Este documento contrasta la vida en la Iglesia de Dios con la vida en el mundo pecador. Argumenta que en la Iglesia, los hijos de Dios están separados del pecado a través de la santificación del Espíritu Santo, mientras que en el mundo la gente vive engañada por mentiras y falsedades. También dice que en la Iglesia los creyentes son una nueva creación en Cristo y no pueden ser copias o imitadores, sino que deben dejar que Cristo viva en ellos a través del Espíritu Santo.