Jesús dijo que los gobernantes judíos eran llamados "dioses" en la ley, aunque no eran divinos. Antes de luchar espiritualmente, debemos reconocer que nuestro mayor enemigo somos nosotros mismos y nuestras propias creencias y valores aprendidos de fuentes humanas en lugar de Dios. Nuestra fe viene de Dios, no de nosotros, y no necesitamos auto promoción u otros medios humanos para servir a Dios o evangelizar.