El documento describe los elementos arquitectónicos principales de las primeras basílicas cristianas y cómo evolucionaron con el tiempo. Inicialmente, las iglesias cristianas adoptaron la planta basilical romana rectangular con ábsides, pero luego cambiaron a plantas centralizadas u de cruz latina. Algunos elementos clave incluyen el ábside semicircular en la cabecera, el uso de bóvedas de cañón y el desarrollo posterior de cúpulas, y la adición de un transepto que cruza la nave principal.