HOY TE MIRO CLAVADO EN LA CRUZ                                Viernes




                                                                                                                   Abril
                                                                   Santo




                                                                                                                    22
Señor Jesús, hoy te miro clavado en la Cruz
y mi corazón se llena de tristeza.
Al verte así me doy cuenta de todo el amor
que tu Padre Dios nos tiene
al entregarte para que todos nos salvemos.




                                                                                                                   Junto a la cruz de Jesús
¡Gracias, Padre Dios,
por tu gran amor!
¡Gracias, Señor Jesús,
por dar tu vida por nosotros!

Hoy te pido por todas las personas
que también sufren la cruz.
Te pido por los enfermos,
los ancianos solos,
los niños que no nacen
y los abandonados,
los padres que están en el paro,
las personas que sufren las guerras...
Ayúdales, Señor, desde tu Cruz.


                                              J     unto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su ma-
                                                    dre María de Cleofás y María Magdalena. Jesús al ver a su madre
                                                    y cerca al discípulo que tanto quería dijo a su madre: «Mujer, ahí
                                              tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y des-
                                              de aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
              acción católica
                 general                      Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término,
                                              para que se cumpliera la Escritura dijo: «Tengo sed». Había allí un jarro
                  SECTOR                      lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una
                 DE NIÑOS                     caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús cuando tomó el vina-
                                              gre dijo: «Está cumplido». E inclinando la cabeza entregó el espíritu.
 www.accioncatolicageneral.es
                                                                                                                  -19, 42
                                                                                                         Jn 18, 1
H     ace muchísimo tiempo existió un diminuto pajarillo. Las plumas      En el mismo momento en que aquel hombre bueno expiró, el pa-
      verde aceitunado de su espalda contrastaban con el blanco bri-      jarillo descubrió que la mancha que llevaba en el pecho y cuello, bri-
llante de su cuello y pecho y le daban un hermoso aspecto cuando          llaba con una intensidad extraña. Intentó quitársela, pero fue en
cruzaba por campos y aldeas.                                              vano. Permanecía allí como recuerdo y signo de su generosidad.

Un buen día, sobre la cima de una pequeña colina, cercana a su nido,      Desde aquel día hay un pajarillo que cruza nuestros campos y pue-
se alzaron tres cruces. En ellas tres hombres sufrían el cruel tor-       blos con una hermosa mancha roja y brillante en su pecho. Cruza
mento de la crucifixión. El pajarillo se acercó, con esa curiosidad tí-   los campos con orgullo. Sabe que lleva en sus plumas el recuerdo
mida de las aves. Era mediodía.                                           agradecido que le dejara para siempre Alguien que murió en una
                                                                          cruz para que todos tuviéramos vida. Desde entonces todos le lla-
Le llamó la atención el hombre que ocupaba la cruz central. Su            man “Petirrojo”, porque lleva su pecho marcado con color rojo.
cuerpo estaba lleno de heridas, sus rodillas eran una llaga en carne
viva... y una corona de espinas gruesas hacía sangrar su cabeza.
Aquel pajarillo nunca había contemplado de cerca el dolor. Asustado
revoloteó hasta su matorral, sin saber qué hacer. Después de pen-
sar escondido entre la vegetación, se armó de valor: las cosas no
podían seguir como estaban. Era urgente hacer algo.
                                                                             ¿Qué sufrimientos -como los que quitaba el petirrojo- hay
                                                                                                c
Se posó con cuidado sobre la madera de la cruz. Observó de cerca
al hombre y escuchó su respiración acelerada y jadeante. Luego ini-        en nuestro mundo de hoy... cerca y lejos de nosotros?
ció un vuelo corto y, sosteniéndose en le aire con el esfuerzo de
sus alas, acercó el pico hasta que pudo asir una espina de la coro-
na... Tiró con todas sus fuerzas hasta que logró arrancarla.
Aquel hombre se sintió aliviado, al tiempo que el
pajarillo se alejaba, emocionado por el gesto que
acababa de realizar. Dejó caer la espina bien lejos
y volvió sus alas hacia la cruz, con intención de                            ¿Qué haría Jesús al ver todo esto?
arrancar otra de las espinas... Y así lo hizo una y
otra vez.
Con tantas idas y venidas hasta la frente sangran-
te, sus plumas blancas se mancharon de sangre. Lle-
vaba el cuello y pecho de un color rojo intenso,
pero no le importaba: su única preocupación era
arrancar el mayor número posible de espinas para                             ¿Qué podemos hacer nosotros?
proporcionar a aquel crucificado un poco de alivio.
Poco después aquel hombre moría con una palabra
de perdón para quienes le hacían sufrir y una mi-
rada de agradecimiento hacia el pajarillo que no ha-
bía escatimado esfuerzos para mitigar sus dolores.

2 viernessanto

  • 1.
    HOY TE MIROCLAVADO EN LA CRUZ Viernes Abril Santo 22 Señor Jesús, hoy te miro clavado en la Cruz y mi corazón se llena de tristeza. Al verte así me doy cuenta de todo el amor que tu Padre Dios nos tiene al entregarte para que todos nos salvemos. Junto a la cruz de Jesús ¡Gracias, Padre Dios, por tu gran amor! ¡Gracias, Señor Jesús, por dar tu vida por nosotros! Hoy te pido por todas las personas que también sufren la cruz. Te pido por los enfermos, los ancianos solos, los niños que no nacen y los abandonados, los padres que están en el paro, las personas que sufren las guerras... Ayúdales, Señor, desde tu Cruz. J unto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su ma- dre María de Cleofás y María Magdalena. Jesús al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y des- de aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. acción católica general Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: «Tengo sed». Había allí un jarro SECTOR lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una DE NIÑOS caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús cuando tomó el vina- gre dijo: «Está cumplido». E inclinando la cabeza entregó el espíritu. www.accioncatolicageneral.es -19, 42 Jn 18, 1
  • 2.
    H ace muchísimo tiempo existió un diminuto pajarillo. Las plumas En el mismo momento en que aquel hombre bueno expiró, el pa- verde aceitunado de su espalda contrastaban con el blanco bri- jarillo descubrió que la mancha que llevaba en el pecho y cuello, bri- llante de su cuello y pecho y le daban un hermoso aspecto cuando llaba con una intensidad extraña. Intentó quitársela, pero fue en cruzaba por campos y aldeas. vano. Permanecía allí como recuerdo y signo de su generosidad. Un buen día, sobre la cima de una pequeña colina, cercana a su nido, Desde aquel día hay un pajarillo que cruza nuestros campos y pue- se alzaron tres cruces. En ellas tres hombres sufrían el cruel tor- blos con una hermosa mancha roja y brillante en su pecho. Cruza mento de la crucifixión. El pajarillo se acercó, con esa curiosidad tí- los campos con orgullo. Sabe que lleva en sus plumas el recuerdo mida de las aves. Era mediodía. agradecido que le dejara para siempre Alguien que murió en una cruz para que todos tuviéramos vida. Desde entonces todos le lla- Le llamó la atención el hombre que ocupaba la cruz central. Su man “Petirrojo”, porque lleva su pecho marcado con color rojo. cuerpo estaba lleno de heridas, sus rodillas eran una llaga en carne viva... y una corona de espinas gruesas hacía sangrar su cabeza. Aquel pajarillo nunca había contemplado de cerca el dolor. Asustado revoloteó hasta su matorral, sin saber qué hacer. Después de pen- sar escondido entre la vegetación, se armó de valor: las cosas no podían seguir como estaban. Era urgente hacer algo. ¿Qué sufrimientos -como los que quitaba el petirrojo- hay c Se posó con cuidado sobre la madera de la cruz. Observó de cerca al hombre y escuchó su respiración acelerada y jadeante. Luego ini- en nuestro mundo de hoy... cerca y lejos de nosotros? ció un vuelo corto y, sosteniéndose en le aire con el esfuerzo de sus alas, acercó el pico hasta que pudo asir una espina de la coro- na... Tiró con todas sus fuerzas hasta que logró arrancarla. Aquel hombre se sintió aliviado, al tiempo que el pajarillo se alejaba, emocionado por el gesto que acababa de realizar. Dejó caer la espina bien lejos y volvió sus alas hacia la cruz, con intención de ¿Qué haría Jesús al ver todo esto? arrancar otra de las espinas... Y así lo hizo una y otra vez. Con tantas idas y venidas hasta la frente sangran- te, sus plumas blancas se mancharon de sangre. Lle- vaba el cuello y pecho de un color rojo intenso, pero no le importaba: su única preocupación era arrancar el mayor número posible de espinas para ¿Qué podemos hacer nosotros? proporcionar a aquel crucificado un poco de alivio. Poco después aquel hombre moría con una palabra de perdón para quienes le hacían sufrir y una mi- rada de agradecimiento hacia el pajarillo que no ha- bía escatimado esfuerzos para mitigar sus dolores.