El documento aborda la evolución del altar cristiano desde sus inicios en las catacumbas hasta la consolidación de su simbolismo en la liturgia. Se destaca la transición del altar portátil a uno fijo, ligado a las reliquias de mártires, y cómo esto refleja la centralidad de Cristo en el culto. Además, se menciona la importancia de la disposición del altar en relación con otros elementos litúrgicos como la sede y el ambón, subrayando su función como punto focal en la celebración eucarística.