La carta resume las tres malas razones para creer en algo: 1) La tradición, que es creer en algo sólo porque ha sido creído por generaciones anteriores sin evidencia; 2) La autoridad, que es creer en algo sólo porque una figura de autoridad lo dice; y 3) La revelación, que es creer en algo basado sólo en una sensación interior sin evidencia. El autor argumenta que la única buena razón para creer algo es si está respaldado por evidencia observable y comprobable.