Este capítulo enfatiza que la iglesia son las personas, no los edificios o estructuras. Lo más importante en una iglesia son los individuos que la componen. Para que una iglesia funcione bien, todos los esfuerzos deben estar dirigidos a edificar, motivar y alcanzar a las personas. Además, la iglesia debe buscar a las personas donde se encuentren para poder transformarlas por medio de Cristo.