdón, el siquiátrico como agrada decir a la gente fina), pidiéndole a su amigo interlocutor: “-No vuelvas mas. Aquí solo seré un paciente en un rincón. Recuérdame como Juan, el loco de la esquina.” Y si bien en el libro terminaba así, envejeciendo separados Juan, el amigo y el autor; la realidad fue otra. Los tres se fueron, juntos y lejos, a otro país. Un país donde, como en todas partes hay un manicomio. Y en él hay un Juan, un loco de la esquina ya sin esquina. Y afuera hay un amigo, un amigo que lo oye admirando su locura. Y hay un autor, uno que escribe cuentos… locos cuentos. Y los tres, cada tanto, tienen un reencuentro. Montevideo – Enero 2013 (Presentación anterior Nº 5) 38 ME NIEGO (U) Cada vez que nos callamos un no, negamos algo de nosotros mismo. Mañana de verano. Llovió en la madrugada. El sol está escondido tras las nubes. Miro por el ventanal del balcón. Veo a alguien sentado en los escalones de la plaza. Alguien muy extrañado. Bajo. Corro a su encuentro. Y, feliz, le digo: –Juan, mi loco amigo… ¡Cuánto tiempo sin verte!...¿Cómo hiciste paraescapartede allá?... Me mira con sus ojos desquiciados. Y, serio, responde: –No me escapé. Les dije que hoy era el día del “Me Niego” y me fui caminando. –¿El día del “Me niego”?... –inquiero curioso, sentándome a su lado– ¿Cómo es eso?... Y el feliz desquiciado, comenzó a recitar: –“Me niego a aceptar que los que andan apretándose la oreja, hablando solos, haciendo gestos, es porque tienen un teléfono celular y no porque están locos ME NIEGO
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    Diap 96 DESDE BELLAVISTA Me niego a aceptar que los números son diferentes, el cero es un uno que engordó demasiado, el uno es un cero que adelgazó mucho, y el ocho uno que se apretó el cinto. Me niego a aceptar que cada vez que se nos cae el pan con mermelada, lo hace con la mermelada al revés… y en el mantel, o en la ropa, o en lugar más debajo de la mesa.” No me pude contener y largué la carcajada. Viéndome como si yo fuese un trastornado, continuó. –“Me niego a aceptar reírse de los demás, a creer que hay seres superiores a otros, a consentir que quien habla es más del que trabaja, a pensar que alguien es dueño de la verdad. –Me niego a callar cuando quiero hablar, a no decir lo que siento cuando lo siento, a no ser otro más. Y, sobre todo, me niego a dejar de ser loco.” Quedé pensativo. No sabiendo que decir, señalé que era medio día. Y Juan,parándose,desquiciado,respondió: ME NIEGO DESDE BELLA VISTA Me niego a aceptar que la ropa se debe llevar dada vuelta, con la marca para afuera, viendo el nombre del fabricante, con las costuras al revés, pintarrajeada de todos de colores. Me niego a aceptar que los alpargatas de goma, plástico y tela, con formas estrafalarias, marcas rimbombantes, precios enormes, sean mejores que los zapatos normales de cuero. Me niego a aceptar que los avisos digan 60 kmh., las pistas las hagan para 120, los autos para ir en ellas los fabriquen para 240... y la gente compre los más veloces. ME NIEGO
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    Diap 97 DESDE BELLAVISTA DESDE BELLA VISTA ME NIEGO Juan, mi loco amigo, se dejó llevar. Pero, ripostó: –Me niego a aceptar que me diga compañero. Compañeros somos los que estamos aquí encerrados, día y noche, juntos, compartiendo la locura. Y usted es solo un enfermero. Quedé viendo como se alejaban por el corredor. Y, quizás contagiado por el día, al irme le dije al portero: –Me niego a creer que él es un loco y nosotros los normales. El hombre, por compromiso, sonrió e hizo un gesto. Bajé los escalones del viejo instituto. Llegué a la calle. Y volví al mundo donde decir no, es de mala educación. Donde estar cuerdo, significa estar todos de acuerdo. …oo0oo… ME NIEGO –Me niego a pasar hambre. El primer derecho después de vivir es el de comer. Y por la comida hasta hay quienes no niegan nada… y se niegan a sí mismo. Comenzó a andar. El manicomio estaba cerca. Callado, le acompañé. Llegamos a la recepción. Alguien de alba túnica le esperaba. Y el que llamaban demente, le indicó: –Me niego a seguir afuera, es un mundo de locos. Quiero volver con mis amigos, los de aquí adentro. El de blanco me miró, necesitaba darme una explicación: –Cada tanto le da eso de que es el día del “Me Niego” y lo dejamos salir. Siempre vuelve antes del almuerzo. Sintiéndose ya justificado, tomó al demente del brazo: –Todavía está abierto el comedor. Vamos, compañero.
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    Diap 98 Marcó enla pantalla el nombre de ese amigo con un visto. Era el último invitado a confirmar su asistencia al ágape que habría el próximo sábado con motivo de su tanation. Y, como él pertenecía al siglo pasado, enseguida respaldó el archivo e imprimió la hoja. Los jóvenes no lo hacían; pero él, en el ayer, había perdido muchos trabajos por un error. Tomó un buen sorbo del líquido de la copa que tenía en el escritorio. Había sentido el amague del dolor en su vientre. Y, antes que surgiese, era preferible adormecerlo. Desde los Antiguos, en su civilización, la finalidad de la medicina era la de calmar el sufrimiento, curar en lo posible la enfermedad y, especialmente, facilitar una muerte buena. Sus primitivos ancestros no crearon mitos. Comprendieron que la existencia era eso: Existir. Que se inicia naciendo, y finaliza muriendo. Y ambas cosas son igual de importantes. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Que si era motivo de hermosa reunión en la tribu el arribo de una criatura, también lo era el morir uno de sus miembros. Y que cada uno era dueño de su vida y de su muerte. En la historia, lo héroes concluían su vida en las guerras. Pero luego, la mayoría, al llegar la decrepitud del cuerpo, hacían uso de infusiones que le daban una plácida muerte. Y así, ya fuese caído en la lucha, muriese por accidente o muerte natural, o por su voluntad, todos tenían el tanation. Ese afectuoso ágape donde se juntaban amigos y familiares. Lo siglos pasaron, pero la costumbre continuó. Mejoraron los elixires y métodos para la buena muerte. Y la civilización trajo una serie de reglamentos para efectuar la tanatia. Límites de edad, motivos físicos y sicológicos, autorización médica y legal, en fin: embrollos del progreso. Pero, a partir de los sesenta y cinco años, era libre decisión del individuo. Y… él rondaba los ochenta y estaba enfermo TANATIA Cantemos todos el himno con alegría, juntos en el inicio y el fin de la vida... 39 TANATIA (G)
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    Diap 99 Como atodos los demás, el Estado le aseguraba la atención de una sala de tanatorio. Pocos aún lo hacían en sus casas, ya que era mejor usar el servicio de los especializados. Existía una gran competencia de empresas para tal fin. La mayoría de las personas optaba por afiliarse previamente a una que le diese más extras del otorgado básico. Licores, comida, meseros, músicos, bailarinas, todo lo que se ocurriese al que brindaba el tanation. Y, lógicamente, la forma de morir, y la forma de disponer del cuerpo. Y ahí estaba él ese sábado. Lo rodeaban muchas personas, aunque pocas de su edad. La mayoría de los amigos de su época se le habían adelantado en sus tanationes. Era un ambiente muy animado. Nadie traía presentes, ya que desde la antigüedad, era el que realizaba el tanation que daba regalos a los que venían a acompañarlo. Como siempre los comentarios giraban alrededor de lo bueno del servicio, de la decoración, de la música, de donde había decido poner sus cenizas. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Lo felicitaban por haber elegido un hueco en el muro de la plaza de juegos de los niños del barrio. Junto al de otros más. Algunos preferían ser echados al mar o al viento. Era solo un antojo, ya que en esa cultura no había el mito de que había algo después de la existencia natural. Una existencia donde él había tenido hijos, plantado árboles, escrito libros. Pero ahora el cuerpo estaba enfermo. La mente lenta. Era hora de la muerte. De una muerte buena. Ya todos habían comido. Momento del brindis. Pero, previo, debía repartir los regalos entre los acompañantes. A aquel, ese cuadro que tanto le gustaba. A este otro, aquella colección de libros… y así… y así… En el ambiente sonó la novena sinfonía de Beethoven. Era la que él había elegido. En el momento cumbre del coro, los demás levantaron las copas con champán, saludándolo. Y él, satisfecho, bebió de la suya el líquido final. …oo0oo… TANATIATANATIA
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    Diap 100 DESDE BELLAVISTA Cuando lo vio era una bola de pelos. Una temblorosa bola de pelos de la que salían lastimeros maullidos de miedo, de abandono, de hambre. Alguien debió abandonarlo en el escalón de la puerta de entrada al edificio. El cachorrito era demasiado pequeño para haber caminado hasta allí. El hombre lo levantó. Era tan chico que cabía en la palma de su mano. El gatito, al sentir el calor de esos dedos, se acurrucó más. Y el hombre se encariñó con él. Llevándolo suavemente apretado contra su pecho, abrió la puerta, tomó el ascensor, entró a su apartamento. Lo colocó sobre su cama. Y el cachorro se enrolló contra el almohadón. El hombre sonrió. Sonreír es la primera demostración de amor. Fue a la cocina y puso un poco de leche en un platito. Dar de comer es la segunda demostración de amor. EL GATO Y EL VIEJO DESDE BELLA VISTA (Presentación anterior Nº 13) 40 EL GATO Y EL VIEJO (U) Nadie es dueño de un gato, el gato nos permite vivir con él.
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    Diap 101 DESDE BELLAVISTA EL GATO Y EL VIEJO DESDE BELLA VISTA EL GATO Y EL VIEJO Él, el que esperaba inquisitivo al viejo cuando éste volvía de la calle. Y el hombre era el que se preocupaba de cuidarlo, de que estuviese cómodo, de darle abrigo y comida. Aquella leche se volvió pollo, y el pollo se transformó en carne. El gato cedía el sofá al viejo, pero era sólo para luego ir él a reposar sobre sus piernas. Y aunque el hombre creyese que en la cama el gato dormía a sus pies, era lo contrario. Y el gato crecía, y crecía.Se la llevó dejándola en el piso. El gatito maulló feliz al olfatearla, y se levantó ágilmente saltando de la cama para beberla. Parecía haber crecido en unos instantes. Y el hombre se sintió contento. Siempre nos satisface que algo dependa de nosotros, más si es un ser vivo. Y que ese ser nos haga ronroneos cuando le damos algo. El gatito se fue adueñando del apartamento. Era él el que caminaba siempre adelante.
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    Diap 102 DESDE BELLAVISTA EL GATO Y EL VIEJO DESDE BELLA VISTA EL GATO Y EL VIEJO Y el viejo, cada vez más reducido, primero pasaba el dinero por una hendija entornada, y finalmente por debajo de la puerta. Luego, cuando nadie estaba en el corredor, un pequeño ser enclenque y curvado, entreabría la puerta y presuroso metía las cosas adentro, cerrando rápidamente. Si bien la comida del viejo se iba reduciendo, la del felino aumentaba. Y los días pasaban. Llegó el momento en que el hombre y el gato tuvieron igual tamaño. El viejo tenía el mismo cariño por el animal. Aún más, se sentía mal porque al ir achicándose no lo podía cuidar. Dicen que un año de ellos equivale a siete de los humanos. Pero entre el hombre y el gato sucedía una rara simbiosis. A medida que el felino se hacía más y más grande, el hombre se hacía más y más chico. Seguía igual de viejo, pero empequeñecía de tamaño. Llegó el momento que tuvo miedo de salir del apartamento. Y empezó a pedir por teléfono que le trajesen las cosas. Se las dejaban a la puerta del apartamento.
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    Diap 103 DESDE BELLAVISTA EL GATO Y EL VIEJO DESDE BELLA VISTA EL GATO Y EL VIEJO Los alimentos se acabaron. El hombre ya no podía abrir la puerta. Ahora era del tamaño de un ratón. Al gato le surgió el instinto. El viejo lo miró. Unas fauces se cerraron sobre él. Fue lo último que sintió. Era la mayor expresión de amor. La de darse a sí mismo. Unos días más tarde los vecinos, viendo que nadie recogía las cosas, rompieron la puerta. No encontraron a nadie. Sólo un gato que, ronroneando, se refregó a sus piernas. …oo0oo… El felino seguía sintiendo algo por ese ser que le recordaba alguien que lo había recogido. Pero cada vez era con menos respeto y hasta jugaba con él como si fuera otro gato más. Al hombre le dolían las zarpazos del animal y a veces sus afiladas uñas se clavaban dolorosamente en la ínfima carne. Llegó a tener la proporción de una rata. El gato lo miraba con una mezcla de temor y deseo de atacarlo.
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    Diap 104 El hombrebajó del transporte público. Apoyó el bastón en la rota vereda buscando un lugar con tierra o arena, sabía por experiencia que las flojas baldosas podían constituir una trampa. El bastón era muy útil, servía para que le diesen el asiento en el autobús, preferencia al subir, frenar los coches al cruzar la calle, señalar, y hasta como palo para defenderse. Caminó. Las personas en la parada se separaron dándole paso. Sonrió. ¿Una concesión a él, a su edad, o al bastón? Llegó a la esquina. El semáforo estaba en rojo. Apenas destelló el verde cruzó la avenida. Fue el primero. Los demás esperaron y remiraron la calle antes de hacerlo. Pero él aun sentía la impaciencia de llegar al otro lado. Comenzó a andar. Llegó a una casa con un gran jardín al frente. Y el jardín estaba lleno de viejos. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Parados, sentados, caminando, en sillas de ruedas… pero, viejos. Se detuvo. Miró el reloj: Cinco de la tarde. Miró alrededor: Era verano, se sentía calor. Miró las personas: Hombres y mujeres, viejos. Miró el letrero: Casa de Salud. ¡Qué eufemismo para no decir ancianato! ¿Por qué llamar Casa de Salud a un lugar donde todos están enfermos? Y ahí estaban ahora ellos, en busca de un rayo de sol. Un jardín que quizás en el pasado tuvo niños corriendo entre árboles y juguetes, y tal vez luego jóvenes paseando entre flores y perfume de jazmín. Un jardín de un hogar frente a una tranquila calle. Pero hoy era un viejo trozo de verde, frente a una ruidosa avenida, delante una vieja casona transformada para cuidar un montón de viejos. Los miró. Y ellos lo miraron a él. Y sus miradas eran serias, vacías, duras, casi de enojo. EL JARDÍN Quiero morir como viví… a mi manera. 41 EL JARDÍN (U)
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    Diap 105 El hombresintió que él les molestaba. Que les molestaba el estar ellos dentro y verlo a él afuera. Solo un bajo murito los separaba. Pero ellos no se atrevían a cruzarlo para salir, y él no quería hacerlo para entrar. Y sin siquiera una sonrisa, un gesto, dejaron de mirarse. Giró y siguió su camino hacia su casa pensando que otros habían decidido por ellos. Él aún podía decidir por él. Iba caminando rápido, casi corriendo, sin ver la gente. El bastón, en lugar de servirle de apoyo, parecía una palanca que se afirmaba en el suelo para darle más impulso. Cruzó la calle transversal, ni espero la luz de paso, no venían coches en ninguno de los dos sentidos. Los demás quedaron junto al cordón, viéndolo. Siguió por la plaza. Una plaza con pocas áreas verdes y mucho pedregullo. Con ese ripio rojizo fácil de mantener aunque fuese incómodo para el andar de niños y ancianos. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Abrió la puerta del edificio. Pulsó un botón del tablero del ascensor. Si venían vecinos en él, todos deberían interpretar la comedia de que todos estaban bien. Llegó vacío. Y solo subió hasta su apartamento. Abrió la puerta. Puso el bastón en el paragüero. Desde el sofá lo miró sin asombro una gata. Una gata tan vieja como él. Desde un cuarto le llegó una voz preguntándole algo. Le respondió mientras iba hacia al baño. Se paró frente a la pileta. Se lavó las manos, la cara, el pelo. Se lavó mucho. Pero, por más que se lavase, el agua no iba a sacar las señales del tiempo: las manchas en la piel, las arrugas,. Se miró en el espejo. Y solo vio un viejo más. Recordó los que había visto en aquel jardín. Tenían menos años que él. Pero ya los habían puesto aparte, separados del mundo. Volvió a mirarse en el espejo. Volvió a ver un viejo. Y… sintió miedo. …oo0oo… EL JARDÍNEL JARDÍN
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    Diap 106 DESDE BELLAVISTA El del que ganaba la presidencia y el del que aún no la tenía. Pero, poco a poco, comenzaron a surgir personas que no eran de los que dirigían ni de la oposición, que no se sentían representados ni por unos ni por los otros. Que ya fuese por alguna diferencia física o ideológica no hacían parte de la masa. Y estas personas comenzaron a reunirse en asociaciones, sindicatos, partidos… grupos. Grupos constituidos por pocos seres, pero cuyos votos eran necesarios juntar para ganar los comicios. Fue cuando surgió el artificioso principio: El derecho de las minorías. La primer minoría en tener fuerza, que de minoría no tiene nada, fue la de las mujeres. Se le dio el derecho a voto, la mitad de los cargos políticos y privilegios por su sexo. O sea, una minoría con más derechos que la mayoría. TIFLOS DESDE BELLA VISTA (Presentación anterior Nº 12) 42 TIFLOS (U) Comenzó unos siglos atrás, luego de una larga sucesión de gobiernos dictatoriales y sangrientas revoluciones que unicamente cambiaban el dirigente y sus secuaces por otros similares. Un día, quizás cansados de ese derramar de sangre entre hermanos, o por que las haciendas se estaban quedando sin hombres, los caudillos decidieron dejar de guerrear. Recurrieron a una vieja teoría: La democracia. El pueblo gobernado vota a sus gobernantes, y los que gobiernan se reparten el país en proporción a los votos. Por un tiempo pareció todo solucionado. Los líderes se reunieron formando dos partidos teóricamente opuestos: No hay peor ciego que el que no quiere ver...
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    Diap 107 DESDE BELLAVISTA Pero, al inscribirse políticamente, llamaron a su partido Tiflos, en recuerdo a la isla de la mitología griega donde enviaban a los seres como ellos. Y aquella mayoría de minorías siguió ganando elecciones tras elecciones. Y en cada elección el partido Tiflos tenía más representantes y, consecuentemente, tenía más poder. Lo primero que lograron fue que todos los documentos, y publicaciones debían estar impresos en común y en Braille, y que este sistema de lectura fuese enseñanza obligatoria. Luego que se eliminaran del lenguaje las palabras ciego, invidente y otras similares, por ser discriminatorias; ya que su condición era tan natural como la de cualquiera. Sólo quedó llamarlos: Tiflos. TIFLOS DESDE BELLA VISTA Luego fue un acelerado desmembramiento de esa sociedad en fracciones: los gordos, los flacos, los altos, los bajos, los peludos, los pelados, los así, y los asá. Y cada grupo obtenía su representación en el gobierno. Se llegó a la paradoja de que, para triunfar en los comicios, las minorías se unieron para formar una mayoría. Y ganaron las elecciones… y las siguieron ganando. Dentro de esa unión de micropartidos hubo un grupo que, a pesar de no tener un gran cantidad de afiliados ni ser éstos poderosos, fue obteniendo cada vez más preponderancia. En sus orígenes fue conocida como la asociación civil de ciegos, sus miembros gozaban de simpatía popular, tenían privilegios por su condición y eran ayudados por todos. TIFLOS
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    Diap 108 DESDE BELLAVISTA TIFLOS DESDE BELLA VISTA A los veinte años de gobernar la coalición de grupos, los tiflos eran mayoría en el congreso, dominaban los ministerios, Corte de Justicia, todo. Por el beneficio de ser tiflo, muchos que no lo eran, se operaban para serlo. Las señales fueron sónicas, las aceras con barandas. Ver fue arcaico, de engreídos. Elegido por el setenta y nueve por ciento de los votantes, se tuvo un presidente tiflo. Y el congreso aprobó por unanimidad la Ley de Igual Percepción. Quedó prohibido iluminar los locales públicos, comercios, escuelas. Se debía tapar todo lo que diese luz. Tener visión clara de las cosas era casi un delito. Y siguieron las leyes de oscuridad. Y todas, aplaudidas. Desde hace años esa nación se llama: República de Tiflo. Un país donde a todos los que nacen… les quitan los ojos. …oo0ooo…. TIFLOS A PARTIR DE ESTE MOMENTO ENTRA EN VIGENCIA LA LEY DE OSCURIDAD TOTAL. SI USTED ES AUN DE LOS ANACRÓNICOS SOCIALES Y NO LEE EN BRAILLE, LO SIGUIENTE DICE: Final
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    Diap 109 Hora 20y 30, o las 8 y media p. m. para otros. Si fuese otoño o primavera, algunos dirían que es de la tardecita. Y, noche oscura si estuviésemos en invierno. Pero es inicio de enero, o sea, verano en estas latitudes. Por tanto, el sol brilla aún sobre el horizonte. Dentro de poco se hundirá en el mar y se acabará el día. Sonrío de mi propio razonamiento anacrónico. Ni el sol se mueve, menos aún se hunde, ni el día se acaba. Solo es la tierra que gira sobre si misma y me soporta sobre ella. Hace tiempo que no voy a la estación del ferrocarril. Esa que está a pocas cuadras, cerca de la bahía. La que fue patio de movimiento de vagones. Esa vetusta, solitaria, en ruinas. Camino por el medio de una calle que termina en las vías. Una calle cortada por una barrera hecha por un largo trozo de riel sobre otros dos más chicos parados. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Todos los rieles están oxidados, el travesaño, los puntales, los de las vías… a todos los alcanzó el tiempo, el abandono, la apatía. Anochece, giro subiendo al andén. La vieja campana que otrora resonaba con cada partida de un tren, dormita cubierta de herrumbre y colgándole de su badajo una corta y deshilachada cuerda. No hay nadie en la cerrada boletería, menos aún tras los vidrios pintados. Quizás haya alguien en la caseta aérea del guardia de estación, maldiciendo por tener que estar allí. Poco a poco llega la penumbra. En la bahía brillan las luces de las boyas. Las altas lámparas de la rambla costanera iluminan el veloz pasar de los vehículos. Pero aquí siguen las sombras. Miro la maraña de oxidados rieles y veo las grises figuras de vagones y locomotoras que deben estar contándose viejas anécdotas de lugares lejanos. Miro el viejo banco de madera en el extremo del andén… y la veo… y la reconozco… Es ella. EL ÚLTIMO TREN Viejas estaciones con rieles oxidados… 43 EL ÚLTIMO TREN (U)
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    Diap 110 Con laconfianza dada por los años, voy y me siento a su lado. Me mira de soslayo, esboza una tétrica sonrisa, y sigue viendo hacia la oscuridad del agua. –¿Qué haces descansando aquí? –le inquiero– Debes tener muchos por llevar en esta temporada de excesos y calor. –Por eso me senté. –responde, fría– Sí, muchos son los que terminan por la velocidad, las bebidas, las pasiones, el crimen… Y nosotras los seguimos juntando. –¿Nosotras?... –reflexiono– Creí que tú eras una sola… –Somos muchas… somos una… somos ninguna. Medito sus palabras. La observo. Esquelética escuálida, enjuta, cubierta de escasos harapos. Y, quizás por efecto del verano, le encuentro un lúgubre atractivo. –¿Estás esperando que los terminen de juntar? –murmuro. –Nunca se termina de juntarlos. Mientras haya vida, habrá seres terminándola. Estoy esperando el último tren. –El último tren pasó a las 19 y 30. –le indico. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA –No. Aún no ha llegado. El último tren es en el que se van conmigo. –afirma, levantándose. Y el andén comenzó a llenarse de invisibles figuras. Sin hablar, sin sonidos, pero todos esperando irse. Miré hacia mi derecha. Allá, en la penumbra, muy atrás, luego de una curva. Y vi asomarse una locomotora oscura, sin luces, silenciosa, arrastrando tenebrosos vagones. Se detuvo frente al andén. Y las figuras empezaron a subir. –¿Puedo irme yo también? –dije con extraña emoción. –Aún no... Quizás un día, una tarde, una noche, yo no sé, cuando, tú tampoco lo puedes saber, pero un día llegará ese momento y… tomarás el último tren. Subió al tren, éste se puso en marcha, sin ruido, sin chirriar de ruedas, sin sonar de campana, sin pitadas, en silencio... Quedé viendo perderse el último tren en la oscuridad. Y, como yo no me había ido en él, me di vuelta y me fui caminando de nuevo por las calles de la vida. …oo0oo… EL ÚLTIMO TRENEL ÚLTIMO TREN
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    Diap 111 El hombrese despertó. Se sentó en el borde de la cama. Un día más. Un día menos. O, tan solo, un día igual. No tenía nada que hacer. Y, sin embargo, ya se sentía cansado. De la mesita de luz tomó un papel. Lo había escrito la noche anterior… ¿O hacía mucho tiempo?... Daba igual… Y lo leyó nuevamente con sarcástica mueca: “El resumen de mi vejez es interesante. No puedo tener relaciones porque ya no tengo erecciones. No puede tomar alcohol porque ya no lo resisto. No puede comer fuerte porque me hace daño. No puedo hacer fuerza porque me ataca la columna. No puedo manejar porque mis reflejos son lentos. No puedo trabajar porque nadie quiere a un anciano. No puedo enseñar porque lo que sé es de otra época. No puedo comer sin la dentadura postiza. No puedo ver sin los lentes. No puedo oír sin los audífonos. No puedo caminar sin el bastón. Si hace calor se me aceleran las pulsaciones. Si hace frío me duelen todos los huesos. Si un muchacho me pregunta algo, es para saber una dirección. Si una mujer me mira es para darme el asiento en el transporte. ¡Y todavía hay quien me dice que me cuide para vivir más!...” DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Arrugó la cara. Ya no servía para nada. Y, se decidió. Primero debía bañarse, vestirse, desayunar. ¿Obligación, necesidad, rutina?... Daba igual… Pero, lo hizo. Salió a la calle. A recibir la obligada consideración de los otros. A responder con el obligado agradecimiento por la preocupación de ellos. A soportar y soportarse. Subió al ómnibus. Había un asiento para los viejos como él. Pagó un boleto de bajo costo para los viejos como él. Y todos le sonreían, como sonreían a todos los viejos como él. Después de un rato, bajó. No era tan lejos. Antes, de joven, hubiera ido caminando. Pero, hacía muchos años que había dejado de ser joven. Caminó hasta la mitad de cuadra. Se paró frente a la vidriera. Miró las armas. Relucientes, sobrias, equilibradas. Entró al local. Señaló una. Le preguntaron para que la quería. Si tenía permiso. EL SUICIDA Entre un hombre viejo que cuida a un león viejo, y un viejo león que devora a un viejo hombre, el más compasivo es el león. 44 EL SUICIDA (G)
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    Diap 112 No respondióa ninguna de las preguntas. Habría que tenido que mentir. Y él ya no quería mentir. Volvió a la calle. Solo era otra frustración más. Y, siguió. A los pocos metros se le acercó un hombre. Le ofreció un arma. Le pareció el mismo de la armería, pero con otra cara. Le dijo el precio. Lo mismo cantidad que él tenía como pensión. Sonrió con ironía. Lo que necesitaba para sobrevivir un mes, era igual a lo que necesitaba para un instante. La compró. Y volvió a su casa. Entró a su cuarto. Cerró su puerta. Se sentó de vuelta en su cama. Un montón de cosas que parecían suyas, pero que hacía tiempo dejaron de serlo. Metió la cabeza en una bolsa de tela. Las de plástico se rompen fácil. Había leído que, al volarse la tapa de los sesos, el cerebro ensuciaba todo. Y él no quería molestar. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Metió el arma en su boca. La apoyó sobre el paladar. Sintió el agrio y metálico sabor. Inclinó el cañón hacia arriba. Era la forma más segura. Y él no quería equivocarse. Quería morir, acabar con esa existencia. Pero sabía que, a veces, se podía quedar sólo herido, aún más, baldado. Y él no quería ser en una carga para los demás. Apretó el gatillo. En la cavidad de su boca resonó el seco ruido del percutor. Y… nada más… La habitación se llenó con una gran carcajada. ¡Se había olvidado de cargar el arma! Un rato después estaba en la calle. Fue a aquella esquina. Se encontró con aquel hombre. Le devolvió el arma. Y el hombre le devolvió una mirada comprensiva. El viejo ya no servía para nada… Ni para suicida. …oo0oo… EL SUICIDAEL SUICIDA
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    DESDE BELLA VISTA Éraseun hombre que, una vez, compró un barco. No era enorme como un transportador. Ni tan pequeño como un bote. No estaba hecho de madera como un velero. Ni tampoco de plástico como una lancha. No tenía muchas cabinas como un trasatlántico. Ni una cubierta larga como un petrolero. Era sólo un barco… ni chico ni grande… otro más. Y el hombre quiso pintar el barco. Quiso pintarlo color de mar, porque le gustaba el mar. Y los de los buques grandes, le dijeron que se confundiría con el océano. Quiso pintarlo de blanco, porque le gustaba la espuma. Y los de los botes pequeños, dijeron que de lejos parecería una nube. Quiso pintarlo de azul, porque le gustaba el cielo. BARCOS DESDE BELLA VISTA (Presentación anterior Nº 11) 45 BARCOS (G) Cuando los barcos quedan juntos, amurados… ¿se contaran cuentos como los marineros? Diap 113
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    Diap 114 DESDE BELLAVISTA BARCOS DESDE BELLA VISTA BARCOS Y los con botes y los sin botes, dijeron que en la distancia se mezclaba con el horizonte. Quiso pintarlo de rojo, porque le gustaba el fuego. Y los de los otros barcos, dijeron que parecería una boya en medio del mar. Pensó pintarlo de marrón, porque le gustaba la tierra. Y le dijeron que, desde el agua, se mezclaría con el paisaje de la costa. Quiso pintarlo de negro, porque era un color serio. Y le dijeron, que en medio del mar, semejaría un escollo. Finalmente quiso pintarlo de gris, aunque no le gustaba. Y le dijeron, que parecería una parte del muelle. Entonces, el hombre, decidió dejarlo sin pintura. Y todos dijeron… ¡Que a un barco se le debe pintar! ::::::
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    Diap 115 DESDE BELLAVISTA BAECOS DESDE BELLA VISTA BAECOS Todos los días, sin importar si es de noche o de día, de tarde o de madrugada, hay un barco que cruza la bahía. No importa si es hacia el puerto o hacia la petrolera, si lleva carga o vuelve de dejarla. No importa si llueve o hay niebla, si sopla el viento o la mar está serena, si hay sol o luna, luz u oscuridad. Ni si lo acompañan tres remolcadores, o dos, o uno… y a veces ninguno. Que sepa la ruta, que se mantenga en el canal, que la corriente sea fuerte. Que a veces se detenga viendo la isla, o quede mirando la costa, o esperando el remolcador que se quedó atrás. No importa que ahora sea un pequeño petrolero, viejo, mal pintado, que ni se nota cerca de los enormes tanqueros. No importa que hubo un tiempo en que era considerado grande, que hubo fiesta en su botadura. Tiempo en que cruzaba el inmenso océano con las cisternas vacías para llenarlas en lujuriosas playas tropicales.
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    Diap 116 FININDESPEREPARA HACER CLICK DESDE BELLA VISTA BARCOS DESDE BELLA VISTA BARCOS Tiempo que tuvo uniformados y serios capitanes, timoneles de blanco, marineros de azul, un puente deslumbrante. No importa que navegó los siete mares, conoció los cinco continentes, estuvo en infinidad de puertos. Que subieron a su borda prácticos de todas las razas, de todos los colores, de todos los idiomas. Que sufrió el embate de los ciclones, que sintió su cubierta barrida por las tormentas, que chirrió del calor ecuatorial. No importa que cruzó oscuras aguas turbulentas, tibias riberas de transparente mar, y hasta navegó en ríos como mar. Son cosas del pasado. Hoy es un barco que cruza la bahía. Y va y vuelve por el mismo canal Sin saber si va, sin saber si vuelve, sin importar lo que fue. Porque ahora solo importa… Que pueda ir y volver… todavía. Todos los días …oo0oo…
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    Diap 117 Fue enmarzo de 1938. Cerca de fin de mes. No recuerdo que día, si antes o después de mi cumpleaños; por tanto, yo podía tener ocho o nueve años, o ser verano u otoño. Lo que recuerdo es que había tocado el pito de las cinco de la tarde del Frigorífico Switt; el cual, a pesar de encontrarse a casi dos kilómetros de la casa, se oía perfectamente. Estaba yo en el fondo, solo, como de costumbre, pensando, bajo el parral, meciéndome en la hamaca, viendo como los gorriones comían las migas de pan en el piso. A través del terreno de la esquina, me llegaban los gritos y risas de los botijas del barrio. Eran más o menos de mi edad pero, quizás por ellos, o por mí, no pertenecía a esa barra. De pronto escuché el ruido de vidrios rotos, seguido del veloz correr de decenas de zapatos infantiles, acompañado por los furiosos rezongos de las vecinas. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Ni me moví de la hamaca, sabía lo que habían hecho: Uno de ellos había dado con una piedra, seguramente tirada con la gomera, al foco de la esquina. Eso significaba que esa noche ese cruce de calles estaría en la oscuridad y los padres de los botijas dormirían temerosos. Ignoraban que sus hijos lo hacían a propósito. Oí que las vecinas se reunían en la calle, protestando. Poco después, apareció mi madre por la puerta de la cocina Traía en la mano el rebenque. Un rebenque de cuero, para caballos, y yo ya lo había sentido otras veces en mi cuerpo. Sin decir una palabra me agarró de una oreja y me metió dentro del baño del fondo mientras me azotaba en las nalgas y en mis desnudas y flacas piernas. –Mamá… –protesté– Fueron ellos... ¿Qué culpa tengo yo? –Eres culpable por tenerlos como amigos. – gritó– Siempre serás el responsable de todo… de lo que hiciste y de lo que no hiciste, de lo que hagas tú y de lo que hagan los demás. PROMESA “–Nunca me diste el gusto de verte llorar…” (Palabras de mi madre ya anciana) 46 PROMESA (U)
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    Diap 118 Y, mientrasmi madre reafirmaba cada frase dándome sin piedad con el rebenque, me hice a mi mismo la promesa de, frente a ella, no soltar ni una lágrima ni un quejido. Me tragaba el dolor hasta que, cansada de pegarme, me dejaba en paz. Recién entonces, seguro de que se había ido, lloraba en silencio viendo hincharse los rebencazos. No recuerdo cuantas veces me castigó, fueron incontables. Y un día dejó de pagarme, o yo empecé a alejarme de ella, de la casa, del barrio, de mi niñez. Fui al liceo, comencé a trabajar, me casé, me fui a otras tierras. Nunca más volví a tener marcas de rebenque en mi piel. Pero en mi espíritu quedaron como cicatrices imborrables lo grabado con esos golpes. Jefe o empleado, solo o parte de un grupo, frente a un error o algo mal hecho, yo me señalaba como el único responsable del mismo. Fuese hecho por mí, o no. Y así lo decía. Tuve pocos amigos. En una sociedad donde siempre la culpa es del otro, desagrada alguien que se dice culpable. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Pero culpable o no, el tiempo no se detuvo. Cierto día mi hermano me llamó. Mi madre había muerto. Yo estaba en otro país. Lejos. Pero, era mi responsabilidad. Llegué para el velatorio. Ayudé a cerrar el féretro.Lo cargué con otros. Lo metieron en un nicho donde ya reposaban los restos de mi padre, muerto muchos años atrás. Sentí húmedos los ojos al recordar el viejo. Pusieron la tapa al nicho. Alguien dijo algo. Después, como siempre, todos se fueron. Al salir a la calle miré lejos. Desde allí no se podía ver la casa de mi niñez. Pero, en mis recuerdos la vi. Recordé un fondo con una hamaca. Recordé a un niño con las piernas hinchadas por los rebencazos. Recordé a un niño que se hizo a si mismo una promesa. Y dejando a mi madre muerta en el cementerio. Me fui … Sin soltar ni una lágrima ni un quejido. …oo0oo… PROMESAPROMESA
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    Diap 119 DESDE BELLAVISTA DESDE BELLA VISTA –Barlovento... Higuerote... Carenero... Y murió. Fueron las últimas palabras del viejo. Las había dicho con un tono indefinible. Tal vez de final, tal vez de añoranzas, o quizás de despedida. Quedó en silencio, sintiendo. El viejo aún lo miraba con los ojos fijos. Quiso cerrárselos. No pudo. Por más que le bajase los párpados, volvían a abrirse… mirándole. Lo dejó así. Fue a buscar un enfermero. Le ayudó a pasar el viejo a la camilla. El enfermero le tapó la cara al anciano con la sábana y se lo llevó para la morgue. Quedó en el corredor viendo como se lo llevaban. Y sintió que, debajo de la sábana, los ojos del viejo seguían mirándole. Se marchó. Tenía que hacer otras cosas. :::::: “Barlovento, Barlovento, tierra ardiente como el sol…” 47 CARENERO (V) Llegó a la terminal de autobuses. Llevaba como único equipaje una bolsa. Buscó el andén de las camionetas para Oriente. Fue fácil. Era el de la gente más charlatana. Ya allí, buscó los coches para Higuerote. También le fue fácil. Eran las busetas más coloridas, más destartaladas… con más gente y más alegre. Y se subió en una, cuidando la bolsa. Al poco rato dejaban la gran ciudad y, tomando una ancha autopista, se dirigieron hacia Barlovento. Vía los escarpados cerros, pero sintió que era otro el que miraba. Uno que miraba en el ayer a una serpenteante y estrecha carretera que subía y bajaba esas verdes laderas entre curvas, barrancos, derrumbes y crucecitas de muertos. Luego vino la tierra plana, la de exuberante vegetación, de exuberantes colores, de exuberantes mujeres morenas, la tierra barloventeña… tierra ardiente como el sol. Y de pronto apareció Higuerote. Desde lejos los recibió con el amplio abrazo de un horizonte de verdes palmeras, de mansas playas, de un mar tropical. CARENERO
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    Diap 120 DESDE BELLAVISTA DESDE BELLA VISTA Se dirigió enseguida a Carenero. Lo hizo en una aun más pintarrajeada buseta, y entre gente aún más alegre y de todos los colores de piel. Llegó. Sólo quedaban los oxidados restos del alto galpón. Pero, sintió que alguien dentro suyo estaba mirando cuando allí, en años idos, grandes barcas eran carenadas. Caminando, fue hasta el remanso detrás del varadero. En esa baja y pequeña bahía, las barcas destrozadas escoraban para siempre sus ansias de volver al mar. Cerca del muelle vio un tupido manglar y entre sus raíces unas carcomidas tablas. Y otra vez sintió que era alguien que miraba algo del ayer. Miraba un peñero que una tarde clavó la quilla en el fondo lodoso. Su casco estaba roto. Su proa gastada de tanto cortar olas. Sus cuadernas flojas. Ya no se le podía más calafatear. Y allí quedó, siendo parte del mar, dejando que la marea subiera y bajara dentro de él, que los peces nadaran en él, que un mangle creciera en él, y después otro, y otro, y otro. CARENERO Sacó de la bolsa un recipiente. Le quitó la tapa. Echó su contenido al agua. La tibia brisa se llevaba el polvo mientras las cenizas se hundían mezclándose con el barro. Después lanzó lejos la vacía urna. Por unos momentos ésta flotó sobre la mansa superficie; luego, inclinando su cuello, con unos borbotones, también se hundió. En el horizonte sobre el azul mar los pelícanos pescaban mientras las fragatas, en armonioso vuelo, esperaban en lo alto para quitarles su alimento. Un velero cruzaba serenamente el mar, una lancha abría las olas dejando una estela de espuma, un peñero volvía con la carga de su pesca. Sonrió. Levantó la vista. El brillo del sol le hizo entornar los ojos. Y sintió que aquellos ojos que no había podido cerrar, finalmente, en paz, se cerraban. Y murmuró: –Barlovento... Higuerote... Carenero... …oo0oo… 23-04-2012 CARENERO
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    Diap 121 Barlovento, barlovento, Tierraardiente y del tambor, Tierra de las fulías y negras finas, Que llevan de fiesta Su cintura prieta Y al son de la curbeta Y el taki-taki de la mina. Y al son de la curbeta Y el taki-taki de la mina. Sabroso que mueve el cuerpo La barloventeña cuando camina, Qué bueno que suena el takiti-taki-taki Sobre la mina. Que vengan los conunqueros Para el baile de san juan, Que la mina está templada para sonar El tikita-tikitá, tikita-kita-tikitá. Que vengan los conunqueros Para el baile de san juan, Que la mina está templada pa’ terminar El tikita-tikitá, tikita-kita-tikitá. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Autor Música y letra: Eduardo Serrano (Caracas, 14-feb-1911 – 13-oct-2008) Orquesta sinfónica de Londres Director Aldemaro Romero BARLOVENTO CARENERO RESTOS DE LA ANTIGUA ESTACIÓN DE CARENERO - 2012. CARENERO - AÑO 2012 . ATARDECER CARENERO
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    Diap 122 DESDE BELLAVISTA JUEGOS DESDE BELLA VISTA (Presentación anterior Nº 15) Todos somos polvo de estrellas, en medio de la inmensidad... 48 JUEGOS (VECINOS) (U) Diez de la mañana. Invierno. Seis grados de temperatura. Cien por ciento de humedad. La mortecina luz del sol se cuela a través de la niebla que cubre el barrio. Un hombre va cruzando el parque infantil. Los árboles y las cosas tienen un halo fantasmagórico. Cerca, sentado en un banco, vislumbra a un viejo. Lo reconoce y le saluda: –Hola, vecino. ¿En medio de los juegos de los niños? –No, vecino… Al final de los juegos de la vida. El hombre calla. Sabe que el anciano quiere hablar.
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    Diap 123 DESDE BELLAVISTA –No hemos aprendido aun a caminar y ya nos gustan las hamacas. Somos felices sintiendo que vamos hacia arriba. Creemos volar muy alto, al cielo, olvidando que alguien nos empuja, que estamos colgados de varias cadenas, sentados firmemente y con un travesaño adelante que evita que nos caigamos al suelo. No nos importa quien hace fuerza, ni que eso sea solo un vaivén. Pero, cada tanto, vemos de reojo para atrás buscando la seguridad de que, cuando retrocedemos, haya siempre una mano que nos ayude a volver a subir. –O, al final, a bajar de la hamaca… – agregó el hombre. – Así es, vecino, así es... –asiente el viejo, y continúa: JUEGOS DESDE BELLA VISTA JUEGOS
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    Diap 124 DESDE BELLAVISTA JUEGOS DESDE BELLA VISTA –Luego, al crecer más, nos gustan los toboganes. Subir a lo alto y lanzarse por la rampa. Corremos para ser el primero en trepar a la escalera. Nos empujamos criticando a los que están un escalón más arriba. Gritamos molestos a los que se encuentran ya en la cima y tardan en dejarla libre. Pero, al llegar cada uno ahí, se explaya con lo que domina, sabe que los que están debajo no podrán usar el tobogán hasta que él se largue, las protestas y gritos los oye amortiguados por la altura donde él llegó. Al final, acepta que debe ceder el lugar y, triunfante, se desliza suavemente en la bajada. –O, alguien lo empuja y baja de golpe. – agregó el hombre. –Así es, vecino, así es. –asiente el viejo, y sigue:
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    Diap 125 DESDE BELLAVISTA JUEGOS DESDE BELLA VISTA –Después, más crecidos, habiendo encontrado algunos que piensen igual y tengan los mismos gustos, nos dedicamos a los subibajas. Al principio respetamos el juego en un subir y bajar igualitario. Uno tiene que hacer fuerza para subirse a si mismo, pero baja de inmediato si el que sube es el otro. Eso aburre. Pronto se aprende a ponerse uno a una distancia más grande del otro para dejar a éste suspendido y molesto en el aire y que reclame el retorno a la igualdad. Y uno lo hace despacio, entre risas, para que el otro no se enoje. –O lo suelta rápido para que, al bajar, el otro pegue en el suelo. –agregó el hombre. –Así es, vecino, así es. –asiente el viejo, y prosigue:
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    Diap 126 DESDE BELLAVISTA JUEGOS DESDE BELLA VISTA –Muchos juegos vamos encontrando al seguir creciendo. Y los vamos jugando y dejando. Pero hay uno que siempre está ahí, teniendo bajo él la huella de los pies al arrastrarlos contra la tierra. La calesita. Es esa simple rueda horizontal que gira sin importar si es en un sentido o en el otro. Que lleva a todos en el mismo plano y hace ver las mismas cosas una y otra vez. Que da igual que estemos viendo para afuera o para dentro. Que todos juntos deben empujarla para que de vueltas… y, cada tanto, frenarla, para que alguno la deje. –O no se frena, y el que baja, cae. Y la rueda sigue rodando, rodando, con los que están arriba. –agregó el hombre. –Así es, vecino, así es. –asiente el viejo, concluyendo.
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    Diap 127 ESPEREPARA HACER CLICK DESDE BELLA VISTA JUEGOS DESDE BELLA VISTA El hombre se va. Y le saluda: –Chao, vecino. Lo dejo en medio de los juegos. –No, vecino… Al final. El viejo queda solo en la plaza, solo en la niebla. El hombre deja el parque, deja a un anciano. Se han despedido como vecinos. No importa que vivan en diferentes calles, edificios, apartamentos, casas. No importa que sean de distinta edad, color, país. Porque en el universo somos todos vecinos. Como lo son la Vía Láctea, y la nebulosa de Orión. …oo0oo…
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    Diap 128 El hombreestaba sentado en el parquecito, ése que nadie sabía si era público o no, puesto que lo cuidaban por igual el municipio como los propietarios del edificio. No tenía rejas alrededor y lo cruzaban todas las personas, por tanto, debía ser público como la plaza de enfrente. Pero, en sus cuatro bancos sólo se sentaban los del edificio. El hombre vivía en el piso seis, encima del cinco, ya que el inmueble tenía diez. Los que habitaban en los de más abajo lo hacían por estar más cerca de la salida. Los de los pisos más arriba por tener mejor vista, los del último piso para darse más postín, y los de piso seis… por que vivían allí, un poco más arriba de la mitad. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA El hombre estaba en un banco de los que quedaban frente al edifico. No había forma de cruzar sin saludarlo. –Hola, don… ¿Cómo anda?... ¡Bien!... El vecino le había dado el rutinario saludo, el cual implica la respuesta a dar, el que evita un intercambio de ideas y la aún más molesta diferencia de pareceres. –No ando… –respondió el hombre– estoy sentado. El otro sonrió forzoso y, por cortesía, agregó: –Claro… pero… ¡siempre bien! –Ni bien ni mal… Agonizando. –Por favor, don… –rogó el vecino, arrepentido de haber pasado por allí– Si a usted se le ve entero. –Apariencia, solo una más en esta sociedad de apariencias –dijo el hombre– Y uno más de los que viven agonizando. El vecino calló, era mejor no comentar nada. El hombre notó el silencio. Comprendió que el otro había tomado la posición menos comprometedora: Lo ignoraba. El hombre ya no le daba importancia a eso, y completó: AGONIZANDO Tú estás bien, yo estoy bien. ¡Todos estamos bien!... ¡Qué bien, qué bien! ¡Todos estamos igual!... ¡Qué mal, qué mal! (Poemas Grises) 49 AGONIZANDO (U)
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    Diap 129 –Ya vapara cinco años que estoy agonizando. Lo recuerdo exacto: Fue el 17 de junio del 2007 a las 8 de la noche. El otro, bien educado, lo seguía viendo con cara de fingida atención y moviendo la cabeza acorde, a pesar que, callado, buscaba una excusa para irse. –¿Sabe vecino?... –y seguro de no tener respuesta, siguió el hombre– Ese día y a esa hora, debí decir que no, y dije sí… tomar mi resolución, y tomé la que querían los demás. Otra vez el único comentario fue un gesto incomprensible. –Por primera vez no quise discutir con ellos, aunque estaba en desacuerdo con lo que creían. Preferí ni siquiera exponer mis objeciones, así me evitaba esa molestia. El vecino hizo un imperceptible levantamiento de cejas. –Por primera vez… –aquel don continuaba monologando– pero la integridad de un hombre es como la virginidad de una mujer, cuando se pierde es para siempre. Ni la analogía quitó al otro de su sociable inmutabilidad. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA –Hasta ese momento mi vida había sido un reto frente a las personas y a las cosas, donde cada problema me hacía sentir un ser útil. Desde ese momento dejé de tener problemas, ni con las personas ni con las cosas. Y, de a poco, me fui dando cuenta que no estaba vivo ni muerto… estaba agonizando. El vecino se movió con alivio al ver que se acercaba una copropietaria, a la cual saludó con la consabida frase: –Hola, señora… ¿Cómo anda?... ¡Bien!... –Hola, acá andamos –respondió ella– ¿Y usted?... ¡Bien!... De inmediato se entabló la pueril charla sobre el tiempo y la humedad. Charla tan insulsa como llena de simpatía. La mujer se despidió. Y el vecino aprovechó el poder irse. –Chao, don… –dijo con tonta sonrisa– ¡cuídese!... El hombre quedó solo, en ese banco. Quedó reflexionando que, de pronto, por el tiempo y la humedad, dejaba de ser ignorado, volvía ser uno más de esa sociedad humana. Miró a lo lejos, y siguió… Agonizando. …oo0oo… 04-05-2012 AGONIZANDOAGONIZANDO
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    Diap 130 DESDE BELLAVISTA SONRISA DESDE BELLA VISTA (Presentación anterior Nº 8) 50 SONRISA (G) No… ¡No estaba allí!... Pasé mi mano con suavidad sobre las aún tibias telas con el deseo de sentir en algún lado su forma, esa conocida y curva forma que la distinguía. Y… ¡No encontré nada!... Me senté en el borde de la cama. Comencé a pensar en lo que había hecho antes de acostarme. Estaba seguro que ella siempre estuvo conmigo, que nunca nos separamos. Con los años, la gente, duerme separada… de sus dientes. Desperté tarde. La noche anterior me había divertido. Tal vez, demasiado. Aunque, sinceramente hablando… ¿Existen límites para cuando uno la pasa bien? No había abierto del todo los ojos cuando me di cuenta. La terrible sensación de que ella me faltaba, me angustió. Traté de calmarme. Pero… ¡No la tenía conmigo!... Me moví despacio en la cama, por si acaso estuviera entre las sábanas, envuelta en el edredón,y la fuesea dañarcon mi brusquedad.
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    Diap 131 DESDE BELLAVISTA Sonreí ante mi estupidez. No se me había ocurrido. Seguro que ahora se hallaría en el cuarto de baño. Ahí estaría ella, frente al espejo, completamente limpia, mojada. Fui presuroso. Abrí la puerta del baño sin ocultar mi ansia. Sentí un nudo en el estómago. Hasta la busqué en la bañera. Me costó aceptarlo. Porque… ¡No estaba tampoco!... Ya era de día, pero dejé la luz encendida. Y encendía todas las lámparas por donde pasaba, en la ilusión de poderla ver más si estuviese caída y oculta tras algún mueble. Otra vez me volvió la esperanza al acercarme a la cocina; quizás se encontrase allí, con las cosas que la noche anterior quedaron para fregar. ¡Y solo tuve otra desilusión! Apreté mis mandíbulas y fruncí los labios. La extrañaba cada vez más. Eran muchos años viviendo con ella. Tantos que me parecía que siempre la hubiese tenido. SONRISA DESDE BELLA VISTA SONRISA
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    Diap 132 DESDE BELLAVISTA Pensé llamar a mis amigos y preguntar si ella estaba en la casa de alguno. Luego reflexioné que eso era algo personal… y tuve temor de pasar vergüenza. Si la había perdido, pues… tendría que vivir sin ella. Más adelante buscaría otra. No sería igual, pero serviría para lo mismo. Y tener una se había vuelto una necesidad. Recordé los primeros tiempos con ella. No era linda ni fea. Y no fue fácil amoldarnos. Hubo gustos y hubo asperezas, momentos de satisfacción y momentos de molestia. Pero, al final, no podía estar sin ella. Día y noche, juntos. Y si alguna vez la separaba de mí, era para cuidarla y hacerle todo lo que le fuera necesario. Ella se había vuelto parte de mi forma de ser. Tanto, que cuando no la tenía conmigo, yo cambiaba mi expresión, era distinta mi manera de hablar… no era el mismo. SONRISA DESDE BELLA VISTA SONRISA Y, como siempre, solo se valora algo cuando se pierde. Recorrí de vuelta todas las habitaciones, buscaba en cada rincón, detrás de cada cortina, dentrode cada mueble. En los lugares más ilógicos; pero, la angustia no deja razonar.
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    Diap 133 DESDE BELLAVISTA Y… ¡ahora no estaba conmigo!... ¡la había perdido! Era triste, lamentable. Pero… debía aceptar la realidad. Fui al dormitorio para terminar de vestirme. En mi interior guardaba la tonta esperanza de encontrarla en la calle. No me importaba en que estado, solo me importaba encontrarla. Me senté en la cama. Me agaché para ponerme los zapatos. Se me iluminó la mente. ¡Quedaba un lugar para ver! Era imposible que hubiese ido hasta ahí. Solo que yo, en forma inconciente, la hubiese tirado haciéndole rodar por el piso. Miré debajo la cama. Y en el medio, en la penumbra… ¡Allí estaba ella!... Con el brillo de sus blancos dientes, con su rosada encía, con una mueca irónica, burlándose de mi preocupación. SONRISA DESDE BELLA VISTA SONRISA …oo0oo… ¡No la había perdido! Allí estaba… Sonriendo. Mi dentadura postiza,
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    Diap 134 Fue poraquellos años en que los tranvías circulaban en esa ciudad, que ésta no llegaba al millón de habitantes y que los barrios estaban separados por desoladas cuadras. Sólo el tranvía era el nexo de unión entre ellos llevando sus pobladores a los lugares de trabajo, o al centro comercial, cruzando las adoquinadas calles con sus rieles brillantes. Fue en invierno, comenzando la noche, al final de un día de esos que el tiempo tiene reminiscencia de la época estival y regala una tibia brisa. Hora de la salida de oficinas y comercios. El tranvía repleto de gente apretujada, deseando volver a sus casas. Pero, aún queriendo disfrutar de ese agradable atardecer. El joven estaba agarrado del pasamano de pulido bronce del asiento frente a él. Los pasajeros avanzaron. El pubis de la muchacha a su lado quedó sobre el dorso de su mano. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Él debería quitar la mano, ella quitar su vientre. Pero, no lo hicieron. Quedaron sin verse a la cara, sintiendo recorrer por sus cuerpos un callado gozo. Luego de un rato la miró. Y comprendió que ella ansiaba lo mismo que él. Le indicó con una seña para bajar juntos. Y ella hizo un gesto que podía ser un… sí… quizás. Bajaron. Doblaron en la esquina. En la primer entrada oscura, ella se colgó del cuello de él y se abrió receptora. Él se introdujo y comenzó el instintivo ritmo ancestral. Sin suspiros, sin quejidos, sin palabras. Ella sintió que él eyaculaba. Él sintió la presión del orgasmo. Y así, callados, estuvieron unidos un rato más. Ella se separó, acomodando su ropa. Él aún no se reponía. Ella ya se marchaba para la esquina. De pronto se detuvo. Volvió para atrás, le dio un beso en la mejilla... Y se fue. Cuando él llegó a la esquina, un tranvía se alejaba. QUIZÁS Una mujer puede asegurar que su hija y su nieta, de ella son; un hombre, que su hijo y su nieto son suyos, no lo puede afirmar. 51 QUIZÁS (U)
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    Diap 135 Pasaron cincoaños. Los autobuses colectivos ya recorren la ciudad mientras los tranvías resuenan en los gastados rieles. Cada vez hay más calles asfaltadas. La ciudad supera el millón de personas. El hombre sube al tranvía. Se sienta en uno de los asientos transversales. Mira a la mujer que está sentada enfrente. La reconoce, y ella a él. Ella tiene en su falda una niña de cuatro años. El hombre ve, o cree ver, rasgos de él en la criatura. Y, en silencio, con sus ojos, le pregunta a la mujer si es hija de él. Y ella hace un gesto que puede ser un… no sé… quizás. Ambos sonríen lánguidamente. La mujer y la niña bajan, no importa donde. El hombre debe seguir en el transporte. Han pasado veinte años. Los tranvías se volvieron fierros viejos, recuerdos del pasado. Y, en alguna calle suburbana puede aún encontrarse tramos con adoquines. El hombre sube al autobús colectivo. Se sienta en el asiento transversal. Enfrente tiene a aquella mujer. Son muchos años sin verla. Pero la reconoce otra vez, y ella a él. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Ya es una abuela. Lleva sentado un niño en sus rodillas. Y el hombre lo mira buscándole algún parecido con él. Y, ya manso, callado, le inquiere a ella con la mirada si es el nieto de él. Y ella repite un gesto que puede ser un… no sé… quizás. Y otro par de sonrisas tristes. Otro bajar de una mujer y una criatura. Otro seguir de un hombre en el vehículo. Luego el paso de los años sin tiempo hacia la vejez. Un anciano sube el ómnibus apoyándose en su bastón. Al entrar, le ceden un puesto en el asiento transversal. Mira a su izquierda. Y en el primer asiento en ángulo está ella. Se reconocen. Solo son un par de viejos solos. Y todo viaje tiene un final. Ella se levanta yendo a la puerta del coche. Pero, de pronto, se da vuelta y le da un beso en la mejilla. Y se va. Él la mira a través de la ventanilla. En silencio, ambos se preguntan si se volverán a ver. Y en silencio, ambos se responden… No sé… Quizás. …oo0oo… QUIZÁSQUIZÁS
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    Diap 136 DESDE BELLAVISTA La madre y su hijo habían tenido una linda conversación. Una de esas que recorren el pasado con recuerdos de la familia, de los hechos y sucesos que van formando la personalidad de cada individuo. El qué somos es determinado por la herencia genética de los cromosomas que nos brindaron nuestros progenitores, el cómo somos es modificado día a día por nuestra propia vida. Muchos pueden estar formados en el mismo ambiente, hablar el mismo idioma, creer en las mismas ideas, pensar lo mismo, estar rodeados de las mismas personas. Pero, cada uno es diferente a todos los demás. Es único. Porque cada uno tiene solo una madre. Y esa madre fue la que lo concibió. Y en su vientre lo formó y desarrolló hasta que, de aquel pequeño embrión, un día surgió una criatura. SONRISA DESDE BELLA VISTA Vivimos porque un óvulo y un espermatozoide se unieron. Y un hombre y una mujer…lo quisieron. (Presentación anterior Nº 33) 52 LOS HIJOS CALLADOS (G)
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    Diap 137 DESDE BELLAVISTA El hijo se dirigió a la puerta. Y, con ojos húmedos y con voz emocionada, le dijo: –Gracias, mamá… por haberme dado la vida. El hijo cerró la puerta tras él y se marchó. La madre sonrió halagada y complacida. Miró hacia la ventana. Desde su marco quizás se podría ver un horizonte de agua y cielo, o uno de elevadas montañas, o tal vez una plaza, o tan solo una calle, o simplemente la pared de enfrente. Daba lo mismo a su edad. Solo era una ventana más. Una ventana tras la cual vivía una anciana más. Una anciana sola, que ya había vivido. Y desde el sillón donde estaba sentada comenzó a recordar. Y los recuerdos se proyectaron en el cuadro de la ventana como imágenes surgidas del pasado. Recordó su infancia, su niñez, su juventud. Su vida. Y, también, aquellos recuerdos. SONRISA DESDE BELLA VISTA SONRISA Recuerdos que siempre había echado al olvido. Pero, ahora resurgían en ese marco. La primera vez… era tan joven… y tan apasionada… y soltera… y había quedado embarazada… y abortó. Luego, ya de novia, con su prometido… otra vez… y pensaron que era muy pronto para casarse… y abortó. Después, los sabores y sinsabores del matrimonio. Los momentos difíciles y los apasionados… y los otros abortos. Cuando con su marido lo creyeron conveniente, tuvieron un hijo. Fue una época de felicidad. Pero, la vida volvió a su rutina. Por distintas razones no hubo más criaturas. Siempre había un motivo para no tener otro hijo. Y siempre había uno para… abortar. ¿Cuántos se hizo? La cuenta se ocultó en el ayer. Junto a aquellos pequeños cuerpos quitados de su vientre, como cosas molestas.
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    Diap 138 DESDE BELLAVISTA SONRISA DESDE BELLA VISTA SONRISA Un aire frío entró por la ventana. La vieja mujer miró de nuevo hacia la puerta. Le pareció de nuevo ver parado ahí a su hijo. Y que él le decía esta vez: –Gracias, mamá... por haberme dejado vivir. Giró la vista para la ventana. Enelmarcosereprodujeronlasimágenes. Las imágenes de ellos. Imágenessanguinolentasdepequeñosseres. De deformes seres muertos sin nacer. Todos la miraban con ojos de ternura. Con entreabiertos ojos inocentes. Y ninguno decía nada. Comonodijeronnadacuandolosmataron. Eran los hijos que había abortado. Los hijos callados. …oo0oo… 23 de Noviembre de 2014
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    Diap 139 Lo encontréen un banco de la plaza. Debía haber muchos con él y como él. La plaza estaba llena de niños jugando. Por tanto, estaría llena de ellos. Pero yo lo vi solo a él. Era el mío. Y lo supe de inmediato. Aunque nunca la había visto antes, enseguida sentí que era el que me había acompañado toda mi larga vida. Estaba alicaído, literalmente alicaído, con las alas bajas, el plumaje mustio, su cuerpo gacho y con una expresión en el rostro de viejo cansancio acumulado. –Eres mi ángel de la guarda. –le dije con cariño. –Ya era hora que te dieras cuenta de mí. – respondió. –¿Te di mucho trabajo? –pregunté, pensando mi pasado. –¿Mucho?... –rio– A veces creí perder todas mis plumas. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA –Sí, –medité– en mi infancia era muy arriesgado. –¿En tu infancia solamente?... –se burló– Y en tu juventud, y ya mayor, y aún en tu vejez. Toda tu vida te gustó caminar cerca del borde del precipicio. ¿Recuerdas lo del andador? –No. Pero contaba mi madre que teniendo yo pocos meses rodé por una escalera desde el tercer piso hasta la planta baja, que nunca supieron cómo se abrió la portezuela y que me salvé porque mi cabeza se metió dentro el andador. –Fuiste tú que sacaste el pasador, tú el que abriste la puerta y te lanzaste escalera abajo… y yo te salvé hundiéndote en el asiento. –y el ángel continuó– ¿Te acuerdas del tranvía? –De eso, sí. Había ido a comprar bizcochos. Estaba un tranvía en la parada, sin motorman. Y con otro botija nos metimos debajo para ver como era. Volvió el conductor y puso el coche en marcha. Pero ahí no me salvaste tú, sino un borrachito que le gritó al motorman. Y eso no lo supo nadie. –¿Y quién crees que hizo ver al borrachito para abajo? –inquirió él– Yo. La prueba es que lo sé. MI ÁNGEL El ángel de la guarda de Rosalino trabaja tiempo extra. Pablo Salas Perdomo. 53 MI ÁNGEL (G)
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    Diap 140 –Y seguroque fuiste tú –evoqué– el que desvió la patas de los caballos de aquel carro cuando, corriendo con la chata, crucé entre ellas y vi sus herraduras cerca de mi cabeza. –Así es. –me confirmó– Y el que hizo mover el volante al chofer del ómnibus que te iba a pasar encima cuando caíste del que venía delante. Son innumerables las veces que evité que cayeras o, si caías, que te mataras al hacerlo. –Me imagino –dije irónico– que estabas junto a mí cuando arreglaba las lámparas de la iglesia a doce metros de altura, colgando de un débil tabla y una vieja cuerda. –¿Junto a ti?... Estaba sosteniéndote encima. Creí que se me iban a romper las alas de tanto batirlas. Y siempre te guiaba mientras caminabas sobre las estructuras en el aire. –¿Como cuando se incendió el tanque de gasoil? –Sí, cuando agarraste la manguera de incendio, enfriaste las vigas de la tapa, subiste sobre ellas y apagaste el fuego. –¿Y tú que hacías? –inquirí,segurode la respuesta. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA –No dejé que te tocara ni una llama. Pero, muchas plumas que se me quemaron no volvieron a crecer. –¿Cuál fue la vez que te causé más problema? –Fueron tantas. Tantas en que recibí la descarga porque manipulabas los cables sin cortar la electricidad. Tantas que te saqué volando mientras caía lo que estabas haciendo. –Cosas del trabajo. –justifiqué– ¿Y en lo personal? –No sé... Quizás cuando miraste al tigre cara a cara. Tal vez cuando te pusieron un revólver en la sien y no te inmutaste. O, ahora de viejo, el tener que aceptar la vejez. –Creo que la última debe ser la más difícil. –dije pensativo– Me has cuidado demasiado. Te lo agradezco mucho. Es hora que dejes de hacerlo. Tú también mereces descansar. –Debo acompañarte hasta el final. Pero, una cosa te puedo asegurar, ser tu ángel de la guarda… no fue nada aburrido. Y, moviendo lentamente sus cansadas alas, se desvaneció. Y yo sentí que no había vivido solo. …oo0oo… MI ÁNGELMI ÁNGEL
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    Diap 141 DESDE BELLAVISTA EL ROLLO DESDE BELLA VISTA (Presentación anterior Nº 18) 54 EL ROLLO (EL PAPEL) (G) Los hombres se paraban al verla pasar, dándose vuelta para mirarla. Pero, el tiempo no se detiene. Y quizás fuese hijo, o nieto, de uno de esos hombres, el gerontólogo que hoy la atendía. Desde temprano empezaron las llamadas por teléfono al ancianato para saludarla. Es más fácil llamar a alguien que ir a verlo, y más si ese alguien es viejo. La vida es un teatro, y cada uno tiene su papel… Papel higiénico, papel tualé; pero no dicen para que es. Anabel cumplía ochenta y tres años. Y ahí estaba, vestida con una blanca y sedosa blusa, finos pantalones negros, zapatos de tacón, peinada de peluquería, de rubio artificial, maquillada con formalidad. No importaba que ahora su cuerpo estuviese torcido por la escoliosis y los dedos curvados por la artritis. Aún quedaba en ella algo de la época de su juventud. Años donde fue alta, elegante, de blonda cabellera suelta, ojos azules, voluptuosas curvas, andar sensual.
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    Diap 142 DESDE BELLAVISTA EL ROLLO DESDE BELLA VISTA EL ROLLO Es que las cosas tienen el valor que les damos. En ese piso alto de esa ala de esa residencial había quince cuartos. Y en cada cuarto había dos ancianas residentes y un baño. Todos menos uno, el que estaba junto a la escalera, cerca del ascensor. Ese, por sus medidas, solo podía ser para una persona. Pero era cómodo, y tenía su baño; y éste, grande. Y, por privilegio o casualidad, era el cuarto de Anabel. A cada cuarto le correspondía un rollo de papel por día, lo cual era motivo de roces y reclamos entre las dos ancianas que lo debían compartir. Todas menos una. Anabel tenía todo un rollo completo para ella. Era por el cuarto. Pero, los humanos personalizamos las diferencias, seamos razonables o seniles. Claro, con los eufemismos de la clase media, ella no era una anciana, menos una vieja, sino una señora; y no estaba en un geriátrico, menos un asilo, sino en un residencial. Una enorme casona rodeada de hermosos jardines donada en el siglo pasado por unas viejas ricachonas, y solteronas, a las piadosas, y finas, monjas de una exclusiva congregación. La mensualidad para estar en esa residencial era alta, pero no tanto para ella; tenía las jubilaciones de ser viuda dos veces y, además, su propia pensión. Como no era domingo, fue rutina diaria en la residencial. Levantar a los residentes. Bañarlos. Darles el desayuno. En su cuarto a los especiales. En las salas a los comunes. Revisar las camas. Sacar los colchones orinados. Lavarlos. Poner otros en las camas. Cambiar las sábanas. Traer los residentes de vuelta a su cuarto. Darleslos medicamentos. Y… lo más importante: ¡Repartir los rollos de papel!.
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    Diap 143 DESDE BELLAVISTA EL ROLLO DESDE BELLA VISTA EL ROLLO Fuese por las emociones de ese día, o simplemente por la edad, Anabel murió esa noche. En la mañana ya no estaba el cadáver. No conviene que los muertos vean a los muertos. Le dieron a la soprano el cuarto junto al ascensor. Y se sintió la diva de la residencial. Ya no le tenía envidia a Anabel. Le daban un papel solo para ella. Su propio rollo. …oo0oo… . En la habitación siguiente había dos ancianas muy cultas. Una había sido soprano de cierto renombre. La otra, una vieja cuyos hijos podían pagar el tenerla internada allí. Anabel presentaba a cada uno que la venía a saludar, a su amiga, la soprano. Y todos debían escuchar la historia de ese pasado de éxitos en el escenario. La artista terminaba diciendo que fueron papeles del ayer, que ahora la importante era Anabel, quien tenía uno solo para ella. Y todos sonreían condescendientes. Luego, despidiéndose de su actual público, se retiraba a la sala donde la esperaba su compañera de cuarto. Allí, viendo el rollo de las dos, discutían sobre el mismo. Pero, cada tanto, miraba con celos el cuarto de su amiga.
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    Diap 144 El otrodía… ¡Otra vez con eso de “el otro día”!… Con la trillada y repetida frase de inicio de “el otro día”… Es tan usada que, en esta época, donde hay días para todo, debería haber un día para “el otro día”. ¿Y cuál sería ese día”?... Pues, lógicamente:… ¡El otro día!... Bueno, dejemos estos circunloquios dignos de mi amigo Juan, el loco de la esquina. El hoy encerrado por la gente y la vejez, en el manicomio. Pero, del que, a veces, se escapa. Entonces, retornando al inicio. El otro día iba yo cruzando la plaza hablando con Titi, mi otro yo, cosa que ahora sucede a menudo; cuando encontré bajo el farol de la esquina a Juan y éste se unió en la charla. Seguimos caminando juntos. Y a mitad de la plaza, sentada en uno de los escalones del monumento, vimos a la muerte, nuestra común amiga. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA No nos extrañó verla desarropada, pero si que estuviese descansando; ya que con el frío reinante debía ser mayor la carga de fallecidos a llevar. Pero, ahí estaba. Y, apenas nos vio, se levantó yendo hacia nuestro encuentro. Mi otro yo y yo nos detuvimos a esperarla con una sonrisa. Ambos le teníamos un afecto que aumentaba con los años; tanto, que muchas veces deseábamos su llegada final. Sin embargo, Juan no pudo evitar un gesto de temor al tenerla cerca. La locura de vivir es la locura más grande. Y Juan es un loco. Pero, un loco educado, y también la saludó. Y así reunidos, los cuatro nos dirigimos a tomar algo. Ya no estaba más el boliche de la esquina, como hubo uno en cada esquina de lejanos tiempos. En su lugar había un: BAR – PIZZERÍA – ROSTICERÍA– RESTORÁN. Así decía el letrero, y además que su nombre era el de un santo que no fue santo sino un militar. Y entramos al bar. EL OTRO DÍA Frases que dicen todo, y no dicen nada. 55 EL OTRO DÍA (G)
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    Diap 145 Cruzamos enhilera frente a una vitrina que mostraba las comidas frías, luego seguimos a lo largo del horno de pizza y fainá, y adelante el mostrador con la caja registradora. Y, después, lo más importante: ¡La parrilla! Allí, asándose sobre la brasas, se exponía el multicolor y tentador cuadro de distintos cortes de carnes y embutidos. Nos detuvimos un instante. El aroma, el color… y el calor, invitaba a quedarse. Pero, seguimos. Los viejos parados en el remedo de mostrador de boliche nos dieron paso. Fuimos a sentarnos a esa apartada mesa que está al fondo del local, junto a la escalera que baja al sótano y a la otra que sube al entrepiso, ambas pasando por agujeros misteriosos. Fue una charla amena. Cada uno habló de lo suyo. ¿De que podía hablar Juan, el loco de la esquina? De locuras… ¿De que podía hablar Titi, mi otro yo? Naturalmente… de mí. ¿Dequepodía hablarlamuerte,nuestracompañera? De lo que más sabía, de la vida. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Iba yo a hablar cuando oí una voz a mi lado: –¿Qué se va a servir, caballero? Era una de las muchachas que atendía en las mesas. Antes solo había mozos. Pero, ahora todo se ha mezclado. Miré a mi alrededor. Disimulándolo, desde las otras mesas, la gente me observaba. Miré las tres sillas frente a mí. Mis contertulios sonreían. Comprendí, los demás no los veían. Pedí una copa. ¿De qué bebida? A mi edad no importaba la marca ni el envejecimiento, todas tenían menos años que yo. La tomé sin preámbulos sociales y nos fuimos los cuatro. Al llegar a la calle, cada uno retornó a su camino. Juan dobló la esquina regresando al manicomio. Nuestra amiga, la muerte, se fue para cualquier parte. Y Titi, mi otro yo, y yo, volvimos, juntos, a lo de siempre. Eso pasó… el otro día. …oo0oo… EL OTRO DÍAEL OTRO DÍA
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    Diap 146 DESDE BELLAVISTA EL LÍDER DESDE BELLA VISTA (Presentación anterior Nº 28) 56 EL LÍDER (G) El líder nace, no se hace.
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    Diap 147 DESDE BELLAVISTA EL LÍDER DESDE BELLA VISTA EL LÍDER
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    Diap 148 DESDE BELLAVISTA EL LÍDER DESDE BELLA VISTA EL LÍDER
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    Diap 149 EL LÍDER DESDEBELLA VISTA EL LÍDER Ugú se asomó al borde del risco. Miró el valle donde solían ir a comer la carroña que dejaban los tigres dientes de sable y otros animales carniceros. Detrás de él sintió la presencia de los otros miembros de su manada, pequeño grupo de primates humanoides que poco se distinguían de los simios que gritaban en los árboles. Tres o cuatro machos que le dejaban ser líder porque unos eran muy jóvenes, y otros ya viejos de treinta años con sus heridas causadas por las bestias o luchas con semejantes. Y, detrás de ellos, estaban las hembras con los cachorros.Criaturas de todas las edades. Sobrevivientes en ese mundo donde los débiles, los heridos y los enfermos morían. La noche anterior el volcán había arrojado fuego y piedras candentes por su cumbre, lo que hizo huir a las fieras, e ir a los trogloditas más al fondo de sus cavernas. DESDE BELLA VISTA
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    Diap 150 EL LÍDER DESDEBELLA VISTA EL LÍDER Quizás una de aquellas rocas encendidas le había matado, y luego rodó prendiendo fuego a las ramas secas próximas. Aún ardían algunas junto al animal y la piedra caliente. No se veía ninguna fiera cerca. Todos los animales temían el fuego. Y Ugú era un animal más. Pero el olor de la carne asada era distinto, atraía. Y… lo venció la curiosidad. Bajó al rellano. Su manada queda retrasada. No se atrevían a acercarse al fuego. Ugú fue hasta donde estaban los leños. Alargó su simiesco brazo. Agarró una rama por el extremo que no ardía. Y la levantó como un garrote. La antorcha se avivó en el aire. Pero, él no se quemó. Y el primate se irguió más en su todavía encorvada figura. Los integrantes de su manada se alejaron de él, temiéndole. Sin embargo, luego, todos fueron a su lado. Había dominado el fuego. Era el líder. DESDE BELLA VISTA
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    Diap 151 DESDE BELLAVISTA EL LÍDER DESDE BELLA VISTA EL LÍDER :::::: Graw vino del río donde todos los animales iban a beber. Aparentando indiferencia, pasó cerca de la manada de Ugú. Era el segundo día que, desde lejos, los veía comer carne que ponían en la punta de las lanzas, y luego sobre el fuego. Fuego al que ya no temían y habían llevado a su caverna. Ugú lo vio llegar. Lo miró de soslayo para no enfrentarse. Se cruzaban a menudo. Sus cuevas estaban cercanas. Le tenía respeto. A Graw, unos cachorros de lobo le obedecían. Pero, sobre todo, una de sus mujeres jóvenes tenía el pelo color de fuego, color de sol. Y a Ugú, le gustaba ese color. Al estar cerca de los restos del bóvido, Graw lo observó. Aún quedaba mucha carne por comer. Cruzó su mirada con la de Ugú. Y éste hizo una imperceptibleseñade acercarse. Los cazadores de ambas manadas quedaron frente a frente. Y, juntos, comieron. Los cachorros pronto se mezclaron. Y las hembras, poco a poco, hicieron grupos entre ellas.
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    Diap 152 DESDE BELLAVISTA EL LÍDER DESDE BELLA VISTA EL LÍDER La joven de pelo color de fuego permanecía cerca de Ugú. Éste agarró un trozo de carne que tenía sobre las llamas y se lo dio. Graw asintió. Ugú sonrió; y ella, tomándolo, también. Luego, al volver los trogloditas a sus cuevas, los de Graw llevaban ramas con fuego, primitivas antorchas que alejarían las fieras cazadoras que venían en la penumbra. Los de la manada de Ugú portaban dos cochorros de lobo que les avisarían de los peligros y ayudarían en las cacerías. Y él, una hembra joven de cabellos como el sol. Y todos, trozos de carne que asarían en la noche sobre el fuego.
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    Diap 153 DESDE BELLAVISTA EL LÍDER DESDE BELLA VISTA EL LÍDER Fuego que les había quitado el temor a la oscuridad. En las circunvalaciones de sus primitivos cerebros sentían que eso los hacía distintos, diferentes a los demás animales. Graw se durmió pensando en como dirigir su manada. Ugú se durmió mirando las llamas. La joven de pelo color de fuego dormía junto a él. Los cochorros de lobo estaban a sus pies. ¿Quién sería el próximo líder de las manadas?
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    Diap 154 DESDE BELLAVISTA EL LÍDER DESDE BELLA VISTA EL LÍDER …oo0oo…
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    Diap 155 El viejono estaba muy lejos de donde vivía; sin embargo, se detuvo bajo el techo de la parada de transportes públicos. Esperaría uno que lo llevase de vuelta. Era domingo, mediodía, invierno, seis grados; por suerte, con sol. Además, se festejaba el Día del Padre. No pagaría boleto, y todos los ómnibus le servían en esa avenida. Subió al primer coche que vino. Ni se fijó en el número. Menos en el destino. Estaba pintado de otro color. No le dio importancia. Ahora las cosas tenían otra apariencia. Pero, al llegar al bulevar, el vehículo dobló en una plaza y tomó otra vía. Era el único que no llegaba a la parada de su casa. El anciano bajó. Seguiría caminando a su destino. El chistido de la puerta del ómnibus, al cerrarse tras él, le pareció un pedido de silencio. El frío, al darle en la cara, le hizo pensar que veía un paisaje congelado en el tiempo. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Esa esquina, esa calle, la vereda de enfrente, una casa a mitad de cuadra, un jardín, una enredadera de jazmines… aquella muchacha. Y, lentamente, empezó a andar sobre las baldosas de hoy y los recuerdos del ayer. Comienzos de otoño. Comienzos de un nuevo año liceal. Él en tercero, ella en primero. Él, ya desarrollado. Ella, aún con cuerpo de niña. Y, en ambos, la juventud. Se conocieron en un recreo. El salón de clases de ella estaba junto al de él. Nunca la miraba. Pero ahí estaba ella, callada entre el bullicio juvenil, cerca. Pero, una vez, él la vio… Era baja, de cabello renegrido, lacio, largo hasta la cintura; piel cetrina, tersa, lozana; labios pequeños, rosados; mirada profunda, ojos oscuros… Ojos que decían tantas cosas… Desde ese momento desaparecieron los demás que había alrededor. Solo tuvo conversación para ella. Y, aunque ella hablaba casi en un susurro, para él era una música. RECUERDOS Recuerdos, recuerdos… telarañas del tiempo... 57 RECUERDOS (U)
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    Diap 156 Así supoque su antecesor había sido un vasco francés que se casó con una india charrúa, a la cual salvó de la matanza que hicieron los civilizados a los aborígenes. De la abuela heredó los ojos oscuros, el pelo negro, la piel aceituna y la voz melodiosa. Del abuelo… un difícil apellido, orgullo por su raza y la obediencia a la familia. Se llamaba Blanca, como la amada del poema Tabaré. La semana siguiente Blanca se pintó los labios, puso color en sus mejillas, sombra en los ojos, apretó la cintura; todo en infantil deseo de parecer más mujer. Pero él solo veía sus ojos, oía su voz. No fue así con el padre, quien notó enseguida los cambios. Un lunes, Blanca no fue al liceo. Al preguntar por ella, las compañeras le dijeron que la habían puesto de pupila en un colegio de monjas. Que solo el domingo venía a la casa. Y el domingo siguiente, él fue hasta esa esquina, caminó por esa calle, miró la vereda de enfrente… Y en aquella casa, en el jardín, bajo la enredadera de jazmines, la vio. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Fue solo un instante. La puerta de la casa se abrió saliendo un adusto señor que lo observó con severidad, tomó la niña de los hombros y la llevó de inmediato para adentro. Y después pasó el tiempo… días… meses… años… la vida. El viejo llegó a la otra esquina. Había recorrido esa larga y torcida cuadra. Se dio vuelta. Volvió a buscar aquella casa. No pudo reconocerla entre las vetustas y pocas existentes. Quizás habría desaparecido bajo los galpones actuales. Pensó que también aquella muchacha se volvió mayor, se casó, tuvo hijos, fue abuela… Y, quizás, ya habría muerto. Ya no quedaban casas con jardín, ni enredaderas de jazmines. Pero, él creyó verlos en flor, y a Blanca bajo ellos, con su cuerpo de niña, con su pelo largo y negro, con sus oscuros ojos, ojos que le decían tantas cosas. Y, doblando la esquina, se fue por otra calle. Como setenta años atrás… …oo0oo… RECUERDOSRECUERDOS
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    Diap 157 DESDE BELLAVISTA LA CAA DE DIOS DESDE BELLA VISTA LA CAA DE DIOS EN RECUERDO A LOS ASPIRANTES Y JÓVENES DE ACCION CATÓLICA QUE LLENÁBAMOS LOS BANCOS DEL LADO IZQUIERDO DE LA IGLESIA DE LA VIRGEN DE LA AYUDA FOTOGRAFÍA AÑO 1940 – ASPIRANTES, JÓVENES , MAESTROS Y SACERDOTES – PATIO COLEGIO DE LA VIRGEN DE LA AYUDA – CERRO - MONTEVIDEO
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    Diap 158 DESDE BELLAVISTA LA CASA DE DIOS DESDE BELLA VISTA Junio de 2014. Ocho de la mañana. Domingo. Hace frío. Hay sol. Sin saber por qué, decido ir a la vieja iglesia de mi niñez. El tiempo, la distancia y la vida me alejaron de ella. Antes quedaba a la vuelta de la esquina, hoy… lejos. Antes era un niño, ahora… soy un viejo. Antes creía, ahora… no sé. Tomo el ómnibus. Lleva poca gente. Y todos son ancianos. Llego al barrio de mi infancia. Bajo en la calle donde estaba la casa donde me crié. Si hay alguna construcción nueva se diluye entre las decrépitas y grises del ayer. Un niño es solo un ser que aún tiene fe.(Presentación anterior Nº 29) 58 LA CASA DE DIOS (U) TEMPLO VIRGEN DE LA AYUDA CERRO, MONTEVIDEO, URUGUAY Esto no es un cuento, es la narración de un suceso real
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    Diap 159 DESDE BELLAVISTA LA CASA DE DIOS DESDE BELLA VISTA LA CASA DE DIOS Subo. En el repecho me duele la pierna que me fracturé cuando era chico. ¿Cuál?... ¿La izquierda o la derecha?... Dudo. Izquierda y derecha se confunden con los años. Me detengo. Recuerdo, recuerdo… Recuerdo que un día llegué de misa imbuido de místicos dogmas y, le pregunté a mi padre: –¿Por qué no vas a la Iglesia?... ¿A la casa de Dios?... Y aquel culto obrero, libre pensador, respondió socrático: –¿Dios tiene casa?... ¿No está en todas partes?... Si alguna tuviera, sería el Universo. La iglesia de mi barrio nunca se cerraba. La casa de Dios siempre tenía las puertas abiertas… Noche y día. Mañanas y tardes… Aunque no hubiese nadie adentro. Villa del Cerro - Casco Antiguo – Visto desde la Bahía - 2012 Don Pablo – Año 1941
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    Diap 160 DESDE BELLAVISTA LA CASA DE DIOS DESDE BELLA VISTA LA CASA DE DIOS Allí buscaba reposo el ladrón que se sabía cercado por la policía, y luego se entregaba para ser llevado a la jefatura que estaba a la vuelta. Allí se sentaba a descansar en el banco del fondo, ya en la madrugada, la prostituta que volvía de su trabajo. Y solo ella y Dios sabían lo que meditaba. Allí terminaba cada noche el borrachito de siempre, medio tumbado en el reclinatorio, hasta que la resignada esposa y el fraile se lo llevaban. Allí los niños íbamos porque si, sin obligación. A veces, en verano, porque era un lugar fresco; algunas, a mirar las imágenes; otras, a pensar… y otras a jugar a las escondidas.
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    Diap 161 DESDE BELLAVISTA LA CASA DE DIOS DESDE BELLA VISTA LA CASA DE DIOS Llego a la iglesia. Solo hay una misa. Entro. El sacerdote está diciendo el final. Cuento las personas. Veintisiete. Recuerdo… recuerdo… Recuerdo cuando había misa de 6, de 7, de 8, de 10 y media. Y todas estaban llenas de gente. Se termina el oficio. Los pocos fieles se van. Salgo. Bajo los escalones hacia la calle. La cruzo. Subo a la vereda. En el murito donde antes los jóvenes nos sentábamos a charlar con las muchachas, ahora hay una entrada a la plaza. Ya no hay jóvenes, ya no hay muchachas, ya no hay charlas. Sólo hay unos viejos solitarios sentados en bancos. Oigo el chirriar de goznes a mi espalda. Me doy vuelta. No puedo reaccionar. Quedo mirando. ¡Alguien está cerrando las puertas del templo! IGLESIA VIRGEN DE LA AYUDA – JUNIO 2014
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    Diap 162 DESDE BELLAVISTA LA CASA DE DIOS DESDE BELLA VISTA LA CASA DE DIOS Está cerrando unas altas rejas de hierro que no permiten entrar a nadie desde la calle. Y las cierra con llave. Recién reacciono. Y se me escapa del corazón: –¡La casa de Dios tiene las puertas cerradas! De un banco cercano, unos viejos me aclaran justificando eso porque los delincuentes entran a robar y asaltar. Los miro. Son otros tiempos. Prefiero callar. Me voy. Bajo. Me dirijo a tomar el transporte público. Tarda. Llega. Subo. Me siento. Sobran asientos. Y se repite dentro mío: –¡La casa de Dios tiene las puertas cerradas!
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    Diap 163 DESDE BELLAVISTA LA CASA DE DIOS DESDE BELLA VISTA LA CASA DE DIOS Y mientras el vehículo se aleja de donde pasé mi niñez, le pregunto al viejo que se refleja en el vidrio de la ventanilla: –¿Donde buscará reposo el ladrón que se sabe cercado? –¿Dónde descansará la prostituta que vuelve de su trabajo? –¿Dónde terminará cada noche el borrachito de siempre? –¿Dónde irán los niños a pensar… o a jugar a la escondida? –Y sobre todo… ¿Dónde va hoy el que necesita encontrarse con su Dios, si la casa de Dios tiene las puertas cerradas? Y desde el reflejo me responde la imagen de mi padre: –¿Dios tiene casa?... ¿No está en todas partes?... Si alguna tuviera, sería el Universo. Sonrío. Quedo tranquilo. Esa no tiene rejas. …oo0oo… Don Pablo Carigi 73 años – Año 1973
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    Diap 164 Cuando nacióJuan, su madre y su padre lo llevaron hasta una escarpada ladera sin vegetación, y le mostraron: –Éste será tu bosque. Luego, sacaron de una vieja bolsa a un pequeño arbusto que aún mantenía en sus raíces los restos de la semilla de donde había surgido su existencia. Haciéndolo agarrar con las tiernas manos de la criatura lo plantaron al pie de la cuesta, y dijeron: –Es el primer árbol de tu bosque. Todos los años plantarás uno más… a veces podremos ayudarte… otras, tendrás que hacerlo solo. Y el tiempo pasó. Y el niño creció. Y cada año había un árbol más en la ladera. Y cada vez el terreno era más duro. Y cada vez lo arboles dejado detrás eran más grandes. Al principio sembrarlos fue fácil. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA La tierra era blanda y fértil. Los pequeños árboles se desarrollaban rápido y se llenaban de nuevas hojas. Además, si el endeble tronco intentaba torcerse, aceptaba la ayuda de una estaca o un palo para crecer derecho. Juan veía que en laderas cercanas otros niños sembraban sus propios bosques. Algunos ya con más árboles, otros con menos, y muchos iguales al suyo. Y todos eran amigos. Pero llegó la época de la juventud. Fueron años difíciles. La savia subía veloz a las ramas. Lo arboles crecían altos y florecían copiosamente. Y Juan olvidaba ir a plantarlos. Fueron sacudidos por violentos vientos foráneos, atacados por hormigas y pestes que amarilleaban sus verdes hojas. En algunas laderas se perdió lo sembrado. Juan tuvo la fortuna que sus árboles resistieran la tormenta y salieran fortalecidos. Quizás fue que estaban mejor sembrados o, tal vez, tenían raíces más profundas. Y Juan volvió a cuidar su bosque. EL BOSQUE DE JUAN La vida se encierra en una simple semilla… 59 EL BOSQUE DE JUAN (U)
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    Diap 165 Luego, fuesembrar para recoger. Cada año tomaba más cuidado en como plantaba el árbol, en qué lugar, que frutos podía dar, que sombra tendría en el futuro. Ya no le preocupaba si la cuesta era fuerte, si el terreno tenía piedras. Debía aplanarlo, hacerlo fértil, abonarlo, y dejar suficiente espacio entre ellos para que crecieran. Y llegó el momento en que Juan, tomando un pequeño arbolito recién brotado de una semilla, llevó sus hijos a sus propias laderas. Les repitió las palabras que le dijeron sus padres. Y en silencio plantó dentro de él un árbol en el jardín de los recuerdos, porque ellos ya no las podrían decir. La vida no se detuvo. De lo arboles crecidos caían semillas y de las semillas crecían nuevos árboles. Cada vez le costaba más al hombre subir la pendiente para plantar otro árbol. Debía apoyarse en los troncos de los viejos para tomar fuerzas. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Y una vez más, luego de poner en la tierra el de ese año, se dio vuelta para mirar la ladera que tenía a sus pies. Estaba cubierta de árboles. Los había derechos y torcidos, altos y bajos, con frutos y sin ellos. Pero ahí estaban. No había sembrado en vano. Lejos vio otros bosques. Algunos estaban repletos hasta cima. Otros menos. No le importó los de los demás. Éste era el suyo. El bosque de Juan. El tiempo siguió pasando. Y aquellos bosques se perdieron dentro la selva del ayer. Pocos saben que hubo uno que fue el bosque de Juan. Era… uno más. Pero, en él, al pie de la ladera hay un tocón seco. Es el resto del primer árbol que se plantó allí. Y que una vez lo cortaron. Nadie recuerda por qué. Unos dicen para hacer el ataúd de Juan. Otros, para el fuego con que lo incineraron. O… como tantos… sólo sirvió para leña. …oo0oo… 25 de octubre de 2014 EL BOSQUE DE JUANEL BOSQUE DE JUAN
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    Diap 166 DESDE BELLAVISTA OTRO MÁS DESDE BELLA VISTA Cuando ese hombre cumplió veintiocho años, la vida le hizo un regalo. Quizás fue cuando cumplió 29, o a los 30. Tal vez unos cuantos años antes, o algunos después. No importa a que edad ni en que momento, pero la vida le hizo el regalo que le hace a todos los hombres que piensan… Y él era otro hombre… otro más. Le regaló que cada noche y cada mañana se encontrase con su pasado y con su futuro. Con ambos… Pero no como reflexiones en su mente, sino como personas reales y que pudiese hablar con ellos, hablar los tres. Tres seres parecidos, pero diferentes. El presente es ese efímero instante en que el futuro se vuelve pasado. (Presentación anterior Nº 30) 60 OTRO MÁS (U) Parecidos en lo físico. Diferentes en las edades, diferentes en la forma de pensar. Extrañamente el que representaba el pasado era cada vez más anciano, mientras el futuro parecía rejuvenecer cada día. Al principio los encuentros fueron simples, agradables, con bromistas intercambios de las ideas de cada uno. Pero al pasar el tiempo se fueron volviendo más serias, más formales; con reclamos y recriminaciones, ya fuesen de uno o del otro, hacia el hombre y sus actitudes. Y al hombre, que cada día se iba sintiendo más cómodo en su presente y amoldándose más a su realidad, le comenzaron a molestar esos encuentros llenos de enfrentamientos. Inicialmente les respondía dando algún justificativo para su cambio, pero luego fue callando y los oía sin decir nada.
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    Diap 167 DESDE BELLAVISTA OTRO MÁS DESDE BELLA VISTA OTRO MÁS Nada sabía el pasado, para poder reclamarle por utopías que poco tenían que ver con la realidad. Nada sabía el futuro, para poder recordarle que cada vez le quedaba menos para hacer un porvenir mejor. Ellos no tenían que vivir cada día. Sólo eran un regalo. Y solo existían porque él había vivido y porque él aun debía seguir viviendo. Era imposible que ellos comprendieran. Solo eran pasado y futuro. Él tenía otras cosas en que pensar. El encuentro con ellos lo dejaba mal. Cada vez peor. Llegó el momento que se le hizo insoportable escucharlos. Y un día, temprano, preocupado por las necesidades del momento, el hombre mandó callar tanto al futuro como al pasado, ordenándoles de manera tajante: –Ya me tienen harto de oírlos hablar de sus tonterías. Uno, recordándome los ideales del ayer, las ansias de realizar un mundo distinto. El otro, repitiéndome que aún queda tiempo de hacer todas esas cosas, que el mañana puede ser mejor. ¡Déjenme tranquilo! El tiempo pasado, pasó. Y el futuro, nadie sabe como será. La única realidad es que solo tengo el presente de cada día. Y siempre es igual. ¡Déjenme en paz! El joven y viejo se miraron en silencio. Hicieron una mueca triste. Y, en silencio, se fueron, perdiéndose cada uno en el camino. Como se pierden tantas cosas que nos regala la vida. Nunca más el hombre supo de ellos. Nunca más los volvió a ver. Nunca más lo molestaron. El hombre vivió el resto de su vida tranquilo. Envejeció sin problemas.
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    Diap 168 DESDE BELLAVISTA OTRO MÁS DESDE BELLA VISTA OTRO MÁS Fue uno de tantos. Uno que solo hablaba de temas del momento, que siempre estaba actualizado, que opinaba de acuerdo con la mayoría, que nunca contradecía al interlocutor. Que si alguien añoraba algo del ayer, él callaba aflorándole una forzada sonrisa. Y si le comentaban de un tema social, su gesto era de una indefinida seriedad. Y así vivió, sin opiniones propias, sin recuerdos del ayer, sin sueños para el mañana, con la realidad de cada día. Así vivió, formando parte de la sociedad. Sin que nadie supiese lo que lo él pensaba o sentía. Sin él preocuparse de lo que pensaban o sentían los demás. Tranquilo… sin futuro ni pasado. Sólo fue otro hombre… Otro más… …oo0oo… 19 – Julio - 2014 Multitud Antonio Saura – 1963 España
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    Diap 169 Llegó albarrio allá por los años treinta. No le prestamos mucha atención al principio. Era un botija más que venía junto a una familia con apellido raro, de pronunciación difícil. De una familia del norte de Europa, una más desarraigada de su tierra por sus ideas, y otra de las que llegaban mezcladas con los pobres y hambrientos emigrantes de Italia y España. Enseguida supimos que era judío. Las viejas se especializaban en averiguar la religión y las creencias políticas de sus vecinos. Que sus padres eran judíos y socialistas. ¡Un anatema!... A los botijas poco nos preocupó eso. Todos éramos hijos de padres con ideas extrañas. Lo que queríamos saber era como jugaba fútbol en el baldío de la esquina. Lo pusieron en la escuela del estado y en el turno de la tarde. Por tanto, debía formar parte de la barra que iba a jugar en el baldío durante la mañana. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Pero, no apareció por allí hasta el sábado de tarde. Lo primero que le preguntamos fue su nombre. Nos respondió en perfecto español. Solo entendimos Alberto y un apellido con eins. Y quedó con el apodo del Beto Eins. Eso en el barrio y en la barra era más oficial y sacramental que cualquier documento. El sobrenombre vive y permanece con uno hasta el final de nuestra vida. Nos dijo que no podía venir todas las mañanas porque en ellas estudiaba violín. Se ganó el respeto de los muchachos, sabíamos que era un instrumento difícil. Lo pusimos a jugar futbol. Era algo tímido. No servía como delantero. Por tanto, quedó en la defensa. Y, por la manera como pateaba, fue zaguero izquierdo. Algunas veces le decíamos medio en broma: judío. Y él nos respondía con orgullo que lo era. Así pasó el tiempo. Los botijas se hicieron muchachos, y el Beto Eins con ellos. Fue de los pocos que formaron el pequeño grupo que eligió ir al liceo. EL BETO EINS Era un muchacho más que, a veces, pensaba distinto… 61 EL BETO EINS (U)
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    Diap 170 Fue allíque tuvimos la sorpresa. Entró el profesor de Física al salón. Comenzó a pasar la lista para conocernos. Iba diciendo nuestros nombres y cada uno se paraba de su banco. Llegó el momento que dijo con asombro: –¡Albert Einstein!... Y el Beto se puso de pie en forma casi prusiana. –¿El de la Teoría de la Relatividad?... ¿El del Premio Nobel? –le preguntó irónico el profesor. Y el muchacho le respondió: –Muchos Einstein y muchos judíos había en Alemania. Pocos pudimos salir y salvarnos. –y luego agregó– En cuanto al Nobel, a él se lo dieron por sus explicaciones sobre el Efecto Fotoeléctrico y no por la Teoría de la Relatividad. Todos lo miramos pasmados. Y el profesor afirmó: –Así es. Tiene razón. Puede sentarse, señor Einstein. Será un honor tener en la clase a alguien con su nombre y apellido. Llegó la hora del recreo. Allí reaccionamos acordes a nuestra forma de ser. Le hicimos bromas por el homónimo. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA El Beto las siguió. Pero, nunca supimos si era o no pariente de él. Hay cosas para las cualeslos judíos son herméticos. Y el tiempo siguió. Los años del liceo se fueron volando. Todo lo bueno pasa rápido. Al Beto Eins se le siguió llamando así y fue uno de los pocos que terminó el bachillerato. En esos años llegó la división del átomo, la bomba atómica, y la finalización de la guerra en Europa. También fue el comienzo de un montón de cambios para la humanidad. Ya mayores, cada uno tomó su camino. El Beto y su familia se fueron para la Argentina. Lo último que supimos de él fue que se había casado, que trabajaba en la Oficina de Patentes y que seguía tocando el violín. Cosas de la vida. Hoy pocos quedamos de aquella barra de botijas. Pero todos recordamos los partidos en el baldío. Y siempre los recordaremos con una sonrisa. Porque Albert Einstein jugó futbol con nosotros en el campito de la esquina. …oo0oo… EL BETO EINSEL BETO EINS
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    Diap 171 DESDE BELLAVISTA EL CHANCHO DESDE BELLA VISTA Barraca de verdad era la de Serra en la calle Prusia, cerca de Grecia, que tenía grandes cantidades de cal, cemento, cabillas, y de todo para construir una casa. Pero, cuando nuestros padres necesitaban un poquito de portland, o una sola varilla, o un pedazo de cabilla, o una latita de cal, nos mandaban a la “barraca de arriba”. Y el gallego, que siempre parecía estar sin afeitar, nos daba el cemento en un trozo de papel de la misma bolsa. O la cal en una lata golpeada en la cual sólo faltaba agregarle el agua. No nos gustaba mucho ir allí. El gallego, la señora y los botijas eran buenos. Pero… el lugar olía feísimo. Es que detrás del galpón, bien al fondo… ¡Criaban un chancho! Ese triste momento que el niño comienza a ser hombre. (Presentación anterior Nº 31) 62 EL CHANCHO (U) Hecho real sucedido en 1938 A media cuadra de mi casa, yendo hacia la Fortaleza, en la esquina de las calles Barcelona y Bogotá, había un galpón. Nuestros padres le decían la “barraca de arriba” Pero, creo que era solo por aprecio al gallego y a su familia; que vivían detrás, en un rancho. Todo estaba hecho con materiales viejos, usados, chapas de cinc oxidadas, puertas desvencijadas. Con ventanas torcidas, y todo puesto en forma tal que evidenciaba poca habilidad.
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    Diap 172 DESDE BELLAVISTA EL CHANCHO DESDE BELLA VISTA EL CHANCHO Una cuando el gallego traía el cerdito recién destetado. Todos queríamos tocarlo. Por semanas íbamos a jugar con él mientras corría entre las plantas. Pero, al poco tiempo se ponía grande, se revolcaba en el barro y las inmundicias. Y lo dejábamos en su chiquero. La otra ocasión era el día de San Martín. Aunque nada tenía que ver con el santo, ni con el militar. Las cochineras estaban del otro lado del Cerro, en las granjas. Pero nosotros teníamos el poco común privilegio de poder ver como se criaba un chancho en la esquina. Y el barrio lo sentía como otra cosa nuestra, tal vez por añoranza de emigrantes venidos de los campos de Europa. La gente no caminaba por esa vereda, bajaba a la calle. Solo se llenaba la esquina de personas en dos ocasiones:
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    Diap 173 DESDE BELLAVISTA EL CHANCHO DESDE BELLA VISTA EL CHANCHO El gallego le clavó el puñal en la yugular. El chorro de sangre empezó a caer. La señora puso un latón debajo para recogerla. Yo había quedado apretado entre los que aguantaban el cuerpo del agonizante- Por un lado rogaba que terminasen pronto sus estertores, y por otro debía frenar mis ganas de acariciarlo para que no chillase más y muriese en paz. :::::: Hacía poco que yo había cumplido nueve años. Mi madre me dijo que el sábado era el día de San Martín, y yo ayudaría en la matanza del chancho. Que ya había hablado con el gallego. Y, mirándome fijamente, agregó que debía aprender lo que era hacerse hombre. Así que ese día, temprano, fui a la “barraca de arriba” y formé parte del grupo que llenaba el local. Unos hombres trajeron el grueso cerdo arrastrándolo con cuerdas. Lo botijas lo empujaban en las nalgas. Y yo fui a ayudarlos. Cuando estuvo dentro del galpón, a un grito del gallego se abalanzaron todos los hombres sobre el cerdo y agarrándolo de las patas lo acostaron sobre unos tablones. El gallego tenía en su mano un largo cuchillo. El chancho chillaba desesperado. Los demás lo sujetaban fuertemente.
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    Diap 174 DESDE BELLAVISTA EL CHANCHO DESDE BELLA VISTA EL CHANCHO Salí al fondo. El rato llegó de la cocina un sabroso olor. Sentado en la hamaca sonreí tristemente. Sabía algo más. Había aprendido que para hacerse hombre hay que dejar de tener sentimientos. …oo0oo… Finalmente dejó de chillar. Y los matarifes le despellejaron y despiezaron, entre bromas y felicitaciones. El gallego me envolvió en trozo de carne y la cola del cerdo como obsequio. Agradecí y me fui. Respiré hondo en la calle. Yendo hacia la casa tenía el entrevero de los recuerdos de un pequeño chanchito correteando entre las plantas y los de un grueso animal indefenso chillando mientras agonizaba. Mis padres estaban sentados a la mesa. Mamá me preguntó cómo había estado todo. El viejo me miró, y en mis ojos leyó la respuesta. No dije nada y le di a mi madre el paquete.
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    Diap 175 Coincidieron enuna reunión en un hotel del Prado, una reunión a la cual tuvieron que ir, y eso porque cada uno era pariente de alguno de los que allí homenajeaban. Hacía tiempo que no se veían. Más de cincuenta años, bastante más. La última vez, los dos eran jóvenes del liceo. Y ahora ambos habían pasado los ochenta años, bastante más. Quizás el otro no lo recordase, su vida había estado llena de situaciones políticas y sociales importantes. Era conocido como un ex en muchas cosas de la historia del país. No le importó. También él era un ex en muchas cosas. Cosas que no quedan escritas en los libros de historia. Pero que llenaban la historia de su vida. Se le acercó. Alguien los presentó. Hablaron de la época de estudiantes. Le preguntó al otro por el hermano pianista, el que se había hecho renombre en el extranjero. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA El otro sonrió comprendiendo que a él no le importaban los temas políticos ni los económicos. Que prefería recordar el mármol gastado del escalón de la entrada del viejo liceo. Un viejo liceo que había sido derrumbado por el progreso. Y desde lo íntimo de su alma se permitió preguntar al otro por la hermana, aquella muchachita que esperaba en el recreo junto a la puerta del salón de al lado. El otro volvió a sonreír con la picardía de años idos. Le dijo que ella se había casado. Que estaba viva. Que había enviudado hacía unos años. Y que vivía en… Alguien se acercó con una pregunta de política… Y el otro dejó de ser un ex para ser alguien actual con comentarios y opiniones. Y como él no podía dejar ser otro ex, se alejó. Terminando la reunión el otro se le acercó. Al despedirse le dio un papel. Lo leyó. En el mismo estaba la dirección y el teléfono de una señora. Una que tenía mismo nombre de aquella muchachita. LOS EX Llega un momento en que solo somos ex, y ya no importa de qué… 63 LOS EX (U)
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    Diap 176 Días después.Otoño. Seis de la tarde. Y ahí estaba él, tocando el timbre de una añeja casa. Antes había llamado por teléfono. Ya no tenía el atrevimiento de la juventud. Lo recibió una mujer anciana, alguien parecido a aquella muchachita. Pero, una sonrisa los rejuveneció a los dos. Lo hizo pasar. Se sentaron. No hablaron de la vida de cada uno. Hablaron de aquel tiempo. ¡Ah!... de qué cosas tan simples están hechos los recuerdos. Nombres de otras muchachitas, nombres de otros jóvenes, de aquella profesora, de aquel profesor… Y de pronto, el arrugado rostro de ella se llenó de rubor… y le preguntó si recordaba cuando él, todos los días, en sus manos traía una rosa y luego la regalaba a una de ellas. Y él, con una risa de anciano, rio al decirle que la rosa la robaba de la cerca del vecino. Y… quedaron en silencio los dos. Quizás ella callase que era una de las que esperaba que le diera la rosa. Quizás él no pudo decir que muchas veces quiso dársela y no se atrevió DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Después de eso la conversación se volvió normal. De hijos, de nietos, de lo que había vivido ella, de lo que había vivido él… una charla de ex. Y finalmente, con un beso en unas mejillas arrugadas, una despedida de ex. Ya era de noche. Despacio, apoyándose en el bastón, él llegó a la esquina del liceo. Ya no existía más la vieja casona en cuyos salones se hicieron tantos jóvenes. Buscó apoyarse en la columna de hierro que sostenía los soportes del cable del tranvía. Ya no existía la columna, ni siquiera quedaban en la calle los rieles del tranvía. Pero él se quedó parado allí, esperando. Sabía que hacía muchos, muchos años que ya no pasaban los tranvías y que el 16 se había ido llevándose con él su juventud. Miró su arrugada mano. En ella sostenía una rosa. No se acordaba de donde la había robado. Quizás de alguna cerca. Triste, sonrió. Él era solo otro ex… Y no le importaba de qué. …oo0oo… LOS EXLOS EX
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    Diap 177 DESDE BELLAVISTA EL BALDÍO DESDE BELLA VISTA En la cuadra de mi casa, en la esquina, había un baldío. En esa época en casi todas las cuadras había un baldío y, muchas veces, más de uno. Hasta en la calle Grecia, que era como la avenida principal del barrio, había algunos. Las pocas manzanas que tenían una construcción en todos sus terrenos estaban cerca de la parada del tranvía, o de la plaza de la iglesia, o del colegio de las monjas. Las demás, a medida que se alejaban de esos lugares, iban aumentando en baldíos. Tanto, que las que se hallaban por el cementerio, tenían una o dos viviendas; o, ninguna. El de nuestra esquina se hallaba sobre la calle de la iglesia y solo a una cuadra y media de ésta. Sin embargo, fue nuestro baldío por muchos años. (Presentación anterior Nº 32) 64 EL BALDÍO (U) Ya no quedan más baldíos… Gabriela Sellanez En aquel tiempo… y en ese lugar..
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    Diap 178 DESDE BELLAVISTA EL BALDÍO DESDE BELLA VISTA EL BALDÍO En la punta de la esquina, sobre una gran roca negra, se levantaba un rancho. Un rancho de paredes torcidas, puertas y ventanas deformes, con un techo donde crecían los yuyos. Los que vivían allí eran tan lúgubres y misteriosos como el rancho, como los escalones de piedra para llegar a él, como la cerca con abrojos que rodeaban su fondo. Sabíamos que tenían gallinas, perros y niños porque se les oía cuando íbamos a jugar en el campito dentro el baldío de la esquina. Sin embargo, pocas veces los veíamos. Los baldíos no tenían vereda con baldosas. Llegaban con la tierra, el pasto, y aun con matorrales, hasta el cordón. Todos sirvieron como depósito de los restos de las casas aledañas. Y el nuestro guardó nuestra niñez, junto a muchas cosas. Nuestro porque varias generaciones de botijas jugamos en él, cruzamos su sendero en diagonal, crecimos, nos hicimos mayores y cambiamos. Pero… él se mantuvo igual. Nadie conocía el dueño. Decían que era de un banco, otros de una sucesión. Sumaba varios solares y tenía media cuadra por lado. O sea: ocupaba un cuarto de manzana.
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    Diap 179 DESDE BELLAVISTA EL BALDÍO DESDE BELLA VISTA EL BALDÍO Guardó, en primavera, recoger de las zapalleras nacidas de los restos de comida, las flores que tanto gustaba preparar mi madre, quien me enseñó a distinguirlas por su sexo. O, en las tardes de verano jugar futbol en su campito de tierra porque el portland de la calle estaba muy caliente, o el milico andaba cerca y podía llevarnos a la comisaría. Guardó, bajo su tierra, cubiertos de flores salvajes, los restos de pajaritos muertos y que cantaron en la cocina, o los de gatos y perros que nos acompañaron. O, el tener cuidado de no probar los rojos frutos venenosos del revienta-caballos, o las semillas de los abrojos, ni las de las hermosas flores del ricino. Guardó en las noches de invierno nuestro miedo al cruzar su oscuro sendero en diagonal, creyendo ver entre las ramas de los árboles y matorrales a fantasmas y criminales. Guardó el jugar al hoyo-pelota y sentir en la espalda el golpe de la pelota de trapo, mojada de agua y barro, para desquitarse después lanzándosela a un compañero. O, correr en la mancha venenosa saltando entre escombros, basura y plantas espinosas, para no ser tocado y luego tener que perseguir a otro y pasarle la mancha.
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    Diap 180 DESDE BELLAVISTA EL BALDÍO DESDE BELLA VISTA EL BALDÍO O, en los días con viento hacer competencia de remontar cometas tratando que la cola no se enganchara en los cables de la luz, ni que al caer fuera a dar a los árboles del rancho. Guardó, ya grandes, la emoción del encuentro con ella, la tan soñada, en el caminito de tierra y lejos de todos. Guardó el día a día de los que se quedaron… Guardó la nostalgia de los que se fueron… ::::: He vuelto al barrio. Ya no queda nada del baldío. Ha sido ocupado por modernas casas. Pero en la esquina hay una construida en ángulo sobre la roca negra. Y en la tierra tiene una escalera de piedra. Cerca del cordón veo una mancha amarilla. Me acerco. Es una planta de zapallitos con una flor. No la pude arrancar. Era una flor hembra. Y la dejé allí… en nuestro baldío. …oo0oo… .
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    Diap 181 Ugú, elcavernícola, se paró sobre el saliente que formaban las rocas a la entrada de la cueva. Ya había avivado el fuego de las hogueras y todos los integrantes de su tribu estaban juntos. Atardecía. Miró los colores de las nubes en el horizonte. Dentro de poco llegaría la oscuridad. Ya no sentía temor de ella como cuando era niño. El fuego alejaba a las fieras. Observó lo dispersos montículos que sobresalían sobre la vegetación. Cavernas con primitivos trogloditas. Cuevas con animales salvajes. En la selva, todos eran igual. Lejos, sentado en la cima de una colina, con su elegante figura recortada en un arrebol, vio un tigre mirando hacia donde se ocultaba el sol. Sereno, sin temor, seguro de sí mismo. Ugú lo admiró. Aunque, también le temía. Era una fiera terrible que muchas veces había acabado con la vida de uno de ellos. Pero, era un cazador que atacaba solo, no en jaurías como los lobos, las hienas, o las leonas. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Tan solitario, que pocas veces se le veía en pareja. Quizás, en una madriguera entre bajas rocas, una tigresa amamantara un par de cachorros, alejando al macho con su gruñido. Ugú sabía del tigre. El tigre sabía de los cavernícolas. Y ambos se conocían y respetaban. Ugú cazaba en el mismo territorio que el tigre, y solo cazaba para comer y dar de comer a su tribu. Pero, si el tigre lo atacaba, o se cebaba con los de su tribu, lo debía matar. El tigre también solo cazaba para comer. Y, como otra presa más, cazaba a los hombres. Cazaba a los que ya no podían vivir, a los débiles, a los ancianos, a los enfermos, a los retrasados… El sol se ocultó en el horizonte. Ugú entró en la caverna y se reunió con los suyos tras la protección de las hogueras. El tigre siguió en la cima de su colina oteando el horizonte. Otra noche caía sobre ese salvaje mundo primitivo cubriendo las cavernas, las cuevas, la selva, las fieras, los cavernícolas, las colinas. Y… los tigres. YA NO HAY MÁS TIGRES A veces, en lugar de atacarlo, un tigre lame a un hombre y lo deja… ¿será que le siente mal sabor? 65 YA NO HAY MAS TIGRES (U)
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    Diap 182 :::::: Miles deaños después. Decenas de miles de años después. La misma tierra. Quizás el mismo lugar. Tal vez las mismas colinas. Pero, un mundo diferente. La selva de vegetación ha sido sustituida por una selva de edificios y casas. Atardece. Un hombre, parado en medio de una gran sala, mira, a través de los vidrios del ventanal, los colores de las nubes en el horizonte. Pronto anochecerá. El sol se oculta tras los edificios. Y la selva de cemento y ladrillo se llena de ventanas iluminadas. Incontables hogueras artificiales que alumbran las pequeñas cavernas de cada habitación. Miedo ancestral a la oscuridad. Alguien enciende la luz de la sala. Y la luz muestra a los seres humanos que están allí. Y el hombre observa a sus semejantes en esa sala. Sala de un hospital, casa de salud, geriátrico, ancianato, residencia. Distintos nombres, igual lugar. Un lugar donde se encierra a los ancianos, a los enfermos… a los que quedan atrás en la humanidad. DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA Incapaces, desquiciados. Viejos que se babean y hablan con personas inexistentes. Ancianas de cuerpos torcidos sentadas en sillas de ruedas. Decrépitos seres desmadejados en los sillones. Unos que gritan, otros viven encerrados en su silencio. Algunos sonríen a todos. Otros están enojados hasta consigo mismo. Hay que alimentarlos, limpiarlos, vestirlos… Las enfermeras llegan y empiezan a llevar, uno por uno, al comedor. Es hora de cenar. Éste protesta. La otra ríe. La mayoría se deja conducir indiferente… están vivos… y no están. El hombre mira. Él es uno más. Sólo que aún sigue de pie. Que aún puede pensar… Y piensa. Observa el horizonte por el ventanal. Otra noche llega a ese mundo conquistado por la civilización. Donde los seres humanos viven, sobreviven... y subviven. Donde ya no hay fieras que cacen a los que ya no pueden vivir, a los ancianos, a los débiles, a los enfermos, a los retrasados… Ya no hay más colinas con tigres. Ya no hay más tigres. …oo0oo… YA NO HAY MÁS TIGRESYA NO HAY MÁS TIGRES
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    Diap 183 DESDE BELLAVISTA DESDE BELLA VISTA El terminar los demás libros decía que era la última página porque las ideas no tiene fin y el ser humano lo tiene. Pero en éste ya con 87 años cumplidos solo puedo poner: FINAL … nada más.
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    Soy otro ejemplode los criados durante los años treinta y cuarenta en la República Oriental del Uruguay. República que sembró en aquellos niños, principios que los harían críticos despiadados consigo mismo y con los demás. De 1925 a 1938, en la gran huida de Europa, llegaron al Cerro seres de diferentes pueblos, religiones, sueños, odios. Venían todos con ideales de un futuro mejor. Ideales que fueron transmitidos a los niños, sentados en las baldosas de las veredas, por viejos frustrados del marxismo, socialismo, fascismo, comunismo, por italianos, armenios, judíos, rusos, alemanes, polacos, gallegos, catalanes. Y que nos dejaron una mezcla incongruente de ideas Asistí a la escuela Checoslovaquia, laica y del estado, y así mismo pertenecí a un grupo de la iglesia católica parroquial. Me gustó ser aprendiz de todo, desde zapatero remendón a monaguillo, y sin beneficio alguno. Sólo por conocer. Completé mi educación en el Liceo Bauzá, el hoy derruido de la avda. Agraciada. Tuvimos profesores que nos enseñaron normas, y otros a pensar... y dudar de las verdades absolutas. Estando aún vivo, creo innecesario que otro escriba sobre mí. Se justificaría si fuese joven y precisase un panegírico. Y, afortunadamente, ya no me afecta esa enfermedad. Trataré de ser justo y escueto, cosa difícil cuando se habla de uno mismo. Nombre: Rosalino David Carigi Aquilini. Apodos: Titi (Uruguay). Catire (Venezuela) Seudónimo: Gracián Solirio (anagrama) Nacido el: 28 de marzo de 1929. En: Fornacci di Barga, Lucca, Toscana, Italia. Nacionalidad: Italiano y Venezolano. Profesión: Téc. Industrial Metal Mecánico, Hornos y Esmalte. Plantas Electrodomésticos. Vida laboral: Dibujante, Proyectista, Jefe, Gte. de Planta, Jubilado. Estado: Casado con María Teresita Delgado San Martín. Hijos: Juan Pablo, María Leticia, María Esther El 13 de octubre de 1931, teniendo dos años y medio, vine con mis padres a Montevideo. Y viví hasta mis 25 años en la Villa del Cerro, barrio emblemático. SE DICE DE MÍ SE DICE DE MI (EL AUTOR) Diap 184 DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
  • 185.
    Expresando ese sentimiento,emulaba una canción: –Ni soy de aquí, ni soy de allá… Y alguien me corrigió: –¿No será que es de aquí y de allá? Usted es un extrañero no un extranjero. El que se forma en un lado y hace su vida en otro, será un extrañero en ambos. Porque cuando esté en una parte extrañará la otra. Hoy, viejo, miro hacia atrás y no me arrepiento de ningún instante vivido. Son mi vivencia. Fui un niño tímido, observador, retraído, y solitario. Fui un joven rebelde, inquieto, inconforme y soñador. Fui un hombre introvertido, irascible, estricto e idealista. Soy un viejo agnóstico, impaciente, nostálgico y bohemio. Y ahora, a mi edad, solo queda… lo que fui. Y lo viví a mi manera …oo0oo…. Rosalino Carigi Septiembre de 2013 Nota: “Se Dice de Mí” se copió del libro “LOS DONES DEL AYER” Una de las pocas cosas a la que quisiera volver, es al Liceo Bauzá en 1945 y en segundo año “C” del turno vespertino. En 1957 me marché tras un sueño a Venezuela. Fueron cincuenta años allí. Toda una vida. Mi vida. Viví los mejores años de dos grandes países, el Uruguay y Venezuela. Tuve la felicidad de vivir sus progresos. Y la fortuna de no hacerme rico. Tuve la tristeza de vivir sus decadencias. Y la suerte de no volverme ruin. Ayudé a abrir el camino de la industria, del esmalte y del progreso. Tuve la dicha de enseñar a usarlo... y la amargura de ser usado en él. En el 2008 volví al Uruguay. El tiempo todo lo cambia. El Uruguay que encontré no es el que dejé. La Venezuela que dejé no es la que encontré. Pero los que yo viví, nunca me los podrán cambiar. Nunca me los podrán quitar. Por que al Uruguay que me formó, y la Venezuela donde me desarrollé, los llevo en mí. Los dos me dieron todo. Y yo me di todo a ellos. SE DICE DE MÍSE DICE DE MÍ Diap 185 DESDE BELLA VISTA DESDE BELLA VISTA
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