El documento explora la práctica de orar con las manos elevadas, destacando su simbolismo en diversas tradiciones religiosas y su presencia en textos bíblicos, como la intercesión de Moisés y las oraciones de Salomón. Este gesto ha evolucionado a lo largo del tiempo en la liturgia cristiana, pasando de manos alzadas a la práctica más reciente de unir las manos, que simboliza sumisión. Además, se enfatiza que lo esencial en la oración es la actitud interior del creyente como parte del pueblo sacerdotal.