Estados Unidos lanzó bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945 para demostrar su poderío militar al final de la Segunda Guerra Mundial y forzar la rendición de Japón, poniendo fin a la guerra. Las bombas, llamadas "Little Boy" y diseñadas por el físico Robert Oppenheimer, destruyeron las ciudades e incineraron a muchos de sus habitantes, dejando cientos de miles de muertos y heridos.