Lo más asombroso de los efectos
del bautismo es que hemos sido
injertados en Cristo; su vida es
nuestra vida.
La experiencia de la eternidad que
nos espera no es la de estar en el
cielo con Jesús, como cuando uno
participa en una fiesta al lado del
anfitrión. Vamos a estar participando
en la misma vida de Jesucristo.
Y este sentido de tener a Cristo
viviendo en mi empieza ahora, en
esta vida. Y me da una gran
satisfacción y energía.
Dijo san Pablo: “Para mi la vida es
Cristo” (Flp 1, 21) “Ya no vivo
yo, sino es Cristo quien vive en
mí” (Gal 2, 20)
Por el bautismo, formamos, con
nuestros compañeros en la fe, la
continuación de la encarnación de
Cristo aquí en la tierra.
Jesucristo, con su cuerpo glorioso,
ya no camina entre la gente como
en su vida terrenal, pero nosotros,
si lo hacemos.
Estamos llamados a vivir
conforme a la vida de Jesucristo
que, al vernos, se ve a Cristo. ¿No
es eso lo que hizo san Francisco
de Asís, o san Maximiliano Kolbe?
Somos la presencia de Cristo en la
tierra.
“Cristo” quiere decir “el ungido”.
En el bautismo hemos sido
ungidos con el Santo Crisma y
hemos recibido el mismo Espíritu
Santo como Jesús.
Eso nos da la cualidad de ser la
continuación de la presencia de
Cristo en el mundo. Obviamente,
eso es una responsabilidad
enorme.
Por eso, como Iglesia, buscamos
la forma de actuar en comunidad,
de romper el individualismo que
deja al pueblo como presa fácil
para los que lo quieren victimizar.
“Por el sacramento de la confirmación
se vinculan más estrechamente a la
Iglesia, se enriquecen con una fuerza
especial del Espíritu Santo y así se
obligan mucho más a difundir y
defender la fe con su palabra y sus
obras, como verdaderos testigos de
Cristo” (Lumen Gentium, 11).
Cuando san Pablo habla con la
comunidad de Corinto con
palabras de corrección, a nosotros
también nos pega la vergüenza
ajena al escuchar sus palabras:
“No puedo hablarles como a quienes
poseen el Espíritu, sino como gente
inmadura, como a cristianos en edad
infantil. Les di a beber leche y no
alimento sólido, porque aún no podían
asimilarlo. Tampoco ahora pueden, ya
que siguen siendo inmaduros. Mientras
haya entre ustedes envidias y discordias,
¿no es señal de inmadurez y de que
actúan con criterios puramente
humanos?” (1 Cor 3, 2-3).
Los infantes, no hay nada que quieren
más que la leche materna, y están
felices. Para un adulto, es comida
sólida lo que quiere.
Cuando el Miércoles de Ceniza, la
Iglesia nos ofrece la oportunidad de
estar en ayunos todo el día de
alimentos sólidos, uno puede beber
toda la leche que quiere, pero el
cuerpo anhela comida sólida.
El bebé no siente ninguna dificultad,
pero el adulto sí. Imagínense un
albañil o un minero o cualquiera que
vive de trabajo duro que no coma. Se
desgasta en hacer trabajos duros para
el bienestar de su familia, y si no
come, se debilita.
La persona que asume
compromisos maduros requiere
una dieta madura, tanto en la vida
material como en la espiritual. Es
cierto lo que dice san Pablo.
DONES PARA VIVIR CON MADUREZ.
Los siete dones del Espíritu Santo,
identificados por el profeta Isaías
(Is 11, 1-2), son: sabiduría,
inteligencia, consejo, ciencia,
fortaleza, piedad, y temor de Dios.
Son herramientas para vivir como
un adulto.
La persona que carece de estos
dones mira la vida como una serie
de problemas, y intenta
esquivarlos. Como resultado,
nunca llega a ninguna parte, pasa
como una hoja soplada por los
vientos.
Si ando esquivando
problemas, me encuentro siempre
más lejos de mi meta. Si tengo
estos dones, no tengo
problemas, tengo retos.
Los retos que encuentro entre mi
y mi meta están para enfrentar y
superar. Cuando camino con pasos
firmes hacia mi meta, la alcanzo.
Enfrentando un reto con fortaleza
y consejo, gano sabiduría e
inteligencia.
Si tu has sido despreciado por la
sociedad, si las personas que se
creen santas te han dicho que
estás destinado a ir al infierno,
date cuenta que Jesucristo y su
Iglesia tienen una opinión muy
diferente.
La Iglesia confía que tu puedes
ser un soldado en la lucha contra
el mal, que tu puedes ser capaz
de profesar la fe con valentía en
nuestro mundo tan confuso y de
valores mezclados.
De hecho, tu vida, en la que has
experimentado en carne propia qué
tan torcido por el pecado es el mundo
en que vivimos, te hace un testigo
invaluable del poder de Dios.
El sacramento de la confirmación te
da la capacidad de ser este soldado
de la fe que la Iglesia urgentemente
necesita hoy en día.
La persona que recibe el sacramento de la
confirmación está aceptando el reto de san
Pablo: “Deben empuñar las armas que Dios
les ofrece, para que puedan resistir en los
momentos adversos y superar todas las
dificultades sin ceder terreno. Manténganse,
pues, en pie rodeada su cintura con la
verdad, protegidos con la coraza de la
rectitud, bien calzados sus pies para anunciar
el evangelio de la paz. Tengan en todo
momento en la mano el escudo de la fe con
el que puedan detener las flechas encendidas
del maligno; usen el casco de la salvación y la
espada del Espíritu, que es la palabra de
Dios” (Ef 6, 13-17).
Cambiando mi punto de vista, cambio
todo. En vez de ser una víctima
plagada de problemas, la gracia de
Dios me ayuda a ver que soy un
guerrero capaz de enfrentar y superar
los retos en mi camino y
exitosamente llegar a mi destino.
Todos admiramos a las personas
que mantienen la calma en
momentos difíciles; que muestran
comprensión y paciencia con
nosotros cuando estamos pasando
por momentos de ansiedad; que
pasan tiempo a nuestro lado
cuando nos pega la soledad y la
ausencia de los seres queridos.
Reconocemos que estas personas
tienen un admirable nivel de madurez,
y queremos ser como ellos. Lo normal
de la vida es que a veces lo logramos
y a veces no.
El camino cristiano es un camino
que avanza constante en la
madurez espiritual; no sin sus
demoras, pero valientemente
esforzándonos para que sean mas
progresos que retrasos.
Cuando cooperamos con el
Espíritu Santo que hemos recibido
en el bautismo, y cuando nos
ponemos dóciles a sus
movimientos en nuestro
interior, los dones y frutos del
Espíritu crecen en nosotros.
San Pablo nos explica, “Caminen
según el Espíritu y no se dejen
arrastrar por los apetitos
desordenados. Porque esos apetitos
actúan contra el Espíritu y el Espíritu
contra ellos” (Gal 5, 16-17). “Los
frutos del Espíritu son: amor, alegría,
paz, tolerancia, amabilidad, bondad,
fe, mansedumbre, y dominio de sí
mismo” (Gal 5, 22-23). Y
precisamente así queremos actuar.
Así actúan las personas que
admiramos, y reconocemos que una
persona que actúa así tiene el respeto
de los demás.
¿Qué es madurez espiritual? Leemos
en los Evangelios como muchos
seguían a Jesús por los milagros que
hizo. Pero cuando era claro que las
autoridades estaban en contra de
Jesús y quisieron matarlo, esta
muchedumbre desapareció, y hasta
gritaron que se crucificara a Jesús.
El gran libro, la Imitación de Cristo (libro 2, cap.
11), dice: “En nuestros tiempos hay muchos
deseosos de alcanzar el reino celestial de Jesús;
pocos que quieran llevar su cruz. Muchos desean
su consolación; pocos su tribulación. Muchos
quieren sentarse a la mesa con él; pocos quieren
ayunar con él. Todos quieren gozar con él;
pocos, sufrir algo por él. Muchos acompañan a
Cristo hasta el partir del pan; pocos, hasta beber
el cáliz de la pasión. Muchos admiran sus
milagros; pocos siguen la ignominia de la cruz.
Muchos aman a Jesús mientras no tienen
adversidades. Muchos lo alaban y bendicen
mientras gozan algunos consuelos suyos. Pero, si
se les oculta, dejándolos por un rato, se
entregan a los lamentos, y se abaten demasiado.
“Pero los que aman a Jesús por Jesús
y no por algún consuelo que les dé,
tanto lo bendicen en cualquiera
tribulación y amargura del alma, como
en medio del más dulce de los
consuelos. Y si nunca quisiera darles
ningún consuelo, de todos modos lo
alabarían siempre y lo bendecirían.”
Eso es madurez espiritual.
Nosotros, también, nos impresionamos con
los milagros que hacen los Apóstoles, y
notamos que muchas personas se acercan
a ellos por los milagros que realizan. Pero
nos damos cuenta de que los Apóstoles
nunca hacen un milagro para ellos
mismos, ni piden un milagro para ellos
mismos. Mas bien, se menosprecian todo
que no es el camino del Señor, y no hacen
caso a los encarcelamientos ni azotes, con
tal de poder predicar el Señor.
San Pablo dice: “En cuanto a mí,
jamás presumo de algo que no sea la
cruz de Cristo” (Gal 6, 14). Este
sentimiento expresa la actitud de
todos los Apóstoles.
El sacramento de la Confirmación es a
la vez una invitación de asentir al
regalo del bautismo que recibimos de
niños, y una oportunidad de pedir
formalmente de Dios la fortaleza que
reconocemos que necesitamos para
enfrentar el mundo adulto.
Cuando uno recibe el sacramento del
Bautismo como adulto, al mismo
tiempo uno esta confirmado. Cuando
uno recibe el bautismo como niño, se
recibe el sacramento de la
confirmación a la edad de dejar de
ver el mundo como un niño.
Dios nos ofrece la gracia de poder
ver nuestro mundo complicado y
saber que Dios está dispuesto de
ofrecernos el poder sacramental
de poder vivir en él con éxito y
satisfacción.
En el sacramento de la confirmación
estamos ungidos de nuevo con el
Santo Crisma, marcándonos como
listos para vivir la vida de fe de un
adulto. Un niño llora y huye ante las
dificultades de la vida. Un adulto
entiende que la adversidad lo hace
más fuerte.
Dicen los obispos de América Latina:
“Los discípulos, quienes somos misioneros
en virtud del Bautismo y la Confirmación,
nos formamos con un corazón universal,
abierto a todas las culturas y a todas las
verdades, cultivando nuestra capacidad de
contacto humano y de diálogo. Estamos
dispuestos con la valentía que nos da el
Espíritu, a anunciar a Cristo donde no es
aceptado, con nuestra vida, con nuestra
acción, con nuestra profesión de fe y con
su Palabra” (Aparecida, 377).
Símbolos visibles que acompañan
la acción trascendente: El obispo
extiende sus manos sobre las
personas que van a ser confirmados,
invoca el Espíritu Santo, y unge las
personas en la frente con el santo
crisma en la cabeza.

Confirmación

  • 3.
    Lo más asombrosode los efectos del bautismo es que hemos sido injertados en Cristo; su vida es nuestra vida.
  • 4.
    La experiencia dela eternidad que nos espera no es la de estar en el cielo con Jesús, como cuando uno participa en una fiesta al lado del anfitrión. Vamos a estar participando en la misma vida de Jesucristo.
  • 5.
    Y este sentidode tener a Cristo viviendo en mi empieza ahora, en esta vida. Y me da una gran satisfacción y energía.
  • 6.
    Dijo san Pablo:“Para mi la vida es Cristo” (Flp 1, 21) “Ya no vivo yo, sino es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 20)
  • 7.
    Por el bautismo,formamos, con nuestros compañeros en la fe, la continuación de la encarnación de Cristo aquí en la tierra.
  • 8.
    Jesucristo, con sucuerpo glorioso, ya no camina entre la gente como en su vida terrenal, pero nosotros, si lo hacemos.
  • 9.
    Estamos llamados avivir conforme a la vida de Jesucristo que, al vernos, se ve a Cristo. ¿No es eso lo que hizo san Francisco de Asís, o san Maximiliano Kolbe? Somos la presencia de Cristo en la tierra.
  • 10.
    “Cristo” quiere decir“el ungido”. En el bautismo hemos sido ungidos con el Santo Crisma y hemos recibido el mismo Espíritu Santo como Jesús.
  • 11.
    Eso nos dala cualidad de ser la continuación de la presencia de Cristo en el mundo. Obviamente, eso es una responsabilidad enorme.
  • 12.
    Por eso, comoIglesia, buscamos la forma de actuar en comunidad, de romper el individualismo que deja al pueblo como presa fácil para los que lo quieren victimizar.
  • 13.
    “Por el sacramentode la confirmación se vinculan más estrechamente a la Iglesia, se enriquecen con una fuerza especial del Espíritu Santo y así se obligan mucho más a difundir y defender la fe con su palabra y sus obras, como verdaderos testigos de Cristo” (Lumen Gentium, 11).
  • 15.
    Cuando san Pablohabla con la comunidad de Corinto con palabras de corrección, a nosotros también nos pega la vergüenza ajena al escuchar sus palabras:
  • 16.
    “No puedo hablarlescomo a quienes poseen el Espíritu, sino como gente inmadura, como a cristianos en edad infantil. Les di a beber leche y no alimento sólido, porque aún no podían asimilarlo. Tampoco ahora pueden, ya que siguen siendo inmaduros. Mientras haya entre ustedes envidias y discordias, ¿no es señal de inmadurez y de que actúan con criterios puramente humanos?” (1 Cor 3, 2-3).
  • 17.
    Los infantes, nohay nada que quieren más que la leche materna, y están felices. Para un adulto, es comida sólida lo que quiere.
  • 18.
    Cuando el Miércolesde Ceniza, la Iglesia nos ofrece la oportunidad de estar en ayunos todo el día de alimentos sólidos, uno puede beber toda la leche que quiere, pero el cuerpo anhela comida sólida.
  • 19.
    El bebé nosiente ninguna dificultad, pero el adulto sí. Imagínense un albañil o un minero o cualquiera que vive de trabajo duro que no coma. Se desgasta en hacer trabajos duros para el bienestar de su familia, y si no come, se debilita.
  • 20.
    La persona queasume compromisos maduros requiere una dieta madura, tanto en la vida material como en la espiritual. Es cierto lo que dice san Pablo.
  • 21.
    DONES PARA VIVIRCON MADUREZ.
  • 22.
    Los siete donesdel Espíritu Santo, identificados por el profeta Isaías (Is 11, 1-2), son: sabiduría, inteligencia, consejo, ciencia, fortaleza, piedad, y temor de Dios. Son herramientas para vivir como un adulto.
  • 23.
    La persona quecarece de estos dones mira la vida como una serie de problemas, y intenta esquivarlos. Como resultado, nunca llega a ninguna parte, pasa como una hoja soplada por los vientos.
  • 24.
    Si ando esquivando problemas,me encuentro siempre más lejos de mi meta. Si tengo estos dones, no tengo problemas, tengo retos.
  • 25.
    Los retos queencuentro entre mi y mi meta están para enfrentar y superar. Cuando camino con pasos firmes hacia mi meta, la alcanzo. Enfrentando un reto con fortaleza y consejo, gano sabiduría e inteligencia.
  • 27.
    Si tu hassido despreciado por la sociedad, si las personas que se creen santas te han dicho que estás destinado a ir al infierno, date cuenta que Jesucristo y su Iglesia tienen una opinión muy diferente.
  • 28.
    La Iglesia confíaque tu puedes ser un soldado en la lucha contra el mal, que tu puedes ser capaz de profesar la fe con valentía en nuestro mundo tan confuso y de valores mezclados.
  • 29.
    De hecho, tuvida, en la que has experimentado en carne propia qué tan torcido por el pecado es el mundo en que vivimos, te hace un testigo invaluable del poder de Dios.
  • 30.
    El sacramento dela confirmación te da la capacidad de ser este soldado de la fe que la Iglesia urgentemente necesita hoy en día.
  • 31.
    La persona querecibe el sacramento de la confirmación está aceptando el reto de san Pablo: “Deben empuñar las armas que Dios les ofrece, para que puedan resistir en los momentos adversos y superar todas las dificultades sin ceder terreno. Manténganse, pues, en pie rodeada su cintura con la verdad, protegidos con la coraza de la rectitud, bien calzados sus pies para anunciar el evangelio de la paz. Tengan en todo momento en la mano el escudo de la fe con el que puedan detener las flechas encendidas del maligno; usen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (Ef 6, 13-17).
  • 32.
    Cambiando mi puntode vista, cambio todo. En vez de ser una víctima plagada de problemas, la gracia de Dios me ayuda a ver que soy un guerrero capaz de enfrentar y superar los retos en mi camino y exitosamente llegar a mi destino.
  • 34.
    Todos admiramos alas personas que mantienen la calma en momentos difíciles; que muestran comprensión y paciencia con nosotros cuando estamos pasando por momentos de ansiedad; que pasan tiempo a nuestro lado cuando nos pega la soledad y la ausencia de los seres queridos.
  • 35.
    Reconocemos que estaspersonas tienen un admirable nivel de madurez, y queremos ser como ellos. Lo normal de la vida es que a veces lo logramos y a veces no.
  • 36.
    El camino cristianoes un camino que avanza constante en la madurez espiritual; no sin sus demoras, pero valientemente esforzándonos para que sean mas progresos que retrasos.
  • 37.
    Cuando cooperamos conel Espíritu Santo que hemos recibido en el bautismo, y cuando nos ponemos dóciles a sus movimientos en nuestro interior, los dones y frutos del Espíritu crecen en nosotros.
  • 38.
    San Pablo nosexplica, “Caminen según el Espíritu y no se dejen arrastrar por los apetitos desordenados. Porque esos apetitos actúan contra el Espíritu y el Espíritu contra ellos” (Gal 5, 16-17). “Los frutos del Espíritu son: amor, alegría, paz, tolerancia, amabilidad, bondad, fe, mansedumbre, y dominio de sí mismo” (Gal 5, 22-23). Y precisamente así queremos actuar.
  • 39.
    Así actúan laspersonas que admiramos, y reconocemos que una persona que actúa así tiene el respeto de los demás.
  • 41.
    ¿Qué es madurezespiritual? Leemos en los Evangelios como muchos seguían a Jesús por los milagros que hizo. Pero cuando era claro que las autoridades estaban en contra de Jesús y quisieron matarlo, esta muchedumbre desapareció, y hasta gritaron que se crucificara a Jesús.
  • 42.
    El gran libro,la Imitación de Cristo (libro 2, cap. 11), dice: “En nuestros tiempos hay muchos deseosos de alcanzar el reino celestial de Jesús; pocos que quieran llevar su cruz. Muchos desean su consolación; pocos su tribulación. Muchos quieren sentarse a la mesa con él; pocos quieren ayunar con él. Todos quieren gozar con él; pocos, sufrir algo por él. Muchos acompañan a Cristo hasta el partir del pan; pocos, hasta beber el cáliz de la pasión. Muchos admiran sus milagros; pocos siguen la ignominia de la cruz. Muchos aman a Jesús mientras no tienen adversidades. Muchos lo alaban y bendicen mientras gozan algunos consuelos suyos. Pero, si se les oculta, dejándolos por un rato, se entregan a los lamentos, y se abaten demasiado.
  • 43.
    “Pero los queaman a Jesús por Jesús y no por algún consuelo que les dé, tanto lo bendicen en cualquiera tribulación y amargura del alma, como en medio del más dulce de los consuelos. Y si nunca quisiera darles ningún consuelo, de todos modos lo alabarían siempre y lo bendecirían.” Eso es madurez espiritual.
  • 44.
    Nosotros, también, nosimpresionamos con los milagros que hacen los Apóstoles, y notamos que muchas personas se acercan a ellos por los milagros que realizan. Pero nos damos cuenta de que los Apóstoles nunca hacen un milagro para ellos mismos, ni piden un milagro para ellos mismos. Mas bien, se menosprecian todo que no es el camino del Señor, y no hacen caso a los encarcelamientos ni azotes, con tal de poder predicar el Señor.
  • 45.
    San Pablo dice:“En cuanto a mí, jamás presumo de algo que no sea la cruz de Cristo” (Gal 6, 14). Este sentimiento expresa la actitud de todos los Apóstoles.
  • 46.
    El sacramento dela Confirmación es a la vez una invitación de asentir al regalo del bautismo que recibimos de niños, y una oportunidad de pedir formalmente de Dios la fortaleza que reconocemos que necesitamos para enfrentar el mundo adulto.
  • 47.
    Cuando uno recibeel sacramento del Bautismo como adulto, al mismo tiempo uno esta confirmado. Cuando uno recibe el bautismo como niño, se recibe el sacramento de la confirmación a la edad de dejar de ver el mundo como un niño.
  • 48.
    Dios nos ofrecela gracia de poder ver nuestro mundo complicado y saber que Dios está dispuesto de ofrecernos el poder sacramental de poder vivir en él con éxito y satisfacción.
  • 49.
    En el sacramentode la confirmación estamos ungidos de nuevo con el Santo Crisma, marcándonos como listos para vivir la vida de fe de un adulto. Un niño llora y huye ante las dificultades de la vida. Un adulto entiende que la adversidad lo hace más fuerte.
  • 50.
    Dicen los obisposde América Latina: “Los discípulos, quienes somos misioneros en virtud del Bautismo y la Confirmación, nos formamos con un corazón universal, abierto a todas las culturas y a todas las verdades, cultivando nuestra capacidad de contacto humano y de diálogo. Estamos dispuestos con la valentía que nos da el Espíritu, a anunciar a Cristo donde no es aceptado, con nuestra vida, con nuestra acción, con nuestra profesión de fe y con su Palabra” (Aparecida, 377).
  • 51.
    Símbolos visibles queacompañan la acción trascendente: El obispo extiende sus manos sobre las personas que van a ser confirmados, invoca el Espíritu Santo, y unge las personas en la frente con el santo crisma en la cabeza.