LAS GRIETAS
RECOPILACIÓN AÑO 2000
VERSIÓN DICIEMBE 2015
CUENTOS
de
Rosalino Carigi
Diap 1
Diap 2
A todos los Aldo,
que tuvieron un ideal...
y la suerte de no envejecer.
No. CUENTO Diap.
13 LA ESPIRAL 65
14 LA CARRETERA 69
15 ALDO 77
16 EL COLADOR 85
17 EL RATONCITO 89
18 LOS PRISIONEROS 93
19 LOS CUENTEROS 103
20 LAS REALIDADES 111
21 LOS REOS 117
22 LOS BAMBÚES 125
23 EL ENCUENTRO 131
24 LA DECISIÓN 136
25 LOS ZAMUROS 140
NOTA FINAL 144
FINAL 145
ANEXO
(SE DICE DE MÍ – EL AUTOR) 148
Diap 3
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
ÍNDICE
No. CUENTO Diap.
INICIO 1
INTRODUCCIÓN 4
01 LOS EMIGRANTES 5
02 CICATRICES 9
03 LA CANTERA 13
04 EL GUACHO 17
05 EL MANCO 21
06 LOS SERES 26
07 LOS CAMBIOS 31
08 EL AYUDANTE 35
09 EL CABALLO 43
10 LADRILLOS 49
11 LA GATA 53
12 LOS DOCTORES 57
Un recuerdo trajo a los demás, y éstos
hicieron escribir otros cuentos que llevaron a
buscar temas pertenecientes a "La Grieta"
original y que estaban en diversos libros.
Cada relato está basado en sucesos reales a
los cuales se les agregó la respectiva dosis de
fantasía y también, ¿por qué no decirlo?... otra
de frustraciones.
Al verlos nuevamente juntos se comprendió,
igual que en "La Agonía de los Mitos", que era
mejor convertirlos en una colección de
narraciones unidas por el personaje.
Así mismo se vio que su tema no era el de
una grieta, sino de muchas grietas que se abrieron
en ese muro... y en otros muros... y en otros
personajes.
Por tanto, su nuevo nombre fue:
"Las Grietas"
Rosalino Carigi
Octubre 2000
Estos cuentos tuvieron sus inicios en mil
novecientos ochenta, teniendo el autor cincuenta
años de edad.
Se pensó realizar una novela donde el
personaje, René, transmitiera los sentimientos
que van haciendo grietas en el muro que él ha
levantado desde la infancia frente al corazón
para proteger sus ideales y romanticismo.
En los años siguientes, en lugar de terminarla,
se tomaron de ella temas, personajes y cuentos
que se usaron en otros libros.
Tantos, que se decidió destruir las notas
sobrantes y arrojarlas al cesto de los recuerdos
y de los papeles.
Aquella novela original se llamaba "La
Grieta".
Pero en el dos mil, con la nostalgia que invade
al tener ya setenta y un años, los recuerdos
afloraron y se escribió un cuento con el mismo
nombre.
Diap 4
INTRODUCCIÓN
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
INTRODUCCIÓN
La tercera estaba repleta de emigrantes
gritones, pobres, analfabetas.
En segunda clase paseaban en silencio los
perseguidos por la dictadura, escondiendo su
cara bajo el ala del sombrero, y quizás más
pobres que los de tercera.
En Marsella subió una pareja con mellizos de
la misma edad que René, hablaban correcto
francés y español.
Viajaban en segunda, pero los niños no
conocen división de clases.
A las pocas horas habían hecho amistad y
jugaban juntos mientras sus padres conversaban.
El señor Mario Montseny, padre de los mellizos
Jean y Jacques, era contador y también se
dirigía a Montevideo.
Cuando el barco recaló en Barcelona se
develó el enigma.
Montseny era un revolucionario catalán
perseguido por el franquismo.
Huyó a Francia, tomó esa nacionalidad, e iba
al Uruguay.
Un país de democracia total, donde tenía
amigos.
René Coulerier Alsace tenía cuatro años
cuando llegó a América, al barrio La Teja.
Había nacido en Nancy, Francia, ciudad
industrial en una zona minera... arrasada cada
tanto por las guerras entre francos y germanos.
Corría el año 1934.
De ambos lados de la frontera se sentía el
nerviosismo de un próximo encuentro. Un
fanático quería reivindicar su derrota, y los
demás parecían temerle.
Renoir, el padre de René, sería uno de los
primeros en ser llamado por su especialidad en
motores de aviación.
Vendió lo que tenía. Y, con su familia se
dirigió al puerto de Marsella.
Se marchaba para América. A un país
llamado Uruguay que tenía auge económica,
una destiladora de petróleo en ciernes y...
futbolistas campeones en Francia.
Subieron a un trasatlántico que había
partido de Nápoles y luego tocado el puerto de
Génova.
Iban en primera clase.
Diap 5
LOS EMIGRANTES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
01 LOS EMIGRANTES
América, tierra de esperanzas….
Gente que aun teniendo necesidades... cantaba
y reía. En tanto, los de primera se asomaban
para oírlos.
Vinieron los días en el mar mirando hacia el
oeste. Cruzaron el trópico, el ecuador y llegaron
a... ¡América!
El barco dejaba en cada puerto su carga de
emigrantes: Bahía, Río Janeiro, Santos, Porto
Alegre... Montevideo.
Bajaron. La gente hablaba distinto, tenían
costumbres diferentes.
Los amigos de Montseny los llevaron a una
pensión en un suburbio mientras les conseguían
trabajo.
Montseny fue de contador a una editorial.
Renoir y Pau, ahora Pablo, entraron como
mecánicos en los talleres de la destiladora.
Poco tiempo después Mario y Renoir tenían
su respectiva casita en el barrio. Pablo la
compró en otro.
René Coulerier, los mellizos Jean y Jacques
Montseny, Carlos Noumercat. Cuatro niños y
un nuevo mundo.
Y a cada uno le esperaría un destino diferente.
Cuando Montseny se asomó a la borda en el
muelle barcelonés, en éste se juntaron decenas
de personas. No hubo saludos. Cada uno sacó
una pequeña bandera catalana... y él hizo lo
mismo aguándoseles los ojos.
La milicia dispersó a la gente. Se necesitarían
muchos años para que esa bandera ondeara
libremente.
Allí subió Pau Noumercat con su señora e
hijo Carlos. Fue a saludar a Montseny.
Hizo amistad enseguida con Renoir. Pau era
herrero y conocía algo de mecánica.
Pero también era catalán y español... lo sabía
todo.
Luego el barco tocó el puerto de Valencia.
Y en tercera clase, donde parecía no haber
más lugar, entró el doble.
Eran los hambrientos, los sin tierra, los que
sufrieron una revolución sin obtener nada. Los
que aún después de cuatro siglos veían América
como una esperanza.
Pasaron el estrecho de Gibraltar y recalaron
en las islas de Madeira y Canarias. Siguió
entrando más gente en tercera.
Diap 6
LOS EMIGRANTESLOS EMIGRANTES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Sólo los que vivían en las casas de dos pisos
sobre la avenida, compensaban eso con la vista
de la bahía y una playa que los residuos del
petróleo iban inutilizando, o con el panorama
de la suave cumbre de un cerro de 148 metros.
Los demás, habitaban pequeñas casas de un
dormitorio, una cocina y corredor envarillado.
Casas con techos de zinc, con jardines llenos
de jazmines, claveles, rosas y cualquier flor que
perfumase.
Con un fondo donde había, a más del
escusado y el gallinero, plantas de laurel,
limones, naranjas, orégano, tomillo...
Aromas naturales que amortiguasen los
provenientes de las industrias.
Pero la gente quería su barrio, y los emigrantes
aún más que los nacidos en ese país.
Sólo el extranjero que ha pasado necesidad,
hambre, guerra, o fue perseguido en su propia
patria, sabe cuánto se puede amar a la adoptiva.
En toda emigración viene de todo, los que
fueron algo y dejaron de ser, y los que nada fueron
y quieren llegar a ser.
::::::
Barrio plateado por la luna, dolores de milonga...
Pero, el inicio común de sus destinos fue en
La Teja.
Antes que pusieran la destiladora de
petróleo, La Teja era un barrio pobre, con
pocas calles asfaltadas, muchos charcos,
próximo a la bahía que lo inundaba cada tanto,
con algunas casas sobre la avenida, casas que se
iban espaciando a medida que las calles
bajaban hacia la costa.
Las emigraciones de los años veinte y treinta
lo fue poblando con los desesperados del
hambre resultante de la guerra de Europa y con
los fugitivos de las políticas extremistas, tanto
de izquierda o de derecha, nacidas de esa
hambre y de los intereses de las naciones
vencedoras.
No era un barrio que atrajese, cuando no lo
acariciaba el olor de la fábrica de cola que
estaba al otro lado del arroyo cercano, lo
envolvían las emanaciones de la destiladora.
Diap 7
LOS EMIGRANTESLOS EMIGRANTES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Los hijos de los emigrantes tenían a su
alcance los estudios... y la importada educación
francesa.
En la destiladora, Renoir seguía como mecánico.
Todos sabían que era un técnico de valor. Pero
permanecía como obrero.
Nunca aprendió a hablar bien el español y
menos aún el lunfardo uruguayo. Además
trataba con educación a los compañeros y no
callaba si el jefe estaba equivocado.
Pablo Noumercat podía expresarse en ambos
idiomas. Presentaba las ideas de los demás
como propias. Dirigía autoritario a los operarios.
Y alababa al superior.
Llegó a ser capataz de Renoir aunque supiese
menos que él. Eso formó una grieta en sus
relaciones, algo que corroía la vida del francés,
llegando hasta René y su madre.
Olvidaban que América Latina fue conquistada
por la cruz de la espada y por los aduladores de
los reyes católicos.
...oo0oo...
Las familias de René y la de los mellizos
vivían cerca.
En el barrio, junto a la gente buena había
brutos que probaban su machismo en salvajadas.
La resaca de la sociedad sin importar de
donde viniesen.
Sin embargo, de la convivencia de brutos y
cultos, de hambrientos y de perseguidos, de
campesinos analfabetas y citadinos instruidos,
de indios, criollos, negros, europeos, se hizo ese
barrio y se formó una nación muy peculiar.
Pasó el tiempo. Las calles del barrio se
pavimentaron en su totalidad... La mayoría de
aquellas casitas con corredor envarillado se
habían transformado en casas de ladrillos con
techos planos de ticholos o inclinados de tejas.
Con el petróleo estaba surgiendo una nueva
mentalidad universal. Las fábricas crecían, se
mecanizaban. Y a los seres nacidos a principios
de siglo les costaba adaptarse.
La guerra hizo saltar los países latinoamericanos
hacía la industrialización.
Diap 8
LOS EMIGRANTESLOS EMIGRANTES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Pero nada hay tan cruel como los niños, y
más si los progenitores son frustrados por su
propia ignorancia.
Eso trajo dos consecuencias.
La primera que se volvió un niño introspectivo,
arisco, que debía esquivar a los demás muchachos
del lugar.
La otra que las mujeres del barrio le dijeran
el princesito y lo llamasen para revisar su
vestimenta. Ese era un orgullo para su madre,
pero él se sentía un objeto manoseado.
El fondo del terreno donde vivía René
colindaba con el del almacén de la esquina.
El almacenero era un criollo indiado que
asustaba con sólo verlo.
El almacén parecía una pulpería. Y junto a éste
había un galpón que años atrás sirvió para bailar
el pericón y ahora era depósito de comestibles.
El indio almacenero teníadoshijas quinceañeras.
Una se dedicó a cuidar el negocio de su padre.
La otra, llamada Anahí, más inteligente,
estaba en la universidad femenina.
Desde pequeño, René tuvo que luchar por
características personales que las circunstancias
pusieron en su contra.
Era delgado y de estructura firme, atlético,
elegante, pero sumamente blanco y rubio, de
piel y facciones finas.
En su país de origen pasaría desapercibido,
un descendiente más de los galos.
Pero allí, entre criollos hijos de godos e
indios, o de sureños italianos y españoles con
genes de moros y negros, llamaba la atención.
Además, su madre lo seguía vistiendo a la
forma francesa y dejándole el cabello largo.
En sus ancestros las guedejas fueron signo
de virilidad, pero ahora eran de niñas.
Para completar, su nombre podía interpretarse
tanto como si fuera de mujer o de hombre, los
oídos rioplatenses no tenían la sutil diferencia
para los distintos acentos franceses de la e.
Su apellido causaba burlas soeces, sin saber
los que le ofendían que Coulerier significa "el
que cuela la fundición de algo".
Diap 9
CICATRICES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
02 CICATRICES
El niño es el padre del hombre….
Por otro lo frenaba el respeto que debía a las
personas mayores.
Además, sentía algo molesto.
Anahí retornó a la cordura, le dijo que no
contara a su madre lo sucedido, que era un
secreto entre los dos.
René volvió a su patio, pero algo incomprensible
lo dominaba.
Se madre se levantó de la siesta, lo miró. Vio
el pantalón mal acomodado... e hizo confesar a
su hijo.
Luego levantó un muro de enemistad con esa
familia.
Con los años Anahí se recibió de médico, se
especializó en pediatría. Fue una doctora
respetada en el hospital de niños.
La mente humana es algo incomprensible.
Por mucho tiempo él creyó que las mujeres
tenían abajo algo oscuro, enrulado, con mal
olor... que las volvía locas.
Cuando creció supo que eso era el sexo...
Y que enloquece…
::::::
Anahí acostumbraba hablar con René, quien
ya tenía cinco años, y practicar con él sus clases
de francés. Pero también le gustaba revisar su
ropa y acariciar su cabello.
Ése era un barrio tranquilo, en la tarde todas
las mujeres dormían la siesta. Hasta el almacén
cerraba sus puertas.
René nunca se acostumbró a esto y jugaba en
el fondo.
Oyó que Anahí lo llamaba en voz baja desde
la puerta del depósito. Cruzó la cerca de laurel
que dividía los terrenos y fue hasta allí. Ella
siempre le mostraba libros bonitos.
Entraron al depósito. Anahí comenzó a
acariciarle el pelo, a revisarle la ropa, a abrirle
el pantalón, a tocarle el infantil miembro, y éste
tuvo erección.
Asustado, vio que ella se levantaba la pollera
y se quitaba la bombacha.
Inmediatamente, desesperada, comenzó a
refregar su entrepiernas con lo de René.
Él estaba aterrado. Por un lado tenía miedo,
ella estaba enloquecida.
Diap 10
CICATRICESCICATRICES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Otro suceso fue su entrada a la escuela del
estado.
Su padre, hombre con mentalidad universalista,
se opuso a que fuese al tendencioso y dogmático
colegio de curas.
En la institución popular debió enfrentarse a
niños rudos, hechos en la brutalidad de sus
padres, que creían que reírse y golpear a los
demás los hacía mejores.
Tuvo que defenderse de las burlas por su
nombre, por su apellido, su forma de hablar.
Por suerte el democrático e igualitario
guardapolvo blanco cubría su ropa elegante.
Muchas veces se encontró frente al director
del colegio por sus peleas en los recreos.
Y otras tantas soportó los chancletazos de su
madre por las tenidas en la calle.
Su madre lo envió con los curas a fin de
prepararse para la primera comunión.
Su padre lo aceptó. Ya más adelante, mayor,
tendría la libertad para elegir su forma de
pensar.
Fuese por los juegos o el espíritu de los
salesianos, se encontró allí más a gusto y formó
su barra con esos botijas.
::::::
Malevos que ya no son...
Cuando René cumplió seis años, su vida
sufrió una serie de acontecimientos que
moldearon su forma de ser.
La casita de techo de zinc fue remodelada en
una con planchada y más cuartos. René tuvo su
dormitorio aparte. Estuvo solo poco tiempo.
Su madre le dio un hermano rubio, blanco,
ojos azules, un galo nacido en el Uruguay.
Lo bautizaron Yamandú, un indio inexistente.
Un mito.
Con ese niño le llegaron responsabilidades.
Su padre le recalcaba a René que él era el hijo
mayor, que debía estar orgulloso de eso y ser un
ejemplo para su hermano.
Inevitablemente la madre dedicó más cuidado
a la nueva criatura. Dicen que las madres
reparten su amor por igual entre los hijos, pero
no es lo mismo con el tiempo.
Eso en parte fue positivo. René se sintió libre
de la tutela maternal y paseaba más por los
alrededores de la cuadra, aunque le costaba
fraternizar con los otros botijas.
Diap 11
CICATRICESCICATRICES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–Hace tiempo parecías un nenita, ahora tienes
fama de ser fuerte. –dijo el taita poniéndole la
mano en la nuca.
En ella tenía el cigarrillo encendido. Se lo
clavó en el cuello.
René le miró frío, soportando el dolor. Y
Julián dijo.
–Estos maulas hubiesen gritado y salido
corriendo. Vos guapeaste. Sos realmente un
hombre... franzuá.
Y ese nombre le quedó para siempre.
René creció. Le quedó la marca.
Un día supo que Julián había muerto en un
duelo. Cara a cara, hombre a hombre.
Julián con aquella salvajada le dio seguridad
en sí mismo. Los valores de los malevos son
distintos y... respetables.
Cada vez que pasa la mano detrás de su
cuello y siente la cicatriz, recuerda a un niño de
seis años que guapeó.
Y la grieta en el muro de su dureza parece
achicarse.
...oo0oo...
Antes del año René hablaba en reo, sin
acento francés. Los compañeros, los maestros,
y hasta los malevos, lo apreciaban.
Sin embargo siempre volvía solo a su casa.
Se había superado, pero vuelto más introspectivo,
hosco.
Una noche René volvía del otro almacén que
estaba a dos cuadras.
Al pasar cerca de un baldío surgieron tres
botijas de sexto año de la escuela, famosos
abusadores. Lo agarraron llevándolo dentro del
terreno vacío.
René peleaba salvajemente. Ellos lo golpeaban
intentado violarlo.
Afortunadamente pasó por allí Julián, un
taita que llevaba facón a la cintura.
El malevo entró al baldío, reclamándoles:
–Muy guapos que son... Tres contra un
botija... Se pelea de hombre a hombre, cara a
cara. Sólo un maula necesita ayuda... Y a un
hombre se le mata, pero no se abusa de él.
Los tres camorreros temblaban.
René miraba a Julián.
Diap 12
CICATRICESCICATRICES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Dice la sociedad actual, que es efecto de
causas síquicas o hormonales.
Pero, para los del barrio, sólo eran maricas.
Próximas a la destiladora existían varias
cuadras con enormes huecos de las antiguas
canteras de pedregullo.
La lluvia los había convertido en lagos donde
nadaban los muchachos y las fábricas arrojaban
sus retales.
Al llenarse, los cubrían de tierra y se
construían casitas.
Muchos de los hogares del barrio actual
están levantados sobre toneladas de errores de
los comienzo de la industria en el país.
Cerca de las lagunas existía un galpón donde
guardaban los camiones Krupp. Sus choferes
eran toscos como esas máquinas.
Entre ellos había depravados que usaban su
viril atributo destrozando invertidos como los
mellizos.
René se había cruzado con éstos cuando
retornaban de esas funciones.
Jacques era el más degradado de los dos.
::::::
René Coulerier Alsace estaba en tercer año
del liceo. Era un joven delgado, rubio, fuerte,
de ojos claros, prototipo de los galos.
Iba a jugar al colegio de los curas, asistía con
sus amigos a misa, pero era un libre pensador
como su padre,
Los mellizos Montseny habían tomado la
senda sin retorno de los homosexuales. Sus
modales, movimientos, y hasta su cuerpo y piel,
tenían características femeninas.
Los tres muchachos fueron criados en sus
casas aislados del entorno real.
Ambas madres trataron que sus hijos no
adoptaran las costumbres del barrio, y eso los
hizo ver por los otros muchachos como
cobardes y afeminados.
Cuando fueron a la escuela entraron en el
fuego. Hay metales que con el fuego se templan.
Otros, se derriten. Los mellizos se derritieron
René se templó..
Diap 13
LA CANTERA
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
03 LA CANTERA
Madre es ese ser amoroso,
exigente, tierno, y siniestro,
que nos forma en su vientre,
nos deforma en la niñez,
nos reforma en la vida,
y nos conforma en la muerte.
La mujer se arrodilló suplicándole en francés.
Jean seguía a su lado, con esa mueca estúpida.
René tomó a la señora de los hombros y la
levantó con ayuda de su madre.
Ésta dijo en su idioma natal:
–René lo hará.
Tomó un pantalón de la mano de la señora y,
agarrando a René del brazo, salieron.
En el zaguán le explicó:
–Jacques está muerto, flotando en la cantera.
Lo mataron esos degenerados... le metieron
una escoba. Pobre mujer, está deshecha. Vos
sabés nadar bien. Sácalo de allí y ponle esto. –le
entregó el pantalón.
–Mamá, yo lo saco, pero... lo otro, no.
–René. Es una madre. Piensa si en lugar de
ella fuese yo. A ti te sobra hombría. Ten
compasión de ella y de ellos.
El muchacho agachó la cabeza y tomó los
pantalones.
::::::
::::::
Esa tarde volvía René del liceo Bauzá con la
negra Herminia. Como vivía cerca de las
canteras, la acompañó.
El barrio estaba agitado y las vecinas
hablaban en voz baja. Clemente, hermano de
Herminia, se les acercó:
–Anda rápido a tu casa, franzuá. Te están
esperando.
Y tomando a su hermana del brazo, se alejó.
René llegó a la casa y entró por el fondo. Su
madre lo llevó al recibo.
Allí estaban Jean, uno de los mellizos, y la
madre ahogada en llanto. Jean tenía una
sonrisa anormal...
–René... –los sollozos no dejaban hablar a la
mujer.
René miró a su madre y ésta, con un gesto, le
indicó que tuviese comprensión.
La mujer continuó:
–René, tú has sido el único amigo que han
tenido mis hijos... No lo dejes sacar así de la
cantera. Por amor de Dios, sácalo antes que
llegue la policía... Que no lo vean así... Por lo
que más quieras, René...
Diap 14
LA CANTERALA CANTERA
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
::::::
Cada vez que oigo
que el hombre es un animal racional,
admiro más a los animales irracionales...
(Gracián Solirio)
Mientras iba hacia la cantera, meditaba.
¿Pensaría alguna vez su madre que por culpa
de ella, él hubiera podido pertenecer a ese
grupo de extraviados?
Cuánto amor y cuánto error puede salir de
una madre.
Cuando llegó al lago no había nadie. El
barrio parecía muerto.
Venciendo la repugnancia, René sacó el
cuerpo semidesnudo de Jaques. Parte de la
escoba aún afloraba.
¿Cómo el ser humano puede llegar a tal
depravación? ¿Qué había cruzado por esas
mentes? ¿Crueldad, desprecio por ese
desgraciado, repugnancia por ellos mismos?
Un policía apareció. Era del barrio
–Ahora viene el coche policial, franzuá.
Gracias por sacarlo. Vas a tener que ir a declarar.
René tapó lo desnudo del cadáver con el
pantalón.
Diap 15
LA CANTERALA CANTERA
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–La madre me pidió que lo sacara y vistiera.
Pero me da asco tocarlo. Que no salga en los
diarios de esta manera. La pobre vieja no tiene
la culpa. Y... no voy a ir a declarar.
–Está bien. Diré que lo saqué yo. A los
periodistas les avisaremos cuando ya esté en la
morgue. Pero lo hago por el barrio y por vos.
¿Quién otro lo hubiera sacado?
–Lo que pasa es que yo aprendí a nadar en
las canteras.
–Igual que todos los de aquí. Ya viste, todos
chismeaban pero nadie se acercó. Y que la vieja
no tuvo la culpa, no lo creo. Siempre los crió
como unos nenitas... y éste es el final.
Como todos los crímenes de ese tipo, pronto
fue olvidada la investigación. Y eso quedó como
un sucio recuerdo.
Jean y su madre se fueron para un barrio
residencial.
El padre se divorció. Tiempo después tenía
un cargo público.
::::::
Y, haciendo un mohín, siguió:
–He representado lo nuestro en casi todos
los países. Es horrible. La mayoría cree que
unicamente tenemos tangos, fútbol y carne.
Pero, dime... ¿qué es de tu vida?
–¿Yo?... Vine a montar una fundición. Me
gustó la gente. Su cultura negroide. Me quedé.
Traje a mi familia. Pero nunca olvido nuestro
barrio, la bahía, la fábrica de cola, la
destiladora... hasta añoro el olor del Pantanoso.
Jean, levantó despectivo su cabeza y se
marchó con su andar característico.
Ni se despidió de su compañero... el que sacó
de la cantera a su hermano muerto.
René quedó con una triste sonrisa en medio
de la gente.
Quería comprender, no podía resignarse.
Y sintió abrirse una pequeña grieta en el
muro frente a su corazón.
...oo0oo...
::::::
Han pasado muchos años.
La casa de René en La Teja tiene un mirador.
Desde allí su madre puede ver la bahía.
El viejo Renoir murió sin volver a su añorada
Francia.
Su hijo mayor viene a pasar las vacaciones
en el Uruguay, visita a su madre... y pasea por
el barrio.
Porque René se casó, tiene dos hijos y se fue
a trabajar a Venezuela.
::::::
Dos de la tarde. René está esperando a un
amigo en el aeropuerto de Maiquetía, en el
litoral próximo a Caracas.
–¿René Coulerier?
Una voz melosa lo hace girar.
Dentro de un traje de seda, impecable,
peinado y rostro perfecto, ve a Jean Montseny.
–¿Cómo estás? –responde– Hace años que
no te veía.
–Es que tú sabes, pertenezco al Cuerpo
Diplomático. –Jean se toma la cara con gesto
femenino– Como Agregado Cultural siempre
me encuentro viajando.
Diap 16
LA CANTERALA CANTERA
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Fue otro de los garajes vacíos que algunos del
barrio ostentaban para hacer ver que podían
tener un coche y decían que no les hacía falta.
Como nadie le rentaba el local, hizo a escondidas
un baño en el garage y el cuartito de herramientas
lo convirtió en cocina. Luego puso un letrero en
la puerta, alquilándolo.
El vecindario se burlaba en la seguridad que
nadie viviría en ese túnel.
Para asombro de todos lo alquiló una pareja.
Él, un cuarentón y fornido changador de
nombre Iñaky Zuruvera.
Ella, una bella e introspectiva rubia de
treinta años, siempre formal, de poco hablar,
llamada Mónica.
Los hombres del barrio la miraban socarrones...
Al poco tiempo las mujeres, despectivas, apenas la
saludaban.
Una mañana la pareja salió temprano.
Volvieron cerca de mediodía. Traían una
criatura recién nacida.
En la tarde fueron a la iglesia, ellos se
casaron y bautizaron al niño como Ignacio.
Y tuvo por sobrenombre: Nacho.
::::::
En el barrio La Teja las calles paralelas a la
avenida corrían planas hasta poco antes de
llegar al arroyo, allí en forma rápida descendían
hacia los terrenos pantanosos.
En cambio, las transversales subían desde
las canteras hasta la cumbre de la avenida y
luego se lanzaban cuesta abajo hacia los montes
que se hallaban en la distancia.
En una esquina había una inclinación muy
abrupta. Un barranco. Un día empezaron a
construir ahí.
La casa tuvo la puerta principal en la calle
longitudinal, la más distinguida. Y, en el hueco
bajo la casa hicieron el garaje.
En la ochava, el dueño dejó un local con
entrada aparte a fin de poner un comercio.
Jamás pudo competir con el viejo almacén ni
con el boliche de la siguiente calle.
Y jamás compró auto.
Diap 17
EL GUACHO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
04 EL GUACHO
Basado en sucesos reales...
y la realidad supera a la fantasía.
Al crecer Nacho alquilaron el local de la esquina
y lo convirtieron en dormitorio del niño. En
invierno debía pensar dos veces antes de salir y
bajar al baño del garaje.
A Nacho le gustaba jugar fútbol en el campito,
remontar cometas, jugar bolitas, chinchirevela,
trompo, payanas, balero, correr con el aro,
chapotear en el arroyuelo formado contra el
cordón en las calles al llover... en fin: un niño
más, pero con esa seriedad de sus padres.
Era responsable en sus deberes escolares,
respetuoso con los mayores y, aunque tenía
físico fornido y musculoso como Iñaky, evitaba
pelear con sus compañeros.
En la misma clase había un sucio y revoltoso
niño de los bajos del pantano, el cual tenía
problemas con los demás y sus groserías habían
obligado llamar a sus padres.
Sin embargo las maestras y el director
desistieron de hacerlo, ya que tanto la madre
como el padre eran peores que el hijo apodado
merecidamente Camorra.
::::::
::::::
Iñaky Zuruvera era vasco francés. Como
buen vasco, fuerte e callado. A veces hablaba en
galo con el padre de René.
Ignacio fue de los pocos compañeros de éste.
Nacho ya tenía once años y estaba en quinto
del colegio público.
Su padre, Iñaky, seguía en la aduana. Su madre,
Mónica, siendo una mujer bella, formal.
Y los tres viviendo en el garage.
Durante esos años fueron formando parte
del vecindario. Pero nunca se pudo saber de
quien nacía la pared que los aislaba de la gente,
si de ellos o de los demás.
Eran una familia humilde, tranquila, que
tomaba mate en la puerta del garaje al
atardecer. Los sábados y domingos de mañana
Iñaky llevaba su hijo a ver fútbol.
La señora Mónica, nadie le decía doña,
siempre estaba en su garaje, tejiendo, bordando
o cosiendo.
Jamás se le veía charlando con las vecinas y
menos con un hombre.
Diap 18
EL GUACHOEL GUACHO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–Nacho es guacho. Zuruvera, la madre es
quilombera.
No hay mayor fuerza que la que da la furia.
Si no hubiese aparecido el carnicero que vivía
cerca, hubiera destrozado al Camorra. Quien,
ensangrentado le repetía el sonsonete.
El Camorra quedó solo allí, mientras el
hombre llevó a los otros niños hasta la calle.
Cada uno tomó su camino. René acompañaba a
Nacho, los dos iban en silencio.
Cuando Nacho llegó al garaje no podía
disimular los golpes y, entre llantos, dijo la
razón de la pelea.
Mónica lo abrazó tiernamente. Lo hizo
sentar frente a ella y, con voz acongojada pero
serena, le habló:
–Lo que te dijo... es la verdad. Yo fui
quilombera, Iñaky me salvó de allí. Yo no podía
tener hijos... y te adoptamos.
Nacho pasó por todas la reacciones. Luego se
arrojó sobre ella y la abrazó repitiendo: mamá.
Esa tarde, cuando Iñaqui subía la calle hacia
su casa, vio venir corriendo a Nacho y abrazarlo
con fuerza.
::::::
Ese viernes, Camorra estaba insoportable,
ofendiendo a sus compañeros y en especial
provocando a Nacho.
A mediodía los niños salieron en desbandada.
Al estar en la calle, Camorra le mojó de saliva
la oreja a Ignacio. Era la más baja incitación a
pelear, si no lo hacía sería un miedoso, mas
Nacho pensó en su madre y se contuvo.
–Eres un guacho y un maula. –le gritó
Camorra.
Le estaba diciendo huérfano abandonado y
cobarde.
–Anda a la puta, mugriento. –respondió
Nacho ofendido y ya descontrolado– Vamos al
campito de las cañas.
–Vamos. Pero la puta es tu madre, que fue
quilombera en el quilombo de la calle Holanda
en el Cerro.
Nacho sintió que explotaba. Le estaba
diciendo que su madre había sido ramera de
burdel.
Y mientras iban para el campo, rodeados de
compañeros, Camorra repetía:
Diap 19
EL GUACHOEL GUACHO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Su madre genética había sido y era una
prostituta, y la quilombera había sido y era una
madre de verdad.
Pasaron los años. Nacho llegó a ser un gran
arquitecto. Se casó y vivía en un chalet con sus
ancianos padres.
El carnicero le pidió una reforma en su casa.
Nacho fue. Cerca del campito vio un mísero
rancho y en él una vieja haciéndole señas.
Preguntó quien era, y el hombre le dijo:
–Es la madre del Camorra, la ramera del
lugar, sólo los borrachos van con ella. El
Camorra murió de una puñalada.
Nacho fue a aquella esquina.
En la puerta del garaje aún se veía lo que él
había grabado en su niñez:
Iñaky, Mónica, Nacho.
Y... orgulloso agregó: El Guacho.
Cuando René viene de paseo, Nacho lo lleva
para que vea lo escrito. Cada vez el grabado es
más hondo. Y René siente fuerte el muro donde
lleva sus grietas.
...oo0oo...
::::::
No hubo padre más formal que Iñaky ni
esposa más fiel que Mónica ni joven tan
estudioso como el guacho Nacho.
A los 18 años entró en Facultad y quiso
conocer su madre genética. Mónica sintió
dolor, pero lo aceptó.
Averiguó que era hijo ilegítimo de una madre
soltera que lo dio en adopción. De su padre
natural no se sabía nada.
Ahondando más, pudo saber el nombre de
ella y dar con su paradero. Vivía en un
apartamento de una zona lujosa.
Nacho era un joven apuesto. Cuando llegó al
edificio y dijo el nombre de su madre, el
portero lo hizo pasar sin más.
Subió y tocó el timbre. Le abrió la puerta una
pintada e impúdica mujer. Nacho repitió el
nombre de su madre.
–Sí... contestó ella provocativamente–
¿Quién te envía? Eres terriblemente buen
mozo... pasa, pasa, querido.
Él, sin decirle nada, se fue. La vida le daba
una lección.
Diap 20
EL GUACHOEL GUACHO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
El capataz de allí, haciendo resaltar su
experiencia, había protestado diciendo que eso
era innecesario, que bajaría el rendimiento, que
por años nunca había pasado nada.
Con un machete a los cueros grandes se les
quitaba los sobrantes y éstos se estiraban aparte.
En la otra máquina estaba el negro Clemente
repasando los recortes.
Clemente, con su carácter alegre, estaba
cantando. El taller ponía música con el chirriar
de engranajes gastados...
De pronto, el canto se volvió un grito animal,
horripilante. La mano del negro había sido
agarrada por los rodillos.
Desembragaron enseguida la polea, pero la
máquina y los alaridos seguían.
Clemente se retorcía del dolor.
La muñeca iba llegando a los rodillos ante la
mirada atónita de los demás.
Todos pedían ayuda pero nadie hacía nada.
René vio el machete sobre una mesa. Lo
agarró. Y de un golpe cercenó la mano. El negro
cayó de espalda.
Clemente miró el muñón por el cual manaba
la sangre...
Ya no sentía dolor. Pero se puso a llorar.
René ya estaba de novio, y era demasiado
orgulloso para depender de su padre hasta para
conseguir unos pesos para invitar su prometida
a tomar un helado.
Logró trabajo en una curtiembre.
En ella aún usaban el árbol de máquinas. Ese
eje lleno de poleas donde pasan correas llevando
el movimiento a las máquinas de abajo.
René tenía modernos conceptos en maquinarias
como en condiciones de trabajo para las personas.
Sus ideas tuvieron buena acogida en el
ingeniero, recelo en sus compañeros y oposición
en los capataces.
En una sección estiraban los cueros para
obtenerlos más delgados pasándolos por unas
laminadores de rodillos.
Estas máquinas tenían un pesado volante
que, aunque se desacoplara la polea, seguía
largo rato girando.
René se hallaba en una de ellas ayudando a
poner una protección que había diseñado.
Luego instalarían un dispositivo que hiciera
frenar la máquina
Diap 21
EL MANCO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
05 EL MANCO
Tanto haces, tanto vales.
(Letrero en la entrada de una fábrica)
René, aún conmocionado, le contestó una
grosería.
Un silencio ominoso dominó. Las miradas
convergían hacia él.
Con los labios torcidos por el disgusto, agregó:
–¿Por qué no colocó una protección antes?
¿Por qué hizo trabajar esa máquina y no esperó
que la pusiéramos?
–¿Qué quiere decir? –replicó el servil
caporal– ¿Acaso la culpa fue mía?
–Quizás. –René seguía– Ahí tiene lo que
pasó. Ojalá le sirva de experiencia. De esa
cacareada experiencia suya.
–Mire, dibujante... Yo sé como debe sentirse,
pero son cosas que suceden en el trabajo... y
siempre por descuido.
–El que nació para medio, ni a golpes llega a
real. –le respondió con desprecio y, sin más,
entró en la oficina.
El ingeniero lo siguió. Tomándolo de los
hombros, le dijo que se fuera. René indicó que
ya se sentía mejor.
El ingeniero con una triste y compresiva
sonrisa, agregó:
Mientras le ponían un torniquete al hombre,
la máquina siguió hasta pasar del otro lado lo
que fue una mano.
René tiró el machete. Los demás obreros lo
veían con respeto y temor.
Clemente se acercó a él. Lo miró con una
mueca que quería ser sonrisa y le agradeció en
un susurro.
A los dos se le humedecieron los ojos.
No fue necesario decir más. El herido fue
llevado al hospital. René se dirigió a la oficina
de Mantenimiento. Lo que le decían a su paso
parecía venir de otra dimensión.
En la puerta estaba reunido todo el plantel
principal junto con el ingeniero y el capataz.
La mirada del ingeniero le indicó que había
obrado bien.
Pero el capataz levantó las manos, exageró
su gesto para impresionar a los gerentes... y le
habló con su insoportable suficiencia:
–¿Usted vio lo que pasó?... Yo siempre les
digo que tengan cuidado. Fue una suerte que
usted estaba allí y tuvo sangre fría. Sinó... ¡qué
desgracia nos habría sucedido!
Diap 22
EL MANCOEL MANCO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
El capataz empezó a decir que se podría haber
detenido la máquina, que no hubiera hecho falta
cortar la mano, que había sido algo cruel y salvaje.
Y tanto lo repetía que muchos empezaron a
creerlo.
Los compañeros de René lo trataban friamente.
Los vecinos hablaban poco con él.
Hasta su novia y amigos se asombraron por
lo que había hecho.
Su padre lo apoyó.
La directiva de la empresa, siempre dispuesta a
responsabilizar a los que hacen las cosas y
nunca a los que mandan hacerlas, optó por
creer lo que le convenía.
Cuando Clemente volvió con su vendado
muñón, René ya no trabajaba más. Lo habían
echado.
Le dijeron que se había extralimitado tomando
una decisión sin consultar ni al capataz ni a un
superior.
Que no había cumplido con las expectativas
que tenían puestas en él, por tanto buscarían
otro dibujante.
Y sabían que era algo rebelde.
–No me entendió. Le aconsejo que se vaya
de esto, de aquí. –señaló despectivamente a su
alrededor.
–¿Por qué? ¿Por lo que hice? ¿Por lo que
dije? ¿Es que no sirvo? –preguntaba temiendo
perder su trabajo.
–No, muchacho. Todo lo contrario. Usted es
demasiado para esto... Demasiado idealista... y
la gente no volara a las personas como usted ni
sus ideales. Sólo les preocupa mantener el
puesto, ganar lo más posible, quedar bien. Y si
algo está mal hecho, la culpa siempre será de
los demás.
René no renunció.
A los diez minutos llegaba la policía y lo
llevaban detenido. La había llamado el capataz.
Su argumento fue que había sucedido un
hecho de sangre y él debía cumplir con su deber
y con la ley.
Estuvo encarcelado hasta que Clemente fue a
declarar.
Las explicaciones del negro y del ingeniero lo
libraron de una acusación criminal, pero no
evitaron que fuese fichado.
Diap 23
EL MANCOEL MANCO
LAS GRIETAS
El negro Clemente vivió de lustrabotas en
una avenida.
Asombraba ver como con una sola mano
sacaba brillo.
A cada cliente decía que su mejor amigo se
llamaba René.
Pero era un pobre negro medio loco... y la
gente se reía.
René entró en una industria más grande y
moderna. El ingeniero lo recomendó a un
amigo que trabajaba allí y no hicieron caso a las
referencias que daba la curtiembre.
Luego de unos años se fue del país.
Cuando viene de visita, sólo lo van a saludar
Clemente y aquel ingeniero.
René nunca fue el mismo.
Él le había amputado la mano al negro.
A él le amputaron la fe en la gente.
Y en el muro que protege su corazón tuvo
otra grieta.
...oo0oo...
Lo hicieron acompañar por un vigilante hasta
la calle. Sólo el ingeniero se despidió de él.
René aprendió algo más: Lo poco que valía la
palabra compañero, y lo falso que era el aviso
que estaba a la entrada de la fábrica:
Tanto haces, tanto vales.
El negro se curó, lo pusieron de portero.
Duró poco tiempo. Un negro, y manco,
impresionaba mal. Y eso le había sucedido por
descuidado. Lo despidieron también.
Seis meses después colocaron a cada máquina
su motor. Y todas tenían la protección diseñada
por René.
Los gerentes invitaron a los jerarcas del
gobierno y a la prensa para mostrar su progreso.
Luego fueron a almorzar.
El día siguiente los diarios mostraban fotografías
del Ministro del Trabajo condecorando a los
directores.
Al capataz fue ascendido. Luego de unos
años se jubiló. Le regalaron un reloj. Nadie hizo
rendir la gente como él.
Diap 24
EL MANCOEL MANCO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Allí se veían estudiantes mayores que sus
educadores. Viejos que volvían tras un sueño
abandonado años atrás.
Alumnos que muchas veces transmitían su
experiencia a los profesores. O jóvenes que
habían empezado a trabajar.
La camaradería era general, no existía la
dura formalidad de la clases diurnas. Menos
aún la envidia, la petulancia o el egoísmo.
Discípulos y maestros se tuteaban, reían entre
ellos y hasta se confiaban intimidades.
Más de una vez el profesor dejaba el sacrosanto
lugar tras el escritorio e iba a sentarse entre los
alumnos mientras uno de ellos exponía frente
al pizarrón.
Y le hacía con los compañeros una broma... o
pedía un cigarrillo al que se estaba durmiendo
para despertarlo de su cansancio.
Allí René conoció a Gabriel, joven delgado
que trabajaba en una constructora.
Y a Isabel, bella sicóloga de 28 años que
quería ampliar sus conocimientos de ciencias.
Cuando René comenzó a trabajar, decidió
seguir sus estudios en Preparatorios Nocturnos.
Estaban en el mismo edificio donde dictaban
las clases diurnas, usaban los mismos salones,
se sentaban en los mismos bancos, pero los
seres y el ambiente eran distintos.
Quizás fuese que los alumnos llegaban luego
de ocho horas de trabajo, que todos tuviesen
otra responsabilidad encima, que los profesores
fuesen jóvenes recientemente egresados o
viejos con vocación de enseñanza que no les
importaba sacrificar horas de sueño... o no
tenían ningún acomodo político que le lograse
un puesto en el día.
Pero, eran seres distintos en un mundo
diferente.
Diap 25
LOS SERES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
06 LOS SERES
Ahora todo es relativo...
ahora todo es igual.
Colón, Darwin, Freud, Einstein,
nos bajaron del pedestal.
Si al joven se le veía la euforia viril, a ella se
le translucía el apetito sexual. Y es fácil notar a
dos seres apasionados.
Gabriel empezó a bajar en los estudios y a
alejarse de sus compañeros. Sin embargo,
mantenía su amistad con René.
Isabel sólo asistía a las materias que le
interesaban.
Pero cuando coincidía con su joven amante
lo devoraba con los ojos, esperándolo luego
para irse juntos en la oscuridad.
Una de esas veces en que Isabel no vino,
faltó el último profesor.
René y Gabriel fueron al café de la calle
Tristán Narvaja, el único que quedaba abierto
hasta esas horas en espera del hambre atrasada
de los noctámbulos.
Gabriel, por esas cosas inexplicables de los
seres, hizo a René una confidencia que le dejó
sin habla:
Isabel era la mantenida de un potentado,
quien pasaba muchas noches con ella... Y en
esas noches, Gabriel era el hombre de ella y del
potentado.
::::::
La amistad inicial fue con Gabriel, quien
apenas tenía dieciocho años, jovial, alegre,
exuberante de virilidad.
El fuerte de René era el dibujo, por tanto
Gabriel trataba de estar cerca de él en las
tediosas horas de diseño.
El profesor, un viejo que esperaba la hora de
jubilarse, político rebelde, daba el tema a
dibujar y se iba al cafetín.
Sabía que René les brindaba su ayuda a los
compañeros.
Y René lo hacía con agrado. Uno, le gustaba
enseñar. Otro, admiraba a ese viejo que había
enfrentado en público al presidente del país
reclamándole manejos dolosos.
Lo realizó en un avión comercial en el cual
coincidieron y donde el jerarca iba acompañado de
su edecán militar.
El presidente se limitó a decirle que al bajar
podían medirse de igual a igual.
¡Qué tiempos... qué hombres aquellos!
Gabriel fue aprendiendo las bases del diseño.
En cuanto a la materia de filosofía, su mentora
fue Isabel.
Diap 26
LOS SERESLOS SERES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
La vieja lo guiaba con la ternura natural de
una madre.
Isabel estaba sentada cerca del ventanal,
sobre la mesa se hallaban libros y cuadernos
con apuntes.
René colocó su portafolio y saludó a la sicóloga.
Comenzó a explicarle. Una hora después el
tema le era comprensible.
La madre entró con una bandeja trayendo café
y masas dulces. Un hogar como cualquier otro.
Al finalizar la merienda, volvió a entra la
señora diciendo:
–Nena, me voy. Mucho gusto, joven. –y se
fue luego de retirar la bandeja con las tazas.
René estaba intrigado. E Isabel, con una
sonrisa, explicó:
–Ella es viuda. Vive en su casa, a pocas
cuadras de aquí. Pasa el día en mi apartamento
y me hace las cosas. Yo le doy algo por eso... así
las dos estamos acompañadas. Pero tú quisieras
saber otras cosas... ¿No es cierto?
Comprendió que Gabriel había contado la
confidencia del cafetín. Pero René sentía una
agradable paz. Y contestó:
::::::
El viernes, al salir de la clase de Geometría,
materia que René dominaba, se le acercó Isabel
y le espetó formal:
–No entiendo eso de potencia de un punto
respecto de una circunferencia. ¿Podrías ir el
lunes a mi apartamento para explicármelo?
Gabriel dice que sabes enseñar. Te espero a las
seis de la tarde. Aquí tienes la dirección. Está
cerca del Palacio Legislativo. Te queda en
camino.
Había sido tan de improviso y directo que a
René sólo le quedó decir que iría. No supo la
razón, pero nada contó a su novia ni a Gabriel.
Algo se lo impedía.
El lunes llegó al apartamento. Estaba en un
piso alto y del mismo se veían las explanadas
circundantes del palacio.
Lo recibió una simpática señora mayor, de
dulce sonrisa:
–Pase joven, –y con orgullo señaló– ése es el
consultorio de mi hija. Pero ella lo espera el
comedor. Desde allí se ve hasta la bahía... y
estarán más tranquilos para estudiar.
René quiso entender alguna malicia, pero no
la había.
Diap 27
LOS SERESLOS SERES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–El antifaz... –musitó él con tristeza– el
exterior del muro.
–Un muro que construyes frente a tus
sentimientos para protegerlos. –la voz de ella
era suave– Cuando se levanta un muro, los de
afuera no pueden entrar... pero tampoco los de
adentro pueden salir, quedan aislados del
exterior, de la realidad. Una realidad de la que
haces parte.
–Una realidad de frustración y decepciones.
–agregó él.
–Realidad humana. –siguió ella– Tú eres un
romántico e idealista, otros son pragmáticos y
materialistas. Todos los seres tenemos algo de
ambas cosas. Para poder pensar y sentir, como
para poder hacer cosas y riqueza, se debe vivir.
Para estar vivo, se debe comer, beber, y que
nuestros padres tuvieron una relación sexual.
Que ni ellos sabrán si en ese momento fue amor
o instinto. pero fue una realidad.
–Eres buena sicóloga, haces ver todas las
cosas de una manera natural. –dijo René con
una agridulce sonrisa.
–Lo dos son mayores, saben lo que hacen. –
agregando burlón– Eso sí, cuídalo, él es muy
joven... lo vas a matar.
–El sexo es lo más sano. Cuando no se puede
más... no se puede. Las ideas sobre él son las
complejas. Lo que te intriga es nuestro "melée a
trois". A pesar que eres francés.
–En todas partes hay de todo. Y no me
intriga. Me cuesta comprenderlo. Es natural
que ustedes dos estén locos de pasión. Tú por
tu edad y él por la suya forman la pareja sexual
ideal. Como sicóloga lo sabes mejor que yo.
–Como sicóloga y mujer te aseguro que así
es. Sigue.
–Que seas la querida de un poderoso es algo
normal en este mundo de intereses. Hasta
acepto que se amen dos homosexuales, sólo
ellos saben su problema. Pero tres juntos no lo
puedo asimilar. Para mí el amor es algo íntimo,
de la pareja, que comparten sólo dos seres.
–René... eres puro. –interrumpió ella,
emocionada– Por tu forma de ser parecías
alguien experimentado en la vida.
Diap 28
LOS SERESLOS SERES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–Comprendo que la vida se mantiene con la
adaptación. Pero todavía me cuesta aceptar la
realidad de ustedes tres.
–No nos juzgues, René. Somos piezas de un
juego de sociedad donde parecemos reyes,
reinas, alfiles, torres, caballos, y peones. ¿Qué
pensarías si dijera que ese señor me pidió que
yo fuese a preparatorio y enamorara un joven
novato y lo trajese aquí? ¿Qué dirías al saber
que Gabriel piensa acomodarse con él? ¿Y que,
si supieras que tú me gustabas pero me
enamoré realmente de Gabriel?
–Que es un juego donde todos estamos en
jaque mate.
–René, dime:... ¿te habrías acostado conmigo?
–No. Eres hermosa, sensual, pero busco algo
más.
–Yo tampoco lo hubiera hecho... Sé que no
tengo eso. Adiós, René. Este encuentro será
nuestro secreto. No fue de amor, pero
guardémoslo así... sólo para los dos.
::::::
–De la manera que son. –continuó Isabel–
René, ese muro es parte de tu forma de ser.
Pero deja que los sentimientos salten sobre él.
Sino serán prisioneros que sufrirán al sentirse
en libertad prefiriendo volver a su prisión.
–Muchas veces siento grietas en ese muro. –
dijo René.
–Las grietas no las hace lo de afuera al golpear
contra él, son los sentimientos buscando salir.
No los guardes tanto...
–Sin embargo soy feliz cuando en soledad
me encierro con mis sueños e ideales tras ese
muro. –murmuró él.
–No dejes de hacerlo si eso te hace sentir
bien. Tú eres un solitario. Sólo baja algo tu
muro para ver a los demás y que ellos te vean...
¿Amas a tu novia?
–Sí... –le sorprendió la pregunta– No es
aquel sueño de juventud, pero la quiero.
–¿Ves?... Has aceptado la realidad de un
presente. Y quizás en el futuro encuentres
otro... nadie lo puede saber.
Diap 29
LOS SERESLOS SERES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–¿Es hija de Gabriel? Es muy hermosa, se
parece a ti.
–¿De Gabriel?... ¿De ese señor?... Dejemos
que cada uno piense lo que quiera... Es hija mía
y... del Hombre.
–Me asombró el título en la placa. Los
tiempos cambian.
–Sí. Antes le hubieran dado otro nombre a lo
que hago. No sabes la cantidad de seres que
tienen problema con el sexo. Cuanto más
avanza la civilización es menos natural. René...
¿pudiste bajar algo el muro?
–No... y tiene más grietas. He podido
realizar algo de mis ideales. Pero, mi gran
sueño sigue tras él.
–Tal vez algún día pueda saltarlo... o entre
una realidad.
La niña trajo bebidas y entremeses.
Luego quedaron los tres narrando y oyendo
cuentos de los seres y del camino.
...oo0oo...
::::::
Han pasado diez años.
René se casó y se fue a otro país.
Este verano ha venido con su familia a pasar
vacaciones al terruño. Su cuñado los trae por la
rambla costanera.
René pide que se detenga. Baja y lee el
letrero puesto en un alto edificio erigiéndose:
Constructora Gabriel Guileson y Compañía.
Es de su antiguo compañero de preparatorios.
El día siguiente, a las cinco de la tarde sale
solo. Dice que quiere recorrer los lugares de su
juventud.
A las seis toca el timbre de un apartamento.
En la pared un bronce indica: Isabel Itselfnight
- Socióloga - Sexóloga - Terapia del Sexo.
Abre la puerta una niña de ocho años. Detrás
viene Isabel y abraza a René.
La chiquilina se va sin mostrar asombro.
–Ayer vi en la rambla un cartel de la empresa
de Gabriel. Y me hizo desear verte... no sé
porqué. –explica René.
–El capitalista de la constructora es aquel
señor. –dice Isabel– Seguimos nuestra relación
los tres, de ésta nació la nena. Un apartamento
de esa obra será de ella y mío.
Diap 30
LOS SERESLOS SERES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
René comenzó a visitar la casa de las tres
muchachas, los padres lo recibieron con agrado
ya que él era educado y sabían que iba a estudiar
ingeniería.
La familia se asombró cuando una noche le
pidió a don Ernesto autorización para ennoviarse
con Edith Todos creían que la que pretendida
por él era Elda, la mayor.
Si hubo algún resentimiento lo guardaron
para siempre.
Y Edith fue la primera con un novio formal
en las noches correspondientes. Cuando salía
con él al cine o alguna diversión, la chaperona
era Elsa, la segunda.
En Preparatorios René conoció a Alex Arkievich
quien se hizo amigo de él inmediatamente.
Luego supo la razón: Alex y Elda estaban
enamorados. Alex tenía dos años menos que
ella, pero aparentaba mayor.
El padre aceptó el noviazgo, además el joven
seguía la carrera de administración.
Y Elsa tuvo que dividir sus funciones de
chaperona.
Elda, Elsa y Edith eran hermanas. Se padre
se llamaba Ernesto y la madre Eleonor.
Evidentemente el viejo tenía la manía de la
letra e. Además buen gusto y buenos genes.
Su esposa e hijas eran bellas, bien formadas,
agradables.
René conoció las muchachas en el liceo, se
llevaban un año entre ellas.
Edith, la menor, estaba en segundo año, Elsa
en tercero y Elda en cuarto con René.
No negando su sangre, René era sentimental
e idealista.
Un cínico autor decía que la Revolución
Francesa trajo dos males a la humanidad: El
Romanticismo y La Democracia.
En el caso de René el primero se cumplía. El
segundo fue una utopía de la amistad y de la
pureza en el amor.
Cosa rara, pero el más fanático de lo irreal es
un romántico.
Diap 31
LOS CAMBIOS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
07 LOS CAMBIOS
El aleteo de una mariposa en Amazonas
puede producir un terremoto en Japón.
Y René tuvo que aguantar dos años y dos
casamientos más.
Entre tanto, el corazón del romántico e
idealista se había encerrado tras un muro de
dureza para que no le hiriesen las decepciones
ni la burla de la realidad.
Por fin, se casó.
Esa noche, luego de la ceremonia nupcial, se
le acercó Elsa.
Lo miró a los ojos y le susurró:
–Todos creían que era Elda la elegida. Tú
preferiste a Edith. Y yo te amé desde el primer
día que te conocí. Ahora es historia pasada.
Ojalá ella te dé lo que soñé darte.
La novel esposa se acercó. La fiesta seguía.
Había que saludar a los invitados. La última
hija se había casado.
Si ella lo dio y si él lo dio, los dos guardaron
para siempre los sentimientos de esa noche en
sus corazones...
René volvió cambiado del viaje de boda.
Era más serio, introspectivo.
Como si hubiese madurado de golpe.
::::::
Pasó el tiempo. René trabajaba en un
complejo donde había fundición, porcelana,
troquelería, pintura, carpintería, mecánica... El
sueño hecho realidad para un proyectista.
Progresó rapidamente. Se hizo famoso por
no respetar el repetido dicho que algo no se
podía o no se debía hacer.
Sólo lo creía luego de realizar ensayos... y
aún quedaba dudando. Era uno de los más
jóvenes y mejores técnicos, tenía oficina propia
y sólo reportaba al ingeniero principal.
Pero había abandonado los estudios. De vez
en cuando daba un examen y lo perdía. No
había nacido para actor, el miedo escénico lo
paralizaba en la parte oral.
Ya llevaba comprometido unos años con
Edith, a quien había bautizado Petite.
Y, a pesar de su sangre fogosa gala, su relación
se mantenía dentro de una pureza ideal.
Ganaba para casarse. Quiso poner fecha para
eso. Las otras hermanas saltaron. Ellas debían
hacerlo primero. Elsa se había ennoviado con
un anodino bancario.
Diap 32
LOS CAMBIOSLOS CAMBIOS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Vaciaron ágiles piezas con paredes de pocos
milímetros gracias a noyos de resina y arena
realizados por René.
Unieron procedimientos arcaicos con técnicas
modernas, obteniendo efectos de fundición,
color y esmaltado que por años se creyeron
secretos de egoístas maestros.
Ángel, René, el ingeniero Frulí y el capataz
don Giani, formaron un equipo.
Un cuarteto que aceptaba cada reto del
artista disfrutando sus triunfos como propios.
En día Ángel vino a despedirse, iría por unos
meses a Venezuela.
Un amigo escenógrafo lo había invitado para
que expusiese sus obras en Caracas. Se fue con
algunas piezas en avión.
Las grandes irían en un barco que, luego de
traer petróleo a la destiladora, volviese a
Maracaibo.
Poco después sabían que la muestra había
sido un éxito y Ángel volvía para fundir más
obras.
::::::
Para saber que hay detrás del cerro
hay que subir a él.
Pasaron dos años, René y Edith tuvieron una
niña de cabello oscuro como la madre, vivían
en un apartamento próximo al Prado... y a la
casa de los padres de Edith.
Un día el escultor Ángel Scalpelli llegó al
complejo donde trabajaba René. Le habían
dicho que allí tenían los medios y el personal
idóneo para vaciar una gran pieza en bronce.
La verdad era que las demás fundiciones,
dirigidas por cicateros incultos, no querían
relacionarse con el artista. Consideraban que
les haría perder tiempo a sus obreros.
Pero esa empresa se llamaba Suya, Sociedad
Uruguaya de Yunques y Arados, que era lo que
hacía en sus inicios.
Y Ángel la hizo suya, directores y técnicos
colaboraron con él para formar obras de arte...
y fundar una buena amistad.
René halló en Ángel un espíritu afín, que
rechazaba el no se puede hacer y que aprendía
en cada error.
Diap 33
LOS CAMBIOSLOS CAMBIOS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Había mucho que hacer además de convencer a
sus familias.
La gente de ahí estaba acostumbrada a recibir
emigrantes, pero era reacia hasta para cambiar
de barrio.
El ingeniero se encargaría de la compra de
maquinarias en el norte, René de los cubilotes y
herramental, el capataz aportaría su experiencia y
prepararía el nuevo personal.
A la empresa SUYA no le molestó perder tres
técnicos. Por lo contrario el ingeniero director
le dijo a René:
–Lo felicito. Váyase. Aquel es país nuevo, en
crecimiento. Nosotros nos quedamos. Ya no
tiene más que aprender aquí. Pero, prepare a
dos proyectistas antes de irse.
Eso fue lo más difícil para René.
Nadie quería el puesto. Decían que había
mucho trabajo en él. Finalmente dos tomaron
el reto. Años después seguían siendo sus amigos.
Cuando se despidió y oyó cerrar la puerta del
complejo tras él, sintió otra grieta en el muro
de dureza.
...oo0oo...
Ángel retornó distinto.
Seguía siendo el inquieto creador de antes,
pero agregaba dinamismo, alegría, empuje.
Las obras surgían de su mente y manos con
actividad increíble, arrastrando a sus amigos
tras él para colarlas.
Y continuamente les narraba maravillas del
trópico.
Un sábado habían ido a fundir una pieza
difícil, moderna, además vitrificada.
Terminaron cerca de las dos de la tarde.
Fueron a almorzar. Luego de los repetidos
brindis por el triunfo de haber superado otro
reto, Ángel les dijo:
–Es la última obra que fundiremos en el
Uruguay. La próxima será en Venezuela. Me
quedaré allí... Y ustedes se vienen conmigo.
Hay un grupo de capitalistas que nos apoyan.
Quieren poner un complejo como éste.
Seis ojos desorbitados lo miraron.
Luego, sea por la amistad, las copas tomadas, o
lo tanto que Ángel les había hablado de ese
lugar, todos estuvieron de acuerdo en ir.
Diap 34
LOS CAMBIOSLOS CAMBIOS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Marina dijo vivir en la misma calle de René.
Pero era del otro lado de la avenida, en el barrio
La Victoria, cerca del arroyo.
Costaba imaginársela allí.
La muchacha era rubia, ojos azules, elegante,
educada, de hablar suave y no abusaba del
lunfardo.
Además, vestía sencillo con ropa barata pero
sabía llevarla con gusto.
Siempre se le veía pulcra y bien peinada, aún
en la salida y después de ocho horas de trabajo
en la esmaltería, donde imperaba el calor, el
polvo y el abuso.
El empleado puso a René y Marina junto al
chofer en una camioneta que podía llevar pocas
personas atrás.
La huelga duro más de una semana.
En ese tiempo nació afecto entre los jóvenes...
y pasó algo extraño.
René, esperaba el tranvía en la esquina de la
plaza. El lugar y la noche le hicieron recordar.
Fue cuando conoció a Marina... sucedió en
una huelga de transportes.
La fábrica dispuso sus camiones para traer y
llevar el personal a sus casas o a las paradas que
acostumbraban ir.
El asiento junto al chofer lo disputaban las
señoras y los empleados.
No era agradable ir atrás apretujado entre la
gente o contra los bordes, aunque fuese motivo
de bromas.
Había que programar el recorrido de los
vehículos de acuerdo al lugar donde habitase
cada persona.
Y René, quien conocía toda la planta,
acompañó al empleado de personal por la
misma a fin de actualizar esos datos.
Diap 35
EL AYUDANTE
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
08 EL AYUDANTE
La pasión sin amor es de bestias,
el amor sin pasión es de tontos...
En esa época los que mandaban se sentían
padrotes.
El capataz respetaba a las obreras, sabía que
el orden termina al surgir los problemas
sexuales.
Distinto era su ayudante, Goyo.
Éste aprovechaba su posición de clasificar
las nuevas operarias y aprendices, debiendo
ellas pagar su ingreso con favores lujuriosos.
Cuando ingresó Marina, el ayudante estaba
ocupado y la clasificó el capataz.
Fue destinada como aprendiz para llevar las
tablas con los platos húmedos al secadero.
No se parecía a las demás obreras, pobres
criollas que venían huyendo del hambre de los
pueblos del interior.
Estudiaba de noche mecanografía y
contabilidad.
Su padre se había accidentado y no podía
trabajar.
En pocos días, Marina se convirtió en la
muchacha más pretendida por los jóvenes
empleados y obreros.
Era amable con todos, pero se mantuvo seria
y formal.
::::::
Junto a la esmaltería estaba el departamento
de prensas. Del otro lado, un taller de herrería
con una fragua.
Y aislado, un largo galpón con baños para el
cromado, zincado, niquelado, y grandes ventiladores
para los olores.
Todos los hombres tenían una excusa para
cruzar la esmaltería. Allí, más de cien mujeres
estaban distribuidas en las distintas labores del
esmaltado.
Los únicos seres masculinos en ese harén
eran los ocho que trabajaban en el horno, el
capataz y su ayudante. Y, cada vez que había un
problema técnico, el químico.
Pegado a esa femenina sección se hallaba un
depósito donde guardaban las herramientas y
útiles.
El capataz era un buen hombre y en poco
tiempo dominó la técnica del esmalte siendo un
avezado auxiliar del químico, al punto que éste
venía una vez por semana.
También allí había un proyectista amigo de
René, de nombre Aldo, joven con inventiva para
crear herramientas y mejorar los mecanismos
para aliviar el fatigante trabajo.
Diap 36
EL AYUDANTEEL AYUDANTE
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Dijo a las otras aprendices que dejasen las
tablas en las mesas, que las guardaría Marina.
Ya sobre la hora ordenó a la muchacha que
empezara a recogerlas.
Sonó la sirena. Marina intentó irse.
Amenazó con despedirla si no terminaba su
trabajo. Y ella, furiosamente resignada, lo
siguió haciendo.
Ya no quedaba nadie. Era el último viaje de
tablas que hacía Marina. Goyo la miraba
cinicamente, apoyado en la puerta del depósito.
Ella entró al mismo. Oyó que el hombre la
seguía y el golpe de la puerta cerrándola tras él.
Indignada, giró enfrentándosele y lanzándole
las tablas. Él las esquivó y sonrió mostrando
una llave en su mano.
Le dijo que esa puerta sólo se podía abrir por
dentro con esa llave... y se lanzó sobre Marina
intentando violarla.
Ella sacó fuerza de su desesperación y lo
empujó hacia atrás.
Goyo tropezó con las tablas, soltó la llave
cayendo contra unas estanterías que volcaron
su contenido sobre él.
Goyo no se conformaba en haber perdido la
oportunidad de poseerla, además se sentía
humillado ya que las otras obreras se burlaban
de él.
Varias veces la había seguido hasta dentro
del secadero diciéndole insinuaciones procaces,
pero Marina se hacía la desentendida no
contestando en absoluto.
Nada aumenta el deseo salvaje como la
indiferencia.
Goyo comenzó a darle trabajos mayores a su
capacidad o conocimiento con el fin de que
cometiera un error y así ella tendría que depender
de la benevolencia de él.
Para su sorpresa todas las compañeras la
ayudaron, hasta las más libertinas.
Era como una demostración de fuerza, de
valorización femenina, de rebelión contra él.
Y, con vanidad machista, él urdió un plan
para poseerla.
Era viernes. Además, día de pago. Faltaban
minutos para la salida. Goyo sabía que al sonar
la sirena todos saldrían velozmente. Los
camiones esperaban en la puerta para llevarlos
a disfrutar el dinero obtenido.
Diap 37
EL AYUDANTEEL AYUDANTE
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Goyo se levantó adolorido, cubierto de polvo.
Golpeó la puerta largo rato. Nadie lo escucharía.
Esa puerta daba al secadero y, por el calor,
los vigilantes nunca pasaban por allí. Se
conformó, debía esperar hasta el día siguiente.
Sintió un olor agradable a almendras. Venía
de una rejilla en el piso. Le dio somnolencia.
Abriendo unos rollos de fieltros improvisó
una cama. Se durmió enseguida.
El sábado, cuando en la mañana abrieron el
depósito, lo encontraron así.
Los viernes de noche drenaban los enjuagues
de cianuro de la galvánica. Pero ese día, por el
apuro de cobrar, habían vaciado también el
tanque de ácido del decapado.
Goyo, el macho, había muerto por vapores
cianógenos.
Dijeron que se la había caído la llave cuando
fue a revisar el depósito. Y que la puerta se
cerró por una corriente.
Sólo Marina sabía la verdad... y René sabía
otra.
Marina tomó la llave, abrió la puerta saliendo
rapidamente y volvió a cerrarla con violencia.
Lanzó con rabia la llave contra el muro y,
corriendo, se marchó.
En la calle aún estaba esperándola la camioneta
y René. Le extrañó verla sudorosa, agitada y
con polvo. Ella explicó que le habían exigido
guardar las tablas antes de irse.
Al llegar a la avenida dijo al chofer que
bajaría allí, que no la llevase a la casa. Fue con
René hasta la plaza.
Quizás fuese por lo sucedido, pero le
murmuró al despedirse:
–Nunca sabrás lo que pasó, y lo hice por ti...
Aunque sé que amas a otra, también sé que
sientes algo por mí.
Los dos quedaron en silencio, mirándose.
René hizo un gesto de resignación y bajó la
vista. Ella giró y se fue hacia el arroyo.
Él la vio alejarse y tomó hacia las canteras.
Tenía otra grieta en el muro frente a su
corazón.
::::::
Diap 38
EL AYUDANTEEL AYUDANTE
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
En poco tiempo Aldo demostró ser un líder.
Sus mejoras de herramientas y procesos,
distribución de funciones en base a capacidad y
no de compinchazgo, trato educado, explicaciones
sencillas y autoridad sin abuso, hizo subir el
rendimiento del personal siendo apreciado por
todos.
Viendo que no podía controlar la producción
y la vez hacer las mejoras de herramientas o
sistemas de trabajo, pidió al ingeniero la ayuda
de René para lo segundo.
Eso trajo nuevas críticas.
Los que formaban el cónclave de capataces y
encargados se ayudaban entre ellos, nunca
pedían auxilio a los de las oficinas. Era darse
poco a valer.
Se burlaban de él.
Pero, a pesar del rugir de los viejos caudillos
de la manada, los cachorros le gruñían en sus
feudos.
El capataz, el químico y el ingeniero lo
aprobaron.
Aldo y René sonrieron, eran la generación de
relevo.
::::::
Cuesta cambiar... la tierra gira, pero
aún decimos que el sol sale por el este.
El puesto de ayudante había quedado vacante.
Tanto el químico como el capataz vieron la
oportunidad para que lo ocupara Aldo, el
proyectista amigo de René.
Todos los demás capataces, ayudantes y
hasta obreros, murmuraron.
Era la primera vez que se le daba un cargo de
mando a un joven técnico.
El concepto para dirigir personal era que el
responsable de eso tuviese años de experiencias,
fuese dogmático, autócrata, servil y abusador.
La gerencia tampoco estaba muy de acuerdo
en darle esa oportunidad.
Aferrada a la idea que el jefe nace y no se
hace, no razonaba que eso era de la época
donde el amo necesitaba mayordomos para
explotar a los esclavos.
Menos aún comprendía que hay dos tipos de
jefes: los caudillos y los líderes.
Los caudillos arrastran o empujan.
Los líderes son seguidos por la gente.
Diap 39
EL AYUDANTEEL AYUDANTE
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–Así es. Frulí y Pitini pueden dar fe de mi
capacidad.
–Nadie puede dudar de ella. El ingeniero lo
apoya por completo y el señor Pitini lo considera
uno de los mejores proyectistas. Pero no es
posible, aún le falta algo... ¡esto!
Con cínica sonrisa el gerente se señaló la
sienes, donde blanqueaba el cabello plateado de
peluquería.
René se levantó molesto y, haciendo acopio
de educación, dijo:
–Gracias, señor. Comprendo. Pero recuerdo
algo que leí: Los burros andan siempre por los
mismos caminos, tienen experiencia de eso... y
mueren siendo burros.
–¡Señor René!... Usted es joven, ya llegará su
momento. La oportunidad que tuvo el señor
Aldo es una excepción... y aún lo debe
demostrar. Espere... espere... la vida es larga.
René esbozó una sonrisa fingida y sin decir
más, salió.
::::::
Algunos meses después el jefe de la Oficina
Técnica anunció que se jubilaba.
Dibujantes y técnicos pensaron que ya era
tiempo, que poco o nada realizaba a no ser sus
siestas simulando revisar algún plano.
René habló con el ingeniero para ocupar esa
vacante. Éste, luego de decirle que tenía méritos
de sobra, le sugirió que llevase la propuesta a la
gerencia, que él la apoyaría.
El gerente lo recibió el día siguiente. René se
extrañó al ver salir de allí al ingeniero con una
sonrisa forzada.
El hombre, gordo, acicalado, metido dentro
su traje de saco cruzado, camisa blanca y corbata
fina, sin siquiera salir de su sillón gerencial lo
hizo sentar frente a él.
Antes había sido gerente del departamento
de ventas. La Gerencia General siempre estaba
en mano de vendedores y administradores que
habían triunfado gracias a su labia.
–Señor René... –dijo ampuloso– me explicó
el ingeniero Frulí que usted pretende ocupar el
puesto del señor Pitini, quien por la edad
lamentablemente lo perdemos.
Diap 40
EL AYUDANTEEL AYUDANTE
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
El jefe miró al joven y con una sonrisa
burlona se despidió.
Semanas después, anocheciendo, René estaba
con un empleado de personal en la avenida
Millán.
De la casa de citas próxima salió el auto de
Valgarez, la muchacha que iba con éste se
ocultaba envuelta en un pañuelo y tras una
revista.
René la reconoció... y el jefe lo reconoció a él.
El día siguiente se cruzaron en un corredor,
Valgarez, René y ese empleado quien para
hacer el gracioso, dijo:
–Anoche René y yo lo vimos. ¡Qué bien
acompañado estaba al salir de la amueblada de
Millán!
–Señor René... –preguntó Valgarez con una
mirada de hielo– ¿Usted sabe de que habla ese
hombre?
–No, señor. –respondió él– Yo no vi salir a
nadie de allí.
–Hasta luego, René. –Valgarez se despidió
sonriendo sobrador– Enséñele a ese señor... lo
que es un caballero.
::::::
La diferencia entre violar y seducir no
está en la fuerza sino en la palabra...
Tan rapidamente aprendió Marina que el
capataz, al saber que estudiaba contabilidad, la
ubicó como ayudante de la clasificadora de
calidad, lasciva mujer que cometía muchos
errores al contar.
La protegían dos cosas contra los cuales no
podía luchar Aldo:
Era esposa del capataz y la amante de
Valgarez, el jefe de planta, un galante hombre
que unía conocimientos técnicos y la habilidad
de conquistar mujeres.
Con Marina allí, todos ganaban: Terminaba
el problema en las cantidades. Ella tenía un
sueldo mejor. Y los jóvenes no la molestaban,
ya que el jefe solía pasar a menudo.
René iba cada tanto para dibujar los soportes
y embalajes de las piezas. Y, sonrojado, charlaba
con la muchacha.
Una vez, al llegar René, Marina hablaba muy
animada con Valgarez.
Al ver a René, la muchacha enrojeció.
Diap 41
EL AYUDANTEEL AYUDANTE
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–Aldo... –René respiró hondo– quizás con lo
que te diga se rompa nuestra mi amistad. Tal
vez hasta me odies. Pero no sería un amigo si te
lo ocultase... Marina anduvo con Valgarez... yo
la vi salir con él de una amueblada.
–Estaba esperando que me lo dijeras. –Aldo
tenía una sonrisa extraña– Eres un amigo... y
un caballero. Ella me confesó eso y que la
habías visto. Nunca dijiste nada. Cayó como
una tonta, sólo duró unas semanas. Te vuelvo a
preguntar: ¿Qué opinas si me ennovio con ella?
–Que serán muy felices. Y se amarán de
verdad. Los dos juegan limpio. Sin sinceridad
no hay amor... ni amistad.
Al saberse su noviazgo, la empresa no dejó
que Marina y Aldo trabajaran en la misma
sección. Lo volvieron a su antiguo puesto.
Pusieron un encargado del cónclave, y de
Jefe de Oficina Técnica a un viejo amigo del
Gerente.
Aldo y René tenían grietas en el muro y...
eran jóvenes.
...oo0oo...
:::::
Habían pasado algunos meses.
El sábado, al salir, Aldo invitó a René para
disfrutar un aperitivo.
Fueron al bar, se sentaron en una mesita al
fondo.
Aldo murmuró sereno:
–¿Qué opinarías si me ennovio con Marina?
Hace tiempo que andamos de dragoneo.
René sintió correr un frío en la espalda y
abrir una grieta frente a su corazón.
Estaba entre amistad y caballerosidad.
–Te felicito. Es una muchacha hermosa y
sencilla. –dijo haciendo preámbulo– Es difícil
responder sin confesarte algo primero... a pesar
de yo tener novia, ella me gustaba.
–Lo sé. –espetó Aldo, tranquilo– Y ella
gustaba de ti. Me lo dijo desde el principio. Sin
sinceridad no hay amor.
René pidió otra ronda. Necesitaba tiempo
para darse coraje.
Su amigo lo miraba de frente, como los
hombres.
Diap 42
EL AYUDANTEEL AYUDANTE
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Diap 43
EL CABALLO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
09 EL CABALLO
Perdoná si al recordarte
se me espianta un lagrimón... (Tango)
El bar era el centro de reunión al salir de las
fábricas, de especial manera los sábados a las
doce. En aquella época las empresas trabajaban
la mañana de ese día.
Al finalizar esas horas, el personal se daba
cita en el bar para tomar el aperitivo del
almuerzo.
Eufemismo que servía para llegar con unas
cuentas copas a la casa.
El personal femenino tardaba en salir. Ellas
se hacían desear.
Sábado, tarde libre, los hombres dispuestos... y
las mujeres arregladas, mejor vestidas, listas
para disfrutar.
Iban en grupos y pasaban frente a las
vidrieras del bar. El lenguaje de los ojos no
necesita palabras.
Antes que ellas llegasen a la avenida, muchos
hombres habían pagado al bolichero y
saludaban deseando un feliz fin de semana.
Pronto se llenarían los cafés, restoranes y...
amuebladas.
Las cuadras tenían formas raras en el barrio
donde estaba la fundición.
Eran cuadriláteros deformes que hacían dudar
que la suma de sus ángulos diese 360 grados.
El complejo industrial estaba cerca de la
bahía y llegaba la brisa de ella. Eso refrescaba
en verano, pero en invierno todos envidiaban
trabajar en la fundición o en la esmaltería.
En la cuadra siguiente, hacia la avenida, había
un boliche en la esquina. Ese bar, y el almacén
frente a él, eran el límite entre la zona industrial y
las casas de familia.
Subiendo, se iba por las veredas de las viejas
mansiones. Muchas convertidas en casas de
huéspedes y conventillos, pero en otras aún
vivían algunas familias antañonas.
Bajando, se pasaba entre las industrias
llegándose hasta el mar. A una ancha calle
llamada rambla, llena de restos oxidados.
Años idos habrían paseado por ella los sulkys
con las señoritas del entonces residencial barrio
Capurro.
Había que despenar al viejo corcel.
Don Giani y Valgarez extrajeron cada uno un
arma.
El silencio dominó el lugar. Todos sabían
que Mara, la esposa de Giani, era la amante del
jefe de planta.
–¿Tiene usted permiso para usarla? –preguntó
Valgarez.
–Sí... –respondió Giani– Y sé cuando. Ese
animal está sufriendo y nos hace sufrir... no
tiene remedio. Hay veces que la muerte es la
única solución.
–Usted tiene razón. Debemos hacerlo... los
dos.
Don Giani mandó que se fueran los curiosos.
Desde el bar se oyeron dos disparos.
Poco después entraban los tres hombres.
Valgarez volvió a su mesa.
El capataz con el cochero fueron al mostrador y
pidieron una caña.
Luego, el bolichero les sirvió otra ronda. Dijo
que estaba paga.
Miraron hacia Valgarez, éste ya se había
marchado.
Diap 44
EL CABALLOEL CABALLO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
::::::
Sábado. En una mesa del bar estaban Don
Giani, Aldo, René y Frulí, el químico.
Charlaban haciendo bromas de cosas sucedidas
en el trabajo y, logicamente, de fútbol.
En otra mesa, cercana al ventanal desde donde
se veía la calle, Valgarez hablaba con su voz
pausada a algunos empleados. Siendo Jefe de
Planta, le sobraban adulones.
De pronto se oyó el chirrido de una frenada
violenta, un relincho de terror y un impacto
apagado.
Todos salieron a la calle. El espectáculo era
deprimente, causaba angustia.
Un viejo camión había arrollado al caballo
del carro de un panadero. El aliento del chofer
denunciaba su estado.
El dueño del matungo acariciaba al pobre
animal. El caballo estaba tirado en el suelo, los
enormes ojos indicaban el dolor que sentía,
resoplaba con dificultad, no movía sus patas,
estaba desnucado.
Su amo le soltó las arneses que aún lo tenían
aprisionado y, con voz que indicaba su aflicción,
preguntó si alguien tenía un revólver.
Fue un sábado de tarde. René y Aldo estaban
reparando un baño. Necesitaron productos
para completar la carga.
Eran materiales tóxicos, sólo podía autorizarlos
el jefe de planta, el químico o en su defecto don
Giani.
El químico había ido a Punta del Este. Don
Giani no tenía teléfono.
El encargado de almacén llamó a Valgarez a
su casa, no estaba.
Buscó otro número telefónico y discó. Luego
de hablar, colgó.
Y, con sonrisa irónica, dijo a René:
–Andá a este apartamento, allí el jefe te
firmará la orden.
Era en el Bulevard, cerca de la bahía. Fue
caminando. Tocó el timbre,
Mara le abrió la puerta. Valgarez reposaba
en un sillón, comodamente.
Y en el balcón, mirando el paisaje, estaban...
¡los dos hijos de don Giani!
Cuando René salió, llevaba el comprobante
firmado y una terrible grieta en el muro frente a
su corazón.
::::::
Vanidad de vanidades,
todo es vanidad. (Biblia)
Don Giani Gutartig era un gaucho nacido en
la frontera con Brasil.
Llegó a la ciudad, joven, chúcaro, apenas
sabiendo leer y escribir. Con esfuerzo aprendió,
llegando a ser un buen capataz y especializándose
en esmalte.
En su trabajo era un instructor afable y
simpático que enseñaba con dedicación al
personal. Pero, sacando esos momentos, se
volvía una persona callada, introspectiva.
Se casó con una obrera hermosa, sensual...
que anduvo con muchos. Su nombre era
Margarita y la llamaban Mara, de maragata,
criolla del departamento de San José.
Mara le dio una hija y un hijo idénticos a él,
se convirtió en la amante predilecta de
Valgarez, fue en todo sentido de la palabra la
esposa de Giani, lo tenía prisionero de ella.
Pero sólo era la mujer de un hombre: del
flaco Camilo, conocido por el Canario, un
delincuente de Canelones, malandro, vividor,
bruto, con salvaje dominio sobre Mara.
Diap 45
EL CABALLOEL CABALLO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–Lo sé. Y las gracias se las doy a usted. Fue el
único que actuó como un hombre. Los demás
hicimos estupideces.
El jefe de planta se levantó dándole la mano.
Pero René no lo valorizaba como antes.
El ser caballero y tener honor es algo que se
gana día a día... y se pierde en un instante.
Comprendió que la fuerza de un hombre está
en vencer sus debilidades, sin embargo la
debilidad de una mujer es su fuerza.
Y Mara era más fuerte que esos dos hombres.
El Canario, al enterarse del suceso, apareció
por el bar.
Decía que él podía hacer lo que quisiera con
Mara. Que ni marido ni galán con apartamento
le ganaban.
Para demostrarlo alquiló un pequeño garaje
en la calle por donde pasaba el personal hacia
el complejo.
Obligó a Mara ir a vivir allí con él...
Y ella, a pesar de hijos, marido, amante, fue
tras él como una perra.
::::::
René nada contó. Pero donde haya mucha
gente sobran chismes. El lunes corría el rumor
sobre donde había ido. Don Giani se encontró
con René cerca de los hornos.
–¿No tienes nada que decirme? ¿No viste
nada en ese apartamento? – le preguntó, serio.
–Nada... –respondió viéndole a la cara– Me
quedé en el corredor esperando. Valgarez firmó
la orden y me la dio.
A Don Giani se le humedecieron los ojos y
dijo al irse:
–Botija... No conozco tu padre, pero tenés
buena cepa.
Cerca de mediodía Valgarez llamó a René a
su oficina. Fue con temor, los enredos donde
hay sexo pesan más que los méritos. El jefe se
levantó y le abrió la puerta haciéndole sentar.
Luego se sentó junto a él, diciéndole:
–He dado la orden que desde hoy usted
puede firmar las solicitudes de productos
químicos en mi ausencia.
–Gracias, señor.Corresponderéa esa confianza.
Diap 46
EL CABALLOEL CABALLO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Poco después el Canario entraba al bar. Pidió
una grapa y fue a la mesa más alejada.
El día siguiente, Mara venía con sus compañeras
en el tranvía, charlando como si nada hubiera
pasado.
Al llegar la tarde, ella se fue con sus amigas.
El malandro esperaba en la entrada del garaje.
Mara cruzó para la vereda contraria y, sin
mirarlo, se dirigió hacia su casa.
Esa noche el Canario se reía en el boliche
diciendo que el pobre marido había llegado
llorando, que había rogado a esa perra que volviese
para su hogar, que hasta se había arrodillado
pidiéndole que lo hiciera por los hijos.
Sería cierto... pero nadie se atrevió a preguntarle
porqué cuando pasó eso, él estaba solo en
aquella mesa del bar.
Pasó casi un mes. Don Giani y su esposa iban
y venían en distintos transportes.
Mara volvió a ser la madre de sus hijos.
Alguien dijo que la habían visto entrar otra
vez en el apartamento de Valgarez.
El Canario seguía en el garaje.
::::::
Sólo lo valientes tienen el coraje
de llorar. (Anónimo)
Los siguientes días fueron humillantes para
don Giani. También lo eran para Valgarez, pero
éste lo disimulaba.
Cada mañana el Canario, cuando pasaban
los obreros para la fábrica, se sentaba frente al
garaje tomando mate con Mara ya vestida para
trabajar.
Por la puerta entornada se veía detrás un
miserable catre todo revuelto.
Y en la tarde, al irse el personal, la mujer
salía apresurada para ese tugurio. El Canario
esperaba con la puerta abierta. Y allí, frente a
todos, la manoseaba saludando a la gente.
El capataz Giani se quedaba, yéndose con la
penumbra del anochecer, pasando lento y en
silencio frente al garaje.
Dicen algunos que una noche se detuvo y
golpeó en la puerta. El canario Camilo abrió.
Don Giani pudo ver a su esposa desnuda en el
catre, apenas tapándose.
Giani entró y cerró la puerta.
Diap 47
EL CABALLOEL CABALLO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
La policía dijo que el Canario se había
suicidado...
¿De tres formas?... ¿Para qué averiguar más?
Una basura menos.
A nadie importó que la autopsia diera que las
balas eran de dos revólveres ni que Valgarez y
Giani tuviesen armas y las llaves del depósito
de productos químicos.
Al ser los hijos mayores, don Giani se divorció.
Luego lo hizo Valgarez. Mara y él vivieron
juntos en el apartamento.
Una vez don Giani hablaba con René. Sacó
su billetera. En ella estaban las fotos de sus dos
hijos... y la de Mara.
Notó que René la había visto.
Como tal cosa, le recordó aquel accidente
con el caballo.
Serenamente comentó:
–Ese animal estaba sufriendo y haciendo
sufrir... no había remedio. Hay veces que la
muerte es la única solución.
René sintió que dos grietas se achicaban en
el muro.
...oo0oo...
::::::
Un día, Mara faltó al trabajo. El siguiente,
cuando subió al tranvía, tenía su hermoso y
sensual rostro con moretones. Le preguntaron
cómo su esposo había podido hacerle eso.
Ella se limitó a contestar que él no había
sido. Y las compañeras pensaron en silencio
que menos lo hubiese hecho Valgarez.
Sólo quedaba uno capaz de esa bajeza.
El jefe de planta, sin temor a las murmuraciones,
la llevó a una clínica para que la curaran.
Don Giani la acompañaba en la mañana y
tarde, yendo a su lado como un guardián.
El canario Camilo, frente a la puerta del
tugurio, gritaba groserías.
Dicen que una noche vieron a Mara entrar al
garaje. Pero, la mañana siguiente venía en el
tranvía, como siempre.
Ese día el malandro no salió a la puerta, el
otro tampoco... y el otro.
Violentaronlaentrada,eloloreranauseabundo.
El Canario yacía con dos tiros en el pecho. A
su lado había un arma. Además tenía cianuro
en su boca.
Diap 48
EL CABALLOEL CABALLO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Más tarde, René supo que su madre se lo
había dado.
Fue otro ladrillo con que formar el muro a su
corazón.
::::::
–¡René!... ¡Franzuá!... ¡Baja de esa nube!...
¡Aterriza!
Frente a él tenía a Carlos Noumercat, compañero
de viaje y, por pocos años, de infancia.
Se había mudado con sus padres cuando
éstos compraron casa en otro barrio.
La amistad volvió al reencontrarse en el liceo.
visitándoseen suscasasyayudándosemutuamente.
Carlos era bueno en Historia y Biología pero
nulo en matemáticas y ciencias, materias donde
René se destacaba.
Además, Carlos tenía una hermosa hermana
menor, y René una atractiva vecina compañera
del liceo.
Con ésta charlaban en el sopor de las tardes
de verano, bajo el parral del fondo, viendo sus
torneadas piernas al hamacarse.
Sentado en la Plaza Libertad, René esperaba.
Había ido al Ministerio y dentro dos horas le
darían el documento.
Estaba en un banco alejado de la avenida. El
ruido de los ómnibus llegaba amortiguado.
René saltó el muro que cuidaba su corazón y
entró en el mundo de los recuerdos:
Su hermano Yamandú sólo tuvo la apariencia
de francés. Callejero, pícaro, antes de los 18
años era conocido en los quilombos, bares y
clubes políticos del lugar.
Sus padres todo le permitieron. Sin embargo
a René le exigían rectitud. Pero René era el
mayor. Y Yamandú el más simpático.
Gracias a Renoir entró en la destiladora. Al
poco tiempo estaba metido en el sindicato.
Yamandú haría allí su vida sin problemas y
querido por sus compañeros.
Una vez le pidió dinero a René. Había
embarazado a una muchacha y la haría abortar.
Él se lo negó. Si era hombre para preñar,
debía serlo para todo. Yamandú le insultó.
Diap 49
LADRILLOS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
10 LADRILLOS
Paso a paso, golpe a golpe...
–Ella a veces cosía. El viejo tiene sus contactos
y pudo conseguirle eso. Le ayudó mucho el
padre de los mellizos. ¿Los recuerdas? El que
quedó vivo está bien acomodado.
–¿Ah... sí? ¡Qué suerte! –la voz de René
sonaba amarga.
–Mamá, para no aburrirse, puso una mercería
en el garaje. Tú sabes como es ella, siempre se
mantiene joven.
–¿Y tu hermana? Debe ser una hermosa
mujer. En mi memoria la veo como una bella y
tierna chiquilina.
–A veces hablamos de ti, te recuerda con
mucho cariño. Tiene novio. Ella ya está en
Preparatorios de Medicina. A mí me falta poco
para recibirme. Fin del informe. Te toca a ti.
–Me casé con Edith, la menor de aquellas
tres hermanas que iban al liceo. Tengo una hija
de un año, se llama Raquel. Abandoné la
carrera.
–Mi viejo me dijo que trabajabas en un
complejo importante. Que tu papá está
orgulloso de ti. –cortó Carlos.
Entre los tres nació una excesiva confianza.
Fuese por el repetido pregonar del ideal de
René, por la amistad, o por morbo que
despertaba el calor y el silencio de la siesta,
comenzaron a tratar temas sexuales escabrosos.
Así se confiaron que era lo que les causaba
reacciones eróticas, les apasionaba, y hasta la
forma de desahogarlas oníricamente. Pero,
parecía que no pasaran de allí.
Al crecer, esas conversaciones desaparecieron.
Ella se fue con su familia para el barrio Paso
Molino. Y cuando terminaron bachillerato,
eligieron caminos distintos.
Carlos seguiría Medicina. Ella, Abogacía.
–¡René!...¡Baja de esa nube!... –repitió su
amigo, riendo.
–¡Carlos!... ¡Cuantos años sin verte! Siéntate.
¿Cómo te va? ¿Cómo está tu mamá? De tu viejo
sé por mon per.
–Llevas el francés metido adentro por más
reo que parezcas. –dijo burlón– La vieja se
jubiló por ley madre.
–¿Tu mamá trabajaba?... No me acuerdo.
Diap 50
LADRILLOSLADRILLOS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–¡Carlos!... por favor. A ver si el centro te ha
cambiado.
–Parece que recitaras la letra de un tango. –
se burló sarcástico– El sexo es como cualquier
artículo y se puede hacer negocio con él. Vos
viviste tu juventud en un idealismo del amor y
la amistad... ¿Y cual fue la verdad?
–Muchas veces fue namarga. Rita, aquella
petisa, la que yo quería como una hermana, me
defraudó, estaba a mi lado porque quería ser mi
novia. Me dolió cuando me lo dijo Leonor, ésta
fue una verdadera amiga.
–¡Qué tonto eres, René! Leonor estaba
enamorada de ti. Lo que hizo fue sacar una
rival del camino. Mira, la amistad entre un
hombre y una mujer dura hasta que sienten
que tienen sexos distintos. Lo demás es puro
cuento.
–Tienes razón, somos carne. –dijo triste
René– El tiempo me lo ha demostrado. Creo
que le peor que hizo aquel simio lampiño no
fue bajar de los árboles sino pensar.
–Sí... Era proyectista. Renuncié. Estoy
esperando ir al ministerio por un documento.
Me voy a Venezuela. Un artista amigo nos
contrató para fundar allí una empresa. Quiero
ver si podemos hacer algo sin los vicios de acá.
–No cambias nunca, René. Siempre eres el
mismo iluso, idealista, romántico. Ojalá logres
tu sueño. Pero la vida y la gente es igual en sus
cosas internas y en el cuerpo... Lo que dicen y
aparentan es eso: pura apariencia... Te lo digo
yo que la he visto abierta. Es sólo carne.
René estaba demasiado esperanzado con su
futuro para deprimirse frente a la realidad que
decía su amigo.
Sabía que era así, y eso le había obligado a
formar un muro frente a sus sueños y al
corazón. Preguntó, desviando el tema:
–¿Qué especialidad vas a seguir de medicina?
–Cualquiera donde gane bien. Tengo un
profesor amigo que tiene una clínica, es urólogo...
Y medio... –hizo un gesto significativo– En una
de esas me acomodo.
Diap 51
LADRILLOSLADRILLOS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–Te dejo, me esperan en la clínica de ese viejo.
Que tengas suerte allá. – y se fue olvidando
darle la mano.
René quedó rumiando sus recuerdos en el
banco.
Sí, era cierto, también Leonor traicionó su
amistad. Y así otras más, que la fingían para lograr
un marido. Aún luego que él estaba casado.
Sí, era cierto, aquella compañera vecina se le
había insinuado muchas veces, pero él guardaba
su amor para el día que encontrase el verdadero.
Sí, pero también era cierto que la madre de
Carlos lo había incitado al saber que René era puro
aún... y él se hizo el tonto por respeto a su amigo.
Sí, seguía siendo un idealista romántico en un
mundo de realidades y carne.
Pero eso era la argamasa que mantenía unido el
muro que protegía su corazón.
Muchos fueron las ladrillos con que levantó ese
muro... y en él siempre se formaban grietas.
...oo0oo...
–Por favor... –Carlos se puso irónico– Búscale
el lado positivo. Si el hombre no pensara y
tuviese problemas con eso... ¿con qué comerían
los médicos siquiatras?
René largó la risa mientras movía la cabeza,
y afirmó:
–Siempre fuiste el más alegre del grupo. ¿Te
acuerdas de aquella compañera vecina con
quien charlábamos bajo el parral en las tardes
de verano? ¡Qué locuras decíamos!
–Jamás podré olvidar sus piernas al
hamacarse. Ya se recibió de abogada. Trabaja
en un escritorio de la Ciudad Vieja. También
con ella fuiste zonzo, estaba loca por estar
contigo. Pero tú ni le diste importancia. Mejor
para mí, una tarde que tú habías salido,
aproveché su entusiasmo.
René frunció la cara molesto por la falta de
delicadeza de Carlos.
Éste se dio cuenta de ello y, levantándose,
dijo:
Diap 52
LADRILLOSLADRILLOS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Félix constituía un individuo mesurado,
ecléctico, justo.
Sin embargo tenía dos predilecciones:
La fiel amistad con su compañero Bruno y el
intenso cariño a su gata Miñón.
Bruno era la antítesis: alegre, dicharachero,
bromista, jaranero, burlón, atrevido, superficial,
fanático, ambicioso.
Parecía imposible que hubiese algo símil con
Félix. Pero, eran los dos amigos más unidos del
grupo.
Tanto, que Félix había sido el padrino de
casamiento de Bruno y de bautizo de Marión,
su primer y pequeña hija.
Miñón era una gata consentida, común, de
ninguna raza.
No tenía dueño, era ella. Si quería, se refregaba
a Félix ronroneando o, indiferente, dormitaba
donde le antojase.
Sólo demostrabados debilidades:
Acostarse sobre las piernas de Félix cuando
estaba escribiendo o leyendo, y dormir en la noche
a los pies de él.
Félix formaba parte de un grupo de seis
amigos, entre los cuales estaba René, quienes
desde el liceo tuvieron esa unión sobre las
diferencias ideológicas y económicas.
Félix era un hombre bueno. Tranquilo, serio,
respetuoso, servicial, amable, introspectivo,
formal.
Pertenecía a esa gran masa que cumplen su
trabajo cabalmente, sin afán de destacarse
sobre los demás.
Uno más de tantos anodinos.
Tenía un amplia cultura general que hacía
interesante su conversación por estar al día en
los sucesos actuales como en el saber universal
e histórico...y resultaba aburrido.
Sencillo, sociable, pero no le atraían las
fiestas alocadas ni la cháchara insulsa ni las
discusiones pueriles.
Tampoco caía en fanatismos por deportes,
religión o ideas políticas.
Naturalmente un ser así debía ser soltero y
vivir solo.
Diap 53
LA GATA
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
11 LA GATA
Uno no es dueño del gato.
El gato vive con uno.
Dedicado a Miñón, Estrellita y Rayita...
Y a Mimí I y Mimí II…
En el almuerzo dijo, entre risas, que el plato
del domingo estaba en su casa y era una
sorpresa.
En la tarde salió a buscarlo. No volvió en la
noche y se hicieron bromas sobre la esposa que
no lo dejaba volver.
El domingo, cerca de mediodía, llegó con dos
asaderas.
Traía liebres cocinadas a la cazadora. Las
disfrutaron con un delicioso vino blanco. Y
Félix lo felicitó al terminar.
–¿Te gustó la liebre que te tocó? –preguntó
Bruno.
–Exquisita y tierna. –contestó su fiel amigo
Félix.
–Me alegra... –y, con una carcajada,
completó– ya que te acabas de comer a tu gata
Miñón.
La mayoría largó la risa.
Félix tuvo en su rostro todas las expresiones
imaginables para, finalmente, pararse e ir a
vomitar.
Volvió y nada dijo. Con los meses la broma
se hizo anécdota y Félix la aceptaba en silencio.
::::::
Los seis amigos estaban reunidos ese primer
domingo de marzo en la casa de playa de
Miguel. Era una tradición que tenían desde
cuando todos finalizaron la secundaria.
Iban allí el sábado, solos, y disfrutaban dos
días como si fuesen liceales otra vez.
Recordaban, se hacían bromas.
También era tradición que uno de ellos
hiciera la comida o la trajese, rotándose cada
año. Al inicio fueron parrillada. Pero al casarse,
cada esposa quiso que el marido llevase algo
donde ella mostrar sus habilidades culinarias.
Hacía cinco años que René se había ido. Se
reunieron, recordándolo.
Le correspondía el turno de cocinar a Bruno
quien era buen cazador y se había lucido con
sus presas. Una ocasión fue con un carpincho,
otra con unas perdices.
Félix sólo lo acompañó una vez a cazar, no
entendía que se matase por el placer de hacerlo
y lo llamasen deporte.
Este sábado Bruno trajo un jabato y pidió a
Félix que le ayudara a cocinarlo en la parrillera.
Se burlaron por lo poco que había traído.
Diap 54
LA GATALA GATA
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
El turno de la comida le correspondía a Félix.
Siendo soltero, lo normal es que hiciese una
parrillada el sábado, en tanto el domingo
preparaba pastas con salsa.
Sin embargo esta vez hizo las pastas el
sábado, diciendo que el plato del domingo era
una especialidad que le estaba preparando su
novia en la ciudad.
Lo felicitaron, nadie sabía de su noviazgo y se
relamieron anticipado puesto que imaginaron
que ella querría lucirse.
Luego del almuerzo Félix se fue. Iba a buscar
eso. Se rieron diciéndole que era una excusa
para estar con ella.
El domingo, pasado mediodía, llegó en su
coche. Traía dos fuentes de lechoncito trozado
con papas al horno y hecho a la gallega.
Lo disfrutaron con un vino tinto.
–Félix, esto es exquisito. –dijo Bruno medio
embriagado.
–¿Te gustó?... Me alegra... –y, con una
sonrisa cruel, completó– ya que te acabas de
comer a tu hija Marión.
::::::
Llegó el segundo cumpleaños de Marión. El
festejo en la casa de Bruno fue acorde a su
nuevo cargo de gerente.
Félix le trajo a su ahijada un hermoso regalo.
La broma pesada era cosa pasada.
El siguiente domingo Félix les pidió llevar a
Marión con la madre de él.
La pareja se la entregó con la felicidad de
poder pasar un día a solas.
La niña fue contenta con su padrino y lo
volvió aún más.
Esa vieja superaba en cariño a su propia abuela
y la había llevado al parque de diversiones.
Esa salida se volvió mensual, como habitual
fue llamar a Félix: tío.
Los seres buenos y anodinos son siempre
tíos.
::::::
El año siguiente, aprovechando que René
había venido de paseo, los seis amigos se
reunieron en la casa de playa de Miguel.
Nadie quería recordar lo sucedido.
Diap 55
LA GATALA GATA
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Bruno entró a la casa. Tomó un arma.
Salió, se subió al coche yendo como un
demente al apartamento de Félix.
Golpeó brutalmente la puerta. Félix la abrió.
Mantenía la sonrisa cruel.
Bruno disparó el arma.
Félix cayó para atrás por el impacto... y,
sonriendo en su agonía, le murmuró:
–Vas a pagar por lo que le hiciste a Miñón.
En un momento la sala se llenó de gente:
Llegó la policía y detuvo a Bruno.
Llegó la novia de Félix desde el parque de
diversiones. Traía de la mano a Marión.
La novia había hecho el lechoncito.
Nunca pudo saber si él había gustado de ella
ni casarse con Félix.
Estaba muerto.
A Bruno le dieron siete años de cárcel.
Todo por una broma pesada...
¿O por una gata común?
René perdió dos amigos... y tuvo otra grieta
en ese muro.
...oo0oo...
En esta ocasión no hubo risotada. Félix no
era hombre de hacer bromas.
Su cara seria, la sarcástica sonrisa y el
recuerdo de lo hecho a su gata, no hacían dudar
Bruno había quedado estático, no quería
entender las palabras.
Los otros compañeros reaccionaban desde el
asombro a la incomprensión, de la repugnancia
al vómito.
Y Félix, impasible, fue para su auto.
Bruno corrió tras él, gritando que lo iba a
matar. Los demás lo contuvieron.
Al partir el coche de Félix recién empezaron
a razonar y decidieron ir a la policía. René llevó
a Bruno a la casa de éste.
Allí, su esposa indicó que en la mañana
había estado Félix para llevar Marión a la casa
de su madre, diciendo que él no había ido a la
comida por estar mal del estómago.
Llamaron por teléfono a la madre de Félix,
ella informó que desde el viernes no sabía nada
de su hijo.
La señora de Bruno temió algo. Le dijeron lo
sucedido y enloqueció.
Diap 56
LA GATALA GATA
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
René fue un idealista que gustaba del reto.
Tito era hijo de marselleses. Constituía uno
de esos seres que parecen insignificantes, pero
guardan los emociones y sufren.
Tenían cosas en común: eran introspectivos,
hablaban el francés, tuvieron que hacerse
respetar, y llevaban dentro sí un muro con que
proteger sus sentimientos.
También coincidían en sus conocidos de la
infancia: El ya médico Carlos Noumercat. Y
Charles Chiassé, un botija degenerado, luego
vuelto un malandra de alias "El Choto".
En esos días de julio, René supo y presenció
cosas que le obligaron a reforzar su propio
muro contra la realidad.
Pero desgraciadamente se abrieron otras
grietas.
Grietas que también se abrían en el muro de
Tito, e hicieron que le confiara a René hechos
acontecidos mientras éste se hallaba lejos, y
que fueron causas de esos sucesos.
René recostó la cabeza en la ventanilla del
avión. Volvía para Caracas una vez más.
En esta ocasión su retorno era triste.
Había venido a Montevideo al saber que su
padre había tenido una hemiplejia quedando
paralítico.
Además encontró a un país que no parecía
ser el mismo.
Familiares y amigos se habían convertido
con los hechos sociales y políticos en seres
hoscos y separados por ideas extremas.
Su hermano pertenecía a un grupo extremista y
escalaba en la simpatía popular como en los
ambientes politicoides.
Su nombre Yamandú le servía de gancho.
René tomó el aeroplano en esa tarde invernal
despedido sólo por su madre, su cuñada Elsa y
por Tito Lemond.
Éste era un antiguo compañero de la escuela.
Diap 57
LOS DOCTORES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
12 LOS DOCTORES
En Grecia, desde lo alto de las gradas,
el público veía actuar en el teatro.
Ahora el pueblo siempre está abajo...
y desde arriba lo miran los actores
–Siempre fuiste un tonto. –le afirma Charles,
burlón– Yo también trabajo de noche... o las
hago trabajar. Y vivo bien. ¡Andá a decirle a
este doctor que estoy aquí!...
Alargó la tarjeta de un famoso abogado. Iba
dirigida al doctor Maldoné.
Tito dudó un momento y Charles repitió:
–¡Andá... avisale... ya vas a ver como me
atiende.
Lemond cerró la entrada dejándolo afuera.
Fue hasta el consultorio. Golpeó la puerta, y
recibió la orden de entrar.
–Doctor, afuera hay un señor. Dice que Ud.
lo espera.
–Así es, señor Lemond. Hágalo pasar, por
favor.
–Perdone, doctor... si Ud. quiere, me quedo
cerca. Yo lo conozco. Ése es un individuo
peligroso.
–No se preocupe, señor Lemond. Es un
herido que me envía un amigo. ¿Hay alguien
más en la clínica?
–No, doctor. Haré pasar a ese señor.
::::::
Todo es igual nada es mejor... (Discépolo)
Diciembre de 1954
Clínica Dumentís. Ocho de la noche. Verano.
Los únicos que quedan son el doctor y director
Mario Maldoné, y el vigilante Tito Lemond.
El sereno ve llegar alguien que le hace tocar
el arma instintivamente, es Charles Chiassé.
El hombre era para impresionar: musculoso,
de estatura regular, pantalón ajustado, saco
brillante, pañuelo al cuello y sombrero de
medio lado.
Una pobre imitación de Gardel.
Completaba el cuadro con su malvado rostro
donde un esparadrapo cubría la mejilla izquierda.
Desfachatado, se queda frente a Lemond y
con una sonrisa cínica le dice:
–¿Hola, Tito? ¿Eres cuidador aquí? Hace
tiempo que no te veía... ahora yo vivo en la
Ciudad Vieja.
–¿Cómo estás, Charles? Llevo dos años de
vigilante en la Clínica. Es un trabajo nocturno,
pero da para vivir.
Diap 58
LOS DOCTORESLOS DOCTORES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Lo halló en una relación afectuosa de caricias
y ternuras con un amigo.
Desde ese momento ella vivió junto a él sólo
por su apellido de renombre en la sociedad, su
dinero... y para humillarlo engañándole con sus
amigos.
Maldoné entró en un círculo de seres similares y
que se comprendían.
Le agradaba ser amado por un hombre, pero
jamás se había entregado.
Sabía que una vez tomado ese camino, no
tenía retorno. Y algo le frenaba.
No fue así en Gacheaux. Hacía años que
había caído en mano de los pervertidos que
viven de esa debilidad que debe ser secreta
cuanto más alta sea la posición social.
El doctor Mario Maldoné estaba frente a uno
de ellos. Tenía miedo que lo descubriera.
Y por otro lado, lo deseaba.
Se levantó con nerviosismo, diciéndole:
–Veamos. Pero le advierto que soy urólogo.
–Gacheaux aseguró que usted se encargaría
de todo.
Cuando el visitante entró, el médico pudo
comprender que el vigilante tenía razón en
preocuparse.
Sin embargo ese hombre tenía algo que hizo
estremecer intimamente al galeno.
Charles quedó de pie y, sonriendo, le espetó:
–Buenas, doctor. Me manda el abogado
Gacheaux.
–Siéntese,porfavor. El doctor Gerardo Gacheaux
me ha informado que necesita un favor.
–Bueno, doctor. Lo que quiero es que me
quite este tajo. En cuanto a lo de hacer
favores... que lo diga Gacheaux.
Maldoné tembló. Este malevo sabía lo de su
amigo. ¿Sabría también que él necesitaba esa
emoción? Había luchado contra ella desde su
juventud. Nunca había caído como Gacheaux,
pero se sentía atraído por los hombres.
Se había casado y tenía una hija. Se esforzó
por ser buen esposo y buen padre, pero sólo
logró lo segundo.
A los pocos meses de estar embarazada, su
esposa un día entró en el consultorio de la casa.
Diap 59
LOS DOCTORESLOS DOCTORES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–Ni tiempo me dio a atajarme, si no sería
otro el herido... Lo que pasó es que la hermana de
él tenía calientes a todos, pero no le daba corte a
nadie. Yo no me quedé con la gana. Una noche
la esperé. Con unos golpes lo demás fue fácil.
Lloraba, amenazaba. Pero, como todas, no contó.
Había detallado analizando las reacciones
del médico. Observó cierta crueldad y reflejos
de deseo. Se levantó.
–Bueno, doctor. ¿A qué hora vengo mañana?
–A las nueve. Lo atenderá el doctor Landreira.
No le comente nada. Diré que Ud. es hijo de un
conocido mío.
–¡Vaya con el viejo! Resultó amigo de un
doctor. –dijo irónico el malevo estrechándole la
mano y reteniéndola.
Sintió que se humedecía. Maldoné la retiró
bruscamente.
–Buenas noches, señor... ¿Su nombre?
–Charles Chiassé. Me dicen "El Choto".
Buenas, doctor.
Al salir a la calle sintió tras él el golpe de la
vieja puerta colonial, dado con ganas por Tito.
Sonrió cínico.
–Otro más para la colección... –murmuró.
Maldoné le quitó el esparadrapo y observó la
herida.
Partía desde la oreja hasta llegar a la comisura
del labio.
El médico, algo turbado, le dijo:
–Tendrá que venir mañana, sólo el especialista
en cirugía plástica podrá opinar. Lo único que
puedo decirle es que quien puso los puntos no
colaboró mucho.
–Fue el desgraciado de la Asistencia. Es seguro
que lo hizo a propósito, como es amigo del que
me cortó.
Maldoné volvió a poner el vendaje.
El caficio continuó:
–El tajo lo hizo uno que estudiaba para doctor.
Gacheaux se lo hará pagar al máximo. Y total,
por una mujer.
–Ajá, mujeres y cuchillos, el barrio mantiene
su fama.
–¿Qué fama? Ya los guapos que quedan somos
pocos. Los demás son afeminados que quieren
tener un título.
Sonrió al ver que el médico se ponía serio. Y,
siguió:
Diap 60
LOS DOCTORESLOS DOCTORES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
::::::
Maldoné se sentía dichoso.
El hombre que bailaba con él la apretaba
murmurando cosas provocativas.
Dentro de su disfraz se sentía libre, sensual,
sin disimular sus emociones.
En un palco vio a Gacheaux con su vestido
de china.
Se encontraba junto a Charles "El Choto" y
otro hombre que le hacía caricias a la china.
Maldoné estaba descontrolado, audaz.
Se dirigió al palco.
Se pegó al Choto.
Éste la abrazó acariciándole las caderas.
Mario se estrechó locamente.
Deseaba estar con ese hombre. Ser de él.
No lo había olvidado desde la clínica.
Media hora después los cuatro se dirigían al
apartamento.
En aquella noche de orgía, Maldoné perdió
la privacidad de su secreto...
Y empezaba a pagar por su anormalidad.
::::::
Cuesta abajo en la rodada... (Tango)
Febrero de 1955
La esposa y la hija de Maldoné hacía días que
habían ido a un lujoso balneario para disfrutar
allí el Carnaval.
El doctor estaba en el apartamento que
Gacheaux tenía próximo a la Plaza Independencia
para sus intimidades.
Cerca, en el viejo teatro, se realizaban bailes
de disfraces. Allí iban los tenorios a conquistar
las mascaritas, que no eran otra cosa que las
mismas yiras detrás de un antifaz.
Pero, había otro tipo de conquistas. Eran los
invertidos, transformistas y homosexuales,
quienes aprovechaban para librar sus ansias
reprimidas y ser lo que deseaban.
Gacheaux, vestido de china y maquillándose,
le dijo:
–Vamos Mario, disfrázate tú también y
vamos al baile.
–No sé... ¿Y si me descubren? ¡Qué escándalo
sería!
–No seas zonzo... Tenemos amigos influyentes.
Vamos. Estás deprimido. Yo te comprendo.
Vamos, querido.
Diap 61
LOS DOCTORESLOS DOCTORES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Sintió el brazo de Carlos cruzando sobre él,
la tibieza de su suave cuerpo contra su espalda,
y le embargó de nuevo esa agradable emoción
mientras le oía decir:
–Es una llamada para ti.
Le entregó el aparato y, educadamente, se
dio vuelta para no presenciar la conversación.
Maldoné reconoció la voz de su interlocutor.
Molesto, se sentó en el borde de la cama.
Escuchó en silencio y luego respondió alterado:
–Está bien. Yo te los llevaré. Como siempre
en la rambla. Pero ésta es la última vez. No
quiero verte nunca más... y yo también tengo
amigos poderosos.
Colgó devolviendo el aparato a Carlos, éste
no necesitó averiguar quien había llamado.
Abrazó al doctor y le fue calmando suavemente.
Maldoné, en la penumbra del cuarto, no
podía ver que los ojos de Carlos Noumercat
brillaban con malicia.
::::::
Abril de 1958
Era medianoche cuando sonó el teléfono a
espaldas de Maldoné. Siguió en la cama,
adormilado y satisfecho. Ni giró para tomarlo.
Dejó que Carlos Noumercat lo hiciera.
Estaban en el apartamento que desde unos
meses atrás había alquilado en la calle Andes
para el muchacho.
Carlos era un estudiante aventajado en la
Facultad, fino, educado, amable, culto. En fin:
una persona con la cual daba gusto estar y no
sentirse avergonzado por ello.
Nunca pudo saber bien quien había seducido
a quien. Si el profesor al alumno o al revés.
Pero, desde la primera vez se habían acoplado
perfectamente y sentido dichosos.
Gracias a él, finalmente, Maldoné había
podido librarse de Charles El Choto quien lo
humillaba, explotaba, y le hacía sufrir sadicamente
con sus brutalidades e ignorancias.
Diap 62
LOS DOCTORESLOS DOCTORES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Carlos era un joven culto a punto de recibirse
de médico. El Choto no iba a destruir su fuente
de ingreso. El borracho no recordaba nada y no
tenía abogado.
Carlos quedó libre.
El Choto salió a los tres días.
El loco, borracho y vagabundo fue condenado a
cinco años.
A las pocas semanas Charles Chiassé, alias El
Choto, apareció muerto en una pensión miserable
del puerto.
Se había suicidado de un disparo en la boca.
En la carta decía que ya no soportaba la sífilis
que tenía y que él había matado a Maldoné.
Sus conocidos dudaron. El Choto no usaba
armas de fuego, era un cuchillero. Nadie sabía
que estuviese enfermo. Y apenas escribía.
Soltaron al pobre loco vagabundo. Para
festejarlo se fue a emborrachar... y nunca más
volvió a ir por la rambla.
Lejos, en la frontera del Yaguarón, un sicario
cambiaba de ferrocarril. En la cartera llevaba
varios miles de dólares.
::::::
Mayo de 1958
Saltando de ómnibus y tranvías, los canillitas
gritaban:
–¡Médico de la sociedad muerto por un gato!
La prensa amarillista se regodeaba. Maldoné
había sido hallado en la rambla, cerca del puerto,
en el asiento trasero del coche, en posición
cúbito ventral, sin los pantalones. Le habían
roto el cráneo con la barra del gato del auto.
Por pertenecer la víctima a la alta sociedad,
la noticia tuvo los dos extremos.
Un día de gran alboroto y el otro nada.
El silencio es la mejor arena para el fuego del
escándalo. Y la ley siguió su curso oficial en ese
cómplice silencio.
Detuvieron a Carlos Noumercat. Detuvieron
a Charles Chiassé, alias "El Choto". Detuvieron
a un loco borracho vagabundo que solía andar
por la rambla.
El abogado Gacheaux representó legalmente
a los dos primeros. Un caso simple.
No se debía, ni convenía, revolver más.
Diap 63
LOS DOCTORESLOS DOCTORES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
El doctor en leyes Gerardo Gacheaux es
distinguido con la medalla de Caballero de la
Legión de Honor.
Alguien se destaca en el aplauso. Es el joven
doctor en medicina Carlos Noumercat, nuevo
urólogo en la Clínica Dumentís.
Gacheaux retribuye con una tierna mirada.
Él es el abogado de esa clínica.
Tito y René se retiran.
La fiesta acaba. Gacheaux y otros señores
van con Carlos al apartamento de la calle Andes.
Al cruzar la plaza un loco les pide una limosna.
Los señores la dan riendo burlones.
El borracho los ve alejarse y ríe.
Pero... él es un loco.
René y Tito salen de la penumbra e invitan al
vagabundo.
Los tres van a tomar una caña amarga a un
boliche.
Y cada uno tiene grietas en su propio muro...
...oo0oo...
::::::
14 de julio de 1961
En la Cultural Amigos Galos Oriental se
realiza el festejo por la histórica fecha.
Carlos Noumercat, ahora ciudadano francés
gracias a un poderoso abogado, sabiendo que René
estaba en la ciudad le invitó. Y, por obligación,
a Tito.
Pero los dos no se mezclan con la élite.
El selecto público, luego de escuchar los
himnos, pasa a la ceremonia de imposición de
condecoraciones.
Damas y caballeros se reúnen frente al estrado
donde serán homenajeadas las figuras señeras
en la aplicación de los principios humanísticos
de la Revolución Francesa.
Comienza el acto, logicamente con los
políticos de turno y los jerarcas del gobierno.
Espectáculo que recuerda a la infancia,
puesto que los políticos y los niños se parecen:
Recitan discursos incomprensibles, se cambian
medallas, creen en fantasías, son mimados por
las mujeres... y los hombres trabajan para ellos.
Pero, los niños son inocentes.
Diap 64
LOS DOCTORESLOS DOCTORES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Allí él se quedaba dos días para saludar un
familiar, y ver la ciudad.
Aburrido, se levantó y fue por el pasillo hasta
la cabina.
Por la entreabierta puerta vio los tableros.
Sonrió pensando en su padre frente a tantos
relojes de control.
Al volver a su lugar, no pudo dejar de ver a
dos parejas en la otra hilera.
Las mujeres eran de una hermosura
extraordinaria, una rubia dorada, la otra pelo
azabache.
Ambas de piel sedosa, ojos ardientes, curvas
sensuales, labios carnosos, la voluptuosidad
emanaba en ellas.
Cada mujer brindaba esa voluptuosidad al
respectivo militar que tenía su lado.
René vio que ellos pertenecían al ejército
venezolano y tenían estrellas en la charreteras.
Al pasar junto a ellos, las mujeres lo miraron
provocativas, sobre todo la rubia.
Los uniformados le saludaron con una
sonrisa de complicidad.
La primera vez que René fue a Venezuela
tomó en Carrasco el vuelo de un cuatrimotor
que venía de Buenos Aires rumbo a Nueva York
y que haría varias escalas.
Renoir, su padre, el viejo mecánico de aviación,
estaba emocionado.
No se sabía si porque su hijo se iba o por ver
donde habían llegado los motorcitos de
principios de siglo.
Edith y su pequeña hija Raquel ya habían
vuelto a la casa de don Ernesto. Según como
René viese la situación en el nuevo país, ellas
irían en dos o tres meses.
René se arrellanó en el asiento junto a la
ventanilla, tenía aún el rostro y el cuello
mojado por las lágrimas y besos de despedida.
Vio la costa como un mapa coloreado.
Por los altoparlantes decían cosas, supuso
que describían lo que sobrevolaban, pero era en
gringo y él no entendía.
El próximo aeropuerto era Porto Alegre,
luego San Pablo, después Río Janeiro, donde
llegarían de noche.
Diap 65
LA ESPIRAL
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
13 LA ESPIRAL
Verás que todo es mentira... (Tango)
Ellos pasaron junto a las dos mujeres,
indiferentes, hablando con los pilotos.
Terminaron los trámites. Ángel lo llevó a
René a su carro moderno para ir a la ciudad.
Vio que las mujeres subían a un lujoso
coche, el chófer uniformado les abrió la puerta.
Esa noche René conocía en una reunión a los
socios de la empresa a montar.
El director principal, ingeniero León, un señor
de edad y renombre, le presentó su esposa.
Una elegante y bella dama le dio la mano
mirándole a los ojos. Era la rubia.
Se saludaron como dos desconocidos.
Luego, algunas veces, ella vino a hablar con
René. Lo hacía en forma insinuante, sensual,
buscándole apasionar.
–Ten cuidado con ésa; –le previno Ángel–
hasta para poseerla el viejo de su marido, le
tiene que regalar algo. Lo último fue un viaje
con una amiga al sur.
René pensó que los militares eran la ñapa.
Y empezaba a ver que en todas partes la vida
era igual... había de todo.
Llegaron a Río. Las parejas bajaron y René
también. Sus familiares lo estaban esperando.
Le brindaron su cariño.
Con ellos conoció los hermosos lugares que
han hecho famosa a esa ciudad. En muchos se
cruzó con las parejas. Las mujeres estaban
siempre ardientes con sus militares.
Tomó el vuelo hacia Caracas. Volvió a
coincidir en él con los amantes.
La sonrisa que le dieron esta vez los cuatro
fue de picardía... y René comprendió.
Ya acercándose a Maiquetía, las mujeres
dejaron a sus compañeros y se sentaron juntas.
Los militares fueron a hablar con los
sobrecargos y la tripulación.
Aterrizaron. Bajaron las dos mujeres. Dos
amigas que venían de un viaje de turismo.
Traían bolsas con regalos.
Bajó René. Le asombró la luz, el calor, los
colores del cielo y la montaña. Vio que Ángel lo
esperaba en el balcón.
Estaba en la cola de inmigración cuando vio
venir a los dos militares y la tripulación del
vuelo.
Diap 66
LA ESPIRALLA ESPIRAL
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Era dominante, segura, tenía personalidad,
decía cosas prohibidas en esa política.
–Cuídate de ésta también. –le volvió a
aconsejar Ángel– Si te quiere, te agota. Si te
odia, te destruye. Éste el cuarto marido. Es
revolucionaria, periodista... y temible.
René pensó que ese militar sería una
entrevista personal.
La charla de la cena giró sobre la obra que
construía el ingeniero.
Su nombre era La Espiral.
Con esa forma iba subiendo de continuo en
torno a un cerro. Sería única en el mundo.
Pero le criticaban que entre los propietarios
se hallasen testaferros de la dictadura y
militares en el poder.
El otro tema fue que René dijese las
bondades y la forma de vivir en esa democracia
llamada la Suiza de América.
Se asombró que hablasen con tanta libertad
en contra del gobierno. Se desaparecía si se le
criticaba abiertamente.
Comprendió. Militares, subversivos, rebeldes,
déspotas, todos estaban interligados...
Sólo los tontos desaparecían.
Días después estaba invitado a una cena en
la casa de otro director.
Muchos querían conocer a René: venía de
una democracia y era técnico con amplios
conocimientos. Y muchas también: era joven,
francés, rubio... solo.
Apenas entró a la quinta vinieron a recibirlo
seis chicos. Tras ellos llegaron los dueño de
casa.
Ya había conocido en las oficinas a Ismael,
ese director, pero cuando vio a su esposa se rió
en silencio:
Era la de pelo azabache.
La misma salutación de dos desconocidos.
Ismael pasó a presentar a los muchachos, se
iban adelantando de a dos:
–Los hijos de ella, mis hijos, nuestros hijos...
René por instante creyó que era una broma.
Pero luego pensó que en un país donde volaban
las cucarachas, todo se podía aceptar.
Los saludó, y los vio alejarse hermanados y
riendo por el tono de él.
No había el respeto del sur.
La de pelo azabache actuaba completamente
distinta, no parecía la misma del avión.
Diap 67
LA ESPIRALLA ESPIRAL
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
El viejo ingeniero León vivía en lo que fue su
oficina de La Espiral, la que iba a ser el centro
comercial único en el mundo.
La obra fue invadida por vagos y pordioseros.
Ellos tuvieron más consideración con el viejo.
Lo dejaban deambular en paz por su sueño, lo
respetaban, le decían doctor... y hasta le daban
de su comida.
Permaneció allí por unos años. Nadie se
acordaba de él.
Un vagabundo lo halló muerto sobre una
amarillenta y ajada perspectiva de lo que
hubiese sido La Espiral.
La familia se acordó del repudiado y lo
sepultaron en el panteón.
René fue a las exequias. Allí supo como
murió.
Fue a La Espiral. Preguntó por la oficina del
viejo. En ella había otros pordioseros. Los
vagabundos lo dejaron pasar.
Halló la perspectiva, sucia, arrugada, con
grietas... Se la llevó.
Hasta que él vivió estuvo enmarcada en su
estudio.
...oo0oo...
León simpatizó enseguida con René, era otro
idealista.
Poco tiempo después hubo un paro y caía el
gobierno de facto.
El dictador y los cerebros de la represión
huyeron y vivieron en Europa y Sud América
disfrutando sus bienes.
Sólo fueron apresados los míseros esbirros y
los tontos que hacían cosas.
Entre ellos estaba el ingeniero León.
Lo dejaron libre por su edad.
Encontró desvalijada su quinta, no quedaba
nada, ni su hermosa y joven mujer.
Ella ya había introducido la solicitud de divorcio.
León firmó sin protestar.
Luego, la sensual rubia se casaría con un capitán
naval de la junta democrática de gobierno.
Lo poco que le quedaba a León lo invirtió en
La Espiral. Pidió préstamos a sus viejos amigos
adinerados. Ninguno le ayudó.
Ahora era un paria, no un señor importante.
La obra se volvió un monumento a la desidia,
nadie quiso invertir allí.
Temían que los relacionasen con el dictador.
Diap 68
LA ESPIRALLA ESPIRAL
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Cada tanto el río dejaba fértiles terrenos. Y,
para tener más, los emigrantes empujaban el
curso de él.
Pero el río busca su cauce. Una vez por año
crecía y arrastraba todo.
De noche Caucagüita era el tercer punto de luz
luego de Petare, pueblo donde en ese entonces
terminaba Caracas.
Después la carretera se volvía una prueba de
coraje en la oscuridad, sorteando curvas una
tras otra, teniendo de un lado las barrancas del
río y del otro el talud de los cerros. Taludes y
barrancas que, cada tanto, se derrumbaban.
Si alguien estaba cansado de manejar,
estacionaba el carro en una entrada y podía
dormir con las ventanillas abiertas.
Aún los males del progreso no habían llegado.
El progreso lo trajo esa fábrica.
Fue la pionera de las empresas de ese lugar y
la escuela técnica para cientos de hombres que
sólo sabían usar el pico y la pala.
Aquellos artistas, capitalistas, industriales y
soñadores, fundaron la fábrica en Caucagüita.
Allí sólo había una gasolinera y un restorán.
Llamarlos así era un optimismo.
El techo sobre las bombas lo formaban las
ramas de los árboles, lo único con cemento
eran las islas donde estaban montadas. Cuando
llovía se atracaba literalmente en ellas.
El restorán lo constituía un humilde bar que
sólo tenía de bloques el frente, en éste se
apoyaba un extremo del techo de zinc. El otro
lo soportaba... ¡en una vieja cava frigorífica!
Los baños estaban lejos.
Sólo borracho o desesperado se podía ir a
ellos. Se encontraban junto a unas caucaguas
que alguna vez fueron pequeñas y dieron
nombre al lugar.
La carretera era angosta, apenas cabían dos
autobuses. Tenia hombrillo de tierra.
Allí había que buscar entre las herramientas
el valor para reparar el carro averiado.
Diap 69
LA CARRETERA
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
14 LA CARRETERA
Después de conocer el trópico,
todo lo demás es triste y gris.
El camino de entrada a la casona estaba frente
al sendero hacia Caisa, y se notaba recientemente
hecho de cemento.
No existía portón, una simple cadena entre
dos trozos de hierro clavados en la tierra. Su
función era evitar que algún chofer adormilado
fuese a dar contra la caseta del vigilante.
Era normal que en las noche, y luego de
haber vaciado varias botellas de cerveza en el
bar, algún conductor chocara contra los pilares
del puente, subiese el farallón, se refrescara en
el río... o dejase la cruz de su ánima junto a la
cantidad allí existente.
La casona fue convertida en oficinas y
dormitorios para los técnicos de la naciente
industria.
Y, con las anomalías que se dan cuando se
transforma una forma de vivir, la casa colonial era
de adobe y tejas mientras la caseta del guachimán
estaba construida de bloque y cemento.
Era un mundo de incongruencias que
atraían a René.
Pero, había que pagar un precio:
Las industrias trajeron gente desocupada de
la ciudad. Los campesinos dejaron sus cultivos
por un sueldo. La zona se llenó de ranchos.
La fábrica se levantó luego de la bomba y el
bar de Caucagüita. Allí había una amplia curva
que dejaba a su izquierda una gran terreno.
A los quinientos metros la curva cambiaba
de sentido y la carretera se estrechaba en un
puente. Por él, pasaba la quebrada de Caisa.
A la derecha se levantaba el perpendicular
farallóndel cerro socavado para dar espacio a la
carretera y, antes del puente, nacía un sendero
que acompañaba la quebrada.
Del lado izquierdo, el río se pegaba unos metros
a la carretera y volvía a alejarse formando un
meandro para acercarse otra vez, poco más
adelante, al camino.
En la parte alta de ese istmo se veía una casa
colonial con jardines, cedros y árboles de
caucho. Más abajo señoreaba un añoso samán,
y en la orilla los bambúes.
Diap 70
LA CARRETERALA CARRETERA
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Pero, en el estudio había un suntuoso
refrigerador, una cocina a gas importada y en la
puerta una camioneta recién comprada para
René, aunque éste aún no sabía manejar.
Frente a la casona existía un jardín de exóticas
plantas a cargo de Juan, un canario de las Isla
Canarias, quien cuidaba los naranjales y en ellos
tenía un rancho, una negra y tres hijos pequeños.
Durante el día la caseta practicamente estaba
vacía ya que el guachimán cocinaba para el grupo
de obreros.
A las seis de la tarde llegaba don Julio, un
hombre mayor con licencia para portar armas.
Era el vigilante nocturno. Vivía en Carpintero,
un barrio obrero próximo a Petare.
René en el atardecer llevaba un banquito a la
caseta del guachimán y quedaba allí charlando
con don Julio y Juan, aprendiendo las costumbres
de ese país y su mentalidad.
Cuando René Coulerier ocupó uno de esos
dormitorios, tenía tres semanas de haber llegado.
Las había pasado conociendo la gente de
sociedad y las bellezas del país.
La gerencia estaba iluminada por modernas
luces. pero el teléfono era de magneto.
Debía dársele manija y surgía una sensual
voz femenina a la cual debía pedírsele que lo
conectase con algún número de la ciudad.
Y... cada tanto enviarle a la dueña de la voz,
una caja de bombones o alguna joya de fantasía.
Pocas veces, flores.
Las estructuras de la fábrica se hacían con
grandes maquinarias y poniendo las mejores
instalaciones.
Pero, la electricidad llegaba por tres cables
soportados en árboles o enclenques palos, y
venía cruzando los naranjales.
De noche, al aumentar la demanda en los
alrededores, se quemaban a menudo los fusibles o
la luz era tan mísera que era mejor no tenerla y
usar las linternas de pilas.
El agua, mientras perforaban el pozo, la traían
en camión cisterna. Costaba más un litro de ella
que uno de gasolina.
El mercado era una taguara y estaba a varios
kilómetros.
Diap 71
LA CARRETERALA CARRETERA
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Para emborracharse coincidían pobres y
poderosos, criollos y extranjeros.
De viernes a domingo, las mesas de los bares
y taguaras se llenaban de botellas de cervezas,
que se iban dejando allí vacías y sólo se retiraban
al no haber lugar para más y previo el pago de
las existentes.
Cuando el cuerpo era cobarde para seguir
resistiendo, cada hombre se iba. Lo pudientes
en sus autos último modelo, los pobres a pie y
pocos en un soñoliento burrito.
Pero todos con el mismo fin: Acostarse con
una sensual criolla o mulata o negrita, quien
protestaría por la espera y el estado del hombre...
pero se daría con pasión e instinto.
El lunes amanecerían con un ratón dentro el
cerebro, el bolsillo vacío, olvidando lo hecho y
sus obligaciones... y habiendo dejado embarazada
a una mujer otra vez. Ellos orgullosos de ser
machos, y las mujeres de ser madres.
En ese mundo René y sus amigos iniciaron
un sueño.
En pocos días, en esa casona, conoció las
características de la masa humilde y popular:
Eran pobres en un país rico, vivían en
concubinato, tenían hijos que llevaban sólo el
apellido de la madre, y pocos sabían hacer algo
aparte de usar el pico y la pala o sembrar en un
conuco.
Llevaban en su piel y sangre la mezcla de
indios, negros, blancos, conquistadores, esclavos.
Se daba el caso que el dueño terrateniente
era primo o medio hermano del pobre conuquero...
y ambos se trataban con cariño fraternal.
Eran alegres, sanos y fuertes, la naturaleza
les daba todo y al alcance de la mano. Sencillos,
sin malicia, sólo tenían la instintiva picardía
hacia el sexo y el ritmo en su música.
Pero, la civilización y la influencia de la
ciudad habían llegado allí.
Los señores y los comisarios de la zona, así
como sus hijos, eran los padrotes del lugar y
asolaban con sus desafueros luego de alcoholizarse
en los botiquines.
Diap 72
LA CARRETERALA CARRETERA
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
En la entrada quedan Don Giani y René.
Ven llegar, zigzagueando y a toda velocidad,
un carro descapotado.
Cuatro jóvenes que van en él les gritan
groserías y, riendo, se pierden en la curva hacia
el bar y la bomba.
Más tarde René y Giani escuchan, no lejos,
sirenas de ambulancias y autos de policía.
Nada extraño. Es viernes de noche.
Desde la curva ven llegar la luz de una
linterna y dos personas.
Pero no son Don Julio y Juan, sino dos
obreros que viven hacia Caisa.
Acongojados, furiosos, éstos dicen:
–Esos desgraciados mataron a Juan y a don
Julio.
–Los dos iban cruzando por dentro del terreno.
Pero esos miserables salieron de la carretera y
los arrollaron.
–Acostumbran hacer eso para asustar a la
gente... Y como estaban borrachos, seguro que
perdieron el control.
–El que manejaba es el hijo de Malaquinez,
el dueño de los terrenos de Iscarriaga. Es el
peor de todos.
::::::
Las brujas no existen, pero que vuelan, vuelan.
(Dicho popular venezolano)
Ocho de la noche. Viernes. Luna llena.
René estaba acompañado por don Giani, y
hablaban con Juan y don Julio viendo pasar
por la carretera las luces de los carros.
Don Giani, el capataz que vendría con él,
había llegado hacía poco. Era hombre pacífico,
mayor, con experiencia.
A las nueve, Juan se despidió para ir con su
negra y los muchachitos.
Prueba su linterna y la luz es débil.
Y, con picardía que indica el deseo de una
cerveza, dice:
–¿Don Julio...me acompaña al bar para
comprar nuevas?
El vigilante, sintiendo ya pasar por su garganta
el fresco amargor del líquido, mira hacia René y
don Giani.
Éste, comprendiendo la necesidad, les
responde:
–Vayan. Nosotros nos quedamos cuidando
la entrada.
Y los dos se van por el bordillo de la oscura
carretera.
Diap 73
LA CARRETERALA CARRETERA
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Dijo que él no era familiar y que iba a avisarles.
Subió a la camioneta y se dirigió a Carpintero.
Cuando miró por el retrovisor sintió horror.
Los zamuros humanos le seguían.
René se detuvo para preguntar la dirección.
No conocía el barrio.
Uno de los motorizados, vestido de gris, con
saco y corbata, se le acercó y le dijo con mucha
educación:
–Señor... disculpe. Me llamo Javier Vallegrín.
Si usted me permite puedo guiarlo hasta ese
edificio. Sígame, por favor.
René fue tras él.
Al llegar al apartamento de la hija de don Julio,
cumplió con su triste misión desagradable.
Los zamuros se arrojaron sobre los deudos
ofreciendo sus servicios.
Sólo Javier se mantenía al margen.
René no se pudo contener frente a esa falta
de consideración y profirió ofensas ordenándoles
dejar en paz a los familiares.
Uno de los hijos de don Julio, con el
motorizado, lo calmaron diciendo que no se
alterara, que eso era normal.
–Se los llevaron presos. Pero el padre tiene
influencia en la política. A esos asesinos no les
van a hacer nada.
–La ambulancia se llevó los cuerpos para la
morgue de Petare... alguien debe ir a reconocerlos
para entregarlos.
–Yo me encargo de eso. –indicó René– Don
Julio tiene en la ficha la dirección de la hija con
quien vivía. Luego que los haya reconocido, iré
a avisarle.
–Y yo le daré la mala noticia a la negra, –dijo
don Giani.
René salió con la camioneta. Tenía amargura
de ver que en todas partes era igual.
Y sintió abrirse aquella grieta.
::::::
Reconoció a don Julio. A Juan, lo dedujo por
la ropa.
Firmó los documentos mientras veía como
las enfermeras llenaban las partes faltantes de los
cuerpos envolviéndolos con tela y cosiéndolos
como si fuesen muñecos de aserrín.
Al salir de la morgue fue asaltado por los
empleados de las funerarias.
Diap 74
LA CARRETERALA CARRETERA
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Mediados de año. La vida sigue. El galpón
tiene techo.
Hay un nuevo vigilante y otro jardinero. La
negra cuida el naranjal.
De Barlovento ha venido una prima, una
niña, una atractiva negrita para ayudarla con
los mulatitos.
Don Giani todas las tardes se baña, se acicala
y va a visitar a la viuda. Le lleva su ropa sucia y
la de René para lavar. Va por los naranjales,
vuelve de noche por la carretera con cara de
satisfecho. Y se queda en la entrada con René.
Una noche ven pasar el carro con los mismos
ocupantes. Sólo han transcurrido tres meses.
Van igual de borrachos, groseros y gritando.
Se dirigen hacia abajo, a Iscarriaga.
En la mañana, la viuda viene diciendo que su
prima ha desaparecido.
La encuentran en un sendero de Iscarriaga.
Ha sido violada entre varios, golpeada con saña.
Está inconsciente, agoniza.
Alrededor hay botellas de brandy y whisky.
Los pobres conuqueros u obreros no toman eso.
Resignado, indicó a Javier donde quedaba el
rancho de Juan. Luego llevó a la hija de don
Julio a buscar familiares.
Pasada la medianoche volvía.
Cuando llegó al rancho, allí estaba Javier. En
los dos lados obtuvo realizar las exequias.
El rancho estaba rodeado de isleños amigos
y otros conuqueros. Dentro había velas votivas
por todos lados.
Giani estaba al lado de la viuda y la consolaba.
Los niños tras una división de tela asomaban su
cabeza.
El capataz vino junto a René, éste le contó lo
sucedido y comentó:
–Dentro de todo Javier, el motorizado, se lo
merece. Es el único decente y que se portó con
respeto.
–René, eres inocente, –dijo don Giani– usó
otro estilo al ver como eras tú. Se actúa según
las circunstancias.
Y con un gesto incomprensible volvió junto a
la viuda.
::::::
Diap 75
LA CARRETERALA CARRETERA
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
A la semana siguiente don Giani retornó a su
país. Al poco tiempo de llegar, falleció.
La negra de Juan, sus muchachitos y su barriga
se fueron para Barlovento.
La negra tuvo otros Juanes y otros hijos.
::::::
Han pasado los años.
Sabana Grande es zona residencial y comercial.
En ella hay una funeraria importante. Su
nombre es índice de respeto y calidad:
Funeraria Vallegrín.
Petare es un barrio más de Caracas. La
nueva autopista a Guarenas lo ha dejado de
lado y abajo.
Entrar en Carpintero es un riesgo por los
malandras que hay.
Caucagüita es un barrio pobre que se une a
la autopista lejana por un troncal que fue el
antiguo sendero de Caisa.
Aquella industria desapareció.
Nadie recuerda a René.
La vieja carretera está llena de luces y ranchos.
Y los camioneros dicen que en Iscarriaga,..
de noche…
les sale el espíritu de una negrita riendo.
...oo0oo...
Y mientras los médicos tratan de salvarle la
vida, el hijo de Malaquinez y sus tres amigos
son enviados a los Andes.
La negrita murió. La policía nada hizo.
La viuda ha traído otra prima de Barlovento.
Es bachaca, negra de pelo rubio.
La negra de Juan sigue en el naranjal y se le
nota la barriga.
Don Giani enseña a los obreros su profesión.
Hace tiempo que habla poco, dice que extraña
su tierra.
Es de noche. Don Giani y René ven pasar
otra vez el auto con los mismos degenerados y
en iguales condiciones.
Poco después un chofer que viene de Iscarriaga
dice que chocaron allí y están muertos.
René va a verlos. Giani, no.
El descapotado se introdujo debajo una
gandola averiada en la carretera.
Los cuatro están degollados. La cabeza del hijo
de Malaquinez se halla en el asiento de atrás.
Del otro lado de la carretera hay una negrita
del lugar.
Pero a René le parece la negrita muerta... y
riendo.
Diap 76
LA CARRETERALA CARRETERA
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
En sus laderas, miles de ranchos coloridos
remontaban caminos de tierra roja.
Miró detrás suyo. Un mar azul se perdía hasta
tocar en el horizonte a un diáfano cielo con ligeras
y blancas nubes.
Todo tenía intensidad: la luz, la transparencia
del aire, el brillo, los colores, el bullicio, la emoción
de vivir.
René lo recibió con palmoteo en los hombros
que le extrañó. Tomaron la autopista hacia la
ciudad en un moderno auto.
El trayecto fue otra sucesión de sorpresas.
Admiraba las vías, las construcciones, la juventud
predominante en las calles, la exuberancia en
todo, en la naturaleza, en las mujeres.
Llegaron a la oficina, Aldo trataba de entender
este país donde todo era polícromo, hasta las
personas.
Terminaron los saludos. Intentó hablar de lo
que había venido a hacer.
Le dijeron que primero tenía que conocer el
país y a la gente. Estaban cerca de Navidad, no
debía preocuparse.
Luego de comenzar la nave y las instalaciones
para la fundición, el ingeniero Frulí convenció
a los inversionistas de hacer en el terreno
aledaño una planta de esmaltado.
Junto con René vieron que la persona más
idónea para ello era Aldo, aquel proyectista que
trabajaba en el mismo complejo de la Aguada y
un enamorado de la porcelana.
A la semana de haberse ido Frulí al sur para
contratarlo, recibían la confirmación que Aldo
había aceptado y que el sábado siguiente tomaba
el vuelo a Maiquetía.
::::::
El avión se detuvo. Aldo se incorporó a la fila
para bajar. Descendió tratando de adaptarse al
brillo y el calor del sol.
Vio a René en el balcón del aeropuerto y le
saludó.
Extasiado, recorrió el paisaje. Delante tenía
una imponente y verde cordillera.
Las montañas estaban tan cerca que daba la
sensación de poder tocarlas.
Diap 77
ALDO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
15 ALDO
Si el calor es fuerte, las bases se agrietan.
Después fueron fines de semanas recorriendo
caminos.
Conocieron las elevadas cordilleras, de blancas
mujeres con rosadas mejillas, de hombres taciturnos
con silencio de montañas, seres callados como
la piedra.
Recorrieron la costa tropical, llena de mujeres
color canela, de hombres alegres y con ritmo.
Seres libres como el mar, ardientes como el sol,
simples como la arena.
Pasearon por los llanos. Sonrieron con la
vernácula malicia del campesino, con la esbeltez
de su mujeres, mujeres que miraban sin mirar y
decían sin hablar.
Periplos que terminaban siempre en la ciudad.
Lugar que amalgamaba todo. Capital de un
mundo descendiente de indios de todas las
tribus, negros de todas las etnias, criollos de
todos los tonos, extranjeros de todas partes.
Centro de una tierra donde brotaba a raudales
la riqueza de sus entrañas, como los ranchos en
los cerros.
Un país para hacer.
Para hacerlo de ellos y de sus familias.
Familias que necesitaban cada día más.
Atardecía cuando salieron de la oficina. René
lo llevó hasta el hotel. Por una semana estaría allí.
Aldo abrió la ventana. Abajo, la avenida seguía
ebulliendo en un movimiento enloquecedor de
gente, luces y vehículos.
Recordó una lejana tierra. Recordó a su esposa
y a su pequeño hijo.
Ellos habían quedado allá, esperando que él
dijera si se podía hacer una nueva vida en ese
nuevo lugar.
Y en ese cuarto de hotel, decidió que sí. Que
en esa tierra harían su futuro.
Porque Aldo había venido a quedarse.
::::::
Había pasado un mes.
Disfrutó la Navidad en un desfile de mesas y
regalos intercambiantes de vanidad.
Llegó Fin de Año con su algarabía, con
mujeres hablando de Nueva York y París, con
hombres hablando de dinero y mujeres.
Luego, el reposo de Reyes.
Aldo y René habían enviado a sus familias
cajas llenas de regalos.
Quisieron colocar en ellas todo lo que sentían,
pero sólo pusieron lo que veían.
Diap 78
ALDOALDO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–Sí… y había culebras. Eran parte de la vida.
Todo cambió al llegar ustedes, los musiues: Nos
acostumbraron a trabajar y vivir encerrados, a
comprar todo, a andar sentados en un carro
para ir a cualquier lugar.
Los jóvenes rieron, pero había tristeza en esa
verdad.
Ese domingo fue la culminación de una semana
donde llenaron las bases de la planta de esmalte.
Unos amigos invitaron a Aldo a un club
cercano. Música, bebida, sombrillas cerca del
agua clorada. Todo lo que el dinero puede
comprar y, como el dinero, artificial.
René estaba en la casa del Maestro Miguel,
donde le brindarían un pastel de morrocoy.
Aldo, al saber que era una pequeña tortuga
de tierra, se disculpó y no fue.
Aldo pasó la mañana en charlas tontas, luego
almorzó. El sueño llegó con la modorra de la
tarde. Al despertar, la vio. Estaba recostada en
un sillón. La piscina los separaba. Ella estaba
junto a otra mujer y algunos niños. Pero, Aldo
la sintió cerca. Ella se lo decía con su mirada,
con su sonrisa.
::::::
–Musiuito... –le preguntó un día el viejo
maestro Miguel– ¿A que viniste, a hacer plata o
a quedarte?
–A quedarme. –dijo Aldo con firmeza– Esta
será mi tierra.
–Entonces tienes que aprender como somos,
como vivimos, como hablamos. Ya conociste
nuestras regiones, nuestra gente. Viste que hay
de todo. Desde selvas hasta desiertos. Desde
sabanas hasta montañas.
–Y cada vez me gusta más su gente. –
interrumpió Aldo.
–Eres joven, no te apures... –siguió el maestro–
También en la gente hay de todo. Antes que
llegase el progreso, la vida era más sana. Con
incomodidades, pero más natural. Éramos
felices con una negrita y un rancho. El conuco
nos daba el maíz y la yuca. Si queríamos carne,
tomábamos la escopeta y salíamos a cazar. Las
frutas sólo había que sacarlas de los árboles. A
cualquier lado íbamos andando.
–Debe haber sido un paraíso tropical. –
comentó René.
Diap 79
ALDOALDO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
El lunes siguiente envió los pasajes a su
familia. En la tarde colocaron las columnas de
la futura esmaltería. En la noche pudo hablar
con su esposa por teléfono.
El martes lo dedicó al montaje de las
columnas. Pidió a René revisar las bases.
El calor del clima había causado pequeñas
grietas. Pero allí, eso era normal.
Luego fue a la ciudad para adquirir cosas con
que recibir a los suyos cuando llegasen el
domingo. La empresa ya le había obtenido un
apartamento en alquiler.
El miércoles, al llegar a la compañía, había
estallado la huelga. Al saber la causa se les unió.
No se puede mejorar bajo una dictadura. Se
puede tener más, pero no ser más.
El jueves estaba todo definido y la dictadura
concluida..
Donde se vive intensamente se resuelve
rápidamente.
Pensó que podía ser otra persona sola en un
mundo de amistades, como él.
La miró. Tendría cerca de treinta años.
Bella, bien formada, poseía los ingredientes
fundamentales de la raza criolla: indio, blanco,
negro y... pasión.
La moral surgió. Aldo se levantó yendo a la
terraza del club. Ella se le acercó. Cualquier
excusa sirve para hablar.
A las nueve de la noche la llevó con sus
familiares hasta la casa de ella.
El romance había avanzado. Quedaron en
verse nuevamente.
Subió al auto. Pensó en su esposa, en su hijo.
Ésta era la tierra donde quería quedarse, donde
hacer las cosas bien.
Se decidió. Traería a su familia. Volvería a
ver a esa mujer, pero sólo para decirle la verdad.
Sintió que el duende malicioso de su conciencia
sonreía incrédulo.
Diap 80
ALDOALDO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
De pronto todo cambió. En la habitación había
entrado otro hombre.
Las mujeres bajaron la mirada.
Ella se apretó a Aldo, la muchacha se sonrojó.
Los niños se acercaron al hombre, éste mantenía
fija la mirada en Aldo.
Se enfrentaban en el encuentro primitivo y
secular que define dominante y dominado.
Y no pudo dominar a Aldo. Los presentaron.
Se renovaron los comentarios sobre la audacia
de Aldo para venir en un día así.
Después se pasó al consabido temo de lo que
hacía cada uno.
Supo que el hombre era un guardia especial,
campeón de tiro en varias ocasiones y de
distintas armas.
Y, sin que se lo dijeran, Aldo comprendió
que era el dueño de la casa y de las mujeres.
Los niños eran sus cachorros.
Se habló de muchas cosas:
De un nuevo país, de la libertad, del futuro.
Del piso de arriba, donde Aldo y ella podrían
vivir. Que así estarían cerca las dos hermanas.
::::::
Los gobiernos cambian, la policía no. (Fouché)
Aldo había pasado la noche en el apartamento
aún vacío. En la mañana, desde el balcón vio la
alegría de la libertad, la euforia de un pueblo
entremezclado de razas y clases.
Atardeciendo, recordó que esa noche tenía que
ver a aquella mujer. Y salió a cumplir su cometido.
Estacionó frente a la casa, vio a la mujer en
la ventana del segundo piso.
Al salir del vehículo, ella lo reconoció y bajó
corriendo. Estaba asombrada de que él hubiese
venido.
Subieron, le presentó el resto de la familia.
Llegó una muchacha hermosa, demasiado
hermosa para su edad.
La mujer dijo que era su hija mayor, que
pronto cumpliría quince años.
Sonriendo maliciosamente, agregó que
viviría con ellos cuando estuviesen juntos.
Aldo sintió que todo le molestaba, el ambiente
de alegría exagerada, la confianza excesiva, las
palabras insinuantes.
Diap 81
ALDOALDO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Pero, al descender, ella lo arrastró hacia
atrás del rellano de la escalera.
Allí, en la penumbra, lo empezó a besar y
acariciar en forma desesperada.
Un silencio pesado dominaba la casa, como
si todos se hubiesen confabulado.
Aquella era una hembras humana tratando
de demostrar que podía ser bestialmente sexual.
Aldo comprendió que no podía razonar con
ella. Se despidió diciendo que volvería el
sábado, convencido de no hacerlo jamás.
Al separarse, ella le rogó que se cuidara, que
mirase bien por donde iba. Él creyó ver por
primera vez ternura en esos ojos.
Ambos se dijeron un adiós incomprensible.
Subió al auto, marchándose.
Fue dejando la penumbra de las calles del
barrio, acercándose y subiendo hacia la avenida
que serpenteaba en las laderas de los cerros.
A medida que se alejaba iba sintiéndose mejor,
pensando que en pocos días su familia estaría
junto a él.
Pero, cuanto más hablaban los dos hombres
más sabían que cada uno sabía del otro.
El hombre pidió que trajeran unas copas,
ella se levantó contoneando sus caderas.
Volvió trayendo lo pedido y, con soberbia de
hembra triunfadora, sirvió con un gesto despectivo
al hombre.
Luego fue nuevamente a sentarse junto a Aldo,
frente al otro, dejando a la vista sus torneadas
piernas.
Con alcohol siempre hay temas para que puedan
hablar dos hombres, aunque sean diferentes.
Cerca de las diez de la noche, el hombre se
levantó diciendo que debía ir con una patrulla
cívica a controlar una avenida elevada que
circundaba la ciudad y desde la cual podía verse
todo.
Le aconsejó a Aldo que, cuando se marchase,
fuera por esa vía ya que en las calles de la
ciudad había actos de pillaje y tiroteos.
Aldo aprovechó la oportunidad para también
retirarse. Al bajar le diría a esa mujer la verdad.
Diap 82
ALDOALDO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
La vida se le iba en chorros de sangre por su
boca y cuello.
Inmediatamente el hombre lo sacó el carro y,
sin ninguna compasión, lo arrastró tirándolo en
medio de la calle.
Los demás lo rodearon.
El hombre comenzó a revisarle los bolsillos
diciendo que por algo había querido huir.
De pronto sacó y mostró un carnet vociferando
que Aldo era un esbirro torturador de la policía
política dictatorial.
La última noción que tuvo Aldo fue la de
sentirse pateado y pisoteado por incontables pies.
En tanto, el hombre deshacía en añicos aquel
carnet.
Una voz sin emoción dijo que ya no hacía
falta seguir golpeándolo, que ya estaba muerto.
Alguien completó la obra lanzando el cadáver
por el barranco cercano.
Otro prendió fuego al auto.
El hombre lanzó a las llamas los pedazos del
carnet.
Luego, todos se marcharon.
Al girar en una curva se encontró con un grupo
de personas, entre ellas reconoció al hombre de
aquella casa.
Era el líder.
Vio que éste también lo reconocía.
El hombre, sonriendo, levantó una mano
saludándolo. En la otra tenía un revólver.
Aldo le respondió el saludo amistoso mientras
disminuía la velocidad.
Hubo una sucesión de hechos que su mente
no pudo asimilar:
El ruido del disparo, el parabrisas rompiéndose,
algo candente atravesó su cuello, la sangre tibia
bañó su pecho, la imposibilidad de moverse, el
coche yendo hacia un muro, el golpe, los gritos,
aquellas personas corriendo.
El primero en llegar fue el hombre de las
mujeres, los otros quedaron atrás.
El hombre, con disimulo, sacó algo de su
chaqueta y lo puso en el bolsillo del saco de Aldo.
Éste nada podía hacer, nada podía decir, los
hechos le llegaban como si estuviese viendo a
través de un filtro gris.
Diap 83
ALDOALDO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Por algún tiempo vivieron en el apartamento.
La empresa luego le obtuvo a ella un puesto de
conserje en un edificio.
Pasó el tiempo. Aldo fue olvidado.
El único que visitaba su familia cada tanto, y
en Navidad, era René.
Después él también desapareció.
Quizás se habría agrandado la grieta.
::::::
Treinta años después el país continúa siendo
una nación.
El gobierno es más o menos democrático.
El hombre de las mujeres pertenece a un
Cuerpo Policial.
Sus mujeres y sus cachorros son todavía
más.
Aldo permanece enterrado en una ladera del
Cementerio.
Su esposa sigue siendo conserje de un
edificio.
Y su hijo no recuerda... ni quiere recordar.
...oo0oo...
Aldo quedó en el fondo de la quebrada,
mirando sin ver un cielo de estrellas lejanas.
Con sus ojos vacíos, con su rostro desfigurado,
con su cuerpo deshecho, sobre esa tierra.
Una tierra donde él, Aldo, había venido a
quedarse.
Era las 11 y 30 de la noche.
Jueves 23 de enero de 1958.
::::::
El domingo llegó la señora de Aldo, Marina,
y su hijo.
René tuvo la amarga misión de contar lo
sucedido mientras otra grieta se formaba.
Se sentía responsable de haberlo traído, de
haberle contagiado el amor a ese país.
Nunca le dijo lo de la mujer. Se inventó que
volvía de la casa de un obrero y fue confundido
con otra persona.
Aldo había sido enterrado en una ladera del
Cementerio del Sur.
Marina fue con su hijo hasta la tumba.
Con entereza dijo que no volvería a su país.
Su esposo había elegido esta tierra para ellos...
y ellos se quedarían.
Diap 84
ALDOALDO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Llegó la hora de la primer colada. Don Giani
la efectuaría,
Ángel había traído el modelo de una obra suya.
Los gritos de asombro, sobre todo en las damas,
aturdieron cuando salió el primer chorro de
metal líquido y humeante.
Llenaron el molde.
Y Ángel, para impresionar, hizo desmoldar la
obra en el acto. Nuevos gritos al verla salir de la
tierra.
René no sabía si reír o llorar al ver aplaudir.
La pieza se rajaría por el choque térmico.
Nueva ronda de bebidas para los brindis.
Los obreros fueron a almorzar cerca de los
bambúes. Los invitados seguían hablando e
intercambiándose en distintos grupos.
René se marchó para su mesa de dibujo en la
oficina. Se sentía incómodo frente a tanta
futilidad.
Estaba mirando el dibujo de tapas para
alcantarillado cuando entró al ingeniero Frulí,
el otro del cuarteto sureño,
Venía con el doctor Anguilera, el presidente
del complejo.
Los dos primeros galpones del complejo
estaban listos. Uno era el de la fundición. El
otro, el taller de maquinado.
Los sucesos políticos habían retrasado el
arranque, como la seguridad en René para traer
a Edith y su hija Raquel.
Pero esa mañana era la inauguración y los
cubilotes estaban al rojo vivo con su carga de
metal fundido.
Una empresa especialista en festejos se había
encargado del almuerzo. Los hornos eran la
novedad, pusieron las mesas cerca... y el hielo
de las bebidas comenzó a derretirse.
Llegaron los directores de la empresa, los
personeros del ministerio de industrias, los
políticos de la gobernación, de la alcaldía, del
municipio, hasta el comisario de Petare.
Los mesoneros comenzaron de inmediato a
repartir los vasos con whisky que se vaciaban
rapidamente.
Y aquellos galpones, que habían tenido sólo
la charla de los obreros montando cosas, se
llenaron con la cháchara de trivialidades
normales de los que viven para hablar.
Diap 85
EL COLADOR
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
16 EL COLADOR
La distancia es como el viento... (Canción)
–René, este país tiene muchas riquezas. –
intervino Frulí– Vamos a charlar con la gente.
Explíqueles lo que le parece simple a usted.
Para ellos todo es nuevo...maravilloso.
Fueron. René habló, dio explicaciones, era el
centro de atención. Almorzaron, luego los
invitados se marcharon.
El ingeniero Frulí, quizás algo achispado, le
dijo en un aparte:
–René... Esto marchará. Traiga a su esposa y
la niña. La empresa le financiará un apartamento,
lo sé. Ustedes son jóvenes. No es bueno que
estén tanto tiempo separados.
–¿Y usted que tiene pensado hacer? ¿Cuándo
vendrá?
–Yo tengo una vida hecha allá. Mi señora es
mayor. Su esposa es joven y agradable. Tráigala. –
y sin más, se fue.
René recordó que Frulí semanalmente le
llevaba noticias de él a Edith.
Y una grieta se abrió en la pared que protegía
su corazón.
–¿Qué está haciendo aquí? –dijo el doctor–
Esta fiesta es en su honor. Si esa planta funciona
se debe a su esfuerzo.
–No es así. –respondió– Es gracias al
trabajo de todos. Desde el guachimán hasta los
directores. Desde los que vinimos a enseñar
hasta los pico y pala que aprendieron.
–Dicen que usted es por un lado un técnico
inquisitivo y por otro un idealista huraño. Veo
que tienen razón. Vamos, venga junto a los
demás; –y riendo agregó– hay damas que
quieren ver al musiú que derrite, y conocer su
cubilote.
–En todo caso, el cubilote lo tienen ellas. –
ironizó René, y volvió a ponerse serio– Doctor,
los hornos funcionan. Pero, con obras para
Ángel no subsistiremos. Necesitamos que cada
colada forme decenas de piezas y se vendan.
–Quédese tranquilo, así será. La situación
actual es un recesión momentánea. En el
trópico hasta los palos florean.
Diap 86
EL COLADOREL COLADOR
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
De noche el espectáculo era indescriptible:
A la derecha, el valle de Caracas brillando
con sus luces. Arriba, en la montaña el subir y
bajar del teleférico y el hotel iluminado.
La urbanización estaba lo bastante lejos de la
ciudad para disfrutar de un cielo tachonado de
estrellas en el cual se recortaba la silueta de la
cordillera.
Mientras, se oí el croar de los sapos y, del
fondo de la quebrada como del valle al este, se
veía subir la fresca niebla que obligaba a
abrigarse.
El mirador era grande.
René lo cerró convirtiéndolo en su estudio.
Dejó una parte como balcón sobre la quebrada.
Y allí, en un chinchorro, recostado, liberaba
su corazón.
Las dos semanas anteriores a que viniese
Petite y Raquel, vivió atareado comprando los
muebles, equipos, adornos, ropa, alimentos
para ese apartamento, para su familia.
Sus seres queridos llegaron.
Raquel en esos meses había crecido y
adaptado a la forma de vivir de su abuelo.
::::::
La mejor base para construir un hogar es el amor.
(Wrigth)
La compañía le facilitó la compra del
apartamento.
René eligió uno en la urbanización Miranda,
la cual quedaba a mitad de camino entre la
ciudad y la planta industrial.
Era un lugar residencial, en crecimiento,
alto, fresco, que unía el estar próximo a la
civilización con la paz de la montaña.
El apartamento formaba parte de un grupo
de unidades de dos pisos. Adquirió uno de la
parte alta.
Al frente tenía un balcón con plantas
tropicales... y al fondo un mirador con la mole
del Naiguatá enfrente y la cordillera de la costa.
El mirar para abajo se comprobaba que la
terraza estaba practicamente en el aire, sobre
una abrupta barranca. Allá en el fondo, en el
valle, corría un riachuelo entre bambúes.
De día se disfrutaba viendo pasar las blancas
nubes, frente y a la altura del apartamento, que
lentas iban hacia el oeste a limpiar el caliente
aire de la ciudad.
Diap 87
EL COLADOREL COLADOR
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–Estaba completo. Sólo te olvidaste un
colador de té.
René tuvo ganas de reír. Él no era fino,
usaba bolsitas.
–Estamos en un monte. –siguió ella– Nadie
viene aquí.
–En diez minutos llegamos al centro; –
respondió– y en Caracas no tendrías esta paz ni
este aire.
–Claro... al lado del olor que tú sentías del
Pantanoso. Yo extraño el aroma de los árboles
del Prado. Y a mi familia.
René se sintió dolido y desvío la conversación
diciendo:
–Desde que se fue Frulí no hemos tenido
noticias de él.
–No volverá más. –afirmó ella– La señora le
dijo que no vendría para aquí. Y a Frulí tampoco
le gustaba esta gente.
Edith sabía de Frulí más que él.
Y una grieta se abrió.
A los nueve meses nacía Raúl, un rubio
varón igual a René. Su hermana Raquel, era de
pelo negro como la madre.
...oo0oo...
Las más cambiada fue Edith: era sensual,
muy amorosa y más apasionada.
Al mes de llegar estaba embarazada.
Hizo el mismo periplo que René por las
quintas de los directores. Se sentía en la gloria.
No sabía que, luego de conocerla, el círculo
de los poderosos se volvería a cerrar.
Puso una negrita de servicio. Pero la cocina
la manejaba Edith.
Congenió con las vecinas, esposas de
ejecutivos, en su mayoría extranjeras y blancas.
No era despectiva con los mulatos y negros,
pero ponía una barrera entre ellos.
Se conectó con las pocas familias sureñas
que había en Caracas. Y por un tiempo ese
apartamento se convirtió en centro de reunión
para ellos y los que venían de viaje.
El círculo se cerró, los compatriotas venían
menos. La novedad había pasado.
Estaban en el mirador viendo las lejanas
luces de la ciudad. Edith suspiró preguntando:
–¿No podías haber buscado un apartamento
en Caracas?
–¿No te gusta éste? –respondió– ¿Faltaba
algo al llegar?
Diap 88
EL COLADOREL COLADOR
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
El ratoncito veía de soslayo hacia arriba,
temiendo que lo espantasen y tuviese que dejar
su comida.
Lo bautizó Mik.
Y el pequeño ratón respondía mirándolo.
Pasaron los días.
Y todas las tardes se repetía ese ritual.
Con el tiempo se acostumbraron tanto uno al
otro que el roedor no huía cuando René iba a
buscar un dibujo.
Por lo contrario, llegaba junto a él y quedaba
viéndolo sereno, pidiendo su postre.
A su vez, el hombre estaba pendiente que
saliera el último empleado para observar por
donde acostumbraba aparecer Mik, llamándole
si se tardaba.
Pasaron meses y por tiempo existió esa amistad,
al punto que René dedujo que no podía ser el
mismo ratón, que era una tradición que heredaba
una familia de roedores, la cual tendría su
madriguera detrás de los muros de esa oficina.
Entre las dos especies había un tácito pacto.
René dejaba a los ratoncitos recorrer libremente
las oficinas en las horas nocturnas, y ellos no
roían los documentos y dibujos.
Seis y media de la tarde.
René veía caer la noche por la ventana que
daba al jardín.
Los únicos que quedaban en la fábrica eran
él, el guachimán, su fiel perra negra, una que
otra culebra, y los ratones que salían de sus
escondrijos buscando los restos de comida
dejada por los obreros...
René sonrió nostálgico...
¿Qué se habría hecho de Mik?
Aquel ratoncito orejudo que salía después de
la sirena de la tarde y se quedaba mirándolo
con sus ojos brillantes, con un gesto de
asombro al ver alguien aún en la oficina.
Luego de comprobar que el resto del personal
se había ido, recorría entre las patas de los
escritorios comiendo los caídos y minúsculos
granos de galletas.
Una tarde, René le dejó un trozo de bizcocho
dulce cerca del taburete de la mesa de dibujo
donde estaba.
El ratoncito dio vueltas y vueltas hasta que la
tentación venció al miedo y se aproximó a
disfrutar ese manjar.
Diap 89
EL RATONCITO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
17 EL RATONCITO
El tiempo todo lo cambia
Con los años lo vería hasta en su propia especie.
Una mañana apareció en la trampa un ratón.
El padre de René lavó el artefacto y lo armó.
La siguiente mañana cayó otro, y Renoir dijo
que habían acabado con esa familia.
René pasó la mañana sintiendo malestar en
su interior. En la modorra de la tarde fue al
galpón a buscar un clavo. Oyó unos lastimeros
y quedos chillidos entre los estantes.
Buscó el origen y se encontró con cuatro
desgraciados y pequeños cachorritos de ratón,
aún sin pelos, casi ciegos, que abrían sus bocas
reclamando el alimento de su madre.
No tenían ni el tamaño del meñique de René,
y con su piel rosada se revolcaban uno sobre
otro sobre la paja.
René buscó una caja, los acomodó adentro.
Hizo unos agujeros a la tapa y los cubrió. Fue
hasta la cocina. trajo un poco de leche y les dio
a beber goteando de un palito.
Quizás fuese que eran ratones de campo, aún
no habían tomado el gusto a los papeles. O
René había dejado salir un sentimiento infantil
por una grieta en el muro.
::::::
Siendo niño René, de cuatro o cinco años,
sufría cada vez que veía un ratón estrangulado
por el alambre de las trampas que ponían en el
galpón del fondo.
Aceptaba a medias el razonamiento que los
roedores se comían el maíz destinado a las
gallinas, pero no el porqué matarlos de forma
tan cruel y engañándolos con queso.
Quería más a esos pequeños animales tímidos,
siempre temerosos, de piel tersa y suave. En
cambio las gallinas eran atrevidas, escandalosas,
picaban, y de plumas duras.
No había aprendido que el hombre considera
enemigo a todo ser que compite con él en el
alimento o no le da un beneficio.
Diap 90
EL RATONCITOEL RATONCITO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
La fábrica progresaba. René siguió quedándose
luego de hora a terminar algún dibujo... y a
charlar con el ratoncito.
Una tarde Mik no apareció... ni ninguna otra
tarde más. A René le quedó sólo el recuerdo del
ratoncito y el volver a hablar consigo mismo en
el solitario silencio.
::::::
Un obrero le pidió trabajo para un sobrino
que había sido ayudante de ingeniero en la
ciudad. Cuando hizo al joven de apenas
dieciocho años y de nombre Miguel, una simple
prueba de dibujo, no sabía nada.
Y le preguntó intrigado:
–¿Usted fue ayudante de ingeniero? ¿Qué
hacía?
–Le ayudaba a pasar los dibujos por la
copiadora.
Lo dijo con tal orgullo que René contuvo la
risa:
–Yo le enseñaré a dibujar. –le indicó– Y
como no soy ingeniero, será ayudante en
general de oficina.
Cuando le contó a su madre, ésta dijo que
debía tirarlos a la basura. Pero al ver los ojos de
René, le permitió criarlos creyendo que morirían.
Los ratones se hicieron grandes. René los
tenía en una jaula. Un sábado su padre lo tomó
de la mano y fueron al galpón. Le señaló los
roedores:
–¿Te gustaría estar una jaula? Déjalos libres,
que vivan y mueran como todos los seres... –y
sonriendo, agregó– Aunque coman el maíz no
pondré trampas por un tiempo.
El niño los sacó de la jaula. Al agarrarlos, los
ratoncitos rozaban sus dedos buscando alimento.
Pero, al verse en libertad salieron corriendo a
esconderse entre los estantes.
René sentía como una pequeña grieta en su
pecho.
–¿Te da tristeza?... –su padre murmuró–
Duele separarse de lo que se ha criado. Pero si
los hubiese mantenido allí habrían muerto
prisioneros... sin saber lo que era la vida.
Los años pasaron. René tuvo la libertad de
hacer su vida.
::::::
Diap 91
EL RATONCITOEL RATONCITO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Y de pronto René vio que empezaban a faltar
útiles de la oficina.
El vigilante colocó cerca de los archivos una
trampa para los ratones. René dejó billetes de
cierto valor en un cajón.
Una mañana apareció en la trampa un ratón,
era feo, de orejas cortas, de ojos rojizos.
René sintió alivio, no era de aquellos
ratoncitos orejudos y tímidos como Mik.
También esa mañana faltaron algunos
billetes en el cajón.
Con el resto sobre la mesa, llamó a Miguel.
Éste, sin decir nada, se fue.
Y René sintió abrirse otra grieta en el muro.
Llegó la noche. Lejos se ve el resplandor de
las luces de la ciudad.
Y en la penumbra retorna la nostalgia...
¿Qué se habrá hecho de Mik? ¿Qué se habrá
hecho de la gente pico y pala?
Quizás, como la familia de Mik se extinguió...
o una víbora o el tiempo acabó con la tradición.
...oo0oo...
Miguel era despierto, aprendía rápido, pero
la ciudad lo había cambiado, nunca se sabía lo
que pensaba. Ya no tenía la naturalidad de los
negritos pico y pala del campo.
Sin embargo René le tomó afecto. Le afloró
la vena de maestro, le gustaba transmitir la
teoría y sus conocimientos, no sólo la práctica
que dejaba en la fábrica. L
e prestaba sus libros, y llegó hasta invitar a
Miguel para que fuese los sábados a su casa
para explicarle con más tranquilidad temas
difíciles de física y geometría.
El joven se quedaba a almorzar con la
familia, Edith y sus hijos se encariñaron con él.
Tanto, que se le invitaba para los festejos como
si fuese un amigo íntimo.
Pasaron los meses. Miguel dibujaba
aceptablemente. René lo subió de categoría y de
sueldo. El joven seguía siendo en su vida
privada y en sus pensamientos un misterio.
De pronto los archivos y dibujos comenzaron
a aparecer con su extremos comidos por los
roedores.
Diap 92
EL RATONCITOEL RATONCITO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Su amor con Ángel parecía durar. Pero, él no
fue a vivir al penthouse. Habitaba una vieja
casa colonial, retirada, en un cerro de la costa,
liberando ahí su inspiración en soledad.
Acostumbraba ir al piso de Mistral en el
atardecer. Y con ella y los chicos, una niña de
nueve años y un varón de siete, quedaban
charlando mientras veían caer la noche.
Los niños lo querían. Él era tierno y sabía
escucharlos. Además, por su estatura y
fortaleza daba seguridad... aunque su espíritu
vivía insatisfecho.
Cenaban, veían televisión, leían libros,
comentaban de literatura, pintura, escultura...
o simplemente observaban el cielo estrellado.
Eran felices estando cerca.
Algunas veces Ángel retornaba para su
antañona casa. Otras se quedaba con Mistral en
la alcoba y se amaban.
Y los muchachos dormían con la dicha de
saberlo cerca.
Un día el escultor Ángel dejó de ir a la
fundición. Dejó de ir a la casa de René. Dejó de
frecuentar los círculos de amigos, tanto del
ambiente artístico como el social.
Los artistas son seres extraños, su humor
puede variar del punto glacial al candente. Ser
maravillosamente sociables y simpáticos, para
luego convertirse en hoscos y solitarios.
Con el tiempo se supo que Ángel se había
vuelto casi un misántropo. Cada tanto hacía
alguna escultura, pero eran pequeñas y las
fundía en talleres de aficionados.
El único eslabón que lo mantenía unido a la
humanidad era Mistral, una poetisa muy
peculiar. Adinerada, tenía dos hijos, soltera, de
35 años y amaba a quien ella quisiera.
Vivía en un penthouse del litoral disfrutando
el paisaje del mar y la montaña. Y, cuando a
ella se le antojaba, allí se reunían bohemios y
poderosos, intelectuales y artistas.
Diap 93
LOS PRISIONEROS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
18 LOS PRISIONEROS
Nada ni nadie puede esclavizarnos
sin nuestro propio consentimiento
–Usted no tiene problema para andar por el
mundo.
–En el occidental, no. Poseo cinco
nacionalidades.
–Disculpe... –dijo René, entre asombro y
chanza– ¿Qué hace en Venezuela? ¿Cómo
sabiendo todo eso llegó aquí?
En el rostro risueño de Klaus surgió una
nube de tristeza:
–Soy un desarraigado por la guerra. Era
administrador. Estuve en campos de prisioneros.
Cuando todo terminó, no había trabajo ni
familia ni nación. Hice de todo para vivir.
Llegué a Génova. Me hablaron del trópico y...
aquí estoy.
–Por suerte tenía una profesión. –comentó
Anguilera.
Nuevamente sonó la carcajada de Klaus al
agregar:
–El primer trabajo fue rompiendo asfalto
con un martillo neumático. Luego de vendedor
en las tiendas del Silencio. Leí que solicitaban
un administrador. Me tomaron. Me fue bien. Y
ahora... me buscan cuando hay problemas.
::::::
Otra vez el doctor Anguilera ponía alguien
nuevo en la gerencia general. Demostraba el
clásico refrán que si todos los empleados no
sirven, el que no sirve es el superior.
En una ocasión le ofreció ese cargo a René.
Este soltó la risa diciendo que él sabía hacer
cosas y dirigir producción.
El nuevo impresionó bien. Era extranjero,
sencillo, con sonrisa a flor de boca y sin la
presunción de los anteriores. Hablaba español
correcto, pero con acento indefinible.
–Klaus Kreicherof. –se presentó casi
militarmente.
Al conocer a René, le saludó y habló en
perfecto francés. Éste preguntó si era galo. Él
rió con soltura, contestándole:
–Hablo y leo francés, italiano, español,
alemán, inglés y portugués. Nací en Rumania,
mi madre era búlgara y mi padre alemán.
También hablo ruso y otros idiomas eslavos,
pudiendo leer y escribir con el alfabeto círilico.
Lo había dicho con tal simplicidad que
Anguilera bromeó:
Diap 94
LOS PRISIONEROSLOS PRISIONEROS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Y remangándose, mostró un número tatuado
en su brazo.
–No se preocupe, –continuó René– ya no
hago falta. Lo que yo sé, está en esa gente.
Pueden trabajar solos.
–¿Tú crees que soy estúpido? ¿Que me voy a
agarrar los dedos? Sigue produciendo, yo
administraré. En la planta no sobra nadie, lo
que hay de más son directores.
Kreicherof controlaba con severidad. En
pocos meses se elevaron las ventas, la
producción y las ganancias.
Al doctor Anguilera se le veía sólo en la
reunión de directiva.
Habiendo más ingresos, el sindicato agitó al
personal en busca de mejoras salariales.
Estaban casi logradas. Pero, para hacer
demostración de fuerza formaron una barrera
humana en el portón no dejando salir a Klaus
en su carro.
Éste retrocedió hasta la oficina. Dijo a René
que subiese al coche.
Y... a toda velocidad se arrojó sobre el
piquete que se abrió en desbandada dejando lo
pasar.
::::::
Klaus Kreicherof era alto, fornido, pelado y
aguileño. El personal lo llamaba el Judío. En
pocos día se conquistó la simpatía de todos,
desde los operarios a los superiores.
Una vez se detuvo junto a un obrero que
soldaba tubos.
–¿Me permites hacerlo a mí? – preguntó a
René.
Y sin más, soldó uno en círculo de abajo
hacia arriba, como en las petroleras. Los demás
quedaron asombrados.
–Es que antes... hice de todo. –dijo el Judío,
jocoso.
Luego, al seguir caminando, murmuró
impávido a René:
–Al contratarme me pidieron reducir la
gente de planta. Que saliera de ti, que sabías
hacer cosas pero no dinero.
René sintió el dolor de una gran grieta.
Calmo, respondió:
–Agradezco la sinceridad. Si es así, me retiro
ya.
–René... Soy un sobreviviente. Para sobrevivir
se debe ver la realidad. Nunca me mataron... Yo
era necesario, útil.
Diap 95
LOS PRISIONEROSLOS PRISIONEROS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Éste estacionó el coche y se dirigió al grupo.
Miró a uno de los más jóvenes diciéndole:
–Carajito... Tú si que eres ágil, parecías un
saltaperico.
Una carcajada general lo coreó. Klaus agregó
sonriente:
–Ustedes sí que son pendejos. No dejarme
salir cuando iba a ver al doctor por el nuevo
contrato. Desde la próxima semana tienen diez
por ciento de aumento y cuarenta y dos horas
semanales. Eso sí, con la misma producción.
El personal lo vitoreó. Todos rodeaban
felices a Klaus. René no salía de su asombro,
hacía un instante lo odiaban.
La gente se retiró. El Judío fue con René a la
oficina. Llamó a Anguilera. Al colgar, miró a
René diciendo irónico:
–Íbamos a dar el quince por ciento y
cuarenta horas. Ellos creen que ganaron. Los
individuos razonan... las masas reaccionan. Y
hay que hablarles en su propio idioma. Au
revoir mon ami, voy a calcular los beneficios.
René salió. Sentía resquebrajado el muro de
sus ideales.
Ya en la carretera, fríamente explicó como
un tutor:
–Has aprendido algo. El espíritu de equipo
desaparece frente al instinto de supervivencia.
–¿Y si no se hubiesen separado? –preguntó
René.
–Más de treinta y seis millones murieron en
la guerra por no separarse. Judíos, gentiles,
demócratas, socialistas, soldados, civiles.
Prisioneros, carceleros. Sin ver que todos
somos prisioneros, la mayor cárcel es la de las
ideas.
René lo miró. Klaus hablaba viendo lejos, en
el tiempo.
–¿Y mañana como estará esa gente? –volvió
a preguntar.
–René... El ser humano olvida rápido.
Estamos en el trópico. Después de la tormenta
los árboles se ponen más verdes. No esperemos
a mañana. Volvamos a la fábrica.
Giró el carro retornando a la fundición. En el
portón aún se encontraba el personal hablando
y gesticulando. Pero permitieron entrar al auto,
viendo con enojo al chofer.
Diap 96
LOS PRISIONEROSLOS PRISIONEROS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
La obra era hermosa. De la base en bronce
semejante a una piedra, surgían figuras humanas
sin definirse del todo, con sus brazos en alto y
los dedos de las manos abiertas se estilizaban
subiendo y retorciéndose en llamaradas.
Tendría cerca de dos metros diez. Altura
heroica. Todo transmitía una angustia indefinible,
el desesperado deseo de seres aprisionados en
la materia buscando la libertad.
Su nombre era: Espíritus Prisioneros.
Apenas Klaus conoció a Ángel hubo empatía.
Era algo inexplicable, ya que no coincidían ni
en forma de pensar ni sentir. Pero, bárbaros y
romanos se unieron en el arte.
Ese tarde iban a colar la estatua. La caja ya
estaba lista con sus agujeros de carga y de las
fumarolas listos.
Ángel y Klaus habían ido a almorzar a Boleíta.
Volvían apresurados. Al llegar a la fábrica
comenzaron a girar. Se oyó una frenada y el
golpe de otro carro contra la puerta donde
venía el Judío. Habían chocado.
::::::
La única verdad es la suma de todas
las mentiras y verdades del mundo. (Tíbet)
Con la misma naturalidad que un día
desapareció, tiempo después Ángel volvió a
aparecer en la fundición.
Nuevamente su espíritu artístico, insatisfecho,
aprisionado en los vaivenes que iban desde la
creación de obras sublimes a la pequeña
artesanía, estaba en la cúspide.
Necesitaba fundir una escultura que, cuando
René vio el modelo, era todo un reto para
colarla. Juntos se sintieron como en tiempos
idos, cuando cerca del mar y en unión de Frulí
y el capataz vencían los inconvenientes.
Pero aquel cuarteto ya no estaba, había
montañas en vez de bahía, dos de sus
integrantes sustituidos por Anguilera y
Kreicherof, y la ilusión de un ideal en común
cambiada por la ambición de la realidad de
cada uno.
Diap 97
LOS PRISIONEROSLOS PRISIONEROS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Desinfectó las heridas e hizo el curetaje.
Luego comenzó a quitar los restos de sangre en
el brazo. Cuando René lo levantó para limpiar
la parte inferior, cerca del axila vio tatuado un
número con un símbolo que le hizo horrorizar.
Eran las SS de las fuerzas especiales nazis.
Los asesinos que dirigían los campos de
exterminio.
¿Sería uno de esos crueles criminales?
¿Cómo concordaba eso con la otra cifra cerca
de la muñeca, identificándolo prisionero judío?
René nada dijo. Terminó de limpiar. Puso
esparadrapos en los cortes. Klaus se colocó la
camisilla y camisa él solo.
Volvieron a la fundición. Tal como lo había
temido René, Ángel había acelerado la colada
de la pieza.
Además ya se hallaban sacándola de la tierra.
Se rajaría.
La levantaron. Estaba llena de huecos y
grietas. René, comprensivo, dijo que la colarían
de nuevo.
Ángel le obsequió la defectuosa. Lo agradeció.
Los Espíritus Prisioneros se veían en ella.
El personal salió al oír el ruido. A Ángel no le
pasó nada. Klaus sólo tenía el hombro
sangrando por pequeños trozos de vidrio. El
conductor del otro auto estaba bien.
El judío solucionó a su manera el problema
con el chofer que lo había embestido.
Entraron a la planta. René observó que
Ángel se mareaba. Recordó que éste no podía
ver sangre, y dijo al vigilante que llevara Klaus
a la enfermería.
Pero, en forma tajante, el gerente rechazó
eso diciéndole:
–No... Cúrame tú, René.
–Anda, René. –dijo Ángel, sonriendo– Aún
sé como colar una pieza. Empezaré a hacerlo
con el capataz.
No podía despreciar a ninguno de los dos y
se fue con Klaus, pero René sabía que Ángel
pecaba de impaciente.
En la enfermería ayudó a Kreicherof para
sacarse la camisa. Debajo tenía una camiseta de
mangas hasta el codo. Irregular para el calor
tropical, pero René pensó que podía ocultar
recuerdos amargos de la guerra. La sacó.
Diap 98
LOS PRISIONEROSLOS PRISIONEROS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–De todas formas te cobraré el material. –rió
Klaus.
–No me la llevaría de otra manera. –afirmó
René, serio.
–Lo sé. –Klaus, y ya no reía– Estás atado a
tus principios.
–¿Dónde te dejo, Ángel? –René cortó la
conversación.
–Donde salen los buses para el litoral. –
respondió irónico.
–A mí llévame hasta la casa. –ordenó Klaus.
–René, sólo te falta la gorra y el uniforme de
chofer. –dijo Ángel burlón, pero cada uno
pensaba en lo hablado antes.
Dejó a Ángel en el terminal de autobuses.
Klaus pasó al asiento delantero.
Iba indicando el camino hacia su casa. Nada
más.
Al llegar volvió a decirle con voz autoritaria:
–Baja. Entra. Tomemos algo. Sé que te gusta
la ginebra. Conocerás a mi señora... y
podremos hablar.
Sin explicárselo a sí mismo... René le
obedeció.
::::::
La Tierra cada tanto nos sacude para
recordarnos lo insignificantes que somos
René llevó en su auto a Klaus y Ángel para
Caracas.
El primero tenía una animada conversación
con el escultor. A René se le dificultaba intervenir
luego de lo visto.
–Los artistas reflejan su alma en las obras.
Pero tú eres un hombre independiente, alegre,
libre. –le comentaba Klaus.
–Vemos caras y no corazones, –acotó Ángel–
mejor sería decir se ven máscaras. Nadie sabe
de mi angustia, mi ansia de libertad, de ser...
sin saber que quiero ser ni como ser.
–El cráneo es la cárcel de nuestros sentimientos
e ideas. Tenerlas dentro es sufrir. Y liberarlas,
morir. –dijo René.
–Cruel verdad. –siguió Ángel– La próxima
pieza fundida quedará perfecta. Pero la de hoy,
llena de huecos y grietas, representa lo que
siento. Por eso quiero que la tengas tú, René.
Tú sientes lo mismo y vives encarcelado tras un
muro para protegerte de la realidad.
Diap 99
LOS PRISIONEROSLOS PRISIONEROS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–Como éste. No sólo de los judíos. De todos
los que ellos decían que eran pueblos inferiores.
Si vivo es por Klaus.
–¿Qué fue usted? ¿Qué es? –dijo René, ya
intrigado– ¿Hebreo, alemán? ¿Nazi, sobreviviente
judío?
–¿Semita? ¿Ario? –siguió, Klaus– ¿Rumano?,
¿Húngaro?, Búlgaro?... Países... Naciones...
Pedazos del mapa donde la gente tienen una
musiquita particular, un pedazo de tela con
colores, o llaman a las cosas diferente. Las
personas necesitan creer que pertenecen a una
raza, religión, piel, patria, aldea, familia, o política
distinta, para pensar que hay otros inferiores y
así sentirse diferentes y superiores.
–Sin embargo la nación judía... –comenzó a
decir René.
–¡La nación judía!... –interrumpió Klaus–
Mi hermano murió en el campo de Auschwitz.
Y mi primo en Siberia como oficial alemán
prisionero de los rusos. ¿Murieron por sus
ideales o fueron esclavos de los conceptos
inculcados
::::::
La esposa era de ojos oscuros, que
mantenían una gran belleza y amargura. Los
hombres se sentaron en unos sencillos sillones.
–Orchirí... ¿nos podrías traer esa ginebra
lentré?
Klaus lo había pedido a la señora con tal
dulzura que no parecía ser el mismo hombre.
Ella salió; y René preguntó:
–¿Esas palabras son en ruso?
–No... Significa "hermosura" y "alemana" en
calé. Ella es gitana. Una sobreviviente del
campo de Landsberg.
René arrugó el rostro y quedó en silencio.
Klaus siguió:
–Vi que reconociste el tatuaje en mi axila.
Sin embargo nada dijiste... ¿Por qué? Podrías
haberme denunciado.
–Ese es un problema suyo con su conciencia.
Lo que no puedo comprender es el otro
grabado de prisionero judío.
Orchirí entró. Puso la bebida sobre la mesa
y, subiéndose la manga, señaló su número
cerca de la muñeca:
Diap 100
LOS PRISIONEROSLOS PRISIONEROS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–A mí me escondió y me hizo figurar ya
exterminada. Al entrar las fuerzas aliadas,
fuimos dos prisioneros judíos más y perdidos
por los caminos. –agregó su esposa.
–¡Cuantas cosas deben guardar en su
memoria! –musitó René– No entiendo por que
confiaron en decírmelas.
–Porque sé que no las contarás. –dijo
Klaus– Que las pondrás tras ese muro que
habló Ángel. ¿Te digo algo ridículo? Lo que más
recuerdo de esa época es cuando fui oficial,
tenía un ordenanza para que me quitara las
botas, me las lustrara y me las pusiera... me
sentía un campeón.
–Sé lo que fue, pero... ¿Klaus Kreicherof es
su nombre?
–¿Sabes lo qué fui, lo que soy?... –el judío
volvió a su forma de ser irónica– No lo creo. Si
yo no lo sé... ¿cómo lo pueden saber los demás?
¿Si este nombre es verdadero?... Sí, lo fue... Sí,
lo es... Fue y es el de un prisionero.
La botella de ginebra estaba por la mitad.
–Sigo sin saber que fue usted. –espetó René.
–Fui judío, pero en esos años se admiraba a
los nazis y despreciaba a los judíos. Supe lograr
una documentación como alemán. Fui oficial
en el campo de Landsberg, en la administración.
Allí conocí a Orchirí, era tan bella...
Klaus se interrumpió, las últimas palabras
sonaron tristes, y la gitana agregó mirando a
René serenamente:
–Los oficiales me tenían de ramera... así
sobreviviría hasta que cualquiera de ellos me
mandase exterminar. Klaus me pidió como su
empleada...aún no sé como lo logró.
René estaba asombrado de la sinceridad de
ella. Mucho se debe sufrir para dar verdaderos
valores a los hechos y no dejarse llevar por los
de una vida artificialmente normal.
–¿Y luego? –René se sentía absorbido por la
narración.
–El nazismo se hundía. Los aliados llegaban.
Con otros soldados nos tatuamos los números
como prisioneros y obtuvimos sus documentos.
Otra vez era judío.
Diap 101
LOS PRISIONEROSLOS PRISIONEROS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
A los tres días se hace el esfuerzo de volver a
la realidad. Se habla de miles de muertos y
heridos. Nunca se sabrá.
Los edificios parecen haber sido golpeados
por garras. En el apartamento de René sólo se
ha abierto una grieta en la pared del mirador.
Nada le pasó a su familia, pero no ha podido
comunicarse con Ángel ni con Klaus.
El noticiero de la mañana lo aturde:
Klaus y su esposa han muertos entre los
escombros.
Ángel, Mistral y los dos hijos son hallados
reunidos en un abrazo final, bajo el peso del
techo. Un periódico muestra la foto.
René ve en ella los trozos de los dedos
llameantes de la obra... y murmura:
–Esos espíritus prisioneros ya son libres.
Tiempo después se arregla la pared del
mirador. Cuando se abre una grieta se le puede
rellenar, pintar, tapar...
Pero está allí, y en cualquier momento puede
abrirse.
...oo0oo...
::::::
Sábado 29 de julio de 1967.
Nueve de la mañana.
El día anterior, viernes, fue colada la segunda
estatua de "Espíritus Prisioneros".
Ahora se saca de la tierra. Es de una belleza
extraordinaria, no presenta ninguna falla.
La primera, llena de huecos y grietas, la tiene
René en el estudio de su casa y la contempla
desde el mirador cuando se hamaca en el
chinchorro frente a la montaña Naigüatá.
La nueva está limpia. Ángel desea llevarla al
piso de Mistral. Le prestan el camión de la
fábrica y operarios.
Ocho de la noche.
La ciudad de Caracas y el litoral son sacudidos
por un terremoto. Caen edificios, unos se
abren, otros se aplastan. Por dos días se repiten
los temblores.
Los servicios públicos colapsan, bomberos y
médicos están agotados. Los seres que se
salvaron de la pesadilla parecen sonámbulos
que aún no despiertan.
Diap 102
LOS PRISIONEROSLOS PRISIONEROS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Pero esta remesa del 69 halló esa palabra
humillante y se cobijó bajo el ambiguo término
de perseguidos políticos. Aún más, con el
rimbombante de "exilados".
Alex, con Elda y su hija Elisa, vinieron así.
Vivían en la casa de su cuñado René.
La versión fue que Alex estaba fichado por la
policía política sureña y podía ser detenido.
Alex había tenido un puesto en la Procuraduría,
éste le daba ingresos por trámites no correctos,
algo visto natural.
Pero, si se le investigaba habiendo un gobierno
de facto pasaba a ser un perseguido político. Y
todos los ayudaban para que saliese de la
nación con la aureola de mártir.
En Caracas tuvo la contabilidad de imprentas
de patrones extraños: exprimían a sus obreros y
se decían izquierdistas.
Como siempre, éstos tienen el corazón en la
izquierda y la cartera en la derecha. Y la tenían
para pagar a Alex.
Habían pasado trece años de la llegada de
René, doce del inicio de la fundición y de ese
país a la democracia.
En ellos surgieron otras empresas generado
por el petróleo. Y al país, los políticos para
repartirse esa riqueza.
Se estaba en 1969. En el Cono Sur se
derrumbaron las bonanzas ficticias y nacieron
gobiernos de facto. Algunos de sus habitantes
huyeron tras el mito de Venezuela.
Cuando la crisis es económica los últimos en
salir son los más capaces. Pero, cuando la crisis
es política, los primeros en huir son los inútiles.
Inútiles ignorantes, que son los miserables
que viven de la corrupción, acomodo y coima.
E inútiles intelectuales, holgazanes instruidos
que pasan su vida en un cargo ampuloso... y
bien remunerado.
Años antes, los extranjeros venían a trabajar
y hacer un porvenir...
No tenían vergüenza en llamarse emigrantes.
Diap 103
LOS CUENTEROS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
19 LOS CUENTEROS
Nos gusta que nos engañen,
por eso aplaudimos a un buen mago.
–Te felicito, Alex. –dijo Adalberto, un exilado–
Enseguida te ubicaste. Yo llevo seis meses
buscando trabajo.
–¿Y cómo te mantienes? –preguntó irónico,
René.
–Por suerte Adela sigue en la peluquería. Ahí
conoció a la abogada Maigualida, la novia del
ingeniero Marcos. Es una de sus mejores
clientes y hermana de un alto militar.
–Recuerdo que Adela comenzó a trabajar allí
desde que llegaron. –comentó René–. Debe ser
feo estar parada todo el día. Mantengo mi
oferta. Tú estabas allá en la asociación de
changadores. En la fundición hay lugar para
hombres como tú. Y... ¿Ustedes siguen como
novios o se casaron?
–¡René!... por favor. –intervino su cuñado–.
Cada uno es libre de hacer lo que quiere... es un
principio de libertad.
–Tienes razón, –respondió René– pero
siempre que no perjudiques a los demás con los
que haces.
La casa de René se volvió centro de reunión
para otros perseguidos e intelectualoides que
quedaban hasta altas horas sublimando lo
dejado y despreciando lo presente.
René, cansado de esas reuniones, habló con el
doctor Anguilera quien era el único capitalista que
quedaba de aquel grupo inicial de la fundición.
Gonzalo Donadez, el contador, se iba a una
promotora. Alex era buen contable. René rompió
su norma de no recomendar, y su cuñado quedó
como sustituto.
Esa noche tenía otra reunión. Todos decían
que la casa de René estaba en el monte, pero
venían a disfrutar de la paz reinante y... a
liquidar la comida y bebida gratis.
También se hallaban Gonzalo y el doctor
Anguilera. Entre los nuevos estaban dos
chilenos: Un tal ingeniero Marcos Möhen, galante
y muy engreído. Y Leroy Lamprea quien no
podía disimular su forma humilde y laboral.
Marcos era el tipo mujeriego como Anguilera
y Gonzalo. Las damas los critican, pero les
encanta sus cameleos.
Diap 104
LOS CUENTEROSLOS CUENTEROS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–Sólo soy un hombre que le gusta enseñar a
la gente y sacar buena producción. Para eso
vine. No soy doctor ni director ni ingeniero. –
respondió René– No terminé la carrera. Y lo
que se terminó es el whisky. Leroy... ¿por qué
no me acompaña a buscarlo y ve la cumbre del
Naiguatá?
Se levantaron yendo hacia el estudio. Dejó al
chileno en el mirador.
Leroy miraba la serranía cuando René se
acercó con las dos botellas de whisky y le dijo:
–Hermosa paz, esas montañas imponen
serenidad.
–Así es. Me recuerdan mi patria. –Leroy
bajó la voz–Usted es un hombre de bien, señor
René. Voy a confiarle algo. Cuídese de Marcos,
es falso. Nunca fue ingeniero, era un guillotinero.
Pero al llegar se arrimó a esa abogada y ella le
obtuvo la revalida de lo que no era. Si lo dejan
hablar, él convence... y a los de aquí les gustan
los cuentos.
–Mira, René. No salí de mi país para ensuciarme
de carbón. –aclaró Adalberto– Soy un organizador.
Mi primo es secretario del partido. Yo distribuía los
changadores, no cargaba. No veo correcto
casarme hasta que no tenga algo seguro. Lo
haré al volver, cuando acabe la dictadura.
–Estoy de acuerdo. –dijo el ingeniero Marcos–
Vinimos a este gran país para darle lo mejor y
progresar. Si hacemos cualquier trabajo, no
mejorará el país ni nosotros.
–¿Oyes, René? –acotó Anguilera– Hay que
hacerse valer, ser afamado. Si uno es importante,
el grupo lo será.
–No estoy de acuerdo. –opinó René– Es al
revés, si el grupo es importante, sus integrantes
también lo serán.
Adalberto, Alex y Marcos Möhen pertenecían
al tipo de los inútiles instruidos y tenían
fascinadas a las damas.
Pero Leroy parecía un hombre simple, de
trabajo, algo servil, e intervino en la conversación:
–Usted es un idealista, señor René, es diferente.
No parece que fuese un director o un doctor, o
un ingeniero.
Diap 105
LOS CUENTEROSLOS CUENTEROS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–Como el hierro fundido, –dijo René, triste–
duro, fuerte. Pero, si tiene grietas por dentro,
un golpe lo puede romper.
–Te extrañaré, René. –siguió Gonzalo– Por
lo cáustico y porqué siempre pude contar contigo.
Frulí y Don Giani fueron más divertidos, sin
embargo eran aves de paso.
–Ellos querían hacer dinero para su vejez. –
comentó René– Yo quise hacer un nuevo país
para los míos.
–¿Lo lograste?...–preguntó el doctor Anguilera.
–Usted es quien debería responder esa
pregunta.
Por la ventana entró el frío de la montaña:.
Era tarde, y los invitados se despidieron. Edith
se fue a acostar.
René, parado, miraba por la ventana del
dormitorio el gris azul que antecede al
amanecer.
La velada había sido larga.
–¿Tenías que discutir con Adalberto? ¿Qué
te importa lo de él con su mujer? Si así son
felices es problema de ellos.
::::::
Todo es igual, nada es mejor... (Tango
"Cambalache")
Cuando René y Leroy volvieron a la sala,
todos habían hecho un grupo y el doctor
Anguilera era el centro de atención. Edith se
hinchaba de gusto por lo que éste decía.
–René... –llamó ella, haciéndolo sentar a su
lado– si no fuese por el doctor ni me enteraba
que has sido el principal autor de la norma
nacional para fundición en hierro.
–Fuimos un equipo. –aclaró él– Y muchos
artículos son adaptados de normas japonesas,
americanas y europeas.
–¿Ves Edith como es? –siguió Anguilera– Yo
lo supe por Gonzalo que vino atónito de una
reunión donde René dio una clase magistral. Y
cuando le pregunté a tu esposo, dijo que todo
había sido normal.
–Enseñar es lo natural. –aclaró René–
Aprender, lo que se resalta... y cuanto más se
aprende, menos sabemos.
–René... –indicó Gonzalo– Frulí y Don Giani
decían que eras como el hierro fundido:
moldeable pero inflexible.
Diap 106
LOS CUENTEROSLOS CUENTEROS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–Por favor... Altamira está a quince minutos.
Los chicos asisten al mejor colegio de Caracas.
Todas las tardes vas al club y te juntas con las
esposas de otros ejecutivos. No hay teatro o
ballet que no veamos. ¿Eso es embrutecerse?
–Es inútil hablarte. Y para terminar la
reunión tuviste que dar esa respuesta al doctor.
No supo que decir. Podrías aprender del
ingeniero Marcos. Él sabe estar en sociedad.
René rió burlón y se fue al chinchorro del
mirador.
Días después Anguilera nombró Gerente
General de Planta a Marcos Möhen, título
ampuloso para una empresa que luchaba para
sobrevivir.
Pero Marcos se había vuelto compañero
inseparable en las juergas del doctor.
Alex sabía jugar el papel de hombre formal
por un lado y a la vez camarada de esos dos
hombres, acompañándoles.
René llegaba en la noche y se quedaba
mirando la estatua "Espíritus Prisioneros" llena
de poros y grietas.
–Me extraña que no defiendas a Adela, es tu
amiga. –le respondió– Adalberto es un caficio
que dice no conseguir trabajo digno, y vive a
costilla de esa pobre tonta.
–Pero ella tienen alguien con que compartir,
yo nunca sé nada de ti. Quedé como una
estúpida cuando Anguilera me felicitó por lo
que habías hecho en la norma.
–Cuando te hablo de mi trabajo, dices que
no se tocar otra tema. Ya ves... –ironizó–
todavía soy capaz de escribir.
–Nadie niega tu capacidad; –dijo ella– pero
no te das a valer. Alex todavía no ocupó el
puesto y ya el doctor le adelantó dinero para
alquilar un apartamento en Altamira. Ellos
vivirán entre la gente. Nosotros, aquí, en el
monte.
–Dios los cría y ellos se juntan. A él y tu
hermana les gusta estar cerca de sus iguales:
falsos perseguidos, falsos intelectuales y falsos
izquierdistas. Yo estoy cerca de las fábricas, de
los obreros, de la gente que hace, de los míos.
–¿Y yo y tus hijos? ¿Nos embrutecemos en
este monte?
Diap 107
LOS CUENTEROSLOS CUENTEROS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Al día siguiente de irse Marcos, el doctor y
Alex fueron a la oficina de René y, con forzada
sonrisa, Anguilera le dijo:
–¿Te sientes mal, eh?... ¿Podrás reparar los
hornos? Desde hoy, eres el Gerente General de
Planta.
–Déjeme en mi cargo. –respondió– Con los
muchachos los arreglaremos. Están rotos por la
ignorancia de Marcos. Pero también por culpa
de usted, que se deja camelar por cualquiera
que lo lleve de parranda donde haya faldas.
–¡René!... –exclamó Alex– El doctor te valora.
No es justo ese trato. El también es humano.
No todos son como tú.
–Lo merezco. –dijo Anguilera a René– Sabía
que Marcos era alguien divertido, pero no
ingeniero. Creí que lo técnico lo aprendería de
ti, pero se le subió la soberbia. Finalmente me
lo advirtió Alex. ¿Por qué no me avisaste tú?
–Él era mi jefe. Cuando le decía a usted de
los errores, parecía resentimiento. Y lo que
supe de él fue confidencial.
–Siempre tan estricto. –dijo el doctor– Vales
mucho, pero cansas. Por eso quise cambiarte.
Es difícil ser tu amigo.
::::::
Por sus obras los conoceréis...
René quedó como jefe de producción: Sus
advertencias sobre los errores eran vistas como
disgusto por el cambio.
Cuando Marcos ordenó que se calentaran los
hornos rápido cada vez que se necesitasen,
René avisó el peligro de rotura.
La respuesta fue que ahora existía un
ejecutivo que sabía gerenciar.
Cínico, Marcos le dijo:
–Dime, René. Sé sincero... ¿Viniste a hacer
plata o a qué? Para seguir igual te hubieras
quedado en tu tierra.
–¿Cuál es mi tierra? –respondió– ¿Dónde
nací? ¿Dónde me crié? ¿Ésta, donde estoy?
Ninguna tierra es nuestra, uno es de la tierra
donde lucha.
A los pocos meses los hornos estaban rajados
y Marcos se retiraba diciendo que había hallado
un puesto mejor. El doctor Anguilera ofreció
una cena agradeciéndole sus servicios.
René pensó que sería en premio por las
juergas.
Diap 108
LOS CUENTEROSLOS CUENTEROS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–Me pregunto, –siguió Anguilera– quien
quiere más a esta tierra, si yo que nací en ella o
tú que llegaste. Ven, los invito a almorzar... y no
me hablen más nada de la fábrica.
René pensó en la ironía del acto religioso.
Raquel era la última querida del doctor con
quien tenía una hija natural.
Rosabel era la primer hija, legitimada, de
una mujer mayor cuando estudiante.
Más tres hijos legítimos con su esposa.
El obispo era un viejo amigo de Anguilera,
quien aún salía con él de juergas y tenía una
lujosa casa con dos muchachas que decían ser
sus sobrinas. Caridad cristiana.
Se entronizó la imagen. Se ofició la misa.
La querida y la hija comulgaron juntas. Alex
y Anguilera inclinaban sus cabezas junto con
los negritos y negritas del lugar.
Y para completar el acólito fue René, un libre
pensador. Era el único que recordaba los rezos con
los curas de La Teja.
–Ésta es su fábrica. Usted elige su personal.
Los amigos fáciles abundan. Viene, se van y...
nos llevan a la quiebra.
–Vámonos, doctor. –dijo Alex– René es así,
pero esté seguro que nos sacará del pozo.
Veamos los balances.
Los dos hombres se fueron. René llegó hasta
los hornos, sus paredes estaban llenas de grietas.
La mayoría se podrían reforzar con zunchos. El
grande debía rehacerse.
Más tranquilo, se dirigió al estacionamiento.
Allí estaban Anguilera y Alex esperándolo. El
doctor le dijo:
–Mira. El sábado de mañana vendré con
Raquel y un obispo amigo para bendecir la
empresa. Así le sacamos la mala suerte. Mi hija
Rosabel traerá una estatuita de la Virgen para
poner en el jardín. ¿Podrás hacerle una cripta?
–Sin problemas. –respondió– Eso reanimará a
la gente. Pero estamos así por los hombres, no
por la suerte ni por Dios. Él es tan generoso que
nos dio este gran país.
Diap 109
LOS CUENTEROSLOS CUENTEROS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
No pensaban que eso se obtenía gracias a los
préstamos bancarios y oficiales... y que un día
deberían pagarse.
Cuando René dijo que el horno grande
estaba muy mal, la respuesta fue comprar uno
nuevo y de más capacidad.
Anguilera le mostró una oferta traída por un
amigo de él.
René explicó que ésta era excesiva, que ese
costoso horno satisfacía la demanda de media
América del Sur.
–Ese será nuestro orgullo. –ordenó Anguilera–
Seremos los más grandes. Exportaremos a los
demás países.
René calló, era inútil razonar. El trópico es
así...
Recordó la frase de Leroy: " A los de aquí les
gustan los cuentos."
Al llegar a su casa, miró la estatua "Espíritus
Prisioneros".
Y en el muro del balcón estaba tapada una
grieta.
...oo0oo...
::::::
En todas partes hay cucarachas,
pero en Venezuela... Vuelan.
Antes del mes René y su personal tenían otra
vez la planta funcionando. Coincidió con un
progreso económico por el alza de precios del
petróleo. Los pedidos de piezas se multiplicaban.
Hubo que poner un segundo turno. Esto
alegró a René, cerca de la fábrica había ranchos
con campesinos venidos del interior tras la
utopía de la ciudad y conociendo la miseria de
ella. Pero el resto de la sociedad vivía dentro del
despilfarro de esa riqueza transitoria.
René veía repetirse el problema del sur, allá
había sido el oro rojo de la carne, aquí era el
oro negro del petróleo... pero el final sería el
mismo: crisis moral y económica.
Él citaba el ejemplo sureño. Ninguno le
escuchaba. Nadie oye prevenciones cuando está
en la abundancia.
Alex se envanecía mostrando al doctor
Anguilera las altas cifras de beneficios y los
gráficos de ventas remontándose.
Diap 110
LOS CUENTEROSLOS CUENTEROS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Allí tenía la concubina vieja, otra menos
mayor, una tercera llena de juventud, y dos
morrocoyes. Con las tres mujeres tenía relación
marital, eran amigas y lo cuidaban.
Miguel le había hecho conocer a René lo
autóctono de Venezuela. El criollo era simpático,
alegre y campechano.
Ultimamente había cambiado. No soportaba
la tensión del trabajo bajo estándares y la
monotonía de hacer lo mismo.
Miguel era un maestro herrero, no un jefe
productor.
Ya había tenido algunas discusiones con
René por no entregar la cantidad solicitada,
charlaba con su gente, la entretenía con sus
anécdotas... en fin: buscaba el choque.
Leroy lo halló esa tarde sentado con el
personal, riendo todos y con las piezas sin
mecanizar.
Le llamó la atención y el viejo le respondió
de mala forma. Leroy fue con René:
De aquella remesa de perseguidos quedó
Leroy como capataz de mecanizado y fue por su
capacidad técnica.
No pecaba de vanidad como sus compatriotas,
pero a veces caía en el servilismo y abusaba de
la bebida.
Desde el montaje de la planta, René contó con
la ayuda de Miguel, viejo herrero de manualidad
extraordinaria. Uno de esos hombres cuya su
profesión es: Todista.
Era un ser muy peculiar. Criollo, se le veía en
su piel el indio, el negro y el mantuano.
Originario de Maracaibo, había estado en la
cárcel por matar a un jefe de él. Y las pocas
veces que hablaba de ello, repetía:
–Mi madre lo dijo: Hay cosas que se deben
hacer.
Al salir de la prisión vino a Caracas con la fiel
concubina que lo había visitado durante su
condena. Y ahora vivía en La Pastora, barrio
costumbrista, en un hogar muy extraño.
Diap 111
LAS REALIDADES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
20 LAS REALIDADES
Cuando un sueño se vuelve realidad,
comprobamos que es diferente
a como lo soñamos
Y, sin más, se dio vuelta yendo para la
oficina. Desde los galpones llegaba el ruido del
taller trabajando. Recordó que Miguel había
matado a un jefe. Se quedó tranquilo.
Luego llegó el vigilante diciendo que Miguel
estaba en el bar de Caucagüita esperando René
a la salida del trabajo.
A las cinco, René se sentaba frente a Miguel
en la mesa. El viejo herrero pidió dos cervezas y
le preguntó:
–¿Recuerdas lo que dijiste una noche, en ese
mostrador, cuando aquel tipo sacó un revólver
y te lo puso en la sien?
–Sí... –contestó René, repitiendo– Las armas
se sacan para usarlas, sinó se tienen guardadas.
–Y el hombre la guardó. –dijo Miguel–
Catirito... Hoy me hiciste guardar el arma a mí.
Vamos a olvidarlo, son locuras que uno tiene.
Soy tu amigo. Ahora más que antes.
Chocaron los vasos de cerveza brindando por
su amistad. Eran vasos gruesos, de taguaras del
camino.
En sus paredes había grietas pero, no se
rompieron.
–Dice que por hoy no trabaja más... que lo
obligue usted.
René comprendió. Si no iba perdía toda
autoridad. Y si iba perdería a uno de sus
compañeros fundadores.
Se dirigió a la sección mecanizado. Los
obreros hicieron rueda. Querían saber si ambos
eran como pensaban.
–Miguel... –indicó frío y sereno René– ponte
a trabajar.
–No tengo ganas. –respondió– ¿Qué vas a
hacer?
–Miguel... –René seguía igual– Estás
despedido. Retírate de la compañía. Mañana
ven a buscar tu liquidación.
Miguel sonrió provocador, mientras decía
burlón:
–Catirito... No eres el hombre que me va a
sacar de aquí.
René, sin decir palabra, colocó su mano en el
hombro del viejo. Y, así, lo llevó hasta la
entrada. Allí le repitió:
–Maestro Miguel, estás despedido. Soy y
seré tu amigo. Pero, lo dijo tu mamá: Hay cosas
que se deben hacer.
Diap 112
LAS REALIDADESLAS REALIDADES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Cuando entraron en la recepción, la sensual
joven le miró en forma erótica, mientras le
decía con voz melosa:
–¿Usted es el señor René? ¿El que dirige
toda la fábrica? Debe tener locas a todas las
mujeres de allí.
–La única mujer allí es una vieja secretaria.
–dijo entre molesto y burlón– Además hace
años que estoy casado.
–Bueno... –sonrió procaz– Será casado, pero
no capado.
René rió por compromiso y se marchó para
la oficina del doctor, en la recepción quedó Leroy
en su espera habitual. No tendría Anguilera
trabajo para lograr los favores de la nueva
recepcionista... o ya los habría tenido Gonzalo.
–¡Mi amigo!... –exclamó éste al verlo– te
esperaba.
–O estás sin carro o necesitas algo. –ironizó
René.
–Ambas cosas. –respondió– Te espero en la
recepción. Hasta la próxima, doctor. Y lamento
haberle ganado.
Gonzalo y Anguilera rieron, René sacudió la
cabeza.
::::::
El ser humano progresará, pero nunca mejorará
René y Leroy llegaron a las oficinas. De hacía
tiempo el último acostumbraba acompañarlo
para luego quedar allí esperando al doctor
Anguilera con quien salía de juerga.
Anguilera era agradable, simpático, buen
hablador, atraía a las mujeres. Y eran su
debilidad. Fuese una dama o una mesonera le
daba igual, creyendo haberla conquistado.
Leroy sustituyó a Marcos. Pero su vicio era la
bebida, no tanto la mujeres. Servía al doctor y
éste pagaba las copas.
Al llegar, encontraron que estaba Gonzalo
Donadez con Anguilera.
El doctor había cambiado de recepcionista.
Las voluptuosas y tontas empleadas duraban
en ese puesto desde la novedad de su entrada
hasta haberse acostado con el dueño o algún
jefe.
Y Gonzalo, a pesar de no pertenecer a la
empresa, venía a competir con el doctor en ser
el primero... o el segundo.
El orden no era importante.
Diap 113
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
LAS REALIDADESLAS REALIDADES
–¿Y tu señora como está? ¿Y la nena? –
preguntó René.
–No nombres el diablo en la precesión. Tú
sabes que soy un buen marido. Pero lo uno no
quita lo otro.
Recogieron a la muchacha quien estaba feliz
de ver a su amor. René manejaba. Gonzalo se
sentó con ella atrás.
Sin escrúpulo alguno le dijo que ambos
habían gozado, que ella sabía que él estaba
casado, que había obtenido lo que buscó. Y con
una cínica sonrisa la despidió diciéndole:
–Adiós, y que te vaya bien, más suerte la
próxima vez.
La muchacha bajó del carro llorando. René,
en silencio, llevó a Gonzalo hasta la casa.
Saludó a la esposa y a la hija.
Al subir al auto, miró a Gonzalo y friamente
le dijo:
–Adiós, y que te vaya bien.
Gonzalo había perdido un amigo. No le
importaría.
Y René sintió que el muro tenía otra grieta.
–Eres único, René. –dijo el doctor– Un libre
pensador que no cree en Dios ni en religiones
ni en políticas. Sin embargo tu moral es
estricta. Recuerdo cuando al poco de llegar,
cerca de la fábrica, una mulata joven se
enamoró de ti y se te ofreció con el rancho y
todo. Y tú no aprovechaste.
–Creo que es injusto, –acotó él– utilizar la
suerte de estar en una posición mejor para
abusar de los humildes.
–Si ellas lo disfrutan y tú también... ¿qué hay
de malo? La vida hay que gozarla. De viejo te
arrepientes, te confiesas y Dios perdona.
Hubieras ido con ella y tenido un bachaco. Hoy
serías mi pariente. Es prima mía, hija natural
de un tío que enamoraba a todas las negras del
lugar.
René prefirió cambiar de tema. Le informó y
se retiró. En la recepción le esperaba Gonzalo,
las miradas de éste y la recepcionista
denunciaban su relación. Los dos hombres
salieron en el carro.
–Llévame hasta el Correo, –le pidió
Gonzalo– me espera una que quiero largar. Con
la recepcionista me alcanza.
Diap 114
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
LAS REALIDADESLAS REALIDADES
René sonrió. Llamando por su nombre al
doctor indicaba el apego que se tenían. Leroy se
retiró.
A los pocos días se repitió la situación. Y sin
más, René lo despidió.
Una hora después vio llegar el doctor
Anguilera. Venía con Leroy. Fueron bajo el
añoso cedro cerca del río.
–Carajito. –ordenó Anguilera– Tú tienes la
razón. Pero reengancha a Leroy. Me prometió
que esto no se repetirá.
–Se le previno. –respondió duramente
René– Y sigue despedido. Es cuestión de orden.
Si él entra, salgo yo.
–Bien. –dijo el doctor– Tú ganas. Cuesta ser
tu amigo.
–No lo creo; –afirmó él– sólo se debe jugar
limpio.
El doctor Anguilera y Leroy se fueron.
René se quedó solo. Sabía que, bebiendo en
el bar de Caucagüita, los dos le criticarían.
Mientras él, en silencio, sentía otra grieta.
::::::
Una manzana podrida arruina el cesto...
(Viejo refrán)
Otra mañana más que René tenía que
organizar el trabajo en la fundición. Leroy
nuevamente se había retrasado. Y cuando
llegó... tenía un olor insoportable a alcohol. Las
borrachera de fin de semana era general en el
país. Pero en días laborables y siendo un
capataz, constituía un mal ejemplo... además
del peligro que podía surgir en el manejo de
cubilotes y cucharas con metal fundido.
La noche anterior René lo había dejado
esperando a su compinche, el doctor Anguilera
quien bebía en cantidad.
René fue con Leroy hasta la oficina de la
casona. Cerró la puerta. Miró severamente al
capataz, y con frialdad le dijo:
–Leroy... Vete para tu casa. No te voy a dejar
en el taller en ese estado. Y si apareces otra vez
así, estás despedido.
–René. –se justificó Leroy con voz gangosa–
Tú sabes como es el doctor Anguilera. No se le
puede despreciar. Alberto, mientras haya caña
y mujeres sigue de largo.
Diap 115
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
LAS REALIDADESLAS REALIDADES
La bonanza también los había afectado. En
la casa había tres carros, en Navidad viajaban al
sur, iban de vacaciones a Miami y los closets
estaban llenos de ropa a la moda.
Pero, nada llena el vacío cuando en la pareja
desaparece la mutua admiración y respeto, una
cosa llamada amor.
René, muchas veces, al volver de la oficina
añoraba aquel tiempo cuando iba por la vieja
carretera oscura y silenciosa, con los sueños de
tener una familia llena de amor y el ideal de
ayudar a hacer en país mejor...
Hoy era una vía ancha, bien iluminada, llena
de ruido y de gente cruzándose en sus autos
veloces. Hoy en el hogar imperaba el silencio y
en el país la charlatanería.
En la casa, los "Espíritus Prisioneros" lo
esperaban en un rincón... y la grieta en la pared
nadie la notaba.
...oo0oo...
::::::
Por años existió el auge y se creyó que no
terminaría. El nuevorriquismo y la apariencia
fue característica común.
Por ende, los escritorios en Caucagüita no
eran acordes y se mudaron a una lujosa torre de
oficinas en Chacao.
Sólo quedaron en la antañona casa, René, un
dibujante, un empleado y una vieja multiuso
que hacía el café, quien era recepcionista,
secretaria y atendía las teléfonos.
No se justificaba el costo de las nuevas
oficinas, pero René sabía que su opinión
chocaría con el jactancia de Anguilera y la
vanidad de Alex, feliz de estar en la ciudad.
Todas las tardes, René, al salir de la
fundición, iba a ellas para mantener el cordón
umbilical de la parte productora con ese feto.
Luego, ya tarde, volvía a su casa.
No importaba que llegase temprano, a los
pocos minutos él se enfrascaba en algún dibujo
y Edith hablaba por teléfono. Sólo los hijos
ponían calor de hogar en la cena.
Diap 116
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
LAS REALIDADESLAS REALIDADES
El joven, un niño consentido, con desparpajo
les dijo:
–Cuando lo vi, ya estaba encima. Mi novia
tiene un brazo fracturado. El padre me va a
matar. Es un militar arrecho.
Los tres hombres se miraron aguantando
una grosería. Aparecieron dos agentes en sus
motos. Poco después una ambulancia que se
llevó a la muchacha. El joven fingió estar
herido, nadie le creyó.
Autorizaron mover los carros. René y el de la
rural, Leopoldo Latineri, quien era gerente de una
empresa láctea, los pusieron en el hombrillo.
Pérez, el humilde dueño del coche europeo,
que iba para una clínica donde su esposa estaba
internada para dar a luz, vio como una grúa
llevaba los restos de su carro.
Al haber heridos en el accidente, los
involucrados debían ir detenidos a la cárcel en
la división o Retén de tránsito.
Era cerca de las nueve de la mañana cuando
René iba con su camioneta por la autopista
Oeste. Se dirigía a una siderúrgica que tenía
una buena oferta de tochos.
Vio que la vía empezaba a congestionarse y
fue frenando suavemente hasta quedar cerca de
otra camioneta rural.
Miró por el retrovisor, detrás tenía un viejo
carro europeo detenido. Vio acercarse a gran
velocidad un auto moderno.
Sintió el impacto. René dio despacio con su
auto contra el coche anterior. El carro europeo
había desaparecido bajo su camioneta. Del
último vehículo salían gritos.
René y el chofer de la rural bajaron.
Un muchacho de apenas 18 años, sin heridas
surgió del coche moderno.
Al chofer del carro europeo hubo que ayudarlo
a salir del amasijo de hierros. Milagrosamente
no estaba lastimado.
Diap 117
LOS REOS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
21 LOS REOS
Cuando la justicia se convierte en ley
deja de ser humana.
Y cuando la ley necesita de representantes,
deja de ser justa...
–¡Señor René!... –exclamó ella– ¿Cuantos años
sin verlo!Creí que se había marchado para su país.
–Por lo contrario, –respondió él– me
nacionalicé. Ahora soy criollo, y sigo en la
fábrica de Caucagüita.
–Coronel... –dijo ella dirigiéndose coqueta al
oficial– este hombre es uno de los fundadores
de la industria en la nación. Mi primer esposo
lo apreciaba mucho.
–Siéntense, señores. –ordenó el militar
mientras leía los legajos– Ese joven es el único
responsable, la va pasar feo. El padre de la
novia es un general de los bravos.
–El más perjudicado es el señor, su esposa
está dando a luz. Y él perdió el carro por
completo. –indicó René
–Señor Pérez, –siguió el oficial– sería
inhumano retenerlo ahora. Señor René, señor
Leopoldo, no tienen culpa. Pero, se abrió el
expediente. Los tres son caballeros. Vayan con
sus familias. Vengan mañana a las ocho, serán
detenidos. Es sólo una formalidad. En pocas
horas estarán libres.
Uno de los policías ya se había ido en su
moto con el joven. El otro, llevando a Pérez, les
dijo a Leopoldo y René:
–Sus carros están bien. –sonría cómplice–
Síganme para prestar declaración en la
comisaría... Por si nos separamos, soy el agente
Ruperto, número 567890
Ellos habían visto que en los papeles del
choque el fiscal no había puesto ni los nombres
de los dos ni las placas de sus carros.
Era una indirecta para que se marcharan y
luego le brindasen un ingreso extra. Pero
Leopoldo era otro como René, y fueron en sus
coches tras el agente.
En la comisaría declararon. Al saber la
situación de Pérez y los puestos que tenían
Leopoldo y René, los condujeron al coronel
responsable de la seccional.
Llegaron a su oficina. En un sillón estaba
una elegante mujer que sonrió con picardía
Era la viuda del ingeniero León, luego casada
con alguien de la fuerza naval.
Diap 118
LOS REOSLOS REOS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Gracias a Leopoldo, en la mañana llegaba
una remesa de leche, jugos, bebidas malteadas.
Y a su vez cada tarde los familiares de cada uno
traían comidas exquisitas.
Al retirarse los visitantes, todo se guardaba
en las neveras y se repartía luego en el mayor
compañerismo. Sobre todo dándole a los recién
ingresados, que sólo traían lo puesto.
Durante el día paseaban por el amplio salón,
jugaban a las damas, ajedrez, dominó, etc.
Quien no observara las rejas hubiese pensado
que estaban en un club.
Pero había dos momentos humillantes:
Uno, previo al desayuno.
El segundo era a las seis de la tarde.
Debían ponerse en hilera, de frente, codo
con codo, e ir contándose gritando cada uno el
número correlativo.
Dejaban de ser personas, individuos.
Junto con la cédula les habían sacado la
identidad... sólo eran un número.
::::::
El poder... el poder embriaga.
Y más si el envase es un uniforme.
El sol entró por el cuadrado en la pared del
corredor. Era el tercer día que René y Leopoldo
veían el amanecer entre rejas. A pesar que las
puertas de los calabozos y crujías no se cerraban
ni de noche, la sensación de cárcel dominaba.
El padre de la joven, furioso con el pretendiente
de su hija, prohibió a ella atestiguar. Así, el
juicio no se iniciaba.
No le importaba que Pérez, el humilde y
primerizo padre, no pudiese conocer su hija ni
que Leopoldo y René fuesen inocentes, sólo le
interesaba perjudicar al muchacho. Nada podían
hacer los abogados de Leopoldo ni el de fundición.
Menos aún Pérez, que ni podía pagar un letrado.
Afortunadamente el ambiente del Retén era
agradable, la desgracia une. Allí se hallaban
juntos desde mensajeros motorizados hasta
gerentes, de camioneros a directores, de
analfabetas a doctores, de negociantes a poetas.
Diap 119
LOS REOSLOS REOS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Sin embargo, había alguien que se aislaba no
confraternizando con los demás.
Era Guillermo, el joven causante del
accidente.
No se sabía si era por irresponsabilidad o
remordimiento, pero se pasaba acostado y
tapado con las frazadas traídas por su familia,
parándose sólo para comer.
Esa mañana tuvieron la buena noticia que la
muchacha había ido a declarar. Desde ese
instante Guillermo cambió, feliz, charlatán,
hacia bromas a todos.
Cuando las empleadas del Retén les
previnieron que el expediente lo llevaría un
juez muy severo, Guillermo, con desfachatez
inconcebible dijo a los demás:
–A ese juez se lo conquista mi mamá. Ella
sabe como levantar a un hombre. Les apuesto
que salgo de primero.
Pocas veces hubo tanto silencio en esa crujía.
Antes Guillermo se aislaba, ahora los demás
lo evitaban.
Pero, siempre se huía de la tristeza y
depresión buscando cualquier motivo para
festejar en camaradería.
La llegada de la orden de liberación, un
cumpleaños, o especialmente como la tarde
anterior, cuando se supo que la señora de Pérez
había tenido una niña.
Las empleadas del Retén y los guardias se
unieron a la fiesta. La reunión duró hasta las
siete de la noche, a esa hora debían apagar las
luces de los corredores.
Jamás el humilde Pérez habría tenido un
festejo así, las empleadas le hicieron regalos
para la bebé, un cantante detenido le improvisó
para la niña. Leopoldo prometió darle
productos lácteos infantiles por un año:
El dueño de una mueblería, el cual había
chocado, rompiéndose su acompañante un
dedo, regaló la cuna. René se ofreció como
garante para la compra del carro.
Pero tras toda esa alegría había una
tristeza... no podía salir a conocer su hija. No
importaba que él fuese inocente, para la ley
sólo representaba un reo detenido.
Diap 120
LOS REOSLOS REOS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Completaba un salón central de tres unidades.
Y el Retén formaba un piso de treinta y seis
metros por lado.
En los dos pisos superiores estaba la cárcel
de mujeres delincuentes. Y cerca, separada por
un patio con torres de vigilancia, la de hombres
criminales y malhechores.
No había Retén para las mujeres que tenían
accidentes de tránsito, por tanto no se les
detenía. Una justicia sexual.
Cada tanto traían presos comunes de la
cárcel cercana para la limpieza del Retén. Las
miradas de éstos hacia los privilegiados era más
que expresiva.
René sugirió hacer la limpieza ellos mismos
y, fuese por hastío o por consideración, todos
colaboraron.
Cuando llegaron los presos comunes, les
brindaron una sonrisa de camaradería a los del
Retén. Era seguro que ambos grupos habría
seres justamente encarcelados y otros víctimas
de la ley.
::::::
Cuadrado de la celda,
cuadrado de la ventana...
cuadra del patio...
¿será que la justicia es cuadrada?
Quien había hecho el Retén tenía obsesión
del cuadrado.
Las cuadradas celdas alojaban dos personas.
En cada pared lateral una loza de cemento
servía de cama. Al fondo un lavamanos, un
mesón, y un inodoro que no se usaba.
Había cuatro crujías, formada cada una por
un corredor con cuatro calabozos por lado y un
paso de servicio detrás. Eso hacía una unidad
cuadrada con dieciséis detenidos. Por tanto el
máximo de reclusos era sesenta y cuatro.
Para no superar esa cantidad, se aceleraba la
libertad de alguno o se tenía con los nuevos la
amabilidad de dejarlos ir la primer noche a sus
casas como hicieron con René.
Había otros dos cuadrados de doce metros
por doce. En uno estaban los sanitarios,
lavamanos y duchas. En el otro la oficina y
recepción más el ducto de las escaleras.
Diap 121
LOS REOSLOS REOS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Y, mientras sacaban recortes y papeles,
Rómulo comenzó a narrar:
Era camionero, persona estimada en el cerro
donde vivía. Una noche estacionó el camión
cerca de la casa.
En la mañana, al salir, el vehículo perdió los
frenos, ouso la marcha atrás, la caja se rompió.
Bajaba a gran velocidad destrozando todo.
De un rancho salió una criatura corriendo
asustada.
Jamás olvidaría la sensación de pasar con las
ruedas sobre la niña. La deshizo. Era su
ahijada. Había una foto de ella al pie de la
Virgen. Y El Ujier esperaba su condena.
Era las siete. Todos estaban callados. Se
apagó la luz.
Al día siguiente, Guillermo fue liberado de
primero. Su madre trajo la boleta. Al ver la
mujer se entendió la razón.
Un guardia trajo otra boleta, Rómulo era
condenado a diez años en la cárcel de
delincuentes. El Ujier lloró... allí sería violado,
abusado. A los tres meses apareció muerto.
En el salón había ocho mesas cuadradas. La
última, al fondo, servía de base a una imagen
de la Virgen del Valle.
Siempre estaba rodeada de velones encendidos
y flores. Delante tenía un vaso donde se dejaba
el dinero que se daba a las empleadas de la
oficina para que comprasen esas devociones.
Nunca se supo que faltase una moneda.
La imagen, una estatua de ochenta
centímetros, la habían traído los familiares de
Rómulo, el detenido más antiguo de allí.
Llevaba casi un año por las apelaciones de su
abogado y los ruegos de su familia a los jueces.
Los guardias le habían creado el cargo de
ubicar a los detenidos nuevos. Y le decían El
Ujier. Era un hombre educado, humilde, con
una tristeza infinita.
Dio a Leopoldo y René una celda, y a Pérez y
Guillermo otra, cerca de la ventana, en su
crujía. Ésta tenía cortina en la entrada, frente a
los baños y el sol pegaba en la mañana.
El Ujier rezaba el rosario a la Virgen antes de
ir a dormir. Al volver esa noche, en la crujía
sólo quedaban los cuatro.
Diap 122
LOS REOSLOS REOS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Los guardias les decían, entre riendo y en
serio, que no se alejasen. Que si huían, los que
irían a prisión serían ellos... y nadie es más
maltratado que un carcelero preso.
Tuvieron la felicidad de que viniese la esposa
de Pérez con la criatura. Nunca una niña tuvo
tantos padrinos que quisieran pasearla en sus
brazos.
La hora de visita se multiplicó por cuatro.
Las esposas se hicieron amigas entre ellas.
Todos los familiares pasaron al salón y hasta
conocieron las crujías, baños, duchas.
Era un grupo unido por la prisión de sus
seres queridos, una gran familia sin diferencias
sociales. Los guardias, en lugar de carceleros,
parecían cicerones del lugar.
La señora de Leopoldo Latineri traía
exquisiteces de la cocina italiana. Sus hijos
hicieron amistad con los de René.
A éste le extrañaba que Edith, tan buena
cocinera, venía con pollos y otros platos del
parador cercano a la prisión.
::::::
La primera vez se puede ser culpable o inocente.
La segunda, se es pendejo.
(Escrito en un muro del Retén)
Los otros tres del accidente tuvieron que
esperar tres días más por su libertad, ese fin de
semana se juntaba con un feriado... y los jueces
ya se habían ido a disfrutarlo.
Uno de los guardias, burlonamente le dijo a
René:
–Rómulo ya no está. Si le siguen retrasando
su boleta de liberación, vamos a tener que
nombrarlo Ujier a usted.
Los demás detenidos aplaudieron la moción.
Era una broma, pero René se sintió halagado. Y
una fina amargura se coló por las grietas del
muro frente a su corazón.
Eran tres días festivos para los que estaban
fuera de esas paredes. Y fueron distintos para
los detenidos dentro ellas. En las mañanas
René, Leopoldo y Pérez descendían a la planta
baja y hasta salían al porche frente a al puerta.
Diap 123
LOS REOSLOS REOS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Una hora después traían la boleta de
excarcelación de René. El esfuerzo de Edith,
sus hijos y Leopoldo, quienes no se separaron
del alguacil hasta lograrla, tuvo resultado.
No pudo evitar el pensamiento que el Dr.
Anguilera y los abogados de la compañía, poco
a nada habían hecho.
Cuando llegó a su casa le extrañó que nadie
viniese a saludarlo. Edith explicó:
A ninguno había dicho que estaba detenido,
sino que había ido a Maracaibo por un trabajo.
Esa noche René hizo una parrillada, invitó a
sus amigos y a los vecinos. Narró sus anécdotas
del Retén. Y repetía:
–Ahora soy reo de alma y de verdad. En mi
barrio, ser reo era un orgullo. Y estoy orgulloso
de haber compartido con esa gente esos días,
sus valores, sus sentimientos.
Edith tenía otro motivo de molestia y René
más grietas en el muro frente su corazón... y
cubierta, se mantenía una en el mirador donde
ponía el chinchorro.
...oo0oo...
::::::
Martes. A las nueve de la mañana llegó el
guardia con las liberaciones. Solo traía las de
Pérez y Leopoldo. En el porche, esperaban las
tres esposas. Oía los gritos de Edith.
Pérez vino emocionado, abrazó con afecto a
René y se fue corriendo. Leopoldo se sentó
frente a él, y murmuró:
–Esto es una injusticia. Me voy. Fue un
honor pasar estos siete días contigo. Adiós,
René. Tienes un amigo en mí.
–Gracias, Leopoldo. Lo mismo te digo. Nos
veremos. Algún día saldré. –y tratando reír,
dijo– Sinó seré Ujier.
–René, apenas salga iré a ver que pasa con tu
boleta. Y me voy de aquí. Ya la empresa me
tiene el mismo puesto en otro país. Esta tierra
es maravillosa, pero no su gente.
–Leopoldo, la gente es igual en todas partes.
No le eches la culpa de los errores e injusticias
que hacen algunos.
–Eres un idealista. Te admiro. Pero recuerda
a Bolívar. Hasta él murió lejos diciendo: He
arado en el mar. Chao.
Diap 124
LOS REOSLOS REOS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Pero, después de cinco lustros sólo permanecían
esos bambúes.
El río fue empujado contra el cerro hasta ser
una pobre corriente. Los desechos industriales
destruyeron la bilharzia en el agua... y también
a los pecesitos.
Más abajo, la baba espumosa que salía de las
tubos de las fábricas quedaba entre los carrizales.
Sin embargo en el meandro el agua seguía
siendo transparente, limpia.
René miró la falda del cerro frente a él. Ya no
se le podía sacar más para ganar terreno a la
fundición. Y el soñador recordó una ladera con
árboles y lianas.
Vio que la acequia que corría por ese farallón,
llevando agua a los naranjales del rellano
siguiente, perdía líquido en algunas partes.
–Va a tener que mandarla arreglar. De lo
contrario, Juan el isleño no lo dejará en paz. Si
quiere... lo hago yo.
La dulce y vivaz voz femenina a su espalda le
sorprendió
René estaba sentado en un canto rodado que
reposaba en la orilla del recodo tras la fundición.
La arena lo rodeaba. Era una piedra grande,
traída posiblemente por la fuerza del río con
olas de hasta tres metros en el cordonazo de San
Francisco de 1961, y frenada allí por los bambúes.
El día siguiente a la tormenta se podía cruzar el
riachuelo con un simple salto, como ahora: diez
años después.
Los bambúes formaban un fresco y sombreado
remanso, una verde pared que aislaba del
ruido, de los sucios restos, de una realidad con
paredes de bloques y grises techos.
Cinco de la tarde. Las fábricas entran en el
silencio. Los obreros van a sus ranchos y los
demás a sus casas. René, cada tanto iba al
recodo. Más, desde que había vuelto del sur
luego de dar sepultura a su padre.
Era como si quisiera encontrar algo de lo que
halló al venir la primera vez.
Diap 125
LOS BAMBÚES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
22 LOS BAMBÚES
Para encontrar la verdad, debe buscarse
entre los simples. No entre los sabios.
Cuando René llegó a la recepción, allí había
una escalera de doce carajitos que iban desde
una niña ya desarrollada hasta un bebé. E hizo
entrar a Xiomara en su oficina.
–Señor René... –dijo ella– Estoy vieja y esa
hilera de hijos es muy larga. Ningún hombre ya
se me acerca ni nadie me da trabajo fijo. Mis
muchachitos deben comer. Si usted me deja
trabajar verá que soy responsable como un
hombre.
A René se le formó un nudo en la garganta.
Esa mujer decía que estaba vieja... teniendo
una edad que en otra parte estaría empezando
a vivir y ser realmente atractiva.
En la fábrica la única mujer era la vieja
multiuso que hacía de recepcionista, secretaria,
cajera, etc., quien usaba el baño de René por no
haber uno para damas. Y las oficinas las
limpiaba un obrero.
Pero René, emocionado le afirmó:
–La tomaré. Hará la limpieza. Y no es
responsable como un hombre... es más. Por las
mujeres, este país se salva.
Giró encontrándose con Xiomara. No pudo
evitar sentir instintiva atracción hacia algo
natural que emanaba de ella.
La conocía desde que era una niña embarazada,
con su gran barriga yendo por la carretera y
luego cruzando el terreno cerca de las oficinas
para ir a la cima del cerro. No se le podía
prohibir, ese sendero tenía derecho de paso.
Continuaron los años. En cada uno tuvo un
embarazo... y un hombre distinto que se
quedaba en el rancho hasta que el vientre
empezaba a crecer.
Y, otra vez abandonada, volvía a la carretera
con sus hijos en una hilera más larga. Hacía
cualquier trabajo. Sin embargo nunca se
prostituyó.
Era una mujer hermosa, de piel blanca, ojos
azules, pelo renegrido y ondulante, carnes
firmes, curvas sensuales. pero ultimamente le
era difícil hallar compañero y trabajo.
Un día se atrevió y, yendo a la puerta de la
empresa con su fila de criaturas, pidió hablar
con René. Éste se hallaba en la planta y dijo que
la hicieran pasar.
Diap 126
LOS BAMBÚESLOS BAMBÚES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–No importa... Puede limpiar. –y se ruborizó
también.
Xiomara comenzó a lavar el piso desde el
lado opuesto a donde René se hallaba. Estaba
segura que él, impaciente, se iría.
Pero esta vez se quedó y, observándola, le
espetó:
–Usted no parece criolla. Por el cabello tal
vez. Pero es blanca y tiene los ojos azules.... –
luego calló, temeroso y avergonzado de su
propio atrevimiento.
Ella siguió refregando el coleto contra el piso
mientras se sentía emocionada. Y nerviosa,
comentó:
–Mi mamá dice que mi padre fue un francés
de los que vinieron cuando construían los
puentes de la autopista a la Guaira. Y cuando se
terminaron los viaductos, se fue. Ella es mulata
clara. La sangre del musiú era fuerte y yo salí
así. Luego mamá se enamoró de un conuquero,
hace años se vinieron para estos cerros... y aquí
estoy.
–Caminante no hay caminos, –murmuró
René– se hace camino al andar...
::::::
Caminante no hay caminos,
se hace camino al andar.. (Machado)
Pasó el tiempo, René hizo construir nuevos
baños para las damas. Eso sirvió de base para
que el sindicato pidiera un porcentaje de mujeres
en el personal.
René y la gerencia lo concedieron. Sabían
que ellas eran más responsables y que al cobrar
los viernes ese dinero iría a sus hijos y no al bar
de Caucagüita.
Esa mañana, a las diez, Xiomara había
entrado con los útiles de limpieza a la oficina de
René luego de mirar por el recuadro de vidrio y
ver que él no estaba en el escritorio.
Todas las puertas de la planta poseían esa
ventanilla. René decía que las oficinas no eran
para guardar secretos. La verdad no se oculta
tras la puertas, repetía a menudo.
Pero al entrar comprobó que René estaba en
la mesa de dibujo, ubicada en la pared lateral,
analizando unos planos.
–Disculpe, señor. No lo vi. –dijo ella,
sonrojándose.
Diap 127
LOS BAMBÚESLOS BAMBÚES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
René la miró. Aun dentro el uniforme se le
veía atractiva. Su extraña expresión no se sabía
si era triste o irónica.
–Xiomara... Todos somos caminantes. Pero
muchos sólo hacen camino para cada tanto
ponerle un peaje y cobrar.
La mujer lanzó una carcajada. Él sonrió,
continuando:
–Usted hace camino con esa hilera de
carajitos. Les hace camino cada día con su
trabajo. Yo traté de hacer otro camino
levantando esta fundición. En fin... –se puso
sarcástico, agregando– voy a ver si ya hicieron
los noyos de resina para los nuevos
quemadores de cocina, sinó el camino va a
cerrarse. La dejo tranquila limpiando.
René se retiró. Xiomara por unos momentos
se sintió una reina, sólo que en lugar de un
cetro y corona tenía el palo del coleto y la cofia
de trabajo.
E, instintivamente, decidió hacer algo esa
tarde.
–¿Qué dice, señor? –preguntó ella,
erguiéndose.
Las mejillas rosadas por el esfuerzo de fregar
la hacían más hermosa, un mechón ondulado
de pelo negro salía de la gorra cayendo
voluptuosamente sobre el rostro.
René no pudo dejar de admirarla y
comprender porqué antes había tenido siempre
un hombre cerca. Y contestó:
–Es un poema de Machado. Me lo trajo a la
memoria lo que me contó de su padre. Él a su
manera fue un hacedor de caminos. Y los
puentes son caminos en el aire.
–Pero él se fue por otros caminos y nos dejó
solas.
–Lamentablemente fue primitivo. –dijo René–
El hombre comenzó a ser responsable cuando
dejó de caminar y se quedó en las cuevas:
Entonces sintió que además de cazar debía cuidar
de la hembra y los cachorros, de la familia.
–Yo tengo doce cachorros que me demuestran
que los hombres siguen siendo caminantes.
Diap 128
LOS BAMBÚESLOS BAMBÚES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Él le dijo que los niños no podían quedarse.
Xiomara con los ojos llorosos los llevó al
rancho y volvió enseguida a sus labores.
–Debe haber sido linda su infancia. –meditó
René– Vivir con la naturaleza, los animales, los
pájaros... todo se fue. Recuerdo que cuando
construíamos el primer galpón, entró asustado
un venado que venían persiguiendo.
–Que usted espantó para un lado, pero
cuando llegaron los cazadores señaló que se
había ido en otra dirección. Los obreros dijeron
que usted era un musiú raro. Yo estaba preñada
por primera vez... y me gustó lo que había
hecho.
–No podía dejarlo matar, sus ojos eran muy
hermosos y estaban llenos de miedo. Él no
tenía defensas, ellos armas. Sin embargo
contribuí a que desapareciera él y todo. No sé si
hice bien o mal en ayudar a traer este progreso.
Hoy es un mundo de seres interesados, falsos.
El de antes quizás sería más primitivo, pero era
más natural.
::::::
Dicen que los bambúes florecen
sólo una vez en la vida... y mueren.
Y ahora allí estaba Xiomara frente a él, en el
recodo.
–Disculpe, señor René... –dijo ella– ¿lo asusté?
–No... Sólo estaba distraído, recordando
cuando el cerro tenía matas y el río pequeños
peces. Pero... ¿qué hace por aquí? Su sendero
está por el otro lado.
–Siguiendo la orilla también se llega al
camino.–aseguró sentándose en otra piedra–
Antes que ustedes llegaran, aquí había una
poza donde de niña me bañaba. Al nivelar el
terreno para la fábrica, quedó tapada.
–La tapamos... –dijo él, triste– ¿No temían
la bilharzia?
–Señor. Las que nos criamos por aquí somos
como las gallinas pico e'tierra, inmunes a todo...
y llenas de pollos.
René largó la risa. Recordaba el primer día
que Xiomara llegó a trabajar y se presentó con
la hilera.
Diap 129
LOS BAMBÚESLOS BAMBÚES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Ella quedó un momento en silencio y luego
siguió diciendo suavemente:
– ¿Por qué no viene conmigo a la cumbre del
cerro? Allí el paisaje es diferente.
René la acompañó. Atardecía. Desde la cima
las cosas parecían más pequeñas, menos sucias.
Oyó a ella decir:
–¿Quiere ir hasta al rancho? Los muchachos
no están.
René vio el farallón a sus pies. Y, sin mirarla,
murmuró:
–No... No... Seguiré aquí... Allá se ve el
recodo con los bambúes... Aún queda algo de
aquel entonces...
–Adiós, señor René... quedaba algo más.
Y mientras él seguía viendo el viejo río, antes
rodeado de vegetación, vuelto hoy un delgado
hilo barroso encerrado entre muros de
concreto... ella se perdió por el sendero.
Ambos sentían una grieta dentro el pecho.
...oo0oo...
–Es extraño que usted añore lo natural. No
es natural que hombre esté sin mujer, ni una
mujer sin hombre. Pero, hasta que vino su
esposa usted fue un solitario... rodeado de
mujeres que querían darle lo que necesitaba.
–Sí, recuerdo cuando estando bajo el
araguaney, vino el negrito Jorge y con la mejor
intención me dijo: "Maestro... Usted siempre
está solo. Si quiere, mi prima tiene un rancho
cerca y no tiene marido. Le gustaría ser su
mujer. Con que le dé algunos bolívares al mes,
alcanza". Tuve que reír. –siguió René– No
habría comprendido si le decía que para
acostarme con una mujer, debo amarla.
–Lo natural es que un hombre y una mujer
se deseen y tengan sexo. –opinó ella– Lo
excepcional es que se amen. Hubo quien pensó
que a usted no le gustaban las mujeres.
–¿Y usted?
–Siempre creí que era todo un hombre.
Usted es de esas personas que por fuera
parecen duras, frías, y por dentro son distintas.
Fue el único en darme trabajo teniendo yo esa
hilera de hijos...
Diap 130
LOS BAMBÚESLOS BAMBÚES
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
La recepcionista le dijo, coqueta:
–¿Está seguro que le citó tan temprano?
Esta es la hora de lo empleados. El señor
Stoneson no llega hasta las diez. Por favor,
tome asiento. ¿Le sirvo un café?
–Bueno, gracias. Acostumbro hacer las
cosas temprano.
–Es la mejor hora. Ya se lo traigo. –ella
seguía pícara.
Salió, su ropa se apretaba al criollo y
sensual cuerpo.
Un instante después se abrió la puerta
de entrada dando paso a una hermosa
mujer. Tenía la elegancia de la mujer
madura, bello andar, alta, rubia, ojos
claros, blanca, formal, adecuadamente
maquillada.
Preguntó a René:
–Buenos días, señor... ¿Ya lo
atendieron?
La secretaria de Alex informó a René
que el siguiente día lo esperaban en las
oficinas de Bello Monte de la empresa
petrolera. El gerente de compras de esa
compañía estaba interesado en adquirir
componentes del marcado nacional.
René preguntó por más información. Y
ella quedó con una sonrisa que no se sabía
si era insinuante o estúpida.
No comprendía que podía verle Alex a
esa mujer. Ni era buena secretaria ni
atractiva. Pero su cuñado la usaba para las
dos cosas. Y seguía con su fama de hombre
formal.
René puso en su maletín las hojas
técnicas de las piezas que fabricaban para
la industria petrolera.
En la mañana, a las ocho y diez, estaba
en esa oficina. Preguntó por el gerente.
Diap 131
EL ENCUENTRO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
23 EL ENCUENTRO
Cuando el amor llega no sabe
de edad ni tranqueras... (Canción)
–Estaba con mi familia en Londres al
empezar la guerra. –siguió ella– Papá tenía
amigos en Montevideo y fuimos allí. Soy un
producto de la frontera europea y del sur.
Hablo francés, inglés, holandés, alemán,
español y... reo.
La recepcionista llegó con el café. Ivón le
indicó que lo llevara a la sala de reunión de
Compras.
René las siguió.
–¿Y cómo llegó hasta Caracas? –
preguntó a Ivón.
–Me casé allá con un compañero del
liceo. Un dibujante. Quiso probar suerte
aquí. Luego vine yo. Tengo dos hijos, con
mi sueldo estudian en París. Mi edad no la
digo. ¿Y tú?
René rió, pero notó amargura al hablar
del matrimonio.
–Sí, gracias. La señorita fue a buscar un
café. Tengo que esperar al señor Stoneson.
Vine demasiado temprano.
–Soy la secretaria del señor Stoneson. –
leyó la tarjeta en el escritorio, sonriendo
agregó– Nombre francés, del norte. Pero
su tono es mezcla de Barlovento y Río de la
Plata.
–¡Vaya biopsia que me hizo!... –
respondió René– Nací en Nancy. Desde los
tres años viví y me eduqué en Uruguay. A
los veinticinco vine aquí para montar una
fundición. Aprendí venezolano con negros
barloventeños. Y a usted también se le
escapa el acento sureño.
–¿Yo?... –rió, alargando la ye– Me crié
en el barrio sin fin: Malvín. Pero soy de
Dunkerque. Me llamo Ivón Gobelet.
Los dos rieron.
Gobelet es cubilote y Coulerier fundidor.
Diap 132
EL ENCUENTROEL ENCUENTRO
LAS GRIETAS
Los dos notaban que el atractivo
aumentaba, deseando saber si el otro tenía
ese sentimiento tierno y apasionado.
Cada tanto Ivón salía a atender su
teléfono. Y René sentía un vacío en su
corazón mientras esperaba.
Ella volvía rápido, ansiosa de estar con
él. Veía a René apuesto, tierno, viril. Esta
vez, le informó con tono triste:
–Ya viene el señor Stoneson. Tengo que
dejarte.
–¿Quieres almorzar conmigo? –René
temía perderla.
–Estaba deseando que me lo pidieras. –
dijo enrojecida.
Ella volvió a su escritorio. Sentía latir su
corazón como una muchacha. René estaba
asombrado de sí mismo.
La negociación fue rápida. La petrolera
pedía calidad y René la daba. Los precios
eran buenos.
–Algo parecido. –dijo– También tengo
dos hijos. Me casé con una muchacha del
Bauzá, mi liceo. Me gustó este país. Me
quedé... y puedo decir mi edad: Tengo 42
años.
La recepcionista silbó. Sonrojada, Ivón
abrió el salón.
–Gracias, Tahís. –indicó, tomándole la
bandeja– Cuando llegue el señor Stoneson
dile que estamos aquí.
::::::
El tiempo pasó recordando los barrios,
la época liceal, la juventud, las playas, los
parques. Luego fue el tópico de las
nacionalidades, la manera de adaptarse a
los lugares y a la forma de hablar.
Temas baladíes pero llenos de
añoranzas. Habiendo crecido en esa ciudad
pequeña, era normal que existiesen
muchas cosas comunes que conocieran.
Sin embargo, nunca sus caminos se habían
cruzado.
Diap 133
EL ENCUENTROEL ENCUENTRO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–No... Me preocupas tú. Tienes que
volver.
–Dije que faltaría. Stoneson sospecha
que tú me invitaste.
–¿No te perjudicará que te vean
conmigo?
–Hace tiempo que decido mi vida. Tuve
que hacerlo.
De nuevo notó amargura en la voz de
ella. Él quedó entibiando el coñac en tanto
ella estiraba el cointreau.
René le tomó la mano y dijo con un
nudo en la garganta:
–Te amo. Y quisiera estar contigo. Hoy
mismo.
–Yo también. Estaba esperando que me
invitaras.
Fueron a un motel. Se amaron. Ella
estaba asombrada. Él no se cansaba de
satisfacerla. Saciados, se acariciaban.
Stoneson lo invitó a comer. René,
nervioso, dijo que ya tenía un compromiso.
El americano miró a su secretaria... y
comprendió.
::::::
Terminaron de almorzar. René le dejó la
selección del menú a Ivón, mientras él se
reservó la del vino y el postre. Ella pidió
platos añorantes de la Lorena y la costa
bretona.
Jamás Ivón había sido tratada con tanta
cortesía. Siempre ella tuvo que llevar el
empuje y los hombres la utilizaban. Su
marido, su jefe... y algunos que creyó
distintos.
Con René se sentía mujer.
En ese momento disfrutaba una
Bavaroise de Vainilla. René miró el reloj.
–¿Debes irte? –preguntó ella con aquel
tono de tristeza.
Diap 134
EL ENCUENTROEL ENCUENTRO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–Nunca había sido amada ni amé de esa
manera. –dijo Ivón, agotada– No me dejes,
no me abandones.
–No podría hacerlo... por primera vez
encontré el amor. El que ya creía perdido y
sin esperanzas de hallar.
::::::
A las cinco de la tarde del día siguiente,
René llegó a la petrolera. Ivón vino
enseguida. Su rostro emanaba alegría.
–¡Señor Coulerier!...–dijo, brillándole
los ojos de felicidad.
–Traje el presupuesto. ¿Me haría el
favor de entregarlo al señor Stoneson? –él
la miraba sin disimular lo que sentía.
–Estaba a punto de irse.–respondió
ella– Pase, pase...
En el corredor se acercó a él y le susurró:
–¿Por qué no llamaste? Creí resignarme
a que había sido sólo un momento tuyo de
pasión... y otra tonta ilusión mía.
–Quería traer esto antes que salieses.
Iremos a amarnos otra vez... si quieres. Y
me acosté por amor, no por deseo.
Poco después Ivón y René se amaban
intensamente. Ella se sentó sobre él, quien
se extasió y comenzó a acariciarla.
–No... –rechazó Ivón mimosamente–
quiero quererte yo. Me estás convirtiendo
en una consentida, todo lo haces tú.
–No sé querer de otra forma. Primero se
deja satisfecha a la compañera, luego se
piensa en uno.
–Eso no es justo. –ella sonrió apasionada–
Si me amas de esa forma, yo quiero amarte
igual.
Y por semanas y meses cada uno buscó
dejar satisfecho al otro y que se sintiera
feliz.
Eso es algo llamado amor.
...oo0oo...
Diap 135
EL ENCUENTROEL ENCUENTRO
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Terminó la cena, se repartieron los regalos,
comenzó el baile que duraría hasta altas horas.
Ellos desaparecieron sigilosamente. Querían
obsequiarse el uno al otro.
Eran más de las tres de la madrugada
cuando René dejó a Ivón frente a la puerta del
edificio donde vivía. Desde cuadras antes
venían separados en el asiento.
Ella bajó del auto y le agradeció. Serena,
segura, fue hacia el vestíbulo .
René esperó que entrara. Puso en marcha el
coche y se fue. Al llegar a la esquina vio salir de
atrás de un árbol a un hombre quien lo miraba
con furia, pero no se movía.
Debía ser el esposo de ella.
René siguió avanzando inexpresivo, frío,
viéndole también. El hombre bajó la cabeza y
marchó hacia el edificio.
René dobló la esquina.
No sentía temor ni remordimiento. Sentía
tristeza, una gran tristeza.
Ya era cerca de Navidad. Los festejos e
invitaciones de las empresas se multiplicaban
en esa temporada previa a las vacaciones.
Había pasado más de seis meses desde
aquella tarde que Ivón y René se amaron por
primera vez. Fuese que hicieran un mundo
aparte con su cariño o no viesen a los demás,
disfrutaban ciegamente ese amor. Paseaban por
lugares apartados como dos jóvenes en romance.
Y se amaban con pasión, cada semana.
La vida cotidiana parecía ayudarles. Las
partes fabricadas tuvieron aceptación. René iba
mensualmente a Maracaibo para ver los
resultados. Fueron tan buenos que Stoneson le
dio también el contrato para la planta de El
Tigre.
Ese viernes Stoneson le había invitado para
la fiesta de la petrolera. Si lo hacía por amistad
o por mantener a una buena secretaria y un
buen proveedor, él lo sabría. A ellos unicamente
les interesaba que pasarían esa noche juntos.
Diap 136
LA DECISIÓN
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
24 LA DECISIÓN
La tos y el amor no se pueden ocultar.
Refrán venezolano
–Te has vuelto un materialista. –siguió ella–
Y no sé para qué. Solo vives para el trabajo sin
hacerte valer. Alex, al poco tiempo de llegar, ya
era mucho más cotizado, ganaba más y
frecuentaban el ambiente social junto con Elda.
–Yo hago cosas, él sabe venderse. Yo vine a
enseñar y no a explotar negritos, él quiere
sacarles mucho a ellos e irse a la primera
oportunidad. Yo quiero este país, él no.
–¡Cómo has cambiado! Todo lo razonas, lo
analizas. Hasta conmigo eres distinto. Si te
busco, me satisfaces. Pero aquel muchacho
apasionado de antes ya no está.
–Tal vez se perdió entre silencios y realidades.
Dicen que el amor termina cuando al hombre le
falta imaginación en la cama y a la mujer en la
cocina... Tú cocinas bien. Debe haber sido
culpa mía... Y lo fue desde el primer momento.
René se fue al mirador. Allí, con la quebrada
debajo, en el chinchorro y viendo los "Espíritus
Prisioneros", sintió que el muro delante de su
corazón tenía dos grietas más
::::::
El día siguiente, apenas René despertó, supo
que iba a tener una de las acostumbradas
desavenencias con Petite.
Se quedó en el lecho mirando por la ventana
las cumbres de la cordillera.
Le angustiaba saber que le habría sucedido a
Ivón. Pero, como siempre, trataba de no
mezclar ni siquiera en pensamientos una vida
con la otra.
Oyó el suspiro enojado de Edith y que giraba
en la cama para quedar viendo hacia el techo
mientras le decía:
–¿No pudiste salir antes de la fiesta? Sabías
que teníamos reunión en lo de Elda y Alex. Te
esperábamos. Pero a ti te interesa estar más
con esa gente hueca y explotadora que con los
exilados e intelectuales que piensan.
–Fuiste tú. A ti te gusta eso. Para mí son
intelectualoides oportunistas. Vagos y vivos que
no saben hacer nada, pero que comen como
desaforados cada vez que vienen aquí.
Diap 137
LA DECISIÓNLA DECISIÓN
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
–No. Debes esperar. Háblame de ti. Llévame.
Quiéreme como nunca. Déjame quererte.
Luego te contaré–¿No será que esto es el final?
–preguntó René con pesadumbre– ¿Qué él, con
todo derecho, te lo exigió?
–Soy dueña de mi vida. Él no manda en mí.
Esto sólo terminará... –lo miró con amor– el
día que tú me dejes.
Ella quería demostrar que no temía amarlo.
Y se amaron. Ya satisfecha, ella habló:
Ivón le contó que esa noche el marido entró
diciendo que había visto quien era su amante.
Furioso, él sacó el revólver y disparó. La bala
dio en la puerta. No le había apuntado a ella.
Amenazó con matar a René y ella le gritó:
–Hazme lo que quieras, pero ni lo toques a
él. Lo amo.
El esposo había quedado tieso, bajó el arma
y amargamente dijo:
–Tienes razón. La culpa no es de él, ni tuya.
Es mía... ¡Cuanto quisiera que me amases como
a él. Pero, sólo soy tu marido. Un pobre hombre
que no supo quererte.
::::::
El que se equivoca sufre una vez.
El indeciso, mil veces.
El lunes René llegó a la empresa llevando la
angustia reprimida durante el fin de semana.
Fue de inmediato a la planta esperando la hora
de llamar Ivón a su oficina.
Pero fue ella quien lo hizo. Había ido más
temprano para hacerlo desde su escritorio. No
le dejó ni hablar y, serena, dijo que esa tarde
quería estar otra vez con él.
René cambió una angustia por otra. Al
pedirle amarse nuevamente, la voz de ella tenía
pasión y ternura, pero a la vez era determinante.
¿Sería el encuentro del adiós?
La fue a buscar como le había pedido: en la
puerta de la petrolera, a la salida.
Y, frente a todos, Ivón subió al auto. Parecía
querer demostrar que no temía a nada ni a
nadie.
Cuando él quiso saber la sucedido, ella le
sonrió. Los ojos le brillaban de amor, deseo y
audacia: Y le dijo:
Diap 138
LA DECISIÓNLA DECISIÓN
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Ivón lo miró temiendo. Sin embargo,
respondió serena:
–Estoy segura que seríamos muy felices.
Pero soy mayor que tú. Dentro diez años
empezaré a envejecer y tú estarás en el
esplendor como hombre. Y me verás vieja y fea.
–No lo creo. –afirmó él– Te repito que me
acuesto contigo porque te amo, no sólo porque
eres hermosa.
–Serían pocos años. –Ivón lo decía como
una razón para no hacerlo, pero ya disfrutaba la
idea de vivir con él.
–Los que sean. –René seguía en su
determinación– Es mejor un poco de mucho
que mucho de poco.
–Te amo. Me divorciaré. –dijo ella, y agregó–
No hables aún con tu esposa y tus chicos.
Primero iré a París a hablar con los míos. De
ellos depende. No podríamos ser felices sobre
la amargura de mis hijos y de los tuyos.
Y volvieron a amarse sintiéndose ya más uno
del otro.
...oo0oo...
René quedó en silencio. Ivón esperaba un
comentario.
–Sí. Yo también lo vi. –dijo él– Y tuve
tristeza. No me pareció un pobre hombre. Ni lo
creo capaz de matarte.
–Sólo quiso asustarme, –intervino ella– él
no es malo. Pero el amor murió, fue un
entusiasmo juvenil. Parecía tan viril, atractivo.
Resultó sin ambiciones. Hasta para venir a aquí
lo tuve que empujar. Y se volvió cómodo,
frustrado. Se apagó la ternura, el sexo fue
monótono. Cuando el amor se va, viene algo
peor que el odio: es el desamor.
René la acariciaba mirando lejos, meditando.
Suspiró hondamente y le dijo pesando cada
palabra:
–Lo sé, nos unen cosas comunes además de
este amor. Pero no olvido esa tristeza. Tristeza
por él, por ti, por mí, por mi esposa. Lo que
hacemos nos es justo, ni para ellos ni para
nosotros. Quiero vivir queriéndote, no engañando
a los demás. Quiero casarme contigo... O juntos
o nada.
Diap 139
LA DECISIÓNLA DECISIÓN
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Anunciaron la salida del avión a París.
Ellos se levantaron dirigiéndose a la planta
baja. En un rincón, olvidándose de la gente, se
abrazaron entregando el corazón en ese beso.
Ivón entró a control de emigración y René
subió al balcón sobre la pista. Quería verla
cuando subiese al avión, hasta último momento.
Como dos jóvenes recién enamorados, ella
había elegido un asiento contra la ventanilla del
aparato para mirar el balcón desde el despegue...
aunque imposible distinguir a alguien a esa
distancia.
Subieron los pasajeros. Se cerraron las
portezuelas.
El tractor se llevó al aparato, luego éste taxeó.
El avión se colocó en posición en la pista
principal. Empezó a correr por ella.
El ruido de las turbinas iba creciendo a
medida que avanzaba. Levantó vuelo y siguió
elevándose tomando hacia el este.
René lo veía perderse en la noche. Una parte
de su alma se iba.
El aparato parecía una estrella que se
alejaba...
El avión de René a Maracaibo salía a las once
de la noche. Él fue temprano con la excusa que
podía tener problemas en la autopista.
La realidad era que también esa noche Ivón
salía para París a hablar con sus hijos sobre su
divorcio. Del resultado de eso, René se
divorciaría para casarse con ella.
Nadie los había acompañado al aeropuerto.
Para la familia de René, era uno más de los
viajes de él por trabajo. Hacía años que se había
perdido el interés de despedirlo.
En cuanto al esposo de Ivón, poco podía
atraerle estar allí cuando ella le había dicho
cual era la razón del viaje.
El avión de Airgalia, la línea francesa, saldría
a las nueve.
Ellos estaban tomados de las manos en una
apartada mesa del restorant del aeropuerto. Aún
temían mostrar su amor. Pero ese sentimiento es
más fuerte cuando llega luego de resignaciones
pasadas. En murmullos se amaban y sus ojos
decían cuanto deseaban unir sus vidas.
Diap 140
LOS ZAMUROS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
25 LOS ZAMUROS
Cuando la grieta es grande, se rompe la pared.
::::::
El viernes de noche René volvía de
Maracaibo.
Una parte de su ser cumplió por hábito
el trabajo.
La otra flotaba sin sentido en el aire,
como los helicópteros que sobrevolaban el
mar buscando sobrevivientes, seguros que
no había.
Cuando llegó a la casa la encontró sola y
con las notas esperadas:
Su esposa estaba en la casa de Elda y
Alex, en otra reunión con los intelectuales y
exilados. Sus hijos se hallaban con sus
amigos en algún lugar divirtiéndose.
Dejó el maletín dentro el closet y fue al
mirador sobre el barranco.
Comenzó a hamacarse en el chinchorro
mirando hacia el cerro Naiguatá, hacia el
norte, hacia donde había caído el avión.
Sintió que la grieta en su corazón se
hacía enorme, dolorosa.
Y oyó quebrarse algo.
De pronto la estrella brilló más y desapareció.
La inquietud lo dominó. Quiso creer que el
avión había entrado en las nubes. Bajó a la sala
principal. Se acercó al mostrador donde sacaba
el seguro de vuelo. Un empleado llegó nervioso
y ordenó al que estaba dentro:
–Lleva a lo oficina los seguros del vuelo
Airgalia.
–Explotó en el aire... –la voz de René era
fría, apagada.
–Sí, señor. Así es. Debemos evitar la histeria.
¿Tenía alguna persona conocida en el vuelo?
–¿Conocida?... No... ¿Conocida?... No...
Y, repitiendo eso como un autómata, con los
ojos llenos de lágrimas se dirigió a tomar su
vuelo para Maracaibo.
El aparato giró hacia el oeste. Cada vez lo
alejaban más de ella. Cuando apagaron las
luces de la cabina, murmuró:
–¿Conocida? No... Era mi amor... lo
encontré... y lo perdí.
Se puso a llorar.
El pasajero que tenía a su lado dormía.
Diap 141
LOS ZAMUROSLOS ZAMUROS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
::::::
Tiempo después la política en el país utópico
volvió a la normalidad.
Los demagogos gobernaban otra vez.
En el barrio La Teja se formó un partido donde
militaban extremistas, teóricos, cristianos,
radicales y exilados. Era un mito que estuviesen
juntos, pero ahí la gente es irreal.
Uno de los secretarios se llamaba Yamandú
Corier. El apellido de su padre se modificó para
impactar bien. Hoy los asesores saben que es lo
que agrada al público.
Alex retornó como un héroe. Le dieron un
alto puesto en un ministerio y le compensaron
todos los sueldos que no había cobrado, ni
trabajado, durante los años de exilio. Y se
compró un chalet en un balneario del este.
Edith volvió a su país con sus hijos. Con el
dinero de las prestaciones del marido, más un
bono que dio la empresa, sumado a la venta de
la casa y la jubilación de él, obtenida por
contactos de su cuñado, vivió cómoda.
::::::
En la mañana siguiente Edith se
asombró al ver los zamuros volando cerca.
Cuando abrió el closet y encontró el
maletín de René cerrado, no se angustió.
Habría venido, pero él acostumbraba
dormir muchas veces en el estudio. Fue
hasta allí.
A al llegar al mirador lanzó un grito.
Encontraron a René muerto en la
barranca.
Una alcayata se había salido de la pared.
El chinchorro siguió el impulso que tenía.
René golpeó contra la baranda del balcón,
ésta se rompió y él cayó al vacío.
En el muro del lado izquierdo había una
grieta donde había estado el gancho, y
motivó que éste se saliera.
Dijeron que eso fue la causa de su muerte.
Nunca supieron que fue otra grieta, en
otro muro, que se abrió tanto que no pudo
soportar más.
Diap 142
LOS ZAMUROSLOS ZAMUROS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
Es que musiú es una deformación criolla de
messieur...
Y messieur es señor en francés.
Llegó el momento de reducirlo, alguien avisó
a la familia.
Vinieron sus hijos. Los acompañó la tía Elsa,
quería conocer el trópico. Edith estaba viajando
por Europa con su marido.
Al levantar la loza, ésta se partió. Tenía una
grieta.
En Venezuela ya había cremación. Sus hijos
incineraron los huesos. Cumplieron la voluntad
de su padre.
Fueron al litoral. La embarcación se dirigió
hacia el norte.
Arrojaron las cenizas de René.
Y las cenizas se hundieron en el mar... frente
al cerro Naiguatá.
::::::
¿Los Espíritus Prisioneros?
Están en la casa de Elsa.
...oo0oo...
Compró apartamento en Malvín. Lo logró a
buen precio, era de una francesa muerta en un
accidente de aviación.
Pocos años después se casaba con un colega
de Alex, de profesión y exilio. Edith era feliz.
Todas las semanas se reunían con otros héroes
que decían haber sido exilados.
Hacían comparaciones con el país donde
habían estado y, naturalmente, donde ahora
estaban... era mejor.
René quedó sepultado en el cementerio de
Petare. Sus hijos pusieron sobre la placa la obra
"Espíritus Prisioneros".
Él siempre había pedido que lo incineraran y
echaran sus cenizas al mar. Pero, en Venezuela
no había cremación.
El tiempo fue cubriendo el lugar de hierbas y
al bronce de óxido. Era uno más de los
sepulcros que el Día de los Muertos algún alma
caritativa se acuerda de limpiar.
En la fundición siempre alguno a fin de año
recordaba que se debía pagar los impuestos por
la tumba de aquel catire, de aquel musiú
Diap 143
LOS ZAMUROSLOS ZAMUROS
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
NOTA FINAL
La primer mitad de los cuentos fueron
grietas del sur. La otra, grietas del norte.
Grietas de arriba. Grietas de abajo.
Depende en que posición se ponga el globo
terráqueo.
En el universo, en el tiempo, todo es igual.
A los seres les parece que las cosas son
diferentes.
Y si miramos para atrás, sólo cambian los
personajes.
Las cosas no cambian.
Cosas que se escribieron en estos cuentos.
Algunas vividas. Y algunas imaginadas.
Muchas quedaron en el cesto de los papeles.
Y muchas en el cesto de los recuerdos.
Otras no se sacaron de donde estaban.
Y otras... ¿para qué hacerlas resurgir?
Hubiera sido poner más grietas en el muro.
Y el muro ya no resistía más.
...oo0oo...
Octubre 2000
Rosalino Carigi
Última modificación
Noviembre 2015
Diap 144
LAS GRIETAS LAS GRIETAS
El libro "Las Grietas" fue vuelto a escribir y corregido
tres veces.
Esta versión corresponde a Junio 2005
Y actualizada en Noviembre 2015
Diap 145
Diap 146
Diap 147
Diap 148
Diap 149
Diap 150
FIN
Soy otro ejemplo de los criados durante los
años treinta y cuarenta en la República
Oriental del Uruguay.
República que sembró en aquellos niños,
principios que los harían críticos despiadados
consigo mismo y con los demás.
De 1925 a 1938, en la gran huida de Europa,
llegaron al Cerro seres de diferentes pueblos,
religiones, sueños, odios.
Venían todos con ideales de un futuro mejor.
Ideales que fueron transmitidos a los niños,
sentados en las baldosas de las veredas, por
viejos frustrados del marxismo, socialismo,
fascismo, comunismo, por italianos, armenios,
judíos, rusos, alemanes, polacos, gallegos,
catalanes.
Y que nos dejaron una mezcla incongruente
de ideas
Asistí a la escuela Checoslovaquia, laica y
del estado, y así mismo pertenecí a un grupo de
la iglesia católica parroquial.
Me gustó ser aprendiz de todo, desde
zapatero remendón a monaguillo, y sin
beneficio alguno. Sólo por conocer.
Completé mi educación en el Liceo Bauzá, el
hoy derruido de la avda. Agraciada. Tuvimos
profesores que nos enseñaron normas, y otros
a pensar... y dudar de las verdades absolutas.
Estando aún vivo, creo innecesario que otro
escriba sobre mí. Se justificaría si fuese joven y
precisase un panegírico. Y, afortunadamente, ya
no me afecta esa enfermedad.
Trataré de ser justo y escueto, cosa difícil
cuando se habla de uno mismo.
Nombre: Rosalino David Carigi Aquilini.
Apodos: Titi (Uruguay). Catire (Venezuela)
Seudónimo: Gracián Solirio (anagrama)
Nacido el: 28 de marzo de 1929.
En: Fornacci di Barga, Lucca, Toscana, Italia.
Nacionalidad: Italiano y Venezolano.
Profesión: Téc. Industrial Metal Mecánico,
Hornos y Esmalte. Plantas Electrodomésticos.
Vida laboral: Dibujante, Proyectista, Jefe, Gte.
de Planta, Jubilado.
Estado: Casado con María Teresita Delgado
San Martín.
Hijos: Juan Pablo, María Leticia, María
Esther
El 13 de octubre de 1931, teniendo dos años y
medio, vine con mis padres a Montevideo. Y viví
hasta mis 25 años en la Villa del Cerro, barrio
emblemático.
Diap 151
SE DICE DE MÍ
SE DICE DE MI
(EL AUTOR)
Expresando ese sentimiento, emulaba una
canción:
–Ni soy de aquí, ni soy de allá…
Y alguien me corrigió:
–¿No será que es de aquí y de allá? Usted es
un extrañero no un extranjero. El que se forma
en un lado y hace su vida en otro, será un
extrañero en ambos. Porque cuando esté en una
parte extrañará la otra.
Hoy, viejo, miro hacia atrás y no me
arrepiento de ningún instante vivido. Son mi
vivencia.
Fui un niño tímido, observador, retraído, y
solitario.
Fui un joven rebelde, inquieto, inconforme y
soñador.
Fui un hombre introvertido, irascible, estricto
e idealista.
Soy un viejo agnóstico, impaciente, nostálgico
y bohemio.
Y ahora, a mi edad, solo queda… lo que fui.
Y lo viví a mi manera
…oo0oo….
Rosalino Carigi
Septiembre de 2013
Nota: “Se Dice de Mí” se copió del libro “LOS
DONES DEL AYER”
Una de las pocas cosas a la que quisiera
volver, es al Liceo Bauzá en 1945 y en segundo
año “C” del turno vespertino.
En 1957 me marché tras un sueño a Venezuela.
Fueron cincuenta años allí. Toda una vida.
Mi vida.
Viví los mejores años de dos grandes países,
el Uruguay y Venezuela.
Tuve la felicidad de vivir sus progresos.
Y la fortuna de no hacerme rico.
Tuve la tristeza de vivir sus decadencias.
Y la suerte de no volverme ruin.
Ayudé a abrir el camino de la industria, del
esmalte y del progreso.
Tuve la dicha de enseñar a usarlo...
y la amargura de ser usado en él.
En el 2008 volví al Uruguay.
El tiempo todo lo cambia.
El Uruguay que encontré no es el que dejé.
La Venezuela que dejé no es la que encontré.
Pero los que yo viví, nunca me los podrán
cambiar. Nunca me los podrán quitar.
Por que al Uruguay que me formó, y la
Venezuela donde me desarrollé, los llevo en mí.
Los dos me dieron todo. Y yo me di todo a ellos.
Diap 152
SE DICE DE MÍSE DICE DE MÍ

4 grietas par sli

  • 1.
    LAS GRIETAS RECOPILACIÓN AÑO2000 VERSIÓN DICIEMBE 2015 CUENTOS de Rosalino Carigi Diap 1
  • 2.
    Diap 2 A todoslos Aldo, que tuvieron un ideal... y la suerte de no envejecer.
  • 3.
    No. CUENTO Diap. 13LA ESPIRAL 65 14 LA CARRETERA 69 15 ALDO 77 16 EL COLADOR 85 17 EL RATONCITO 89 18 LOS PRISIONEROS 93 19 LOS CUENTEROS 103 20 LAS REALIDADES 111 21 LOS REOS 117 22 LOS BAMBÚES 125 23 EL ENCUENTRO 131 24 LA DECISIÓN 136 25 LOS ZAMUROS 140 NOTA FINAL 144 FINAL 145 ANEXO (SE DICE DE MÍ – EL AUTOR) 148 Diap 3 LAS GRIETAS LAS GRIETAS ÍNDICE No. CUENTO Diap. INICIO 1 INTRODUCCIÓN 4 01 LOS EMIGRANTES 5 02 CICATRICES 9 03 LA CANTERA 13 04 EL GUACHO 17 05 EL MANCO 21 06 LOS SERES 26 07 LOS CAMBIOS 31 08 EL AYUDANTE 35 09 EL CABALLO 43 10 LADRILLOS 49 11 LA GATA 53 12 LOS DOCTORES 57
  • 4.
    Un recuerdo trajoa los demás, y éstos hicieron escribir otros cuentos que llevaron a buscar temas pertenecientes a "La Grieta" original y que estaban en diversos libros. Cada relato está basado en sucesos reales a los cuales se les agregó la respectiva dosis de fantasía y también, ¿por qué no decirlo?... otra de frustraciones. Al verlos nuevamente juntos se comprendió, igual que en "La Agonía de los Mitos", que era mejor convertirlos en una colección de narraciones unidas por el personaje. Así mismo se vio que su tema no era el de una grieta, sino de muchas grietas que se abrieron en ese muro... y en otros muros... y en otros personajes. Por tanto, su nuevo nombre fue: "Las Grietas" Rosalino Carigi Octubre 2000 Estos cuentos tuvieron sus inicios en mil novecientos ochenta, teniendo el autor cincuenta años de edad. Se pensó realizar una novela donde el personaje, René, transmitiera los sentimientos que van haciendo grietas en el muro que él ha levantado desde la infancia frente al corazón para proteger sus ideales y romanticismo. En los años siguientes, en lugar de terminarla, se tomaron de ella temas, personajes y cuentos que se usaron en otros libros. Tantos, que se decidió destruir las notas sobrantes y arrojarlas al cesto de los recuerdos y de los papeles. Aquella novela original se llamaba "La Grieta". Pero en el dos mil, con la nostalgia que invade al tener ya setenta y un años, los recuerdos afloraron y se escribió un cuento con el mismo nombre. Diap 4 INTRODUCCIÓN LAS GRIETAS LAS GRIETAS INTRODUCCIÓN
  • 5.
    La tercera estabarepleta de emigrantes gritones, pobres, analfabetas. En segunda clase paseaban en silencio los perseguidos por la dictadura, escondiendo su cara bajo el ala del sombrero, y quizás más pobres que los de tercera. En Marsella subió una pareja con mellizos de la misma edad que René, hablaban correcto francés y español. Viajaban en segunda, pero los niños no conocen división de clases. A las pocas horas habían hecho amistad y jugaban juntos mientras sus padres conversaban. El señor Mario Montseny, padre de los mellizos Jean y Jacques, era contador y también se dirigía a Montevideo. Cuando el barco recaló en Barcelona se develó el enigma. Montseny era un revolucionario catalán perseguido por el franquismo. Huyó a Francia, tomó esa nacionalidad, e iba al Uruguay. Un país de democracia total, donde tenía amigos. René Coulerier Alsace tenía cuatro años cuando llegó a América, al barrio La Teja. Había nacido en Nancy, Francia, ciudad industrial en una zona minera... arrasada cada tanto por las guerras entre francos y germanos. Corría el año 1934. De ambos lados de la frontera se sentía el nerviosismo de un próximo encuentro. Un fanático quería reivindicar su derrota, y los demás parecían temerle. Renoir, el padre de René, sería uno de los primeros en ser llamado por su especialidad en motores de aviación. Vendió lo que tenía. Y, con su familia se dirigió al puerto de Marsella. Se marchaba para América. A un país llamado Uruguay que tenía auge económica, una destiladora de petróleo en ciernes y... futbolistas campeones en Francia. Subieron a un trasatlántico que había partido de Nápoles y luego tocado el puerto de Génova. Iban en primera clase. Diap 5 LOS EMIGRANTES LAS GRIETAS LAS GRIETAS 01 LOS EMIGRANTES América, tierra de esperanzas….
  • 6.
    Gente que aunteniendo necesidades... cantaba y reía. En tanto, los de primera se asomaban para oírlos. Vinieron los días en el mar mirando hacia el oeste. Cruzaron el trópico, el ecuador y llegaron a... ¡América! El barco dejaba en cada puerto su carga de emigrantes: Bahía, Río Janeiro, Santos, Porto Alegre... Montevideo. Bajaron. La gente hablaba distinto, tenían costumbres diferentes. Los amigos de Montseny los llevaron a una pensión en un suburbio mientras les conseguían trabajo. Montseny fue de contador a una editorial. Renoir y Pau, ahora Pablo, entraron como mecánicos en los talleres de la destiladora. Poco tiempo después Mario y Renoir tenían su respectiva casita en el barrio. Pablo la compró en otro. René Coulerier, los mellizos Jean y Jacques Montseny, Carlos Noumercat. Cuatro niños y un nuevo mundo. Y a cada uno le esperaría un destino diferente. Cuando Montseny se asomó a la borda en el muelle barcelonés, en éste se juntaron decenas de personas. No hubo saludos. Cada uno sacó una pequeña bandera catalana... y él hizo lo mismo aguándoseles los ojos. La milicia dispersó a la gente. Se necesitarían muchos años para que esa bandera ondeara libremente. Allí subió Pau Noumercat con su señora e hijo Carlos. Fue a saludar a Montseny. Hizo amistad enseguida con Renoir. Pau era herrero y conocía algo de mecánica. Pero también era catalán y español... lo sabía todo. Luego el barco tocó el puerto de Valencia. Y en tercera clase, donde parecía no haber más lugar, entró el doble. Eran los hambrientos, los sin tierra, los que sufrieron una revolución sin obtener nada. Los que aún después de cuatro siglos veían América como una esperanza. Pasaron el estrecho de Gibraltar y recalaron en las islas de Madeira y Canarias. Siguió entrando más gente en tercera. Diap 6 LOS EMIGRANTESLOS EMIGRANTES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 7.
    Sólo los quevivían en las casas de dos pisos sobre la avenida, compensaban eso con la vista de la bahía y una playa que los residuos del petróleo iban inutilizando, o con el panorama de la suave cumbre de un cerro de 148 metros. Los demás, habitaban pequeñas casas de un dormitorio, una cocina y corredor envarillado. Casas con techos de zinc, con jardines llenos de jazmines, claveles, rosas y cualquier flor que perfumase. Con un fondo donde había, a más del escusado y el gallinero, plantas de laurel, limones, naranjas, orégano, tomillo... Aromas naturales que amortiguasen los provenientes de las industrias. Pero la gente quería su barrio, y los emigrantes aún más que los nacidos en ese país. Sólo el extranjero que ha pasado necesidad, hambre, guerra, o fue perseguido en su propia patria, sabe cuánto se puede amar a la adoptiva. En toda emigración viene de todo, los que fueron algo y dejaron de ser, y los que nada fueron y quieren llegar a ser. :::::: Barrio plateado por la luna, dolores de milonga... Pero, el inicio común de sus destinos fue en La Teja. Antes que pusieran la destiladora de petróleo, La Teja era un barrio pobre, con pocas calles asfaltadas, muchos charcos, próximo a la bahía que lo inundaba cada tanto, con algunas casas sobre la avenida, casas que se iban espaciando a medida que las calles bajaban hacia la costa. Las emigraciones de los años veinte y treinta lo fue poblando con los desesperados del hambre resultante de la guerra de Europa y con los fugitivos de las políticas extremistas, tanto de izquierda o de derecha, nacidas de esa hambre y de los intereses de las naciones vencedoras. No era un barrio que atrajese, cuando no lo acariciaba el olor de la fábrica de cola que estaba al otro lado del arroyo cercano, lo envolvían las emanaciones de la destiladora. Diap 7 LOS EMIGRANTESLOS EMIGRANTES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 8.
    Los hijos delos emigrantes tenían a su alcance los estudios... y la importada educación francesa. En la destiladora, Renoir seguía como mecánico. Todos sabían que era un técnico de valor. Pero permanecía como obrero. Nunca aprendió a hablar bien el español y menos aún el lunfardo uruguayo. Además trataba con educación a los compañeros y no callaba si el jefe estaba equivocado. Pablo Noumercat podía expresarse en ambos idiomas. Presentaba las ideas de los demás como propias. Dirigía autoritario a los operarios. Y alababa al superior. Llegó a ser capataz de Renoir aunque supiese menos que él. Eso formó una grieta en sus relaciones, algo que corroía la vida del francés, llegando hasta René y su madre. Olvidaban que América Latina fue conquistada por la cruz de la espada y por los aduladores de los reyes católicos. ...oo0oo... Las familias de René y la de los mellizos vivían cerca. En el barrio, junto a la gente buena había brutos que probaban su machismo en salvajadas. La resaca de la sociedad sin importar de donde viniesen. Sin embargo, de la convivencia de brutos y cultos, de hambrientos y de perseguidos, de campesinos analfabetas y citadinos instruidos, de indios, criollos, negros, europeos, se hizo ese barrio y se formó una nación muy peculiar. Pasó el tiempo. Las calles del barrio se pavimentaron en su totalidad... La mayoría de aquellas casitas con corredor envarillado se habían transformado en casas de ladrillos con techos planos de ticholos o inclinados de tejas. Con el petróleo estaba surgiendo una nueva mentalidad universal. Las fábricas crecían, se mecanizaban. Y a los seres nacidos a principios de siglo les costaba adaptarse. La guerra hizo saltar los países latinoamericanos hacía la industrialización. Diap 8 LOS EMIGRANTESLOS EMIGRANTES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 9.
    Pero nada haytan cruel como los niños, y más si los progenitores son frustrados por su propia ignorancia. Eso trajo dos consecuencias. La primera que se volvió un niño introspectivo, arisco, que debía esquivar a los demás muchachos del lugar. La otra que las mujeres del barrio le dijeran el princesito y lo llamasen para revisar su vestimenta. Ese era un orgullo para su madre, pero él se sentía un objeto manoseado. El fondo del terreno donde vivía René colindaba con el del almacén de la esquina. El almacenero era un criollo indiado que asustaba con sólo verlo. El almacén parecía una pulpería. Y junto a éste había un galpón que años atrás sirvió para bailar el pericón y ahora era depósito de comestibles. El indio almacenero teníadoshijas quinceañeras. Una se dedicó a cuidar el negocio de su padre. La otra, llamada Anahí, más inteligente, estaba en la universidad femenina. Desde pequeño, René tuvo que luchar por características personales que las circunstancias pusieron en su contra. Era delgado y de estructura firme, atlético, elegante, pero sumamente blanco y rubio, de piel y facciones finas. En su país de origen pasaría desapercibido, un descendiente más de los galos. Pero allí, entre criollos hijos de godos e indios, o de sureños italianos y españoles con genes de moros y negros, llamaba la atención. Además, su madre lo seguía vistiendo a la forma francesa y dejándole el cabello largo. En sus ancestros las guedejas fueron signo de virilidad, pero ahora eran de niñas. Para completar, su nombre podía interpretarse tanto como si fuera de mujer o de hombre, los oídos rioplatenses no tenían la sutil diferencia para los distintos acentos franceses de la e. Su apellido causaba burlas soeces, sin saber los que le ofendían que Coulerier significa "el que cuela la fundición de algo". Diap 9 CICATRICES LAS GRIETAS LAS GRIETAS 02 CICATRICES El niño es el padre del hombre….
  • 10.
    Por otro lofrenaba el respeto que debía a las personas mayores. Además, sentía algo molesto. Anahí retornó a la cordura, le dijo que no contara a su madre lo sucedido, que era un secreto entre los dos. René volvió a su patio, pero algo incomprensible lo dominaba. Se madre se levantó de la siesta, lo miró. Vio el pantalón mal acomodado... e hizo confesar a su hijo. Luego levantó un muro de enemistad con esa familia. Con los años Anahí se recibió de médico, se especializó en pediatría. Fue una doctora respetada en el hospital de niños. La mente humana es algo incomprensible. Por mucho tiempo él creyó que las mujeres tenían abajo algo oscuro, enrulado, con mal olor... que las volvía locas. Cuando creció supo que eso era el sexo... Y que enloquece… :::::: Anahí acostumbraba hablar con René, quien ya tenía cinco años, y practicar con él sus clases de francés. Pero también le gustaba revisar su ropa y acariciar su cabello. Ése era un barrio tranquilo, en la tarde todas las mujeres dormían la siesta. Hasta el almacén cerraba sus puertas. René nunca se acostumbró a esto y jugaba en el fondo. Oyó que Anahí lo llamaba en voz baja desde la puerta del depósito. Cruzó la cerca de laurel que dividía los terrenos y fue hasta allí. Ella siempre le mostraba libros bonitos. Entraron al depósito. Anahí comenzó a acariciarle el pelo, a revisarle la ropa, a abrirle el pantalón, a tocarle el infantil miembro, y éste tuvo erección. Asustado, vio que ella se levantaba la pollera y se quitaba la bombacha. Inmediatamente, desesperada, comenzó a refregar su entrepiernas con lo de René. Él estaba aterrado. Por un lado tenía miedo, ella estaba enloquecida. Diap 10 CICATRICESCICATRICES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 11.
    Otro suceso fuesu entrada a la escuela del estado. Su padre, hombre con mentalidad universalista, se opuso a que fuese al tendencioso y dogmático colegio de curas. En la institución popular debió enfrentarse a niños rudos, hechos en la brutalidad de sus padres, que creían que reírse y golpear a los demás los hacía mejores. Tuvo que defenderse de las burlas por su nombre, por su apellido, su forma de hablar. Por suerte el democrático e igualitario guardapolvo blanco cubría su ropa elegante. Muchas veces se encontró frente al director del colegio por sus peleas en los recreos. Y otras tantas soportó los chancletazos de su madre por las tenidas en la calle. Su madre lo envió con los curas a fin de prepararse para la primera comunión. Su padre lo aceptó. Ya más adelante, mayor, tendría la libertad para elegir su forma de pensar. Fuese por los juegos o el espíritu de los salesianos, se encontró allí más a gusto y formó su barra con esos botijas. :::::: Malevos que ya no son... Cuando René cumplió seis años, su vida sufrió una serie de acontecimientos que moldearon su forma de ser. La casita de techo de zinc fue remodelada en una con planchada y más cuartos. René tuvo su dormitorio aparte. Estuvo solo poco tiempo. Su madre le dio un hermano rubio, blanco, ojos azules, un galo nacido en el Uruguay. Lo bautizaron Yamandú, un indio inexistente. Un mito. Con ese niño le llegaron responsabilidades. Su padre le recalcaba a René que él era el hijo mayor, que debía estar orgulloso de eso y ser un ejemplo para su hermano. Inevitablemente la madre dedicó más cuidado a la nueva criatura. Dicen que las madres reparten su amor por igual entre los hijos, pero no es lo mismo con el tiempo. Eso en parte fue positivo. René se sintió libre de la tutela maternal y paseaba más por los alrededores de la cuadra, aunque le costaba fraternizar con los otros botijas. Diap 11 CICATRICESCICATRICES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 12.
    –Hace tiempo parecíasun nenita, ahora tienes fama de ser fuerte. –dijo el taita poniéndole la mano en la nuca. En ella tenía el cigarrillo encendido. Se lo clavó en el cuello. René le miró frío, soportando el dolor. Y Julián dijo. –Estos maulas hubiesen gritado y salido corriendo. Vos guapeaste. Sos realmente un hombre... franzuá. Y ese nombre le quedó para siempre. René creció. Le quedó la marca. Un día supo que Julián había muerto en un duelo. Cara a cara, hombre a hombre. Julián con aquella salvajada le dio seguridad en sí mismo. Los valores de los malevos son distintos y... respetables. Cada vez que pasa la mano detrás de su cuello y siente la cicatriz, recuerda a un niño de seis años que guapeó. Y la grieta en el muro de su dureza parece achicarse. ...oo0oo... Antes del año René hablaba en reo, sin acento francés. Los compañeros, los maestros, y hasta los malevos, lo apreciaban. Sin embargo siempre volvía solo a su casa. Se había superado, pero vuelto más introspectivo, hosco. Una noche René volvía del otro almacén que estaba a dos cuadras. Al pasar cerca de un baldío surgieron tres botijas de sexto año de la escuela, famosos abusadores. Lo agarraron llevándolo dentro del terreno vacío. René peleaba salvajemente. Ellos lo golpeaban intentado violarlo. Afortunadamente pasó por allí Julián, un taita que llevaba facón a la cintura. El malevo entró al baldío, reclamándoles: –Muy guapos que son... Tres contra un botija... Se pelea de hombre a hombre, cara a cara. Sólo un maula necesita ayuda... Y a un hombre se le mata, pero no se abusa de él. Los tres camorreros temblaban. René miraba a Julián. Diap 12 CICATRICESCICATRICES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 13.
    Dice la sociedadactual, que es efecto de causas síquicas o hormonales. Pero, para los del barrio, sólo eran maricas. Próximas a la destiladora existían varias cuadras con enormes huecos de las antiguas canteras de pedregullo. La lluvia los había convertido en lagos donde nadaban los muchachos y las fábricas arrojaban sus retales. Al llenarse, los cubrían de tierra y se construían casitas. Muchos de los hogares del barrio actual están levantados sobre toneladas de errores de los comienzo de la industria en el país. Cerca de las lagunas existía un galpón donde guardaban los camiones Krupp. Sus choferes eran toscos como esas máquinas. Entre ellos había depravados que usaban su viril atributo destrozando invertidos como los mellizos. René se había cruzado con éstos cuando retornaban de esas funciones. Jacques era el más degradado de los dos. :::::: René Coulerier Alsace estaba en tercer año del liceo. Era un joven delgado, rubio, fuerte, de ojos claros, prototipo de los galos. Iba a jugar al colegio de los curas, asistía con sus amigos a misa, pero era un libre pensador como su padre, Los mellizos Montseny habían tomado la senda sin retorno de los homosexuales. Sus modales, movimientos, y hasta su cuerpo y piel, tenían características femeninas. Los tres muchachos fueron criados en sus casas aislados del entorno real. Ambas madres trataron que sus hijos no adoptaran las costumbres del barrio, y eso los hizo ver por los otros muchachos como cobardes y afeminados. Cuando fueron a la escuela entraron en el fuego. Hay metales que con el fuego se templan. Otros, se derriten. Los mellizos se derritieron René se templó.. Diap 13 LA CANTERA LAS GRIETAS LAS GRIETAS 03 LA CANTERA Madre es ese ser amoroso, exigente, tierno, y siniestro, que nos forma en su vientre, nos deforma en la niñez, nos reforma en la vida, y nos conforma en la muerte.
  • 14.
    La mujer searrodilló suplicándole en francés. Jean seguía a su lado, con esa mueca estúpida. René tomó a la señora de los hombros y la levantó con ayuda de su madre. Ésta dijo en su idioma natal: –René lo hará. Tomó un pantalón de la mano de la señora y, agarrando a René del brazo, salieron. En el zaguán le explicó: –Jacques está muerto, flotando en la cantera. Lo mataron esos degenerados... le metieron una escoba. Pobre mujer, está deshecha. Vos sabés nadar bien. Sácalo de allí y ponle esto. –le entregó el pantalón. –Mamá, yo lo saco, pero... lo otro, no. –René. Es una madre. Piensa si en lugar de ella fuese yo. A ti te sobra hombría. Ten compasión de ella y de ellos. El muchacho agachó la cabeza y tomó los pantalones. :::::: :::::: Esa tarde volvía René del liceo Bauzá con la negra Herminia. Como vivía cerca de las canteras, la acompañó. El barrio estaba agitado y las vecinas hablaban en voz baja. Clemente, hermano de Herminia, se les acercó: –Anda rápido a tu casa, franzuá. Te están esperando. Y tomando a su hermana del brazo, se alejó. René llegó a la casa y entró por el fondo. Su madre lo llevó al recibo. Allí estaban Jean, uno de los mellizos, y la madre ahogada en llanto. Jean tenía una sonrisa anormal... –René... –los sollozos no dejaban hablar a la mujer. René miró a su madre y ésta, con un gesto, le indicó que tuviese comprensión. La mujer continuó: –René, tú has sido el único amigo que han tenido mis hijos... No lo dejes sacar así de la cantera. Por amor de Dios, sácalo antes que llegue la policía... Que no lo vean así... Por lo que más quieras, René... Diap 14 LA CANTERALA CANTERA LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 15.
    :::::: Cada vez queoigo que el hombre es un animal racional, admiro más a los animales irracionales... (Gracián Solirio) Mientras iba hacia la cantera, meditaba. ¿Pensaría alguna vez su madre que por culpa de ella, él hubiera podido pertenecer a ese grupo de extraviados? Cuánto amor y cuánto error puede salir de una madre. Cuando llegó al lago no había nadie. El barrio parecía muerto. Venciendo la repugnancia, René sacó el cuerpo semidesnudo de Jaques. Parte de la escoba aún afloraba. ¿Cómo el ser humano puede llegar a tal depravación? ¿Qué había cruzado por esas mentes? ¿Crueldad, desprecio por ese desgraciado, repugnancia por ellos mismos? Un policía apareció. Era del barrio –Ahora viene el coche policial, franzuá. Gracias por sacarlo. Vas a tener que ir a declarar. René tapó lo desnudo del cadáver con el pantalón. Diap 15 LA CANTERALA CANTERA LAS GRIETAS LAS GRIETAS –La madre me pidió que lo sacara y vistiera. Pero me da asco tocarlo. Que no salga en los diarios de esta manera. La pobre vieja no tiene la culpa. Y... no voy a ir a declarar. –Está bien. Diré que lo saqué yo. A los periodistas les avisaremos cuando ya esté en la morgue. Pero lo hago por el barrio y por vos. ¿Quién otro lo hubiera sacado? –Lo que pasa es que yo aprendí a nadar en las canteras. –Igual que todos los de aquí. Ya viste, todos chismeaban pero nadie se acercó. Y que la vieja no tuvo la culpa, no lo creo. Siempre los crió como unos nenitas... y éste es el final. Como todos los crímenes de ese tipo, pronto fue olvidada la investigación. Y eso quedó como un sucio recuerdo. Jean y su madre se fueron para un barrio residencial. El padre se divorció. Tiempo después tenía un cargo público. ::::::
  • 16.
    Y, haciendo unmohín, siguió: –He representado lo nuestro en casi todos los países. Es horrible. La mayoría cree que unicamente tenemos tangos, fútbol y carne. Pero, dime... ¿qué es de tu vida? –¿Yo?... Vine a montar una fundición. Me gustó la gente. Su cultura negroide. Me quedé. Traje a mi familia. Pero nunca olvido nuestro barrio, la bahía, la fábrica de cola, la destiladora... hasta añoro el olor del Pantanoso. Jean, levantó despectivo su cabeza y se marchó con su andar característico. Ni se despidió de su compañero... el que sacó de la cantera a su hermano muerto. René quedó con una triste sonrisa en medio de la gente. Quería comprender, no podía resignarse. Y sintió abrirse una pequeña grieta en el muro frente a su corazón. ...oo0oo... :::::: Han pasado muchos años. La casa de René en La Teja tiene un mirador. Desde allí su madre puede ver la bahía. El viejo Renoir murió sin volver a su añorada Francia. Su hijo mayor viene a pasar las vacaciones en el Uruguay, visita a su madre... y pasea por el barrio. Porque René se casó, tiene dos hijos y se fue a trabajar a Venezuela. :::::: Dos de la tarde. René está esperando a un amigo en el aeropuerto de Maiquetía, en el litoral próximo a Caracas. –¿René Coulerier? Una voz melosa lo hace girar. Dentro de un traje de seda, impecable, peinado y rostro perfecto, ve a Jean Montseny. –¿Cómo estás? –responde– Hace años que no te veía. –Es que tú sabes, pertenezco al Cuerpo Diplomático. –Jean se toma la cara con gesto femenino– Como Agregado Cultural siempre me encuentro viajando. Diap 16 LA CANTERALA CANTERA LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 17.
    Fue otro delos garajes vacíos que algunos del barrio ostentaban para hacer ver que podían tener un coche y decían que no les hacía falta. Como nadie le rentaba el local, hizo a escondidas un baño en el garage y el cuartito de herramientas lo convirtió en cocina. Luego puso un letrero en la puerta, alquilándolo. El vecindario se burlaba en la seguridad que nadie viviría en ese túnel. Para asombro de todos lo alquiló una pareja. Él, un cuarentón y fornido changador de nombre Iñaky Zuruvera. Ella, una bella e introspectiva rubia de treinta años, siempre formal, de poco hablar, llamada Mónica. Los hombres del barrio la miraban socarrones... Al poco tiempo las mujeres, despectivas, apenas la saludaban. Una mañana la pareja salió temprano. Volvieron cerca de mediodía. Traían una criatura recién nacida. En la tarde fueron a la iglesia, ellos se casaron y bautizaron al niño como Ignacio. Y tuvo por sobrenombre: Nacho. :::::: En el barrio La Teja las calles paralelas a la avenida corrían planas hasta poco antes de llegar al arroyo, allí en forma rápida descendían hacia los terrenos pantanosos. En cambio, las transversales subían desde las canteras hasta la cumbre de la avenida y luego se lanzaban cuesta abajo hacia los montes que se hallaban en la distancia. En una esquina había una inclinación muy abrupta. Un barranco. Un día empezaron a construir ahí. La casa tuvo la puerta principal en la calle longitudinal, la más distinguida. Y, en el hueco bajo la casa hicieron el garaje. En la ochava, el dueño dejó un local con entrada aparte a fin de poner un comercio. Jamás pudo competir con el viejo almacén ni con el boliche de la siguiente calle. Y jamás compró auto. Diap 17 EL GUACHO LAS GRIETAS LAS GRIETAS 04 EL GUACHO Basado en sucesos reales... y la realidad supera a la fantasía.
  • 18.
    Al crecer Nachoalquilaron el local de la esquina y lo convirtieron en dormitorio del niño. En invierno debía pensar dos veces antes de salir y bajar al baño del garaje. A Nacho le gustaba jugar fútbol en el campito, remontar cometas, jugar bolitas, chinchirevela, trompo, payanas, balero, correr con el aro, chapotear en el arroyuelo formado contra el cordón en las calles al llover... en fin: un niño más, pero con esa seriedad de sus padres. Era responsable en sus deberes escolares, respetuoso con los mayores y, aunque tenía físico fornido y musculoso como Iñaky, evitaba pelear con sus compañeros. En la misma clase había un sucio y revoltoso niño de los bajos del pantano, el cual tenía problemas con los demás y sus groserías habían obligado llamar a sus padres. Sin embargo las maestras y el director desistieron de hacerlo, ya que tanto la madre como el padre eran peores que el hijo apodado merecidamente Camorra. :::::: :::::: Iñaky Zuruvera era vasco francés. Como buen vasco, fuerte e callado. A veces hablaba en galo con el padre de René. Ignacio fue de los pocos compañeros de éste. Nacho ya tenía once años y estaba en quinto del colegio público. Su padre, Iñaky, seguía en la aduana. Su madre, Mónica, siendo una mujer bella, formal. Y los tres viviendo en el garage. Durante esos años fueron formando parte del vecindario. Pero nunca se pudo saber de quien nacía la pared que los aislaba de la gente, si de ellos o de los demás. Eran una familia humilde, tranquila, que tomaba mate en la puerta del garaje al atardecer. Los sábados y domingos de mañana Iñaky llevaba su hijo a ver fútbol. La señora Mónica, nadie le decía doña, siempre estaba en su garaje, tejiendo, bordando o cosiendo. Jamás se le veía charlando con las vecinas y menos con un hombre. Diap 18 EL GUACHOEL GUACHO LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 19.
    –Nacho es guacho.Zuruvera, la madre es quilombera. No hay mayor fuerza que la que da la furia. Si no hubiese aparecido el carnicero que vivía cerca, hubiera destrozado al Camorra. Quien, ensangrentado le repetía el sonsonete. El Camorra quedó solo allí, mientras el hombre llevó a los otros niños hasta la calle. Cada uno tomó su camino. René acompañaba a Nacho, los dos iban en silencio. Cuando Nacho llegó al garaje no podía disimular los golpes y, entre llantos, dijo la razón de la pelea. Mónica lo abrazó tiernamente. Lo hizo sentar frente a ella y, con voz acongojada pero serena, le habló: –Lo que te dijo... es la verdad. Yo fui quilombera, Iñaky me salvó de allí. Yo no podía tener hijos... y te adoptamos. Nacho pasó por todas la reacciones. Luego se arrojó sobre ella y la abrazó repitiendo: mamá. Esa tarde, cuando Iñaqui subía la calle hacia su casa, vio venir corriendo a Nacho y abrazarlo con fuerza. :::::: Ese viernes, Camorra estaba insoportable, ofendiendo a sus compañeros y en especial provocando a Nacho. A mediodía los niños salieron en desbandada. Al estar en la calle, Camorra le mojó de saliva la oreja a Ignacio. Era la más baja incitación a pelear, si no lo hacía sería un miedoso, mas Nacho pensó en su madre y se contuvo. –Eres un guacho y un maula. –le gritó Camorra. Le estaba diciendo huérfano abandonado y cobarde. –Anda a la puta, mugriento. –respondió Nacho ofendido y ya descontrolado– Vamos al campito de las cañas. –Vamos. Pero la puta es tu madre, que fue quilombera en el quilombo de la calle Holanda en el Cerro. Nacho sintió que explotaba. Le estaba diciendo que su madre había sido ramera de burdel. Y mientras iban para el campo, rodeados de compañeros, Camorra repetía: Diap 19 EL GUACHOEL GUACHO LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 20.
    Su madre genéticahabía sido y era una prostituta, y la quilombera había sido y era una madre de verdad. Pasaron los años. Nacho llegó a ser un gran arquitecto. Se casó y vivía en un chalet con sus ancianos padres. El carnicero le pidió una reforma en su casa. Nacho fue. Cerca del campito vio un mísero rancho y en él una vieja haciéndole señas. Preguntó quien era, y el hombre le dijo: –Es la madre del Camorra, la ramera del lugar, sólo los borrachos van con ella. El Camorra murió de una puñalada. Nacho fue a aquella esquina. En la puerta del garaje aún se veía lo que él había grabado en su niñez: Iñaky, Mónica, Nacho. Y... orgulloso agregó: El Guacho. Cuando René viene de paseo, Nacho lo lleva para que vea lo escrito. Cada vez el grabado es más hondo. Y René siente fuerte el muro donde lleva sus grietas. ...oo0oo... :::::: No hubo padre más formal que Iñaky ni esposa más fiel que Mónica ni joven tan estudioso como el guacho Nacho. A los 18 años entró en Facultad y quiso conocer su madre genética. Mónica sintió dolor, pero lo aceptó. Averiguó que era hijo ilegítimo de una madre soltera que lo dio en adopción. De su padre natural no se sabía nada. Ahondando más, pudo saber el nombre de ella y dar con su paradero. Vivía en un apartamento de una zona lujosa. Nacho era un joven apuesto. Cuando llegó al edificio y dijo el nombre de su madre, el portero lo hizo pasar sin más. Subió y tocó el timbre. Le abrió la puerta una pintada e impúdica mujer. Nacho repitió el nombre de su madre. –Sí... contestó ella provocativamente– ¿Quién te envía? Eres terriblemente buen mozo... pasa, pasa, querido. Él, sin decirle nada, se fue. La vida le daba una lección. Diap 20 EL GUACHOEL GUACHO LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 21.
    El capataz deallí, haciendo resaltar su experiencia, había protestado diciendo que eso era innecesario, que bajaría el rendimiento, que por años nunca había pasado nada. Con un machete a los cueros grandes se les quitaba los sobrantes y éstos se estiraban aparte. En la otra máquina estaba el negro Clemente repasando los recortes. Clemente, con su carácter alegre, estaba cantando. El taller ponía música con el chirriar de engranajes gastados... De pronto, el canto se volvió un grito animal, horripilante. La mano del negro había sido agarrada por los rodillos. Desembragaron enseguida la polea, pero la máquina y los alaridos seguían. Clemente se retorcía del dolor. La muñeca iba llegando a los rodillos ante la mirada atónita de los demás. Todos pedían ayuda pero nadie hacía nada. René vio el machete sobre una mesa. Lo agarró. Y de un golpe cercenó la mano. El negro cayó de espalda. Clemente miró el muñón por el cual manaba la sangre... Ya no sentía dolor. Pero se puso a llorar. René ya estaba de novio, y era demasiado orgulloso para depender de su padre hasta para conseguir unos pesos para invitar su prometida a tomar un helado. Logró trabajo en una curtiembre. En ella aún usaban el árbol de máquinas. Ese eje lleno de poleas donde pasan correas llevando el movimiento a las máquinas de abajo. René tenía modernos conceptos en maquinarias como en condiciones de trabajo para las personas. Sus ideas tuvieron buena acogida en el ingeniero, recelo en sus compañeros y oposición en los capataces. En una sección estiraban los cueros para obtenerlos más delgados pasándolos por unas laminadores de rodillos. Estas máquinas tenían un pesado volante que, aunque se desacoplara la polea, seguía largo rato girando. René se hallaba en una de ellas ayudando a poner una protección que había diseñado. Luego instalarían un dispositivo que hiciera frenar la máquina Diap 21 EL MANCO LAS GRIETAS LAS GRIETAS 05 EL MANCO Tanto haces, tanto vales. (Letrero en la entrada de una fábrica)
  • 22.
    René, aún conmocionado,le contestó una grosería. Un silencio ominoso dominó. Las miradas convergían hacia él. Con los labios torcidos por el disgusto, agregó: –¿Por qué no colocó una protección antes? ¿Por qué hizo trabajar esa máquina y no esperó que la pusiéramos? –¿Qué quiere decir? –replicó el servil caporal– ¿Acaso la culpa fue mía? –Quizás. –René seguía– Ahí tiene lo que pasó. Ojalá le sirva de experiencia. De esa cacareada experiencia suya. –Mire, dibujante... Yo sé como debe sentirse, pero son cosas que suceden en el trabajo... y siempre por descuido. –El que nació para medio, ni a golpes llega a real. –le respondió con desprecio y, sin más, entró en la oficina. El ingeniero lo siguió. Tomándolo de los hombros, le dijo que se fuera. René indicó que ya se sentía mejor. El ingeniero con una triste y compresiva sonrisa, agregó: Mientras le ponían un torniquete al hombre, la máquina siguió hasta pasar del otro lado lo que fue una mano. René tiró el machete. Los demás obreros lo veían con respeto y temor. Clemente se acercó a él. Lo miró con una mueca que quería ser sonrisa y le agradeció en un susurro. A los dos se le humedecieron los ojos. No fue necesario decir más. El herido fue llevado al hospital. René se dirigió a la oficina de Mantenimiento. Lo que le decían a su paso parecía venir de otra dimensión. En la puerta estaba reunido todo el plantel principal junto con el ingeniero y el capataz. La mirada del ingeniero le indicó que había obrado bien. Pero el capataz levantó las manos, exageró su gesto para impresionar a los gerentes... y le habló con su insoportable suficiencia: –¿Usted vio lo que pasó?... Yo siempre les digo que tengan cuidado. Fue una suerte que usted estaba allí y tuvo sangre fría. Sinó... ¡qué desgracia nos habría sucedido! Diap 22 EL MANCOEL MANCO LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 23.
    El capataz empezóa decir que se podría haber detenido la máquina, que no hubiera hecho falta cortar la mano, que había sido algo cruel y salvaje. Y tanto lo repetía que muchos empezaron a creerlo. Los compañeros de René lo trataban friamente. Los vecinos hablaban poco con él. Hasta su novia y amigos se asombraron por lo que había hecho. Su padre lo apoyó. La directiva de la empresa, siempre dispuesta a responsabilizar a los que hacen las cosas y nunca a los que mandan hacerlas, optó por creer lo que le convenía. Cuando Clemente volvió con su vendado muñón, René ya no trabajaba más. Lo habían echado. Le dijeron que se había extralimitado tomando una decisión sin consultar ni al capataz ni a un superior. Que no había cumplido con las expectativas que tenían puestas en él, por tanto buscarían otro dibujante. Y sabían que era algo rebelde. –No me entendió. Le aconsejo que se vaya de esto, de aquí. –señaló despectivamente a su alrededor. –¿Por qué? ¿Por lo que hice? ¿Por lo que dije? ¿Es que no sirvo? –preguntaba temiendo perder su trabajo. –No, muchacho. Todo lo contrario. Usted es demasiado para esto... Demasiado idealista... y la gente no volara a las personas como usted ni sus ideales. Sólo les preocupa mantener el puesto, ganar lo más posible, quedar bien. Y si algo está mal hecho, la culpa siempre será de los demás. René no renunció. A los diez minutos llegaba la policía y lo llevaban detenido. La había llamado el capataz. Su argumento fue que había sucedido un hecho de sangre y él debía cumplir con su deber y con la ley. Estuvo encarcelado hasta que Clemente fue a declarar. Las explicaciones del negro y del ingeniero lo libraron de una acusación criminal, pero no evitaron que fuese fichado. Diap 23 EL MANCOEL MANCO LAS GRIETAS
  • 24.
    El negro Clementevivió de lustrabotas en una avenida. Asombraba ver como con una sola mano sacaba brillo. A cada cliente decía que su mejor amigo se llamaba René. Pero era un pobre negro medio loco... y la gente se reía. René entró en una industria más grande y moderna. El ingeniero lo recomendó a un amigo que trabajaba allí y no hicieron caso a las referencias que daba la curtiembre. Luego de unos años se fue del país. Cuando viene de visita, sólo lo van a saludar Clemente y aquel ingeniero. René nunca fue el mismo. Él le había amputado la mano al negro. A él le amputaron la fe en la gente. Y en el muro que protege su corazón tuvo otra grieta. ...oo0oo... Lo hicieron acompañar por un vigilante hasta la calle. Sólo el ingeniero se despidió de él. René aprendió algo más: Lo poco que valía la palabra compañero, y lo falso que era el aviso que estaba a la entrada de la fábrica: Tanto haces, tanto vales. El negro se curó, lo pusieron de portero. Duró poco tiempo. Un negro, y manco, impresionaba mal. Y eso le había sucedido por descuidado. Lo despidieron también. Seis meses después colocaron a cada máquina su motor. Y todas tenían la protección diseñada por René. Los gerentes invitaron a los jerarcas del gobierno y a la prensa para mostrar su progreso. Luego fueron a almorzar. El día siguiente los diarios mostraban fotografías del Ministro del Trabajo condecorando a los directores. Al capataz fue ascendido. Luego de unos años se jubiló. Le regalaron un reloj. Nadie hizo rendir la gente como él. Diap 24 EL MANCOEL MANCO LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 25.
    Allí se veíanestudiantes mayores que sus educadores. Viejos que volvían tras un sueño abandonado años atrás. Alumnos que muchas veces transmitían su experiencia a los profesores. O jóvenes que habían empezado a trabajar. La camaradería era general, no existía la dura formalidad de la clases diurnas. Menos aún la envidia, la petulancia o el egoísmo. Discípulos y maestros se tuteaban, reían entre ellos y hasta se confiaban intimidades. Más de una vez el profesor dejaba el sacrosanto lugar tras el escritorio e iba a sentarse entre los alumnos mientras uno de ellos exponía frente al pizarrón. Y le hacía con los compañeros una broma... o pedía un cigarrillo al que se estaba durmiendo para despertarlo de su cansancio. Allí René conoció a Gabriel, joven delgado que trabajaba en una constructora. Y a Isabel, bella sicóloga de 28 años que quería ampliar sus conocimientos de ciencias. Cuando René comenzó a trabajar, decidió seguir sus estudios en Preparatorios Nocturnos. Estaban en el mismo edificio donde dictaban las clases diurnas, usaban los mismos salones, se sentaban en los mismos bancos, pero los seres y el ambiente eran distintos. Quizás fuese que los alumnos llegaban luego de ocho horas de trabajo, que todos tuviesen otra responsabilidad encima, que los profesores fuesen jóvenes recientemente egresados o viejos con vocación de enseñanza que no les importaba sacrificar horas de sueño... o no tenían ningún acomodo político que le lograse un puesto en el día. Pero, eran seres distintos en un mundo diferente. Diap 25 LOS SERES LAS GRIETAS LAS GRIETAS 06 LOS SERES Ahora todo es relativo... ahora todo es igual. Colón, Darwin, Freud, Einstein, nos bajaron del pedestal.
  • 26.
    Si al jovense le veía la euforia viril, a ella se le translucía el apetito sexual. Y es fácil notar a dos seres apasionados. Gabriel empezó a bajar en los estudios y a alejarse de sus compañeros. Sin embargo, mantenía su amistad con René. Isabel sólo asistía a las materias que le interesaban. Pero cuando coincidía con su joven amante lo devoraba con los ojos, esperándolo luego para irse juntos en la oscuridad. Una de esas veces en que Isabel no vino, faltó el último profesor. René y Gabriel fueron al café de la calle Tristán Narvaja, el único que quedaba abierto hasta esas horas en espera del hambre atrasada de los noctámbulos. Gabriel, por esas cosas inexplicables de los seres, hizo a René una confidencia que le dejó sin habla: Isabel era la mantenida de un potentado, quien pasaba muchas noches con ella... Y en esas noches, Gabriel era el hombre de ella y del potentado. :::::: La amistad inicial fue con Gabriel, quien apenas tenía dieciocho años, jovial, alegre, exuberante de virilidad. El fuerte de René era el dibujo, por tanto Gabriel trataba de estar cerca de él en las tediosas horas de diseño. El profesor, un viejo que esperaba la hora de jubilarse, político rebelde, daba el tema a dibujar y se iba al cafetín. Sabía que René les brindaba su ayuda a los compañeros. Y René lo hacía con agrado. Uno, le gustaba enseñar. Otro, admiraba a ese viejo que había enfrentado en público al presidente del país reclamándole manejos dolosos. Lo realizó en un avión comercial en el cual coincidieron y donde el jerarca iba acompañado de su edecán militar. El presidente se limitó a decirle que al bajar podían medirse de igual a igual. ¡Qué tiempos... qué hombres aquellos! Gabriel fue aprendiendo las bases del diseño. En cuanto a la materia de filosofía, su mentora fue Isabel. Diap 26 LOS SERESLOS SERES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 27.
    La vieja loguiaba con la ternura natural de una madre. Isabel estaba sentada cerca del ventanal, sobre la mesa se hallaban libros y cuadernos con apuntes. René colocó su portafolio y saludó a la sicóloga. Comenzó a explicarle. Una hora después el tema le era comprensible. La madre entró con una bandeja trayendo café y masas dulces. Un hogar como cualquier otro. Al finalizar la merienda, volvió a entra la señora diciendo: –Nena, me voy. Mucho gusto, joven. –y se fue luego de retirar la bandeja con las tazas. René estaba intrigado. E Isabel, con una sonrisa, explicó: –Ella es viuda. Vive en su casa, a pocas cuadras de aquí. Pasa el día en mi apartamento y me hace las cosas. Yo le doy algo por eso... así las dos estamos acompañadas. Pero tú quisieras saber otras cosas... ¿No es cierto? Comprendió que Gabriel había contado la confidencia del cafetín. Pero René sentía una agradable paz. Y contestó: :::::: El viernes, al salir de la clase de Geometría, materia que René dominaba, se le acercó Isabel y le espetó formal: –No entiendo eso de potencia de un punto respecto de una circunferencia. ¿Podrías ir el lunes a mi apartamento para explicármelo? Gabriel dice que sabes enseñar. Te espero a las seis de la tarde. Aquí tienes la dirección. Está cerca del Palacio Legislativo. Te queda en camino. Había sido tan de improviso y directo que a René sólo le quedó decir que iría. No supo la razón, pero nada contó a su novia ni a Gabriel. Algo se lo impedía. El lunes llegó al apartamento. Estaba en un piso alto y del mismo se veían las explanadas circundantes del palacio. Lo recibió una simpática señora mayor, de dulce sonrisa: –Pase joven, –y con orgullo señaló– ése es el consultorio de mi hija. Pero ella lo espera el comedor. Desde allí se ve hasta la bahía... y estarán más tranquilos para estudiar. René quiso entender alguna malicia, pero no la había. Diap 27 LOS SERESLOS SERES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 28.
    –El antifaz... –musitóél con tristeza– el exterior del muro. –Un muro que construyes frente a tus sentimientos para protegerlos. –la voz de ella era suave– Cuando se levanta un muro, los de afuera no pueden entrar... pero tampoco los de adentro pueden salir, quedan aislados del exterior, de la realidad. Una realidad de la que haces parte. –Una realidad de frustración y decepciones. –agregó él. –Realidad humana. –siguió ella– Tú eres un romántico e idealista, otros son pragmáticos y materialistas. Todos los seres tenemos algo de ambas cosas. Para poder pensar y sentir, como para poder hacer cosas y riqueza, se debe vivir. Para estar vivo, se debe comer, beber, y que nuestros padres tuvieron una relación sexual. Que ni ellos sabrán si en ese momento fue amor o instinto. pero fue una realidad. –Eres buena sicóloga, haces ver todas las cosas de una manera natural. –dijo René con una agridulce sonrisa. –Lo dos son mayores, saben lo que hacen. – agregando burlón– Eso sí, cuídalo, él es muy joven... lo vas a matar. –El sexo es lo más sano. Cuando no se puede más... no se puede. Las ideas sobre él son las complejas. Lo que te intriga es nuestro "melée a trois". A pesar que eres francés. –En todas partes hay de todo. Y no me intriga. Me cuesta comprenderlo. Es natural que ustedes dos estén locos de pasión. Tú por tu edad y él por la suya forman la pareja sexual ideal. Como sicóloga lo sabes mejor que yo. –Como sicóloga y mujer te aseguro que así es. Sigue. –Que seas la querida de un poderoso es algo normal en este mundo de intereses. Hasta acepto que se amen dos homosexuales, sólo ellos saben su problema. Pero tres juntos no lo puedo asimilar. Para mí el amor es algo íntimo, de la pareja, que comparten sólo dos seres. –René... eres puro. –interrumpió ella, emocionada– Por tu forma de ser parecías alguien experimentado en la vida. Diap 28 LOS SERESLOS SERES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 29.
    –Comprendo que lavida se mantiene con la adaptación. Pero todavía me cuesta aceptar la realidad de ustedes tres. –No nos juzgues, René. Somos piezas de un juego de sociedad donde parecemos reyes, reinas, alfiles, torres, caballos, y peones. ¿Qué pensarías si dijera que ese señor me pidió que yo fuese a preparatorio y enamorara un joven novato y lo trajese aquí? ¿Qué dirías al saber que Gabriel piensa acomodarse con él? ¿Y que, si supieras que tú me gustabas pero me enamoré realmente de Gabriel? –Que es un juego donde todos estamos en jaque mate. –René, dime:... ¿te habrías acostado conmigo? –No. Eres hermosa, sensual, pero busco algo más. –Yo tampoco lo hubiera hecho... Sé que no tengo eso. Adiós, René. Este encuentro será nuestro secreto. No fue de amor, pero guardémoslo así... sólo para los dos. :::::: –De la manera que son. –continuó Isabel– René, ese muro es parte de tu forma de ser. Pero deja que los sentimientos salten sobre él. Sino serán prisioneros que sufrirán al sentirse en libertad prefiriendo volver a su prisión. –Muchas veces siento grietas en ese muro. – dijo René. –Las grietas no las hace lo de afuera al golpear contra él, son los sentimientos buscando salir. No los guardes tanto... –Sin embargo soy feliz cuando en soledad me encierro con mis sueños e ideales tras ese muro. –murmuró él. –No dejes de hacerlo si eso te hace sentir bien. Tú eres un solitario. Sólo baja algo tu muro para ver a los demás y que ellos te vean... ¿Amas a tu novia? –Sí... –le sorprendió la pregunta– No es aquel sueño de juventud, pero la quiero. –¿Ves?... Has aceptado la realidad de un presente. Y quizás en el futuro encuentres otro... nadie lo puede saber. Diap 29 LOS SERESLOS SERES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 30.
    –¿Es hija deGabriel? Es muy hermosa, se parece a ti. –¿De Gabriel?... ¿De ese señor?... Dejemos que cada uno piense lo que quiera... Es hija mía y... del Hombre. –Me asombró el título en la placa. Los tiempos cambian. –Sí. Antes le hubieran dado otro nombre a lo que hago. No sabes la cantidad de seres que tienen problema con el sexo. Cuanto más avanza la civilización es menos natural. René... ¿pudiste bajar algo el muro? –No... y tiene más grietas. He podido realizar algo de mis ideales. Pero, mi gran sueño sigue tras él. –Tal vez algún día pueda saltarlo... o entre una realidad. La niña trajo bebidas y entremeses. Luego quedaron los tres narrando y oyendo cuentos de los seres y del camino. ...oo0oo... :::::: Han pasado diez años. René se casó y se fue a otro país. Este verano ha venido con su familia a pasar vacaciones al terruño. Su cuñado los trae por la rambla costanera. René pide que se detenga. Baja y lee el letrero puesto en un alto edificio erigiéndose: Constructora Gabriel Guileson y Compañía. Es de su antiguo compañero de preparatorios. El día siguiente, a las cinco de la tarde sale solo. Dice que quiere recorrer los lugares de su juventud. A las seis toca el timbre de un apartamento. En la pared un bronce indica: Isabel Itselfnight - Socióloga - Sexóloga - Terapia del Sexo. Abre la puerta una niña de ocho años. Detrás viene Isabel y abraza a René. La chiquilina se va sin mostrar asombro. –Ayer vi en la rambla un cartel de la empresa de Gabriel. Y me hizo desear verte... no sé porqué. –explica René. –El capitalista de la constructora es aquel señor. –dice Isabel– Seguimos nuestra relación los tres, de ésta nació la nena. Un apartamento de esa obra será de ella y mío. Diap 30 LOS SERESLOS SERES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 31.
    René comenzó avisitar la casa de las tres muchachas, los padres lo recibieron con agrado ya que él era educado y sabían que iba a estudiar ingeniería. La familia se asombró cuando una noche le pidió a don Ernesto autorización para ennoviarse con Edith Todos creían que la que pretendida por él era Elda, la mayor. Si hubo algún resentimiento lo guardaron para siempre. Y Edith fue la primera con un novio formal en las noches correspondientes. Cuando salía con él al cine o alguna diversión, la chaperona era Elsa, la segunda. En Preparatorios René conoció a Alex Arkievich quien se hizo amigo de él inmediatamente. Luego supo la razón: Alex y Elda estaban enamorados. Alex tenía dos años menos que ella, pero aparentaba mayor. El padre aceptó el noviazgo, además el joven seguía la carrera de administración. Y Elsa tuvo que dividir sus funciones de chaperona. Elda, Elsa y Edith eran hermanas. Se padre se llamaba Ernesto y la madre Eleonor. Evidentemente el viejo tenía la manía de la letra e. Además buen gusto y buenos genes. Su esposa e hijas eran bellas, bien formadas, agradables. René conoció las muchachas en el liceo, se llevaban un año entre ellas. Edith, la menor, estaba en segundo año, Elsa en tercero y Elda en cuarto con René. No negando su sangre, René era sentimental e idealista. Un cínico autor decía que la Revolución Francesa trajo dos males a la humanidad: El Romanticismo y La Democracia. En el caso de René el primero se cumplía. El segundo fue una utopía de la amistad y de la pureza en el amor. Cosa rara, pero el más fanático de lo irreal es un romántico. Diap 31 LOS CAMBIOS LAS GRIETAS LAS GRIETAS 07 LOS CAMBIOS El aleteo de una mariposa en Amazonas puede producir un terremoto en Japón.
  • 32.
    Y René tuvoque aguantar dos años y dos casamientos más. Entre tanto, el corazón del romántico e idealista se había encerrado tras un muro de dureza para que no le hiriesen las decepciones ni la burla de la realidad. Por fin, se casó. Esa noche, luego de la ceremonia nupcial, se le acercó Elsa. Lo miró a los ojos y le susurró: –Todos creían que era Elda la elegida. Tú preferiste a Edith. Y yo te amé desde el primer día que te conocí. Ahora es historia pasada. Ojalá ella te dé lo que soñé darte. La novel esposa se acercó. La fiesta seguía. Había que saludar a los invitados. La última hija se había casado. Si ella lo dio y si él lo dio, los dos guardaron para siempre los sentimientos de esa noche en sus corazones... René volvió cambiado del viaje de boda. Era más serio, introspectivo. Como si hubiese madurado de golpe. :::::: Pasó el tiempo. René trabajaba en un complejo donde había fundición, porcelana, troquelería, pintura, carpintería, mecánica... El sueño hecho realidad para un proyectista. Progresó rapidamente. Se hizo famoso por no respetar el repetido dicho que algo no se podía o no se debía hacer. Sólo lo creía luego de realizar ensayos... y aún quedaba dudando. Era uno de los más jóvenes y mejores técnicos, tenía oficina propia y sólo reportaba al ingeniero principal. Pero había abandonado los estudios. De vez en cuando daba un examen y lo perdía. No había nacido para actor, el miedo escénico lo paralizaba en la parte oral. Ya llevaba comprometido unos años con Edith, a quien había bautizado Petite. Y, a pesar de su sangre fogosa gala, su relación se mantenía dentro de una pureza ideal. Ganaba para casarse. Quiso poner fecha para eso. Las otras hermanas saltaron. Ellas debían hacerlo primero. Elsa se había ennoviado con un anodino bancario. Diap 32 LOS CAMBIOSLOS CAMBIOS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 33.
    Vaciaron ágiles piezascon paredes de pocos milímetros gracias a noyos de resina y arena realizados por René. Unieron procedimientos arcaicos con técnicas modernas, obteniendo efectos de fundición, color y esmaltado que por años se creyeron secretos de egoístas maestros. Ángel, René, el ingeniero Frulí y el capataz don Giani, formaron un equipo. Un cuarteto que aceptaba cada reto del artista disfrutando sus triunfos como propios. En día Ángel vino a despedirse, iría por unos meses a Venezuela. Un amigo escenógrafo lo había invitado para que expusiese sus obras en Caracas. Se fue con algunas piezas en avión. Las grandes irían en un barco que, luego de traer petróleo a la destiladora, volviese a Maracaibo. Poco después sabían que la muestra había sido un éxito y Ángel volvía para fundir más obras. :::::: Para saber que hay detrás del cerro hay que subir a él. Pasaron dos años, René y Edith tuvieron una niña de cabello oscuro como la madre, vivían en un apartamento próximo al Prado... y a la casa de los padres de Edith. Un día el escultor Ángel Scalpelli llegó al complejo donde trabajaba René. Le habían dicho que allí tenían los medios y el personal idóneo para vaciar una gran pieza en bronce. La verdad era que las demás fundiciones, dirigidas por cicateros incultos, no querían relacionarse con el artista. Consideraban que les haría perder tiempo a sus obreros. Pero esa empresa se llamaba Suya, Sociedad Uruguaya de Yunques y Arados, que era lo que hacía en sus inicios. Y Ángel la hizo suya, directores y técnicos colaboraron con él para formar obras de arte... y fundar una buena amistad. René halló en Ángel un espíritu afín, que rechazaba el no se puede hacer y que aprendía en cada error. Diap 33 LOS CAMBIOSLOS CAMBIOS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 34.
    Había mucho quehacer además de convencer a sus familias. La gente de ahí estaba acostumbrada a recibir emigrantes, pero era reacia hasta para cambiar de barrio. El ingeniero se encargaría de la compra de maquinarias en el norte, René de los cubilotes y herramental, el capataz aportaría su experiencia y prepararía el nuevo personal. A la empresa SUYA no le molestó perder tres técnicos. Por lo contrario el ingeniero director le dijo a René: –Lo felicito. Váyase. Aquel es país nuevo, en crecimiento. Nosotros nos quedamos. Ya no tiene más que aprender aquí. Pero, prepare a dos proyectistas antes de irse. Eso fue lo más difícil para René. Nadie quería el puesto. Decían que había mucho trabajo en él. Finalmente dos tomaron el reto. Años después seguían siendo sus amigos. Cuando se despidió y oyó cerrar la puerta del complejo tras él, sintió otra grieta en el muro de dureza. ...oo0oo... Ángel retornó distinto. Seguía siendo el inquieto creador de antes, pero agregaba dinamismo, alegría, empuje. Las obras surgían de su mente y manos con actividad increíble, arrastrando a sus amigos tras él para colarlas. Y continuamente les narraba maravillas del trópico. Un sábado habían ido a fundir una pieza difícil, moderna, además vitrificada. Terminaron cerca de las dos de la tarde. Fueron a almorzar. Luego de los repetidos brindis por el triunfo de haber superado otro reto, Ángel les dijo: –Es la última obra que fundiremos en el Uruguay. La próxima será en Venezuela. Me quedaré allí... Y ustedes se vienen conmigo. Hay un grupo de capitalistas que nos apoyan. Quieren poner un complejo como éste. Seis ojos desorbitados lo miraron. Luego, sea por la amistad, las copas tomadas, o lo tanto que Ángel les había hablado de ese lugar, todos estuvieron de acuerdo en ir. Diap 34 LOS CAMBIOSLOS CAMBIOS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 35.
    Marina dijo viviren la misma calle de René. Pero era del otro lado de la avenida, en el barrio La Victoria, cerca del arroyo. Costaba imaginársela allí. La muchacha era rubia, ojos azules, elegante, educada, de hablar suave y no abusaba del lunfardo. Además, vestía sencillo con ropa barata pero sabía llevarla con gusto. Siempre se le veía pulcra y bien peinada, aún en la salida y después de ocho horas de trabajo en la esmaltería, donde imperaba el calor, el polvo y el abuso. El empleado puso a René y Marina junto al chofer en una camioneta que podía llevar pocas personas atrás. La huelga duro más de una semana. En ese tiempo nació afecto entre los jóvenes... y pasó algo extraño. René, esperaba el tranvía en la esquina de la plaza. El lugar y la noche le hicieron recordar. Fue cuando conoció a Marina... sucedió en una huelga de transportes. La fábrica dispuso sus camiones para traer y llevar el personal a sus casas o a las paradas que acostumbraban ir. El asiento junto al chofer lo disputaban las señoras y los empleados. No era agradable ir atrás apretujado entre la gente o contra los bordes, aunque fuese motivo de bromas. Había que programar el recorrido de los vehículos de acuerdo al lugar donde habitase cada persona. Y René, quien conocía toda la planta, acompañó al empleado de personal por la misma a fin de actualizar esos datos. Diap 35 EL AYUDANTE LAS GRIETAS LAS GRIETAS 08 EL AYUDANTE La pasión sin amor es de bestias, el amor sin pasión es de tontos...
  • 36.
    En esa épocalos que mandaban se sentían padrotes. El capataz respetaba a las obreras, sabía que el orden termina al surgir los problemas sexuales. Distinto era su ayudante, Goyo. Éste aprovechaba su posición de clasificar las nuevas operarias y aprendices, debiendo ellas pagar su ingreso con favores lujuriosos. Cuando ingresó Marina, el ayudante estaba ocupado y la clasificó el capataz. Fue destinada como aprendiz para llevar las tablas con los platos húmedos al secadero. No se parecía a las demás obreras, pobres criollas que venían huyendo del hambre de los pueblos del interior. Estudiaba de noche mecanografía y contabilidad. Su padre se había accidentado y no podía trabajar. En pocos días, Marina se convirtió en la muchacha más pretendida por los jóvenes empleados y obreros. Era amable con todos, pero se mantuvo seria y formal. :::::: Junto a la esmaltería estaba el departamento de prensas. Del otro lado, un taller de herrería con una fragua. Y aislado, un largo galpón con baños para el cromado, zincado, niquelado, y grandes ventiladores para los olores. Todos los hombres tenían una excusa para cruzar la esmaltería. Allí, más de cien mujeres estaban distribuidas en las distintas labores del esmaltado. Los únicos seres masculinos en ese harén eran los ocho que trabajaban en el horno, el capataz y su ayudante. Y, cada vez que había un problema técnico, el químico. Pegado a esa femenina sección se hallaba un depósito donde guardaban las herramientas y útiles. El capataz era un buen hombre y en poco tiempo dominó la técnica del esmalte siendo un avezado auxiliar del químico, al punto que éste venía una vez por semana. También allí había un proyectista amigo de René, de nombre Aldo, joven con inventiva para crear herramientas y mejorar los mecanismos para aliviar el fatigante trabajo. Diap 36 EL AYUDANTEEL AYUDANTE LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 37.
    Dijo a lasotras aprendices que dejasen las tablas en las mesas, que las guardaría Marina. Ya sobre la hora ordenó a la muchacha que empezara a recogerlas. Sonó la sirena. Marina intentó irse. Amenazó con despedirla si no terminaba su trabajo. Y ella, furiosamente resignada, lo siguió haciendo. Ya no quedaba nadie. Era el último viaje de tablas que hacía Marina. Goyo la miraba cinicamente, apoyado en la puerta del depósito. Ella entró al mismo. Oyó que el hombre la seguía y el golpe de la puerta cerrándola tras él. Indignada, giró enfrentándosele y lanzándole las tablas. Él las esquivó y sonrió mostrando una llave en su mano. Le dijo que esa puerta sólo se podía abrir por dentro con esa llave... y se lanzó sobre Marina intentando violarla. Ella sacó fuerza de su desesperación y lo empujó hacia atrás. Goyo tropezó con las tablas, soltó la llave cayendo contra unas estanterías que volcaron su contenido sobre él. Goyo no se conformaba en haber perdido la oportunidad de poseerla, además se sentía humillado ya que las otras obreras se burlaban de él. Varias veces la había seguido hasta dentro del secadero diciéndole insinuaciones procaces, pero Marina se hacía la desentendida no contestando en absoluto. Nada aumenta el deseo salvaje como la indiferencia. Goyo comenzó a darle trabajos mayores a su capacidad o conocimiento con el fin de que cometiera un error y así ella tendría que depender de la benevolencia de él. Para su sorpresa todas las compañeras la ayudaron, hasta las más libertinas. Era como una demostración de fuerza, de valorización femenina, de rebelión contra él. Y, con vanidad machista, él urdió un plan para poseerla. Era viernes. Además, día de pago. Faltaban minutos para la salida. Goyo sabía que al sonar la sirena todos saldrían velozmente. Los camiones esperaban en la puerta para llevarlos a disfrutar el dinero obtenido. Diap 37 EL AYUDANTEEL AYUDANTE LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 38.
    Goyo se levantóadolorido, cubierto de polvo. Golpeó la puerta largo rato. Nadie lo escucharía. Esa puerta daba al secadero y, por el calor, los vigilantes nunca pasaban por allí. Se conformó, debía esperar hasta el día siguiente. Sintió un olor agradable a almendras. Venía de una rejilla en el piso. Le dio somnolencia. Abriendo unos rollos de fieltros improvisó una cama. Se durmió enseguida. El sábado, cuando en la mañana abrieron el depósito, lo encontraron así. Los viernes de noche drenaban los enjuagues de cianuro de la galvánica. Pero ese día, por el apuro de cobrar, habían vaciado también el tanque de ácido del decapado. Goyo, el macho, había muerto por vapores cianógenos. Dijeron que se la había caído la llave cuando fue a revisar el depósito. Y que la puerta se cerró por una corriente. Sólo Marina sabía la verdad... y René sabía otra. Marina tomó la llave, abrió la puerta saliendo rapidamente y volvió a cerrarla con violencia. Lanzó con rabia la llave contra el muro y, corriendo, se marchó. En la calle aún estaba esperándola la camioneta y René. Le extrañó verla sudorosa, agitada y con polvo. Ella explicó que le habían exigido guardar las tablas antes de irse. Al llegar a la avenida dijo al chofer que bajaría allí, que no la llevase a la casa. Fue con René hasta la plaza. Quizás fuese por lo sucedido, pero le murmuró al despedirse: –Nunca sabrás lo que pasó, y lo hice por ti... Aunque sé que amas a otra, también sé que sientes algo por mí. Los dos quedaron en silencio, mirándose. René hizo un gesto de resignación y bajó la vista. Ella giró y se fue hacia el arroyo. Él la vio alejarse y tomó hacia las canteras. Tenía otra grieta en el muro frente a su corazón. :::::: Diap 38 EL AYUDANTEEL AYUDANTE LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 39.
    En poco tiempoAldo demostró ser un líder. Sus mejoras de herramientas y procesos, distribución de funciones en base a capacidad y no de compinchazgo, trato educado, explicaciones sencillas y autoridad sin abuso, hizo subir el rendimiento del personal siendo apreciado por todos. Viendo que no podía controlar la producción y la vez hacer las mejoras de herramientas o sistemas de trabajo, pidió al ingeniero la ayuda de René para lo segundo. Eso trajo nuevas críticas. Los que formaban el cónclave de capataces y encargados se ayudaban entre ellos, nunca pedían auxilio a los de las oficinas. Era darse poco a valer. Se burlaban de él. Pero, a pesar del rugir de los viejos caudillos de la manada, los cachorros le gruñían en sus feudos. El capataz, el químico y el ingeniero lo aprobaron. Aldo y René sonrieron, eran la generación de relevo. :::::: Cuesta cambiar... la tierra gira, pero aún decimos que el sol sale por el este. El puesto de ayudante había quedado vacante. Tanto el químico como el capataz vieron la oportunidad para que lo ocupara Aldo, el proyectista amigo de René. Todos los demás capataces, ayudantes y hasta obreros, murmuraron. Era la primera vez que se le daba un cargo de mando a un joven técnico. El concepto para dirigir personal era que el responsable de eso tuviese años de experiencias, fuese dogmático, autócrata, servil y abusador. La gerencia tampoco estaba muy de acuerdo en darle esa oportunidad. Aferrada a la idea que el jefe nace y no se hace, no razonaba que eso era de la época donde el amo necesitaba mayordomos para explotar a los esclavos. Menos aún comprendía que hay dos tipos de jefes: los caudillos y los líderes. Los caudillos arrastran o empujan. Los líderes son seguidos por la gente. Diap 39 EL AYUDANTEEL AYUDANTE LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 40.
    –Así es. Frulíy Pitini pueden dar fe de mi capacidad. –Nadie puede dudar de ella. El ingeniero lo apoya por completo y el señor Pitini lo considera uno de los mejores proyectistas. Pero no es posible, aún le falta algo... ¡esto! Con cínica sonrisa el gerente se señaló la sienes, donde blanqueaba el cabello plateado de peluquería. René se levantó molesto y, haciendo acopio de educación, dijo: –Gracias, señor. Comprendo. Pero recuerdo algo que leí: Los burros andan siempre por los mismos caminos, tienen experiencia de eso... y mueren siendo burros. –¡Señor René!... Usted es joven, ya llegará su momento. La oportunidad que tuvo el señor Aldo es una excepción... y aún lo debe demostrar. Espere... espere... la vida es larga. René esbozó una sonrisa fingida y sin decir más, salió. :::::: Algunos meses después el jefe de la Oficina Técnica anunció que se jubilaba. Dibujantes y técnicos pensaron que ya era tiempo, que poco o nada realizaba a no ser sus siestas simulando revisar algún plano. René habló con el ingeniero para ocupar esa vacante. Éste, luego de decirle que tenía méritos de sobra, le sugirió que llevase la propuesta a la gerencia, que él la apoyaría. El gerente lo recibió el día siguiente. René se extrañó al ver salir de allí al ingeniero con una sonrisa forzada. El hombre, gordo, acicalado, metido dentro su traje de saco cruzado, camisa blanca y corbata fina, sin siquiera salir de su sillón gerencial lo hizo sentar frente a él. Antes había sido gerente del departamento de ventas. La Gerencia General siempre estaba en mano de vendedores y administradores que habían triunfado gracias a su labia. –Señor René... –dijo ampuloso– me explicó el ingeniero Frulí que usted pretende ocupar el puesto del señor Pitini, quien por la edad lamentablemente lo perdemos. Diap 40 EL AYUDANTEEL AYUDANTE LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 41.
    El jefe miróal joven y con una sonrisa burlona se despidió. Semanas después, anocheciendo, René estaba con un empleado de personal en la avenida Millán. De la casa de citas próxima salió el auto de Valgarez, la muchacha que iba con éste se ocultaba envuelta en un pañuelo y tras una revista. René la reconoció... y el jefe lo reconoció a él. El día siguiente se cruzaron en un corredor, Valgarez, René y ese empleado quien para hacer el gracioso, dijo: –Anoche René y yo lo vimos. ¡Qué bien acompañado estaba al salir de la amueblada de Millán! –Señor René... –preguntó Valgarez con una mirada de hielo– ¿Usted sabe de que habla ese hombre? –No, señor. –respondió él– Yo no vi salir a nadie de allí. –Hasta luego, René. –Valgarez se despidió sonriendo sobrador– Enséñele a ese señor... lo que es un caballero. :::::: La diferencia entre violar y seducir no está en la fuerza sino en la palabra... Tan rapidamente aprendió Marina que el capataz, al saber que estudiaba contabilidad, la ubicó como ayudante de la clasificadora de calidad, lasciva mujer que cometía muchos errores al contar. La protegían dos cosas contra los cuales no podía luchar Aldo: Era esposa del capataz y la amante de Valgarez, el jefe de planta, un galante hombre que unía conocimientos técnicos y la habilidad de conquistar mujeres. Con Marina allí, todos ganaban: Terminaba el problema en las cantidades. Ella tenía un sueldo mejor. Y los jóvenes no la molestaban, ya que el jefe solía pasar a menudo. René iba cada tanto para dibujar los soportes y embalajes de las piezas. Y, sonrojado, charlaba con la muchacha. Una vez, al llegar René, Marina hablaba muy animada con Valgarez. Al ver a René, la muchacha enrojeció. Diap 41 EL AYUDANTEEL AYUDANTE LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 42.
    –Aldo... –René respiróhondo– quizás con lo que te diga se rompa nuestra mi amistad. Tal vez hasta me odies. Pero no sería un amigo si te lo ocultase... Marina anduvo con Valgarez... yo la vi salir con él de una amueblada. –Estaba esperando que me lo dijeras. –Aldo tenía una sonrisa extraña– Eres un amigo... y un caballero. Ella me confesó eso y que la habías visto. Nunca dijiste nada. Cayó como una tonta, sólo duró unas semanas. Te vuelvo a preguntar: ¿Qué opinas si me ennovio con ella? –Que serán muy felices. Y se amarán de verdad. Los dos juegan limpio. Sin sinceridad no hay amor... ni amistad. Al saberse su noviazgo, la empresa no dejó que Marina y Aldo trabajaran en la misma sección. Lo volvieron a su antiguo puesto. Pusieron un encargado del cónclave, y de Jefe de Oficina Técnica a un viejo amigo del Gerente. Aldo y René tenían grietas en el muro y... eran jóvenes. ...oo0oo... ::::: Habían pasado algunos meses. El sábado, al salir, Aldo invitó a René para disfrutar un aperitivo. Fueron al bar, se sentaron en una mesita al fondo. Aldo murmuró sereno: –¿Qué opinarías si me ennovio con Marina? Hace tiempo que andamos de dragoneo. René sintió correr un frío en la espalda y abrir una grieta frente a su corazón. Estaba entre amistad y caballerosidad. –Te felicito. Es una muchacha hermosa y sencilla. –dijo haciendo preámbulo– Es difícil responder sin confesarte algo primero... a pesar de yo tener novia, ella me gustaba. –Lo sé. –espetó Aldo, tranquilo– Y ella gustaba de ti. Me lo dijo desde el principio. Sin sinceridad no hay amor. René pidió otra ronda. Necesitaba tiempo para darse coraje. Su amigo lo miraba de frente, como los hombres. Diap 42 EL AYUDANTEEL AYUDANTE LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 43.
    Diap 43 EL CABALLO LASGRIETAS LAS GRIETAS 09 EL CABALLO Perdoná si al recordarte se me espianta un lagrimón... (Tango) El bar era el centro de reunión al salir de las fábricas, de especial manera los sábados a las doce. En aquella época las empresas trabajaban la mañana de ese día. Al finalizar esas horas, el personal se daba cita en el bar para tomar el aperitivo del almuerzo. Eufemismo que servía para llegar con unas cuentas copas a la casa. El personal femenino tardaba en salir. Ellas se hacían desear. Sábado, tarde libre, los hombres dispuestos... y las mujeres arregladas, mejor vestidas, listas para disfrutar. Iban en grupos y pasaban frente a las vidrieras del bar. El lenguaje de los ojos no necesita palabras. Antes que ellas llegasen a la avenida, muchos hombres habían pagado al bolichero y saludaban deseando un feliz fin de semana. Pronto se llenarían los cafés, restoranes y... amuebladas. Las cuadras tenían formas raras en el barrio donde estaba la fundición. Eran cuadriláteros deformes que hacían dudar que la suma de sus ángulos diese 360 grados. El complejo industrial estaba cerca de la bahía y llegaba la brisa de ella. Eso refrescaba en verano, pero en invierno todos envidiaban trabajar en la fundición o en la esmaltería. En la cuadra siguiente, hacia la avenida, había un boliche en la esquina. Ese bar, y el almacén frente a él, eran el límite entre la zona industrial y las casas de familia. Subiendo, se iba por las veredas de las viejas mansiones. Muchas convertidas en casas de huéspedes y conventillos, pero en otras aún vivían algunas familias antañonas. Bajando, se pasaba entre las industrias llegándose hasta el mar. A una ancha calle llamada rambla, llena de restos oxidados. Años idos habrían paseado por ella los sulkys con las señoritas del entonces residencial barrio Capurro.
  • 44.
    Había que despenaral viejo corcel. Don Giani y Valgarez extrajeron cada uno un arma. El silencio dominó el lugar. Todos sabían que Mara, la esposa de Giani, era la amante del jefe de planta. –¿Tiene usted permiso para usarla? –preguntó Valgarez. –Sí... –respondió Giani– Y sé cuando. Ese animal está sufriendo y nos hace sufrir... no tiene remedio. Hay veces que la muerte es la única solución. –Usted tiene razón. Debemos hacerlo... los dos. Don Giani mandó que se fueran los curiosos. Desde el bar se oyeron dos disparos. Poco después entraban los tres hombres. Valgarez volvió a su mesa. El capataz con el cochero fueron al mostrador y pidieron una caña. Luego, el bolichero les sirvió otra ronda. Dijo que estaba paga. Miraron hacia Valgarez, éste ya se había marchado. Diap 44 EL CABALLOEL CABALLO LAS GRIETAS LAS GRIETAS :::::: Sábado. En una mesa del bar estaban Don Giani, Aldo, René y Frulí, el químico. Charlaban haciendo bromas de cosas sucedidas en el trabajo y, logicamente, de fútbol. En otra mesa, cercana al ventanal desde donde se veía la calle, Valgarez hablaba con su voz pausada a algunos empleados. Siendo Jefe de Planta, le sobraban adulones. De pronto se oyó el chirrido de una frenada violenta, un relincho de terror y un impacto apagado. Todos salieron a la calle. El espectáculo era deprimente, causaba angustia. Un viejo camión había arrollado al caballo del carro de un panadero. El aliento del chofer denunciaba su estado. El dueño del matungo acariciaba al pobre animal. El caballo estaba tirado en el suelo, los enormes ojos indicaban el dolor que sentía, resoplaba con dificultad, no movía sus patas, estaba desnucado. Su amo le soltó las arneses que aún lo tenían aprisionado y, con voz que indicaba su aflicción, preguntó si alguien tenía un revólver.
  • 45.
    Fue un sábadode tarde. René y Aldo estaban reparando un baño. Necesitaron productos para completar la carga. Eran materiales tóxicos, sólo podía autorizarlos el jefe de planta, el químico o en su defecto don Giani. El químico había ido a Punta del Este. Don Giani no tenía teléfono. El encargado de almacén llamó a Valgarez a su casa, no estaba. Buscó otro número telefónico y discó. Luego de hablar, colgó. Y, con sonrisa irónica, dijo a René: –Andá a este apartamento, allí el jefe te firmará la orden. Era en el Bulevard, cerca de la bahía. Fue caminando. Tocó el timbre, Mara le abrió la puerta. Valgarez reposaba en un sillón, comodamente. Y en el balcón, mirando el paisaje, estaban... ¡los dos hijos de don Giani! Cuando René salió, llevaba el comprobante firmado y una terrible grieta en el muro frente a su corazón. :::::: Vanidad de vanidades, todo es vanidad. (Biblia) Don Giani Gutartig era un gaucho nacido en la frontera con Brasil. Llegó a la ciudad, joven, chúcaro, apenas sabiendo leer y escribir. Con esfuerzo aprendió, llegando a ser un buen capataz y especializándose en esmalte. En su trabajo era un instructor afable y simpático que enseñaba con dedicación al personal. Pero, sacando esos momentos, se volvía una persona callada, introspectiva. Se casó con una obrera hermosa, sensual... que anduvo con muchos. Su nombre era Margarita y la llamaban Mara, de maragata, criolla del departamento de San José. Mara le dio una hija y un hijo idénticos a él, se convirtió en la amante predilecta de Valgarez, fue en todo sentido de la palabra la esposa de Giani, lo tenía prisionero de ella. Pero sólo era la mujer de un hombre: del flaco Camilo, conocido por el Canario, un delincuente de Canelones, malandro, vividor, bruto, con salvaje dominio sobre Mara. Diap 45 EL CABALLOEL CABALLO LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 46.
    –Lo sé. Ylas gracias se las doy a usted. Fue el único que actuó como un hombre. Los demás hicimos estupideces. El jefe de planta se levantó dándole la mano. Pero René no lo valorizaba como antes. El ser caballero y tener honor es algo que se gana día a día... y se pierde en un instante. Comprendió que la fuerza de un hombre está en vencer sus debilidades, sin embargo la debilidad de una mujer es su fuerza. Y Mara era más fuerte que esos dos hombres. El Canario, al enterarse del suceso, apareció por el bar. Decía que él podía hacer lo que quisiera con Mara. Que ni marido ni galán con apartamento le ganaban. Para demostrarlo alquiló un pequeño garaje en la calle por donde pasaba el personal hacia el complejo. Obligó a Mara ir a vivir allí con él... Y ella, a pesar de hijos, marido, amante, fue tras él como una perra. :::::: René nada contó. Pero donde haya mucha gente sobran chismes. El lunes corría el rumor sobre donde había ido. Don Giani se encontró con René cerca de los hornos. –¿No tienes nada que decirme? ¿No viste nada en ese apartamento? – le preguntó, serio. –Nada... –respondió viéndole a la cara– Me quedé en el corredor esperando. Valgarez firmó la orden y me la dio. A Don Giani se le humedecieron los ojos y dijo al irse: –Botija... No conozco tu padre, pero tenés buena cepa. Cerca de mediodía Valgarez llamó a René a su oficina. Fue con temor, los enredos donde hay sexo pesan más que los méritos. El jefe se levantó y le abrió la puerta haciéndole sentar. Luego se sentó junto a él, diciéndole: –He dado la orden que desde hoy usted puede firmar las solicitudes de productos químicos en mi ausencia. –Gracias, señor.Corresponderéa esa confianza. Diap 46 EL CABALLOEL CABALLO LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 47.
    Poco después elCanario entraba al bar. Pidió una grapa y fue a la mesa más alejada. El día siguiente, Mara venía con sus compañeras en el tranvía, charlando como si nada hubiera pasado. Al llegar la tarde, ella se fue con sus amigas. El malandro esperaba en la entrada del garaje. Mara cruzó para la vereda contraria y, sin mirarlo, se dirigió hacia su casa. Esa noche el Canario se reía en el boliche diciendo que el pobre marido había llegado llorando, que había rogado a esa perra que volviese para su hogar, que hasta se había arrodillado pidiéndole que lo hiciera por los hijos. Sería cierto... pero nadie se atrevió a preguntarle porqué cuando pasó eso, él estaba solo en aquella mesa del bar. Pasó casi un mes. Don Giani y su esposa iban y venían en distintos transportes. Mara volvió a ser la madre de sus hijos. Alguien dijo que la habían visto entrar otra vez en el apartamento de Valgarez. El Canario seguía en el garaje. :::::: Sólo lo valientes tienen el coraje de llorar. (Anónimo) Los siguientes días fueron humillantes para don Giani. También lo eran para Valgarez, pero éste lo disimulaba. Cada mañana el Canario, cuando pasaban los obreros para la fábrica, se sentaba frente al garaje tomando mate con Mara ya vestida para trabajar. Por la puerta entornada se veía detrás un miserable catre todo revuelto. Y en la tarde, al irse el personal, la mujer salía apresurada para ese tugurio. El Canario esperaba con la puerta abierta. Y allí, frente a todos, la manoseaba saludando a la gente. El capataz Giani se quedaba, yéndose con la penumbra del anochecer, pasando lento y en silencio frente al garaje. Dicen algunos que una noche se detuvo y golpeó en la puerta. El canario Camilo abrió. Don Giani pudo ver a su esposa desnuda en el catre, apenas tapándose. Giani entró y cerró la puerta. Diap 47 EL CABALLOEL CABALLO LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 48.
    La policía dijoque el Canario se había suicidado... ¿De tres formas?... ¿Para qué averiguar más? Una basura menos. A nadie importó que la autopsia diera que las balas eran de dos revólveres ni que Valgarez y Giani tuviesen armas y las llaves del depósito de productos químicos. Al ser los hijos mayores, don Giani se divorció. Luego lo hizo Valgarez. Mara y él vivieron juntos en el apartamento. Una vez don Giani hablaba con René. Sacó su billetera. En ella estaban las fotos de sus dos hijos... y la de Mara. Notó que René la había visto. Como tal cosa, le recordó aquel accidente con el caballo. Serenamente comentó: –Ese animal estaba sufriendo y haciendo sufrir... no había remedio. Hay veces que la muerte es la única solución. René sintió que dos grietas se achicaban en el muro. ...oo0oo... :::::: Un día, Mara faltó al trabajo. El siguiente, cuando subió al tranvía, tenía su hermoso y sensual rostro con moretones. Le preguntaron cómo su esposo había podido hacerle eso. Ella se limitó a contestar que él no había sido. Y las compañeras pensaron en silencio que menos lo hubiese hecho Valgarez. Sólo quedaba uno capaz de esa bajeza. El jefe de planta, sin temor a las murmuraciones, la llevó a una clínica para que la curaran. Don Giani la acompañaba en la mañana y tarde, yendo a su lado como un guardián. El canario Camilo, frente a la puerta del tugurio, gritaba groserías. Dicen que una noche vieron a Mara entrar al garaje. Pero, la mañana siguiente venía en el tranvía, como siempre. Ese día el malandro no salió a la puerta, el otro tampoco... y el otro. Violentaronlaentrada,eloloreranauseabundo. El Canario yacía con dos tiros en el pecho. A su lado había un arma. Además tenía cianuro en su boca. Diap 48 EL CABALLOEL CABALLO LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 49.
    Más tarde, Renésupo que su madre se lo había dado. Fue otro ladrillo con que formar el muro a su corazón. :::::: –¡René!... ¡Franzuá!... ¡Baja de esa nube!... ¡Aterriza! Frente a él tenía a Carlos Noumercat, compañero de viaje y, por pocos años, de infancia. Se había mudado con sus padres cuando éstos compraron casa en otro barrio. La amistad volvió al reencontrarse en el liceo. visitándoseen suscasasyayudándosemutuamente. Carlos era bueno en Historia y Biología pero nulo en matemáticas y ciencias, materias donde René se destacaba. Además, Carlos tenía una hermosa hermana menor, y René una atractiva vecina compañera del liceo. Con ésta charlaban en el sopor de las tardes de verano, bajo el parral del fondo, viendo sus torneadas piernas al hamacarse. Sentado en la Plaza Libertad, René esperaba. Había ido al Ministerio y dentro dos horas le darían el documento. Estaba en un banco alejado de la avenida. El ruido de los ómnibus llegaba amortiguado. René saltó el muro que cuidaba su corazón y entró en el mundo de los recuerdos: Su hermano Yamandú sólo tuvo la apariencia de francés. Callejero, pícaro, antes de los 18 años era conocido en los quilombos, bares y clubes políticos del lugar. Sus padres todo le permitieron. Sin embargo a René le exigían rectitud. Pero René era el mayor. Y Yamandú el más simpático. Gracias a Renoir entró en la destiladora. Al poco tiempo estaba metido en el sindicato. Yamandú haría allí su vida sin problemas y querido por sus compañeros. Una vez le pidió dinero a René. Había embarazado a una muchacha y la haría abortar. Él se lo negó. Si era hombre para preñar, debía serlo para todo. Yamandú le insultó. Diap 49 LADRILLOS LAS GRIETAS LAS GRIETAS 10 LADRILLOS Paso a paso, golpe a golpe...
  • 50.
    –Ella a vecescosía. El viejo tiene sus contactos y pudo conseguirle eso. Le ayudó mucho el padre de los mellizos. ¿Los recuerdas? El que quedó vivo está bien acomodado. –¿Ah... sí? ¡Qué suerte! –la voz de René sonaba amarga. –Mamá, para no aburrirse, puso una mercería en el garaje. Tú sabes como es ella, siempre se mantiene joven. –¿Y tu hermana? Debe ser una hermosa mujer. En mi memoria la veo como una bella y tierna chiquilina. –A veces hablamos de ti, te recuerda con mucho cariño. Tiene novio. Ella ya está en Preparatorios de Medicina. A mí me falta poco para recibirme. Fin del informe. Te toca a ti. –Me casé con Edith, la menor de aquellas tres hermanas que iban al liceo. Tengo una hija de un año, se llama Raquel. Abandoné la carrera. –Mi viejo me dijo que trabajabas en un complejo importante. Que tu papá está orgulloso de ti. –cortó Carlos. Entre los tres nació una excesiva confianza. Fuese por el repetido pregonar del ideal de René, por la amistad, o por morbo que despertaba el calor y el silencio de la siesta, comenzaron a tratar temas sexuales escabrosos. Así se confiaron que era lo que les causaba reacciones eróticas, les apasionaba, y hasta la forma de desahogarlas oníricamente. Pero, parecía que no pasaran de allí. Al crecer, esas conversaciones desaparecieron. Ella se fue con su familia para el barrio Paso Molino. Y cuando terminaron bachillerato, eligieron caminos distintos. Carlos seguiría Medicina. Ella, Abogacía. –¡René!...¡Baja de esa nube!... –repitió su amigo, riendo. –¡Carlos!... ¡Cuantos años sin verte! Siéntate. ¿Cómo te va? ¿Cómo está tu mamá? De tu viejo sé por mon per. –Llevas el francés metido adentro por más reo que parezcas. –dijo burlón– La vieja se jubiló por ley madre. –¿Tu mamá trabajaba?... No me acuerdo. Diap 50 LADRILLOSLADRILLOS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 51.
    –¡Carlos!... por favor.A ver si el centro te ha cambiado. –Parece que recitaras la letra de un tango. – se burló sarcástico– El sexo es como cualquier artículo y se puede hacer negocio con él. Vos viviste tu juventud en un idealismo del amor y la amistad... ¿Y cual fue la verdad? –Muchas veces fue namarga. Rita, aquella petisa, la que yo quería como una hermana, me defraudó, estaba a mi lado porque quería ser mi novia. Me dolió cuando me lo dijo Leonor, ésta fue una verdadera amiga. –¡Qué tonto eres, René! Leonor estaba enamorada de ti. Lo que hizo fue sacar una rival del camino. Mira, la amistad entre un hombre y una mujer dura hasta que sienten que tienen sexos distintos. Lo demás es puro cuento. –Tienes razón, somos carne. –dijo triste René– El tiempo me lo ha demostrado. Creo que le peor que hizo aquel simio lampiño no fue bajar de los árboles sino pensar. –Sí... Era proyectista. Renuncié. Estoy esperando ir al ministerio por un documento. Me voy a Venezuela. Un artista amigo nos contrató para fundar allí una empresa. Quiero ver si podemos hacer algo sin los vicios de acá. –No cambias nunca, René. Siempre eres el mismo iluso, idealista, romántico. Ojalá logres tu sueño. Pero la vida y la gente es igual en sus cosas internas y en el cuerpo... Lo que dicen y aparentan es eso: pura apariencia... Te lo digo yo que la he visto abierta. Es sólo carne. René estaba demasiado esperanzado con su futuro para deprimirse frente a la realidad que decía su amigo. Sabía que era así, y eso le había obligado a formar un muro frente a sus sueños y al corazón. Preguntó, desviando el tema: –¿Qué especialidad vas a seguir de medicina? –Cualquiera donde gane bien. Tengo un profesor amigo que tiene una clínica, es urólogo... Y medio... –hizo un gesto significativo– En una de esas me acomodo. Diap 51 LADRILLOSLADRILLOS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 52.
    –Te dejo, meesperan en la clínica de ese viejo. Que tengas suerte allá. – y se fue olvidando darle la mano. René quedó rumiando sus recuerdos en el banco. Sí, era cierto, también Leonor traicionó su amistad. Y así otras más, que la fingían para lograr un marido. Aún luego que él estaba casado. Sí, era cierto, aquella compañera vecina se le había insinuado muchas veces, pero él guardaba su amor para el día que encontrase el verdadero. Sí, pero también era cierto que la madre de Carlos lo había incitado al saber que René era puro aún... y él se hizo el tonto por respeto a su amigo. Sí, seguía siendo un idealista romántico en un mundo de realidades y carne. Pero eso era la argamasa que mantenía unido el muro que protegía su corazón. Muchos fueron las ladrillos con que levantó ese muro... y en él siempre se formaban grietas. ...oo0oo... –Por favor... –Carlos se puso irónico– Búscale el lado positivo. Si el hombre no pensara y tuviese problemas con eso... ¿con qué comerían los médicos siquiatras? René largó la risa mientras movía la cabeza, y afirmó: –Siempre fuiste el más alegre del grupo. ¿Te acuerdas de aquella compañera vecina con quien charlábamos bajo el parral en las tardes de verano? ¡Qué locuras decíamos! –Jamás podré olvidar sus piernas al hamacarse. Ya se recibió de abogada. Trabaja en un escritorio de la Ciudad Vieja. También con ella fuiste zonzo, estaba loca por estar contigo. Pero tú ni le diste importancia. Mejor para mí, una tarde que tú habías salido, aproveché su entusiasmo. René frunció la cara molesto por la falta de delicadeza de Carlos. Éste se dio cuenta de ello y, levantándose, dijo: Diap 52 LADRILLOSLADRILLOS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 53.
    Félix constituía unindividuo mesurado, ecléctico, justo. Sin embargo tenía dos predilecciones: La fiel amistad con su compañero Bruno y el intenso cariño a su gata Miñón. Bruno era la antítesis: alegre, dicharachero, bromista, jaranero, burlón, atrevido, superficial, fanático, ambicioso. Parecía imposible que hubiese algo símil con Félix. Pero, eran los dos amigos más unidos del grupo. Tanto, que Félix había sido el padrino de casamiento de Bruno y de bautizo de Marión, su primer y pequeña hija. Miñón era una gata consentida, común, de ninguna raza. No tenía dueño, era ella. Si quería, se refregaba a Félix ronroneando o, indiferente, dormitaba donde le antojase. Sólo demostrabados debilidades: Acostarse sobre las piernas de Félix cuando estaba escribiendo o leyendo, y dormir en la noche a los pies de él. Félix formaba parte de un grupo de seis amigos, entre los cuales estaba René, quienes desde el liceo tuvieron esa unión sobre las diferencias ideológicas y económicas. Félix era un hombre bueno. Tranquilo, serio, respetuoso, servicial, amable, introspectivo, formal. Pertenecía a esa gran masa que cumplen su trabajo cabalmente, sin afán de destacarse sobre los demás. Uno más de tantos anodinos. Tenía un amplia cultura general que hacía interesante su conversación por estar al día en los sucesos actuales como en el saber universal e histórico...y resultaba aburrido. Sencillo, sociable, pero no le atraían las fiestas alocadas ni la cháchara insulsa ni las discusiones pueriles. Tampoco caía en fanatismos por deportes, religión o ideas políticas. Naturalmente un ser así debía ser soltero y vivir solo. Diap 53 LA GATA LAS GRIETAS LAS GRIETAS 11 LA GATA Uno no es dueño del gato. El gato vive con uno. Dedicado a Miñón, Estrellita y Rayita... Y a Mimí I y Mimí II…
  • 54.
    En el almuerzodijo, entre risas, que el plato del domingo estaba en su casa y era una sorpresa. En la tarde salió a buscarlo. No volvió en la noche y se hicieron bromas sobre la esposa que no lo dejaba volver. El domingo, cerca de mediodía, llegó con dos asaderas. Traía liebres cocinadas a la cazadora. Las disfrutaron con un delicioso vino blanco. Y Félix lo felicitó al terminar. –¿Te gustó la liebre que te tocó? –preguntó Bruno. –Exquisita y tierna. –contestó su fiel amigo Félix. –Me alegra... –y, con una carcajada, completó– ya que te acabas de comer a tu gata Miñón. La mayoría largó la risa. Félix tuvo en su rostro todas las expresiones imaginables para, finalmente, pararse e ir a vomitar. Volvió y nada dijo. Con los meses la broma se hizo anécdota y Félix la aceptaba en silencio. :::::: Los seis amigos estaban reunidos ese primer domingo de marzo en la casa de playa de Miguel. Era una tradición que tenían desde cuando todos finalizaron la secundaria. Iban allí el sábado, solos, y disfrutaban dos días como si fuesen liceales otra vez. Recordaban, se hacían bromas. También era tradición que uno de ellos hiciera la comida o la trajese, rotándose cada año. Al inicio fueron parrillada. Pero al casarse, cada esposa quiso que el marido llevase algo donde ella mostrar sus habilidades culinarias. Hacía cinco años que René se había ido. Se reunieron, recordándolo. Le correspondía el turno de cocinar a Bruno quien era buen cazador y se había lucido con sus presas. Una ocasión fue con un carpincho, otra con unas perdices. Félix sólo lo acompañó una vez a cazar, no entendía que se matase por el placer de hacerlo y lo llamasen deporte. Este sábado Bruno trajo un jabato y pidió a Félix que le ayudara a cocinarlo en la parrillera. Se burlaron por lo poco que había traído. Diap 54 LA GATALA GATA LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 55.
    El turno dela comida le correspondía a Félix. Siendo soltero, lo normal es que hiciese una parrillada el sábado, en tanto el domingo preparaba pastas con salsa. Sin embargo esta vez hizo las pastas el sábado, diciendo que el plato del domingo era una especialidad que le estaba preparando su novia en la ciudad. Lo felicitaron, nadie sabía de su noviazgo y se relamieron anticipado puesto que imaginaron que ella querría lucirse. Luego del almuerzo Félix se fue. Iba a buscar eso. Se rieron diciéndole que era una excusa para estar con ella. El domingo, pasado mediodía, llegó en su coche. Traía dos fuentes de lechoncito trozado con papas al horno y hecho a la gallega. Lo disfrutaron con un vino tinto. –Félix, esto es exquisito. –dijo Bruno medio embriagado. –¿Te gustó?... Me alegra... –y, con una sonrisa cruel, completó– ya que te acabas de comer a tu hija Marión. :::::: Llegó el segundo cumpleaños de Marión. El festejo en la casa de Bruno fue acorde a su nuevo cargo de gerente. Félix le trajo a su ahijada un hermoso regalo. La broma pesada era cosa pasada. El siguiente domingo Félix les pidió llevar a Marión con la madre de él. La pareja se la entregó con la felicidad de poder pasar un día a solas. La niña fue contenta con su padrino y lo volvió aún más. Esa vieja superaba en cariño a su propia abuela y la había llevado al parque de diversiones. Esa salida se volvió mensual, como habitual fue llamar a Félix: tío. Los seres buenos y anodinos son siempre tíos. :::::: El año siguiente, aprovechando que René había venido de paseo, los seis amigos se reunieron en la casa de playa de Miguel. Nadie quería recordar lo sucedido. Diap 55 LA GATALA GATA LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 56.
    Bruno entró ala casa. Tomó un arma. Salió, se subió al coche yendo como un demente al apartamento de Félix. Golpeó brutalmente la puerta. Félix la abrió. Mantenía la sonrisa cruel. Bruno disparó el arma. Félix cayó para atrás por el impacto... y, sonriendo en su agonía, le murmuró: –Vas a pagar por lo que le hiciste a Miñón. En un momento la sala se llenó de gente: Llegó la policía y detuvo a Bruno. Llegó la novia de Félix desde el parque de diversiones. Traía de la mano a Marión. La novia había hecho el lechoncito. Nunca pudo saber si él había gustado de ella ni casarse con Félix. Estaba muerto. A Bruno le dieron siete años de cárcel. Todo por una broma pesada... ¿O por una gata común? René perdió dos amigos... y tuvo otra grieta en ese muro. ...oo0oo... En esta ocasión no hubo risotada. Félix no era hombre de hacer bromas. Su cara seria, la sarcástica sonrisa y el recuerdo de lo hecho a su gata, no hacían dudar Bruno había quedado estático, no quería entender las palabras. Los otros compañeros reaccionaban desde el asombro a la incomprensión, de la repugnancia al vómito. Y Félix, impasible, fue para su auto. Bruno corrió tras él, gritando que lo iba a matar. Los demás lo contuvieron. Al partir el coche de Félix recién empezaron a razonar y decidieron ir a la policía. René llevó a Bruno a la casa de éste. Allí, su esposa indicó que en la mañana había estado Félix para llevar Marión a la casa de su madre, diciendo que él no había ido a la comida por estar mal del estómago. Llamaron por teléfono a la madre de Félix, ella informó que desde el viernes no sabía nada de su hijo. La señora de Bruno temió algo. Le dijeron lo sucedido y enloqueció. Diap 56 LA GATALA GATA LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 57.
    René fue unidealista que gustaba del reto. Tito era hijo de marselleses. Constituía uno de esos seres que parecen insignificantes, pero guardan los emociones y sufren. Tenían cosas en común: eran introspectivos, hablaban el francés, tuvieron que hacerse respetar, y llevaban dentro sí un muro con que proteger sus sentimientos. También coincidían en sus conocidos de la infancia: El ya médico Carlos Noumercat. Y Charles Chiassé, un botija degenerado, luego vuelto un malandra de alias "El Choto". En esos días de julio, René supo y presenció cosas que le obligaron a reforzar su propio muro contra la realidad. Pero desgraciadamente se abrieron otras grietas. Grietas que también se abrían en el muro de Tito, e hicieron que le confiara a René hechos acontecidos mientras éste se hallaba lejos, y que fueron causas de esos sucesos. René recostó la cabeza en la ventanilla del avión. Volvía para Caracas una vez más. En esta ocasión su retorno era triste. Había venido a Montevideo al saber que su padre había tenido una hemiplejia quedando paralítico. Además encontró a un país que no parecía ser el mismo. Familiares y amigos se habían convertido con los hechos sociales y políticos en seres hoscos y separados por ideas extremas. Su hermano pertenecía a un grupo extremista y escalaba en la simpatía popular como en los ambientes politicoides. Su nombre Yamandú le servía de gancho. René tomó el aeroplano en esa tarde invernal despedido sólo por su madre, su cuñada Elsa y por Tito Lemond. Éste era un antiguo compañero de la escuela. Diap 57 LOS DOCTORES LAS GRIETAS LAS GRIETAS 12 LOS DOCTORES En Grecia, desde lo alto de las gradas, el público veía actuar en el teatro. Ahora el pueblo siempre está abajo... y desde arriba lo miran los actores
  • 58.
    –Siempre fuiste untonto. –le afirma Charles, burlón– Yo también trabajo de noche... o las hago trabajar. Y vivo bien. ¡Andá a decirle a este doctor que estoy aquí!... Alargó la tarjeta de un famoso abogado. Iba dirigida al doctor Maldoné. Tito dudó un momento y Charles repitió: –¡Andá... avisale... ya vas a ver como me atiende. Lemond cerró la entrada dejándolo afuera. Fue hasta el consultorio. Golpeó la puerta, y recibió la orden de entrar. –Doctor, afuera hay un señor. Dice que Ud. lo espera. –Así es, señor Lemond. Hágalo pasar, por favor. –Perdone, doctor... si Ud. quiere, me quedo cerca. Yo lo conozco. Ése es un individuo peligroso. –No se preocupe, señor Lemond. Es un herido que me envía un amigo. ¿Hay alguien más en la clínica? –No, doctor. Haré pasar a ese señor. :::::: Todo es igual nada es mejor... (Discépolo) Diciembre de 1954 Clínica Dumentís. Ocho de la noche. Verano. Los únicos que quedan son el doctor y director Mario Maldoné, y el vigilante Tito Lemond. El sereno ve llegar alguien que le hace tocar el arma instintivamente, es Charles Chiassé. El hombre era para impresionar: musculoso, de estatura regular, pantalón ajustado, saco brillante, pañuelo al cuello y sombrero de medio lado. Una pobre imitación de Gardel. Completaba el cuadro con su malvado rostro donde un esparadrapo cubría la mejilla izquierda. Desfachatado, se queda frente a Lemond y con una sonrisa cínica le dice: –¿Hola, Tito? ¿Eres cuidador aquí? Hace tiempo que no te veía... ahora yo vivo en la Ciudad Vieja. –¿Cómo estás, Charles? Llevo dos años de vigilante en la Clínica. Es un trabajo nocturno, pero da para vivir. Diap 58 LOS DOCTORESLOS DOCTORES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 59.
    Lo halló enuna relación afectuosa de caricias y ternuras con un amigo. Desde ese momento ella vivió junto a él sólo por su apellido de renombre en la sociedad, su dinero... y para humillarlo engañándole con sus amigos. Maldoné entró en un círculo de seres similares y que se comprendían. Le agradaba ser amado por un hombre, pero jamás se había entregado. Sabía que una vez tomado ese camino, no tenía retorno. Y algo le frenaba. No fue así en Gacheaux. Hacía años que había caído en mano de los pervertidos que viven de esa debilidad que debe ser secreta cuanto más alta sea la posición social. El doctor Mario Maldoné estaba frente a uno de ellos. Tenía miedo que lo descubriera. Y por otro lado, lo deseaba. Se levantó con nerviosismo, diciéndole: –Veamos. Pero le advierto que soy urólogo. –Gacheaux aseguró que usted se encargaría de todo. Cuando el visitante entró, el médico pudo comprender que el vigilante tenía razón en preocuparse. Sin embargo ese hombre tenía algo que hizo estremecer intimamente al galeno. Charles quedó de pie y, sonriendo, le espetó: –Buenas, doctor. Me manda el abogado Gacheaux. –Siéntese,porfavor. El doctor Gerardo Gacheaux me ha informado que necesita un favor. –Bueno, doctor. Lo que quiero es que me quite este tajo. En cuanto a lo de hacer favores... que lo diga Gacheaux. Maldoné tembló. Este malevo sabía lo de su amigo. ¿Sabría también que él necesitaba esa emoción? Había luchado contra ella desde su juventud. Nunca había caído como Gacheaux, pero se sentía atraído por los hombres. Se había casado y tenía una hija. Se esforzó por ser buen esposo y buen padre, pero sólo logró lo segundo. A los pocos meses de estar embarazada, su esposa un día entró en el consultorio de la casa. Diap 59 LOS DOCTORESLOS DOCTORES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 60.
    –Ni tiempo medio a atajarme, si no sería otro el herido... Lo que pasó es que la hermana de él tenía calientes a todos, pero no le daba corte a nadie. Yo no me quedé con la gana. Una noche la esperé. Con unos golpes lo demás fue fácil. Lloraba, amenazaba. Pero, como todas, no contó. Había detallado analizando las reacciones del médico. Observó cierta crueldad y reflejos de deseo. Se levantó. –Bueno, doctor. ¿A qué hora vengo mañana? –A las nueve. Lo atenderá el doctor Landreira. No le comente nada. Diré que Ud. es hijo de un conocido mío. –¡Vaya con el viejo! Resultó amigo de un doctor. –dijo irónico el malevo estrechándole la mano y reteniéndola. Sintió que se humedecía. Maldoné la retiró bruscamente. –Buenas noches, señor... ¿Su nombre? –Charles Chiassé. Me dicen "El Choto". Buenas, doctor. Al salir a la calle sintió tras él el golpe de la vieja puerta colonial, dado con ganas por Tito. Sonrió cínico. –Otro más para la colección... –murmuró. Maldoné le quitó el esparadrapo y observó la herida. Partía desde la oreja hasta llegar a la comisura del labio. El médico, algo turbado, le dijo: –Tendrá que venir mañana, sólo el especialista en cirugía plástica podrá opinar. Lo único que puedo decirle es que quien puso los puntos no colaboró mucho. –Fue el desgraciado de la Asistencia. Es seguro que lo hizo a propósito, como es amigo del que me cortó. Maldoné volvió a poner el vendaje. El caficio continuó: –El tajo lo hizo uno que estudiaba para doctor. Gacheaux se lo hará pagar al máximo. Y total, por una mujer. –Ajá, mujeres y cuchillos, el barrio mantiene su fama. –¿Qué fama? Ya los guapos que quedan somos pocos. Los demás son afeminados que quieren tener un título. Sonrió al ver que el médico se ponía serio. Y, siguió: Diap 60 LOS DOCTORESLOS DOCTORES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 61.
    :::::: Maldoné se sentíadichoso. El hombre que bailaba con él la apretaba murmurando cosas provocativas. Dentro de su disfraz se sentía libre, sensual, sin disimular sus emociones. En un palco vio a Gacheaux con su vestido de china. Se encontraba junto a Charles "El Choto" y otro hombre que le hacía caricias a la china. Maldoné estaba descontrolado, audaz. Se dirigió al palco. Se pegó al Choto. Éste la abrazó acariciándole las caderas. Mario se estrechó locamente. Deseaba estar con ese hombre. Ser de él. No lo había olvidado desde la clínica. Media hora después los cuatro se dirigían al apartamento. En aquella noche de orgía, Maldoné perdió la privacidad de su secreto... Y empezaba a pagar por su anormalidad. :::::: Cuesta abajo en la rodada... (Tango) Febrero de 1955 La esposa y la hija de Maldoné hacía días que habían ido a un lujoso balneario para disfrutar allí el Carnaval. El doctor estaba en el apartamento que Gacheaux tenía próximo a la Plaza Independencia para sus intimidades. Cerca, en el viejo teatro, se realizaban bailes de disfraces. Allí iban los tenorios a conquistar las mascaritas, que no eran otra cosa que las mismas yiras detrás de un antifaz. Pero, había otro tipo de conquistas. Eran los invertidos, transformistas y homosexuales, quienes aprovechaban para librar sus ansias reprimidas y ser lo que deseaban. Gacheaux, vestido de china y maquillándose, le dijo: –Vamos Mario, disfrázate tú también y vamos al baile. –No sé... ¿Y si me descubren? ¡Qué escándalo sería! –No seas zonzo... Tenemos amigos influyentes. Vamos. Estás deprimido. Yo te comprendo. Vamos, querido. Diap 61 LOS DOCTORESLOS DOCTORES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 62.
    Sintió el brazode Carlos cruzando sobre él, la tibieza de su suave cuerpo contra su espalda, y le embargó de nuevo esa agradable emoción mientras le oía decir: –Es una llamada para ti. Le entregó el aparato y, educadamente, se dio vuelta para no presenciar la conversación. Maldoné reconoció la voz de su interlocutor. Molesto, se sentó en el borde de la cama. Escuchó en silencio y luego respondió alterado: –Está bien. Yo te los llevaré. Como siempre en la rambla. Pero ésta es la última vez. No quiero verte nunca más... y yo también tengo amigos poderosos. Colgó devolviendo el aparato a Carlos, éste no necesitó averiguar quien había llamado. Abrazó al doctor y le fue calmando suavemente. Maldoné, en la penumbra del cuarto, no podía ver que los ojos de Carlos Noumercat brillaban con malicia. :::::: Abril de 1958 Era medianoche cuando sonó el teléfono a espaldas de Maldoné. Siguió en la cama, adormilado y satisfecho. Ni giró para tomarlo. Dejó que Carlos Noumercat lo hiciera. Estaban en el apartamento que desde unos meses atrás había alquilado en la calle Andes para el muchacho. Carlos era un estudiante aventajado en la Facultad, fino, educado, amable, culto. En fin: una persona con la cual daba gusto estar y no sentirse avergonzado por ello. Nunca pudo saber bien quien había seducido a quien. Si el profesor al alumno o al revés. Pero, desde la primera vez se habían acoplado perfectamente y sentido dichosos. Gracias a él, finalmente, Maldoné había podido librarse de Charles El Choto quien lo humillaba, explotaba, y le hacía sufrir sadicamente con sus brutalidades e ignorancias. Diap 62 LOS DOCTORESLOS DOCTORES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 63.
    Carlos era unjoven culto a punto de recibirse de médico. El Choto no iba a destruir su fuente de ingreso. El borracho no recordaba nada y no tenía abogado. Carlos quedó libre. El Choto salió a los tres días. El loco, borracho y vagabundo fue condenado a cinco años. A las pocas semanas Charles Chiassé, alias El Choto, apareció muerto en una pensión miserable del puerto. Se había suicidado de un disparo en la boca. En la carta decía que ya no soportaba la sífilis que tenía y que él había matado a Maldoné. Sus conocidos dudaron. El Choto no usaba armas de fuego, era un cuchillero. Nadie sabía que estuviese enfermo. Y apenas escribía. Soltaron al pobre loco vagabundo. Para festejarlo se fue a emborrachar... y nunca más volvió a ir por la rambla. Lejos, en la frontera del Yaguarón, un sicario cambiaba de ferrocarril. En la cartera llevaba varios miles de dólares. :::::: Mayo de 1958 Saltando de ómnibus y tranvías, los canillitas gritaban: –¡Médico de la sociedad muerto por un gato! La prensa amarillista se regodeaba. Maldoné había sido hallado en la rambla, cerca del puerto, en el asiento trasero del coche, en posición cúbito ventral, sin los pantalones. Le habían roto el cráneo con la barra del gato del auto. Por pertenecer la víctima a la alta sociedad, la noticia tuvo los dos extremos. Un día de gran alboroto y el otro nada. El silencio es la mejor arena para el fuego del escándalo. Y la ley siguió su curso oficial en ese cómplice silencio. Detuvieron a Carlos Noumercat. Detuvieron a Charles Chiassé, alias "El Choto". Detuvieron a un loco borracho vagabundo que solía andar por la rambla. El abogado Gacheaux representó legalmente a los dos primeros. Un caso simple. No se debía, ni convenía, revolver más. Diap 63 LOS DOCTORESLOS DOCTORES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 64.
    El doctor enleyes Gerardo Gacheaux es distinguido con la medalla de Caballero de la Legión de Honor. Alguien se destaca en el aplauso. Es el joven doctor en medicina Carlos Noumercat, nuevo urólogo en la Clínica Dumentís. Gacheaux retribuye con una tierna mirada. Él es el abogado de esa clínica. Tito y René se retiran. La fiesta acaba. Gacheaux y otros señores van con Carlos al apartamento de la calle Andes. Al cruzar la plaza un loco les pide una limosna. Los señores la dan riendo burlones. El borracho los ve alejarse y ríe. Pero... él es un loco. René y Tito salen de la penumbra e invitan al vagabundo. Los tres van a tomar una caña amarga a un boliche. Y cada uno tiene grietas en su propio muro... ...oo0oo... :::::: 14 de julio de 1961 En la Cultural Amigos Galos Oriental se realiza el festejo por la histórica fecha. Carlos Noumercat, ahora ciudadano francés gracias a un poderoso abogado, sabiendo que René estaba en la ciudad le invitó. Y, por obligación, a Tito. Pero los dos no se mezclan con la élite. El selecto público, luego de escuchar los himnos, pasa a la ceremonia de imposición de condecoraciones. Damas y caballeros se reúnen frente al estrado donde serán homenajeadas las figuras señeras en la aplicación de los principios humanísticos de la Revolución Francesa. Comienza el acto, logicamente con los políticos de turno y los jerarcas del gobierno. Espectáculo que recuerda a la infancia, puesto que los políticos y los niños se parecen: Recitan discursos incomprensibles, se cambian medallas, creen en fantasías, son mimados por las mujeres... y los hombres trabajan para ellos. Pero, los niños son inocentes. Diap 64 LOS DOCTORESLOS DOCTORES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 65.
    Allí él sequedaba dos días para saludar un familiar, y ver la ciudad. Aburrido, se levantó y fue por el pasillo hasta la cabina. Por la entreabierta puerta vio los tableros. Sonrió pensando en su padre frente a tantos relojes de control. Al volver a su lugar, no pudo dejar de ver a dos parejas en la otra hilera. Las mujeres eran de una hermosura extraordinaria, una rubia dorada, la otra pelo azabache. Ambas de piel sedosa, ojos ardientes, curvas sensuales, labios carnosos, la voluptuosidad emanaba en ellas. Cada mujer brindaba esa voluptuosidad al respectivo militar que tenía su lado. René vio que ellos pertenecían al ejército venezolano y tenían estrellas en la charreteras. Al pasar junto a ellos, las mujeres lo miraron provocativas, sobre todo la rubia. Los uniformados le saludaron con una sonrisa de complicidad. La primera vez que René fue a Venezuela tomó en Carrasco el vuelo de un cuatrimotor que venía de Buenos Aires rumbo a Nueva York y que haría varias escalas. Renoir, su padre, el viejo mecánico de aviación, estaba emocionado. No se sabía si porque su hijo se iba o por ver donde habían llegado los motorcitos de principios de siglo. Edith y su pequeña hija Raquel ya habían vuelto a la casa de don Ernesto. Según como René viese la situación en el nuevo país, ellas irían en dos o tres meses. René se arrellanó en el asiento junto a la ventanilla, tenía aún el rostro y el cuello mojado por las lágrimas y besos de despedida. Vio la costa como un mapa coloreado. Por los altoparlantes decían cosas, supuso que describían lo que sobrevolaban, pero era en gringo y él no entendía. El próximo aeropuerto era Porto Alegre, luego San Pablo, después Río Janeiro, donde llegarían de noche. Diap 65 LA ESPIRAL LAS GRIETAS LAS GRIETAS 13 LA ESPIRAL Verás que todo es mentira... (Tango)
  • 66.
    Ellos pasaron juntoa las dos mujeres, indiferentes, hablando con los pilotos. Terminaron los trámites. Ángel lo llevó a René a su carro moderno para ir a la ciudad. Vio que las mujeres subían a un lujoso coche, el chófer uniformado les abrió la puerta. Esa noche René conocía en una reunión a los socios de la empresa a montar. El director principal, ingeniero León, un señor de edad y renombre, le presentó su esposa. Una elegante y bella dama le dio la mano mirándole a los ojos. Era la rubia. Se saludaron como dos desconocidos. Luego, algunas veces, ella vino a hablar con René. Lo hacía en forma insinuante, sensual, buscándole apasionar. –Ten cuidado con ésa; –le previno Ángel– hasta para poseerla el viejo de su marido, le tiene que regalar algo. Lo último fue un viaje con una amiga al sur. René pensó que los militares eran la ñapa. Y empezaba a ver que en todas partes la vida era igual... había de todo. Llegaron a Río. Las parejas bajaron y René también. Sus familiares lo estaban esperando. Le brindaron su cariño. Con ellos conoció los hermosos lugares que han hecho famosa a esa ciudad. En muchos se cruzó con las parejas. Las mujeres estaban siempre ardientes con sus militares. Tomó el vuelo hacia Caracas. Volvió a coincidir en él con los amantes. La sonrisa que le dieron esta vez los cuatro fue de picardía... y René comprendió. Ya acercándose a Maiquetía, las mujeres dejaron a sus compañeros y se sentaron juntas. Los militares fueron a hablar con los sobrecargos y la tripulación. Aterrizaron. Bajaron las dos mujeres. Dos amigas que venían de un viaje de turismo. Traían bolsas con regalos. Bajó René. Le asombró la luz, el calor, los colores del cielo y la montaña. Vio que Ángel lo esperaba en el balcón. Estaba en la cola de inmigración cuando vio venir a los dos militares y la tripulación del vuelo. Diap 66 LA ESPIRALLA ESPIRAL LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 67.
    Era dominante, segura,tenía personalidad, decía cosas prohibidas en esa política. –Cuídate de ésta también. –le volvió a aconsejar Ángel– Si te quiere, te agota. Si te odia, te destruye. Éste el cuarto marido. Es revolucionaria, periodista... y temible. René pensó que ese militar sería una entrevista personal. La charla de la cena giró sobre la obra que construía el ingeniero. Su nombre era La Espiral. Con esa forma iba subiendo de continuo en torno a un cerro. Sería única en el mundo. Pero le criticaban que entre los propietarios se hallasen testaferros de la dictadura y militares en el poder. El otro tema fue que René dijese las bondades y la forma de vivir en esa democracia llamada la Suiza de América. Se asombró que hablasen con tanta libertad en contra del gobierno. Se desaparecía si se le criticaba abiertamente. Comprendió. Militares, subversivos, rebeldes, déspotas, todos estaban interligados... Sólo los tontos desaparecían. Días después estaba invitado a una cena en la casa de otro director. Muchos querían conocer a René: venía de una democracia y era técnico con amplios conocimientos. Y muchas también: era joven, francés, rubio... solo. Apenas entró a la quinta vinieron a recibirlo seis chicos. Tras ellos llegaron los dueño de casa. Ya había conocido en las oficinas a Ismael, ese director, pero cuando vio a su esposa se rió en silencio: Era la de pelo azabache. La misma salutación de dos desconocidos. Ismael pasó a presentar a los muchachos, se iban adelantando de a dos: –Los hijos de ella, mis hijos, nuestros hijos... René por instante creyó que era una broma. Pero luego pensó que en un país donde volaban las cucarachas, todo se podía aceptar. Los saludó, y los vio alejarse hermanados y riendo por el tono de él. No había el respeto del sur. La de pelo azabache actuaba completamente distinta, no parecía la misma del avión. Diap 67 LA ESPIRALLA ESPIRAL LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 68.
    El viejo ingenieroLeón vivía en lo que fue su oficina de La Espiral, la que iba a ser el centro comercial único en el mundo. La obra fue invadida por vagos y pordioseros. Ellos tuvieron más consideración con el viejo. Lo dejaban deambular en paz por su sueño, lo respetaban, le decían doctor... y hasta le daban de su comida. Permaneció allí por unos años. Nadie se acordaba de él. Un vagabundo lo halló muerto sobre una amarillenta y ajada perspectiva de lo que hubiese sido La Espiral. La familia se acordó del repudiado y lo sepultaron en el panteón. René fue a las exequias. Allí supo como murió. Fue a La Espiral. Preguntó por la oficina del viejo. En ella había otros pordioseros. Los vagabundos lo dejaron pasar. Halló la perspectiva, sucia, arrugada, con grietas... Se la llevó. Hasta que él vivió estuvo enmarcada en su estudio. ...oo0oo... León simpatizó enseguida con René, era otro idealista. Poco tiempo después hubo un paro y caía el gobierno de facto. El dictador y los cerebros de la represión huyeron y vivieron en Europa y Sud América disfrutando sus bienes. Sólo fueron apresados los míseros esbirros y los tontos que hacían cosas. Entre ellos estaba el ingeniero León. Lo dejaron libre por su edad. Encontró desvalijada su quinta, no quedaba nada, ni su hermosa y joven mujer. Ella ya había introducido la solicitud de divorcio. León firmó sin protestar. Luego, la sensual rubia se casaría con un capitán naval de la junta democrática de gobierno. Lo poco que le quedaba a León lo invirtió en La Espiral. Pidió préstamos a sus viejos amigos adinerados. Ninguno le ayudó. Ahora era un paria, no un señor importante. La obra se volvió un monumento a la desidia, nadie quiso invertir allí. Temían que los relacionasen con el dictador. Diap 68 LA ESPIRALLA ESPIRAL LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 69.
    Cada tanto elrío dejaba fértiles terrenos. Y, para tener más, los emigrantes empujaban el curso de él. Pero el río busca su cauce. Una vez por año crecía y arrastraba todo. De noche Caucagüita era el tercer punto de luz luego de Petare, pueblo donde en ese entonces terminaba Caracas. Después la carretera se volvía una prueba de coraje en la oscuridad, sorteando curvas una tras otra, teniendo de un lado las barrancas del río y del otro el talud de los cerros. Taludes y barrancas que, cada tanto, se derrumbaban. Si alguien estaba cansado de manejar, estacionaba el carro en una entrada y podía dormir con las ventanillas abiertas. Aún los males del progreso no habían llegado. El progreso lo trajo esa fábrica. Fue la pionera de las empresas de ese lugar y la escuela técnica para cientos de hombres que sólo sabían usar el pico y la pala. Aquellos artistas, capitalistas, industriales y soñadores, fundaron la fábrica en Caucagüita. Allí sólo había una gasolinera y un restorán. Llamarlos así era un optimismo. El techo sobre las bombas lo formaban las ramas de los árboles, lo único con cemento eran las islas donde estaban montadas. Cuando llovía se atracaba literalmente en ellas. El restorán lo constituía un humilde bar que sólo tenía de bloques el frente, en éste se apoyaba un extremo del techo de zinc. El otro lo soportaba... ¡en una vieja cava frigorífica! Los baños estaban lejos. Sólo borracho o desesperado se podía ir a ellos. Se encontraban junto a unas caucaguas que alguna vez fueron pequeñas y dieron nombre al lugar. La carretera era angosta, apenas cabían dos autobuses. Tenia hombrillo de tierra. Allí había que buscar entre las herramientas el valor para reparar el carro averiado. Diap 69 LA CARRETERA LAS GRIETAS LAS GRIETAS 14 LA CARRETERA Después de conocer el trópico, todo lo demás es triste y gris.
  • 70.
    El camino deentrada a la casona estaba frente al sendero hacia Caisa, y se notaba recientemente hecho de cemento. No existía portón, una simple cadena entre dos trozos de hierro clavados en la tierra. Su función era evitar que algún chofer adormilado fuese a dar contra la caseta del vigilante. Era normal que en las noche, y luego de haber vaciado varias botellas de cerveza en el bar, algún conductor chocara contra los pilares del puente, subiese el farallón, se refrescara en el río... o dejase la cruz de su ánima junto a la cantidad allí existente. La casona fue convertida en oficinas y dormitorios para los técnicos de la naciente industria. Y, con las anomalías que se dan cuando se transforma una forma de vivir, la casa colonial era de adobe y tejas mientras la caseta del guachimán estaba construida de bloque y cemento. Era un mundo de incongruencias que atraían a René. Pero, había que pagar un precio: Las industrias trajeron gente desocupada de la ciudad. Los campesinos dejaron sus cultivos por un sueldo. La zona se llenó de ranchos. La fábrica se levantó luego de la bomba y el bar de Caucagüita. Allí había una amplia curva que dejaba a su izquierda una gran terreno. A los quinientos metros la curva cambiaba de sentido y la carretera se estrechaba en un puente. Por él, pasaba la quebrada de Caisa. A la derecha se levantaba el perpendicular farallóndel cerro socavado para dar espacio a la carretera y, antes del puente, nacía un sendero que acompañaba la quebrada. Del lado izquierdo, el río se pegaba unos metros a la carretera y volvía a alejarse formando un meandro para acercarse otra vez, poco más adelante, al camino. En la parte alta de ese istmo se veía una casa colonial con jardines, cedros y árboles de caucho. Más abajo señoreaba un añoso samán, y en la orilla los bambúes. Diap 70 LA CARRETERALA CARRETERA LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 71.
    Pero, en elestudio había un suntuoso refrigerador, una cocina a gas importada y en la puerta una camioneta recién comprada para René, aunque éste aún no sabía manejar. Frente a la casona existía un jardín de exóticas plantas a cargo de Juan, un canario de las Isla Canarias, quien cuidaba los naranjales y en ellos tenía un rancho, una negra y tres hijos pequeños. Durante el día la caseta practicamente estaba vacía ya que el guachimán cocinaba para el grupo de obreros. A las seis de la tarde llegaba don Julio, un hombre mayor con licencia para portar armas. Era el vigilante nocturno. Vivía en Carpintero, un barrio obrero próximo a Petare. René en el atardecer llevaba un banquito a la caseta del guachimán y quedaba allí charlando con don Julio y Juan, aprendiendo las costumbres de ese país y su mentalidad. Cuando René Coulerier ocupó uno de esos dormitorios, tenía tres semanas de haber llegado. Las había pasado conociendo la gente de sociedad y las bellezas del país. La gerencia estaba iluminada por modernas luces. pero el teléfono era de magneto. Debía dársele manija y surgía una sensual voz femenina a la cual debía pedírsele que lo conectase con algún número de la ciudad. Y... cada tanto enviarle a la dueña de la voz, una caja de bombones o alguna joya de fantasía. Pocas veces, flores. Las estructuras de la fábrica se hacían con grandes maquinarias y poniendo las mejores instalaciones. Pero, la electricidad llegaba por tres cables soportados en árboles o enclenques palos, y venía cruzando los naranjales. De noche, al aumentar la demanda en los alrededores, se quemaban a menudo los fusibles o la luz era tan mísera que era mejor no tenerla y usar las linternas de pilas. El agua, mientras perforaban el pozo, la traían en camión cisterna. Costaba más un litro de ella que uno de gasolina. El mercado era una taguara y estaba a varios kilómetros. Diap 71 LA CARRETERALA CARRETERA LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 72.
    Para emborracharse coincidíanpobres y poderosos, criollos y extranjeros. De viernes a domingo, las mesas de los bares y taguaras se llenaban de botellas de cervezas, que se iban dejando allí vacías y sólo se retiraban al no haber lugar para más y previo el pago de las existentes. Cuando el cuerpo era cobarde para seguir resistiendo, cada hombre se iba. Lo pudientes en sus autos último modelo, los pobres a pie y pocos en un soñoliento burrito. Pero todos con el mismo fin: Acostarse con una sensual criolla o mulata o negrita, quien protestaría por la espera y el estado del hombre... pero se daría con pasión e instinto. El lunes amanecerían con un ratón dentro el cerebro, el bolsillo vacío, olvidando lo hecho y sus obligaciones... y habiendo dejado embarazada a una mujer otra vez. Ellos orgullosos de ser machos, y las mujeres de ser madres. En ese mundo René y sus amigos iniciaron un sueño. En pocos días, en esa casona, conoció las características de la masa humilde y popular: Eran pobres en un país rico, vivían en concubinato, tenían hijos que llevaban sólo el apellido de la madre, y pocos sabían hacer algo aparte de usar el pico y la pala o sembrar en un conuco. Llevaban en su piel y sangre la mezcla de indios, negros, blancos, conquistadores, esclavos. Se daba el caso que el dueño terrateniente era primo o medio hermano del pobre conuquero... y ambos se trataban con cariño fraternal. Eran alegres, sanos y fuertes, la naturaleza les daba todo y al alcance de la mano. Sencillos, sin malicia, sólo tenían la instintiva picardía hacia el sexo y el ritmo en su música. Pero, la civilización y la influencia de la ciudad habían llegado allí. Los señores y los comisarios de la zona, así como sus hijos, eran los padrotes del lugar y asolaban con sus desafueros luego de alcoholizarse en los botiquines. Diap 72 LA CARRETERALA CARRETERA LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 73.
    En la entradaquedan Don Giani y René. Ven llegar, zigzagueando y a toda velocidad, un carro descapotado. Cuatro jóvenes que van en él les gritan groserías y, riendo, se pierden en la curva hacia el bar y la bomba. Más tarde René y Giani escuchan, no lejos, sirenas de ambulancias y autos de policía. Nada extraño. Es viernes de noche. Desde la curva ven llegar la luz de una linterna y dos personas. Pero no son Don Julio y Juan, sino dos obreros que viven hacia Caisa. Acongojados, furiosos, éstos dicen: –Esos desgraciados mataron a Juan y a don Julio. –Los dos iban cruzando por dentro del terreno. Pero esos miserables salieron de la carretera y los arrollaron. –Acostumbran hacer eso para asustar a la gente... Y como estaban borrachos, seguro que perdieron el control. –El que manejaba es el hijo de Malaquinez, el dueño de los terrenos de Iscarriaga. Es el peor de todos. :::::: Las brujas no existen, pero que vuelan, vuelan. (Dicho popular venezolano) Ocho de la noche. Viernes. Luna llena. René estaba acompañado por don Giani, y hablaban con Juan y don Julio viendo pasar por la carretera las luces de los carros. Don Giani, el capataz que vendría con él, había llegado hacía poco. Era hombre pacífico, mayor, con experiencia. A las nueve, Juan se despidió para ir con su negra y los muchachitos. Prueba su linterna y la luz es débil. Y, con picardía que indica el deseo de una cerveza, dice: –¿Don Julio...me acompaña al bar para comprar nuevas? El vigilante, sintiendo ya pasar por su garganta el fresco amargor del líquido, mira hacia René y don Giani. Éste, comprendiendo la necesidad, les responde: –Vayan. Nosotros nos quedamos cuidando la entrada. Y los dos se van por el bordillo de la oscura carretera. Diap 73 LA CARRETERALA CARRETERA LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 74.
    Dijo que élno era familiar y que iba a avisarles. Subió a la camioneta y se dirigió a Carpintero. Cuando miró por el retrovisor sintió horror. Los zamuros humanos le seguían. René se detuvo para preguntar la dirección. No conocía el barrio. Uno de los motorizados, vestido de gris, con saco y corbata, se le acercó y le dijo con mucha educación: –Señor... disculpe. Me llamo Javier Vallegrín. Si usted me permite puedo guiarlo hasta ese edificio. Sígame, por favor. René fue tras él. Al llegar al apartamento de la hija de don Julio, cumplió con su triste misión desagradable. Los zamuros se arrojaron sobre los deudos ofreciendo sus servicios. Sólo Javier se mantenía al margen. René no se pudo contener frente a esa falta de consideración y profirió ofensas ordenándoles dejar en paz a los familiares. Uno de los hijos de don Julio, con el motorizado, lo calmaron diciendo que no se alterara, que eso era normal. –Se los llevaron presos. Pero el padre tiene influencia en la política. A esos asesinos no les van a hacer nada. –La ambulancia se llevó los cuerpos para la morgue de Petare... alguien debe ir a reconocerlos para entregarlos. –Yo me encargo de eso. –indicó René– Don Julio tiene en la ficha la dirección de la hija con quien vivía. Luego que los haya reconocido, iré a avisarle. –Y yo le daré la mala noticia a la negra, –dijo don Giani. René salió con la camioneta. Tenía amargura de ver que en todas partes era igual. Y sintió abrirse aquella grieta. :::::: Reconoció a don Julio. A Juan, lo dedujo por la ropa. Firmó los documentos mientras veía como las enfermeras llenaban las partes faltantes de los cuerpos envolviéndolos con tela y cosiéndolos como si fuesen muñecos de aserrín. Al salir de la morgue fue asaltado por los empleados de las funerarias. Diap 74 LA CARRETERALA CARRETERA LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 75.
    Mediados de año.La vida sigue. El galpón tiene techo. Hay un nuevo vigilante y otro jardinero. La negra cuida el naranjal. De Barlovento ha venido una prima, una niña, una atractiva negrita para ayudarla con los mulatitos. Don Giani todas las tardes se baña, se acicala y va a visitar a la viuda. Le lleva su ropa sucia y la de René para lavar. Va por los naranjales, vuelve de noche por la carretera con cara de satisfecho. Y se queda en la entrada con René. Una noche ven pasar el carro con los mismos ocupantes. Sólo han transcurrido tres meses. Van igual de borrachos, groseros y gritando. Se dirigen hacia abajo, a Iscarriaga. En la mañana, la viuda viene diciendo que su prima ha desaparecido. La encuentran en un sendero de Iscarriaga. Ha sido violada entre varios, golpeada con saña. Está inconsciente, agoniza. Alrededor hay botellas de brandy y whisky. Los pobres conuqueros u obreros no toman eso. Resignado, indicó a Javier donde quedaba el rancho de Juan. Luego llevó a la hija de don Julio a buscar familiares. Pasada la medianoche volvía. Cuando llegó al rancho, allí estaba Javier. En los dos lados obtuvo realizar las exequias. El rancho estaba rodeado de isleños amigos y otros conuqueros. Dentro había velas votivas por todos lados. Giani estaba al lado de la viuda y la consolaba. Los niños tras una división de tela asomaban su cabeza. El capataz vino junto a René, éste le contó lo sucedido y comentó: –Dentro de todo Javier, el motorizado, se lo merece. Es el único decente y que se portó con respeto. –René, eres inocente, –dijo don Giani– usó otro estilo al ver como eras tú. Se actúa según las circunstancias. Y con un gesto incomprensible volvió junto a la viuda. :::::: Diap 75 LA CARRETERALA CARRETERA LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 76.
    A la semanasiguiente don Giani retornó a su país. Al poco tiempo de llegar, falleció. La negra de Juan, sus muchachitos y su barriga se fueron para Barlovento. La negra tuvo otros Juanes y otros hijos. :::::: Han pasado los años. Sabana Grande es zona residencial y comercial. En ella hay una funeraria importante. Su nombre es índice de respeto y calidad: Funeraria Vallegrín. Petare es un barrio más de Caracas. La nueva autopista a Guarenas lo ha dejado de lado y abajo. Entrar en Carpintero es un riesgo por los malandras que hay. Caucagüita es un barrio pobre que se une a la autopista lejana por un troncal que fue el antiguo sendero de Caisa. Aquella industria desapareció. Nadie recuerda a René. La vieja carretera está llena de luces y ranchos. Y los camioneros dicen que en Iscarriaga,.. de noche… les sale el espíritu de una negrita riendo. ...oo0oo... Y mientras los médicos tratan de salvarle la vida, el hijo de Malaquinez y sus tres amigos son enviados a los Andes. La negrita murió. La policía nada hizo. La viuda ha traído otra prima de Barlovento. Es bachaca, negra de pelo rubio. La negra de Juan sigue en el naranjal y se le nota la barriga. Don Giani enseña a los obreros su profesión. Hace tiempo que habla poco, dice que extraña su tierra. Es de noche. Don Giani y René ven pasar otra vez el auto con los mismos degenerados y en iguales condiciones. Poco después un chofer que viene de Iscarriaga dice que chocaron allí y están muertos. René va a verlos. Giani, no. El descapotado se introdujo debajo una gandola averiada en la carretera. Los cuatro están degollados. La cabeza del hijo de Malaquinez se halla en el asiento de atrás. Del otro lado de la carretera hay una negrita del lugar. Pero a René le parece la negrita muerta... y riendo. Diap 76 LA CARRETERALA CARRETERA LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 77.
    En sus laderas,miles de ranchos coloridos remontaban caminos de tierra roja. Miró detrás suyo. Un mar azul se perdía hasta tocar en el horizonte a un diáfano cielo con ligeras y blancas nubes. Todo tenía intensidad: la luz, la transparencia del aire, el brillo, los colores, el bullicio, la emoción de vivir. René lo recibió con palmoteo en los hombros que le extrañó. Tomaron la autopista hacia la ciudad en un moderno auto. El trayecto fue otra sucesión de sorpresas. Admiraba las vías, las construcciones, la juventud predominante en las calles, la exuberancia en todo, en la naturaleza, en las mujeres. Llegaron a la oficina, Aldo trataba de entender este país donde todo era polícromo, hasta las personas. Terminaron los saludos. Intentó hablar de lo que había venido a hacer. Le dijeron que primero tenía que conocer el país y a la gente. Estaban cerca de Navidad, no debía preocuparse. Luego de comenzar la nave y las instalaciones para la fundición, el ingeniero Frulí convenció a los inversionistas de hacer en el terreno aledaño una planta de esmaltado. Junto con René vieron que la persona más idónea para ello era Aldo, aquel proyectista que trabajaba en el mismo complejo de la Aguada y un enamorado de la porcelana. A la semana de haberse ido Frulí al sur para contratarlo, recibían la confirmación que Aldo había aceptado y que el sábado siguiente tomaba el vuelo a Maiquetía. :::::: El avión se detuvo. Aldo se incorporó a la fila para bajar. Descendió tratando de adaptarse al brillo y el calor del sol. Vio a René en el balcón del aeropuerto y le saludó. Extasiado, recorrió el paisaje. Delante tenía una imponente y verde cordillera. Las montañas estaban tan cerca que daba la sensación de poder tocarlas. Diap 77 ALDO LAS GRIETAS LAS GRIETAS 15 ALDO Si el calor es fuerte, las bases se agrietan.
  • 78.
    Después fueron finesde semanas recorriendo caminos. Conocieron las elevadas cordilleras, de blancas mujeres con rosadas mejillas, de hombres taciturnos con silencio de montañas, seres callados como la piedra. Recorrieron la costa tropical, llena de mujeres color canela, de hombres alegres y con ritmo. Seres libres como el mar, ardientes como el sol, simples como la arena. Pasearon por los llanos. Sonrieron con la vernácula malicia del campesino, con la esbeltez de su mujeres, mujeres que miraban sin mirar y decían sin hablar. Periplos que terminaban siempre en la ciudad. Lugar que amalgamaba todo. Capital de un mundo descendiente de indios de todas las tribus, negros de todas las etnias, criollos de todos los tonos, extranjeros de todas partes. Centro de una tierra donde brotaba a raudales la riqueza de sus entrañas, como los ranchos en los cerros. Un país para hacer. Para hacerlo de ellos y de sus familias. Familias que necesitaban cada día más. Atardecía cuando salieron de la oficina. René lo llevó hasta el hotel. Por una semana estaría allí. Aldo abrió la ventana. Abajo, la avenida seguía ebulliendo en un movimiento enloquecedor de gente, luces y vehículos. Recordó una lejana tierra. Recordó a su esposa y a su pequeño hijo. Ellos habían quedado allá, esperando que él dijera si se podía hacer una nueva vida en ese nuevo lugar. Y en ese cuarto de hotel, decidió que sí. Que en esa tierra harían su futuro. Porque Aldo había venido a quedarse. :::::: Había pasado un mes. Disfrutó la Navidad en un desfile de mesas y regalos intercambiantes de vanidad. Llegó Fin de Año con su algarabía, con mujeres hablando de Nueva York y París, con hombres hablando de dinero y mujeres. Luego, el reposo de Reyes. Aldo y René habían enviado a sus familias cajas llenas de regalos. Quisieron colocar en ellas todo lo que sentían, pero sólo pusieron lo que veían. Diap 78 ALDOALDO LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 79.
    –Sí… y habíaculebras. Eran parte de la vida. Todo cambió al llegar ustedes, los musiues: Nos acostumbraron a trabajar y vivir encerrados, a comprar todo, a andar sentados en un carro para ir a cualquier lugar. Los jóvenes rieron, pero había tristeza en esa verdad. Ese domingo fue la culminación de una semana donde llenaron las bases de la planta de esmalte. Unos amigos invitaron a Aldo a un club cercano. Música, bebida, sombrillas cerca del agua clorada. Todo lo que el dinero puede comprar y, como el dinero, artificial. René estaba en la casa del Maestro Miguel, donde le brindarían un pastel de morrocoy. Aldo, al saber que era una pequeña tortuga de tierra, se disculpó y no fue. Aldo pasó la mañana en charlas tontas, luego almorzó. El sueño llegó con la modorra de la tarde. Al despertar, la vio. Estaba recostada en un sillón. La piscina los separaba. Ella estaba junto a otra mujer y algunos niños. Pero, Aldo la sintió cerca. Ella se lo decía con su mirada, con su sonrisa. :::::: –Musiuito... –le preguntó un día el viejo maestro Miguel– ¿A que viniste, a hacer plata o a quedarte? –A quedarme. –dijo Aldo con firmeza– Esta será mi tierra. –Entonces tienes que aprender como somos, como vivimos, como hablamos. Ya conociste nuestras regiones, nuestra gente. Viste que hay de todo. Desde selvas hasta desiertos. Desde sabanas hasta montañas. –Y cada vez me gusta más su gente. – interrumpió Aldo. –Eres joven, no te apures... –siguió el maestro– También en la gente hay de todo. Antes que llegase el progreso, la vida era más sana. Con incomodidades, pero más natural. Éramos felices con una negrita y un rancho. El conuco nos daba el maíz y la yuca. Si queríamos carne, tomábamos la escopeta y salíamos a cazar. Las frutas sólo había que sacarlas de los árboles. A cualquier lado íbamos andando. –Debe haber sido un paraíso tropical. – comentó René. Diap 79 ALDOALDO LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 80.
    El lunes siguienteenvió los pasajes a su familia. En la tarde colocaron las columnas de la futura esmaltería. En la noche pudo hablar con su esposa por teléfono. El martes lo dedicó al montaje de las columnas. Pidió a René revisar las bases. El calor del clima había causado pequeñas grietas. Pero allí, eso era normal. Luego fue a la ciudad para adquirir cosas con que recibir a los suyos cuando llegasen el domingo. La empresa ya le había obtenido un apartamento en alquiler. El miércoles, al llegar a la compañía, había estallado la huelga. Al saber la causa se les unió. No se puede mejorar bajo una dictadura. Se puede tener más, pero no ser más. El jueves estaba todo definido y la dictadura concluida.. Donde se vive intensamente se resuelve rápidamente. Pensó que podía ser otra persona sola en un mundo de amistades, como él. La miró. Tendría cerca de treinta años. Bella, bien formada, poseía los ingredientes fundamentales de la raza criolla: indio, blanco, negro y... pasión. La moral surgió. Aldo se levantó yendo a la terraza del club. Ella se le acercó. Cualquier excusa sirve para hablar. A las nueve de la noche la llevó con sus familiares hasta la casa de ella. El romance había avanzado. Quedaron en verse nuevamente. Subió al auto. Pensó en su esposa, en su hijo. Ésta era la tierra donde quería quedarse, donde hacer las cosas bien. Se decidió. Traería a su familia. Volvería a ver a esa mujer, pero sólo para decirle la verdad. Sintió que el duende malicioso de su conciencia sonreía incrédulo. Diap 80 ALDOALDO LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 81.
    De pronto todocambió. En la habitación había entrado otro hombre. Las mujeres bajaron la mirada. Ella se apretó a Aldo, la muchacha se sonrojó. Los niños se acercaron al hombre, éste mantenía fija la mirada en Aldo. Se enfrentaban en el encuentro primitivo y secular que define dominante y dominado. Y no pudo dominar a Aldo. Los presentaron. Se renovaron los comentarios sobre la audacia de Aldo para venir en un día así. Después se pasó al consabido temo de lo que hacía cada uno. Supo que el hombre era un guardia especial, campeón de tiro en varias ocasiones y de distintas armas. Y, sin que se lo dijeran, Aldo comprendió que era el dueño de la casa y de las mujeres. Los niños eran sus cachorros. Se habló de muchas cosas: De un nuevo país, de la libertad, del futuro. Del piso de arriba, donde Aldo y ella podrían vivir. Que así estarían cerca las dos hermanas. :::::: Los gobiernos cambian, la policía no. (Fouché) Aldo había pasado la noche en el apartamento aún vacío. En la mañana, desde el balcón vio la alegría de la libertad, la euforia de un pueblo entremezclado de razas y clases. Atardeciendo, recordó que esa noche tenía que ver a aquella mujer. Y salió a cumplir su cometido. Estacionó frente a la casa, vio a la mujer en la ventana del segundo piso. Al salir del vehículo, ella lo reconoció y bajó corriendo. Estaba asombrada de que él hubiese venido. Subieron, le presentó el resto de la familia. Llegó una muchacha hermosa, demasiado hermosa para su edad. La mujer dijo que era su hija mayor, que pronto cumpliría quince años. Sonriendo maliciosamente, agregó que viviría con ellos cuando estuviesen juntos. Aldo sintió que todo le molestaba, el ambiente de alegría exagerada, la confianza excesiva, las palabras insinuantes. Diap 81 ALDOALDO LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 82.
    Pero, al descender,ella lo arrastró hacia atrás del rellano de la escalera. Allí, en la penumbra, lo empezó a besar y acariciar en forma desesperada. Un silencio pesado dominaba la casa, como si todos se hubiesen confabulado. Aquella era una hembras humana tratando de demostrar que podía ser bestialmente sexual. Aldo comprendió que no podía razonar con ella. Se despidió diciendo que volvería el sábado, convencido de no hacerlo jamás. Al separarse, ella le rogó que se cuidara, que mirase bien por donde iba. Él creyó ver por primera vez ternura en esos ojos. Ambos se dijeron un adiós incomprensible. Subió al auto, marchándose. Fue dejando la penumbra de las calles del barrio, acercándose y subiendo hacia la avenida que serpenteaba en las laderas de los cerros. A medida que se alejaba iba sintiéndose mejor, pensando que en pocos días su familia estaría junto a él. Pero, cuanto más hablaban los dos hombres más sabían que cada uno sabía del otro. El hombre pidió que trajeran unas copas, ella se levantó contoneando sus caderas. Volvió trayendo lo pedido y, con soberbia de hembra triunfadora, sirvió con un gesto despectivo al hombre. Luego fue nuevamente a sentarse junto a Aldo, frente al otro, dejando a la vista sus torneadas piernas. Con alcohol siempre hay temas para que puedan hablar dos hombres, aunque sean diferentes. Cerca de las diez de la noche, el hombre se levantó diciendo que debía ir con una patrulla cívica a controlar una avenida elevada que circundaba la ciudad y desde la cual podía verse todo. Le aconsejó a Aldo que, cuando se marchase, fuera por esa vía ya que en las calles de la ciudad había actos de pillaje y tiroteos. Aldo aprovechó la oportunidad para también retirarse. Al bajar le diría a esa mujer la verdad. Diap 82 ALDOALDO LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 83.
    La vida sele iba en chorros de sangre por su boca y cuello. Inmediatamente el hombre lo sacó el carro y, sin ninguna compasión, lo arrastró tirándolo en medio de la calle. Los demás lo rodearon. El hombre comenzó a revisarle los bolsillos diciendo que por algo había querido huir. De pronto sacó y mostró un carnet vociferando que Aldo era un esbirro torturador de la policía política dictatorial. La última noción que tuvo Aldo fue la de sentirse pateado y pisoteado por incontables pies. En tanto, el hombre deshacía en añicos aquel carnet. Una voz sin emoción dijo que ya no hacía falta seguir golpeándolo, que ya estaba muerto. Alguien completó la obra lanzando el cadáver por el barranco cercano. Otro prendió fuego al auto. El hombre lanzó a las llamas los pedazos del carnet. Luego, todos se marcharon. Al girar en una curva se encontró con un grupo de personas, entre ellas reconoció al hombre de aquella casa. Era el líder. Vio que éste también lo reconocía. El hombre, sonriendo, levantó una mano saludándolo. En la otra tenía un revólver. Aldo le respondió el saludo amistoso mientras disminuía la velocidad. Hubo una sucesión de hechos que su mente no pudo asimilar: El ruido del disparo, el parabrisas rompiéndose, algo candente atravesó su cuello, la sangre tibia bañó su pecho, la imposibilidad de moverse, el coche yendo hacia un muro, el golpe, los gritos, aquellas personas corriendo. El primero en llegar fue el hombre de las mujeres, los otros quedaron atrás. El hombre, con disimulo, sacó algo de su chaqueta y lo puso en el bolsillo del saco de Aldo. Éste nada podía hacer, nada podía decir, los hechos le llegaban como si estuviese viendo a través de un filtro gris. Diap 83 ALDOALDO LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 84.
    Por algún tiempovivieron en el apartamento. La empresa luego le obtuvo a ella un puesto de conserje en un edificio. Pasó el tiempo. Aldo fue olvidado. El único que visitaba su familia cada tanto, y en Navidad, era René. Después él también desapareció. Quizás se habría agrandado la grieta. :::::: Treinta años después el país continúa siendo una nación. El gobierno es más o menos democrático. El hombre de las mujeres pertenece a un Cuerpo Policial. Sus mujeres y sus cachorros son todavía más. Aldo permanece enterrado en una ladera del Cementerio. Su esposa sigue siendo conserje de un edificio. Y su hijo no recuerda... ni quiere recordar. ...oo0oo... Aldo quedó en el fondo de la quebrada, mirando sin ver un cielo de estrellas lejanas. Con sus ojos vacíos, con su rostro desfigurado, con su cuerpo deshecho, sobre esa tierra. Una tierra donde él, Aldo, había venido a quedarse. Era las 11 y 30 de la noche. Jueves 23 de enero de 1958. :::::: El domingo llegó la señora de Aldo, Marina, y su hijo. René tuvo la amarga misión de contar lo sucedido mientras otra grieta se formaba. Se sentía responsable de haberlo traído, de haberle contagiado el amor a ese país. Nunca le dijo lo de la mujer. Se inventó que volvía de la casa de un obrero y fue confundido con otra persona. Aldo había sido enterrado en una ladera del Cementerio del Sur. Marina fue con su hijo hasta la tumba. Con entereza dijo que no volvería a su país. Su esposo había elegido esta tierra para ellos... y ellos se quedarían. Diap 84 ALDOALDO LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 85.
    Llegó la horade la primer colada. Don Giani la efectuaría, Ángel había traído el modelo de una obra suya. Los gritos de asombro, sobre todo en las damas, aturdieron cuando salió el primer chorro de metal líquido y humeante. Llenaron el molde. Y Ángel, para impresionar, hizo desmoldar la obra en el acto. Nuevos gritos al verla salir de la tierra. René no sabía si reír o llorar al ver aplaudir. La pieza se rajaría por el choque térmico. Nueva ronda de bebidas para los brindis. Los obreros fueron a almorzar cerca de los bambúes. Los invitados seguían hablando e intercambiándose en distintos grupos. René se marchó para su mesa de dibujo en la oficina. Se sentía incómodo frente a tanta futilidad. Estaba mirando el dibujo de tapas para alcantarillado cuando entró al ingeniero Frulí, el otro del cuarteto sureño, Venía con el doctor Anguilera, el presidente del complejo. Los dos primeros galpones del complejo estaban listos. Uno era el de la fundición. El otro, el taller de maquinado. Los sucesos políticos habían retrasado el arranque, como la seguridad en René para traer a Edith y su hija Raquel. Pero esa mañana era la inauguración y los cubilotes estaban al rojo vivo con su carga de metal fundido. Una empresa especialista en festejos se había encargado del almuerzo. Los hornos eran la novedad, pusieron las mesas cerca... y el hielo de las bebidas comenzó a derretirse. Llegaron los directores de la empresa, los personeros del ministerio de industrias, los políticos de la gobernación, de la alcaldía, del municipio, hasta el comisario de Petare. Los mesoneros comenzaron de inmediato a repartir los vasos con whisky que se vaciaban rapidamente. Y aquellos galpones, que habían tenido sólo la charla de los obreros montando cosas, se llenaron con la cháchara de trivialidades normales de los que viven para hablar. Diap 85 EL COLADOR LAS GRIETAS LAS GRIETAS 16 EL COLADOR La distancia es como el viento... (Canción)
  • 86.
    –René, este paístiene muchas riquezas. – intervino Frulí– Vamos a charlar con la gente. Explíqueles lo que le parece simple a usted. Para ellos todo es nuevo...maravilloso. Fueron. René habló, dio explicaciones, era el centro de atención. Almorzaron, luego los invitados se marcharon. El ingeniero Frulí, quizás algo achispado, le dijo en un aparte: –René... Esto marchará. Traiga a su esposa y la niña. La empresa le financiará un apartamento, lo sé. Ustedes son jóvenes. No es bueno que estén tanto tiempo separados. –¿Y usted que tiene pensado hacer? ¿Cuándo vendrá? –Yo tengo una vida hecha allá. Mi señora es mayor. Su esposa es joven y agradable. Tráigala. – y sin más, se fue. René recordó que Frulí semanalmente le llevaba noticias de él a Edith. Y una grieta se abrió en la pared que protegía su corazón. –¿Qué está haciendo aquí? –dijo el doctor– Esta fiesta es en su honor. Si esa planta funciona se debe a su esfuerzo. –No es así. –respondió– Es gracias al trabajo de todos. Desde el guachimán hasta los directores. Desde los que vinimos a enseñar hasta los pico y pala que aprendieron. –Dicen que usted es por un lado un técnico inquisitivo y por otro un idealista huraño. Veo que tienen razón. Vamos, venga junto a los demás; –y riendo agregó– hay damas que quieren ver al musiú que derrite, y conocer su cubilote. –En todo caso, el cubilote lo tienen ellas. – ironizó René, y volvió a ponerse serio– Doctor, los hornos funcionan. Pero, con obras para Ángel no subsistiremos. Necesitamos que cada colada forme decenas de piezas y se vendan. –Quédese tranquilo, así será. La situación actual es un recesión momentánea. En el trópico hasta los palos florean. Diap 86 EL COLADOREL COLADOR LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 87.
    De noche elespectáculo era indescriptible: A la derecha, el valle de Caracas brillando con sus luces. Arriba, en la montaña el subir y bajar del teleférico y el hotel iluminado. La urbanización estaba lo bastante lejos de la ciudad para disfrutar de un cielo tachonado de estrellas en el cual se recortaba la silueta de la cordillera. Mientras, se oí el croar de los sapos y, del fondo de la quebrada como del valle al este, se veía subir la fresca niebla que obligaba a abrigarse. El mirador era grande. René lo cerró convirtiéndolo en su estudio. Dejó una parte como balcón sobre la quebrada. Y allí, en un chinchorro, recostado, liberaba su corazón. Las dos semanas anteriores a que viniese Petite y Raquel, vivió atareado comprando los muebles, equipos, adornos, ropa, alimentos para ese apartamento, para su familia. Sus seres queridos llegaron. Raquel en esos meses había crecido y adaptado a la forma de vivir de su abuelo. :::::: La mejor base para construir un hogar es el amor. (Wrigth) La compañía le facilitó la compra del apartamento. René eligió uno en la urbanización Miranda, la cual quedaba a mitad de camino entre la ciudad y la planta industrial. Era un lugar residencial, en crecimiento, alto, fresco, que unía el estar próximo a la civilización con la paz de la montaña. El apartamento formaba parte de un grupo de unidades de dos pisos. Adquirió uno de la parte alta. Al frente tenía un balcón con plantas tropicales... y al fondo un mirador con la mole del Naiguatá enfrente y la cordillera de la costa. El mirar para abajo se comprobaba que la terraza estaba practicamente en el aire, sobre una abrupta barranca. Allá en el fondo, en el valle, corría un riachuelo entre bambúes. De día se disfrutaba viendo pasar las blancas nubes, frente y a la altura del apartamento, que lentas iban hacia el oeste a limpiar el caliente aire de la ciudad. Diap 87 EL COLADOREL COLADOR LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 88.
    –Estaba completo. Sólote olvidaste un colador de té. René tuvo ganas de reír. Él no era fino, usaba bolsitas. –Estamos en un monte. –siguió ella– Nadie viene aquí. –En diez minutos llegamos al centro; – respondió– y en Caracas no tendrías esta paz ni este aire. –Claro... al lado del olor que tú sentías del Pantanoso. Yo extraño el aroma de los árboles del Prado. Y a mi familia. René se sintió dolido y desvío la conversación diciendo: –Desde que se fue Frulí no hemos tenido noticias de él. –No volverá más. –afirmó ella– La señora le dijo que no vendría para aquí. Y a Frulí tampoco le gustaba esta gente. Edith sabía de Frulí más que él. Y una grieta se abrió. A los nueve meses nacía Raúl, un rubio varón igual a René. Su hermana Raquel, era de pelo negro como la madre. ...oo0oo... Las más cambiada fue Edith: era sensual, muy amorosa y más apasionada. Al mes de llegar estaba embarazada. Hizo el mismo periplo que René por las quintas de los directores. Se sentía en la gloria. No sabía que, luego de conocerla, el círculo de los poderosos se volvería a cerrar. Puso una negrita de servicio. Pero la cocina la manejaba Edith. Congenió con las vecinas, esposas de ejecutivos, en su mayoría extranjeras y blancas. No era despectiva con los mulatos y negros, pero ponía una barrera entre ellos. Se conectó con las pocas familias sureñas que había en Caracas. Y por un tiempo ese apartamento se convirtió en centro de reunión para ellos y los que venían de viaje. El círculo se cerró, los compatriotas venían menos. La novedad había pasado. Estaban en el mirador viendo las lejanas luces de la ciudad. Edith suspiró preguntando: –¿No podías haber buscado un apartamento en Caracas? –¿No te gusta éste? –respondió– ¿Faltaba algo al llegar? Diap 88 EL COLADOREL COLADOR LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 89.
    El ratoncito veíade soslayo hacia arriba, temiendo que lo espantasen y tuviese que dejar su comida. Lo bautizó Mik. Y el pequeño ratón respondía mirándolo. Pasaron los días. Y todas las tardes se repetía ese ritual. Con el tiempo se acostumbraron tanto uno al otro que el roedor no huía cuando René iba a buscar un dibujo. Por lo contrario, llegaba junto a él y quedaba viéndolo sereno, pidiendo su postre. A su vez, el hombre estaba pendiente que saliera el último empleado para observar por donde acostumbraba aparecer Mik, llamándole si se tardaba. Pasaron meses y por tiempo existió esa amistad, al punto que René dedujo que no podía ser el mismo ratón, que era una tradición que heredaba una familia de roedores, la cual tendría su madriguera detrás de los muros de esa oficina. Entre las dos especies había un tácito pacto. René dejaba a los ratoncitos recorrer libremente las oficinas en las horas nocturnas, y ellos no roían los documentos y dibujos. Seis y media de la tarde. René veía caer la noche por la ventana que daba al jardín. Los únicos que quedaban en la fábrica eran él, el guachimán, su fiel perra negra, una que otra culebra, y los ratones que salían de sus escondrijos buscando los restos de comida dejada por los obreros... René sonrió nostálgico... ¿Qué se habría hecho de Mik? Aquel ratoncito orejudo que salía después de la sirena de la tarde y se quedaba mirándolo con sus ojos brillantes, con un gesto de asombro al ver alguien aún en la oficina. Luego de comprobar que el resto del personal se había ido, recorría entre las patas de los escritorios comiendo los caídos y minúsculos granos de galletas. Una tarde, René le dejó un trozo de bizcocho dulce cerca del taburete de la mesa de dibujo donde estaba. El ratoncito dio vueltas y vueltas hasta que la tentación venció al miedo y se aproximó a disfrutar ese manjar. Diap 89 EL RATONCITO LAS GRIETAS LAS GRIETAS 17 EL RATONCITO El tiempo todo lo cambia
  • 90.
    Con los añoslo vería hasta en su propia especie. Una mañana apareció en la trampa un ratón. El padre de René lavó el artefacto y lo armó. La siguiente mañana cayó otro, y Renoir dijo que habían acabado con esa familia. René pasó la mañana sintiendo malestar en su interior. En la modorra de la tarde fue al galpón a buscar un clavo. Oyó unos lastimeros y quedos chillidos entre los estantes. Buscó el origen y se encontró con cuatro desgraciados y pequeños cachorritos de ratón, aún sin pelos, casi ciegos, que abrían sus bocas reclamando el alimento de su madre. No tenían ni el tamaño del meñique de René, y con su piel rosada se revolcaban uno sobre otro sobre la paja. René buscó una caja, los acomodó adentro. Hizo unos agujeros a la tapa y los cubrió. Fue hasta la cocina. trajo un poco de leche y les dio a beber goteando de un palito. Quizás fuese que eran ratones de campo, aún no habían tomado el gusto a los papeles. O René había dejado salir un sentimiento infantil por una grieta en el muro. :::::: Siendo niño René, de cuatro o cinco años, sufría cada vez que veía un ratón estrangulado por el alambre de las trampas que ponían en el galpón del fondo. Aceptaba a medias el razonamiento que los roedores se comían el maíz destinado a las gallinas, pero no el porqué matarlos de forma tan cruel y engañándolos con queso. Quería más a esos pequeños animales tímidos, siempre temerosos, de piel tersa y suave. En cambio las gallinas eran atrevidas, escandalosas, picaban, y de plumas duras. No había aprendido que el hombre considera enemigo a todo ser que compite con él en el alimento o no le da un beneficio. Diap 90 EL RATONCITOEL RATONCITO LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 91.
    La fábrica progresaba.René siguió quedándose luego de hora a terminar algún dibujo... y a charlar con el ratoncito. Una tarde Mik no apareció... ni ninguna otra tarde más. A René le quedó sólo el recuerdo del ratoncito y el volver a hablar consigo mismo en el solitario silencio. :::::: Un obrero le pidió trabajo para un sobrino que había sido ayudante de ingeniero en la ciudad. Cuando hizo al joven de apenas dieciocho años y de nombre Miguel, una simple prueba de dibujo, no sabía nada. Y le preguntó intrigado: –¿Usted fue ayudante de ingeniero? ¿Qué hacía? –Le ayudaba a pasar los dibujos por la copiadora. Lo dijo con tal orgullo que René contuvo la risa: –Yo le enseñaré a dibujar. –le indicó– Y como no soy ingeniero, será ayudante en general de oficina. Cuando le contó a su madre, ésta dijo que debía tirarlos a la basura. Pero al ver los ojos de René, le permitió criarlos creyendo que morirían. Los ratones se hicieron grandes. René los tenía en una jaula. Un sábado su padre lo tomó de la mano y fueron al galpón. Le señaló los roedores: –¿Te gustaría estar una jaula? Déjalos libres, que vivan y mueran como todos los seres... –y sonriendo, agregó– Aunque coman el maíz no pondré trampas por un tiempo. El niño los sacó de la jaula. Al agarrarlos, los ratoncitos rozaban sus dedos buscando alimento. Pero, al verse en libertad salieron corriendo a esconderse entre los estantes. René sentía como una pequeña grieta en su pecho. –¿Te da tristeza?... –su padre murmuró– Duele separarse de lo que se ha criado. Pero si los hubiese mantenido allí habrían muerto prisioneros... sin saber lo que era la vida. Los años pasaron. René tuvo la libertad de hacer su vida. :::::: Diap 91 EL RATONCITOEL RATONCITO LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 92.
    Y de prontoRené vio que empezaban a faltar útiles de la oficina. El vigilante colocó cerca de los archivos una trampa para los ratones. René dejó billetes de cierto valor en un cajón. Una mañana apareció en la trampa un ratón, era feo, de orejas cortas, de ojos rojizos. René sintió alivio, no era de aquellos ratoncitos orejudos y tímidos como Mik. También esa mañana faltaron algunos billetes en el cajón. Con el resto sobre la mesa, llamó a Miguel. Éste, sin decir nada, se fue. Y René sintió abrirse otra grieta en el muro. Llegó la noche. Lejos se ve el resplandor de las luces de la ciudad. Y en la penumbra retorna la nostalgia... ¿Qué se habrá hecho de Mik? ¿Qué se habrá hecho de la gente pico y pala? Quizás, como la familia de Mik se extinguió... o una víbora o el tiempo acabó con la tradición. ...oo0oo... Miguel era despierto, aprendía rápido, pero la ciudad lo había cambiado, nunca se sabía lo que pensaba. Ya no tenía la naturalidad de los negritos pico y pala del campo. Sin embargo René le tomó afecto. Le afloró la vena de maestro, le gustaba transmitir la teoría y sus conocimientos, no sólo la práctica que dejaba en la fábrica. L e prestaba sus libros, y llegó hasta invitar a Miguel para que fuese los sábados a su casa para explicarle con más tranquilidad temas difíciles de física y geometría. El joven se quedaba a almorzar con la familia, Edith y sus hijos se encariñaron con él. Tanto, que se le invitaba para los festejos como si fuese un amigo íntimo. Pasaron los meses. Miguel dibujaba aceptablemente. René lo subió de categoría y de sueldo. El joven seguía siendo en su vida privada y en sus pensamientos un misterio. De pronto los archivos y dibujos comenzaron a aparecer con su extremos comidos por los roedores. Diap 92 EL RATONCITOEL RATONCITO LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 93.
    Su amor conÁngel parecía durar. Pero, él no fue a vivir al penthouse. Habitaba una vieja casa colonial, retirada, en un cerro de la costa, liberando ahí su inspiración en soledad. Acostumbraba ir al piso de Mistral en el atardecer. Y con ella y los chicos, una niña de nueve años y un varón de siete, quedaban charlando mientras veían caer la noche. Los niños lo querían. Él era tierno y sabía escucharlos. Además, por su estatura y fortaleza daba seguridad... aunque su espíritu vivía insatisfecho. Cenaban, veían televisión, leían libros, comentaban de literatura, pintura, escultura... o simplemente observaban el cielo estrellado. Eran felices estando cerca. Algunas veces Ángel retornaba para su antañona casa. Otras se quedaba con Mistral en la alcoba y se amaban. Y los muchachos dormían con la dicha de saberlo cerca. Un día el escultor Ángel dejó de ir a la fundición. Dejó de ir a la casa de René. Dejó de frecuentar los círculos de amigos, tanto del ambiente artístico como el social. Los artistas son seres extraños, su humor puede variar del punto glacial al candente. Ser maravillosamente sociables y simpáticos, para luego convertirse en hoscos y solitarios. Con el tiempo se supo que Ángel se había vuelto casi un misántropo. Cada tanto hacía alguna escultura, pero eran pequeñas y las fundía en talleres de aficionados. El único eslabón que lo mantenía unido a la humanidad era Mistral, una poetisa muy peculiar. Adinerada, tenía dos hijos, soltera, de 35 años y amaba a quien ella quisiera. Vivía en un penthouse del litoral disfrutando el paisaje del mar y la montaña. Y, cuando a ella se le antojaba, allí se reunían bohemios y poderosos, intelectuales y artistas. Diap 93 LOS PRISIONEROS LAS GRIETAS LAS GRIETAS 18 LOS PRISIONEROS Nada ni nadie puede esclavizarnos sin nuestro propio consentimiento
  • 94.
    –Usted no tieneproblema para andar por el mundo. –En el occidental, no. Poseo cinco nacionalidades. –Disculpe... –dijo René, entre asombro y chanza– ¿Qué hace en Venezuela? ¿Cómo sabiendo todo eso llegó aquí? En el rostro risueño de Klaus surgió una nube de tristeza: –Soy un desarraigado por la guerra. Era administrador. Estuve en campos de prisioneros. Cuando todo terminó, no había trabajo ni familia ni nación. Hice de todo para vivir. Llegué a Génova. Me hablaron del trópico y... aquí estoy. –Por suerte tenía una profesión. –comentó Anguilera. Nuevamente sonó la carcajada de Klaus al agregar: –El primer trabajo fue rompiendo asfalto con un martillo neumático. Luego de vendedor en las tiendas del Silencio. Leí que solicitaban un administrador. Me tomaron. Me fue bien. Y ahora... me buscan cuando hay problemas. :::::: Otra vez el doctor Anguilera ponía alguien nuevo en la gerencia general. Demostraba el clásico refrán que si todos los empleados no sirven, el que no sirve es el superior. En una ocasión le ofreció ese cargo a René. Este soltó la risa diciendo que él sabía hacer cosas y dirigir producción. El nuevo impresionó bien. Era extranjero, sencillo, con sonrisa a flor de boca y sin la presunción de los anteriores. Hablaba español correcto, pero con acento indefinible. –Klaus Kreicherof. –se presentó casi militarmente. Al conocer a René, le saludó y habló en perfecto francés. Éste preguntó si era galo. Él rió con soltura, contestándole: –Hablo y leo francés, italiano, español, alemán, inglés y portugués. Nací en Rumania, mi madre era búlgara y mi padre alemán. También hablo ruso y otros idiomas eslavos, pudiendo leer y escribir con el alfabeto círilico. Lo había dicho con tal simplicidad que Anguilera bromeó: Diap 94 LOS PRISIONEROSLOS PRISIONEROS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 95.
    Y remangándose, mostróun número tatuado en su brazo. –No se preocupe, –continuó René– ya no hago falta. Lo que yo sé, está en esa gente. Pueden trabajar solos. –¿Tú crees que soy estúpido? ¿Que me voy a agarrar los dedos? Sigue produciendo, yo administraré. En la planta no sobra nadie, lo que hay de más son directores. Kreicherof controlaba con severidad. En pocos meses se elevaron las ventas, la producción y las ganancias. Al doctor Anguilera se le veía sólo en la reunión de directiva. Habiendo más ingresos, el sindicato agitó al personal en busca de mejoras salariales. Estaban casi logradas. Pero, para hacer demostración de fuerza formaron una barrera humana en el portón no dejando salir a Klaus en su carro. Éste retrocedió hasta la oficina. Dijo a René que subiese al coche. Y... a toda velocidad se arrojó sobre el piquete que se abrió en desbandada dejando lo pasar. :::::: Klaus Kreicherof era alto, fornido, pelado y aguileño. El personal lo llamaba el Judío. En pocos día se conquistó la simpatía de todos, desde los operarios a los superiores. Una vez se detuvo junto a un obrero que soldaba tubos. –¿Me permites hacerlo a mí? – preguntó a René. Y sin más, soldó uno en círculo de abajo hacia arriba, como en las petroleras. Los demás quedaron asombrados. –Es que antes... hice de todo. –dijo el Judío, jocoso. Luego, al seguir caminando, murmuró impávido a René: –Al contratarme me pidieron reducir la gente de planta. Que saliera de ti, que sabías hacer cosas pero no dinero. René sintió el dolor de una gran grieta. Calmo, respondió: –Agradezco la sinceridad. Si es así, me retiro ya. –René... Soy un sobreviviente. Para sobrevivir se debe ver la realidad. Nunca me mataron... Yo era necesario, útil. Diap 95 LOS PRISIONEROSLOS PRISIONEROS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 96.
    Éste estacionó elcoche y se dirigió al grupo. Miró a uno de los más jóvenes diciéndole: –Carajito... Tú si que eres ágil, parecías un saltaperico. Una carcajada general lo coreó. Klaus agregó sonriente: –Ustedes sí que son pendejos. No dejarme salir cuando iba a ver al doctor por el nuevo contrato. Desde la próxima semana tienen diez por ciento de aumento y cuarenta y dos horas semanales. Eso sí, con la misma producción. El personal lo vitoreó. Todos rodeaban felices a Klaus. René no salía de su asombro, hacía un instante lo odiaban. La gente se retiró. El Judío fue con René a la oficina. Llamó a Anguilera. Al colgar, miró a René diciendo irónico: –Íbamos a dar el quince por ciento y cuarenta horas. Ellos creen que ganaron. Los individuos razonan... las masas reaccionan. Y hay que hablarles en su propio idioma. Au revoir mon ami, voy a calcular los beneficios. René salió. Sentía resquebrajado el muro de sus ideales. Ya en la carretera, fríamente explicó como un tutor: –Has aprendido algo. El espíritu de equipo desaparece frente al instinto de supervivencia. –¿Y si no se hubiesen separado? –preguntó René. –Más de treinta y seis millones murieron en la guerra por no separarse. Judíos, gentiles, demócratas, socialistas, soldados, civiles. Prisioneros, carceleros. Sin ver que todos somos prisioneros, la mayor cárcel es la de las ideas. René lo miró. Klaus hablaba viendo lejos, en el tiempo. –¿Y mañana como estará esa gente? –volvió a preguntar. –René... El ser humano olvida rápido. Estamos en el trópico. Después de la tormenta los árboles se ponen más verdes. No esperemos a mañana. Volvamos a la fábrica. Giró el carro retornando a la fundición. En el portón aún se encontraba el personal hablando y gesticulando. Pero permitieron entrar al auto, viendo con enojo al chofer. Diap 96 LOS PRISIONEROSLOS PRISIONEROS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 97.
    La obra erahermosa. De la base en bronce semejante a una piedra, surgían figuras humanas sin definirse del todo, con sus brazos en alto y los dedos de las manos abiertas se estilizaban subiendo y retorciéndose en llamaradas. Tendría cerca de dos metros diez. Altura heroica. Todo transmitía una angustia indefinible, el desesperado deseo de seres aprisionados en la materia buscando la libertad. Su nombre era: Espíritus Prisioneros. Apenas Klaus conoció a Ángel hubo empatía. Era algo inexplicable, ya que no coincidían ni en forma de pensar ni sentir. Pero, bárbaros y romanos se unieron en el arte. Ese tarde iban a colar la estatua. La caja ya estaba lista con sus agujeros de carga y de las fumarolas listos. Ángel y Klaus habían ido a almorzar a Boleíta. Volvían apresurados. Al llegar a la fábrica comenzaron a girar. Se oyó una frenada y el golpe de otro carro contra la puerta donde venía el Judío. Habían chocado. :::::: La única verdad es la suma de todas las mentiras y verdades del mundo. (Tíbet) Con la misma naturalidad que un día desapareció, tiempo después Ángel volvió a aparecer en la fundición. Nuevamente su espíritu artístico, insatisfecho, aprisionado en los vaivenes que iban desde la creación de obras sublimes a la pequeña artesanía, estaba en la cúspide. Necesitaba fundir una escultura que, cuando René vio el modelo, era todo un reto para colarla. Juntos se sintieron como en tiempos idos, cuando cerca del mar y en unión de Frulí y el capataz vencían los inconvenientes. Pero aquel cuarteto ya no estaba, había montañas en vez de bahía, dos de sus integrantes sustituidos por Anguilera y Kreicherof, y la ilusión de un ideal en común cambiada por la ambición de la realidad de cada uno. Diap 97 LOS PRISIONEROSLOS PRISIONEROS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 98.
    Desinfectó las heridase hizo el curetaje. Luego comenzó a quitar los restos de sangre en el brazo. Cuando René lo levantó para limpiar la parte inferior, cerca del axila vio tatuado un número con un símbolo que le hizo horrorizar. Eran las SS de las fuerzas especiales nazis. Los asesinos que dirigían los campos de exterminio. ¿Sería uno de esos crueles criminales? ¿Cómo concordaba eso con la otra cifra cerca de la muñeca, identificándolo prisionero judío? René nada dijo. Terminó de limpiar. Puso esparadrapos en los cortes. Klaus se colocó la camisilla y camisa él solo. Volvieron a la fundición. Tal como lo había temido René, Ángel había acelerado la colada de la pieza. Además ya se hallaban sacándola de la tierra. Se rajaría. La levantaron. Estaba llena de huecos y grietas. René, comprensivo, dijo que la colarían de nuevo. Ángel le obsequió la defectuosa. Lo agradeció. Los Espíritus Prisioneros se veían en ella. El personal salió al oír el ruido. A Ángel no le pasó nada. Klaus sólo tenía el hombro sangrando por pequeños trozos de vidrio. El conductor del otro auto estaba bien. El judío solucionó a su manera el problema con el chofer que lo había embestido. Entraron a la planta. René observó que Ángel se mareaba. Recordó que éste no podía ver sangre, y dijo al vigilante que llevara Klaus a la enfermería. Pero, en forma tajante, el gerente rechazó eso diciéndole: –No... Cúrame tú, René. –Anda, René. –dijo Ángel, sonriendo– Aún sé como colar una pieza. Empezaré a hacerlo con el capataz. No podía despreciar a ninguno de los dos y se fue con Klaus, pero René sabía que Ángel pecaba de impaciente. En la enfermería ayudó a Kreicherof para sacarse la camisa. Debajo tenía una camiseta de mangas hasta el codo. Irregular para el calor tropical, pero René pensó que podía ocultar recuerdos amargos de la guerra. La sacó. Diap 98 LOS PRISIONEROSLOS PRISIONEROS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 99.
    –De todas formaste cobraré el material. –rió Klaus. –No me la llevaría de otra manera. –afirmó René, serio. –Lo sé. –Klaus, y ya no reía– Estás atado a tus principios. –¿Dónde te dejo, Ángel? –René cortó la conversación. –Donde salen los buses para el litoral. – respondió irónico. –A mí llévame hasta la casa. –ordenó Klaus. –René, sólo te falta la gorra y el uniforme de chofer. –dijo Ángel burlón, pero cada uno pensaba en lo hablado antes. Dejó a Ángel en el terminal de autobuses. Klaus pasó al asiento delantero. Iba indicando el camino hacia su casa. Nada más. Al llegar volvió a decirle con voz autoritaria: –Baja. Entra. Tomemos algo. Sé que te gusta la ginebra. Conocerás a mi señora... y podremos hablar. Sin explicárselo a sí mismo... René le obedeció. :::::: La Tierra cada tanto nos sacude para recordarnos lo insignificantes que somos René llevó en su auto a Klaus y Ángel para Caracas. El primero tenía una animada conversación con el escultor. A René se le dificultaba intervenir luego de lo visto. –Los artistas reflejan su alma en las obras. Pero tú eres un hombre independiente, alegre, libre. –le comentaba Klaus. –Vemos caras y no corazones, –acotó Ángel– mejor sería decir se ven máscaras. Nadie sabe de mi angustia, mi ansia de libertad, de ser... sin saber que quiero ser ni como ser. –El cráneo es la cárcel de nuestros sentimientos e ideas. Tenerlas dentro es sufrir. Y liberarlas, morir. –dijo René. –Cruel verdad. –siguió Ángel– La próxima pieza fundida quedará perfecta. Pero la de hoy, llena de huecos y grietas, representa lo que siento. Por eso quiero que la tengas tú, René. Tú sientes lo mismo y vives encarcelado tras un muro para protegerte de la realidad. Diap 99 LOS PRISIONEROSLOS PRISIONEROS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 100.
    –Como éste. Nosólo de los judíos. De todos los que ellos decían que eran pueblos inferiores. Si vivo es por Klaus. –¿Qué fue usted? ¿Qué es? –dijo René, ya intrigado– ¿Hebreo, alemán? ¿Nazi, sobreviviente judío? –¿Semita? ¿Ario? –siguió, Klaus– ¿Rumano?, ¿Húngaro?, Búlgaro?... Países... Naciones... Pedazos del mapa donde la gente tienen una musiquita particular, un pedazo de tela con colores, o llaman a las cosas diferente. Las personas necesitan creer que pertenecen a una raza, religión, piel, patria, aldea, familia, o política distinta, para pensar que hay otros inferiores y así sentirse diferentes y superiores. –Sin embargo la nación judía... –comenzó a decir René. –¡La nación judía!... –interrumpió Klaus– Mi hermano murió en el campo de Auschwitz. Y mi primo en Siberia como oficial alemán prisionero de los rusos. ¿Murieron por sus ideales o fueron esclavos de los conceptos inculcados :::::: La esposa era de ojos oscuros, que mantenían una gran belleza y amargura. Los hombres se sentaron en unos sencillos sillones. –Orchirí... ¿nos podrías traer esa ginebra lentré? Klaus lo había pedido a la señora con tal dulzura que no parecía ser el mismo hombre. Ella salió; y René preguntó: –¿Esas palabras son en ruso? –No... Significa "hermosura" y "alemana" en calé. Ella es gitana. Una sobreviviente del campo de Landsberg. René arrugó el rostro y quedó en silencio. Klaus siguió: –Vi que reconociste el tatuaje en mi axila. Sin embargo nada dijiste... ¿Por qué? Podrías haberme denunciado. –Ese es un problema suyo con su conciencia. Lo que no puedo comprender es el otro grabado de prisionero judío. Orchirí entró. Puso la bebida sobre la mesa y, subiéndose la manga, señaló su número cerca de la muñeca: Diap 100 LOS PRISIONEROSLOS PRISIONEROS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 101.
    –A mí meescondió y me hizo figurar ya exterminada. Al entrar las fuerzas aliadas, fuimos dos prisioneros judíos más y perdidos por los caminos. –agregó su esposa. –¡Cuantas cosas deben guardar en su memoria! –musitó René– No entiendo por que confiaron en decírmelas. –Porque sé que no las contarás. –dijo Klaus– Que las pondrás tras ese muro que habló Ángel. ¿Te digo algo ridículo? Lo que más recuerdo de esa época es cuando fui oficial, tenía un ordenanza para que me quitara las botas, me las lustrara y me las pusiera... me sentía un campeón. –Sé lo que fue, pero... ¿Klaus Kreicherof es su nombre? –¿Sabes lo qué fui, lo que soy?... –el judío volvió a su forma de ser irónica– No lo creo. Si yo no lo sé... ¿cómo lo pueden saber los demás? ¿Si este nombre es verdadero?... Sí, lo fue... Sí, lo es... Fue y es el de un prisionero. La botella de ginebra estaba por la mitad. –Sigo sin saber que fue usted. –espetó René. –Fui judío, pero en esos años se admiraba a los nazis y despreciaba a los judíos. Supe lograr una documentación como alemán. Fui oficial en el campo de Landsberg, en la administración. Allí conocí a Orchirí, era tan bella... Klaus se interrumpió, las últimas palabras sonaron tristes, y la gitana agregó mirando a René serenamente: –Los oficiales me tenían de ramera... así sobreviviría hasta que cualquiera de ellos me mandase exterminar. Klaus me pidió como su empleada...aún no sé como lo logró. René estaba asombrado de la sinceridad de ella. Mucho se debe sufrir para dar verdaderos valores a los hechos y no dejarse llevar por los de una vida artificialmente normal. –¿Y luego? –René se sentía absorbido por la narración. –El nazismo se hundía. Los aliados llegaban. Con otros soldados nos tatuamos los números como prisioneros y obtuvimos sus documentos. Otra vez era judío. Diap 101 LOS PRISIONEROSLOS PRISIONEROS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 102.
    A los tresdías se hace el esfuerzo de volver a la realidad. Se habla de miles de muertos y heridos. Nunca se sabrá. Los edificios parecen haber sido golpeados por garras. En el apartamento de René sólo se ha abierto una grieta en la pared del mirador. Nada le pasó a su familia, pero no ha podido comunicarse con Ángel ni con Klaus. El noticiero de la mañana lo aturde: Klaus y su esposa han muertos entre los escombros. Ángel, Mistral y los dos hijos son hallados reunidos en un abrazo final, bajo el peso del techo. Un periódico muestra la foto. René ve en ella los trozos de los dedos llameantes de la obra... y murmura: –Esos espíritus prisioneros ya son libres. Tiempo después se arregla la pared del mirador. Cuando se abre una grieta se le puede rellenar, pintar, tapar... Pero está allí, y en cualquier momento puede abrirse. ...oo0oo... :::::: Sábado 29 de julio de 1967. Nueve de la mañana. El día anterior, viernes, fue colada la segunda estatua de "Espíritus Prisioneros". Ahora se saca de la tierra. Es de una belleza extraordinaria, no presenta ninguna falla. La primera, llena de huecos y grietas, la tiene René en el estudio de su casa y la contempla desde el mirador cuando se hamaca en el chinchorro frente a la montaña Naigüatá. La nueva está limpia. Ángel desea llevarla al piso de Mistral. Le prestan el camión de la fábrica y operarios. Ocho de la noche. La ciudad de Caracas y el litoral son sacudidos por un terremoto. Caen edificios, unos se abren, otros se aplastan. Por dos días se repiten los temblores. Los servicios públicos colapsan, bomberos y médicos están agotados. Los seres que se salvaron de la pesadilla parecen sonámbulos que aún no despiertan. Diap 102 LOS PRISIONEROSLOS PRISIONEROS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 103.
    Pero esta remesadel 69 halló esa palabra humillante y se cobijó bajo el ambiguo término de perseguidos políticos. Aún más, con el rimbombante de "exilados". Alex, con Elda y su hija Elisa, vinieron así. Vivían en la casa de su cuñado René. La versión fue que Alex estaba fichado por la policía política sureña y podía ser detenido. Alex había tenido un puesto en la Procuraduría, éste le daba ingresos por trámites no correctos, algo visto natural. Pero, si se le investigaba habiendo un gobierno de facto pasaba a ser un perseguido político. Y todos los ayudaban para que saliese de la nación con la aureola de mártir. En Caracas tuvo la contabilidad de imprentas de patrones extraños: exprimían a sus obreros y se decían izquierdistas. Como siempre, éstos tienen el corazón en la izquierda y la cartera en la derecha. Y la tenían para pagar a Alex. Habían pasado trece años de la llegada de René, doce del inicio de la fundición y de ese país a la democracia. En ellos surgieron otras empresas generado por el petróleo. Y al país, los políticos para repartirse esa riqueza. Se estaba en 1969. En el Cono Sur se derrumbaron las bonanzas ficticias y nacieron gobiernos de facto. Algunos de sus habitantes huyeron tras el mito de Venezuela. Cuando la crisis es económica los últimos en salir son los más capaces. Pero, cuando la crisis es política, los primeros en huir son los inútiles. Inútiles ignorantes, que son los miserables que viven de la corrupción, acomodo y coima. E inútiles intelectuales, holgazanes instruidos que pasan su vida en un cargo ampuloso... y bien remunerado. Años antes, los extranjeros venían a trabajar y hacer un porvenir... No tenían vergüenza en llamarse emigrantes. Diap 103 LOS CUENTEROS LAS GRIETAS LAS GRIETAS 19 LOS CUENTEROS Nos gusta que nos engañen, por eso aplaudimos a un buen mago.
  • 104.
    –Te felicito, Alex.–dijo Adalberto, un exilado– Enseguida te ubicaste. Yo llevo seis meses buscando trabajo. –¿Y cómo te mantienes? –preguntó irónico, René. –Por suerte Adela sigue en la peluquería. Ahí conoció a la abogada Maigualida, la novia del ingeniero Marcos. Es una de sus mejores clientes y hermana de un alto militar. –Recuerdo que Adela comenzó a trabajar allí desde que llegaron. –comentó René–. Debe ser feo estar parada todo el día. Mantengo mi oferta. Tú estabas allá en la asociación de changadores. En la fundición hay lugar para hombres como tú. Y... ¿Ustedes siguen como novios o se casaron? –¡René!... por favor. –intervino su cuñado–. Cada uno es libre de hacer lo que quiere... es un principio de libertad. –Tienes razón, –respondió René– pero siempre que no perjudiques a los demás con los que haces. La casa de René se volvió centro de reunión para otros perseguidos e intelectualoides que quedaban hasta altas horas sublimando lo dejado y despreciando lo presente. René, cansado de esas reuniones, habló con el doctor Anguilera quien era el único capitalista que quedaba de aquel grupo inicial de la fundición. Gonzalo Donadez, el contador, se iba a una promotora. Alex era buen contable. René rompió su norma de no recomendar, y su cuñado quedó como sustituto. Esa noche tenía otra reunión. Todos decían que la casa de René estaba en el monte, pero venían a disfrutar de la paz reinante y... a liquidar la comida y bebida gratis. También se hallaban Gonzalo y el doctor Anguilera. Entre los nuevos estaban dos chilenos: Un tal ingeniero Marcos Möhen, galante y muy engreído. Y Leroy Lamprea quien no podía disimular su forma humilde y laboral. Marcos era el tipo mujeriego como Anguilera y Gonzalo. Las damas los critican, pero les encanta sus cameleos. Diap 104 LOS CUENTEROSLOS CUENTEROS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 105.
    –Sólo soy unhombre que le gusta enseñar a la gente y sacar buena producción. Para eso vine. No soy doctor ni director ni ingeniero. – respondió René– No terminé la carrera. Y lo que se terminó es el whisky. Leroy... ¿por qué no me acompaña a buscarlo y ve la cumbre del Naiguatá? Se levantaron yendo hacia el estudio. Dejó al chileno en el mirador. Leroy miraba la serranía cuando René se acercó con las dos botellas de whisky y le dijo: –Hermosa paz, esas montañas imponen serenidad. –Así es. Me recuerdan mi patria. –Leroy bajó la voz–Usted es un hombre de bien, señor René. Voy a confiarle algo. Cuídese de Marcos, es falso. Nunca fue ingeniero, era un guillotinero. Pero al llegar se arrimó a esa abogada y ella le obtuvo la revalida de lo que no era. Si lo dejan hablar, él convence... y a los de aquí les gustan los cuentos. –Mira, René. No salí de mi país para ensuciarme de carbón. –aclaró Adalberto– Soy un organizador. Mi primo es secretario del partido. Yo distribuía los changadores, no cargaba. No veo correcto casarme hasta que no tenga algo seguro. Lo haré al volver, cuando acabe la dictadura. –Estoy de acuerdo. –dijo el ingeniero Marcos– Vinimos a este gran país para darle lo mejor y progresar. Si hacemos cualquier trabajo, no mejorará el país ni nosotros. –¿Oyes, René? –acotó Anguilera– Hay que hacerse valer, ser afamado. Si uno es importante, el grupo lo será. –No estoy de acuerdo. –opinó René– Es al revés, si el grupo es importante, sus integrantes también lo serán. Adalberto, Alex y Marcos Möhen pertenecían al tipo de los inútiles instruidos y tenían fascinadas a las damas. Pero Leroy parecía un hombre simple, de trabajo, algo servil, e intervino en la conversación: –Usted es un idealista, señor René, es diferente. No parece que fuese un director o un doctor, o un ingeniero. Diap 105 LOS CUENTEROSLOS CUENTEROS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 106.
    –Como el hierrofundido, –dijo René, triste– duro, fuerte. Pero, si tiene grietas por dentro, un golpe lo puede romper. –Te extrañaré, René. –siguió Gonzalo– Por lo cáustico y porqué siempre pude contar contigo. Frulí y Don Giani fueron más divertidos, sin embargo eran aves de paso. –Ellos querían hacer dinero para su vejez. – comentó René– Yo quise hacer un nuevo país para los míos. –¿Lo lograste?...–preguntó el doctor Anguilera. –Usted es quien debería responder esa pregunta. Por la ventana entró el frío de la montaña:. Era tarde, y los invitados se despidieron. Edith se fue a acostar. René, parado, miraba por la ventana del dormitorio el gris azul que antecede al amanecer. La velada había sido larga. –¿Tenías que discutir con Adalberto? ¿Qué te importa lo de él con su mujer? Si así son felices es problema de ellos. :::::: Todo es igual, nada es mejor... (Tango "Cambalache") Cuando René y Leroy volvieron a la sala, todos habían hecho un grupo y el doctor Anguilera era el centro de atención. Edith se hinchaba de gusto por lo que éste decía. –René... –llamó ella, haciéndolo sentar a su lado– si no fuese por el doctor ni me enteraba que has sido el principal autor de la norma nacional para fundición en hierro. –Fuimos un equipo. –aclaró él– Y muchos artículos son adaptados de normas japonesas, americanas y europeas. –¿Ves Edith como es? –siguió Anguilera– Yo lo supe por Gonzalo que vino atónito de una reunión donde René dio una clase magistral. Y cuando le pregunté a tu esposo, dijo que todo había sido normal. –Enseñar es lo natural. –aclaró René– Aprender, lo que se resalta... y cuanto más se aprende, menos sabemos. –René... –indicó Gonzalo– Frulí y Don Giani decían que eras como el hierro fundido: moldeable pero inflexible. Diap 106 LOS CUENTEROSLOS CUENTEROS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 107.
    –Por favor... Altamiraestá a quince minutos. Los chicos asisten al mejor colegio de Caracas. Todas las tardes vas al club y te juntas con las esposas de otros ejecutivos. No hay teatro o ballet que no veamos. ¿Eso es embrutecerse? –Es inútil hablarte. Y para terminar la reunión tuviste que dar esa respuesta al doctor. No supo que decir. Podrías aprender del ingeniero Marcos. Él sabe estar en sociedad. René rió burlón y se fue al chinchorro del mirador. Días después Anguilera nombró Gerente General de Planta a Marcos Möhen, título ampuloso para una empresa que luchaba para sobrevivir. Pero Marcos se había vuelto compañero inseparable en las juergas del doctor. Alex sabía jugar el papel de hombre formal por un lado y a la vez camarada de esos dos hombres, acompañándoles. René llegaba en la noche y se quedaba mirando la estatua "Espíritus Prisioneros" llena de poros y grietas. –Me extraña que no defiendas a Adela, es tu amiga. –le respondió– Adalberto es un caficio que dice no conseguir trabajo digno, y vive a costilla de esa pobre tonta. –Pero ella tienen alguien con que compartir, yo nunca sé nada de ti. Quedé como una estúpida cuando Anguilera me felicitó por lo que habías hecho en la norma. –Cuando te hablo de mi trabajo, dices que no se tocar otra tema. Ya ves... –ironizó– todavía soy capaz de escribir. –Nadie niega tu capacidad; –dijo ella– pero no te das a valer. Alex todavía no ocupó el puesto y ya el doctor le adelantó dinero para alquilar un apartamento en Altamira. Ellos vivirán entre la gente. Nosotros, aquí, en el monte. –Dios los cría y ellos se juntan. A él y tu hermana les gusta estar cerca de sus iguales: falsos perseguidos, falsos intelectuales y falsos izquierdistas. Yo estoy cerca de las fábricas, de los obreros, de la gente que hace, de los míos. –¿Y yo y tus hijos? ¿Nos embrutecemos en este monte? Diap 107 LOS CUENTEROSLOS CUENTEROS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 108.
    Al día siguientede irse Marcos, el doctor y Alex fueron a la oficina de René y, con forzada sonrisa, Anguilera le dijo: –¿Te sientes mal, eh?... ¿Podrás reparar los hornos? Desde hoy, eres el Gerente General de Planta. –Déjeme en mi cargo. –respondió– Con los muchachos los arreglaremos. Están rotos por la ignorancia de Marcos. Pero también por culpa de usted, que se deja camelar por cualquiera que lo lleve de parranda donde haya faldas. –¡René!... –exclamó Alex– El doctor te valora. No es justo ese trato. El también es humano. No todos son como tú. –Lo merezco. –dijo Anguilera a René– Sabía que Marcos era alguien divertido, pero no ingeniero. Creí que lo técnico lo aprendería de ti, pero se le subió la soberbia. Finalmente me lo advirtió Alex. ¿Por qué no me avisaste tú? –Él era mi jefe. Cuando le decía a usted de los errores, parecía resentimiento. Y lo que supe de él fue confidencial. –Siempre tan estricto. –dijo el doctor– Vales mucho, pero cansas. Por eso quise cambiarte. Es difícil ser tu amigo. :::::: Por sus obras los conoceréis... René quedó como jefe de producción: Sus advertencias sobre los errores eran vistas como disgusto por el cambio. Cuando Marcos ordenó que se calentaran los hornos rápido cada vez que se necesitasen, René avisó el peligro de rotura. La respuesta fue que ahora existía un ejecutivo que sabía gerenciar. Cínico, Marcos le dijo: –Dime, René. Sé sincero... ¿Viniste a hacer plata o a qué? Para seguir igual te hubieras quedado en tu tierra. –¿Cuál es mi tierra? –respondió– ¿Dónde nací? ¿Dónde me crié? ¿Ésta, donde estoy? Ninguna tierra es nuestra, uno es de la tierra donde lucha. A los pocos meses los hornos estaban rajados y Marcos se retiraba diciendo que había hallado un puesto mejor. El doctor Anguilera ofreció una cena agradeciéndole sus servicios. René pensó que sería en premio por las juergas. Diap 108 LOS CUENTEROSLOS CUENTEROS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 109.
    –Me pregunto, –siguióAnguilera– quien quiere más a esta tierra, si yo que nací en ella o tú que llegaste. Ven, los invito a almorzar... y no me hablen más nada de la fábrica. René pensó en la ironía del acto religioso. Raquel era la última querida del doctor con quien tenía una hija natural. Rosabel era la primer hija, legitimada, de una mujer mayor cuando estudiante. Más tres hijos legítimos con su esposa. El obispo era un viejo amigo de Anguilera, quien aún salía con él de juergas y tenía una lujosa casa con dos muchachas que decían ser sus sobrinas. Caridad cristiana. Se entronizó la imagen. Se ofició la misa. La querida y la hija comulgaron juntas. Alex y Anguilera inclinaban sus cabezas junto con los negritos y negritas del lugar. Y para completar el acólito fue René, un libre pensador. Era el único que recordaba los rezos con los curas de La Teja. –Ésta es su fábrica. Usted elige su personal. Los amigos fáciles abundan. Viene, se van y... nos llevan a la quiebra. –Vámonos, doctor. –dijo Alex– René es así, pero esté seguro que nos sacará del pozo. Veamos los balances. Los dos hombres se fueron. René llegó hasta los hornos, sus paredes estaban llenas de grietas. La mayoría se podrían reforzar con zunchos. El grande debía rehacerse. Más tranquilo, se dirigió al estacionamiento. Allí estaban Anguilera y Alex esperándolo. El doctor le dijo: –Mira. El sábado de mañana vendré con Raquel y un obispo amigo para bendecir la empresa. Así le sacamos la mala suerte. Mi hija Rosabel traerá una estatuita de la Virgen para poner en el jardín. ¿Podrás hacerle una cripta? –Sin problemas. –respondió– Eso reanimará a la gente. Pero estamos así por los hombres, no por la suerte ni por Dios. Él es tan generoso que nos dio este gran país. Diap 109 LOS CUENTEROSLOS CUENTEROS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 110.
    No pensaban queeso se obtenía gracias a los préstamos bancarios y oficiales... y que un día deberían pagarse. Cuando René dijo que el horno grande estaba muy mal, la respuesta fue comprar uno nuevo y de más capacidad. Anguilera le mostró una oferta traída por un amigo de él. René explicó que ésta era excesiva, que ese costoso horno satisfacía la demanda de media América del Sur. –Ese será nuestro orgullo. –ordenó Anguilera– Seremos los más grandes. Exportaremos a los demás países. René calló, era inútil razonar. El trópico es así... Recordó la frase de Leroy: " A los de aquí les gustan los cuentos." Al llegar a su casa, miró la estatua "Espíritus Prisioneros". Y en el muro del balcón estaba tapada una grieta. ...oo0oo... :::::: En todas partes hay cucarachas, pero en Venezuela... Vuelan. Antes del mes René y su personal tenían otra vez la planta funcionando. Coincidió con un progreso económico por el alza de precios del petróleo. Los pedidos de piezas se multiplicaban. Hubo que poner un segundo turno. Esto alegró a René, cerca de la fábrica había ranchos con campesinos venidos del interior tras la utopía de la ciudad y conociendo la miseria de ella. Pero el resto de la sociedad vivía dentro del despilfarro de esa riqueza transitoria. René veía repetirse el problema del sur, allá había sido el oro rojo de la carne, aquí era el oro negro del petróleo... pero el final sería el mismo: crisis moral y económica. Él citaba el ejemplo sureño. Ninguno le escuchaba. Nadie oye prevenciones cuando está en la abundancia. Alex se envanecía mostrando al doctor Anguilera las altas cifras de beneficios y los gráficos de ventas remontándose. Diap 110 LOS CUENTEROSLOS CUENTEROS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 111.
    Allí tenía laconcubina vieja, otra menos mayor, una tercera llena de juventud, y dos morrocoyes. Con las tres mujeres tenía relación marital, eran amigas y lo cuidaban. Miguel le había hecho conocer a René lo autóctono de Venezuela. El criollo era simpático, alegre y campechano. Ultimamente había cambiado. No soportaba la tensión del trabajo bajo estándares y la monotonía de hacer lo mismo. Miguel era un maestro herrero, no un jefe productor. Ya había tenido algunas discusiones con René por no entregar la cantidad solicitada, charlaba con su gente, la entretenía con sus anécdotas... en fin: buscaba el choque. Leroy lo halló esa tarde sentado con el personal, riendo todos y con las piezas sin mecanizar. Le llamó la atención y el viejo le respondió de mala forma. Leroy fue con René: De aquella remesa de perseguidos quedó Leroy como capataz de mecanizado y fue por su capacidad técnica. No pecaba de vanidad como sus compatriotas, pero a veces caía en el servilismo y abusaba de la bebida. Desde el montaje de la planta, René contó con la ayuda de Miguel, viejo herrero de manualidad extraordinaria. Uno de esos hombres cuya su profesión es: Todista. Era un ser muy peculiar. Criollo, se le veía en su piel el indio, el negro y el mantuano. Originario de Maracaibo, había estado en la cárcel por matar a un jefe de él. Y las pocas veces que hablaba de ello, repetía: –Mi madre lo dijo: Hay cosas que se deben hacer. Al salir de la prisión vino a Caracas con la fiel concubina que lo había visitado durante su condena. Y ahora vivía en La Pastora, barrio costumbrista, en un hogar muy extraño. Diap 111 LAS REALIDADES LAS GRIETAS LAS GRIETAS 20 LAS REALIDADES Cuando un sueño se vuelve realidad, comprobamos que es diferente a como lo soñamos
  • 112.
    Y, sin más,se dio vuelta yendo para la oficina. Desde los galpones llegaba el ruido del taller trabajando. Recordó que Miguel había matado a un jefe. Se quedó tranquilo. Luego llegó el vigilante diciendo que Miguel estaba en el bar de Caucagüita esperando René a la salida del trabajo. A las cinco, René se sentaba frente a Miguel en la mesa. El viejo herrero pidió dos cervezas y le preguntó: –¿Recuerdas lo que dijiste una noche, en ese mostrador, cuando aquel tipo sacó un revólver y te lo puso en la sien? –Sí... –contestó René, repitiendo– Las armas se sacan para usarlas, sinó se tienen guardadas. –Y el hombre la guardó. –dijo Miguel– Catirito... Hoy me hiciste guardar el arma a mí. Vamos a olvidarlo, son locuras que uno tiene. Soy tu amigo. Ahora más que antes. Chocaron los vasos de cerveza brindando por su amistad. Eran vasos gruesos, de taguaras del camino. En sus paredes había grietas pero, no se rompieron. –Dice que por hoy no trabaja más... que lo obligue usted. René comprendió. Si no iba perdía toda autoridad. Y si iba perdería a uno de sus compañeros fundadores. Se dirigió a la sección mecanizado. Los obreros hicieron rueda. Querían saber si ambos eran como pensaban. –Miguel... –indicó frío y sereno René– ponte a trabajar. –No tengo ganas. –respondió– ¿Qué vas a hacer? –Miguel... –René seguía igual– Estás despedido. Retírate de la compañía. Mañana ven a buscar tu liquidación. Miguel sonrió provocador, mientras decía burlón: –Catirito... No eres el hombre que me va a sacar de aquí. René, sin decir palabra, colocó su mano en el hombro del viejo. Y, así, lo llevó hasta la entrada. Allí le repitió: –Maestro Miguel, estás despedido. Soy y seré tu amigo. Pero, lo dijo tu mamá: Hay cosas que se deben hacer. Diap 112 LAS REALIDADESLAS REALIDADES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 113.
    Cuando entraron enla recepción, la sensual joven le miró en forma erótica, mientras le decía con voz melosa: –¿Usted es el señor René? ¿El que dirige toda la fábrica? Debe tener locas a todas las mujeres de allí. –La única mujer allí es una vieja secretaria. –dijo entre molesto y burlón– Además hace años que estoy casado. –Bueno... –sonrió procaz– Será casado, pero no capado. René rió por compromiso y se marchó para la oficina del doctor, en la recepción quedó Leroy en su espera habitual. No tendría Anguilera trabajo para lograr los favores de la nueva recepcionista... o ya los habría tenido Gonzalo. –¡Mi amigo!... –exclamó éste al verlo– te esperaba. –O estás sin carro o necesitas algo. –ironizó René. –Ambas cosas. –respondió– Te espero en la recepción. Hasta la próxima, doctor. Y lamento haberle ganado. Gonzalo y Anguilera rieron, René sacudió la cabeza. :::::: El ser humano progresará, pero nunca mejorará René y Leroy llegaron a las oficinas. De hacía tiempo el último acostumbraba acompañarlo para luego quedar allí esperando al doctor Anguilera con quien salía de juerga. Anguilera era agradable, simpático, buen hablador, atraía a las mujeres. Y eran su debilidad. Fuese una dama o una mesonera le daba igual, creyendo haberla conquistado. Leroy sustituyó a Marcos. Pero su vicio era la bebida, no tanto la mujeres. Servía al doctor y éste pagaba las copas. Al llegar, encontraron que estaba Gonzalo Donadez con Anguilera. El doctor había cambiado de recepcionista. Las voluptuosas y tontas empleadas duraban en ese puesto desde la novedad de su entrada hasta haberse acostado con el dueño o algún jefe. Y Gonzalo, a pesar de no pertenecer a la empresa, venía a competir con el doctor en ser el primero... o el segundo. El orden no era importante. Diap 113 LAS GRIETAS LAS GRIETAS LAS REALIDADESLAS REALIDADES
  • 114.
    –¿Y tu señoracomo está? ¿Y la nena? – preguntó René. –No nombres el diablo en la precesión. Tú sabes que soy un buen marido. Pero lo uno no quita lo otro. Recogieron a la muchacha quien estaba feliz de ver a su amor. René manejaba. Gonzalo se sentó con ella atrás. Sin escrúpulo alguno le dijo que ambos habían gozado, que ella sabía que él estaba casado, que había obtenido lo que buscó. Y con una cínica sonrisa la despidió diciéndole: –Adiós, y que te vaya bien, más suerte la próxima vez. La muchacha bajó del carro llorando. René, en silencio, llevó a Gonzalo hasta la casa. Saludó a la esposa y a la hija. Al subir al auto, miró a Gonzalo y friamente le dijo: –Adiós, y que te vaya bien. Gonzalo había perdido un amigo. No le importaría. Y René sintió que el muro tenía otra grieta. –Eres único, René. –dijo el doctor– Un libre pensador que no cree en Dios ni en religiones ni en políticas. Sin embargo tu moral es estricta. Recuerdo cuando al poco de llegar, cerca de la fábrica, una mulata joven se enamoró de ti y se te ofreció con el rancho y todo. Y tú no aprovechaste. –Creo que es injusto, –acotó él– utilizar la suerte de estar en una posición mejor para abusar de los humildes. –Si ellas lo disfrutan y tú también... ¿qué hay de malo? La vida hay que gozarla. De viejo te arrepientes, te confiesas y Dios perdona. Hubieras ido con ella y tenido un bachaco. Hoy serías mi pariente. Es prima mía, hija natural de un tío que enamoraba a todas las negras del lugar. René prefirió cambiar de tema. Le informó y se retiró. En la recepción le esperaba Gonzalo, las miradas de éste y la recepcionista denunciaban su relación. Los dos hombres salieron en el carro. –Llévame hasta el Correo, –le pidió Gonzalo– me espera una que quiero largar. Con la recepcionista me alcanza. Diap 114 LAS GRIETAS LAS GRIETAS LAS REALIDADESLAS REALIDADES
  • 115.
    René sonrió. Llamandopor su nombre al doctor indicaba el apego que se tenían. Leroy se retiró. A los pocos días se repitió la situación. Y sin más, René lo despidió. Una hora después vio llegar el doctor Anguilera. Venía con Leroy. Fueron bajo el añoso cedro cerca del río. –Carajito. –ordenó Anguilera– Tú tienes la razón. Pero reengancha a Leroy. Me prometió que esto no se repetirá. –Se le previno. –respondió duramente René– Y sigue despedido. Es cuestión de orden. Si él entra, salgo yo. –Bien. –dijo el doctor– Tú ganas. Cuesta ser tu amigo. –No lo creo; –afirmó él– sólo se debe jugar limpio. El doctor Anguilera y Leroy se fueron. René se quedó solo. Sabía que, bebiendo en el bar de Caucagüita, los dos le criticarían. Mientras él, en silencio, sentía otra grieta. :::::: Una manzana podrida arruina el cesto... (Viejo refrán) Otra mañana más que René tenía que organizar el trabajo en la fundición. Leroy nuevamente se había retrasado. Y cuando llegó... tenía un olor insoportable a alcohol. Las borrachera de fin de semana era general en el país. Pero en días laborables y siendo un capataz, constituía un mal ejemplo... además del peligro que podía surgir en el manejo de cubilotes y cucharas con metal fundido. La noche anterior René lo había dejado esperando a su compinche, el doctor Anguilera quien bebía en cantidad. René fue con Leroy hasta la oficina de la casona. Cerró la puerta. Miró severamente al capataz, y con frialdad le dijo: –Leroy... Vete para tu casa. No te voy a dejar en el taller en ese estado. Y si apareces otra vez así, estás despedido. –René. –se justificó Leroy con voz gangosa– Tú sabes como es el doctor Anguilera. No se le puede despreciar. Alberto, mientras haya caña y mujeres sigue de largo. Diap 115 LAS GRIETAS LAS GRIETAS LAS REALIDADESLAS REALIDADES
  • 116.
    La bonanza tambiénlos había afectado. En la casa había tres carros, en Navidad viajaban al sur, iban de vacaciones a Miami y los closets estaban llenos de ropa a la moda. Pero, nada llena el vacío cuando en la pareja desaparece la mutua admiración y respeto, una cosa llamada amor. René, muchas veces, al volver de la oficina añoraba aquel tiempo cuando iba por la vieja carretera oscura y silenciosa, con los sueños de tener una familia llena de amor y el ideal de ayudar a hacer en país mejor... Hoy era una vía ancha, bien iluminada, llena de ruido y de gente cruzándose en sus autos veloces. Hoy en el hogar imperaba el silencio y en el país la charlatanería. En la casa, los "Espíritus Prisioneros" lo esperaban en un rincón... y la grieta en la pared nadie la notaba. ...oo0oo... :::::: Por años existió el auge y se creyó que no terminaría. El nuevorriquismo y la apariencia fue característica común. Por ende, los escritorios en Caucagüita no eran acordes y se mudaron a una lujosa torre de oficinas en Chacao. Sólo quedaron en la antañona casa, René, un dibujante, un empleado y una vieja multiuso que hacía el café, quien era recepcionista, secretaria y atendía las teléfonos. No se justificaba el costo de las nuevas oficinas, pero René sabía que su opinión chocaría con el jactancia de Anguilera y la vanidad de Alex, feliz de estar en la ciudad. Todas las tardes, René, al salir de la fundición, iba a ellas para mantener el cordón umbilical de la parte productora con ese feto. Luego, ya tarde, volvía a su casa. No importaba que llegase temprano, a los pocos minutos él se enfrascaba en algún dibujo y Edith hablaba por teléfono. Sólo los hijos ponían calor de hogar en la cena. Diap 116 LAS GRIETAS LAS GRIETAS LAS REALIDADESLAS REALIDADES
  • 117.
    El joven, unniño consentido, con desparpajo les dijo: –Cuando lo vi, ya estaba encima. Mi novia tiene un brazo fracturado. El padre me va a matar. Es un militar arrecho. Los tres hombres se miraron aguantando una grosería. Aparecieron dos agentes en sus motos. Poco después una ambulancia que se llevó a la muchacha. El joven fingió estar herido, nadie le creyó. Autorizaron mover los carros. René y el de la rural, Leopoldo Latineri, quien era gerente de una empresa láctea, los pusieron en el hombrillo. Pérez, el humilde dueño del coche europeo, que iba para una clínica donde su esposa estaba internada para dar a luz, vio como una grúa llevaba los restos de su carro. Al haber heridos en el accidente, los involucrados debían ir detenidos a la cárcel en la división o Retén de tránsito. Era cerca de las nueve de la mañana cuando René iba con su camioneta por la autopista Oeste. Se dirigía a una siderúrgica que tenía una buena oferta de tochos. Vio que la vía empezaba a congestionarse y fue frenando suavemente hasta quedar cerca de otra camioneta rural. Miró por el retrovisor, detrás tenía un viejo carro europeo detenido. Vio acercarse a gran velocidad un auto moderno. Sintió el impacto. René dio despacio con su auto contra el coche anterior. El carro europeo había desaparecido bajo su camioneta. Del último vehículo salían gritos. René y el chofer de la rural bajaron. Un muchacho de apenas 18 años, sin heridas surgió del coche moderno. Al chofer del carro europeo hubo que ayudarlo a salir del amasijo de hierros. Milagrosamente no estaba lastimado. Diap 117 LOS REOS LAS GRIETAS LAS GRIETAS 21 LOS REOS Cuando la justicia se convierte en ley deja de ser humana. Y cuando la ley necesita de representantes, deja de ser justa...
  • 118.
    –¡Señor René!... –exclamóella– ¿Cuantos años sin verlo!Creí que se había marchado para su país. –Por lo contrario, –respondió él– me nacionalicé. Ahora soy criollo, y sigo en la fábrica de Caucagüita. –Coronel... –dijo ella dirigiéndose coqueta al oficial– este hombre es uno de los fundadores de la industria en la nación. Mi primer esposo lo apreciaba mucho. –Siéntense, señores. –ordenó el militar mientras leía los legajos– Ese joven es el único responsable, la va pasar feo. El padre de la novia es un general de los bravos. –El más perjudicado es el señor, su esposa está dando a luz. Y él perdió el carro por completo. –indicó René –Señor Pérez, –siguió el oficial– sería inhumano retenerlo ahora. Señor René, señor Leopoldo, no tienen culpa. Pero, se abrió el expediente. Los tres son caballeros. Vayan con sus familias. Vengan mañana a las ocho, serán detenidos. Es sólo una formalidad. En pocas horas estarán libres. Uno de los policías ya se había ido en su moto con el joven. El otro, llevando a Pérez, les dijo a Leopoldo y René: –Sus carros están bien. –sonría cómplice– Síganme para prestar declaración en la comisaría... Por si nos separamos, soy el agente Ruperto, número 567890 Ellos habían visto que en los papeles del choque el fiscal no había puesto ni los nombres de los dos ni las placas de sus carros. Era una indirecta para que se marcharan y luego le brindasen un ingreso extra. Pero Leopoldo era otro como René, y fueron en sus coches tras el agente. En la comisaría declararon. Al saber la situación de Pérez y los puestos que tenían Leopoldo y René, los condujeron al coronel responsable de la seccional. Llegaron a su oficina. En un sillón estaba una elegante mujer que sonrió con picardía Era la viuda del ingeniero León, luego casada con alguien de la fuerza naval. Diap 118 LOS REOSLOS REOS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 119.
    Gracias a Leopoldo,en la mañana llegaba una remesa de leche, jugos, bebidas malteadas. Y a su vez cada tarde los familiares de cada uno traían comidas exquisitas. Al retirarse los visitantes, todo se guardaba en las neveras y se repartía luego en el mayor compañerismo. Sobre todo dándole a los recién ingresados, que sólo traían lo puesto. Durante el día paseaban por el amplio salón, jugaban a las damas, ajedrez, dominó, etc. Quien no observara las rejas hubiese pensado que estaban en un club. Pero había dos momentos humillantes: Uno, previo al desayuno. El segundo era a las seis de la tarde. Debían ponerse en hilera, de frente, codo con codo, e ir contándose gritando cada uno el número correlativo. Dejaban de ser personas, individuos. Junto con la cédula les habían sacado la identidad... sólo eran un número. :::::: El poder... el poder embriaga. Y más si el envase es un uniforme. El sol entró por el cuadrado en la pared del corredor. Era el tercer día que René y Leopoldo veían el amanecer entre rejas. A pesar que las puertas de los calabozos y crujías no se cerraban ni de noche, la sensación de cárcel dominaba. El padre de la joven, furioso con el pretendiente de su hija, prohibió a ella atestiguar. Así, el juicio no se iniciaba. No le importaba que Pérez, el humilde y primerizo padre, no pudiese conocer su hija ni que Leopoldo y René fuesen inocentes, sólo le interesaba perjudicar al muchacho. Nada podían hacer los abogados de Leopoldo ni el de fundición. Menos aún Pérez, que ni podía pagar un letrado. Afortunadamente el ambiente del Retén era agradable, la desgracia une. Allí se hallaban juntos desde mensajeros motorizados hasta gerentes, de camioneros a directores, de analfabetas a doctores, de negociantes a poetas. Diap 119 LOS REOSLOS REOS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 120.
    Sin embargo, habíaalguien que se aislaba no confraternizando con los demás. Era Guillermo, el joven causante del accidente. No se sabía si era por irresponsabilidad o remordimiento, pero se pasaba acostado y tapado con las frazadas traídas por su familia, parándose sólo para comer. Esa mañana tuvieron la buena noticia que la muchacha había ido a declarar. Desde ese instante Guillermo cambió, feliz, charlatán, hacia bromas a todos. Cuando las empleadas del Retén les previnieron que el expediente lo llevaría un juez muy severo, Guillermo, con desfachatez inconcebible dijo a los demás: –A ese juez se lo conquista mi mamá. Ella sabe como levantar a un hombre. Les apuesto que salgo de primero. Pocas veces hubo tanto silencio en esa crujía. Antes Guillermo se aislaba, ahora los demás lo evitaban. Pero, siempre se huía de la tristeza y depresión buscando cualquier motivo para festejar en camaradería. La llegada de la orden de liberación, un cumpleaños, o especialmente como la tarde anterior, cuando se supo que la señora de Pérez había tenido una niña. Las empleadas del Retén y los guardias se unieron a la fiesta. La reunión duró hasta las siete de la noche, a esa hora debían apagar las luces de los corredores. Jamás el humilde Pérez habría tenido un festejo así, las empleadas le hicieron regalos para la bebé, un cantante detenido le improvisó para la niña. Leopoldo prometió darle productos lácteos infantiles por un año: El dueño de una mueblería, el cual había chocado, rompiéndose su acompañante un dedo, regaló la cuna. René se ofreció como garante para la compra del carro. Pero tras toda esa alegría había una tristeza... no podía salir a conocer su hija. No importaba que él fuese inocente, para la ley sólo representaba un reo detenido. Diap 120 LOS REOSLOS REOS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 121.
    Completaba un salóncentral de tres unidades. Y el Retén formaba un piso de treinta y seis metros por lado. En los dos pisos superiores estaba la cárcel de mujeres delincuentes. Y cerca, separada por un patio con torres de vigilancia, la de hombres criminales y malhechores. No había Retén para las mujeres que tenían accidentes de tránsito, por tanto no se les detenía. Una justicia sexual. Cada tanto traían presos comunes de la cárcel cercana para la limpieza del Retén. Las miradas de éstos hacia los privilegiados era más que expresiva. René sugirió hacer la limpieza ellos mismos y, fuese por hastío o por consideración, todos colaboraron. Cuando llegaron los presos comunes, les brindaron una sonrisa de camaradería a los del Retén. Era seguro que ambos grupos habría seres justamente encarcelados y otros víctimas de la ley. :::::: Cuadrado de la celda, cuadrado de la ventana... cuadra del patio... ¿será que la justicia es cuadrada? Quien había hecho el Retén tenía obsesión del cuadrado. Las cuadradas celdas alojaban dos personas. En cada pared lateral una loza de cemento servía de cama. Al fondo un lavamanos, un mesón, y un inodoro que no se usaba. Había cuatro crujías, formada cada una por un corredor con cuatro calabozos por lado y un paso de servicio detrás. Eso hacía una unidad cuadrada con dieciséis detenidos. Por tanto el máximo de reclusos era sesenta y cuatro. Para no superar esa cantidad, se aceleraba la libertad de alguno o se tenía con los nuevos la amabilidad de dejarlos ir la primer noche a sus casas como hicieron con René. Había otros dos cuadrados de doce metros por doce. En uno estaban los sanitarios, lavamanos y duchas. En el otro la oficina y recepción más el ducto de las escaleras. Diap 121 LOS REOSLOS REOS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 122.
    Y, mientras sacabanrecortes y papeles, Rómulo comenzó a narrar: Era camionero, persona estimada en el cerro donde vivía. Una noche estacionó el camión cerca de la casa. En la mañana, al salir, el vehículo perdió los frenos, ouso la marcha atrás, la caja se rompió. Bajaba a gran velocidad destrozando todo. De un rancho salió una criatura corriendo asustada. Jamás olvidaría la sensación de pasar con las ruedas sobre la niña. La deshizo. Era su ahijada. Había una foto de ella al pie de la Virgen. Y El Ujier esperaba su condena. Era las siete. Todos estaban callados. Se apagó la luz. Al día siguiente, Guillermo fue liberado de primero. Su madre trajo la boleta. Al ver la mujer se entendió la razón. Un guardia trajo otra boleta, Rómulo era condenado a diez años en la cárcel de delincuentes. El Ujier lloró... allí sería violado, abusado. A los tres meses apareció muerto. En el salón había ocho mesas cuadradas. La última, al fondo, servía de base a una imagen de la Virgen del Valle. Siempre estaba rodeada de velones encendidos y flores. Delante tenía un vaso donde se dejaba el dinero que se daba a las empleadas de la oficina para que comprasen esas devociones. Nunca se supo que faltase una moneda. La imagen, una estatua de ochenta centímetros, la habían traído los familiares de Rómulo, el detenido más antiguo de allí. Llevaba casi un año por las apelaciones de su abogado y los ruegos de su familia a los jueces. Los guardias le habían creado el cargo de ubicar a los detenidos nuevos. Y le decían El Ujier. Era un hombre educado, humilde, con una tristeza infinita. Dio a Leopoldo y René una celda, y a Pérez y Guillermo otra, cerca de la ventana, en su crujía. Ésta tenía cortina en la entrada, frente a los baños y el sol pegaba en la mañana. El Ujier rezaba el rosario a la Virgen antes de ir a dormir. Al volver esa noche, en la crujía sólo quedaban los cuatro. Diap 122 LOS REOSLOS REOS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 123.
    Los guardias lesdecían, entre riendo y en serio, que no se alejasen. Que si huían, los que irían a prisión serían ellos... y nadie es más maltratado que un carcelero preso. Tuvieron la felicidad de que viniese la esposa de Pérez con la criatura. Nunca una niña tuvo tantos padrinos que quisieran pasearla en sus brazos. La hora de visita se multiplicó por cuatro. Las esposas se hicieron amigas entre ellas. Todos los familiares pasaron al salón y hasta conocieron las crujías, baños, duchas. Era un grupo unido por la prisión de sus seres queridos, una gran familia sin diferencias sociales. Los guardias, en lugar de carceleros, parecían cicerones del lugar. La señora de Leopoldo Latineri traía exquisiteces de la cocina italiana. Sus hijos hicieron amistad con los de René. A éste le extrañaba que Edith, tan buena cocinera, venía con pollos y otros platos del parador cercano a la prisión. :::::: La primera vez se puede ser culpable o inocente. La segunda, se es pendejo. (Escrito en un muro del Retén) Los otros tres del accidente tuvieron que esperar tres días más por su libertad, ese fin de semana se juntaba con un feriado... y los jueces ya se habían ido a disfrutarlo. Uno de los guardias, burlonamente le dijo a René: –Rómulo ya no está. Si le siguen retrasando su boleta de liberación, vamos a tener que nombrarlo Ujier a usted. Los demás detenidos aplaudieron la moción. Era una broma, pero René se sintió halagado. Y una fina amargura se coló por las grietas del muro frente a su corazón. Eran tres días festivos para los que estaban fuera de esas paredes. Y fueron distintos para los detenidos dentro ellas. En las mañanas René, Leopoldo y Pérez descendían a la planta baja y hasta salían al porche frente a al puerta. Diap 123 LOS REOSLOS REOS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 124.
    Una hora despuéstraían la boleta de excarcelación de René. El esfuerzo de Edith, sus hijos y Leopoldo, quienes no se separaron del alguacil hasta lograrla, tuvo resultado. No pudo evitar el pensamiento que el Dr. Anguilera y los abogados de la compañía, poco a nada habían hecho. Cuando llegó a su casa le extrañó que nadie viniese a saludarlo. Edith explicó: A ninguno había dicho que estaba detenido, sino que había ido a Maracaibo por un trabajo. Esa noche René hizo una parrillada, invitó a sus amigos y a los vecinos. Narró sus anécdotas del Retén. Y repetía: –Ahora soy reo de alma y de verdad. En mi barrio, ser reo era un orgullo. Y estoy orgulloso de haber compartido con esa gente esos días, sus valores, sus sentimientos. Edith tenía otro motivo de molestia y René más grietas en el muro frente su corazón... y cubierta, se mantenía una en el mirador donde ponía el chinchorro. ...oo0oo... :::::: Martes. A las nueve de la mañana llegó el guardia con las liberaciones. Solo traía las de Pérez y Leopoldo. En el porche, esperaban las tres esposas. Oía los gritos de Edith. Pérez vino emocionado, abrazó con afecto a René y se fue corriendo. Leopoldo se sentó frente a él, y murmuró: –Esto es una injusticia. Me voy. Fue un honor pasar estos siete días contigo. Adiós, René. Tienes un amigo en mí. –Gracias, Leopoldo. Lo mismo te digo. Nos veremos. Algún día saldré. –y tratando reír, dijo– Sinó seré Ujier. –René, apenas salga iré a ver que pasa con tu boleta. Y me voy de aquí. Ya la empresa me tiene el mismo puesto en otro país. Esta tierra es maravillosa, pero no su gente. –Leopoldo, la gente es igual en todas partes. No le eches la culpa de los errores e injusticias que hacen algunos. –Eres un idealista. Te admiro. Pero recuerda a Bolívar. Hasta él murió lejos diciendo: He arado en el mar. Chao. Diap 124 LOS REOSLOS REOS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 125.
    Pero, después decinco lustros sólo permanecían esos bambúes. El río fue empujado contra el cerro hasta ser una pobre corriente. Los desechos industriales destruyeron la bilharzia en el agua... y también a los pecesitos. Más abajo, la baba espumosa que salía de las tubos de las fábricas quedaba entre los carrizales. Sin embargo en el meandro el agua seguía siendo transparente, limpia. René miró la falda del cerro frente a él. Ya no se le podía sacar más para ganar terreno a la fundición. Y el soñador recordó una ladera con árboles y lianas. Vio que la acequia que corría por ese farallón, llevando agua a los naranjales del rellano siguiente, perdía líquido en algunas partes. –Va a tener que mandarla arreglar. De lo contrario, Juan el isleño no lo dejará en paz. Si quiere... lo hago yo. La dulce y vivaz voz femenina a su espalda le sorprendió René estaba sentado en un canto rodado que reposaba en la orilla del recodo tras la fundición. La arena lo rodeaba. Era una piedra grande, traída posiblemente por la fuerza del río con olas de hasta tres metros en el cordonazo de San Francisco de 1961, y frenada allí por los bambúes. El día siguiente a la tormenta se podía cruzar el riachuelo con un simple salto, como ahora: diez años después. Los bambúes formaban un fresco y sombreado remanso, una verde pared que aislaba del ruido, de los sucios restos, de una realidad con paredes de bloques y grises techos. Cinco de la tarde. Las fábricas entran en el silencio. Los obreros van a sus ranchos y los demás a sus casas. René, cada tanto iba al recodo. Más, desde que había vuelto del sur luego de dar sepultura a su padre. Era como si quisiera encontrar algo de lo que halló al venir la primera vez. Diap 125 LOS BAMBÚES LAS GRIETAS LAS GRIETAS 22 LOS BAMBÚES Para encontrar la verdad, debe buscarse entre los simples. No entre los sabios.
  • 126.
    Cuando René llegóa la recepción, allí había una escalera de doce carajitos que iban desde una niña ya desarrollada hasta un bebé. E hizo entrar a Xiomara en su oficina. –Señor René... –dijo ella– Estoy vieja y esa hilera de hijos es muy larga. Ningún hombre ya se me acerca ni nadie me da trabajo fijo. Mis muchachitos deben comer. Si usted me deja trabajar verá que soy responsable como un hombre. A René se le formó un nudo en la garganta. Esa mujer decía que estaba vieja... teniendo una edad que en otra parte estaría empezando a vivir y ser realmente atractiva. En la fábrica la única mujer era la vieja multiuso que hacía de recepcionista, secretaria, cajera, etc., quien usaba el baño de René por no haber uno para damas. Y las oficinas las limpiaba un obrero. Pero René, emocionado le afirmó: –La tomaré. Hará la limpieza. Y no es responsable como un hombre... es más. Por las mujeres, este país se salva. Giró encontrándose con Xiomara. No pudo evitar sentir instintiva atracción hacia algo natural que emanaba de ella. La conocía desde que era una niña embarazada, con su gran barriga yendo por la carretera y luego cruzando el terreno cerca de las oficinas para ir a la cima del cerro. No se le podía prohibir, ese sendero tenía derecho de paso. Continuaron los años. En cada uno tuvo un embarazo... y un hombre distinto que se quedaba en el rancho hasta que el vientre empezaba a crecer. Y, otra vez abandonada, volvía a la carretera con sus hijos en una hilera más larga. Hacía cualquier trabajo. Sin embargo nunca se prostituyó. Era una mujer hermosa, de piel blanca, ojos azules, pelo renegrido y ondulante, carnes firmes, curvas sensuales. pero ultimamente le era difícil hallar compañero y trabajo. Un día se atrevió y, yendo a la puerta de la empresa con su fila de criaturas, pidió hablar con René. Éste se hallaba en la planta y dijo que la hicieran pasar. Diap 126 LOS BAMBÚESLOS BAMBÚES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 127.
    –No importa... Puedelimpiar. –y se ruborizó también. Xiomara comenzó a lavar el piso desde el lado opuesto a donde René se hallaba. Estaba segura que él, impaciente, se iría. Pero esta vez se quedó y, observándola, le espetó: –Usted no parece criolla. Por el cabello tal vez. Pero es blanca y tiene los ojos azules.... – luego calló, temeroso y avergonzado de su propio atrevimiento. Ella siguió refregando el coleto contra el piso mientras se sentía emocionada. Y nerviosa, comentó: –Mi mamá dice que mi padre fue un francés de los que vinieron cuando construían los puentes de la autopista a la Guaira. Y cuando se terminaron los viaductos, se fue. Ella es mulata clara. La sangre del musiú era fuerte y yo salí así. Luego mamá se enamoró de un conuquero, hace años se vinieron para estos cerros... y aquí estoy. –Caminante no hay caminos, –murmuró René– se hace camino al andar... :::::: Caminante no hay caminos, se hace camino al andar.. (Machado) Pasó el tiempo, René hizo construir nuevos baños para las damas. Eso sirvió de base para que el sindicato pidiera un porcentaje de mujeres en el personal. René y la gerencia lo concedieron. Sabían que ellas eran más responsables y que al cobrar los viernes ese dinero iría a sus hijos y no al bar de Caucagüita. Esa mañana, a las diez, Xiomara había entrado con los útiles de limpieza a la oficina de René luego de mirar por el recuadro de vidrio y ver que él no estaba en el escritorio. Todas las puertas de la planta poseían esa ventanilla. René decía que las oficinas no eran para guardar secretos. La verdad no se oculta tras la puertas, repetía a menudo. Pero al entrar comprobó que René estaba en la mesa de dibujo, ubicada en la pared lateral, analizando unos planos. –Disculpe, señor. No lo vi. –dijo ella, sonrojándose. Diap 127 LOS BAMBÚESLOS BAMBÚES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 128.
    René la miró.Aun dentro el uniforme se le veía atractiva. Su extraña expresión no se sabía si era triste o irónica. –Xiomara... Todos somos caminantes. Pero muchos sólo hacen camino para cada tanto ponerle un peaje y cobrar. La mujer lanzó una carcajada. Él sonrió, continuando: –Usted hace camino con esa hilera de carajitos. Les hace camino cada día con su trabajo. Yo traté de hacer otro camino levantando esta fundición. En fin... –se puso sarcástico, agregando– voy a ver si ya hicieron los noyos de resina para los nuevos quemadores de cocina, sinó el camino va a cerrarse. La dejo tranquila limpiando. René se retiró. Xiomara por unos momentos se sintió una reina, sólo que en lugar de un cetro y corona tenía el palo del coleto y la cofia de trabajo. E, instintivamente, decidió hacer algo esa tarde. –¿Qué dice, señor? –preguntó ella, erguiéndose. Las mejillas rosadas por el esfuerzo de fregar la hacían más hermosa, un mechón ondulado de pelo negro salía de la gorra cayendo voluptuosamente sobre el rostro. René no pudo dejar de admirarla y comprender porqué antes había tenido siempre un hombre cerca. Y contestó: –Es un poema de Machado. Me lo trajo a la memoria lo que me contó de su padre. Él a su manera fue un hacedor de caminos. Y los puentes son caminos en el aire. –Pero él se fue por otros caminos y nos dejó solas. –Lamentablemente fue primitivo. –dijo René– El hombre comenzó a ser responsable cuando dejó de caminar y se quedó en las cuevas: Entonces sintió que además de cazar debía cuidar de la hembra y los cachorros, de la familia. –Yo tengo doce cachorros que me demuestran que los hombres siguen siendo caminantes. Diap 128 LOS BAMBÚESLOS BAMBÚES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 129.
    Él le dijoque los niños no podían quedarse. Xiomara con los ojos llorosos los llevó al rancho y volvió enseguida a sus labores. –Debe haber sido linda su infancia. –meditó René– Vivir con la naturaleza, los animales, los pájaros... todo se fue. Recuerdo que cuando construíamos el primer galpón, entró asustado un venado que venían persiguiendo. –Que usted espantó para un lado, pero cuando llegaron los cazadores señaló que se había ido en otra dirección. Los obreros dijeron que usted era un musiú raro. Yo estaba preñada por primera vez... y me gustó lo que había hecho. –No podía dejarlo matar, sus ojos eran muy hermosos y estaban llenos de miedo. Él no tenía defensas, ellos armas. Sin embargo contribuí a que desapareciera él y todo. No sé si hice bien o mal en ayudar a traer este progreso. Hoy es un mundo de seres interesados, falsos. El de antes quizás sería más primitivo, pero era más natural. :::::: Dicen que los bambúes florecen sólo una vez en la vida... y mueren. Y ahora allí estaba Xiomara frente a él, en el recodo. –Disculpe, señor René... –dijo ella– ¿lo asusté? –No... Sólo estaba distraído, recordando cuando el cerro tenía matas y el río pequeños peces. Pero... ¿qué hace por aquí? Su sendero está por el otro lado. –Siguiendo la orilla también se llega al camino.–aseguró sentándose en otra piedra– Antes que ustedes llegaran, aquí había una poza donde de niña me bañaba. Al nivelar el terreno para la fábrica, quedó tapada. –La tapamos... –dijo él, triste– ¿No temían la bilharzia? –Señor. Las que nos criamos por aquí somos como las gallinas pico e'tierra, inmunes a todo... y llenas de pollos. René largó la risa. Recordaba el primer día que Xiomara llegó a trabajar y se presentó con la hilera. Diap 129 LOS BAMBÚESLOS BAMBÚES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 130.
    Ella quedó unmomento en silencio y luego siguió diciendo suavemente: – ¿Por qué no viene conmigo a la cumbre del cerro? Allí el paisaje es diferente. René la acompañó. Atardecía. Desde la cima las cosas parecían más pequeñas, menos sucias. Oyó a ella decir: –¿Quiere ir hasta al rancho? Los muchachos no están. René vio el farallón a sus pies. Y, sin mirarla, murmuró: –No... No... Seguiré aquí... Allá se ve el recodo con los bambúes... Aún queda algo de aquel entonces... –Adiós, señor René... quedaba algo más. Y mientras él seguía viendo el viejo río, antes rodeado de vegetación, vuelto hoy un delgado hilo barroso encerrado entre muros de concreto... ella se perdió por el sendero. Ambos sentían una grieta dentro el pecho. ...oo0oo... –Es extraño que usted añore lo natural. No es natural que hombre esté sin mujer, ni una mujer sin hombre. Pero, hasta que vino su esposa usted fue un solitario... rodeado de mujeres que querían darle lo que necesitaba. –Sí, recuerdo cuando estando bajo el araguaney, vino el negrito Jorge y con la mejor intención me dijo: "Maestro... Usted siempre está solo. Si quiere, mi prima tiene un rancho cerca y no tiene marido. Le gustaría ser su mujer. Con que le dé algunos bolívares al mes, alcanza". Tuve que reír. –siguió René– No habría comprendido si le decía que para acostarme con una mujer, debo amarla. –Lo natural es que un hombre y una mujer se deseen y tengan sexo. –opinó ella– Lo excepcional es que se amen. Hubo quien pensó que a usted no le gustaban las mujeres. –¿Y usted? –Siempre creí que era todo un hombre. Usted es de esas personas que por fuera parecen duras, frías, y por dentro son distintas. Fue el único en darme trabajo teniendo yo esa hilera de hijos... Diap 130 LOS BAMBÚESLOS BAMBÚES LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 131.
    La recepcionista ledijo, coqueta: –¿Está seguro que le citó tan temprano? Esta es la hora de lo empleados. El señor Stoneson no llega hasta las diez. Por favor, tome asiento. ¿Le sirvo un café? –Bueno, gracias. Acostumbro hacer las cosas temprano. –Es la mejor hora. Ya se lo traigo. –ella seguía pícara. Salió, su ropa se apretaba al criollo y sensual cuerpo. Un instante después se abrió la puerta de entrada dando paso a una hermosa mujer. Tenía la elegancia de la mujer madura, bello andar, alta, rubia, ojos claros, blanca, formal, adecuadamente maquillada. Preguntó a René: –Buenos días, señor... ¿Ya lo atendieron? La secretaria de Alex informó a René que el siguiente día lo esperaban en las oficinas de Bello Monte de la empresa petrolera. El gerente de compras de esa compañía estaba interesado en adquirir componentes del marcado nacional. René preguntó por más información. Y ella quedó con una sonrisa que no se sabía si era insinuante o estúpida. No comprendía que podía verle Alex a esa mujer. Ni era buena secretaria ni atractiva. Pero su cuñado la usaba para las dos cosas. Y seguía con su fama de hombre formal. René puso en su maletín las hojas técnicas de las piezas que fabricaban para la industria petrolera. En la mañana, a las ocho y diez, estaba en esa oficina. Preguntó por el gerente. Diap 131 EL ENCUENTRO LAS GRIETAS LAS GRIETAS 23 EL ENCUENTRO Cuando el amor llega no sabe de edad ni tranqueras... (Canción)
  • 132.
    –Estaba con mifamilia en Londres al empezar la guerra. –siguió ella– Papá tenía amigos en Montevideo y fuimos allí. Soy un producto de la frontera europea y del sur. Hablo francés, inglés, holandés, alemán, español y... reo. La recepcionista llegó con el café. Ivón le indicó que lo llevara a la sala de reunión de Compras. René las siguió. –¿Y cómo llegó hasta Caracas? – preguntó a Ivón. –Me casé allá con un compañero del liceo. Un dibujante. Quiso probar suerte aquí. Luego vine yo. Tengo dos hijos, con mi sueldo estudian en París. Mi edad no la digo. ¿Y tú? René rió, pero notó amargura al hablar del matrimonio. –Sí, gracias. La señorita fue a buscar un café. Tengo que esperar al señor Stoneson. Vine demasiado temprano. –Soy la secretaria del señor Stoneson. – leyó la tarjeta en el escritorio, sonriendo agregó– Nombre francés, del norte. Pero su tono es mezcla de Barlovento y Río de la Plata. –¡Vaya biopsia que me hizo!... – respondió René– Nací en Nancy. Desde los tres años viví y me eduqué en Uruguay. A los veinticinco vine aquí para montar una fundición. Aprendí venezolano con negros barloventeños. Y a usted también se le escapa el acento sureño. –¿Yo?... –rió, alargando la ye– Me crié en el barrio sin fin: Malvín. Pero soy de Dunkerque. Me llamo Ivón Gobelet. Los dos rieron. Gobelet es cubilote y Coulerier fundidor. Diap 132 EL ENCUENTROEL ENCUENTRO LAS GRIETAS
  • 133.
    Los dos notabanque el atractivo aumentaba, deseando saber si el otro tenía ese sentimiento tierno y apasionado. Cada tanto Ivón salía a atender su teléfono. Y René sentía un vacío en su corazón mientras esperaba. Ella volvía rápido, ansiosa de estar con él. Veía a René apuesto, tierno, viril. Esta vez, le informó con tono triste: –Ya viene el señor Stoneson. Tengo que dejarte. –¿Quieres almorzar conmigo? –René temía perderla. –Estaba deseando que me lo pidieras. – dijo enrojecida. Ella volvió a su escritorio. Sentía latir su corazón como una muchacha. René estaba asombrado de sí mismo. La negociación fue rápida. La petrolera pedía calidad y René la daba. Los precios eran buenos. –Algo parecido. –dijo– También tengo dos hijos. Me casé con una muchacha del Bauzá, mi liceo. Me gustó este país. Me quedé... y puedo decir mi edad: Tengo 42 años. La recepcionista silbó. Sonrojada, Ivón abrió el salón. –Gracias, Tahís. –indicó, tomándole la bandeja– Cuando llegue el señor Stoneson dile que estamos aquí. :::::: El tiempo pasó recordando los barrios, la época liceal, la juventud, las playas, los parques. Luego fue el tópico de las nacionalidades, la manera de adaptarse a los lugares y a la forma de hablar. Temas baladíes pero llenos de añoranzas. Habiendo crecido en esa ciudad pequeña, era normal que existiesen muchas cosas comunes que conocieran. Sin embargo, nunca sus caminos se habían cruzado. Diap 133 EL ENCUENTROEL ENCUENTRO LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 134.
    –No... Me preocupastú. Tienes que volver. –Dije que faltaría. Stoneson sospecha que tú me invitaste. –¿No te perjudicará que te vean conmigo? –Hace tiempo que decido mi vida. Tuve que hacerlo. De nuevo notó amargura en la voz de ella. Él quedó entibiando el coñac en tanto ella estiraba el cointreau. René le tomó la mano y dijo con un nudo en la garganta: –Te amo. Y quisiera estar contigo. Hoy mismo. –Yo también. Estaba esperando que me invitaras. Fueron a un motel. Se amaron. Ella estaba asombrada. Él no se cansaba de satisfacerla. Saciados, se acariciaban. Stoneson lo invitó a comer. René, nervioso, dijo que ya tenía un compromiso. El americano miró a su secretaria... y comprendió. :::::: Terminaron de almorzar. René le dejó la selección del menú a Ivón, mientras él se reservó la del vino y el postre. Ella pidió platos añorantes de la Lorena y la costa bretona. Jamás Ivón había sido tratada con tanta cortesía. Siempre ella tuvo que llevar el empuje y los hombres la utilizaban. Su marido, su jefe... y algunos que creyó distintos. Con René se sentía mujer. En ese momento disfrutaba una Bavaroise de Vainilla. René miró el reloj. –¿Debes irte? –preguntó ella con aquel tono de tristeza. Diap 134 EL ENCUENTROEL ENCUENTRO LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 135.
    –Nunca había sidoamada ni amé de esa manera. –dijo Ivón, agotada– No me dejes, no me abandones. –No podría hacerlo... por primera vez encontré el amor. El que ya creía perdido y sin esperanzas de hallar. :::::: A las cinco de la tarde del día siguiente, René llegó a la petrolera. Ivón vino enseguida. Su rostro emanaba alegría. –¡Señor Coulerier!...–dijo, brillándole los ojos de felicidad. –Traje el presupuesto. ¿Me haría el favor de entregarlo al señor Stoneson? –él la miraba sin disimular lo que sentía. –Estaba a punto de irse.–respondió ella– Pase, pase... En el corredor se acercó a él y le susurró: –¿Por qué no llamaste? Creí resignarme a que había sido sólo un momento tuyo de pasión... y otra tonta ilusión mía. –Quería traer esto antes que salieses. Iremos a amarnos otra vez... si quieres. Y me acosté por amor, no por deseo. Poco después Ivón y René se amaban intensamente. Ella se sentó sobre él, quien se extasió y comenzó a acariciarla. –No... –rechazó Ivón mimosamente– quiero quererte yo. Me estás convirtiendo en una consentida, todo lo haces tú. –No sé querer de otra forma. Primero se deja satisfecha a la compañera, luego se piensa en uno. –Eso no es justo. –ella sonrió apasionada– Si me amas de esa forma, yo quiero amarte igual. Y por semanas y meses cada uno buscó dejar satisfecho al otro y que se sintiera feliz. Eso es algo llamado amor. ...oo0oo... Diap 135 EL ENCUENTROEL ENCUENTRO LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 136.
    Terminó la cena,se repartieron los regalos, comenzó el baile que duraría hasta altas horas. Ellos desaparecieron sigilosamente. Querían obsequiarse el uno al otro. Eran más de las tres de la madrugada cuando René dejó a Ivón frente a la puerta del edificio donde vivía. Desde cuadras antes venían separados en el asiento. Ella bajó del auto y le agradeció. Serena, segura, fue hacia el vestíbulo . René esperó que entrara. Puso en marcha el coche y se fue. Al llegar a la esquina vio salir de atrás de un árbol a un hombre quien lo miraba con furia, pero no se movía. Debía ser el esposo de ella. René siguió avanzando inexpresivo, frío, viéndole también. El hombre bajó la cabeza y marchó hacia el edificio. René dobló la esquina. No sentía temor ni remordimiento. Sentía tristeza, una gran tristeza. Ya era cerca de Navidad. Los festejos e invitaciones de las empresas se multiplicaban en esa temporada previa a las vacaciones. Había pasado más de seis meses desde aquella tarde que Ivón y René se amaron por primera vez. Fuese que hicieran un mundo aparte con su cariño o no viesen a los demás, disfrutaban ciegamente ese amor. Paseaban por lugares apartados como dos jóvenes en romance. Y se amaban con pasión, cada semana. La vida cotidiana parecía ayudarles. Las partes fabricadas tuvieron aceptación. René iba mensualmente a Maracaibo para ver los resultados. Fueron tan buenos que Stoneson le dio también el contrato para la planta de El Tigre. Ese viernes Stoneson le había invitado para la fiesta de la petrolera. Si lo hacía por amistad o por mantener a una buena secretaria y un buen proveedor, él lo sabría. A ellos unicamente les interesaba que pasarían esa noche juntos. Diap 136 LA DECISIÓN LAS GRIETAS LAS GRIETAS 24 LA DECISIÓN La tos y el amor no se pueden ocultar. Refrán venezolano
  • 137.
    –Te has vueltoun materialista. –siguió ella– Y no sé para qué. Solo vives para el trabajo sin hacerte valer. Alex, al poco tiempo de llegar, ya era mucho más cotizado, ganaba más y frecuentaban el ambiente social junto con Elda. –Yo hago cosas, él sabe venderse. Yo vine a enseñar y no a explotar negritos, él quiere sacarles mucho a ellos e irse a la primera oportunidad. Yo quiero este país, él no. –¡Cómo has cambiado! Todo lo razonas, lo analizas. Hasta conmigo eres distinto. Si te busco, me satisfaces. Pero aquel muchacho apasionado de antes ya no está. –Tal vez se perdió entre silencios y realidades. Dicen que el amor termina cuando al hombre le falta imaginación en la cama y a la mujer en la cocina... Tú cocinas bien. Debe haber sido culpa mía... Y lo fue desde el primer momento. René se fue al mirador. Allí, con la quebrada debajo, en el chinchorro y viendo los "Espíritus Prisioneros", sintió que el muro delante de su corazón tenía dos grietas más :::::: El día siguiente, apenas René despertó, supo que iba a tener una de las acostumbradas desavenencias con Petite. Se quedó en el lecho mirando por la ventana las cumbres de la cordillera. Le angustiaba saber que le habría sucedido a Ivón. Pero, como siempre, trataba de no mezclar ni siquiera en pensamientos una vida con la otra. Oyó el suspiro enojado de Edith y que giraba en la cama para quedar viendo hacia el techo mientras le decía: –¿No pudiste salir antes de la fiesta? Sabías que teníamos reunión en lo de Elda y Alex. Te esperábamos. Pero a ti te interesa estar más con esa gente hueca y explotadora que con los exilados e intelectuales que piensan. –Fuiste tú. A ti te gusta eso. Para mí son intelectualoides oportunistas. Vagos y vivos que no saben hacer nada, pero que comen como desaforados cada vez que vienen aquí. Diap 137 LA DECISIÓNLA DECISIÓN LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 138.
    –No. Debes esperar.Háblame de ti. Llévame. Quiéreme como nunca. Déjame quererte. Luego te contaré–¿No será que esto es el final? –preguntó René con pesadumbre– ¿Qué él, con todo derecho, te lo exigió? –Soy dueña de mi vida. Él no manda en mí. Esto sólo terminará... –lo miró con amor– el día que tú me dejes. Ella quería demostrar que no temía amarlo. Y se amaron. Ya satisfecha, ella habló: Ivón le contó que esa noche el marido entró diciendo que había visto quien era su amante. Furioso, él sacó el revólver y disparó. La bala dio en la puerta. No le había apuntado a ella. Amenazó con matar a René y ella le gritó: –Hazme lo que quieras, pero ni lo toques a él. Lo amo. El esposo había quedado tieso, bajó el arma y amargamente dijo: –Tienes razón. La culpa no es de él, ni tuya. Es mía... ¡Cuanto quisiera que me amases como a él. Pero, sólo soy tu marido. Un pobre hombre que no supo quererte. :::::: El que se equivoca sufre una vez. El indeciso, mil veces. El lunes René llegó a la empresa llevando la angustia reprimida durante el fin de semana. Fue de inmediato a la planta esperando la hora de llamar Ivón a su oficina. Pero fue ella quien lo hizo. Había ido más temprano para hacerlo desde su escritorio. No le dejó ni hablar y, serena, dijo que esa tarde quería estar otra vez con él. René cambió una angustia por otra. Al pedirle amarse nuevamente, la voz de ella tenía pasión y ternura, pero a la vez era determinante. ¿Sería el encuentro del adiós? La fue a buscar como le había pedido: en la puerta de la petrolera, a la salida. Y, frente a todos, Ivón subió al auto. Parecía querer demostrar que no temía a nada ni a nadie. Cuando él quiso saber la sucedido, ella le sonrió. Los ojos le brillaban de amor, deseo y audacia: Y le dijo: Diap 138 LA DECISIÓNLA DECISIÓN LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 139.
    Ivón lo mirótemiendo. Sin embargo, respondió serena: –Estoy segura que seríamos muy felices. Pero soy mayor que tú. Dentro diez años empezaré a envejecer y tú estarás en el esplendor como hombre. Y me verás vieja y fea. –No lo creo. –afirmó él– Te repito que me acuesto contigo porque te amo, no sólo porque eres hermosa. –Serían pocos años. –Ivón lo decía como una razón para no hacerlo, pero ya disfrutaba la idea de vivir con él. –Los que sean. –René seguía en su determinación– Es mejor un poco de mucho que mucho de poco. –Te amo. Me divorciaré. –dijo ella, y agregó– No hables aún con tu esposa y tus chicos. Primero iré a París a hablar con los míos. De ellos depende. No podríamos ser felices sobre la amargura de mis hijos y de los tuyos. Y volvieron a amarse sintiéndose ya más uno del otro. ...oo0oo... René quedó en silencio. Ivón esperaba un comentario. –Sí. Yo también lo vi. –dijo él– Y tuve tristeza. No me pareció un pobre hombre. Ni lo creo capaz de matarte. –Sólo quiso asustarme, –intervino ella– él no es malo. Pero el amor murió, fue un entusiasmo juvenil. Parecía tan viril, atractivo. Resultó sin ambiciones. Hasta para venir a aquí lo tuve que empujar. Y se volvió cómodo, frustrado. Se apagó la ternura, el sexo fue monótono. Cuando el amor se va, viene algo peor que el odio: es el desamor. René la acariciaba mirando lejos, meditando. Suspiró hondamente y le dijo pesando cada palabra: –Lo sé, nos unen cosas comunes además de este amor. Pero no olvido esa tristeza. Tristeza por él, por ti, por mí, por mi esposa. Lo que hacemos nos es justo, ni para ellos ni para nosotros. Quiero vivir queriéndote, no engañando a los demás. Quiero casarme contigo... O juntos o nada. Diap 139 LA DECISIÓNLA DECISIÓN LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 140.
    Anunciaron la salidadel avión a París. Ellos se levantaron dirigiéndose a la planta baja. En un rincón, olvidándose de la gente, se abrazaron entregando el corazón en ese beso. Ivón entró a control de emigración y René subió al balcón sobre la pista. Quería verla cuando subiese al avión, hasta último momento. Como dos jóvenes recién enamorados, ella había elegido un asiento contra la ventanilla del aparato para mirar el balcón desde el despegue... aunque imposible distinguir a alguien a esa distancia. Subieron los pasajeros. Se cerraron las portezuelas. El tractor se llevó al aparato, luego éste taxeó. El avión se colocó en posición en la pista principal. Empezó a correr por ella. El ruido de las turbinas iba creciendo a medida que avanzaba. Levantó vuelo y siguió elevándose tomando hacia el este. René lo veía perderse en la noche. Una parte de su alma se iba. El aparato parecía una estrella que se alejaba... El avión de René a Maracaibo salía a las once de la noche. Él fue temprano con la excusa que podía tener problemas en la autopista. La realidad era que también esa noche Ivón salía para París a hablar con sus hijos sobre su divorcio. Del resultado de eso, René se divorciaría para casarse con ella. Nadie los había acompañado al aeropuerto. Para la familia de René, era uno más de los viajes de él por trabajo. Hacía años que se había perdido el interés de despedirlo. En cuanto al esposo de Ivón, poco podía atraerle estar allí cuando ella le había dicho cual era la razón del viaje. El avión de Airgalia, la línea francesa, saldría a las nueve. Ellos estaban tomados de las manos en una apartada mesa del restorant del aeropuerto. Aún temían mostrar su amor. Pero ese sentimiento es más fuerte cuando llega luego de resignaciones pasadas. En murmullos se amaban y sus ojos decían cuanto deseaban unir sus vidas. Diap 140 LOS ZAMUROS LAS GRIETAS LAS GRIETAS 25 LOS ZAMUROS Cuando la grieta es grande, se rompe la pared.
  • 141.
    :::::: El viernes denoche René volvía de Maracaibo. Una parte de su ser cumplió por hábito el trabajo. La otra flotaba sin sentido en el aire, como los helicópteros que sobrevolaban el mar buscando sobrevivientes, seguros que no había. Cuando llegó a la casa la encontró sola y con las notas esperadas: Su esposa estaba en la casa de Elda y Alex, en otra reunión con los intelectuales y exilados. Sus hijos se hallaban con sus amigos en algún lugar divirtiéndose. Dejó el maletín dentro el closet y fue al mirador sobre el barranco. Comenzó a hamacarse en el chinchorro mirando hacia el cerro Naiguatá, hacia el norte, hacia donde había caído el avión. Sintió que la grieta en su corazón se hacía enorme, dolorosa. Y oyó quebrarse algo. De pronto la estrella brilló más y desapareció. La inquietud lo dominó. Quiso creer que el avión había entrado en las nubes. Bajó a la sala principal. Se acercó al mostrador donde sacaba el seguro de vuelo. Un empleado llegó nervioso y ordenó al que estaba dentro: –Lleva a lo oficina los seguros del vuelo Airgalia. –Explotó en el aire... –la voz de René era fría, apagada. –Sí, señor. Así es. Debemos evitar la histeria. ¿Tenía alguna persona conocida en el vuelo? –¿Conocida?... No... ¿Conocida?... No... Y, repitiendo eso como un autómata, con los ojos llenos de lágrimas se dirigió a tomar su vuelo para Maracaibo. El aparato giró hacia el oeste. Cada vez lo alejaban más de ella. Cuando apagaron las luces de la cabina, murmuró: –¿Conocida? No... Era mi amor... lo encontré... y lo perdí. Se puso a llorar. El pasajero que tenía a su lado dormía. Diap 141 LOS ZAMUROSLOS ZAMUROS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 142.
    :::::: Tiempo después lapolítica en el país utópico volvió a la normalidad. Los demagogos gobernaban otra vez. En el barrio La Teja se formó un partido donde militaban extremistas, teóricos, cristianos, radicales y exilados. Era un mito que estuviesen juntos, pero ahí la gente es irreal. Uno de los secretarios se llamaba Yamandú Corier. El apellido de su padre se modificó para impactar bien. Hoy los asesores saben que es lo que agrada al público. Alex retornó como un héroe. Le dieron un alto puesto en un ministerio y le compensaron todos los sueldos que no había cobrado, ni trabajado, durante los años de exilio. Y se compró un chalet en un balneario del este. Edith volvió a su país con sus hijos. Con el dinero de las prestaciones del marido, más un bono que dio la empresa, sumado a la venta de la casa y la jubilación de él, obtenida por contactos de su cuñado, vivió cómoda. :::::: En la mañana siguiente Edith se asombró al ver los zamuros volando cerca. Cuando abrió el closet y encontró el maletín de René cerrado, no se angustió. Habría venido, pero él acostumbraba dormir muchas veces en el estudio. Fue hasta allí. A al llegar al mirador lanzó un grito. Encontraron a René muerto en la barranca. Una alcayata se había salido de la pared. El chinchorro siguió el impulso que tenía. René golpeó contra la baranda del balcón, ésta se rompió y él cayó al vacío. En el muro del lado izquierdo había una grieta donde había estado el gancho, y motivó que éste se saliera. Dijeron que eso fue la causa de su muerte. Nunca supieron que fue otra grieta, en otro muro, que se abrió tanto que no pudo soportar más. Diap 142 LOS ZAMUROSLOS ZAMUROS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 143.
    Es que musiúes una deformación criolla de messieur... Y messieur es señor en francés. Llegó el momento de reducirlo, alguien avisó a la familia. Vinieron sus hijos. Los acompañó la tía Elsa, quería conocer el trópico. Edith estaba viajando por Europa con su marido. Al levantar la loza, ésta se partió. Tenía una grieta. En Venezuela ya había cremación. Sus hijos incineraron los huesos. Cumplieron la voluntad de su padre. Fueron al litoral. La embarcación se dirigió hacia el norte. Arrojaron las cenizas de René. Y las cenizas se hundieron en el mar... frente al cerro Naiguatá. :::::: ¿Los Espíritus Prisioneros? Están en la casa de Elsa. ...oo0oo... Compró apartamento en Malvín. Lo logró a buen precio, era de una francesa muerta en un accidente de aviación. Pocos años después se casaba con un colega de Alex, de profesión y exilio. Edith era feliz. Todas las semanas se reunían con otros héroes que decían haber sido exilados. Hacían comparaciones con el país donde habían estado y, naturalmente, donde ahora estaban... era mejor. René quedó sepultado en el cementerio de Petare. Sus hijos pusieron sobre la placa la obra "Espíritus Prisioneros". Él siempre había pedido que lo incineraran y echaran sus cenizas al mar. Pero, en Venezuela no había cremación. El tiempo fue cubriendo el lugar de hierbas y al bronce de óxido. Era uno más de los sepulcros que el Día de los Muertos algún alma caritativa se acuerda de limpiar. En la fundición siempre alguno a fin de año recordaba que se debía pagar los impuestos por la tumba de aquel catire, de aquel musiú Diap 143 LOS ZAMUROSLOS ZAMUROS LAS GRIETAS LAS GRIETAS
  • 144.
    NOTA FINAL La primermitad de los cuentos fueron grietas del sur. La otra, grietas del norte. Grietas de arriba. Grietas de abajo. Depende en que posición se ponga el globo terráqueo. En el universo, en el tiempo, todo es igual. A los seres les parece que las cosas son diferentes. Y si miramos para atrás, sólo cambian los personajes. Las cosas no cambian. Cosas que se escribieron en estos cuentos. Algunas vividas. Y algunas imaginadas. Muchas quedaron en el cesto de los papeles. Y muchas en el cesto de los recuerdos. Otras no se sacaron de donde estaban. Y otras... ¿para qué hacerlas resurgir? Hubiera sido poner más grietas en el muro. Y el muro ya no resistía más. ...oo0oo... Octubre 2000 Rosalino Carigi Última modificación Noviembre 2015 Diap 144 LAS GRIETAS LAS GRIETAS El libro "Las Grietas" fue vuelto a escribir y corregido tres veces. Esta versión corresponde a Junio 2005 Y actualizada en Noviembre 2015
  • 145.
  • 146.
  • 147.
  • 148.
  • 149.
  • 150.
  • 151.
    Soy otro ejemplode los criados durante los años treinta y cuarenta en la República Oriental del Uruguay. República que sembró en aquellos niños, principios que los harían críticos despiadados consigo mismo y con los demás. De 1925 a 1938, en la gran huida de Europa, llegaron al Cerro seres de diferentes pueblos, religiones, sueños, odios. Venían todos con ideales de un futuro mejor. Ideales que fueron transmitidos a los niños, sentados en las baldosas de las veredas, por viejos frustrados del marxismo, socialismo, fascismo, comunismo, por italianos, armenios, judíos, rusos, alemanes, polacos, gallegos, catalanes. Y que nos dejaron una mezcla incongruente de ideas Asistí a la escuela Checoslovaquia, laica y del estado, y así mismo pertenecí a un grupo de la iglesia católica parroquial. Me gustó ser aprendiz de todo, desde zapatero remendón a monaguillo, y sin beneficio alguno. Sólo por conocer. Completé mi educación en el Liceo Bauzá, el hoy derruido de la avda. Agraciada. Tuvimos profesores que nos enseñaron normas, y otros a pensar... y dudar de las verdades absolutas. Estando aún vivo, creo innecesario que otro escriba sobre mí. Se justificaría si fuese joven y precisase un panegírico. Y, afortunadamente, ya no me afecta esa enfermedad. Trataré de ser justo y escueto, cosa difícil cuando se habla de uno mismo. Nombre: Rosalino David Carigi Aquilini. Apodos: Titi (Uruguay). Catire (Venezuela) Seudónimo: Gracián Solirio (anagrama) Nacido el: 28 de marzo de 1929. En: Fornacci di Barga, Lucca, Toscana, Italia. Nacionalidad: Italiano y Venezolano. Profesión: Téc. Industrial Metal Mecánico, Hornos y Esmalte. Plantas Electrodomésticos. Vida laboral: Dibujante, Proyectista, Jefe, Gte. de Planta, Jubilado. Estado: Casado con María Teresita Delgado San Martín. Hijos: Juan Pablo, María Leticia, María Esther El 13 de octubre de 1931, teniendo dos años y medio, vine con mis padres a Montevideo. Y viví hasta mis 25 años en la Villa del Cerro, barrio emblemático. Diap 151 SE DICE DE MÍ SE DICE DE MI (EL AUTOR)
  • 152.
    Expresando ese sentimiento,emulaba una canción: –Ni soy de aquí, ni soy de allá… Y alguien me corrigió: –¿No será que es de aquí y de allá? Usted es un extrañero no un extranjero. El que se forma en un lado y hace su vida en otro, será un extrañero en ambos. Porque cuando esté en una parte extrañará la otra. Hoy, viejo, miro hacia atrás y no me arrepiento de ningún instante vivido. Son mi vivencia. Fui un niño tímido, observador, retraído, y solitario. Fui un joven rebelde, inquieto, inconforme y soñador. Fui un hombre introvertido, irascible, estricto e idealista. Soy un viejo agnóstico, impaciente, nostálgico y bohemio. Y ahora, a mi edad, solo queda… lo que fui. Y lo viví a mi manera …oo0oo…. Rosalino Carigi Septiembre de 2013 Nota: “Se Dice de Mí” se copió del libro “LOS DONES DEL AYER” Una de las pocas cosas a la que quisiera volver, es al Liceo Bauzá en 1945 y en segundo año “C” del turno vespertino. En 1957 me marché tras un sueño a Venezuela. Fueron cincuenta años allí. Toda una vida. Mi vida. Viví los mejores años de dos grandes países, el Uruguay y Venezuela. Tuve la felicidad de vivir sus progresos. Y la fortuna de no hacerme rico. Tuve la tristeza de vivir sus decadencias. Y la suerte de no volverme ruin. Ayudé a abrir el camino de la industria, del esmalte y del progreso. Tuve la dicha de enseñar a usarlo... y la amargura de ser usado en él. En el 2008 volví al Uruguay. El tiempo todo lo cambia. El Uruguay que encontré no es el que dejé. La Venezuela que dejé no es la que encontré. Pero los que yo viví, nunca me los podrán cambiar. Nunca me los podrán quitar. Por que al Uruguay que me formó, y la Venezuela donde me desarrollé, los llevo en mí. Los dos me dieron todo. Y yo me di todo a ellos. Diap 152 SE DICE DE MÍSE DICE DE MÍ