El documento describe un protocolo de aplicación para un curso de filosofía en el que los estudiantes diferencian entre conocimiento científico y cotidiano. Incluye actividades como lluvia de ideas, lecturas y la creación de mapas conceptuales, así como la utilización de herramientas TIC para compartir y revisar trabajos. Se establecen competencias clave para la comprensión de textos y se planifica la evaluación de los aprendizajes obtenidos.